lunes, 29 de junio de 2009

LEIRE PAJÍN O EL ÉXTASIS DE UNA PROGRE

Hasta el año 2004, Leire Pajín era una estrella mortecina que necesitaba a su progenitor, José María Pajín, para dar algún que otro destello sobre el cielo de Alicante. Es cierto que en el año 2000 comenzó a emerger al encabezar la lista al Congreso de su partido por Alicante, pero todavía carecía de luz propia, aunque al poco tiempo fuera incorporada al equipo Nueva Vía de Zapatero. Fue en el 2004, con la victoria socialista en las urnas, cuando Zapatero la nombra secretaria de Estado de Cooperación Internacional.
Con este nombramiento, Leire Pajín se sintió ya transportada al olimpo de los dioses y comienza a comportarse como quien está por encima del resto de los mortales. A partir de aquí, comienza a actuar como sacerdotisa mayor del pretendido progresismo socialista y a aprovecharse del cargo y de las prebendas que éste comporta.
Con estos progres de pandereta, por lo visto, no tiene nada que ver ese famoso código de buen gobierno promulgado por ellos mismos. Y, en consecuencia, ahí la tenemos, al poco de estrenar su cargo, vociferando endiabladamente en el aeropuerto de Menorca contra el personal de AENA porque no la dejaban utilizar la sala VIP de la instalación, mientras esperaba su vuelo a Madrid. Esta es la tipa que, encima, quiere dictarnos normas obligatorias de comportamiento ético.
Como se trata de una chica de rompe y rasga, que vale para todas las estaciones y para todas las ocasiones, abundará en comportamientos francamente llamativos. Al año siguiente del incidente de Menorca, interviene en otro nuevo numerito que la retrata de cuerpo entero, donde aparece como persona altanera y tremendamente maleducada. El 27 de Abril de 2005 regresaba de México en el vuelo 6400 de Iberia, junto con las dos subalternas que la habían acompañado en la misión diplomática. No se si porque en la business plus class las bebidas son gratis, o simplemente por que les gustaba, el caso es que se excedieron en el número de cubalibres de ron, dando lugar a escenas tabernarias tremendamente molestas para el resto de pasajeros de la misma clase.
Menos molesto resultó su viaje a Maputo, capital de Mozambique, acompañando a la Vicepresidenta el 8 de marzo de 2006, para celebrar allí el día Internacional de la Mujer Trabajadora. De la Vega y Pajín, disfrazadas de indígenas lugareñas, protagonizaron unos actos poco edificantes, bailando al son de ritmos ancestrales de África. Ni una ni la otra hicieron mucho hincapié en la liberación de las mujeres del África subsahariana.
Quizás haya que hacer caso a aquella mujer quiromántica que, según relata la misma Leire Pajín, la auguró un futuro tremendamente esplendoroso. Es en el 37º Congreso Federal de primeros de julio de 2008 cuando, de la mano de Zapatero, da un salto más y pasa a ser la gran vestal del trasnochado socialismo español. Al asumir el cargo de secretaria de Organización, supliendo al inefable José Blanco, se coloca en lo más alto de la galaxia socialista. Desde semejante atalaya procurará mantener intacta la llama que ilumina todas las actuaciones de Zapatero y las esencias doctrinales de la militancia socialista.
Dice Zapatero que Pajín es “de lo mejor que tiene el PSOE”. Si Leire Pajín es de lo mejor, es que no andan muy sobrados de personalidades de valía dentro del PSOE. Al menos, en el círculo de Zapatero. Quizás se deba esto a que Zapatero se rodea intencionadamente de auténticas medianías para que no desentonen con él y le dejen mal. Es demasiado narcisista para tener a su lado a personas que puedan hacerle sombra. Todo en su entorno tiene que ser gris.
Pajín es además extraordinariamente mediocre y muy propensa al dislate laudatorio y doctrinal. Como dice el perro Marcelo, en Estrella Digital, esta “chica no tiene término medio. O se lía a palos con todo el PP y haciendo acopio de cualquier cosa que se le ocurre, o se viste de hada madrina, saca la varita mágica y convierte a los ratones coloraos de la crisis económica en blancos corceles que tiran briosos de la carroza de su ídolo”.
Es normal que Leire Pajín fracase estrepitosamente como número tres del partido socialista. Y esto, aunque ponga en el asador toda su mejor voluntad por hacerlo bien. Carece de facultades para presentarse como referente absoluto de un partido, en el que hay tanta vaca sagrada que, además, no están del todo conformes con las soluciones revisionistas que quiere imponer el jefe. A esto hay que agregar otro problema, el fantasma de “Pepiño” volando día y noche sobre su cabeza. Es incapaz de prescindir, cuando habla y cuando gesticula, de su enorme preocupación por imitar a su predecesor en el cargo. Actúa con mucho miedo a no dar la talla y a que los militantes socialistas añoren las baladronadas del anterior Secretario de Organización.
Leire Pajín tiene otro problema muy grave que, ante Zapatero, se siente transportada al sétimo cielo, poseída de un arrebato místico inenarrable. Para ella, Zapatero es un dios sublime que con solamente mirar a este mundo, ya hará que tiemblen los cimientos de la propia historia humana. Es tal la devoción por el jefe, que Pajín se felicita por haber coincidido en el tiempo con él y con Obama. Cualquier cosa que toque ZP estará siempre impregnada para esta pobre visionaria de ataques extraordinarios de genialidad divina, como la modificación del matrimonio civil y, en un futuro no muy lejano, la interrupción voluntaria del embarazo que garantizará una maternidad responsable.
Nadie más feliz que esta sacerdotisa del templo de Ferraz al sentirse profeta y poder anunciar desde su elevada galaxia, en rigurosa exclusiva mundial, la buena nueva que se avecina para los que afortunadamente vivimos en la era de ZP. Algo tan extraordinario que va a marcar nuestras vidas y en lo que han puesto su esperanza muchos seres humanos. “Les sugiero –dice la inefable Pajín- que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas, a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EE UU y Zapatero presidiendo la UE.
Absorta en su éxtasis, la visionaria Pajín no tiene en cuenta una cosa, que Obama puede tomar disposiciones, más o menos acertadas, sobre la marcha de Estados Unidos. Zapatero, en cambio, cuando en 2010 asuma la presidencia de la UE, carecerá de poderes ejecutivos. Simplemente presidirá las reuniones del Consejo y, de cara al exterior, representará políticamente a Europa. Su función será simplemente administrativa, nada más. Esto quiere decir que Obama, en su país, será todo un planeta o un astro con luz propia, mientras que Zapatero no pasa de ser un simple meteorito presto a estrellarse contra el planeta tierra.
El exceso de celo de Leire Pajín, por encumbrar a su jefe, ha suscitado las primeras protestas. Y esto ha dado lugar a que el brillo de su estrella comience a eclipsarse.

José Luis Valladares Fernández

sábado, 27 de junio de 2009

EL PROBLEMA DE IRÁN

Las calles de Irán son hoy un clamor. Como cuando llegó el ayatolá Jomeini para montar su revolución islámica, hoy también se oye el grito unánime “Dios es el más grande y Muerte al dictador”. Entonces vociferaban contra el sha de Persia. Hoy esos gritos van dirigidos contra Ahmadineyad y su último pucherazo en las urnas.
Y es que la situación en Irán es sumamente complicada. Tan complicada que hasta se atreven a atentar contra el santuario de Jomeini. El pueblo está ya harto del régimen actual de los ayatolás. Y no es una simple lucha entre chiís y sunís como ocurre en otras zonas del Oriente Próximo. Se trata más bien de una clase media ilustrada, en la que predominan los jóvenes y las mujeres, que se han cansado de que su gobierno financie a su costa a Hezbolah en el Líbano y ellos sean los grandes olvidados que continúan soportando todo tipo de estrecheces económicas y culturales.
Son cientos de miles de personas las que salen a las calles de Teherán arriesgando su propia vida. Y lo mejor del caso, es que toda esta protesta ha nacido desde dentro. Y ahí está, resistiendo. De hecho, tras nueve días de protestas, tenemos ya decenas de muertos, cientos de heridos y casi un millar de detenidos. Pero es igual. Los iraníes han perdido ya el miedo al régimen y se han echado a la calle. Ahora los que están temerosos son los ayatolás que ven peligrar su control totalitario sobre la República Islámica. De ahí su reacción paranoica, utilizando para la represión a la Guardia Revolucionaria, a las fuerzas de seguridad, a la policía y hasta los basiyis, milicia partidaria de Ahmadinayad.
Y aunque el fenómeno desencadenante de estas multitudinarias manifestaciones haya sido la sospecha de un pucherazo electoral, no hay duda de que este movimiento obedece a un malestar mucho más profundo, que viene de atrás. Lo que en un principio parecía una simple querella entre Musavi y Ahmadineyad, se traduce hoy día en un ansia muy clara de liberación cultural y económica. Este movimiento, difícil ya de contener, es algo de mucha más envergadura que un simple pulso entre ambos aspirantes al mando.
Se trata de todo un fenómeno social que, con seguridad, hará que se tambaleen los cimientos mismos del régimen de los ayatolás. Suceda lo que suceda, el hecho de desalojar del poder a Ahmadineyad y a todo su clan, sería ya una buena noticia para Occidente. Pues Musavi, el opositor de Ahmadinayad, pretende introducir reformas aperturistas, contando para ello con los estudiantes y con los jóvenes urbanos. En todo caso alejaríamos de momento la posibilidad de que se produzca un nuevo Holocausto, con el que sueñan los actuales mandatarios iraníes.
Y aquí en España, tan activos en otras ocasiones menos importantes, no damos importancia a esta lucha abierta que mantiene el pueblo iraní contra el régimen teocrático que les tortura y hasta les lapida o asesina. Ansían, ante todo, la libertad. Y la buscan desesperadamente, aunque, para ello, tengan que afrontar el peligro de una cruel represión o incluso perder la vida.
¿Dónde está Bibiana Aido y Fernández de la Vega que no han reunido aún a toda su corte de progres de pandereta, para exigir de los ayatolás que dejen de lapidar mujeres y les abran el camino a la liberación? ¿Dónde está Pilar Bardem y todo su coro de titiriteros que tanto vociferan otras veces por simples nimiedades y callan ahora ante las atrocidades que tiene que soportar la juventud iraní, entre la que hay tanta mujer en lucha por su dignidad? Y van por ahí presumiendo de su solidaridad con los oprimidos, pero, a la vista está, se trata de una solidaridad muy sospechosa, donde solamente cuenta la ceja y la subvención.
Se trata, por lo que se ve, de un movimiento liberador pero que no es de izquierdas y, por lo tanto, no es merecedor de que se ocupe de él tan excelente tropa. Se trata de un movimiento contra un régimen opresor, pero que tiene en común con Zapatero la patraña esa de la Alianza de Civilizaciones. Y claro, no van manifestarse, pancarta en mano, contra quien tiene algo en común con ZP. Y es que Ahmadineyad es amigo de Zapatero, como lo es Hugo Chávez y Evo Morales, los Hnos. Castro y alguno más por el estilo. ¡Vaya tropa que lleva mi carro!
Se ve claramente que toda esta tropa de progres que padecemos y a quienes se subvenciona a nuestra costa, se reserva todas sus fuerzas para mejores cruzadas. Y es que hay que tener valor y coraje social, cosa que ni las Aidos ni las Bardenes tienen, para ponerse del lado del oprimido, si este no sintoniza políticamente con ellas.
Quizás las veamos nuevamente en la calle, pancarta en ristre, si Sarkozy insiste en negar el uso del burka a las musulmanas que vivan en Francia. Para esta ralea de feministas que padecemos, sería un acto despótico del Presidente francés, el no admitir en Francia mujeres prisioneras del burka y de la sumisión. Y entonces a lo mejor si protestan y montan la escandalera padre para que en el país vecino, las musulmanas renuncien a su dignidad de mujer y puedan vivir alejadas de toda vida social y privadas de identidad. Y eso, no porque lo pidan los islamistas que vivan en Francia, sino por que es Sarkozy, que es de derechas, el que lo impide.

