martes 15 de diciembre de 2009

EL GORRONEO DE LOS SINDICATOS DE CLASE

El Gobierno español, querámoslo o no, cuenta con dos ministros más de los que figuran en la lista ministerial. Se trata de Cándido Méndez Rodríguez e Ignacio Fernández Toxo que, en la práctica, ejercen en comandita la cuarta vicepresidencia del Gobierno. Lo malo es que, para lo que hacen, nos salen demasiado caros. Mucho más caros que todas esas otras ministras de cuota que carecen de funciones concretas, como es el caso de la ministra de la Vivienda, la ministra de Igualdad e, incluso, la ministra de cultura.
Estos ministerios, sin contenido alguno determinado, cuestan evidentemente una pasta al erario público. Ya es enorme el coste derivado de la creación de un ministerio y el mantenimiento posterior de su estructura. A esto hay que agregar el sueldo de las propias ministras, sus gabinetes, despachos y anexos diversos. Pero como carecen de competencias reales, al no hacer nada más que servir de floreros y cobrar a final de mes, todo queda ahí, en ese elevado gasto inútil perfectamente previsible. Pero Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez, verdaderos ministros en la sombra, nos salen bastante más caros, ya que estos cobran por todo, por lo que hacen, por lo que dejan de hacer y por darle cariño al Gobierno. Y además de cobrar grandes emolumentos, generan otros gastos difíciles de evaluar. Pues no olvidemos que, como consecuencia de su innoble comportamiento con el mundo del trabajo, sirven de freno a nuestra economía entorpeciendo su desarrollo y dificultando la creación de empleo.
Es evidente que, tanto Cándido Méndez como Ignacio Fernández Toxo, secretarios generales de la UGT y de CC.OO, han respondido positivamente a la petición de Zapatero de que le arroparan y le dieran cariño. Con ese cariño y esa interesada comprensión, se aseguran jugosas cantidades de dinero, además de otras muchas canonjías y valiosas prebendas.
Como las cuotas de los afiliados dan para muy poco, con esa ayuda que prestan al Gobierno, se aseguran unas fabulosas subvenciones que les permiten vivir del cuento y a todo trapo. Además, claro está, de una desproporcionada y exagerada cantidad de puestos de liberados, en los centros oficiales y en la industria pública. Estos puestos de liberados se distribuyen entre los que ejercen algún tipo de responsabilidad dentro de los sindicatos y entre sus familiares y amigos.
Estos sindicalistas saben de sobra que han vendido su independencia al postor menos indicado, al propio Gobierno, que es el máximo responsable del deterioro creciente del mundo empresarial. Saben sobradamente que las organizaciones sindicales fueron creadas para defender y mejorar los intereses económicos y profesionales de los trabajadores, y para impulsar y desarrollar la igualdad de oportunidades dentro del mundo del trabajo. Pero es igual. La falta de conciencia y la ausencia evidente de escrúpulos sociales, les lleva a prostituirse y a olvidar voluntariamente sus fines históricos y aquello para lo que fueron creados.
Para desgracia del mundo del trabajo, tanto CC.OO como la UGT, se han convertido en un apéndice interesado del Gobierno. Lo que de verdad les interesa, por encima de todo, es hacer caja. De ahí que defienden al Gobierno con uñas y dientes, para asegurar en el tiempo la continuidad de tan oportuno trinque. Como han perdido la compostura y hasta la vergüenza, con tal de estar en el reparto, se aprestan voluntariamente a ejercer de mamporreros de este Gobierno desnortado y se olvidan de manera consciente de la defensa del mundo del trabajo. Únicamente ponen en su punto de mira a los empresarios que son los que, en realidad, crean los puestos de trabajo.
Tanto la UGT como CC.OO siguen anclados doctrinalmente en el más rancio y castrante marxismo de las Internacionales sindicales que controlaba el comunismo soviético de la primera mitad del siglo XX. Y el sometimiento ideológico y operativo a las tesis del Ejecutivo es tan amplio que no se molestan ni en disimularlo, a pesar de la crisis económica que ha llevado a uno de cada cinco españoles al paro y a centenares de miles de familias a no percibir ingreso alguno. Siguen, eso sí, rescatando viejas consignas como la de la temporalidad del trabajo y la excesiva flexibilidad de nuestro sistema laboral que achacan en exclusiva al excesivo egoísmo empresarial.
El nivel de degradación racional es tan alto que Zapatero, en la clausura del XXV Congreso Federal del Metal de la UGT celebrado el mes pasado en Pamplona, felicita pública y efusivamente a los sindicatos por su decidido apoyo y por la paz social que han sabido mantener. Y en línea con las quejas de estos sindicalistas, promete fijar límites a la contratación temporal en las empresas para garantizar una reducción definitiva de la temporalidad del mercado laboral. Por lo que se ve, ni a los sindicatos, ni al propio presidente del Gobierno, les dice nada la práctica unanimidad de los analistas que denuncian constantemente la excesiva rigidez del sistema laboral, a la que atribuyen la sangría constante de empleo que sufre nuestro país.
A una conclusión muy parecida a la de estos analistas han llegado varios ex ministros de Economía, alguno de ellos, por cierto, militante socialista. Y todos ellos coinciden en que es necesario un mercado laboral más flexible que drene el volumen enorme de parados que se producen en España. También el Gobernador del Banco de España, los responsables del Fondo Monetario Internacional y la propia Comisión Europea se pronuncian en ese mismo sentido.
No importa que doblemos la tasa de paro de la Unión Europea y que estemos ya prácticamente en el 20% de desempleo. Tampoco importa que el PIB de la UE crezca mientras nosotros continuamos en recesión. A pesar de todo esto, el apoyo de los sindicatos mayoritarios al Gobierno se mantiene contra viento y marea y, a la vez, exigen contumazmente que se incremente la rigidez de nuestro sistema laboral. A lo mejor se arrepienten de tan inadmisible postura, cuando hayan acabado con nuestro debilitado tejido industrial. Pero entonces será ya demasiado tarde.
La UGT nos facilita un dato que esta central utiliza como escusa para su postura intransigente. Nos dice que en el tercer trimestre de 2009, según la EPA, tenemos 15.650.100 de ocupados. De estos, 11.604100 tenían contrato indefinido. Los otros 4.046.000 están contratados temporalmente. Pero la UGT silencia maliciosamente que el número de parados, entre los que figuran en las listas del INEM y los camuflados por el Ministerio de Trabajo, rondan ya los 5 millones y que hay más de 1,5 millones de familias que no reciben ningún tipo de prestación. Y este es el verdadero quid del problema que, por lo que parece, les preocupa muy poco a los responsables de UGT y CC.OO.
El asegurar la mamandurria y las sinecuras que les proporciona el Gobierno, es lo único que importa a estas centrales sindicales. Y, para disculparse, culpan falazmente a las empresas de eludir el cumplimiento de las normas, utilizando prácticas de ingeniería jurídica para mantener esos contratos basura. Habrá que recordar a estos aprovechados sindicalistas, que las empresas, para mantener los puestos de trabajo, necesitan ganar dinero. La empresa que se asemeje a una ONG, y se dedique a ir por la vida haciendo obras de caridad, es totalmente inviable. ¡Bastante tienen ya, soportando la enorme carga que suponen los numerosos liberados que están viviendo del cuento!
Para rizar el rizo de la incongruencia y de la irresponsabilidad, el sábado día 12 de diciembre, organizaron en Madrid una manifestación claramente contra las organizaciones empresariales. A la misma, además de los liberados, asisten trabajadores tan destacados como El Gran Wyoming, Pilar Bardem, Pedro Zerolo y otros por el estilo. El lema utilizado es muy claro y no deja lugar a dudas: “Que no se aprovechen de la crisis”. Utilizan la crisis como escusa, pero ponen en el punto de mira a los empresarios, a los que acusan indecentemente de parásitos. Pues dicen que hay sectores empresariales que quieren pescar en rio revuelto y buscan la manera de evitar que estos se aprovechen de la crisis para consolidar una posición de ventaja. La realidad es muy distinta. De haber algún parásito serían los sindicalistas de clase, a los que habría que añadir los de la ceja y tanto titiritero como hay apuntado a la subvención graciosa del Gobierno.
Son muchas las empresas que se han visto abocadas al cierre, como consecuencia de la crisis y de la mala gestión que ha hecho de ella el Gobierno, apoyado, eso sí, por los sindicatos. De ahí el número tan elevado de parados que tenemos. Pero con estos planteamientos sindicales y la postura inexplicable del Gobierno, serán otras muchas más empresas las que se verán obligadas al cierre, disparándose así las listas de parados.
Llama la atención que, para acudir a esa manifestación, la RENFE haya puesto a disposición de los sindicatos diversos trenes para que los trabajadores asistieran cómoda y gratuitamente a la manifestación. Más aún. CC.OO además abonará media dieta a sus afiliados. Al menos eso es lo que ha anunciado la Federación de Servicios de la Ciudadanía de Albacete. Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, dejan en simples aprendices de brujos a los que convocaban las antiguas manifestaciones de la Plaza de Oriente.

