Mostrando entradas con la etiqueta José María Barreda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José María Barreda. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de enero de 2012

SEGUIMOS CON PROBLEMAS EN SANIDAD

Tanto en el proceso electoral del pasado 22 de mayo como en el más reciente del 20 de noviembre, se utilizó sin miramientos, como arma arrojadiza, el Estado de Bienestar y los recortes en los servicios básicos. La crisis económica y los gastos excesivos del Gobierno central, de las Comunidades Autónomas y de algún que otro Ayuntamiento auguraban amenazantes déficits públicos que habría que controlar obligatoriamente de alguna manera. Los partidos políticos con posibilidades, conscientes de la necesidad imperiosa de un cambio radical, han comenzado a lanzar al aire abundantes consignas de austeridad.

Las últimas elecciones autonómicas propiciaron cambios de Gobierno muy sonados, como el de Castilla-La Mancha y el de Extremadura. Unos meses antes se había producido también el relevo al frente del Gobierno  en la Generalitat de Cataluña. Después de la investidura de los nuevos presidentes electos, aparece en toda su crudeza la verdadera y espeluznante realidad del elevado déficit  de las cuentas autonómicas. Se esperaba que las deudas superaran con creces lo que se decía en las comunicaciones oficiales preparadas para el traspaso de poderes. Pero la realidad sobrepasó hasta los peores pronósticos imaginados, sobre todo en el tradicional feudo socialista de Castilla-La Mancha y también en la Generalitat catalana del socialista José Montilla y del nefasto Tripartito. 

Las aberrantes deudas con que se encontró el Partido Popular en la comunidad castellano-manchega, al sustituir a José María Barreda al frente de la misma, dieron pié a que los candidatos de dicho partido a las próximas elecciones del 20 de noviembre insistieran con más fuerza en  la necesidad de aplicar políticas rigurosas de ajuste para controlar definitivamente el desmadrado déficit público. La insistencia en señalar la necesidad de ser extremadamente austeros para salir de la crisis ha despertado el temor de los ciudadanos a que se produzcan  recortes en los servicios públicos, mostrándose especialmente inquietos por si esos recortes se producen dentro del sistema público de salud.

La decisión de Artur Mas de eliminar camas en los hospitales, reducir personal e incluso cerrar ambulatorios ha contribuido decisivamente a que aumente el nerviosismo de los ciudadanos por miedo a que se haga lo mismo a nivel nacional. También ha influido mucho en esa razonable preocupación ciudadana,  el empecinamiento de los socialistas en insistir continuamente en que Mariano Rajoy tiene decidido efectuar un amplio recorte en el Estado de Bienestar. Todo esto ha influido para que la sanidad se haya convertido ya en el cuarto mayor problema de los españoles.

Todavía en el mes de julio pasado, la preocupación por sanidad solamente inquietaba al 4,3% de la población española, ocupando el décimo lugar en la lista general de preocupaciones. En la encuesta de noviembre, el porcentaje de preocupación ha crecido más de tres puntos, situándose en el 7,7%, por encima incluso de educación. Según la última encuesta del CIS, solamente hay tres cosas que preocupan  más a los españoles que la sanidad: el paro en un 83,0%, los problemas económicos en un 48,2% y la clase política en un 22,6%. Después ya viene sanidad.

Suelen presumir en el PSOE que nadie ha dotado de tantos medios económicos a la Sanidad Pública como ellos.  Que gracias a ellos, el sistema de salud español compite, en plan de igualdad, con cualquiera de los países de nuestro entorno. Y no es verdad ni lo uno ni lo otro. Relacionando el gasto sanitario con el Producto Interior Bruto, estamos casi un  punto por debajo de la media de los 15 países con mayor antigüedad en la Unión Europea. Nuestro gasto público sanitario a finales de 2007 por ejemplo representó el 6,1% del PIB, mientras que la media comunitaria estaba en un 7,06%. Si es cierto, en cambio que los socialistas aportaron al sistema  sanitario español mucha más burocracia que los demás partidos.

A pesar del desfase en gasto sanitario con relación a la media de UE, el Gobierno socialista, afortunadamente ya en su casa por decisión soberana de los ciudadanos, ponía el grito en el cielo por el elevado coste que tiene la Sanidad para las arcas públicas. Y culpaban de ello al envejecimiento innegable de la población española, al aumento demográfico  y, sobre todo, a la   espectacular escalada del número de recetas y visitas al médico por cada ciudadano español. Silenciaban, sin embargo, la excesiva burocratización que ellos introdujeron en el Sistema Nacional de Salud y que dio lugar  a que se contrataran más personas de las que objetivamente eran necesarias.

