miércoles, 29 de diciembre de 2010

SANTIAGO CARRILLO AL DESNUDO

Quizás no interese tanto a nadie, como a Santiago Carrillo, permanecer en un segundo plano, a resguardo de los focos indiscretos que ponen al descubierto su vida, sus obras y todos sus milagros. Quizás falló el Hada Azul, olvidándose de asignar a Carrillo su correspondiente Pepito Grillo que lo aleje de los problemas y lo aconseje ante situaciones difíciles. O a lo mejor es el propio Carrillo que, como Pinocho, no escucha a su Pepito Grillo particular y se mete adrede en todos los charcos que encuentra en su camino. Da la sensación de que a Santiago Carrillo le va la marcha y no le importa demasiado que hurguen en su pasado y le acosen por la calle o en los actos públicos en que intervine.
Le falta muy poco a Santiago Carrillo Solares para sentirse orgulloso de su pasado. Por eso no duda en afirmar en sus ‘Memorias’: “cuando hago el balance de mi trayectoria lo hago convencido de haber mantenido en lo fundamental una coherencia clara”. Y en otro párrafo agrega cínicamente: “Pero estoy muy tranquilo, habiendo hecho todo lo que he podido hacer; he cometido errores, pero no fundamentales”. Evidentemente su conciencia no le remuerde en absoluto. No le remuerde, no porque no haya cometido toda clase de crímenes y las atrocidades más espantosas. Es más sencillo que todo eso, no le remuerde, porque no la tiene.
Ahora el Ayuntamiento de Gijón provoca la ira de los que conocen la historia, y saben cómo se comportó Carrillo, durante la guerra civil ejerciendo de Consejero de orden Público en la Junta de Defensa de Madrid, y posteriormente ostentando el cargo de Secretario General del Partido Comunista de España. Porque los crímenes de Carrillo no se circunscriben a su etapa como Consejero de Orden público. Fue también inmisericorde, desde su exilio dorado tras el telón de acero, hasta con aquellos conmilitones suyos que pudieran hacerle sombra. Los crímenes execrables de Paracuellos del Jarama, y más aún, si cabe, los que perpetró contra sus propios compañeros, hacen de Carrillo un personaje extremadamente odioso y detestable. Y una persona así no está capacitada para convertirse, de la noche a la mañana, en hijo predilecto de Gijón ni de ningún otro sitio.
No se qué habrán visto en Santiago Carrillo los responsables de nuestro municipio para otorgarle semejante título. El papel jugado por Carrillo durante nuestra transición no es motivo suficiente para conseguir tal galardón. Pues a nadie se le escapa que, durante aquella época, actuó como actuó por puro interés personal. Carrillo nunca renegó de la revolución y su apuesta por la transición española fue claramente táctica. Se había dado cuenta de que su estrella, dentro del mundo comunista, había iniciado ya su declive. La descomposición misma del comunismo, como modelo ideológico, era ya imparable. Pues todos los intentos de socializar al resto de países que se habían mantenido fieles al capitalismo, habían resultado vanos e inútiles.
Buscando una mayor proximidad hacia las clases medias surgidas del capitalismo, aparece el intento de convertirse en partido de masas y poder así participar en elecciones pluripartidistas para tener opciones ciertas de gobierno. Así nace, de la mano de los comunistas franceses y de los italianos, lo que se conoció como eurocomunismo. A Santiago Carrillo le vino a pedir de boca el inicio en España de la transición democrática y la legalización del Partido Comunista. Con la restauración democrática y la implantación otra vez de los partidos políticos, encuentra en España todo un filón político muy oportuno para abandonar de una vez las incertidumbres en que le había sumido el comunismo soviético. De este modo podría contar con una base social muy amplia y no tendría problemas para implantar también aquí el eurocomunismo.
Es normal que quienes conozcan con detalle la trayectoria de Santiago Carrillo se opongan a que se le nombre sin más hijo predilecto de Gijón y de cualquier otra parte. Y es normal que le echen en cara todas sus atrocidades, que fueron muchas, aunque les tilden de extremistas de derechas, como hace Paz Fernández Felgueroso, alcaldesa del Ayuntamiento de Gijón. Los delitos de Carrillo son muy variados y van desde la conspiración abierta contra el orden democrático, hasta el ataque directo a las haciendas y a las personas con el resultado que todos conocemos. Comenzó su andadura criminal, siendo aún muy joven, tratando de encender la mecha de la Revolución de octubre de 1934 en Madrid, aunque aquí fracaso y terminó en la cárcel.
