viernes, 14 de agosto de 2015

PROMETER, SIEMPRE FUE MUY FÁCIL


Son muchas las familias españolas que, como consecuencia de la grave crisis económica soportada, terminaron viviendo situaciones auténticamente infrahumanas. Y a pesar de las continuas promesas de Zapatero, el futuro previsible era cada vez más negro e inquietante. Ante tales perspectivas, no es de extrañar que, al no encontrar solución alguna a sus problemas, la gente  se excite y se desespere. Y que los jóvenes, que son mucho más radicales y exigentes, protesten airadamente en la calle y traten de romper el orden constituido.

La actitud de los partidos políticos tradicionales, con su falta habitual de proximidad a los ciudadanos y su escasa sensibilidad ante los continuos casos de corrupción, exasperó aún más a todas esas personas que no encuentran la manera de solucionar su vida y la de los suyos. La desesperación terminó haciendo mella, sobre todo entre los jóvenes, que veían como se disipaban, una tras otra, todas sus posibilidades de salir adelante. Y todo este malestar creciente, provocado por la pésima situación económica, fue hábilmente explotado por la extrema izquierda, comandada, cómo no, por Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y todos sus agitadores profesionales.

Los miembros de esa izquierda ultra y radical son especialmente diestros en el manejo de la Comunicación y practican profusamente el populismo más descarado. No les detiene jamás ni la mentira ni el engaño. Halagan como nadie a los descontentos, a los que se sienten golpeados por la vida, susurrándoles al oído, lo que en realidad quieren escuchar.  Por complicados que sean los problemas, estos populistas ofrecen siempre soluciones extremadamente simples y son capaces de prometer hasta cosas imposibles.

Con sus sibilinas promesas, estos activistas de la extrema izquierda han engañado y despersonalizado  a mucha gente, que ya ha dejado de pensar y que se guía exclusivamente por sus sentimientos. Para que los ciudadanos no reflexionen y sigan ciegamente sus indicaciones, les ocultan los problemas reales, jamás les hablan de la pobreza personal y familiar o el paro institucionalizado, que es lo que realmente está condicionando su vida.  Para mejor seducir a todos esos descontentos y estimular adecuadamente sus sentimientos, les dan siempre buenas noticias, sean estas reales o inventadas.


Gracias a esa política populista, lograron que muchos jóvenes, desocupados y sin rumbo alguno, protagonizaran aquellas famosas acampadas en la Puerta del Sol y en otras plazas de muchas ciudades españolas y protestaran abiertamente contra los políticos tradicionales. Así fue como nació aquel famoso Movimiento 15-M o movimiento de los indignados que, instigados por los cabecillas del grupo, exigían cambios profundos e inmediatos en nuestro modelo democrático y económico. A partir de 2013, los encargados del adoctrinamiento de los que formaban parte de aquellas sonadas acampadas y movimientos asamblearios, comenzaron  a crear diversos colectivos políticos, vinculados todos ellos, cómo no, al Movimiento 15-M.


Podemos es también una de esas creaciones políticas, ligadas directamente, faltaría más, al movimiento de los indignados. Fue puesto en marcha por un grupo de profesores universitarios liderados por Pablo Manuel Iglesias Turrión. Estos profesores, durante varios años, estuvieron más preocupados de hacer política desde las aulas que de enseñar a los estudiantes. Aunque por razones obvias terminó transformándose en partido político, el movimiento ciudadano de Podemos fue concebido inicialmente como “un método participativo abierto a toda la ciudadanía”, sin otro objetivo que “convertir la indignación ciudadana en cambio político”.

Para los de la banda de Somosaguas, los partidos políticos clásicos carecían de decencia, no tenían nada de democráticos y hasta se despreocupaban de los derechos humanos. Dichos partidos están en manos de la “casta”, de esa minoría burguesa y corrupta que, en vez de trabajar para el pueblo, sirve descaradamente a la banca,  a las grandes eléctricas y, cómo no, al poder institucionalizado. Y los dirigentes de ese pequeño reino totalitario, que surgió a la sombra de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense, querían sorprender e ilusionar a los descontentos, ofreciéndoles una formación ciudadana nueva, libre de todos esos pecados, y que controle todos esos poderes y los ponga al servicio de la sociedad, donde prime siempre el interés de la mayoría.

De ahí que, en un principio, Podemos tuviera muy poco que ver con los partidos clásicos que conocemos. Para empezar, se parecía más a un estado de ánimo que a un partido político. Desde un punto de vista puramente teórico, Podemos carecería de orientación política y será de izquierdas o de derechas dependiendo exclusivamente de lo que quieran sus seguidores. Con este tipo de políticas a la carta, Pablo Iglesias y sus monaguillos, esperaban ganar las próximas Elecciones Generales. Y así, en vez de abrir una nueva legislatura, pondrían en marcha un proceso constituyente, controlado exclusivamente por  los ciudadanos y no por las élites políticas y económicas de siempre.