De las personas contratadas innecesariamente, las que no fueron contratadas a dedo por ser familiares o amigos del Gobierno, lo fueron porque se les debía algún favor político. Y la mayor parte de ellas para ocupar puestos directivos y de altos cargos con sueldos suculentos. Es cierto que trataron de aliviar la presión presupuestaria para garantizar la sostenibilidad de la Sanidad Pública, pero centraron equivocadamente todos sus esfuerzos en reducir el coste farmacéutico, obviando los gastos ocasionados por la inflación absurda de personal. Así que impusieron una rebaja del 15% del precio de los medicamentos con más de diez años en el mercado. Obligan a la vez a los médicos a recetar por principio activo en lugar de hacerlo  con el nombre comercial. Así, el farmacéutico estará obligado a despachar siempre el de menor precio.

La ya ex ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Leire Pajín, insinuó que sería muy interesante que los ciudadanos abonaran una cantidad “simbólica” por ir al médico. Según ella, ese copago sanitario “simbólico” garantizaría un uso más racional de los servicios médicos y serviría además para “garantizar la sostenibilidad” del Sistema Nacional de Salud. Pero ni Leire Pajín, ni los demás miembros del Ejecutivo se atrevieron a poner en marcha una medida disuasoria como esta, para reducir las visitas de los usuarios a los médicos, por el enorme impacto social negativo que hubiera causado.

El presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, si se atrevió a exigir a los usuarios  un euro por receta despachada, pero tal medida no va a suponer ninguna solución definitiva al desfase presupuestario de Sanidad, como tampoco hubiera solucionado el problema el Gobierno central  si hubiese implantado el  copago sanitario. Quizás habría supuesto un alivio inicial, pero nada más. Para llegar a una solución contable firme, más que recortes en los servicios y mucho más que imponer ocasionalmente cargas adicionales al usuario, se necesita gestionar mejor los recursos disponibles, optimizando su utilización de la manera más rentable posible.

Una mejor gestión de los recursos disponibles implica, ni más ni  menos, organizar mejor los procesos, los medios de diagnóstico y las formas de trabajar para ser más eficientes. Y para conseguir esto, es preciso que se prescinda rigurosamente de la jerarquía política y entregar la dirección de los diferentes centros del Sistema Público de Salud a profesionales cualificados. De dirigir un servicio como éste con criterios políticos a hacerlo exclusivamente con criterios profesionales hay un abismo. Sobran también, como no, los distintos chiringuitos que se crearon en Sanidad para dar cobijo laboral a familiares, amigos y paniaguados de toda casta, que no aportan nada al sistema sanitario, salvo el incremento de un gasto inútil.

Si los servicios sanitarios dependieran exclusivamente de profesionales competentes, primaría la eficiencia sobre cualquier otra consideración de tipo político, aprovechando mucho mejor todos los recursos sanitarios disponibles. Está fuera de toda duda, que el sistema sanitario tal como está ahora no funciona y es tremendamente ineficiente. Además de dejar en manos de expertos profesionales la dirección de Sanidad, no estaría de más reducir de forma significativa las diferencias interregionales para lograr una cartera de servicios comunes. Esto supondría recuperar las competencias sanitarias y reconstruir de nuevo el antiguo Insalud, en lugar de mantener los costosos 17 sistemas sanitarios.

La dispersión de competencias de sanidad ha deteriorado notablemente  el Sistema Público de Salud, encareciéndolo de manera evidente. Con la recuperación de las competencias por parte del Estado, evitaríamos los agravios comparativos entre los usuarios de las distintas Autonomías, la atención médica mejoraría su calidad y, por si esto fuera poco, el coste de los servicios sería considerablemente inferior.

Gijón, 26 de diciembre de 2011

José Luis Valladares Fernández

martes, 20 de septiembre de 2011

LOS DESMADRES DE JOSÉ BLANCO

Cada vez que José Blanco aterriza en una de las emisoras que ideológicamente están en línea con el Gobierno y da rienda suelta  a su verborrea disparatada, me acuerdo de aquel fragmento de La vida es sueño donde Calderón de la Barca, dirigiéndose a los cielos, pregunta qué delito pudo cometer naciendo. Y es que, dejando a un lado el delito de haber nacido, algo muy grave habremos hecho  para que se nos condene a escuchar impávidos las tremendas bufonadas de  Blanco. Y es que en su discurso no hay ideas, ni hay propuestas coherentes que sirvan para solucionar alguno de los muchos problemas que padecemos. Para hacer más odioso su discurso, no hace más que repetir, una y otra vez, las habituales diatribas con que obsequian diariamente al Partido popular.