Gijón, 6 de diciembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

domingo 13 de diciembre de 2009

VIOLENCIA DE GÉNERO

El día 25 del pasado mes de noviembre se celebró, una vez más, el Día Internacional contra la Violencia de Género. Fueron muchos los centros oficiales y los parlamentos españoles, que con tal motivo, interrumpieron voluntariamente su trabajo para manifestarse contra esa lacra. Esas manifestaciones, a parte de lo que tengan de testimonio meramente personal, carecen de todo valor práctico. Aproximadamente, como el ladrido de los perros a la luna llena.
Tenemos un Gobierno que se dedica contumazmente a destruir todos los valores éticos y morales del cristianismo y pretende suplantarlos por un laicismo ultra que llena de veneno el espíritu humano. Se institucionalizan larvadamente la mentira, la envidia y el odio, al estimular con todo el descaro la insana competencia social. No importa lo que seas, importa lo que tengas y lo que consigas.
Una vez arrumbados esos valores morales y desestructurada la familia tradicional cristiana, nos quedamos sin freno alguno que salvaguarde la dignidad humana. La envidia y el odio tienen así despejado el camino para meternos de lleno en esa innoble tarea de competir desleal e incivilmente con los que nos rodean. Y ese laicismo beligerante y fundamentalista va aún más lejos. Aparte de subvertir esos valores morales, que han sido el santo y seña de nuestra cultura occidental, quiere que desaparezcan también los signos religiosos externos, entre ellos el crucifijo. Estos trasnochados predicadores del nuevo laicismo no soportan las ronchas que levantan en ellos todos estos símbolos religiosos. Son, dicen, propios de carcas y retrógrados y, en nombre de la modernidad y del progresismo, deben desaparecer de nuestra vista lo más pronto posible.
De este modo caemos en el despropósito de destruir cualquier hito perenne que nos diga con claridad lo que está bien o está mal. Desde el momento que descartamos el carácter absoluto y objetivo de los principios, sean estos filosóficos, religiosos o morales, la verdad deja de ser universal. En este caso, la verdad será subjetiva y dependerá siempre del sujeto que opina, independientemente de lo que éste pueda opinar. Todo pasa a ser relativo y condicionado por las personas y sus circunstancias. Desde el momento que el hombre es incapaz de captar la verdad objetiva, queda embarrancado en un absurdo subjetivismo plenamente individualista.
Estos mentores del relativismo dejan expedito el camino a las más inverosímiles e irracionales aspiraciones, ahormadas por su desenfrenado egoísmo. Pretenden actualizar de nuevo a Protágoras, uno de los sofistas de la clásica Grecia, que afirmaba con gran descaro que el hombre era la medida de todas las cosas. En este caso, ni la verdad ni la mentira serían algo definitivo, ya que la verdad puede convertirse en mentira, y la mentira en verdad.
Si el hombre da carpetazo a los valores morales y transcendentes y se deja llevar por su egoísmo ambicioso, el resto de los hombres pasan a ser duros y peligrosos competidores suyos. De ahí que se cure en salud y trate de adelantarse a estos, tratando de someterlos violentamente. Vistas así las cosas, cobra actualidad la frase del comediógrafo latino Plauto: "Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit." Traducida esta frase al castellano suena así: lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando no conoce quién es el otro. Frase ésta que resumió y popularizó, haciéndola más lapidaria y contundente, el filósofo ingles Thomas Hobbes: Homo homini lupus.
Con este laicismo aberrante, el egoísmo se convierte en motor prácticamente exclusivo del comportamiento humano. De este modo, la convivencia social corre serios peligros. Sin convencimientos morales firmes, las normas o leyes que se dicten para regularizar esa convivencia, suelen resultar baldías. Los intentos de solucionar el problema a base de normas y leyes coercitivas, recurriendo a razones fundadas en una simple solidaridad y en la racionalidad humana, se convierten en inútiles alegatos que no suelen ni escucharse.
Las continuas ofensivas laicistas no hacen otra cosa que desproteger a los colectivos débiles, que son los más firmes candidatos al maltrato humano. Para estos gurús del relativismo moral, los principio éticos transcendentales se basan en la religión y la religión se convierte en un lastre cultural, que limita potencialidades del ser humano. La religión, según ellos, es una simple muleta que no tiene más utilidad que la de sostener la moral de los que creen en el más allá. Los principios en los que se apoya el hombre y que determinan su comportamiento, dicen, son buenos o perversos por sí mismos. No es necesario que sean aprobados o rechazados por alguna deidad.
Es más frecuente la conculcación de los derechos humanos en aquellas culturas o sociedades que carecen de principios morales avalados por una religión. La simple solidaridad humana es muy poco convincente para que te arrastre a ese respeto que debemos a personas con un destino en el más allá.
Nos cansamos de organizar protestas y manifestaciones, por ejemplo, contra la creciente violencia de género, sin resultado positivo alguno. Las muertes y los maltratos por este tipo de violencia aumentan desgraciadamente, a pesar de la rígida ley que trata de evitarlo. Pero como hemos socavado las bases que sustentaban esos principios morales inmutables y miramos solamente el lado humano de las personas, el resultado no puede ser más negativo. Si no hay transcendencia, lo meramente humano tiene muy poco valor y carece de fuerza para obligarte a respetar a cuantos nos rodean y para exigir ser respetado.
Los valores cristianos, por si mismos, son ya un freno efectivo de los males endémicos de nuestra sociedad, como es la violencia, el aborto y la droga entre otros. Al descristianizar la sociedad y despojar al hombre de todo valor espiritual y transcendente, se le reduce prácticamente a la simple condición de animal y se le despoja de su inviolabilidad.

