viernes, 18 de noviembre de 2016

NO SABEN ESTAR


Quizás sea Lucio Sergio Catilina el personaje más siniestro y enigmático que aparece en la historia de la antigua Roma. Como miembro de la facción de los populares, Catilina era muy poco respetuoso con las costumbres y las tradiciones de la República Romana. Al revés que los optimates, los populares siempre fueron partidarios de alterar substancialmente la manera social de actuar de los ciudadanos romanos y, muy especialmente, de las clases dominantes, aunque sin cuestionar la forma de Gobierno.

Los de Podemos, claro está, van aún mucho más lejos que Catilina y que los populares de la vieja República de Roma. Tanto Lucio Sergio Catilina, como los populares, respetaban sinceramente el sistema político tradicional del Estado. Mantenía, es verdad, notables diferencias con los optimates, pero jamás intentaron destruir la aristocracia, ni tampoco instaurar la democracia. No entraba dentro de los planes de Catilina, ni de los restantes miembros de la facción de los populares, implantar una nueva revolución. Querían, eso sí, introducir ciertas reformas, entre otras cosas, para mejorar las condiciones de vida de las clases más bajas.

Las pretensiones de Pablo Iglesias bis y de todas esas tribus de Podemos, sin embargo, no se conforman con esto. Todos ellos son mucho más radicales y reaccionarios que Catilina y, también, cómo no, mucho más vengativos y revolucionarios que ese político romano. Además de las calles, intentan ocupar también las instituciones para romper el sistema desde dentro, y subvertir así el orden constitucional. Claro que, en esto, se les adelantó el otro Pablo Iglesias, el fundador del PSOE. Eso se deduce, al menos, por lo que dijo un día en el Parlamento: “Mi partido está en la legalidad mientras ésta le permita adquirir lo que necesita; fuera cuando ella no le permita alcanzar sus aspiraciones”. 

Es evidente que, en Podemos, aspiran desvergonzadamente a sustituir la democracia representativa o parlamentaria por otra más injusta y banal, como es la democracia asamblearia o participativa. En teoría, los gobernantes pasarían a ser meros ejecutores de las decisiones que toman los ciudadanos en esa especie de asambleas de Facultad, que montan en plena calle. Pero la realidad es muy distinta. La camarilla que, de verdad, ejerce el poder auténtico, utiliza a sus peones, situados estratégicamente en todas esas asambleas o “círculos” concéntricos, para dirigir y controlar adecuadamente los procesos.

Es verdad que Catilina era excesivamente quisquilloso e impertinente; pero, al revés que Pablo Iglesias Turrión, nunca puso en solfa el sistema tradicional de la República Romana. Con el asentimiento y el respaldo del tribunado de la plebe, atosigaba persistentemente a quienes ejercían funciones de Gobierno, recabando continuas mejoras para las clases más bajas y desprotegidas de Roma. Quería que los plebeyos tuvieran las mismas oportunidades que los patricios, para acceder a los diferentes puestos de las más altas magistraturas del Estado. Y pasaba exactamente lo mismo con sus atrevidos  planes económicos, que promovían la cancelación completa de las famosas tabulae novae.

El plan económico de Iglesias Turrión y de toda la banda de Podemos y sus confluencias es igual de disparatado que el de Catilina, aunque mucho más atractivo. Con sus medidas económicas, según Pablo Iglesias, en España tendríamos un crecimiento sostenido del PIB en torno al 6%, hasta el año 2019. Competiríamos con China, lo que no deja de ser extremadamente maravilloso para que pueda convertirse en realidad. Y mucho más, si tenemos en cuenta que España no cuenta con recursos naturales para crecer de una forma tan espectacular.

martes, 25 de octubre de 2016

EL DESCARO DE PEDRO SÁNCHEZ


En una leyenda oriental muy antigua, se cuenta que el rey de un lejano país recibió, como obsequio, un par de halcones peregrinos muy jovencitos. El rey se los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara debidamente, y así poder cazar con ellos. Después de unos meses, el cetrero de la corte comunicó al rey, que uno de los halcones respondía perfectamente al adiestramiento, pero que el otro tenía un comportamiento muy raro, ya que no se había vuelto a mover de la rama donde lo dejó el primer día.

Con la intención de recuperar al halcón que se negaba a volar, el rey acudió confiadamente a los sanadores  y a los magos del reino, pero todo fue inútil. Nadie pudo hacer volar al ave. Ante el reiterado fracaso de sus cortesanos, acudió directamente a todos sus vasallos, ofreciendo una substanciosa recompensa al súbdito que consiguiera hacer volar a ese indócil halcón.

Al día siguiente, cuando el monarca se asomó a una ventana de palacio, y vio  al halcón volando ágilmente en sus jardines, pidió a su guardia, que trajeran inmediatamente a su presencia al autor de aquel milagro. Poco tiempo después, le presentaron a un atemorizado campesino. Y el rey le preguntó: ¿Cómo conseguiste hacer volar al halcón? ¿Acaso eres un mago? No es magia, Majestad, contestó tímidamente el campesino. Solo he cortado la rama y el halcón se dio cuenta que tenía alas  y empezó a volar.