José Luis Valladares Fernández

jueves, 25 de junio de 2009

ZP, NUESTRO ANGEL DE LA GUARDA

Los españoles no damos la medida. ¡Que le vamos hacer! Eso es, al menos, lo que piensa de nosotros esa especie de tótem que llegó en un tren de cercanías, reventado con titadine, y que, desde entonces, ejerce como nuestro Ángel de la Guarda. Somos una especie de niños, creciditos físicamente, pero que aún no hemos desarrollado de un modo adecuado nuestras facultades mentales. Dicho con otras palabras, somos intelectualmente muy cortos y, en consecuencia, necesitamos de alguien que nos cuide y nos proteja paternalmente.
Aunque tontos, por usar un lenguaje claro, hemos tenido la inmensa suerte de que sea Zapatero nuestro cuidadoso guía y mentor. Debemos estar por ello eternamente agradecidos a nuestros lares, por concedernos tan extraordinario favor.
Puede incomodarnos alguna de las decisiones que adopte Zapatero. Esto es debido a que no sabemos calibrar bien que es lo que más nos conviene. Para no sufrir inútilmente, debemos dejar de pensar por nosotros mismos y confiar ciegamente en quien ha sido puesto a nuestro lado de un modo tan providencial para que piense por nosotros. Cualquier medida que pueda adoptar, podemos estar seguros que es exclusivamente por nuestro bien.
Es absurdo que no creamos en los famosos brotes verdes que auguró una de sus ministras y que especulemos con el engaño de ZP cuando dice que “el Gobierno considera que lo más duro de la crisis ha pasado ya, y la recuperación se irá produciendo progresivamente”. Es cuestión de tener fe en quien nos cuida y protege con todo mimo.
La misma subida de impuestos, recientemente adoptada por el Gobierno, tiene esa intención clara de nuestro bien, aunque nos parezca mentira. Lo explicó adecuadamente la ministra de Economía, que no es más que una simple vocera de Zapatero. El encarecimiento del tabaco, como consecuencia inmediata del nuevo impuesto que se le aplica, será beneficioso para la salud, porque se fumará menos.
Otro tanto ocurre con la subida de impuestos de los hidrocarburos. Al subir de precio la gasolina y los gasóleos, se utilizarán mucho menos los coches. En consecuencia, se lanzarán menos gases a la atmósfera, habrá mucha menos contaminación, con lo que respiraremos un aire mucho más puro. Y esto también es salud.
Pero como, a pesar de los desvelos de ZP, seguirá habiendo irresponsables que continúen fumando y utilizando sus coches de una manera profusa, se obtendrá un dinero extra que nos viene muy bien para mantener la sostenibilidad de nuestra economía.
Se da la casualidad, tal como subrayó oportunamente Elena Salgado, que España es el país de nuestro entorno donde está más baratos los hidrocarburos y el tabaco. Esta subida de impuestos solamente pretende nivelar estos precios evitando, de este modo, que los foráneos tengan la tentación de violar nuestras fronteras para hacer maliciosamente acopio de estas mercancías.
Se callan por nuestro bien, que en todos esos países de nuestro entorno en que el tabaco y los hidrocarburos son más caros que en el nuestro, disponen de un poder adquisitivo notablemente superior al nuestro. El ocultarnos este detalle, es un acto supremo de caridad laicista, pues si llegáramos a atisbar que en esos otros países viven mejor que nosotros, que disponen de un poder adquisitivo más elevado que el nuestro, lo íbamos a pasar muy mal por culpa de la envidia. Y es que, además de cortos, y para colmo de nuestros males, somos también tremendamente envidiosos.
Pero Zapatero y su corte de ministros no descansan para facilitarnos la vida. Están en todo y van siempre por delante de la realidad, para que no nos falte nada. Nunca les agradeceremos bastante los desvelos y preocupaciones que les causamos. Ahora se han dado cuenta de que somos muchos los que no respetamos las normas básicas de circulación y corremos a lo loco, con riesgo de dejar nuestra piel en la carretera. Y ZP ya tiene previsto el oportuno remedio: multas a discreción. Nosotros pensábamos que con desplegar a la Guardia Civil por las carreteras, solamente con verlos, mejoraría nuestra prudencia y se respetaría escrupulosamente el código de circulación. Pero ZP se ha adelantado una vez más y ya se ha dado cuenta que esto no sería suficiente. Las multas son más efectivas para garantizar nuestra seguridad vial, aunque para ponerlas los Agentes de Tráfico tengan que ocultarse en algún sitio o detrás de las curvas sin visibilidad, o servirse de los radares móviles convenientemente camuflados.
Y en esto de las multas, el fino olfato de ZP llega aún más lejos: más multas, aunque con reducciones sustanciosas de las mismas por pronto pago. ¡Que más queremos! Al garantizarnos una rebaja notable de la multa, la pagamos sin más, con lo que nos ahorramos un dinerito y dejamos a un lado la tremenda molestia de reclamar a través de los seguros en busca de que nos excusen del abono de la misma.
Reconozcamos de una vez que Zapatero es mucho Zapatero y que ha puesto toda su vida a nuestro servicio. Y, como los gladiadores gritemos con todas nuestras fuerzas ¡Ave ZP, Pauperari te Salutant!

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 24 de junio de 2009

SINDICATOS Y CRISIS ECONÓMICA

La crisis económica en España es bastante anterior a la actual crisis financiera de ámbito mundial. Los españoles, además de esta crisis común, llevamos inmersos en otra crisis particular, al menos desde 2006, que el Gobierno, por motivos políticos, no quiso reconocer. Al no reconocerla, tampoco habilitó los cambios estructurales necesarios para mejorar nuestra productividad y nuestra competitividad para encarar los problemas económicos en pie de igualdad con el resto de países desarrollados. Al faltar esas medidas estructurales, nuestra crisis de competitividad y de productividad, se ha ido agravando con el tiempo y afecta cada vez a un mayor número de sectores sociales.
También es cierto que, entre nosotros, hay buen número de personas inmunes a la crisis financiera que es común a todos los países y a nuestra crisis particular. Entre ellas están los que viven de los sindicatos. Dentro del socialismo clásico, está muy extendida la idea de que el capitalismo solamente es posible gracias al poder impositivo y a los privilegios legales sobre la propiedad que les garantiza el poder estatal. Hoy, en vez de al capitalista, el poder estatal privilegia y protege a los sindicalistas, quizás a cambio de que estos le cuiden la calle.
El resultado es muy claro. Los sindicalistas no tienen problemas con las crisis, ya que para algo tienen que valer las subvenciones públicas. Ese es una de los destinos preferidos por Zapatero para el dinero de los impuestos que paga la clase media española y los trabajadores. Ahí esta, por ejemplo, la subida salarial de un 3,75% a los de la UGT. Subida salarial, además, con carácter retroactivo al 1 de enero de 2009. De ese 3,75%, el 2% corresponde al incremento del IPC previsto oficialmente por el Gobierno para este año, y el 1,75% restante sobre todos los conceptos salariales lo establece su propio Convenio Colectivo.
El tener que apretarse el cinturón y el control estricto de los gastos es algo que no va con la gente de la UGT y creo que ni con los de CC OO. A la hora de cobrar, no tienen ni el más mínimo problema, ya que respondemos los demás de su sueldo. No tenemos nada más que ver la evolución de los ingresos de la UGT desde el año 2006. Estos han crecido en torno a un 50% acumulado. En los dos últimos años, prácticamente alcanzó un 10% anual. Si sumamos todas las subvenciones del ejercicio pasado, los cobros de la UGT de las arcas públicas sufrieron un incremento de un 9,9%. Y CC OO no creo ande muy lejos de esta cantidad.
Tanto la UGT como CC OO tienen una verdadera bicoca con el actual Gobierno. Reciben dinero por todas partes: de los Presupuestos Generales del Estado, del Fondo Social Europeo y de las Comunidades Autónomas y hasta de la administración local. Es cierto que la mayor parte de este dinero teóricamente se destina a financiar cursos de formación. Pero este gasto es muy difícil de controlar y creo que beneficia a las instancias oficiales, más que a los propios trabajadores. De este modo tienen muy fácil maquillar las escandalosas cifras del paro.
Por lo tanto no es de extrañar que, desde los aledaños del Gobierno, se defienda a capa y espada a estos sindicatos. No hace muchos días que Leire Pajín, secretaria de Organización del PSOE, a la vez que echaba pestes contra el modelo económico neoliberal, se deshacía en loas a los sindicatos. Están, decía, arrimando el hombro, cosa que no hacen otros. La alianza entre sindicatos y Gobierno es cada vez más intensa. Se piensa, incluso, que los sindicatos están ultimando un manifiesto de respaldo total a la actuación de Zapatero. Lo malo es que, mientras esos cuatro millones largos de parados piden medidas concretas contra el paro, los arrumacos que dirige Leire Pajín a los que cuidan la calle, no crean ni un solo puesto de trabajo.
Lo de los sindicatos es todo de vergüenza. Defienden al Gobierno a costa de los trabajadores. En la actualidad, al menos la UGT y CC OO, se han convertido en sindicatos plenamente verticales, tanto y más que el sindicato del anterior régimen. Y se han metamorfoseado tanto que, hoy día, son ya irrecuperables. Si queremos unos sindicatos que defiendan al obrero, tendremos que reinventarlos de nuevo.
Para empezar, el número de liberados entre la UGT y CC OO, es tremendamente escandaloso. Nada menos que unos 203.000 liberados en toda España entre las instituciones oficiales y empresas privadas. 203.000 personas que no trabajan pero que, al final de mes, cobran religiosamente. Y si fracasa la empresa, son los últimos en abandonar el barco. Si comparamos estos 203.000 con el empleo que puedan generar las empresas españolas, los liberados representan la plantilla más numerosa. Solamente sería superior el número de los funcionarios de la Administración Pública. Y, para más INRI, consumen, pero no producen nada.