Gijón 6 de diciembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

miércoles 9 de diciembre de 2009

JOSÉ BONO Y LA VOZ DE LA CONCIENCIA

Es muy posible que, en nuestro país, una aberrante ley de plazos obtenga todas las bendiciones del Poder Legislativo para permitir abortar libremente hasta la 14ª semana de embarazo. Lo que hasta aquí era, en ciertos supuestos, una simple despenalización del aborto, se convierte ahora en un derecho claro de la mujer. Esto indica que nuestra sociedad está gravemente enferma y que padece una ceguera moral asombrosa.
Las razones aducidas por los valedores de tan nefasta ley dejan mucho que desear. Se trata de puros sofismas que se aprovechan de la indiferencia masiva que padece nuestra sociedad y de las adormiladas conciencias de los ciudadanos. Huimos voluntariamente del más mínimo ejercicio de interiorización para no oír los aldabonazos de la conciencia que nos manda seguir fielmente sus dictados morales. Somos demasiado cómodos y egoístas, y prescindimos de la más elemental reflexión.
Las personas que sean capaces de tomar decisiones y emitir juicios sensatos y positivos, no se embarcarán jamás en proyectos legislativos que vulneren conscientemente los derechos humanos, incluido el primero y más elemental de todos: el derecho a vivir. Hay que ser muy escrupulosos a la hora de comprometerse y pasar a formar parte de la militancia de un partido político. Pues hay que tener en cuenta que los partidos de izquierda, en los que milita la más variada progresía, carecen normalmente de la más elemental sindéresis, y no es muy aconsejable integrarse en los mismos. Pues si posees la virtud de la inteligencia y del entendimiento que te lleva a ver el alcance ético y moral de las diversas actuaciones, si te enrolas en un partido de esas características, puedes tener problemas graves de conciencia.
Es evidente que estos partidos políticos, que por sistema no dan valor a los principios morales, en ocasiones te pedirán el plácet a planteamientos políticos o a proyectos de ley que tu inteligencia práctica te dirá que son moralmente rechazables. Y si aceptas su envite, traicionarás a tu propia conciencia moral que se revelará contra ti. No se si es este el caso José Bono, o es que está ocultando obscenamente sus auténticas convicciones morales. Su determinación de apoyar el nuevo proyecto de ley sobre el aborto, casa muy mal con su afirmación de que quiere inspirar su vida en el Evangelio de Jesús. Pero no cabe la menor duda de que, dadas sus convicciones personales y su manera de actuar al margen de las mismas, bate todos los records convirtiéndose así en un auténtico campeón de la incoherencia más absoluta e incomprensible.
El presidente del Congreso, en efecto, confiesa abiertamente en el diario El País que su conciencia le interpela a la hora de votar una ley sobre el aborto. Y a lo mejor es verdad. Pero el comportamiento un tanto dogmático de Bono no se corresponde en absoluto con una persona tan católica como él dice ser. Confiesa –y no le falta razón- que “el feto no es un órgano propio de la mujer, sino una realidad distinta de la mujer gestante”. Y agrega que “el feto es más un ‘alguien’ que un ‘algo’” y que se trata de “una vida humana en formación que es digna de protección”. Si está plenamente convencido de esto, y además es católico por convicción, es normal que le chirríe y le remuerda la conciencia.
No obstante esto, justifica y apoya el nuevo proyecto de ley a pesar de que, en el núcleo de sus propias convicciones éticas y religiosas, está la defensa de la vida y el amparo a los más débiles. Y como la conciencia le sigue cantando su falta de valentía y su enorme incoherencia y quiere acallarla, pone todo su empeño en buscar escusas y justificaciones absurdas. En su pintoresca defensa moral invoca nada menos que un pasaje de la Encíclica Evangelium Vitae de Juan Pablo II. Se atreve, incluso, a criticar a los responsables de la Iglesia por su posición condenatoria de este nuevo proyecto de ley del aborto. Posición episcopal que, según dice, es contradictoria con la disposición papal y hasta chocante socialmente.
Para justificarse y que su actuación, moralmente punible, encaje en la casuística aducida por dicha Encíclica, José Bono distorsiona, creo que a sabiendas, el alcance real de la anterior normativa del aborto y, también, de la que se trata de aprobar ahora. Quiere engañarse a sí mismo y nos dice que la nueva regulación del aborto, libre durante las primeras 14 semanas, va a disminuir notablemente el número de los mismos. Es cierto que en la anterior ley, el tercer supuesto, el de la salud psíquica de la madre, se convirtió en un coladero escandaloso. El problema no se corrige abriendo más la mano, dejando al libre arbitrio de la mujer el abortar o no durante las primeras 14 semanas. Se hubiera corregido exigiendo el cumplimiento exquisito de las exigencias de la ley, y verificando la exactitud de los certificados médico-psiquiátricos que se extendían hasta sin ver a la embarazada. Es lo mismo que si legalizamos las drogas por que es difícil controlarlas; o legalizamos la violencia doméstica porque, a pesar de lo legislado en contra, es algo cada vez más habitual.
El nuevo proyecto de ley supone un modelo de regulación, el de plazos, y lo diga Agamenón o su porquero, no va a reducir el número de abortos. Al ser libre durante las primeras 14 semanas, las mujeres adquieren o se les confiere un derecho subjetivo al aborto para el que no hará falta ni la pejiguera de los certificados médicos. Indudablemente esto se traducirá en un aumento notable y descontrolado de los abortos. Será todo un aberrante e inconcebible holocausto de inocentes. La hipotética disminución de los abortos, en la que se escuda José Bono para apoyar ese nuevo proyecto de ley, no pasa de ser un simple camelo, una quimera con la que José Bono quiere librarse del conflicto moral en que se encuentra y lavar así su conciencia. Aquí, desde luego, no encaja ni por casualidad “la teoría del mal menor”
Está claro que José Bono, aunque él no lo reconozca, se siente abrumado y estigmatizado por su voto favorable a la nueva ley del aborto. Y sin querer respira por esa herida lo que le lleva a no poder controlar ni su propio subconsciente. El siguiente hecho lo demuestra palpablemente. Se encargó de clausurar el X Congreso de Escuelas Católicas, celebrado en Toledo los días 26, 27 y 28 de noviembre pasado. Y en ese acto, hasta sin venir a cuento, insistió una y otra vez en su inocencia y en la tristeza que le causa la posición de la Conferencia Episcopal que negará la comunión a los católicos que den su voto al proyecto de ley, a no ser que se confiesen y, además, manifiesten públicamente su arrepentimiento. E insiste una y otra vez en que tiene "la conciencia tranquila", ya que ha actuado así para reducir el número de abortos.
El resentimiento de Bono con la Conferencia Episcopal es notable. Y echa en cara a la Iglesia Católica que dieran la comunión a Pinochet, que “era un asesino desalmado”. "No puedo –dice- dejar de ver la imagen de Pinochet comulgando y a mí me califican de pecador público". Y agrega: "Yo no soy un asesino". Y pide a los obispos que reflexionen y que no le condenen por ser socialista, "no vaya a ser que si yo no fuera socialista, aunque hubiera actuado del mismo modo, no me hubieran condenado". Diga lo que diga José Bono, quien respalde semejantes leyes es objetivamente responsable de las incontables muertes de tantos inocentes a quienes se les niega el derecho a vivir.
Históricamente, desde la más remota antigüedad, se consideró siempre que era una aberración ética la práctica voluntaria del aborto. De este parecer era ya Hipócrates el Grande, que practicó la medicina en el siglo V antes de Cristo; y Galeno, que ejerció como cirujano de los gladiadores en Pérgamo en el siglo II antes de nuestra era; y tantos como, desde entonces, han dedicado su vida a la noble tarea de sanar a los enfermos. Más aún, consideraban que era esta una práctica claramente punible. De ahí que, desde muy antiguo, todas las civilizaciones pusiesen su énfasis sin complejos en la defensa de la vida humana, en cualquiera de sus etapas.
Hasta Cicerón, que era un hombre de leyes y un maravilloso orador, valoraba extraordinariamente la vida de los hombres. Su gran estima por la vida le llevó a escribir esta frase, que es todo un tratado de filosofía y de ética: “Homo homini res sacra est”, el hombre es cosa sagrada para el hombre. Y se mantuvo tradicionalmente esta concepción de la vida hasta la aparición de los totalitarismos recientes del siglo XX que relegaron la dignidad humana a un segundo plano, sometiéndola a los poderes del estado o de la nación.
No le he visto a José Bono protestar por la expulsión de su partido de aquellos que disienten de la doctrina oficial del mismo y que se atreven a pensar por su cuenta. Carece, por lo tanto, de autoridad moral para criticar a la Iglesia Católica. Y más, si tenemos en cuenta que esta Iglesia está basada en verdades transcendentales y no en meras conveniencias humanas, como es el caso de los partidos políticos.
También pudiera caber que, todo este enorme cabreo contra los pastores responsables de la Iglesia, fuera un simple desahogo personal por sentirse obligado a apoyar esa ley, no por convicción íntima como dice, sino por otros motivos. Sabe que es muy frecuente en su partido que, el que se mueve, deja de salir en la foto. Y estar en la foto para Bono, por lo que parece, es algo que está por encima de otras muchas cosas, incluso a veces por encima de la propia conciencia y de lo transcendente.