La vida política de Carrillo ha sido tan azarosa como larga y confesará muy ufano que ha mantenido siempre en alto la bandera de la resistencia antifascista. De ahí que no tenga por qué arrepentirse de nada. Siguiendo instrucciones directas de Moscú, que recibía a través del delegado de la Internacional Comunista y agente de Stalin, Vittorio Codovilla, dedica todo su esfuerzo en fusionar al PSOE y al PCE en un único “gran partido del proletariado” y a la formación de unas milicias armadas, los nefastos milicianos que desempeñaron un papel preponderante en la represión política y religiosa llevada a cabo durante la guerra civil.
Quizás no haya sido todo funesto lo derivado de la Ley de Memoria Histórica. Al menos ha servido para descubrir la historia auténtica de Santiago Carrillo. Este viejo e irredento comunista quería pasar por héroe de la Transición política, y esta inoportuna ley de Zapatero ha redescubierto nuevamente al auténtico criminal de Torrejón de Ardoz y de Paracuellos del Jarama. Los hechos son muy claros. Los responsables del Frente Popular recibieron de Moscú la consigna de aniquilar a la famosa “quinta columna” para evitar que las tropas de Franco encontraran ayuda dentro de Madrid. En cumplimiento de semejante consigna se acentuaron las detenciones, las torturas y los asesinatos, que ya se habían iniciado desde el comienzo de la Guerra Civil. Las llamadas sacas y las matanzas se aceleraron cuando Santiago Carrillo fue nombrado Consejero de Orden Público.
Entre los militares y hombres de carreras y aristócratas “paseados” o, como se dice en la declaración del compañero de fatigas de Carrillo, Ramón Torrecilla Guijarro, sometidos a “una evacuación…. definitiva”, nos encontramos con jovencitos, prácticamente niños que tenían la mala costumbre de asistir a misa. Por idénticas razones había también entre los asesinados, muchos sacerdotes y religiosos que tenían la osadía de creer en Dios. Y, cómo no, también había muchos seminaristas y muchas monjitas que, al parecer, representaban un gran peligro para la República. Cuando las tropas llamadas nacionales se aproximaron a Madrid, se acrecentaron los asesinatos de una manera notable. Fueron miles los presos civiles y militares que encontraron su “final de trayecto” en Torrejón de Ardoz y, sobre todo, en Paracuellos del Jarama.
Piensa Santiago Carrillo que, después de tantos años, ya no se acuerda nadie de sus crímenes. Olvida que hay documentos que lo incriminan directamente en las atrocidades cometidas en las checas madrileñas. Llega incluso a contarnos la patraña de que los generales Miaja y Rojo vivían “una solidaridad profesional con las familias de mandos del Ejército franquista que permanecían en Madrid” y que, por consiguiente, no le hubieran perdonado nunca si hubiera sido responsable de lo ocurrido en Paracuellos. Se declara inocente y achaca los asesinatos de esas columnas de presos por la carencia de medios de la Junta de Defensa para defenderlos en su paso por esos territorios, próximos a Madrid, donde tenían sus bases los “señores de la guerra”. De ahí que confiese cínicamente: “la única responsabilidad que puedo asumir, es decir, todo lo más que se me podría imputar es que no pudimos dar cobertura a esas columnas de presos porque no teníamos efectivos ni para defender Madrid”.
Los incontables crímenes de Carrillo continuaron aún después de terminada la Guerra Civil. Aquellos compañeros de partido o camaradas, como se decía entonces, que operaban en España un poco al margen de las directrices marcadas por el propio Carrillo y por Dolores Ibárruri, cómodamente instalados en el exilio, se les delataba a la Policía de Franco como le ocurrió al agente de la Komintern Heriberto Quiñones. Este procedimiento maquiavélico se repetirá con frecuencia con los que Carrillo consideraba disidentes, como es el caso de Jesús Monzón. A veces era algún enviado de Carrillo el que ajusticiaba directamente a los discrepantes, como les pasó, entre otros a Gabriel León Trilla y a Víctor García García. Pero, eso sí, en estos casos procuraba hacer creer a la familia que había sido la Guardia Civil la causante de su muerte.
A grandes rasgos, estos son los delitos y los crímenes de Santiago Carrillo que trata de ocultar o de disimular, pero de los que nunca se ha arrepentido. En su fuero interno aún piensa que rindió un gran tributo a la libertad y a la democracia, entendidas libertad y democracia como las entendía el propio Stalin. No se le pueden exigir responsabilidades por este tipo de delitos, pues fueron amnistiados por Franco primero en 1966 y posteriormente en 1977 al producirse la transición democrática. Pero sí podemos impedir que se olviden sus actos y que trate de justificar ante nosotros lo que realmente es injustificable. Todos sabemos que Santiago Carrillo ha blindado su conciencia y ha utilizado conscientemente la maldad por sistema. Y este modo de proceder, en realidad, le hace especialmente odioso a la sociedad responsable.