Pasó algo muy similar con Pedro Sánchez, el díscolo secretario general del PSOE que, para llegar sí o sí a La Moncloa, ya había decidido obviar lisa y llanamente una de las líneas rojas, que le había marcado el Comité Federal. Aunque le habían prohibido estrictamente pactar el tan traído y llevado Gobierno del cambio, con quienes quieren romper España o, de alguna manera, amparan la celebración de Referéndums de Autodeterminación, tenía ya casi ultimado el acuerdo para formar ese Gobierno con los separatistas y con  Podemos y sus confluencias. Contaba, eso sí, con el apoyo unánime de los militantes de base, a los que pensaba consultar.

Para evitar la formación de un Gobierno tipo “Frakenstein”, los críticos con Sánchez, deciden cortar, de manera simbólica, la rama a la que se había cogido, presentando en Ferraz la dimisión de la mitad más uno de los miembros de la Ejecutiva Federal. Y esto llevaría, según los Estatutos del PSOE, a la extinción de ese órgano y, por consiguiente, a la caída del secretario general. Pero Pedro Sánchez, en vez de volar como hizo el halcón de la leyenda, presentando de manera inmediata su renuncia al cargo, se agarra fuertemente al árbol para seguir al frente del partido.

El todavía secretario general de los socialistas españoles, con la colaboración expresa de sus colaboradores más directos, en vez de dimitir, reúne a los supervivientes de esa desmantelada Ejecutiva Federal y la insta a que prosiga con su labor directiva. Y en esa reunión, siguiendo las instrucciones de Sánchez, se realizará formalmente la convocatoria del Comité Federal para el 1 de octubre, para que los miembros de ese máximo órgano de gobierno del partido fijen la fecha para celebrar un congreso extraordinario, con primarias incluidas donde tenga voz hasta la propia militancia.

viernes, 14 de octubre de 2016

LAS JAIMITADAS DE PEDRO SÁNCHEZ

El espectáculo dado últimamente por Pedro Sánchez, atrincherándose en Ferraz para forzar su continuidad al frente de la Secretaria General del PSOE, fue francamente lamentable y bochornoso. Jaleado por su esposa Begoña Gómez y arropado por sus acólitos más fieles, intentó utilizar a las bases del partido para sustituir la llamada democracia representativa por otra más directa y de corte asambleario. Creía que así blindaba su cargo y, por supuesto, no estaría atado con las líneas rojas impuestas por el Comité Federal y podría instaurar fácilmente un “Gobierno alternativo, transversal y de cambio” y echar a Mariano Rajoy de La Moncloa.
Es verdad que Pedro Sánchez, mientras ha estado al frente del PSOE, ha dado abundantes muestras de ir muy sobrado de arrogancia y de prepotencia, pero notablemente escaso de talento. Por eso, nada más ser elegido secretario general, comenzó a presentarse ya como el próximo presidente del Gobierno. Y al verse encumbrado, sin mayor esfuerzo,  a un puesto de tanta responsabilidad, podía haber hecho suya aquella frase  “veni, vidi, vici”, utilizada por Julio Cesar ante el Senado Romano para describir su fácil victoria sobre Farnaces II, rey del Ponto, en la batalla de Zela.
El hasta ahora líder socialista, más que por su inteligencia, destaca precisamente por su intransigencia y su tozudez. Su “¡no es no!” al Partido Popular hizo historia y sirvió para que alguien le rebautizara con el nombre de Pedronono. El defenestrado secretario general antepuso siempre sus intereses particulares, a los intereses de España y, por supuesto, a los intereses del propio Partido Socialista. Y todo, ¡vaya casualidad!, para llegar a encabezar el próximo Gobierno que estaba negociando, de espaldas al PSOE, con Podemos y con lo más granado del independentismo catalán. 
Para allanar su camino y llegar más rápidamente a La Moncloa, el visionario Sánchez traspasó todo lo que había que traspasar y algo más, haciendo un daño incalculable a su propio partido y, de rebote,  a España entera. Y todo, para satisfacer su insaciable ambición personal. Con su incomprensible comportamiento, hundió electoralmente al PSOE y lo ha dejado peligrosamente dividido. Y para dar satisfacción a su desmedido egoísmo, Pedro Sánchez se radicalizó y prescindió voluntariamente del comportamiento moderado que, desde la transición democrática, han venido practicando los distintos dirigentes de la izquierda española. Y acabó, ¡ahí es nada!, escorando intencionadamente a su partido hacia la izquierda más radical.

lunes, 26 de septiembre de 2016

LA INVOLUCIÓN DE PEDRO SÁNCHEZ Y DE SU EJECUTIVA






           En julio del año 2000, durante la celebración del XXXV Congreso del PSOE, los guerristas, se confabularon para impedir que José Bono desembarcara en la Secretaria General del Partido Socialista. Intuían que, con Bono, peligraba una buena parte de su poder actual y, muchos de ellos, hasta tendrían  que abandonar obligatoriamente sus cargos institucionales.