José Luis Valladares Fernández

lunes, 22 de junio de 2009

IGNORANCIA PRESUNTUOSA

Está muy claro que Obama y Zapatero sintonizan perfectamente. Zapatero, al menos, no puede vivir sin Obama. No queda día, ni circunstancia, que no le invoque, hasta para las cuestionas más nimias. En ignorancia, desde luego, Obama y Zapatero parecen dos almas gemelas.
El pasado 4 de Junio Barack Obama pronuncia un discurso en la Universidad del Cairo donde reclama el inicio de una época de paz y de entendimiento entre EE UU y el Islam. Exige una especie de colaboración modélica entre la religión islámica y el cristianismo, al estilo de la que se vivió en la Córdoba andaluza entre islamistas, cristianos y judíos durante la dominación árabe en España. Da incluso a entender que, esta extraordinaria convivencia interreligiosa, fue avalada por la Inquisición.
La ignorancia que demuestra Obama con esta afirmación es mayúscula. En Al-Ándalus, la paz religiosa se estableció cuando los Reyes Católicos pusieron fin al dominio musulmán en la península. La población de Al-Ándalus era muy heterogénea. Había musulmanes árabes y bereberes. Existía también una colonia importante de mozárabes o hispanogodos que, conservando su religión cristiana, adoptaron la forma de vida de los musulmanes. Los judíos también formaban parte de esa población, sin olvidarnos de otro grupo, denominado muladíes, antiguos cristianos que se convirtieron al Islam.
Pero la convivencia pacífica entre las distintas etnias y corrientes culturales solamente existió en el discurso de Obama o en la mente de quien le haya escrito el discurso. La estructura social estaba muy condicionada por el Islam o comunidad de creyentes, cuyos juristas establecieron una sociedad con dos clases, los libres y los esclavos. Los libres o clase dominante la formaban los árabes, los bereberes y los muladíes. A los mozárabes y a los judíos no les quedaba otro papel que el de esclavos y como tales eran tratados.
Tanto los mozárabes como los judíos que aceptaban ese vasallaje, gozaban de ciertas libertades, aunque sometidos a ciertas obligaciones. Simplemente eran tolerados. Debían pagar dos tipos de tributos: el impuesto personal y el impuesto predial por la producción de las tierras. Tenían prohibido ejercer cargos públicos y estaban obligados a vivir en barrios separados de los musulmanes. Además estaban obligados a ser hospitalarios con los musulmanes que lo necesitaran, sin nada a cambio.
Los cristianos que no abrazaban el Islam o no aceptaban el yugo de la esclavitud pasaban a ser automáticamente infieles y, en consecuencia, aniquilados, tal como indica el Corán. Es más, hasta los mismos mozárabes que habían aceptado ese vasallaje, al menor signo de rebelión, tenían que huir a los reinos cristianos del norte si no querían ser aniquilados.
El fundamentalismo islámico exigía el cumplimiento exacto, al pie de la letra, de los preceptos coránicos, tal como Alá se los reveló a su profeta Mahoma. Y mucho más, bajo la égida de los Almohades. Ahí está el caso del árabe Averroes y el judío Maimónides. Maimónides y su familia se vieron obligados a aparentar su conversión al Islam y cambiar muy a menudo de residencia por la España musulmana. Maimónides terminó por huir, primero a Alejandría, y después a Egipto donde, para vivir, ejercía la medicina. Exactamente lo mismo tuvo que hacer Averroes que, en varias disciplinas había sido maestro de Maimónides.
Los conocimientos de Obama, y no digamos los de Zapatero, no dan para más. Dan por buena la tendencia actual de la prensa de considerar al Islam como una religión de paz. La intención de Obama de reconciliar a EE UU y al Islam, es una idea tan mesiánica como la paz que esperaba firmar Zapatero con los etarras.
Dejando a un lado el caso de Obama, centrémonos en Zapatero. Zapatero habrá sido una víctima más de la malhadada LOGSE y, como tal, le sobra ignorancia. Pero peor que esa ignorancia es su maldad. Su postura ante la Alianza de Civilizaciones denota que conoce el tema simplemente de oídas, y se aferra a él porque intuye que así puede meterle un gol al cristianismo.
Es evidente que, tanto Zapatero como sus devotos, piensan que han descubierto la pólvora con esto de la Alianza de Civilizaciones. No se espera menos de quien se siente iluminado, como si fuera todo un profeta de la post-modernidad. La realidad es muy distinta. Se trata de un simple plagio de la propuesta que hizo Jatami ante la ONU en septiembre de 1998. Zapatero se limitó a sustituir la palabra Dialogo por la de Alianza.
Es evidente que Zapatero, con su Alianza de Civilizaciones, pretende encubrir el carácter fundamentalista del Islam militante. Por el motivo que sea, tiende a esconder lo que es patente, que el terrorismo internacional es mayoritariamente islámico, y que, en su mayor parte, procede del mundo árabe. Y Zapatero trata de desligar el fenómeno terrorista de las civilizaciones, cuando todos sabemos la relación estrecha que existe entre ese terrorismo y las enseñanzas de la religión islámica.
Tanto si es Alianza como si es Diálogo se buscaría el entendimiento entre las distintas culturas, nunca el cambio o transformación de alguna de ellas. Es tanto como reconocer que nuestros valores no son universales y que, como mucho, estarían al mismo nivel que los de los otros, sean estos amigos o enemigos. Estaríamos en un planteamiento típicamente relativista. Enmascararíamos la raíz de los problemas, banalizaríamos las desigualdades y sería absurdo luchar contra el yihadismo. Y al igualar todas las culturas, poniéndolas en el mismo plano, legitimaríamos plenamente lo que conocemos por relativismo social.
Tenemos además otro problema, que se le escapa a Zapatero. Una Alianza presupone que se comparten un cierto número de conceptos en común. Y nada más evidente que el mundo islámico no comparte ni un solo concepto con la cultura de occidente que, a veces, recibe el nombre de humanismo cristiano.

José Luis Valladares Fernández

viernes, 19 de junio de 2009

LA PLAGA BIBLICA DEL SOCIALISMO



Históricamente considerado, el socialismo español ha sido siempre una verdadera plaga para el trabajador. Y una plaga tan mala o peor de las que cayeron sobre los egipcios para que el faraón dejara partir a los hebreos hacia la tierra prometida. Y lo peor de esta plaga socialista es que se repite cíclicamente, ya que el ciudadano nunca aprende de una manera definitiva.
El socialismo, al menos el socialismo español, nunca ha cambiado. Siempre ha sido una organización fuertemente negativa para España y sus gentes. Quizás se deba esto a que en el socialismo, ya desde un principio, siempre han triunfado los peores. Los que, dentro del PSOE, daban muestras de moderación y racionalidad, como Besteiro y sus discípulos, eran avasallados por personajes mucho más radicales y lanzados, aunque frecuentemente menos valiosos. Es el caso de Indalecio Prieto, Juan Negrín el estafador y Francisco Largo Caballero, que, con su línea bolchevique, se impusieron a Julián Besteiro. El sacrificado Julián Besteiro era todo un caballero de la política.
Más recientemente ha sido Felipe González, Juan Guerra y el más negativo de todos, José Luis Rodríguez Zapatero, los que han arrollado a todos aquellos que representaban la línea de la modernidad y la moderación. La línea que siempre se ha impuesto en la dirección del partido ha hecho de los socialistas una fuerza de izquierda extremadamente mesiánica, panfletaria y, a veces, hasta terrorista. Pero, eso sí, siempre han presumido de demócratas, aunque quizás sea ésta una de sus características más deficitarias.
Cada vez que esta fuerza de izquierda ha tenido responsabilidades de Gobierno o influjo directo sobre el mismo, los resultados no han podido ser más negativos. Las clases trabajadoras siempre han sido las que más han sufrido el zarpazo del socialismo cuando este ha tenido algo que decir. Y eso, a pesar de que el socialismo se presenta como defensor nato de los trabajadores. Los sufridos trabajadores han sido fuertemente manipulados, les han arrastrado a movimientos revolucionarios y a la guerra para luego tener que arrostrar solos las consecuencias.
La revolución rusa de 1917 dio ánimos al socialismo español que creyó llegado el momento de la emancipación social definitiva. Esto provocó una conflictividad generalizada que alcanzó una extensión desconocida hasta entonces, y que afectó incluso a zonas exclusivamente agrarias. La huelga revolucionaria que se organizó tuvo unas consecuencias funestas, ya que se saldó con 80 muertos y uno 2000 detenidos.
El PSOE y su organización hermana la UGT, fundada como instrumento de lucha de los obreros, se unen a la CNT para luchar contra el régimen de la Restauración que estaba siendo bastante positivo para el pueblo español. Con esa lucha revolucionaria, de extrema dureza a veces, consiguen poner fin a la Restauración Borbónica, propiciando de este modo la Dictadura del general Primo de Rivera, con quien incomprensiblemente colaboran.
El ambiente internacional, tan marcadamente turbulento, y el descontento político que produjo el hecho del gobierno militar, influyeron de una manera decisiva en la instauración de la II República Española. República que nace con un carácter claro de democracia liberal. Las fuerzas socialistas, cada vez más hegemónicas, no estaban de acuerdo con el rumbo liberal iniciado por la República. De ahí que, para transformarla en otra claramente totalitaria, iniciaron un violento proceso revolucionario que culminó en el golpe de estado de 1934 y posteriormente en la guerra civil que puso fin al segundo intento republicano.
Con la victoria de Franco, los responsables políticos huyeron al extranjero, llevándose inmensas fortunas saqueadas del Patrimonio Nacional y hasta de particulares, muchos de ellos humildes ciudadanos que, por miedo a perderlas, habían depositado sus alhajas en las cajas de seguridad de los bancos y hasta en el Monte de Piedad. Los socialistas de a pie fueron abandonados a su suerte, sin medios económicos y expuestos a que se les exigieran cuentas por su participación en la guerra.
El resultado final de esta contienda civil, cuyas consecuencias padecimos todos, trajo con sigo una prolongada hibernación de los socialistas. Aunque quieren presentarse como aguerridos luchadores contra el franquismo, la realidad es que no dieron señales de vida hasta después de la muerte de Franco.
La recuperación económica, tras el desastre monumental de la guerra civil, fue muy complicada y pasaron años hasta que empezamos a despegar. Fue preciso acudir hasta a la emigración masiva arrostrando miserias y calamidades sin cuento.
Conseguido nuevamente un nivel económico aceptable, aparece de nuevo la bestia y entra en escena la conocida plaga del socialismo; y con él, el previsible empobrecimiento de los ciudadanos. En 1982, el PSOE, de la mano de Felipe González, logra hacerse con el Gobierno. El resultado obtenido, el previsible. En 14 años de gobierno no logró crear ni un solo puesto de trabajo en términos netos. Cuando salió del Gobierno en 1996, en número de desocupados era superior al que encontró en 1982. Y, además, el déficit público escaló hasta la escalofriante cifra del 7% del PIB. Con la Seguridad Social en quiebra, peligraban las pensiones de los jubilados. No cumplíamos ninguno de los requisitos exigidos por el Tratado de Maastricht para integrarnos en el sistema monetario de la Unión Europea.
Para lograrlo fue preciso que llegara al Gobierno el Partido Popular con sus medidas estructurales y, a base de restringir el gasto público y la congelación temporal del salario de los funcionarios, logramos salir a flote otra vez. Y como somos frágiles de memoria, nos olvidamos del desastre económico de la era de Felipe González y en el año 2004 volvemos a ponernos en la mano de otro gobierno socialista.
El Gobierno de Felipe González fue una verdadera calamidad, pero Zapatero nos ha demostrado que aún es posible hacerlo peor y está consiguiendo hacer bueno a González. Con Zapatero, además de crecer el paro, en números redondos, a un ritmo de unos ocho mil al día, crece también el gasto público nada menos que a una media del 9% anual. Crecen los funcionarios de un modo descontrolado y no crecen los enanos, porque estaría muy mal visto. Ahí está el déficit público situado ya claramente en el 9% del PIB. Y veremos a ver hasta donde llegamos en el crecimiento de la deuda pública, posiblemente al 60% del PIB al finalizar 2009.ç
Y los ciudadanos parecen no darse cuenta de estos problemas, no se si porque no se les cuenta o porque, como buenos borregos, siguen dócilmente la voz de su amo. Es un dato empírico recurrente que, cada vez que gobierna el PSOE, destruyen más empleo que ningún otro gobierno de Europa, actualmente casi el doble que todos ellos. Pero, eso sí, presumirán de su exquisita sensibilidad social, aunque para ello utilicen el dinero de los demás. Lo malo es que no lo gastan para reconvertir el mercado laboral y en industrias productivas. Lo gastan mal gastado en subsidiar a unos y a otros, lo que se traduce sistemáticamente en un aumento claro de la pobreza. Y este aumento del gasto público en subsidios improductivos, más pronto o más tarde, se traducirá en impuestos, como es normal, que pagarán los ciudadanos de la sufrida clase media