Gijón, 4 de diciembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

viernes 4 de diciembre de 2009

EL NUEVO VÍDEO Y LOS MONTAJES DEL PSOE

Está más que visto y comprobado hasta la saciedad que solamente hay dos cosas que sabe hacer muy bien el Partido Socialista Obrero Español: la propaganda y el reparto equitativo de la indigencia y de la pobreza. Winston Churchill no lo pudo decir más claro: “La virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de miseria". Pero para el común de los mortales, tanto la propaganda huera, por muy vistosa que sea, como el reparto de la miseria, tienen claramente una connotación muy negativa.
Toda propaganda política, por muy sugestiva y atrayente que sea, si no se concreta en algo mensurable y real, no hace más que crear falsas expectativas que, a la larga, terminan por desilusionar gravemente a la sociedad. Y el reparto de miseria entre quienes carecen de muchas cosas básicas, desgarra la conciencia social de los individuos implicados y termina por crear en ellos un complejo terrible de culpabilidad. Y el problema, en situaciones de crisis económicas, se agiganta considerablemente, ya que los socialistas tratan de solucionarlo a base de simples prédicas o soflamas o con alguna otra ocurrencia llamativa. El resultado inmediato es un aumento fatídico de la pobreza y la desilusión colectiva.
Como tienen la experiencia de los continuos fracasos históricos, uno más no les pone nerviosos y mucho menos provoca en ellos la desesperanza. Más bien les motiva para tapar sus vergüenzas con nuevas ocurrencias o maniobras de ingeniería social, embobando así a unos y a otros. Como saben perfectamente que en esta crisis económica han perdido más plumas de la cuenta, se inventan la “nueva economía” contra la crisis, buscando así mejorar su maltrecha imagen.
Para presentar esta luminosa idea, José Luis Rodríguez Zapatero se rodea de toda la vieja guardia del PSOE, incluidos Felipe González, Alfonso Guerra y Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Y, como es habitual en él, organiza toda una gran fiesta política con presentadores, con banda de música y hasta con alfombra roja y todo. Como anécdota, los asistentes al acto, dirigiéndose a Zapatero, gritaban una y otra vez el lema aquel que patentaron los del sindicato de la ceja: ¡No estás solo!
Es evidente que al PSOE le importa un bledo la realidad y el contenido de las cosas. Solamente se preocupa de la fachada, de la imagen, para que aparezca espectacular ante los ojos de los ciudadanos. Y para lavar esa imagen y hacerla sostenible, elaboran un nuevo vídeo tan engañoso como los anteriores, pero que se ha convertido en la estrella de la Fiesta-Mitin del 21 de noviembre pasado. Video que, por supuesto, ya han colgado en su canal de Youtube.
El video actual está cortado por el mismo patrón que el resto de los vídeos elaborados por la productora de Ferraz. Se critica ácidamente al Partido Popular y, simultáneamente, se exaltan sin medida las supuestas virtudes del PSOE. La primera frase que aparece en pantalla es simplemente gratuita y reveladora de lo que viene después: "conservador es tener miedo al futuro, progresista es transformador". Eso sí, la crisis la han generado otros y son precisamente los socialistas los que pueden sacarnos de ella. Y con todo el voluntarismo del mundo insisten seguidamente: "Por eso, si se ha cambiado el modelo, nos toca cambiarlo a nosotros y nosotras".
Y pasan a enumerar en el video sus grandes aportaciones a la transformación de la sociedad española en poco menos que un edén. Y entre estas valiosas aportaciones, como no podía ser menos, nos destacan la Ley de Igualdad y el matrimonio gay, y nos prometen impulsar la nueva economía. Para visualizar mejor con este vídeo el inigualable espíritu transformador del socialismo, nos muestran diversas imágenes de flores que se abren majestuosamente, aludiendo con ello al símbolo del partido. Los del Partido Popular, en cambio, aparecen como hombres grises y ataviados con elegantes corbatas, que procuran atrasar su reloj disimuladamente. Son como un niño en flotador que no se atreve a saltar al agua.
El sarao o mitin-show montado en el Palacio Municipal de Congresos madrileño, al final, no pasó de simples fuegos de artificio, sin utilidad práctica alguna. El espectáculo, eso sí, se montó al más puro estilo norteamericano. Desde que Barack Obama llegó a la Casa Blanca, a Zapatero le ha entrado la fiebre por los modos y usos de aquel país. Los presentadores iban dando paso al escenario a los presidentes autonómicos, a los miembros del Gobierno y a los dirigentes del Partido que, a ritmo de jazz, iban avanzando por la alfombra roja, hasta su asiento en la grada central.
Para la entrada del Gran Jefe a escena, intentaron montar una presentación estelar o planetaria, que diría Leire Pajín, aunque al final prácticamente rozó el ridículo. Cuando llegó el momento de la entrada triunfal, los presentadores pregonan. “no estamos todos aún, falta alguien”. Y en ese momento aparece Zapatero con su señora en lo alto de una escalera mecánica y comienza su descenso majestuoso hasta la grada central.
El discurso de Zapatero, durante este acto de autoafirmación, fue totalmente decepcionante. Se esperaba que, aunque huyera de la autocrítica, anunciara alguna medida concreta que nos ayudara a salir de esta crisis. Pero, nada de nada. Lo mismo que en el vídeo, nos presenta al PSOE como la única salvación posible para remontar el vuelo y dejar atrás este prolongado bache económico. Habló de una “nueva economía” contra la crisis y, como no, de la dichosa “economía sostenible” que ni él mismo sabe de qué se trata. Pero no concretó nada. Para las medidas concretas, nos remite al Consejo de Ministros del día 27. Al final, como ya nos tiene acostumbrados, todo se reduce a simples fuegos de artifició. Una pirueta propagandística más de Zapatero que, al final, es lo único que sabe hacer.
De momento, sí sabemos que es insostenible el comportamiento del Gobierno ante la crisis. Como es insostenible el paro, la deuda y déficit públicos, que nos relegan al furgón de cola de la Comunidad Europea.