Gijón, 15 de diciembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

domingo, 26 de diciembre de 2010

EL SISTEMA DE PENSIONES A DEBATE

Con la llegada de la actual crisis económica y la falta de una respuesta adecuada por parte del Gobierno se han trastocado muchas cosas, entre otras, la estabilidad del sistema de pensiones. No quiso José Luis Rodríguez Zapatero reconocer a tiempo el problema que se avecinaba y ahora pagamos todos las consecuencias. Hasta se atrevió a tachar desvergonzadamente de antipatriotas a quienes avisaban de que la crisis estaba ya haciendo estragos en nuestra economía. Y cuando ya no pudo negar la evidencia, no supo adoptar las medidas oportunas y las pocas que tomó fue ya demasiado tarde, por lo que resultaron totalmente estériles.
Así las cosas, algo habrá que hacer para prevenir la quiebra de la Seguridad Social y garantizar la percepción de las pensiones dentro de unos años. Son varios los puntos que inciden negativamente sobre nuestra economía y que contribuyen de manera notable en acrecentar las dificultades que hacen inviable el actual sistema de pensiones. Los cinco millones de parados por un lado, determinantes de que sean muy pocos los que, en este momento, están cotizando a la Seguridad Social. Por otro lado el excesivo déficit que soportamos que por lo que parece no hay manera de reducir, y el descalabro real de las finanzas públicas que han provocado un fuerte y peligroso incremento de la deuda pública y que en el año 2011 representará al menos el 72% del PIB. Esto sin contar el considerable endeudamiento de las entidades autonómicas y locales y la deuda privada.
Una recuperación económica que diera lugar a un aumento significativo de cotizantes a la Seguridad Social, se aplazaría al menos la urgencia en tomar medidas drásticas, que no gustan a nadie, sobre el sistema público de pensiones. Podría demorarse lo que ya ha comenzado a llamarse el “pensionazo”. Pero con este Gobierno, la solución a la crisis y la creación de empleo, visto lo visto, es totalmente imposible. Son incapaces de asumir el reto de la economía española de absorber a la mayor parte de esos cinco millones de desempleados. A la vista de estos datos, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo económico (OCDE) ha preparado un informe en el que advierte que nuestro modelo de pensiones “es demasiado generoso” y que el gasto público registrará un incremento sustancial como resultado del envejecimiento de la población. Para solucionar esto, recomienda retrasar la jubilación hasta los 70 años y computar toda la vida laboral para determinar la cuantía de la pensión.
El Gobierno, consciente de la gravedad del problema y a pesar de la oposición frontal de los sindicatos, quiere retrasar la edad legal de jubilación hasta los 67 años. Pretende además elevar el número de años cotizados para el cálculo de la pensión, de los 15 actuales, hasta los 20 ó 25 últimos. Esto supondría ya una rebaja media del 5% al 10% en las futuras prestaciones. Mantiene en cambio los 35 años actuales de cotización para tener derecho a la pensión máxima. Los sindicatos de la UGT y de CC.OO. ya han puesto el grito en los cielos y han amenazado con una nueva huelga general si por fin se adoptan las reformas anunciadas.
Sin embargo a la OCDE le parecen insuficientes y un tanto descafeinadas las modificaciones que pretende incluir el Gobierno. Dice que se hace imprescindible una reforma mucho más contundente que la anunciada. Esta organización de cooperación internacional considera “bienvenidos” los 67 años como nueva edad legal de jubilación tal como propone el Gobierno de Zapatero, e indica que hay que ir más lejos si es que se quiere mantener la sostenibilidad del sistema público. Dependiendo de la evolución de la esperanza de vida, con el tiempo habrá que retrasarla hasta los 70 años. Y es indispensable ampliar el periodo de cálculo a toda la vida laboral, para que el recorte medio de las futuras pensiones sufra un recorte de alrededor de un 30%.
Teóricamente todo esto estará muy bien, pero en las circunstancias actuales, a donde nos ha llevado la incuria de Zapatero, hay algo que no cuadra, que resulta demasiado extraño y llamativo. Queremos retrasar la edad de jubilación a los 67 años, cuando todos sabemos que son muy pocos los que se jubilan a los 65 años. Lo normal es que se prejubilen, como mucho, a los 55 años y otros incluso antes de cumplir los 50 años. Ahí está el caso actual de las Cajas de Ahorro que pretenden realizar ahora unas 20.000 prejubilaciones a costa de todos y todos entre los 54 y 55años. De todos modos, me parece una aberración que haya trabajadores en activo con más de 65 años, cuando tenemos a más de un 40% de la juventud en el paro.
Tampoco resulta ética y estéticamente correcto que se amplíe el número de años de 15 a 20 ó 25 para realizar el cálculo de la pensión y exigir los 35 años de cotización, o incluso más, para tener derecho a la pensión máxima, cuando hay un grupo privilegiado, los políticos que, de manera insultante, tienen derecho a esa pensión máxima cubriendo solamente dos legislaturas en El Parlamente o en El Senado. Y además, ya lo han dicho, no renuncian a esa gabela, ni admiten que se les rebaje el sueldo. Según esto, parece ser que la igualdad ante la ley de que nos habla la Constitución es un cuento, ya que unos son más iguales que otros.