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 17 de junio de 2009

EL RELATIVISMO MORAL IMPERANTE


El relativismo moral, día a día, va ganando adeptos de un modo muy extraordinario. Ha dejado de ser una fiebre pasajera, para convertirse en una preocupante epidemia que lo invade todo, peligrando incluso hasta los cimientos de nuestra cultura tradicional. Tal parece que ha nacido otra nueva religión, cuyos creyentes se multiplican como hongos en plena primavera. Y la religión relativista no es casual, ni ha nacido por generación espontánea. Es debida, según los propios relativistas, a una especie de eugenesia ideológica, determinante de una mejora intelectual considerable.
Que los valores morales objetivos no existen es uno de los dogmas básicos de esta nueva religión. Por principio, carecemos de cualquier hito perenne que nos ayude a reconocer lo que está bien o mal. La verdad es algo personal de cada uno, ya que los principios, tanto filosóficos como religiosos y morales, son siempre relativos y dependen de las opiniones circunstanciales de las personas o de sus circunstancias. En consecuencia, según esta doctrina, la validez de los principios morales se vera realmente afectada por el tiempo y el lugar en que se produzcan.
De ahí que el ser humano sea incapaz, por naturaleza, de captar la verdad objetiva. Por este motivo, el relativismo se transforma siempre en agnosticismo. Y en el campo de la ética, estaríamos incapacitados para ir más allá de un simple individualismo o subjetivismo. Los gurús del relativismo están plenamente convencidos de que, todas las opiniones morales que se viertan, tienen el mismo nivel de validez, aunque sean contradictorias entre sí. No es posible, pues, jerarquizar las ideas, ya que todas ellas tienen la misma probabilidad de ser ciertas. Según esto, es ilógico que pueda haber principios morales objetivos que, a la vez, tengan ese carácter universal y absoluto para poder ser aplicados a todos los hombres en cualquier circunstancia y lugar.
Para el relativista, la verdad depende siempre de quien opina sobre algo y nunca del contenido de lo que se esta opinando. La importancia de cualquier principio filosófico, religioso o moral depende exclusivamente de las personas que lo están enjuiciando y nunca del principio en si. De aquí deriva ese carácter tan individualista y subjetivo de los relativistas, siendo sus teorías un tanto absurdas y confusas. Tan confusas, que frecuentemente confunden el deber de respetar a las personas que opinan con el deber de respetar toda opinión.
Aún hay más. La moralidad de un acto, más que del acto en sí, viene determinada por la sinceridad subjetiva del que realiza la acción, y nunca de su propia conducta, ya que los actos en si mismos carecen de maldad intrínseca. La moralidad de un acto está siempre ligada al sujeto que lo ejecuta.
Contrasta toda esta doctrina del carácter subjetivo de la moralidad de los actos, con el perfil absoluto y universal que exigen para sus tesis doctrinales, lo que no deja de ser una verdadera contradicción. Está claro que estos catecúmenos del ateismo de nuevo cuño adoptan esta postura, más que por convicción ideológica, por puro snobismo, ya que piensan que así son más progresistas y modernos. Y hay algunos que han llegado hasta el extremo de pedir la apertura de un Registro de la Apostasía, sin darse cuenta que es precisamente el mundo de las creencias lo más personal del individuo por lo que merece un respeto escrupuloso. El creer en algo trascendente, en algo que pueda dar sentido a nuestra vida, es un don gratuito que se nos da. Don que podemos transmitir voluntariamente a quien lo demande, pero que nunca debemos imponer a nadie.
Dada su doctrina, es paradójico que los relativistas sean tan extremadamente dogmáticos. Compiten en dogmatismo y en intransigencia hasta con los mismos integristas islámicos, lo que ya es decir. Y, sin comparación, son mucho más viscerales y fanáticos que los que creen en una realidad transcendente. Se da la circunstancia, aunque parezca increíble, que todos estos agnósticos y laicos se creen moralmente muy superiores a los fieles de cualquiera de las confesiones religiosas. Reivindican, sin pudor, la superioridad moral del laico sobre el creyente, y no toleran que estos puedan recomendar alguna que otra orientación moral. Les hay que, como Gaspar Llamazares, tratan de emular a Moisés y, sin pasar por el Sinai, nos ofrece ya los mandamientos o nuevas tablas de la ley laica.
Tienen, además, la mala costumbre de achacar a las distintas creencias religiosas los desastres más graves padecidos por la humanidad a lo largo de la historia. Y es aquí cuando aparece la Inquisición y la yihad islámica. Se olvidan por completo de los crímenes del comunismo, muchos de los cuales fueron cometidos para extirpar de raíz la religión que, según ellos, era el verdadero opio del pueblo.
Es muy propio de los relativistas enarbolar la tolerancia como bandera propia y exclusiva, y suelen defender que la calidad moral de las personas es previa a la posible condición de creyente. Y es precisamente la igualdad moral de todas las personas lo que forma el verdadero núcleo de la ética actual. De ahí que pidan a los poderes públicos la separación Iglesia-Estado y un trato moral e idéntico para todos los ciudadanos. En teoría, esto no está nada mal ya que la conciencia y el ideario de cada uno debe ser inviolable. Es éticamente incorrecto tratar de violentar el pensar y el sentir de las personas que nos rodean. Cada uno es muy libre de labrarse su propio mundo intelectual
Pero los relativistas, en la práctica, dejan mucho que desear. Dan a entender que, para ellos, es más excelsa la calidad moral del pensamiento laico que la del religioso. Es más, no toleran que los creyentes manifiesten públicamente sus creencias y que hagan manifestaciones de acuerdo con sus convicciones religiosas. Hasta los mismos signos que utilizan los creyentes resultan para ellos verdaderamente insoportables y tratarán, con todos sus medios, de hacerlos desaparecer de la circulación. Más que separación Iglesia-Estado, buscan la desaparición de la Iglesia del espacio público. Al menos, que no trascienda en absoluto de la conciencia privada de los creyentes.
Entre los agnósticos o ateos, aunque carezcan de fe en algo trascendente, puede muy bien haber personas moralmente aceptables cuyos actos estarán determinados por una conciencia correctamente formada. Lo mismo que, entre los creyentes, habrá también alguno que, como consecuencia de la debilidad humana, no actúe moralmente de acuerdo con el dictado de su conciencia. La rectitud moral de las personas depende, efectivamente, de la conciencia de cada uno, lo que nos obliga a tratar a los que nos rodean como si fuéramos nosotros mismos. En este sentido, tenía razón Kant cuando escribía que la moral no necesita recurrir a la idea de un ser por encima del hombre para conocer el deber de uno mismo. Basta la misma ley, al marcarte el camino, para actuar de un modo correcto.
El fallo de los relativistas radica en que ven en la religión una especie de andaderas para la moral de los creyentes, con lo que ésta sería sumamente débil y dependiente de condicionantes ajenos. En consecuencia, la moral del laico es más firme y más auténtica que la del creyente, ya que no necesita de la religión, se basta a sí misma porque se sustenta básicamente en la racionalidad humana. Querámoslo o no, en nuestra cultura, los valores e ideas morales, que han propiciado la aparición de cualquiera de las sociedades democráticas actuales, hunden sus raíces en el cristianismo, aunque no sea armónica la relación de la sociedad y la Iglesia.
La religión, aunque crean lo contrario, no es una simple muleta para sostener la moral de los que creen en el más allá. Es un motivo más para afianzar las convicciones morales y los principios que sustentan y conforman la propia moralidad. Los principios éticos son buenos o malos por sí mismos. No necesitan de la aprobación o rechazo de ninguna deidad. Y, aunque parezca mentira, todo buen católico, rechazará doctrinas, pero nunca a las personas que las defiendan. Respetaran siempre a la persona en si y a su forma de pensar, con independencia de la ideología que profese.
El relativista que se confiesa ateo, en cambio, no ha sido capaz de asimilar que también el hombre que cree en un Dios transcendente, tiene todo el derecho del mundo a ser respetado como cualquier laico y que también deben ser respetadas sus ideas y sus prácticas religiosas, lo mismo que el laico tiene el derecho a que nadie le obligue a involucrarse en ninguna de esas prácticas.
Aunque nadie obligue al ateo ni asistir a misa, ni a formar parte de sus procesiones, estos tratarán por todos los medios de desterrar todas estas manifestaciones religiosas a la más estricta intimidad. Algunos procuraran sustituir la Cruz por la hoz y el martillo y los Evangelios por las obras de Marx. Otros exigirán la desaparición y el vacío absoluto de creencias religiosas y de los signos materiales que las representan.
Habrá personas a las que guste la fastuosidad de las ceremonias religiosas. Para esta pobre gente, intelectualmente muy corta, se organizarán celebraciones de ritos típicamente eclesiásticos, una vez despojados de cualquier connotación religiosa, como el bautismo laico del hijo de Cayetana Guillen oficiado por el estrambótico Pedro Zerolo. Resulta tremendamente revelador que, cuando se pierde la fe, se comienza a creer en otras cosas evidentemente absurdas, como es el pasar el agua, las cartas o el tarot, y otras cosas por el estilo. Ahí están, para demostrarlo, la cantidad de vividoras que, a diario, intentan adivinar el futuro a tanta gente incauta ganada por estas supercherías.

