En los últimos
años del largo reinado de Luis XV, los franceses de a pie llegaron a estar hartos
de vivir en la miseria y de ver que el monarca y los cortesanos disfrutaban de
todos los privilegios. Y a pesar del enfado y del descontento popular, el rey seguía
sin preocuparse por encontrar una solución definitiva. Eso indica, al menos, lo
que dijo casi al final de su reinado: “Después de mí, el diluvio”.
Y ¿qué hace Pedro Sánchez? Este doctor de
vía estrecha está haciendo en España lo que hizo el rey Luis XV en Francia,
despreocuparse de los problemas que afectan al sufrido pueblo español. No
olvidemos que Sánchez ha expresado más de una vez que está dispuesto a gobernar
“con o sin” el apoyo del Parlamento y que seguirá resistiendo aunque no cuente
con el aval legislativo. Y ahí está, pactando con los separatistas, maldiciendo
a los jueces e indultando a los que fueron condenados por sedición. Y a la vez,
realiza una política tan errática que
solo sirve para que aumente de manera imparable el número de españoles en
riesgo de pobreza o exclusión social. Y como le importa un bledo que crezca sin
control alguno la pobreza en España, pasa olímpicamente de las dificultades que
encuentran a diario los que carecen de medios necesarios para llegar a final de
mes. Y al igual que el peor rey de Francia, nuestro pésimo presidente solo
busca mejorar al máximo su economía personal, la de su propia familia y la de
sus amigos más cercanos.
Y si el desinterés del rey Luis XV, por
los problemas de los franceses, dio lugar
a la llegada de la Revolución Francesa, la indiferencia del presidente
Sánchez, por las dificultades económicas que sufren los españoles, debiera
tener también sus consecuencias. Y la mejor consecuencia podía ser, creo yo, la
desaparición inevitable del PSOE, por mantener al frente del partido a un
personaje tan inepto y tan pagado de sí mismo, que se admira y se siente
superior a los demás.