Gijón, 21 de diciembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

viernes, 24 de diciembre de 2010

FELICITACIÓN NAVIDEÑA

Las Navidades son fechas de Paz, de Amor y de Perdón. Quiero aprovechar la ocasión para felicitar estas fiestas efusivamente a todos los amigos que se aventuran a entrar en este blog.
Y tratando de ser coherente con la primera fase, felicito tambien a todos, a los socialistas tambien y,como no, a José Luis Rodriguez Zapatero.



¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!! ¡¡¡¡Y un año 2011 mejor que el que ahora termina!!!!

martes, 21 de diciembre de 2010

DOGMATISMO SECTARIO DEL GOBIERNO

De todos es conocida la historia de aquel famoso hidalgo, de sobrenombre Quijada o Quesada, que en “los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año)”, según nos cuenta Miguel de Cervantes, leía sin control todos los libros de caballería que caían en sus manos. Su curiosidad por este tipo de literatura fue tal, que hasta enajenó parte de su hacienda para hacer acopio de tales libros. Y los leía con tal fruición, sobre todo los del famoso Feliciano de Silva, que se pasaba las noches en claro, hasta que se le secó el cerebro y perdió el juicio por completo.
No parece que José Luis Rodríguez Zapatero sea un ávido lector de ningún tipo de lectura, y menos de aquella que trate de temas de hidalguía y caballerosidad. Pero da la sensación de que, imitando a Don Quijote, también él ha perdido el juicio, aunque aún no sabemos el motivo. Si es cierto que, desde que es presidente del Gobierno, más que remediar situaciones, las complica y suele ir de despropósito en desproposito. Al famoso hidalgo Don Quijote, le dio por hacerse caballero andante y salir en busca de aventuras para acrecentar su honra, rescatando damas y deshaciendo toda clase de entuertos, aunque para ello tuviera que presentar batalla a esos fornidos gigantes que veía en los molinos de viento.
Al parecer, a Rodríguez Zapatero le ha dado por encerrarse en el camarote de los hermanos Marx con alguno de sus palmeros, para estudiar la fórmula que le permita irnos cocinando a fuego lento, a base de Memoria Histórica, de laicismo y de otras zarandajas por el estilo. Convencido de que él es el propio Groucho redivivo, se empecina en salvar lo que previamente ha hundido. Pero como carece del ingenio del auténtico Groucho Marx, los resultados son cada vez más catastróficos. Trata de elaborar proyectos y dictar reformas para frenar el desconcierto mayúsculo de nuestra economía, pero sin término medio, o llegan tarde o no hacen otra cosa que acelerar la descomposición de España.
Desgraciadamente no podemos esperar otra cosa de Zapatero y tampoco de su Gobierno, ya que, para no desentonar con el presidente, está formado de manera exclusiva por gente de andar por casa, que o no van más allá de una vulgar medianía o son perfectas nulidades. Obligados a reducir gastos por imposición directa de Bruselas, no se les ocurre otra cosa que restringir las dotaciones dedicadas a inversiones productivas y a gastos sociales, aumentando simultáneamente los gastos corrientes y burocráticos. Y además siguen con su política nefasta de conceder subvenciones absurdas, como la que acaban de dar ahora a Marruecos, de nada menos que 800.000 euros para organizar un festival de Hip Hop. A parte del dinero empleado en comprar votos, que ha sido mucho, y lo dilapidado para procurarse amistades y en domesticar a los dirigentes sindicales, se han fundido absurdamente millones de euros en los famosos Plan E que los Ayuntamientos dedicaron a construir desde acuarios hasta canchas de pádel y en reconstruir y ensanchar aceras.