José Luis Valladares Fernández

lunes, 15 de junio de 2009

VIVIR DE LA SUBVENCION


Que Zapatero, cuando se vaya, nos va dejar una enorme herencia, sobre todo en parados subvencionados y menesterosos, es evidente. Si se hubiera propuesto el reunir intencionadamente toda esa ingente cantidad de personas, haciendo cola a las puertas del INEM, a la entrada de los comedores sociales o poniendo el cazo para recibir subvenciones, seguro que no lo lograba.
Entre los que ponen el cazo tenemos personas de muy diverso pelaje, aunque todos ellos tienen en común la propensión a vivir del cuento. Muchos de ellos, claro está, si tuvieran que vivir de su trabajo, lo pasarían muy mal, ya que su valía profesional deja mucho que desear. Aunque hay excepciones, son muchos los que carecen de talla para ser lo que dicen ser: representantes dignos de alguno de los ramos de la cultura. Sin embargo, con su adscripción al sindicato de la ceja, se pueden permitir el lujo de vivir del momio público que pagamos todos.
También es verdad que Zapatero les necesita. Se necesitan mutuamente. Los del sindicato de la ceja, juntamente con los otros sindicatos, que han abjurado de sus obligaciones, se aprestan voluntariamente a servir de paraguas protector de Zapatero. Hecho que el presidente del Gobierno suele remunerar muy bien. Y los de la farándula no suelen hacerle ascos a esas suculentas dádivas, aunque por las circunstancias que concurren sean ilegales. Ahí están, para demostrarlo, las películas españolas que cobran la correspondiente subvención y que, después, quedan en el baúl de los recuerdos sin exhibirse en las salas.
De esto sabe bastante la actual Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que procede de ese mundo y que, como la mayoría, ha sabido exprimir convenientemente los presupuestos. Hoy día, no tiene problemas, en calidad de ministra, de conceder y firmar subvenciones para los que formaban su propia tropa. Es más, pretende ahora ampliar las ayudas a la industria del cine donde ella sigue teniendo grandes intereses privados, tanto personalmente como a través de algún que otro familiar suyo, entre los que se encuentran su propio padre, uno de sus tíos y hasta su actual pareja. Por este motivo, la Asociación de Internautas ha puesto una denuncia ante la Oficina de Conflictos de Intereses del Ministerio de Administraciones Públicas.
Siempre han abundado los mediocres entre esa tropa que se dedica a la creación de obras supuestamente culturales. Durante el régimen anterior, los titiriteros de entonces achacaban a la censura franquista la banalidad de sus creaciones. Al menos tenían una disculpa, aunque ni censura franquista, ni gaitas. Falta manifiesta de valía intelectual, ya que las mejores obras de nuestra literatura fueron creadas bajo una censura mucho más asfixiante que la de Franco, la famosa Inquisición. Los titiriteros actuales no tienen disculpa alguna y, como les sobra cara, y les falta dignidad y remordimientos morales, no tienen inconveniente en vivir del presupuesto.
Entre esta tropa, hay unos más avariciosos que otros y que, en consecuencia necesitan percepciones más abundantes. De ahí que hayan aterrizado en la SGAE. Los mentores de esta sociedad, en vez de gestionar los derechos de Autor y potenciar las actividades culturales y asistenciales que desarrollaba la antigua sociedad, han montado, con la autorización de Zapatero, todo un tinglado recaudatorio completamente ilegal.
Tal es así, que se han arrogado la facultad de imponer sanciones, de invadir la intimidad personal y además les permiten cobrar un canon que es un robo manifiesto. Nadie debe ser sancionado en prevención de que pueda cometer un delito, que es el caso del canon digital. Les dio alas Zapatero y ahora se creen los faraones del siglo XXI, aunque la mayoría de los que dirigen el invento, como es el caso de Teddy Bautista, no pasan de simples rapsodas que han fracasado profesionalmente.
Dentro de esta tropa, tenemos personajes muy singulares. Es paradigmático el caso José Ramón Martínez Márquez, alias Ramoncín y no sabemos que pinta en el Jurado de la Operación Triunfo. Es uno de los grandes defensores de la SGAE y, cuando abandonó la Junta de la Sociedad, no dudó en afirmar que esta, hace veinte años, recaudaba muy poco y mal y ahora “mucho y bien”. Y agregó: “Hoy la SGAE está entre las primeras del mundo, juega en la liga de Japón, Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania. Cuando entramos, la sociedad recaudaba poco y mal y hoy recauda mucho y bien. Yo he hecho este trabajo a cambio de nada". Critica a los que compran música en el top manta y lo achaca a un simple problema cultural. Eso si, defiende el canon digital con uñas y dientes.
Extraña enormemente encontrar a Ramoncín entre el grupo de jueces encargado de valorar la actuación de los participantes en la Operación Triunfo, ya que él fue uno de los principales enemigos de ese programa de televisión. Él fue uno de los firmantes del manifiesto “otro timo no” auspiciado por Periodistas Especializados en Música, Ocio y Cultura. En este manifiesto se acusaba al concurso televisivo de todos los males de la industria discográfica. Además se acusaba a la televisión de pervertir los valores artísticos y acabar con la música de calidad.
Mucho ha cambiado Ramoncín desde entonces hasta ahora. Estaría muy bien que fuera Sabina el que juzgara este cambio de actitud del rey del pollo frito.

José Luis Valladares Fernández

sábado, 13 de junio de 2009

EL SINDICALISMO Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA


3.-Orientación revolucionaria de las asociaciones colectivas
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Son muchos los motivos determinantes de que Gran Bretaña haya estado siempre a la cabeza en la creación y desarrollo de los movimientos sindicales. La evolución de estas organizaciones en los demás países, al ser más lenta su industrialización, siempre ha ido por detrás. Y, como no podía ser de otro modo, también fue aquí, en Inglaterra, donde estos movimientos comenzaron a tener un sesgo claramente político y revolucionario.
Fue en junio de 1836 cuando la Asociación de Trabajadores de Inglaterra rompe los moldes y elabora el primer manifiesto claramente revolucionario, que sería conocido con el nombre de Carta del Pueblo. En dicha carta aparece, por primera vez, la exigencia política del voto universal y secreto. Los promotores de esta carta, conocidos con el nombre de cartistas, fueron los primeros que se atrevieron a organizar huelgas para conseguir ciertos fines, que no eran otros que la reforma social y política.
Dadas las circunstancias históricas que rodeaban a este grupo, no obtuvieron resultados muy boyantes, ni muy numerosos. Fueron más bien escasos y muy pobres, ya que el grupo de los cartistas estaba internamente muy dividido y además, por ser los pioneros, tuvieron que soportar unas represiones muy duras. Y esto sin contar el ambiente negativo que primaba en su alrededor. Pues hay que tener en cuenta que les afectó enormemente la revolución de 1848, revolución que conocemos con el nombre de Primavera de los pueblos, y que se extendió muy pronto por la mayor parte de Europa
El carácter social de esta revolución era manifiesto, aunque con ciertos tintes políticos. Se organizaban de improviso manifestaciones populares, donde intervenían conjuntamente los trabajadores y la pequeña burguesía liberal. Organizaban protestas y motines contra la alta burguesía que era la que, en realidad, acaparaba todos los resortes del poder. Pero todo acabó en nada, fracasando estrepitosamente. Únicamente consiguieron una simple reducción de la jornada laboral.
Ante el fracaso de estas manifestaciones populares, la clase trabajadora decidió rechazar todo tipo de colaboración con cualquiera de los sectores de la burguesía, fiándose exclusivamente de sus propias fuerzas. Siguiendo esta pauta, comienzan a organizarse en partidos de clase, mediatizados claramente por el marxismo y por el anarquismo que comienzan a ponerse de moda.
A partir de aquí, es muy frecuente oír hablar de proletarios y proletariados que, en realidad, son términos antitéticos de burgués, burguesía y capitalista. La clase social más baja, la que carecía de propiedad de los medios de producción, era la que llevaba el apelativo de proletariado. Los proletarios, para vivir, se veían obligados a trabajar para los propietarios de esos medios de producción. El capitalismo, en cambio, disponía de otros medios y basó su desarrollo en la descomposición del antiguo gremialismo y al empobrecimiento progresivo de campesinos y artesanos.
En esta época proliferan los relojes y las máquinas, artilugios cada vez más presentes en los medios de producción. Y además de quebrantar la moral del trabajador, el reloj y las máquinas, según Marx, aumentan hasta extremos insoportables esa explotación endémica de la clase obrera. El problema se agrava con el invento de la producción en cadena, que convierte a los proletarios, según la creencia de la época, en simples engranajes de todo el proceso productivo.
El modo de producción pasó a ser auténticamente capitalista, con independencia de que la forma de gobierno fuera socialista o no. Tanto en ambientes de predominio de cualquiera de los socialismos reales, como donde estaba establecido el capitalismo liberal, el régimen de producción era auténticamente capitalista. Esto provocaba en la clase obrera una explotación cada vez más asfixiante, dando lugar a un aumento considerable de proletarios pobres y marginados. De modo que un grupo desclasado muy amplio terminó formando lo que, en terminología marxista, llamaron lumpemproletariado, y en Francia lo bautizaron con el nombre de bohème.
En contraposición al proletariado industrial, destacan los grandes empresarios, usufructuarios de un poder económico y social cada vez más grande. Los precios de las mercancías los fijaría ya la oferta y a la demanda, mientras los obreros contratados seguirían obteniendo unos salarios muy bajos. De este modo, la burguesía industrial se vería doblemente favorecida, con lo que, además de amasar fortunas enormes, desplazaría definitivamente a la aristocracia tradicional terrateniente, que anteriormente dominaba la situación.
Los salarios de hambre creaban grandes capas de pobreza y cada vez era mayor el número de trabajadores afectado. Como consecuencia de esto, fueron apareciendo ciertos movimientos sociales que trataban de aportar una solución a tan grave problema. Consideraban intolerable que los obreros se vieran obligados a vender su trabajo, a bajo precio, a la insaciable burguesía para poder subsistir.
El Papa León XIII, con su Encíclica Rerum Novarum, fue uno de los primeros en defender unos postulados sociales en los que se defendía sin tapujos el derecho de los trabajadores a llevar una vida digna. Pero la voz de la Iglesia Católica no fue escuchada. La fórmula propuesta por Marx tuvo, sin duda, mucho más eco.
Debido al ambiente revolucionario en que vivían los trabajadores, el marxismo o socialismo científico no tuvo problemas para ir calando en el mundo laboral. Carlos Marx y Federico Engels, con su Manifiesto Comunista publicado en 1848, contribuyeron decididamente a poner en marcha todo ese movimiento de lucha de clases, desconocido hasta entonces. Marx deja bien claro que proletariado y clase obrera es la misma cosa. Y él mismo los utiliza indistintamente para indicar el antagonismo existente entre trabajadores y burgueses. Ambos grupos, al defender intereses intrínsecamente antagónicos, dan lugar a que ambas fuerzas sociales sean tremendamente hostiles entre sí. Esa hostilidad manifiesta e irreconciliable, entre una fuerza social y la otra, da lugar a lo que históricamente hemos conocido como lucha de clases.
Tan opuestas son las aspiraciones de ambos grupos sociales, que los capitalistas tratan de apropiarse de los tiempos de producción y los trabajadores, conscientes de sus derechos, trataran de paralizar las aspiraciones capitalistas y exigirán, por su trabajo, un salario lo más alto posible. La burguesía capitalista, como dueños de las fábricas, buscan una rentabilidad, lo más alta posible para el capital que han invertido. De ahí que traten, por todos los medios, de limitar las contraprestaciones por la venta de la mano de obra a límites lo más bajos posibles.
El proletariado, como clase oprimida, se embarcará en acciones revolucionarias con la mente puesta en la emancipación del capitalismo. Concurren condiciones objetivas y condiciones subjetivas para que la clase trabajadora tenga fe en el triunfo final y que, a la vez, ponga todo su empeño en no fallar. Pues, por un lado, es muy claro el alto nivel de explotación a que son sometidos y, por otra parte, están plenamente concienciados de su condición de clase oprimida.
Al mismo tiempo que el socialismo científico de Marx y Engels, apareció otro tipo de socialismo, al que se dio el nombre de bakunismo. Este nuevo movimiento, que sintonizaba perfectamente con el marxismo, fue desarrollado por M. Bakunin, que le dio el nombre, y por P. J. Proudhon. Marxismo y bakunismo no eran dos partidos de clase, ya que formaban una sola realidad social. Realidad social que supo granjearse la atención de la clase trabajadora, convirtiéndose en el movimiento de moda. De ahí que, a partir de 1850, se extendiera rápidamente por toda Europa, dando lugar a que se crearan sindicatos en varios países, entre ellos España, Portugal, Bélgica y Alemania.