Hoy fue en Radio Nacional de España, pero pudo haber sido en la Cadena SER, en Punto Radio  o en cualquiera de las televisiones que siguen fielmente los dictados de La Moncloa. El portavoz del Gobierno y ministro de Fomento, José Blanco, se desmelenó en las críticas y fue elevando su tono en cada acusación que lanzaba contra el Partido Popular. Contribuyó a ello la actitud parcial del conductor del programa que no hacía más que jalearle, incitándole a ir cada vez más lejos. Los reproches más ácidos  fueron dirigidos contra Mariano Rajoy, al que acusa de “defender a rentistas” con su posición en contra del impuesto de patrimonio, justificar los recortes sociales en las Comunidades donde Gobierna el Partido Popular y, como no, impulsar con el tiempo el copago sanitario.

Según José Blanco, es intolerable que el presidente del Partido Popular haya "salido a defender a un amigo rentista y a justificar los recortes en educación y en sanidad" que se están aplicando ya en varias comunidades autónomas regidas por el Partido Popular. Dice que el Partido Popular está enseñando “un poco la patita” y que los ciudadanos no tardarán mucho en darse cuenta "poco a poco de lo que hay detrás de su pensamiento". Y Blanco eleva su tono cuando afirma que con Rajoy "los que tienen más no pagarán más aunque eso suponga tener menos profesores y una sanidad con recortes”.

Las andanadas de Blanco van dirigidas también contra la Fundación FAES, “el laboratorio de pensamiento del PP”, por haber elaborado el documento que recomienda la próxima introducción del copago sanitario. Dice que se ha hablado poco de este documento porque Mariano Rajoy  ha pedido “que se meta en el congelador”. Pero para Blanco "el informe está ahí" en el que se establece claramente que "por ir al médico habrá que pagar una cantidad, y eso se llama copago". Acusa al líder popular de ser muy poco preciso en las propuestas que hace y en las opiniones que emite, porque está convencido de que "la indefinición le puede llevar a la victoria electoral".

Llama la atención  la dureza empleada por José Blanco para criticar la actuación de Esperanza Aguirre en Madrid y de María Dolores de Cospedal  en Castilla-La Mancha. Habrían iniciado ya, de acuerdo con Rajoy, su particular acoso y derribo del estado de bienestar, imponiendo duros recortes en sanidad y educación. Además del evidente deterioro de la sanidad pública que van a sufrir en breve los usuarios de la misma, el aumento de horas lectivas para el profesorado, según Blanco,  afectará directa y negativamente a la calidad en la educación, ya que disminuirá drásticamente el número de profesores interinos.

Se olvida José Blanco, sin embargo de lo que se cuece en la Junta de Andalucía. Fue esta Comunidad, y no Madrid, la primera que pasó de 18 a 20 horas lectivas y no se levantó ningún revuelo. Las protestas y hasta la huelga aparecen ahora en la Comunidad de Madrid, cuando en realidad no ha hecho más que copiar lo que ya se había hecho en Andalucía un año antes. Ahora la Junta de Andalucía, aunque se vanagloria de no haber efectuado “ningún recorte”,  ha ido más lejos y aparta  a unos 500 profesores interinos de su trabajo como profesores en la Educación Infantil, en Primaria y en Educación Especial. Y tampoco esto ha dado lugar  a ningún tipo de protesta.

Aunque José Blanco lo silencie, es bastante más sangrante lo que tenía preparado para Castilla-La Mancha el inefable José María Barreda. Según revela El Mundo, el ex presidente Barreda había preparado un plan, en connivencia con el Ministerio de Economía,  mucho más draconiano que el de María Dolores de Cospedal, y que hubiera aplicado sin duda alguna en Castilla-La Mancha si no hubiera perdido las elecciones. Lógicamente él lo negará ahora, pero las evidencias cantan. Si los manchegos le hubieran renovado su confianza, Barreda tenía previsto, ahí es nada,  hasta privatizar colegios y residencias de mayores y  pasar a régimen de peaje las autovías y autopistas de la Comunidad.

Para el ministro de Fomento, José Blanco, lo mismo que para todo el PSOE, el bienestar social únicamente está en peligro cuando gobierna la derecha. Con los socialistas no hay problema. Como mucho, pueden hacer algún ajuste menor, pero solamente para preservarlo. La historia, que es terca como la realidad, nos dice todo lo contrario, que los mayores recortes, y los más incomprensibles, los han protagonizado siempre los Gobiernos de izquierda. Ahí están, por ejemplo, los recortes del Gobierno de Zapatero con la reducción de los salarios a los trabajadores públicos y la congelación de las pensiones. Y no se lo recuerdes, porque te acusarán de que les estás atacando de un modo absolutamente despiadado y furibundo. No obstante esto, va Blanco y dice: “somos un país serio”

Gijón, 19 de septiembre de 2011

José Luis Valladares Fernández