Se trata de un Gobierno dogmático y tan simplón que, cuando sube el paro, lo achacan a que aumenta la población activa y, en consecuencia, a que son más las personas demandantes de empleo. Nunca es debido, según ellos, a la destrucción de empleo ocasionada casi siempre por su mala gestión. Si se trata de valorar la marcha negativa de nuestra economía, entonces aparecen como culpables indefectiblemente Aznar, Bush e incluso Ronald Reagan y, como no, los banqueros y los insaciables especuladores. La sumisión ciega y oportunista de los palmeros de Zapatero les lleva a eximirle de toda culpa y, faltaría más, ponen todo su empeño en promocionar su imagen.
Es tan presuntuoso nuestro presidente del Gobierno, que ha llegado a afirmar que no se puede hablar de derechos sociales con el Partido Popular. Se basa Zapatero para tan peregrina afirmación en que este partido, nunca ha hecho políticas sociales, ni siquiera cuando Aznar estuvo al frente del Ejecutivo. Según la torpe percepción del presidente actual, ésta ha sido siempre una labor realizada exclusivamente por el PSOE. Y es lo que, según dice, está haciendo él, a pesar de las dificultades que impone la persistente crisis económica. Por lo visto debe ser muy social recortar los ingresos de los más débiles, como son los trabajadores públicos y los pensionistas, y favorecer el aumento de las listas del paro, mucho más, por supuesto, que favorecer la creación de empleo que es lo que hizo Aznar. Indemnizar a los parados, según parece, está más de acuerdo con una buena política social que el darles un puesto de trabajo.
Como en tiempos de Felipe González, corren otra vez malos tiempos para las pensiones. Entonces estuvieron a punto de hacer crac, pero se conjuró el peligro con la llegada de Aznar a La Moncloa. Con su política liberal, José María Aznar, además de crear casi cinco millones de nuevos empleos, fue capaz de estabilizar y levantar la situación de quiebra técnica de la Seguridad Social. Más aún, creó en 2003 el denominado Fondo de Garantía de las Pensiones, al que por ley debía ir a parar el superávit de la Seguridad Social de cada año. Ahora con Zapatero hemos vuelto a la situación de los tiempos de Felipe González. Al aplicar ciegamente el dogmatismo ideológico propugnado por el socialismo, se ha vuelto a disparar el paro y estamos ya por encima de los cinco millones de parados. Esta situación ha provocado una alarmante disminución de las cotizaciones.
Como a pesar de todo, nuestro Gobierno quiere mantener el demencial tren de gastos actual, al recaudar mucho menos dinero y aumentar los gastos para hacer frente a los subsidios de paro, no le queda otra que emitir deuda hasta unos niveles que resultan altamente peligrosos e inasumibles. Los manejos especulativos sobre nuestra deuda soberana, la poca credibilidad del Ejecutivo y las subidas fiscales hacen que los inversores duden de nuestra solvencia. Esto ha supuesto una huida masiva de capitales y una subida del déficit exterior hasta límites insospechados. Nuestra deuda externa supera ya el billón de euros y, al gastar alocadamente más de lo que producimos, nuestra necesidad de financiación extra sigue aumentando de manera notable.
No es de extrañar que el Estado, en estas circunstancias, trate de acaparar la mayor parte del capital disponible, que no es mucho, para financiar la deuda en que se ha embarcado. De ahí que los responsables del Ministerio de Hacienda hayan puesto los ojos en ese Fondo de Garantía de las Pensiones. Hasta ese momento, la mayor parte de ese Fondo estaba invertido en deuda alemana y francesa, que son activos de máxima seguridad. Como no es fácil colocar nuestra deuda, el Gobierno comete la torpeza de vender esos bonos germanos y galos del Fondo de Garantía e invierte su importe en la devaluada y problemática deuda española. Rodríguez Zapatero y su Gobierno tienen muy a menudo estas genialidades.