Gijón, 1 de Diciembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

lunes 30 de noviembre de 2009

EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL Y SUS CHALANEOS


A los ojos de los legos en la materia, la justicia española deja mucho que desear. Para empezar, quizás haya demasiados jueces estrella y demasiada poca independencia. La muerte del Barón de Montesquieu, anunciada con enorme fruición por Alfonso Guerra, puede ser la causa de ese comportamiento, al menos un poco chocante y llamativo, de los encargados de administrar justicia. Y no será de otra manera, mientras sean los políticos y los Gobiernos de turno los que cocinen los nombramientos y ascensos de los jueces.
Históricamente, las sentencias del Tribunal Constitucional, en las que se barajan asuntos de cierta importancia, se han dictado siempre con la vista puesta en los intereses ocasionales del Gobierno. De una manera más o menos disimulada, los fallos importantes siempre han estado políticamente mediatizados. El primer ejemplo descorazonador nos lo dio el alto Tribunal con la sentencia del día 2 de diciembre de 1983. En dicha sentencia, para no hacer sangre del Gobierno de Felipe González, se declara constitucional la precipitada expropiación del holding de Rumasa. En el sentido del fallo, fue decisivo el “voto de calidad” del presidente de entonces Manuel García-Pelayo. Y García Pelayo, por culpa de ese “voto de calidad” del que no tardo en arrepentirse, vivió amargado hasta el último de sus días.
Desde junio de 2004 es presidenta del Tribunal Constitucional María Emilia Casas Baamonde, y ha dado motivos sobrados para dudar de su independencia e imparcialidad. Si llega el caso, es muy posible que, a la hora de dictar sentencia, valore más lo que conviene en ese momento a los poderes públicos que lo que establezca nuestro ordenamiento jurídico. Por algo el secretario de Estado de Justicia, Luis López Guerra, a raíz de ser elegida para el cargo, declaró exultante a la agencia EFE que era "una gran noticia y una suerte para todos" y añadió que "muestra el cambio en la conciencia" de la sociedad española. Y quizás sea esa la posible explicación de su permanencia al frente de este Tribunal, a pesar de haber agotado el tiempo para el que fue elegida.
Son muchos los motivos por lo que esta magistrada debiera estar fuera del Tribunal Constitucional. Tal como determinan las leyes, la duración del cargo de magistrada del Constitucional, sin posibilidad de reelección inmediata, es de nueve años. Y María Emilia Casas fue uno de los cuatros vocales que nominó el Senado allá por el año 1998.
No se si es irregular o no su permanencia como presidenta, ya que el mandato para estar al frente de este Tribunal es de solamente tres años. Como interesaba esa continuidad, se reforma la Ley del Tribunal y, a la vez, se dictamina que esta reforma era plenamente constitucional. Para que esto fuera posible, tienen que recusar a dos magistrados que no estaban por la labor. La magistrada Casas tenía que seguir al frente del Constitucional como fuera. Por lo menos, hasta que el Estatuto de Cataluña obtenga previsiblemente todas las bendiciones constitucionales.
A parte de esto, María Emilia Casas será muy competente como jurista, pero, de acuerdo con juicios pasados, quizás no haya demostrado fehacientemente su independencia y su imparcialidad. Para empezar, es una magistrada muy cercana a las tesis del PNV, no se si por convicción propia o por razones de su matrimonio con Jesús Leguina Villa, antiguo asesor del PNV.
Y una vez dentro del Tribunal Constitucional, a María Emilia Casas le faltó exquisitez jurídica en sus actuaciones. A pesar de la estrecha relación con el dirigente de Herri Batasuna, Karmelo Landa, en 1999 votó a favor del amparo a la mesa nacional de esa formación política, provocando la excarcelación de sus miembros. Lo preceptivo para esta magistrada era la abstención, ya que entre los que pidieron el amparo se encontraba su amigo Karmelo Landa. De este modo, colaboró para que se revocara la decisión de la Sala Penal del Tribunal Supremo que les había condenado por colaboración manifiesta con la banda terrorista de ETA. También el 20 de marzo de 2004 María Emilia Casas se significó votando en contra de la impugnación del famoso Plan Ibarretxe que había interpuesto del Gobierno de Aznar.
Al lado de estos hechos, que dejan su imparcialidad tocada y en entredicho, nos encontramos con algún otro acto, si no delictivo, si al menos sumamente imprudente. María Emilia Casas llamó personalmente a una abogada, hoy en la cárcel, para asesorarla jurídicamente en un caso de violencia de género. Para empezar, los magistrados tienen prohibido por ley cualquier tipo de asesoramiento. La Ley del Poder Judicial, en su artículo 389, dice taxativamente que “el cargo de juez o magistrado es incompatible, entre otras cosas, con todo tipo de asesoramiento jurídico, sea o no retribuido”. Dejando a un lado si esto comporta algún tipo de responsabilidad, sea esta penal o administrativa, rompe toda la estética del asesoramiento con la reveladora coletilla empleada por María Emilia Casas y que, oportuna o inoportunamente, destacaron en su día los periódicos: “si esto llega al Constitucional, me avisas”.
La prolongada espera por el fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña tiene su enjundia. La inconstitucionalidad de algunos artículos es manifiesta hasta para quienes somos legos en leyes. Es más, alguno de ellos es plenamente anticonstitucional. Pero aún así, el Gobierno actual, valiéndose de la magistrada Casas, busca desesperadamente una sentencia interpretativa que, al menos, no cercene ninguno de los artículos importantes del texto estatutario.
La presidenta del Tribunal Constitucional ha intentado una y otra vez complacer al Gobierno, tratando de desbloquear la situación creada con el Estatuto de Cataluña. Pero afortunadamente siempre ha fallado alguno de los peones con que contaba el PSOE, haciendo inútil hasta el voto de calidad de la presidenta. Ante la imposibilidad de una sentencia favorable, María Emilia Casas congela el fallo, buscando una ocasión más favorable. Lo que no logrará nunca María Emilia Casas, es una sentencia que, según ella, deje contentos a todos. Ella apunta, que esta sentencia “debería satisfacer a todos, porque será la aplicación de la propia Constitución”. Una aplicación de la propia Constitución, eso sí, muy a su aire y, si llega el caso, tan inconstitucional como el propio Estatuto.
Como colofón al despropósito de las continuas dilaciones en el fallo final sobre el Estatuto de Cataluña, la presidenta Casas nos ha salido ahora por peteneras y afirma que, de momento, no puede haber sentencia ya que “el texto está redactado en un idioma raro que, sinceramente, imposibilita su correcta interpretación”. Los catalanistas, por medio de la prensa, se lanzan a presionar descaradamente al Tribunal Constitucional en busca de una sentencia favorable al Estatuto. Lo malo es que hoy les arropa hasta el propio Zapatero, con esas declaraciones extemporáneas a la televisión sexta.
La manera correcta de introducir cambios en nuestra Constitución viene señalada por la propia Constitución. Modificarla acudiendo a la política de hechos consumados y a ocasionales Estatutos, es evidentemente anticonstitucional. Dejemos pues en manos del Tribunal Constitucional que decida libremente. En sus manos está aumentar su descrédito, o atenerse de manera estricta a lo que dicta nuestra Constitución y comenzar así a recuperar parte del crédito perdido. Hasta ahora, el descrédito y la desconfianza de la sociedad, se lo han ganando a pulso, al igual que el resto de las instituciones judiciales españolas. Veremos si son capaces de enderezar el rumbo y dejar a un lado definitivamente las habituales componendas.

