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domingo, 6 de abril de 2014

TODO ES POCO PARA LOS POLÍTICOS

Hace ya mucho tiempo que los españoles luchamos contra los políticos, pero nos han ganado la batalla y, además, por goleada. Con la implantación del Estado de las Autonomías en España, comenzaron a llenarse las instituciones de gorrones y de enchufados que se aprovechan descaradamente del presupuesto público. Pero no es fácil determinar el número exacto de estos afortunados que, sin el menor esfuerzo, viven extraordinariamente bien a costa de nuestros impuestos.

De momento, no hay cifras oficiales de los cargos públicos que  ocupan los diversos puestos oficiales de la Administración estatal. Todo indica que son bastante más de 400.000 las personas que actualmente están comiendo la sopa boba. Son evidentemente demasiados. Por eso, la clase política pasó a ser  el tercer gran problema para los españoles, después del paro y de la corrupción. Es tal el desmadre de personal, que hemos pasado  a ser el país con más  políticos por habitante de toda la Unión Europea. En España contamos con una población de 47.500.000 habitantes. Por lo tanto,  tenemos un cargo político por cada 115 ó 120 ciudadanos. En Italia, sin embargo, con 59.750.000 habitantes, esa proporción es más moderada: en números redondos, un político por cada 300 ciudadanos.

Si nos comparamos con Alemania, el resultado es aún mucho más escandaloso. La República Federal de Alemania, con 82 millones largos de habitantes, casi nos dobla en población. Y por si esto fuera poco, está  mucho más descentralizada que España, ya que además de los 16  Bundesländer, cuenta con algunas regiones administrativas, los numerosos distritos y las entidades municipales. Y sin embargo, en vez de doblarnos en cargos públicos, se arreglan exclusivamente con poco más de 100.000 políticos, uno por cada 800 ciudadanos. Nada menos que 300.000 políticos menos que nosotros.

De toda esa nube de políticos que pueblan la administración española, solamente unos 72.000 deben su cargo a un proceso electoral más o menos reglamentario. En esta cifra, aparentemente razonable, están integrados los parlamentarios nacionales de ambas Cámaras, los parlamentarios autonómicos, los diputados provinciales y  los  parlamentarios europeos, además de   la enorme pléyade formada  por todos los alcaldes y concejales españoles.

Pero esa cifra se desmadra con los políticos que aterrizan en la Administración por obra y gracia de algún dedo especial. Es como se cubren habitualmente  los cargos en las empresas públicas o mixtas y en los distintos organismos que dependen de las Comunidades Autónomas o de los Ayuntamientos. Resulta especialmente escandalosa la cantidad que sale de sumar los innumerables cargos de confianza, la nube de asesores y todos los que pululan en los distintos observatorios fantasma creados  ad hoc. Y es que los partidos políticos han convertido las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos en auténticas agencias de  colocación para situar de manera digna a sus  familiares, amigos y conmilitones.

miércoles, 17 de abril de 2013

SE AMPLÍA LA BRECHA ENTRE POBRES Y RICOS


Los miembros del Gobierno de Mariano Rajoy, desde hace algunas fechas, aprovechan todas sus salidas en los medios de comunicación para señalar cumplidamente las bondades de las distintas reformas económicas puestas en marcha, casi al principio de la legislatura. Según dicen, se atisba ya luz al final del túnel, gracias principalmente a la reforma laboral y a la reforma del sector financiero. Su optimismo, fingido o real, no tiene límites y afirman muy ufanos que estamos llegando al final de la recesión. Y alegan como medida que avala esa previsión, el aumento notable de las exportaciones de bienes y servicios.

El primero en echar las campanas al vuelo ha sido el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, basándose precisamente en el supuesto superávit en la balanza de pagos que se augura al final de este ejercicio. Según las previsiones del ministro y del Gobierno, creceremos negativamente en los dos primeros trimestres del año, para tener una tasa de crecimiento muy próxima a cero en el tercer trimestre y que pasará a ser positiva en el cuarto. Y dice que, en 2014, creceremos en torno al 1% y comenzaremos a crear empleo.