Gijón, 19 de diciembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

viernes, 17 de diciembre de 2010

DONDE LAS DAN, LAS TOMAN

Hace ya mucho tiempo, allá por el sigo IV antes de C., a Antístenes y a Diógenes de Sinope se les ocurrió reinterpretar, aunque no con mucho acierto, las enseñanzas impartidas diariamente por Sócrates en el Ágora de Atenas. Así apareció en la antigua Grecia una nueva filosofía que, en realidad, no tenía nada que ver con la doctrina socrática y que conocemos con el nombre de filosofía cínica. De siempre, el cinismo ha sido un distintivo característico de los socialistas. Y entre ellos, como discípulos aventajados de Antístenes, nos encontramos con los socialistas españoles y sus palmeros. Manejan como nadie la anaideia, que es el nombre mitológico que los antiguos griegos daban al daimon o espíritu de la desvergüenza y la provocación. A cinismo no hay quien los iguale y lo practican de un modo extremadamente irreverente e inmisericorde.
Hay veces que se cansan de lanzar escupitajos a los adversarios políticos, tachándoles de corruptos, unas veces con razón y otras sin ella, sin pensar que ese escupitajo les puede caer encima. Es el caso del portavoz del PSOE en Valencia, Ángel Luna y del fiscal del “caso Palma Arena”, Pedro Horrach. El “caso Gürtel” que, al menos en sus derivaciones valencianas ha sido intencionadamente magnificado, ha servido a Ángel Luna para lanzarse sin contemplaciones a la yugular de Francisco Camps. Está bien que se investigue el alcance del “caso Gürtel” y sus implicaciones y se pidan toda clase de responsabilidades. Pero sin contravenir las más elementales normas judiciales, respetando siempre los principios básicos de presunción de inocencia y no condenar a nadie antes que lo haga el juez.
Por lo que se ve, no todos los casos de corrupción son iguales, ni todos merecen la misma publicidad aunque sean más graves. En el “caso Pretoria” de Santa Coloma, por ejemplo, media mucho más dinero que en el “caso Gürtel” y no ha sido tan aireado como este ni en la prensa ni en la televisión. A unos se les detiene ante las cámaras de televisión, mientras que a otros se hace de tapadillo para que no trascienda. En el “caso Gürtel” valenciano se han violado todos los derechos, menudeando las filtraciones judiciales sin el menor sentido de responsabilidad, provocando la indefensión de los encausados. Todos hemos visto por televisión al personaje menos indicado, Ángel Luna, exhibiendo ufano, desde la tribuna de oradores, un documento de la Brigada de Blanqueo de Capitales del Cuerpo Nacional de Policía que estaba bajo secreto sumarial.
No acaba aquí la desfachatez del portavoz del PSOE en las Cortes Valencianas. Después de un duro debate sobre temas económicos y a pesar de haber trascendido ya su implicación en un claro caso de cohecho, se atreve a lanzar una pequeña piedra desde la tribuna de oradores, mientras pronunciaba aquella frase evangélica que, según San Juan, dirigió Jesús a los letrados y fariseos: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. El portavoz socialista y antiguo alcalde de Alicante perdía su control ante Camps y le dirigía epítetos de grueso calibre. Lo habitual era que lo tratara de delincuente por el dudoso asunto de los trajes. Y como suele suceder a quien no duda en escupir para arriba, a Ángel Luna le cayó encima su propio escupitajo, ya que fue imputado por el TSJ valenciano por un delito de cohecho.