Gijón, 29 de noviembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

jueves 26 de noviembre de 2009

JOSE BLANCO. EL CATOLICISMO UN DISFRAZ PARA EL DESPISTE

Con relación a la ley del aborto, el pasado día 11 de noviembre, el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, realiza unas declaraciones que provocan enormes y molestos sarpullidos en algunos dirigentes del Partido Socialista Obrero Español. El ministro de Fomento, José Blanco, y el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, se han adelantado a todos, dándose rápidamente por aludidos y alzando la voz de la protesta de la manera más absurda y airada.
Ambos personajes, José Blanco y el inefable José Bono, que se autodefinen como católicos, demuestran una ignorancia supina sobre la religión católica. Muchas ancianas, que prácticamente no pisaron una escuela cuando eran jóvenes, a veces con su simple “fe del carbonero”, han logrado una formación religiosa y un conocimiento de la doctrina católica muy superior a la de estos dos prohombres del socialismo español.
El portavoz de la Conferencia Episcopal Española, en su alocución del otro día, no hizo más que recordar cual es la doctrina de la Iglesia Católica sobre el aborto. La afirmación de que quien vote o promueva la nueva Ley del Aborto comete un “pecado mortal público” y será excluido de la comunión, no es algo nuevo que se le ocurrió ahora a Martínez Camino o a los demás obispos españoles. Es algo que forma parte de la doctrina secular de la Iglesia, basada principalmente en los Evangelios, en los Hechos de los Apóstoles y en las Cartas de San Pablo.
La Iglesia, siguiendo las pautas marcadas por el Nuevo Testamento, defiende como nadie los derechos fundamentales del ser humano. Y el derecho a la vida es el más primordial de todos, y más aún tratándose de una persona inocente e indefensa, como es ese ser humano que se encuentra en el primer estadio de su vida. Somos muy exquisitos maniatando a nuestras Fuerzas Armadas para que no se les ocurra ni herir a un terrorista, y abrimos nuestras manos para que, cual nuevos Herodes, se asesine masiva e impunemente a los más inocentes de este mundo.
Afirmar que el aborto voluntario es un derecho de la mujer, además de estar “en contradicción con la ley Divina y católica”, supone una auténtica aberración. De ahí que la afirmación del prelado de que, quien propague dicha ley, caerá en “pecado público” y que, quien defienda su texto o le de el voto afirmativo, está en “situación objetiva de pecado”, guarda la más plena ortodoxia con las enseñanzas evangélicas y la doctrina perenne de la Iglesia.
Estos próceres socialistas debieran saber que, para la Iglesia católica, no será nunca negociable el derecho fundamental a la vida. También debieran saber que no se obliga a nadie a entrar y mucho menos a permanecer por la fuerza en el redil de La Iglesia. La permanencia en la misma depende siempre de un acto personal totalmente libre y voluntario. No se expulsa a nadie de la Iglesia simplemente porque sí, ya que el que cae en pecado, si da muestras de arrepentimiento, encuentra siempre el “perdón” de Dios. La Iglesia, por mandato divino, no es nunca inmisericorde con el pecador.
La condición de católico exige, cómo no, cierta responsabilidad y coherencia en lo que se hace y se dice. Si te confiesas católico, apostólico y hasta romano, el ir a comulgar con bizcocho o mazapán en compañía de otros conmilitones, y más haciéndose notar intencionadamente, no es que digamos un acto muy responsable.
Si de verdad eres creyente no se te ocurrirá jamás reclamar plena libertad de opinión y de acción dentro de la Iglesia, ya que sabes –o al menos crees- que hay verdades inmutables que ni admiten discusiones, ni pueden ser objeto de componenda. Es muy chocante que haya políticos que rasguen sus vestiduras por carecer de libertad plena de opinión y de acción en la comunidad católica y, sin embargo, no toleran esa libertad en su propio partido, y más tratándose del PSOE o de cualquier otro partido de izquierdas.
Es normal que en los partidos políticos se exija cierta unidad de acción para que puedan ser viables, por lo que los militantes de un partido deben guardar obligatoriamente ciertas formas, si no quieren verse fuera del mismo. Estas cautelas, aunque por otros motivos, también deben ser observadas por quien hace pública profesión de fe y se confiesa católico. Es más normal que sea la Iglesia católica la que ponga límites a sus fieles, para que nadie interprete la verdad revelada a su aire o a su conveniencia. Esto es así, entre otras razones, porque la propia Iglesia no debe su origen a un simple proyecto político cambiable. La Iglesia Católica, al revés que los partidos políticos, se fundamenta en conceptos y verdades incontrovertibles, perennes y transcendentes.
De guardar las formas, al menos dentro del Partido Socialista Obrero Español, debiera saber mucho el católico José Blanco. No tiene Blanco autoridad alguna para exigir a los obispos la libertad de opinión y de acción que él ha negado siempre a muchos militantes de su partido. José Blanco, en efecto, desde el año 2001, ha sido el inquisidor máximo y el azote de los socialistas que se atrevieron a pensar por su cuenta. Ahí están para demostrarlo Gotzone Mora, Cristina Alberdi, Rosa Diez y Antonio Aguirre, entre otros muchos, ya que la lista de los expulsados del PSOE es muy amplia. Y el enorme pecado de todos estos heterodoxos socialistas fue la discrepancia, más o menos pública, con la doctrina oficial del partido.
Tanto José Blanco, como José Bono, pueden decir lo que quieran, hasta que se les apareció la Virgen de su pueblo. Pero si no respetan el magisterio de la Iglesia en lo que atañe a ese núcleo doctrinal básico y esencial, su afirmación de que son creyentes y católicos no va más allá de una carnavalada con muy poca gracia. Pero Blanco y Bono nos tienen acostumbrados a estas bufonadas impertinentes, que les retratan de cuerpo entero. A los que, de verdad, comulgan con la doctrina de la Iglesia no se les ocurren estas mascaradas absurdas de considerar que el aborto voluntario es lícito y un derecho incuestionable de la mujer.