José Luis Valladares Fernández

jueves, 11 de junio de 2009

NUEVA DIMENSIÓN DE LA FAMILIA

La familia tradicional siempre ha sido nuclear y constituye la piedra angular de la sociedad. Este tipo de familia, querámoslo o no, forma el primer núcleo social, o el epicentro donde se forma la sociedad. Es en la familia, así entendida, donde el ser humano interactúa y mantiene su propia relevancia en la vida.
La familia, al menos en nuestra cultura occidental, siempre ha constituido una unidad básica de la organización social, y comporta una serie de obligaciones morales e inalienables de los padres para con sus hijos, tanto si son biológicos como adoptados. Obligaciones morales asumidas voluntariamente por los padres.
Pero este tipo de familia tradicional, basada hasta ahora en el matrimonio heterosexual, ha dejado de ser ya un modelo ideal. Según este nuevo concepto de familia, basado más en los accidentes que en la sustancia del matrimonio, los que ya somos mayores habríamos estado viviendo en la más absoluta de las ignorancias, hasta que la moderna ideología de género ha venido en nuestro auxilio y nos ha abierto los ojos.
Hasta la misma legislación que afecta a la familia, se ha dejado llevar por la nueva moda y ha perdido todos sus antiguos puntos de referencia, sin haber encontrado antes otros con cierta estabilidad. De ahí que, en la legislación actual, se atienda más a los “remedios” del matrimonio que al propio “modelo” en sí. Lo que más cuenta, a la hora de legislar, son las vicisitudes de la pareja, abriendo así la posibilidad de esas uniones “a la carta”, en la que se deja en manos de las partes el alcance de sus efectos, duración y fin.
El desprestigio de la familia clásica, la devaluación de la misma, está ahora en el punto más alto, donde ya casi es imposible un retorno a lo que se entendía, hasta ahora, por vida familiar. Y el matrimonio entre homosexuales ha venido a romper todos los esquemas que habían servido de modelo razonable.
Pero no nos equivoquemos. Las familias desestabilizadas y sin vigencia son las otras, las de aquellos ciudadanos que están fuera de los circuitos de la izquierda que presume de progresista. Para toda esta tropa de progres, vaya que si siguen estructuradas sus propias familias. Diversas circunstancias coyunturales, que se nos escapan a los demás, les han abierto los ojos y han descubierto en los suyos otra nueva dimensión muy aprovechable, otros nuevos valores que, además, han resultado plenamente rentables. Se trata del hermanísimo y otros muchos calificativos terminados en ísimos e ísimas.
Y son todos estos, con nombres que terminan en ísimos o en ísimas, a los que hay que añadir las distintas clases de amiguetes y paniaguados, los que, por la sola virtud del lazo familiar, se convierten de la noche a la mañana en flamantes funcionarios. Y serán estos los que, para disimular, inventen y multipliquen nuevas trabas burocráticas, lo que lleva aparejado una proliferación, a veces absurda, de los trámites administrativos que el ciudadano corriente debe soportar.
Un ejemplo bien reciente, lo tenemos en el caso de los hermanísimos de Manuel Chaves, que ocupan, dentro de la Junta de Andalucía, cargos administrativos muy importantes. Pero Chaves, antiguo mosquetero del felipismo e impulsor del famoso clan de la tortilla, no se limitó a sus hermanos. Su familia era muy amplia, era todo un familión donde había hasta ahijadas, como es el caso de Bibiana Aido, y había que preparar puestos dignos para todos. Los presupuestos, bien exprimidos, dan para mucho.
Pero, quizás, el caso más llamativo sea el de su hija Paula. Más llamativo, pero también mucho más comprensible, ya que, como dijo el consejero de Innovación, Martín Soler, ¡quien no quiere lo mejor para sus hijos! Y si Manuel Chaves, expresidente de la taifa andaluza, se comportó como un buen padrino con el resto de su amplia familia mientras fue presidente en activo, no debe extrañarnos que se superara con su propia hija. Y en aras a ese amor filial, no tiene nada de extraño que hasta cambiara las normas para facilitar la entrega de tan suculento incentivo a la empresa MATSA. Incentivo que, según revela la prensa, gestionó o firmó la misma Paula Chaves. Quizás sea un acto claro de nepotismo o privanza, sirviéndose para ello de ese dinero público que no es de nadie, tal como nos aclaró una exministra de Zapatero.
Padrinazgos al estilo del de Manuel Chaves, son muy famosos entre socialistas. Uno muy significativo es el de Alfonso Guerra con sus hermanos. Juan Guerra, con sus cafelitos, no tardó en hacerse famoso y conseguir, en muy poco tiempo, el rentable título de el conseguidor. El hermano Adolfo, el de los langostinos del Sena, dirigía Mercasevilla y hacía uso de la visa oro con extrema liberalidad. Su otro hermano, llamado Antonio y apodado el patillas, recorría toda España abriendo gasolineras y comprando solares, con la tarjeta de presentación de hermano de Alfonso.
Hay que reconocer que no todas las familias son iguales. Unas son más familias que otras y esto, en algo tiene que traducirse.

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 10 de junio de 2009

ELECCIONES AL PARLAMENTO EUROPEO

El pasado 7 de junio, se celebraron las elecciones al Parlamento Europeo. Los resultados de las mismas se han ajustado prácticamente a lo que preveían la mayor parte de las encuestas previas a los comicios. El Partido Popular obtuvo el 42,23% de los votos obteniendo así 23 escaños de los 50 en liza. El PSOE se quedó en el 38.51% de los mismos, con 21 escaños conseguidos.
En la intervención de Leire Pajín, una vez conocidos los resultados, se adivinaba cierta euforia, ya que su lista obtuvo un resultado que ellos ni se esperaban. En el PSOE, los días previos a las elecciones, esperaban un resultado entre 4 y 5 puntos a favor del Partido Popular. Auguraban para los Populares una ventaja de tres escaños. La diferencia en puntos fue levemente menor a la esperada y, en vez de tres escaños, fueron solamente dos.
Contrasta este resultado del PSOE con los obtenidos por el resto de formaciones socialistas en toda de los restantes países de la Comunidad. De ahí que se felicitara Pajín por liderar el mejor resultado de los socialistas europeos, pasando así el PSOE a ser la fuerza socialista más potente de toda la Unión Europea.
El PSOE considera que estos datos, leídos en clave nacional, no son más que un ligero tropiezo motivado por el paro y la recesión que padecemos. Es una situación que esperan remontar en breve con la suavización de los duros perfiles de la crisis, para ellos mundial. En cualquier caso, hasta el propio Zapatero se mostraba razonablemente satisfecho por no haber perdido más que 700.000 votos en relación con la votación de hace cinco años. Y yo diría que hasta optimista porque de esos votos perdidos, solamente 200.000 fueron a parar al Partido Popular.
En realidad, teniendo en cuenta los desastres de los otros partidos socialistas de la Unión Europea, los resultados obtenidos por el PSOE extrañan un poco. Se trata de un partido que está en el Gobierno, con los peores datos económicos de nuestra historia reciente y pasada, con más del doble de parados que en toda Europa, y resistió el vendaval de las elecciones de una manera más o menos aceptable. Esto alguna lectura tendrá, lectura que habrá que analizar desapasionadamente.
Esto me recuerda al alcalde de Getafe y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, Pedro Castro, cuando en la presentación de los Presupuestos Municipales se soltó el pelo con aquello de “¿Por qué hay tanto de los cojones que todavía vota a la derecha?”
Yo no voy a repetir tamaño insulto, pero si me pregunto que cómo es posible que, con la que está cayendo, el castigo al PSOE haya sido tan liviano. Es difícil de explicar que con esos más de cuatro millones de parados, con un buen número de ellos ya sin prestación alguna, el PSOE haya sido capaz de conservar tanto voto. Otro partido cualquiera, en igualdad de condiciones hubiera cosechado un resultado de escándalo. Esto no pudo haber sido mérito del PSOE. Tuvo que influir en el resultado algún otro factor que se nos escapa, aunque sospechamos cual es el verdadero motivo.
Cuando oí a Leire Pajín vanagloriarse de que el socialismo español no había sufrido el castigo que el los otros países, ya pensé en el hecho de que en España se vota más con el corazón que con la cabeza. En el resto de Europa, se piensa más a la hora de emitir un voto. Procuran dejar a un lado el corazón y tratan de actuar con responsabilidad encomiable. Además, no se dejan engañar tan fácilmente y apenas si tiene arraigo, entre ellos, este sentimiento borreguil que nos atenaza.
En España, y para nuestra desgracia, nos conformamos con muy poco y somos fácilmente manipulables. Se vive más descansadamente con el simple PER que ganándose el pan con el sudor de la frente. No podemos correr el riesgo de que venga otro partido que pueda hacernos trabajar. Hay un hecho cierto: somos incapaces de desprendernos del complejo de ovejitas de rebaño que nos caracteriza y que, históricamente, nos ha hecho tanto daño. Ovejas siempre prestas a oír la voz del amo y que, una vez oída, la seguimos ciegamente.