Las previsiones económicas del Ejecutivo son demasiado optimistas y difieren notablemente de lo pronosticado por otras destacadas fuentes nacionales e internacionales. Son muchos los expertos analistas y las entidades financieras que vaticinan para España un año 2013 peor que el de 2012. Comparando las previsiones para 2013 con los datos obtenidos en 2012, admiten, eso sí, una mejora considerable en las exportaciones y un avance muy tímido en el IPC. Pero aseguran rotundamente que tanto el porcentaje  del PIB, como el consumo de los hogares y la tasa de desempleo van a quedar muy lejos de lo augurado por el Gobierno.

miércoles, 20 de marzo de 2013

HACE FALTA ALGO MÁS QUE RECORTES Y PRESIÓN FISCAL



El pasado día 20 de febrero se celebró el Debate  sobre el Estado de la Nación. En dicho acto, aparecía en la pequeña pantalla un Rajoy serio y circunspecto, dispuesto a hacer frente a los problemas económicos que padecemos. Abrió el Debate del Estado de la Nación diciendo: "Nada de brotes verdes ni nubes pasajeras ni anticipos primaverales. La realidad social y económica de nuestro país es terriblemente dura y sobre esa base tenemos que cimentar nuestras actuaciones". Pasó revista a nuestra situación y dejo constancia de lo  “terriblemente dura” que era nuestra  realidad social y económica y señaló que pondría todo su empeño en “darle la vuelta” al drama del desempleo.

Fue siete días después, tras la sesión rutinaria de control al Gobierno, cuando pudimos ver en las pantallas de televisión a un Mariano Rajoy con un semblante moderadamente más exultante y relajado que el que vimos durante el Debate sobre el Estado de la Nación. Y es que, en esta ocasión puede dar una noticia francamente positiva: España cierra el año 2012 con un déficit público del 6,7% del PIB. Es cierto que sobrepasamos en cuatro décimas el objetivo del 6,3% que nos había marcado Bruselas, pero aún así estamos ante un resultado francamente positivo, ya que logramos reducir 2,3 puntos del PIB con respecto al año 2011.

En estos datos, por supuesto,  no está incluido el coste del rescate bancario, ya que no computa para cumplir los objetivos de déficit fijados por Bruselas. Y no incluyendo esa ayuda, la diferencia entre ingresos y gastos, durante el año 2012, arroja la cifra de 70.390 millones de euros, frente a los 95.266 millones de 2011. Lo que quiere decir que hemos reducido el déficit en casi 25.000 millones de euros  en tan solo un ejercicio. Esto supone un recorte muy próximo al 25,6% interanual.

Ese déficit del 6,7% del PIB, logrado a finales del año 2012, mejoró notablemente  lo que auguraba la mayoría de los analistas económicos. En todo caso, un resultado extraordinariamente positivo y alentador. Por administraciones, de acuerdo con los datos proporcionados por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, el resultado sería este: la Administración Central cerraría el ejercicio con un déficit del 3,83%; las Comunidades Autónomas con el 1,73%; el déficit de las Entidades Locales llegaría al 0,2% y la Seguridad Social al 0,96% del PIB.

Es cierto que Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro reconocen abiertamente que se alcanzó ese dato gracias al enorme esfuerzo y sacrificio de la sociedad y a las medidas adoptadas por el Gobierno. Pero no toda la sociedad contribuyó en igual medida para conseguir esa reducción del déficit. Han sido los de siempre, los ciudadanos de a pie, los que más privaciones tendrán que soportar. A los pobres, a los que menos culpa tienen, a todos aquellos que les sobra mucho mes al final de lo que cobran, se les obliga a ser aún más pobres, a caer en la miseria.

Los políticos, en cambio, han puesto muy poco y el Gobierno nada, ya que, en vez de repartir la carga reduciendo simultáneamente gastos, cargó todo el peso de la crisis sobre los que menos pueden, la sufrida clase media y trabajadora, subiendo brutalmente los impuestos y decretando recortes y más recortes. La restricción del gasto, por parte del Gobierno, se circunscribió prácticamente a las inversiones. Para hacer milagros de este tipo, no hacen falta poderes extraordinarios, los hace cualquier persona.

Además de la reducción del déficit, también son positivos los resultados de nuestra balanza de pagos y así ha sido reconocido unánimemente dentro y fuera de nuestras fronteras. Según datos aportados por el Banco de España, llevamos ya seis meses consecutivos de superávit de la cuenta corriente. Todo un éxito desde el punto de vista del sector exterior de la economía, ya que, durante el último año, nuestras necesidades de financiación del exterior han sido notablemente más moderadas que en los ejercicios anteriores.