Para evitar semejante peligro, los guerristas se movilizaron y pusieron en marcha un plan para cortar de raíz las nuevas aspiraciones políticas del temido presidente de la Comunidad Autónoma de Castilla-La mancha. Y fue precisamente José Blanco, el ilustre “Pepiño”, el encargado de realizar el trabajo sucio de semejante operación. De aquella, es verdad,  “Pepiño” era un personaje gris, con muy poco predicamento dentro del partido, pero lo suficientemente malvado para salir airoso en cualquier tipo de amaño o conspiración.

Y de hecho, gracias a la estratagema urdida cuidadosamente por José Blanco, un número suficiente de compromisarios guerristas abandonó en la estacada a su candidata natural, Matilde Fernández, y votó inesperadamente a José Luis Rodríguez Zapatero, un “candidato sorpresa” completamente desconocido y, por supuesto, sin  ningún tipo de experiencia. Y esa oportuna desviación del voto guerrista sirvió, como es lógico, para acabar definitivamente con las ambiciosas aspiraciones de  José Bono, al conseguir nueve apoyos menos que Zapatero.

La sorprendente victoria, conseguida por el inexperto político leonés sobre todo un prestigioso presidente manchego, abrió, ya entonces,  numerosos interrogantes. No olvidemos que el nuevo líder socialista llegó a la Secretaría General de rebote y sin la más mínima experiencia. Y para compensar su exagerada incompetencia, se rodeó exclusivamente de gente tan novata y bisoña como él. No podían presumir de brillantez ni Rodríguez Zapatero, ni ninguno de los miembros que integraban su Sanedrín particular. No tenían ideas, ni proyectos viables y, para completar el cuadro del despropósito, no sabían escuchar y actuaban siempre, cómo no, guiados por su intuición.

Bajo la batuta de Zapatero, el Partido Socialista se radicalizó y, al distanciarse del centro, ahondó considerablemente el divorcio entre el partido y una parte de su electorado tradicional. Y en consecuencia, al esfumarse un buen número de votos de extracción centrista, el PSOE continuó perdiendo fuelle. Y el nuevo líder socialista quiso compensar esa circunstancia pactando reiteradamente con otras fuerzas políticas independentistas, totalitarias y de ultraizquierda, todas ellas muy poco respetuosas con la Constitución, para crear un “cordón sanitario” en torno al Partido Popular para mantenerlo aislado y desplazado.

viernes, 26 de agosto de 2016

PODEMOS SE QUEDA SIN DISFRAZ

En las elecciones generales, que se celebraron en España el pasado 20 de diciembre, ganó claramente el Partido Popular, aunque quedó demasiado lejos de la mayoría  que necesita para poder formar Gobierno. El Parlamento estaba tan atomizado, que ningún grupo político contaba con apoyos suficientes para constituir un Ejecutivo con ciertas garantías de éxito. Y como finalizó el plazo sin que apareciera alguna fórmula o propuesta seria, que sirviera para garantizar la gobernabilidad, se disolvieron las Cortes y se convocaron oficialmente nuevas elecciones.

Esa especie de ‘segunda vuelta’ electoral se celebró el pasado 26 de junio. Mientras que los demás partidos fueron castigados en las urnas, el Partido Popular mejoró sensiblemente el resultado, tanto en votos como en escaños. Pero aún está muy lejos de la mayoría que necesita para la formación de un Gobierno estable. Y si el PSOE, como parece, se obstina en mantener hasta el final sus líneas rojas contra Mariano Rajoy, bloqueará inevitablemente cualquier posibilidad de contar con el Ejecutivo que  necesita España y estaríamos abocados  a unas terceras elecciones. Esta segunda convocatoria electoral, en consecuencia, no habría servido nada más que para conocer mejor a las huestes podemitas.

Las gentes de Podemos ocultaban celosamente su verdadera identidad bajo los más diversos caparazones. Los días pares, se disfrazan de progresistas, mientras que los impares, suelen asumir el papel de socialdemócratas consumados. Hay días que, por la mañana, se levantan siendo progresistas o simplemente socialistas y, por la tarde,  se revisten con el ropaje ideológico del liberalismo más auténtico.

Hasta ahora, la suerte no ha hecho más que sonreír a esta formación política. Los platós de televisión contribuyeron decisivamente para que estos impresentables charlatanes mesiánicos se presenten como auténticos regeneradores de la vida pública y para que ejerzan descaradamente de libertadores de los pobres, de los desarrapados y menesterosos y se conviertan aparentemente en defensores acérrimos de toda esa ‘gran masa de descontentos’, generada por la última crisis económica. Y esto ha sido determinante para que su líder máximo, Pablo Iglesias Turrión, se comporte como un perdonavidas prepotente y altanero, dispuesto a domesticarnos y, ¡ahí es nada!, a rescatarnos altruistamente de la tradicional casta política.