Gijón, 21 de noviembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

lunes 23 de noviembre de 2009

IRRESPONSABLES POR SISTEMA

La irresponsabilidad es una constante en la actuación de todos los miembros del Gobierno que padecemos. Es normal que sea así, ya que José Luis Rodríguez Zapatero, intencionadamente, procuró rodearse de auténticas medianías, tanto en el Gobierno como en los órganos influyentes del partido. Necesitaba a su alrededor personajes de tercera para que no le hicieran sombra ni desentonaran con él.
Es por esto que, cuando algún medio trate de comparar a los ministros del Gobierno de España con sus homólogos de otros países, queden en tan mal lugar y nos abochornen a todos los españoles. Es el caso de la ministra de Economía, Elena Salgado que, en el ranking que acaba de elaborar el Financial Times, sale muy mal parada. Según dicho rotativo ingles, Elena Salgado ocupa, a duras penas, el decimosexto lugar de un total de diez y nueve países de la Comunidad Económica Europea.
Y las soluciones que dan a los problemas a que han de hacer frente suelen concordar desgraciadamente con las escasas luces de que están dotados los gestores de la cosa pública española. Soluciones que no suelen pasar de simples ocurrencias y que, en la mayoría de los casos, complican aún más el problema. Estamos pagando muy caro la escasa talla intelectual, e incluso moral, de los que nos gobiernan.
Lo que si hacen muy bien, tanto los responsables del PSOE como los miembros del Gobierno, cuando salen a la palestra, es interpretar la misma partitura, cometiendo todos ellos las mismas disonancias y desafines respecto a la realidad de la situación. Y eso, incluso, aunque la partitura no venga a cuento. El rosario de insensateces lo determinan las ocurrencias del jefe o las circunstancias y exigencias de cada momento. Menos verdades, suelen cantar a coro cualquier cosa, dando a entender que, ahora sí, España se merece un Gobierno que mienta.
Tanto el Gobierno como los que cocinan algo dentro del PSOE se cansaron de negar en un principio la crisis económica y en motejar desvergonzadamente a quienes les advertían de lo que se nos echaba encima. Eran hasta antipatriotas. Rodríguez Zapatero proclamó a todos los vientos que estábamos en la champions league de la economía. Incluso hizo el ridículo y nos abochornó a todos nosotros al llevar esta bandera a foros extranjeros, donde, además, se atrevió a afirmar, para ludibrio de aquellas gentes, que ya habíamos aventajado a unos y que muy pronto alcanzaríamos y aventajaríamos a otros.
Cuando ya era imposible negar la evidencia, aparecieron los famosos brotes verdes. Por todos los sitios veían signos de recuperación y anunciaban a bombo y platillo, dando incluso hasta fechas, que la salida del túnel y nuestra remontada económica estaba a la vuelta de la esquina. Y agregaban eufóricos que íbamos a salir económicamente fortalecidos.
Como sus previsiones fallaban estrepitosamente, nos daban nuevas fechas sin el más mínimo desmayo. Y así, una y otra vez. Entre tanto, atacan despiadadamente al Partido Popular, a quienes acusan de no presentar propuestas contra la crisis. Hace aún muy pocos días que la planetaria Pajín lamentó públicamente que el PP no haya aprovechado la reciente Convención Nacional de Barcelona, para ofrecer propuestas económicas contra la crisis.
Ahora, ante el hecho de que hay países de nuestro entorno con signos evidentes de recuperación, el Gobierno, con todo el cortejo de socialistas y afines, rezuma optimismo por todas partes. No tienen en cuenta, ni por casualidad, que todos esos países que comienzan a crecer, arbitraron a tiempo las medidas precisas que exigía la difícil situación económica, algo que, por incuria, aquí no se ha hecho. Pero es igual: nos subimos al carro de la recuperación de otros y a soñar, que no cuesta nada.
Siguiendo pautas emanadas de la Moncloa, todos se felicitan por el comportamiento de la economía en Alemania, en Francia y en algún que otro país europeo. La misma Leire Pajín valoró de modo muy positivo las cifras de crecimiento de estos países de Europa. Esto indica, nos dice la secretaria de Organización del Partido Socialista, “que hemos acabado el año mejor de lo que empezamos”. Esta afirmación de Leire Pajín es sumamente modesta, si la comparamos con las palabras de Zapatero en la clausura del XXV Congreso Federal del Metal, Construcción y Afines de UGT. El presidente del Gobierno, mirándose en el espejo de los países que hicieron sus deberes a tiempo, exclama exultante: “afortunadamente estamos en puertas de salir de la grave crisis económica”.
El descaro y la impudicia o desfachatez de Zapatero no tienen límites. De ahí que, de manera alegre e irresponsable, nos diga que lo importante es que en la salida de la crisis “podemos decir dos cosas: que salimos todos juntos, y que los derechos sociales y de los trabajadores, no han sido afectados, sino reforzados”. Da a entender, con esta afirmación chocante, que se está riendo de los cientos de miles de familias que tienen a todos sus miembros en el paro y que, al día de hoy, ya no perciben remuneración alguna.
Es demasiado fuerte la cantinela esa de que los trabajadores, a pesar de la grave crisis, no han perdido ninguno de sus derechos sociales. Para Zapatero, por lo visto, tiene el mismo valor vivir más o menos modestamente de un trabajo, que soportar el viacrucis de acudir a los comedores de Cáritas para subsistir. ¡Qué poco valor da el socialismo de los progres al concepto de derechos sociales!