En el año 2011, por ejemplo, el conjunto de la economía nacional tuvo que endeudarse en el exterior en 32.009,3 millones de euros. En 2012 en cambio, tan solo hemos tenido que pedir prestado al extranjero 1.689,3 millones de euros. Lo que indica que nuestra capacidad de financiación frente al resto del mundo ha mejorado considerablemente. Y esperemos que esa tendencia positiva de los últimos seis meses se consolide durante el año 2013. Los datos siguientes, proporcionados por el Banco de España el pasado 28 de febrero, son extremadamente elocuentes:


BALANZA DE PAGOS                                 AÑO 2011                        AÑO 2012
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Balanza Comercial. . . . . . . . . . . . . . . . .            -39.726,9                          -24.927,8

Servicios (Turismo, viajes y 0tros). . . .              34.240,0                           39.574,7

Rentas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .            -26.105,8                          -18.447,6

Transferencias. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .               -5.904,4                            -4.457,2

Cuenta de Capital. . . . . . . . . . . . . . . . . .                5.487,8                             6.568,7

             CUENTAS CORRIENTE+CAPITAL.              -32.009,3                           -1.689,3


Estos datos nos demuestran que, durante el último ejercicio, España ha logrado reducir considerablemente su deuda exterior. Pero tenemos que reconocer que, al igual que en la reducción del déficit público, no se debe al Gobierno la mejora experimentada en nuestra balanza de pagos. Más bien, todo lo contrario, pues el sector público se endeudó, durante el pasado año de 2012, en más de 100.000 millones de euros. Hasta ahora, y a pesar de lo crítico de nuestra situación económica, las administraciones públicas han seguido gastando alegremente bastante más de lo que ingresan.

Ese beneficioso vuelco en la balanza de pagos tenemos que atribuírselo al sector privado. Han sido los hogares y las empresas los que han  realizando ese ajuste y están compensando meritoriamente los despilfarros de nuestros políticos. En España, durante años, hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades y hemos acumulado una deuda tan descomunal que ha llevado a nuestra economía al borde del desastre.

El sector privado llegó a la conclusión de que su sobreendeudamiento era francamente inasumible y que los números rojos, cada vez más altos, terminarían ahogando su economía. Había hecho saltar ya todas las alarmas. A mediados del pasado año su deuda estaba prácticamente  en el 160% del PIB. Y como sabe que el crédito privado no debe sobrepasar nunca del 110% del PIB, el sector privado comenzó a ahorrar para reducir tan elevada deuda. El sector público, en cambio, lejos de imitar la meritoria actuación de los hogares y las empresas, ha acelerado aún más ese endeudamiento.

De 2008 a 2009, con José Luis Rodríguez Zapatero al frente del Gobierno, es cuando nuestras cuentas públicas sufren el deterioro más vertiginoso e inquietante de nuestra historia reciente. Repasando los datos, vemos que el sector público, en 2008, gastó 48.897 millones de euros más de lo que ingresó, dejando el déficit público en el 4,5% del PIB. Pero en 2009, el gasto sobrepasó a los ingresos nada menos que en 117.143 millones de euros, lo que supone un 11,20% del PIB. El desfase entre ingresos y gastos comenzó a ser ligeramente más moderado en 2010 y 2011, pero aún así, en ambos años, el gasto superó a los ingresos en más de 100 millones de euros y un déficit publico por encima del 9% del PIB.

Cuando a finales del año 2011 Mariano Rajoy Sustituye a Zapatero al frente del Ejecutivo, y en vez de exigir responsabilidades, al menos políticas, a los miembros del anterior Gobierno, los condecora. Después, eso sí, se lamentará amargamente de la herencia recibida, que le obligó a olvidarse, al menos momentáneamente, de sus promesas electorales y a tomar unas decisiones tan drásticas con cantidad de recortes y con una presión fiscal desmesurada.

Pero por muchos impuestos y recortes que se impongan a los que producen, a los que a duras penas y a base de  enormes sacrificios han evitado el hundimiento total de la economía, no se soluciona definitivamente el problema. Hace falta algo más. Al igual que hemos pinchado la burbuja inmobiliaria y la burbuja financiera, hay que pinchar también la burbuja del sector público, aunque tengan que quedarse en la calle algunos amigos e incluso algunos conmilitones. Es inviable, económicamente hablando, nuestra estructura administrativa, multiplicando por diecisiete los diferentes organismos que la componen.

Sobran, por supuesto, muchas empresas públicas y, sobre todo, muchas fundaciones que no hacen más que comer dinero público. Y si Mariano Rajoy quiere de verdad recuperar  nuestra economía, tendrá que atreverse a pinchar también esta burbuja y simplificar la administración pública. Y ponerla, claro está, al servicio de los ciudadanos, y no al servicio de los partidos políticos como ha estado hasta ahora.

Gijón, 10 de marzo de 2013

José Luis Valladares Fernández