Al parecer, según desveló en su día La Gaceta, Ángel Luna adjudicó al empresario Enrique Ortiz obras por valor de 7,2 millones de euros. La compensación por estas obras, según revela ´Intereconomía’, se produjo dos años y medio después de que Luna dejara la alcaldía alicantina. Entre noviembre de 1997 y febrero de 1998, el empresario Enrique Ortiz, uno de los principales imputados en el “caso Brugal”, abonó una factura de 698.600 pesetas por la reparación de un piso propiedad de la mujer de Luna. Tampoco ha justificado Ángel Luna el pago de un Audi A6 que previamente había pertenecido a Ortiz. Como es normal, Ángel Luna se defiende afirmando que él pagó todas sus facturas, aunque no las conserva.
Un caso de cinismo similar a este lo tenemos en el caso del segundo fiscal Anticorrupción de Baleares, Pedro Horrach. Pedro Horrach, fiscal del “caso Palma Arena”, imputó un delito de falsedad documental a Jaume Matas, para el que solicitó tres millones de euros de fianza, que el ex presidente de Baleares tenía que depositar en 24 horas. Y se da la circunstancia de que el mismo fiscal, que se muestra intransigente con Jaume Matas, según se descubre ahora, escrituro dos casas muy por debajo de su valor de mercado. Se trata de un sobreático de 217 metros cuadrados, comprado en 1999 y un chale de 118 metros cuadrados construidos adquirido en 2006. Y no terminan aquí las andanzas irregulares del segundo fiscal Anticorrupción, Pedro Horrach, ya que el precio que consignó en el Registro de la Propiedad, también fue notablemente inferior a la tasación hecha por el banco BBVA.
El segundo fiscal Anticorrupción no se despacha solamente con este delito de falsedad documental. También se ha dedicado a negocios particulares de intermediación, incurriendo manifiestamente un una incompatibilidad, prevista en el estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal. Los hechos son estos. Se interesó primero, a través de Internet, por la compra de un hotel en Panamá y posteriormente por la compra de una fábrica de alimentos, ubicada también en Panamá. Y en ambas ocasiones, los correos electrónicos que buscaban ese contacto personal o pedían datos aclaratorios, partieron de un ordenador perteneciente al Ministerio de Justicia.
Tanto la conducta del portavoz del PSOE valenciano, Ángel Luna, como la del fiscal del “caso Palma Arena”, son sumamente cínicas o de auténtica cara dura. Ambos personajes, como todos los que presumen de progres, suelen actuar con este tipo de cinismo extremo, pero son incapaces de imitar la conducta de los creadores de la escuela cínica. Los creadores de la corriente filosófica cínica despreciaban las riquezas y todo aquello que pudiera ocasionarles preocupaciones materiales. Consideraban que hasta la misma civilización y sus diferentes formas de vida eran un mal del que había que prescindir. La felicidad y la libertad se conseguían llevando una vida simple y carente de necesidades.

Gijón, 15 de Diciembre de 2010

José Luis Valladares Fernández