Gijón, 18 de noviembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

martes 17 de noviembre de 2009

FRACASO DEL ESTADO DEL BIENESTAR


La angustia, decía Kierkegaard, es consubstancial a la existencia humana. Es, ni más ni menos, el estado natural de la existencia, ya que el hombre está asomado continuamente al abismo de la nada. Es una aventura vital de la que el hombre es incapaz de prescindir. Siguiendo la estela de Soren Kierkegaard, y casi con los mismos argumentos, Martín Heidegger y Jean-Paul Sartre insisten también en esa angustia puramente existencial. Según Heidegger, la angustia sería esa disposición fundamental que nos coloca ante la nada. Sartre va un poco más lejos y afirma que el hombre mismo es angustia por el miedo que tiene de sí mismo, por el miedo de las decisiones que pueda tomar y por las consecuencias de estas. En una palabra, para Jean-Paul Sartre la angustia es el vértigo que sentimos al enfrentarnos con la libertad.
Las elucubraciones sobre la angustia de estos representantes del existencialismo, no tienen ya vigencia. Pertenecen a una época ya pasada en la que preocupaban mucho los problemas existenciales. Y la angustia que nos describen era realmente un problema de ese tipo, un problema puramente existencial, metafísico si se quiere, al que trataban de dar una respuesta coherente. Hoy día esos problemas ya no quitan el sueño a nadie. Ya no hay personas que, como a Miguel de Unamuno, les duela el alma y se desvivan por librarse de la previsible nada y asegurar así su inmortalidad.
A las personas actuales no les dicen nada todos esos problemas y se atiende más a lo inmediato y a las realidades terrenas. Nos ocupamos únicamente de lo material, de lo que podemos tocar con las manos. La nada no es tangible, ni mensurable. Lo que si es tangible y mensurable es el estado de bienestar, y la posible pérdida del mismo nos encorajina. La angustia que nos invade tiene un origen más prosaico que la de los existencialistas. El posible quebranto de nuestra economía es lo único que nos perturba y nos angustia, ya que el deterioro económico nos puede llevar a la indigencia y a la pobreza.
La obstinación y la terquedad de un presidente inepto, que cree saberlo todo y que no escucha a nadie, nos está llevando inexorablemente al descalabro económico más absoluto. Sus ocurrentes medidas para salir de la crisis, nos hunden cada vez más en ella. Nuestra situación es ya dramática. Hemos llegado a un deterioro económico tan notable por la testarudez y obstinación culpable de Zapatero, que el Premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman dice que si queremos poner freno a nuestra caída libre, forzosamente deberemos “regresar a los precios y salarios del año 2000”.
Puesto que no podemos echar mano de la socorrida devaluación monetaria de otras veces, dado el deterioro que ya ha alcanzado nuestra economía, nuestra única alternativa pasa por una fuerte “devaluación interna” Esto quiere decir que tienen que caer los precios y los sueldo con respecto a los países de nuestro nivel económico anterior. Para salir de este pozo en que hemos caído, necesitamos competir con nuestros productos y la competitividad es inalcanzable sin una caída de los precios y, por ende, una caída de los salarios. Ese sería nuestro único medio de aumentar nuestras exportaciones y de atraer las inversiones extranjeras precisas para construir nuevas fábricas y crear empleos sin cualificar en gran escala, para ocupar a tantos parados que proceden de la construcción.
O José Luis Rodríguez Zapatero es un ignorante, o su única preocupación es mentir de un modo lo más convincente posible. Se negó a admitir que hubiera crisis en España durante mucho tiempo. Según él, era cosa de antipatriotas. Cuando por fin cayó del caballo, ya era demasiado tarde para poner remedio, pues la tardanza en habilitar medidas nos llevó a una situación tan precaria y lamentable, de la que es muy difícil retornar. Ahora niega que continuemos inmersos en dicha crisis y aventura el inicio de nuestra recuperación económica para fechas próximas que tiene que ir prorrogando continuamente. Era para marzo pasado el inicio de esa recuperación que no llegó. Después fue el segundo semestre de 2009 y, como sigue sin llegar, lo difiere a principios de 2010.
Cualquier dato económico que miremos es mareante en sí mismo. Para el Gobierno no. Para Zapatero y sus ministros la botella está siempre medio llena y en cualquier cifra negativa ven una desaceleración manifiesta. Se está desacelerando la destrucción de empleo. Se está desacelerando la caída de la afiliación a la Seguridad Social. Lo único que no se desacelera es la indecencia y la irresponsabilidad de quienes nos gobiernan.
Seguimos estando a la cabeza de la destrucción de empleo en Europa. En octubre pasado el paro aumento en casi 100.000 personas. Exactamente fueron 98.906 los trabajadores que pasaron a engrosar las listas del paro durante el mes pasado. Seguimos batiendo todos los records en este sentido.
La obnubilación de Zapatero no le deja ver que la crisis económica se ha cobrado más de un millón de puestos de trabajo desde noviembre de 2008. La Seguridad Social, en los últimos 12 meses, ha perdido la escalofriante cifra de 1.009.528 cotizantes, prácticamente el doble que en octubre de 2008. En porcentajes, en estos últimos doce meses, hay 5,34 % menos de cotizantes.
En la actualidad, el número de ocupados en España, según datos del propio Ministerio de Trabajo, asciende a la cifra de 17. 908.945 personas, lo que supone un retroceso en el mercado laboral de cuatro años. Volvemos a cifras similares de ocupación de mayo de 2005. Pero, eso sí, para complicar el problema, al igual que los parados, aumentan también los pensionistas.
Con estos datos en la mano, es muy posible que el sistema de pensiones español corra un serio riesgo y peligre su sostenibilidad. Al envejecimiento continuo de la población hay que agregar el deterioro de las cuentas públicas al aumentar el gasto destinado a subvencionar el paro. Pues hay que tener en cuenta que es el Estado el que respalda las pensiones.
Todos estos problemas económicos, que el Ejecutivo no sabe o no quiere solucionar, generan en nosotros una angustia peor que la descrita por los existencialistas. Al analizar a fondo nuestra situación económica y ver que, al disminuir nuestro poder adquisitivo, peligra nuestro estado de bienestar, no solamente la angustia, sentimos también una nausea más profunda que la descrita por Jean-Paul Sartre. No se nos ocurre pensar que venimos de la nada, ni si existimos sin justificación alguna y si terminamos en la nada. No nos importa si lo que existe nace sin razón y se mantiene por debilidad hasta que muere por casualidad. Pensamos en nuestro bienestar, que hemos labrado durante años de esfuerzo y ahorro, y que ahora pone en peligro la incuria y la inoperancia de unos gobernantes ineptos.

Gijón, 5 de Noviembre de 2009

José Luis Valladares Fernández