José Luis Valladares Fernández

lunes, 8 de junio de 2009

LAS COSAS DEL SOCIALISMO ESPAÑOL

Con defensores como José Luis Rodríguez Zapatero y Juan Fernando López Aguilar, tenemos sobradamente resueltos todos nuestros problemas. Ambos próceres socialistas cuidan de nosotros mejor aún que nuestros propios padres. Nos anuncian con tiempo todas las dificultades que vamos a encontrar en nuestro camino, y nos indican a la vez la mejor manera de solucionarlas. Más aún, se ofrecen paternalmente a solucionárnoslas ellos personalmente. ¡Ni que fuéramos simples bebés!
Y es que, en realidad, nos tienen por indefensos niños. Más aún, nos tienen por analfabetos funcionales y hasta por demasiado tontos. Los españoles, para estos nuevos superhombres, no damos la talla mínima. Nos falta un hervor. Y es que los socialistas son así de presuntuosos.
Para empezar, no son nada originales. Ya Felipe González, en la campaña electoral de 1996 se despachó con una misiva donde nos anunciaba que “la derecha española es un peligro para todos los logros sociales”. De aquella, según González, el PSOE ya representaba a la mayoría progresista, que estaba allí, vigilante, para “poner en evidencia las verdaderas intenciones de la derecha y su operación de camuflaje”. También intentaba abrirnos los ojos y nos advertía que el PP bajaría los impuestos a los ricos y, a la vez, recortaría las pensiones, el seguro de desempleo y hasta los gastos sanitarios y educativos.
En esta ocasión, Zapatero y Aguilar acuden a la hemeroteca y, sin más, rescatan del olvido aquella carta. Todos los españoles con capacidad legal para votar el próximo día 7 de junio, habrán recibido, junto con la oportuna propaganda electoral del PSOE, la segunda edición de la misma, cambiando simplemente las firmas. En ella se nos anima a votar, y a votar precisamente por el PSOE, ya que, según sus palabras, son ellos los que están “luchando para superar la crisis económica y a la vez apoyar más a quines más la sufren”.
Si nos fiamos de su palabra, Zapatero está, eso si, responsablemente implicado en la resolución de esta crisis. No tiene nada que ver con el desarrollo de la misma, ni con su agravamiento continuo y progresivo. Al igual que los trabajadores y las familias, es completamente inocente y ajeno a semejante problema económico. La crisis la ha provocado “la codicia y la falta de control sobre los mercados financieros amparada por la política y los políticos de la derecha” Y, claro, con la derecha, además, vienen el resto de los problemas: bajada de las pensiones y pérdida notable de los derechos más elementales de los trabajadores.
Como han hecho siempre los socialistas españoles, acuden irresponsablemente a la política del miedo. Haciendo gala de una cara dura considerable, procuran aparecer como si nunca hubieran roto un plato. España se ha convertido en una fábrica de crear parados. Pero de esto solamente puede ser culpable esa derecha insolidaria que no piensa más que en favorecer a los ricos. Ellos, los socialistas, están ahí, solícitos, para apoyar a esa pobre gente que queda sin trabajo.
Es tal la paranoia de estos visionarios socialistas, empeñados en salvarnos a toda costa, que, sin querer, han dado con la solución correcta. Nos dicen en su carta que para salir de la crisis, hay que apostar por el cambio y por el futuro, como hicieron los americanos.
No se si los americanos acertaron o no con el camino correcto, ya que Obama aún puede resultar un segundo Zapatero o un Zapatero bis. Pero estoy completamente seguro que si los votantes españoles despiertan y, de una vez, se deciden por el cambio, mandando a casa a todos estos aprendices de brujo del PSOE, seguro que aciertan plenamente. Quisieron rizar tanto el rizo en esa carta que se olvidaron de que aquí el pasado son ellos, los socialistas de Zapatero; que fueron ellos, los del PSOE, los que llegaron en una época de vacas gordas y los que, administrando mal los recursos que heredaron, nos han llevado a esta situación económica tan crítica. Este si que sería un “gran paso adelante para salir de la crisis con justicia”.
Con la derecha, dicen Zapatero y López Aguilar, los derechos de los trabajadores siempre retroceden. Con ellos, no retroceden. Desaparecen sencillamente y esos trabajadores pasan, sin más, a engrosar las listas del paro. Es una manera claramente demagógica de tapar la responsabilidad que tienen en la destrucción de empleo. Este es un dato muy significativo que puede aclararnos muchas cosas: la cifra de parados en el primer trimestre de 2009, superó a la del último trimestre de 2008 en 802.800 parados nada menos. Prácticamente el doble de toda Europa. El país europeo con más parados en este último trimestre, no pasó de los 208.000 en números redondos.
No hemos vuelto a la situación caótica de 1996, a la que nos llevó Felipe González. La hemos sobrepasado con creces, rompiendo todos los moldes negativos que se podían romper. De aquella llegó Aznar y, mediante las medidas habilitadas por su Gobierno y el sacrificio de todos, se solucionó el problema y llegamos a tiempo para entrar en el sistema monetario europeo. Ahora, nos sobran iluminados, pero, para solucionar problema tan grave, necesitaríamos a otro Aznar que, como entonces, nos haga reaccionar.
Con Zapatero no vamos a ninguna parte y terminaremos cayendo en el abismo. Ya ha demostrado ampliamente que no sabe qué es lo que hay que hacer, no para salir de la crisis, sino para situarnos al mismo nivel que los restantes países de nuestro entorno. A lo mejor es que no puede, o no quiere o no le dejan hacerlo. En todo caso, lo único que está haciendo, es hablar a sabor de la boca e insultar a cuantos le piden soluciones. Pero medidas estructurales, nada de nada.

José Luis Valladares Fernández

viernes, 5 de junio de 2009

EL SINDICALISMO Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA

2.- Primeros pasos del sindicalismo

La clase feudal, institucionalizada por la Dinastía Carolingia, había arraigado fuertemente en Francia. Pero esta clase feudal era incapaz de adaptarse a los cambios sociales, como consecuencia de la rigidez del régimen monárquico. Esa inadaptación a los nuevos hábitos de la sociedad, por un lado, dio pie a la aparición de una nueva clase social, la burguesa que fue adquiriendo un poderío económico creciente. Y por otro lado, generó en las clases más bajas un enorme descontento que las llevó a odiar a todos esos valores que habían sido tradicionales hasta entonces.
Ese descontento y ese odio abrieron la puerta a la Revolución Francesa de 1789, poniendo fin al sistema feudal francés. Pasados los primeros momentos de desorden y desconcierto, provocados por la Revolución, la nueva clase burguesa fue ocupando poco a poco el vacío dejado por el feudalismo, erigiéndose en clase dominante. Esta sustitución de feudalismo por capitalismo, cautivó al resto de los países de Europa. Y, uno tras otro, fueron importando y estableciendo decididamente ese nuevo sistema económico, que con su consolidación, dio origen a lo que conocemos como revolución industrial.
Los responsables de esta revolución industrial, para garantizarse una fácil rentabilidad, impusieron a la mano de obra unas condiciones extremadamente duras, dando lugar a un gran malestar social. Los representantes de los obreros reaccionaron ante tamaña injusticia, poniendo en marcha un nuevo movimiento reivindicativo, que pasó a la historia con el nombre de socialismo utópico. Trataban de establecer una sociedad lo más perfecta posible, en la que destacara ante todo la igualdad y todos los hombres gozaran de idénticas oportunidades. Esto determina el marcado carácter ético y moral del socialismo utópico, que busca con ahínco un cambio social igualitario que no llegará nunca.
El socialismo utópico se convierte en la primera y principal corriente del pensamiento moderno, y, aunque nace en Francia, es en Inglaterra donde se desarrolla plenamente. Fueron Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista, los que bautizaron a este movimiento con el nombre de socialismo utópico, al contraponerlo a su propia teoría a la que llamaron socialismo científico.
Es en Inglaterra donde el socialismo utópico recibe el principal desarrollo, quedando caracterizado y mediatizado definitivamente por la revolución industrial inglesa. No podemos olvidar que el proletariado de aquella época abundaba en miserias y que, a la vez, se puso en práctica la nueva rama de la ciencia, denominada Economía política, ya que ambas cosas dejaron su impronta en este quimérico socialismo.
El primer teórico que trató de desarrollar científicamente el socialismo utópico fue el galés Robert Owen. Owen fue un pionero del socialismo, que se dejó influir por los pensadores ilustrados del siglo XVIII y que creía en el progreso del género humano mediante la razón, el convencimiento y la adecuada educación. Fue el primero en considerar al proletariado como clase independiente, aunque de una manera un tanto rudimentaria.
Conmovido Owen por las consecuencias sociales nefastas ocasionadas por la introducción del capitalismo durante la primera revolución industrial, buscó la manera de introducir mejoras sociales importantes. Así, desde su posición como empresario, mejoró notablemente las condiciones laborales y económicas de los trabajadores. Proporcionó a estos unas condiciones más dignas en cuanto a vivienda, a sanidad y a educación se refiere. De ahí que propugnara el establecimiento de escuelas y bibliotecas para niños y adultos en una comunidad que llamó Nueva Armonía.
Trató Robert Owen de desarrollar un nuevo sistema económico, alternativo al británico, y que se basaba en el cooperativismo. Propugnaba la unión de los obreros en cooperativas, tanto de producción como de distribución, ya que pensaba que serían mucho más rentables que la misma industria. Copiando de esta comunidad, propugnada por Owen, y a lo largo de la historia, irían apareciendo otras comunidades utópicas, entre las que destacarían los famosos Kibutz israelitas.
El socialismo utópico, tal como se desarrolló en Gran Bretaña, no se parece, en nada, al resto de socialismos, que fueron apareciendo después. El único nexo de unión, entre estos y aquel, lo tenemos en la difícil lucha solidaria de los trabajadores, tanto de la industria como del campo, en busca de una sociedad más justa e igualitaria y de una economía al servicio de la mayoría. Y también la lucha, al menos aparente, por las libertades. Digo lucha aparente, ya que ha habido socialismos que, tan pronto se vieron en el poder, cercenaron de cuajo las libertades tal y como se puede demostrar históricamente. Pero en cuanto objetivo, esa lucha sería una de las características comunes a todos los modelos socialistas.
Hay otras características comunes a los diversos movimientos socialistas, también muy importantes. Entre ellas estaría la crítica radical al sistema capitalista, al que consideraban social y económicamente injusto. Todos ellos han exigido siempre que los medios de producción estén en manos de la colectividad y que, en todo cambio social sea incuestionable la primacía de la clase obrera.
Esa lucha, contra viento y marea, para mejorar las compensaciones salariales y evitar la explotación del trabajador, sirvió de marco a todo el movimiento social posterior. Una vez que fue reconocida la legalidad de de la acción colectiva de los trabajadores, aparecen las primeras organizaciones obreras, agrupadas de acuerdo con el oficio de cada uno. En Inglaterra se dio el nombre de tradeunions a estas organizaciones obreras emergentes. Lo que, literalmente, quiere decir uniones de oficios.
Fue Inglaterra donde más rápidamente prendió y se desarrollo más a fondo el proceso de industrialización. A mediados del siglo XVIII, en Gran Bretaña, el movimiento industrial había dado ya un paso de gigante, siendo ya muy notable el progreso de las industrias de bienes de producción y de consumo. La construcción del ferrocarril, además de poner en órbita la explotación del carbón y el crecimiento de la siderurgia, actuó como motor eficaz de toda la industria, al facilitar el traslado de las mercancías desde las fábricas hasta los distintos puntos de consumo. Todos estos factores contribuyeron decisivamente a que Inglaterra, desde esas fechas y hasta la Primera Guerra Mundial, ostentara sin ninguna duda la supremacía industrial, financiera y comercial del mundo.
El desarrollo notable de la tecnología y de la industria, con la acumulación de capitales que esto generaba, incitó a los trabajadores a acelerar, también ellos, la creación de nuevas asociaciones para hacer frente a la explotación, cada vez más intensa y sin miramientos. La conversión acelerada de los talleres modestos en fábricas productivas, además de despersonalizar las relaciones de trabajo, incentivaba la aparición de nuevas formas de explotación y de injusticias sociales.
Uno de los principales luchadores contra la creciente explotación fue Robert Doherty que, desde niño, había soportado un trabajado muy duro en las hilanderías de algodón. A los 20 años es nombrado secretario de la unión local de los hiladores de algodón, y aprovecha su experiencia para, en 1829, fundar en Gran Bretaña la Asociación Nacional para la Protección del Trabajo. En el lenguaje actual, se trataría de la primera central sindical de la historia del trabajo. Convencido Doherty de que esta Asociación no garantizaba una lucha eficaz contra la explotación, crea en 1834 la Great Trade Union. En realidad no es otra cosa que la unión de varios sindicatos de oficios con la intención de lograr una fuerza social mucho mayor. Lo que si hay que reconocer es que estas organizaciones, de aquella, carecían aún de ideales políticos revolucionarios. Únicamente les movían intereses económicos y la mejora de las condiciones laborales.
La industrialización, en la Europa Continental, tardó en despegar mucho más que en Inglaterra. Prácticamente, hasta 1850, permaneció estancada, sin apenas desarrollo alguno. En muchos países europeos, entre los que está Italia, Rusia y España, la industrialización, además de diferente, es mucho más tardía. Las fábricas modernas y rentables brillaban por su ausencia. Aunque sin llegar a igualar a Gran Bretaña, Francia, Bélgica y Alemania tenían un ritmo de industrialización más alto que el resto de los países europeos.
En Francia, fueron las mujeres las primeras en romper el hielo, formando organizaciones colectivas con el objeto de defenderse de la explotación, tanto en los aserraderos de Burdeos como en las fábricas textiles de Lyon. Es en 1830, y coincidiendo con una de las primeras crisis económicas, cuando crean una asociación estable, a la que llamaron ya syndicat.
El proceso inicial de estas asociaciones obreras, en Alemania, no es muy distinto. Estas asociaciones luchan denodadamente por conseguir unas condiciones laborables más humanas y, como no, un mayor salario. Con el fin de apaciguar las presiones de estos trabajadores, cada vez más intensas, el Canciller Bismarck fija las condiciones generales de trabajo e instituye unas coberturas sociales muy rudimentarias de enfermedad, accidente, de invalidez y jubilación. Todo un adelanto para aquella época.
En España, todo este proceso de asociación colectiva de los trabajadores, tarda más en iniciarse. Y cuando aparece, lo hace de una manera muy tímida. Esto fue debido a que, en España, el grueso de los trabajadores vivían de trabajar la tierra. La industria, por aquellas fechas, era muy escasa y muy localizada en Cataluña. Prácticamente el movimiento obrero en España, careció de identidad hasta la época que conocemos con el nombre de sexenio democrático, que va de 1868 a 1874. Como para estas fechas, en toda Europa, se habían comenzado a mezclar los intereses laborales con los políticos, en España, ese movimiento obrero, nació ya políticamente contaminado.


José Luis Valladares Fernández

miércoles, 3 de junio de 2009

LA VERDADERA CARA DE LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA

Todo indica que Zapatero no se conforma con ser simplemente el presidente del Gobierno de España. Ambiciona metas mayores. Y en aras de esa ambición, se empeña en emular al famoso Rey de los Hunos. Y algo ya ha conseguido, pues hay personas que le consideran el azote de Dios, como se consideraba al propio Atila. Como buen nietísimo, tiene prisa por cumplir su extraordinaria misión, que no es otra que ganar ahora esa guerra que perdieron los republicanos.
Como desconoce hasta la más elemental mesura, no piensa que, en el empeño, puede toparse con un enemigo superior en otros Campos Cataláunicos o Máuricos. Sabe que para conseguirlo, precisa alterar la historia de un modo sistemático. Y se lanza, sin pérdida de tiempo, a falsear ese pasado, sin pensar que esta acción va a envenenar el presente. Pues la mentira, además de fanatismo y demagogia, siempre ha producido ira y exacerbación.
Una falacia mayúscula la tenemos cuando se considera que el Frente Popular practicaba la democracia y que todo su empeño estaba en luchar por la libertad. Además es discutible su legitimidad política. Se presupone igualmente que las numerosas victimas inocentes de nuestra contienda están al mismo nivel que los chequistas y criminales que se aprovecharon intencionadamente de las circunstancias.
Se queja Zapatero de que en la transición se puso todo el énfasis en la concordia de las diversas partes y se olvidaron de la memoria de una gran parte de implicados. Y vistas las circunstancias, quizás tenga razón, pues pasaron por alto su poco respeto por la legalidad vigente. También dejaron a un lado la trayectoria terrorista del PSOE y todo el proceso revolucionario avivado por ellos durante el período republicano.
La Ley de Memoria Histórica ideada por el nietísimo y jaleada por toda una izquierda infumable, además de inoportuna, es una ley tremendamente sectaria y revanchista. Esta ley nos devuelve, además a aquella época trágica de nuestra historia, en que había buenos y malos peleándose entre sí. La Disposición adicional tercera de dicha ley lo dice bien claro: se trata de recuperar “la memoria histórica de la Segunda República, la represión de la dictadura franquista y la lucha por las libertades”.
Esto indica que la Ley de memoria Histórica fue redactada con una clara intencionalidad política, olvidando voluntariamente que había víctimas de uno y otro bando. Pretende propalar descaradamente la idea de que son estas las únicas víctimas que merecen un amplio recuerdo, ya que murieron luchando por la libertad de España. Una lucha por la libertad muy rara, ya que, si repasamos la historia, se trataba de estalinistas, trotskistas y marxistas de todos los pelajes que obedecían órdenes de Stalin.
Quedaban fuera de su ámbito las víctimas debidas a la represión de la izquierda republicana. Incluso quedaban fuera las personas de izquierda masacradas por la propia izquierda por desviacionismo, por asegurarse ciertas cotas de poder o, incluso, hasta por envidia. Que esto es así, viene avalado por el comportamiento del ejecutivo, ante el hallazgo casual de una supuesta fosa común en Alcalá de Henares, en terrenos del cuartel de la Brigada Paracaidista. Esta fosa común, con restos humanos, apareció el día 11 de Febrero de 2008, y se mantuvo oculta durante casi todo un mes.
Como dicha fosa común, previsiblemente de la guerra civil, apareció dentro de unas instalaciones militares, sería preceptivo que el propio Ministerio de Defensa hubiera informado inmediatamente de tan macabro hallazgo. Tampoco se ha informado desde la Vicepresidencia del Gobierno y eso que ha sido esta Vicepresidencia la responsable de la redacción de tan funesta ley. Y hasta Zapatero se olvidó de la palabra dada en la promulgación de la Ley, ya que se comprometió solemnemente a facilitar toda la información disponible sobre los terrenos en los que se localizaran restos de víctimas de la guerra civil.
Según todos los indicios, se intentó ocultar la aparición de estos restos humanos, pero una indiscreción, que puso en la pista al diario ABC, lo hizo imposible. Este periódico publicó los primeros datos el día 5 de Marzo de ese mismo año. Y, si seguimos la cronología de los hechos, podemos pensar fundadamente que trataron de que la memoria histórica, se trocara, sin más, en una auténtica desmemoria histórica. Quería evitarse a toda costa la molesta aparición de víctimas debidas a la represión inmisericorde de la NKVD, con la aquiescencia culpable del Gobierno de la República.
Es de suponer que esta fosa común, hallada en Alcalá de Henares al realizar unas obras, tiene su origen en la inhumación de las víctimas masacradas en esa zona durante la guerra civil. Se da la circunstancia que dicha fosa apareció en unos terrenos, conocidos con el nombre de Barberán y Collar, donde tenía su asiento el cuartel general de la aviación republicana. Y no es solamente esto. En esa zona operaba, además, la 46ª División, bajo el mando, nada más y nada menos, que de Valentín González González, alias “el Campesino”. Y este militar, imbuido de los modos y maneras estalinianas, si se distinguió por algo, fue precisamente por su agresividad y dureza.
El hallazgo casual de esta fosa tiene, sin lugar a dudas, un morbo muy especial, ya que es muy posible que, entre esos restos, se encuentren los del trotskista Andrés Nín. Aquí es donde, efectivamente, se pierde su pista. Andrés Nín fue detenido en Barcelona el 16 de Junio de 1937 y trasladado a Alcalá de Henares donde fue salvajemente torturado por el estaliniano Orlov, jefe a la sazón del NKVD, sin que el gobierno republicano mostrara ningún reparo. Ni huyó a Salamanca, ni fue raptado por agentes de la GESTAPO, como quiso hacernos creer el Dr. Negrín. Sencillamente fue asesinado después de ser salvajemente torturado.
De todos modos, con Andrés Nín y sin Andrés Nín en esta fosa, las personas a las que pertenecen esos restos merecerían, creo yo, una reparación o recuperación histórica de su memoria, tal como propugna dicha ley. Debiera ser así con ley y sin ley de memoria histórica. Claro que esto es la prueba del algodón de la intencionalidad sectaria con que se redactó la misma. Pues da a entender que únicamente hubo represión dentro de las huestes franquistas. Y la represión, que yo sepa, se produjo en ambos bandos contendientes en nuestra guerra civil.

José Luis Valladares Fernández

lunes, 1 de junio de 2009

LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y SUS ORÍGENES

Es algo evidente que el PSOE está empeñado en criminalizar constantemente al Partido Popular. Y en esa guerra cerrada los socialistas cuentan con el apoyo decidido de IU y de todos los Nacionalistas de izquierda. También cuentan, faltaría más, con la ayuda de la variada tropa del mundo de la farándula, pues son muchas las subvenciones que dependen de ello.
El PSOE como director de orquesta y los demás miembros del coro como obedientes acólitos, ponen todo su empeño en transferir al PP, lo que en realidad son ellos: que el PP es un partido antidemocrático y autoritario. Y lo justifican afirmando que el Partido Popular hunde sus raíces en el franquismo de quien heredaría modos y maneras.
Olvidan unos y otros, aunque de manera interesada, que la aparición del PP se produjo ya en plena democracia. Y la mayoría de sus cuadros no tuvieron ningún tipo de actividad en la época franquista. Sabían de Franco lo que sabemos todos, por el estudio de los libros de texto y la lectura ocasional de diferentes y hasta contradictorios libros de historia.
Es el PSOE el que no puede decir que nació en una época auténticamente democrática. Su aparición tuvo lugar el 2 de Mayo de 1879. Los tiempos que corrían en esas fechas, como consecuencia de la actuación de las nuevas clases trabajadoras, eran plenamente turbulentos y revolucionarios. No en vano esas clases trabajadoras tenían su origen en la revolución industrial. El PSOE de Pablo Iglesias no quiso sustraerse al ambiente revolucionario de aquella época, naciendo así con aires de totalitarismo y con verdaderos pujos golpistas. Todos sabemos cuales han sido sus fuentes fundacionales: las doctrinas mal digeridas de El Manifiesto del Partido Comunista y El Capital.
Tampoco debemos olvidar que, a la muerte de Franco, aterrizaron muchos más franquistas en el PSOE que en la Alianza Popular de entonces. Muchos más y más significativos. Y lo más gracioso es que algunos de los que medraron a la sombra de Franco y velaban por la pureza del régimen, tan pronto llegan al PSOE, se presentan como antifranquistas de toda la vida y defensores acérrimos de las esencias del izquierdismo y del progresismo español. Dentro del PSOE, casos como el de Jesús Polanco y el de Juan Luis Cebrián, son muy abundantes.
Al PSOE le falta ese pedigrí de democracia y, por lo menos hasta finales de 1939, le sobraron aires y modos golpistas. El PSOE fue el autor del golpe de 1934 y continuó con un estado de golpe permanente, hasta que la guerra civil le puso en su sitio. Los responsables del PSOE procuraron que la guerra fuera inevitable. Había que cargarse la República porque era de corte liberal y establecer otra nueva al estilo soviético, más acorde con sus ambiciones dictatoriales.
El PSOE fue el verdadero culpable de la aparición del franquismo, que llegó para poner un poco de orden al desastre diario del estado de cosas de la sociedad española. Al PSOE le importa muy poco la democracia. Pasa olímpicamente de ella y hasta la desprecia, si con ello consigue algún beneficio político. Ahí está su comportamiento entre el 11 y el 14M. Mintió, manipuló y violó, sin remordimiento alguno, las más elementales reglas democráticas. Su espíritu golpista les lleva a este tipo de actuaciones punitivas, sin remordimiento alguno de su conciencia.
Y no digamos nada del Partido Comunista, que es el que corta el bacalao en IU. Hasta hoy día, sus miembros no son dictadores porque en realidad no pueden. No se lo consiente la sociedad actual. Otro tanto ocurre con ER.
A la acusación de herederos del franquismo añaden, sin ningún tipo de reparo, otras imputaciones. Ahí está, por ejemplo, la tan traída y llevada crispación. Y en realidad, es el PSOE el que crispa continuamente. José Blanco y su coro son verdaderos maestros en el arte de crispar, de lo que culparan posteriormente a su adversario político. Están empeñados en que aceptemos sus acusaciones y entonemos a continuación un sincero “mea culpa”. Pero dejémosles que ladren, si es que así son felices, y no les hagamos caso.
Y si arrecian en sus pretensiones, contestémosles con el famoso adagio griego, con el que apostillaban cuando alguien pretendía algo injusto: “no sin Teseo”. Ni los héroes de la antigüedad realizaban hazaña alguna, sin la oportuna colaboración de Teseo, rey mítico de Atenas.

José Luis Valladares Fernández