Con sus propuestas, aparentemente ilusionantes, los responsables de Podemos encandilaron a muchas personas, principalmente jóvenes, que estaban siendo duramente  castigadas por la crisis económica. Prometieron acabar de una vez con la lacra de la corrupción y con los escandalosos privilegios de "las élites corruptas defraudadoras e improductivas". No es de extrañar que muchos comenzaran a soñar que la tan deseada regeneración democrática estaba ya al alcance de la mano. . Pero llegaron las elecciones municipales y autonómicas del pasado 24 de mayo, y con ellas llegó la decepción más absoluta.

La mayor parte de las formaciones radicales que concurrieron a las elecciones municipales con otros nombres, llevaban en realidad el sello de Podemos, o estaban férreamente controladas por Podemos. No obtuvieron, es verdad, el resultado que esperaban, pero Pedro Sánchez, el secretario general del PSOE, les dio lo que les negaron las urnas. El líder socialista, por despecho y por animadversión hacia el Partido Popular, entregó a Podemos y a los demás movimientos alternativos, ayuntamientos tan importantes como el de Madrid, Barcelona, Valencia o Cádiz, entre otros.

Pero todos estos políticos ultraizquierdistas, que presumen públicamente de su integridad y de su honradez, son como el escudero de Guadalajara, y “lo que prometen a la noche no hay nada a la mañana”. Llamaban  “gentuza” y “ladrones” a los demás políticos y los acusaban de haber “metido la mano en la caja para destrozar lo público para dárselo a sus amigos". Pero la  imperecedera honorabilidad y las buenas intenciones de los que prometieron abrir puertas y ventanas y purificar el ambiente se volatilizaron totalmente cuando llegaron a las instituciones, ya que comenzaron a hacer las mismas cosas que  los demás políticos.

Ahí están, por ejemplo, los polémicos fichajes realizados por Manuela Carmena y por Ada Colau a la hora de formar los equipos de Gobierno de los ayuntamientos de Madrid y Barcelona. Jurarán, es verdad, que no ha hay el menor atisbo de enchufismo, y que se han guiado exclusivamente por el perfil técnico y profesional de sus fichajes. Si hacen eso mismo los partidos de la “casta”, esos actos reciben el calificativo claro de favoritismo o nepotismo político intolerable. Cuando lo hacen los de esa ultraizquierda zarrapastrosa, entonces no, porque tienen bula y, por supuesto, están por encima del mal y del bién.

A la nueva regidora madrileña, Manuela Carmena, le faltó tiempo para nombrar al marido de su sobrina, Luis Cueto Álvarez de Sotomayor, como Coordinador General del Ayuntamiento de Madrid. Y justifica este nombramiento, porque se ajusta estrictamente, según dice, a criterios de competencia profesional y experiencia y no hay asomo de incompatibilidad alguna, porque se trata de un grado de parentesco bastante lejano.

Desde sus tiempos estudiantiles, Ada Colau era una activista social totalmente comprometida con movimientos anti desahucios y anti globalización. Y cuando decide abandonar la primera línea de dicho activismo para dedicarse más seriamente a la política, promete erradicar cualquier vestigio de nepotismo. Tras las elecciones municipales, Colau fue elegida alcaldesa en la primera vuelta por la mayoría del pleno con los cuatro votos de los socialistas catalanes (PSC).

Tan pronto como Ada Colau fue investida alcaldesa, convirtió el ayuntamiento de Barcelona en una agencia de colocación familiar. Y como era de esperar, Adrià Alemany, pareja de Ada Colau, fue el primero en beneficiarse de esa política nepotista, practicada profusamente por quienes suspiraban por una urgente regeneración democrática. Alemany fue nombrado responsable de Relaciones Políticas e Institucionales del Ayuntamiento y, sin embargo, Ada Colau dice que “no hay nada ilegal ni inmoral” en esa contratación y tacha de “difamadores” e “intolerantes” a los que hablan de nepotismo, que son precisamente, según la propia Colau, “los que llevan décadas saqueando el país a manos llenas. ¡Lo que hay que oír!

Y no contenta con esto, a los pocos días de su investidura, la nueva alcaldesa de Barcelona contrata a dedo a Vanesa Valiño, como asesora del Ayuntamiento, sin pasar ningún proceso de selección. Estamos hablando de la actual compañera sentimental del número dos de Colau, Gerardo Pisarello, primer teniente de alcalde del Consistorio barcelonés.

Y como no podía ser menos, hay también miembros del partido morado que utilizan alegremente el “gratis total”, lo que hasta ahora era un privilegio de la “casta”. El cabeza de lista de Podemos en Tenerife, Francisco Déniz, como todos los miembros del Parlamento Canario, recibió un talonario de viajes, para el desempeño de su labor parlamentaria. Y Francisco Déniz los ha utilizado, cómo no, para asistir a reuniones propias del partido.

A estas alturas de la película, no creo que nadie piense que con estas personas podamos recuperar la transparencia y la regeneración democrática de la vida pública española, ya que, en muchos casos, han dejado cortos a los de la denostada “casta” política.  Está visto que, como reza un dicho popular, “no es lo mismo predicar que dar trigo”.

José Luis Valladares Fernández

8 comentarios:

  1. Poco han tardado en copiar los malos modos de aquellos a quienes criticaban. Por otra parte era lo que esperábamos... algunos.

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    1. Están ansiosos por conseguir un trozo de esa tarta que se disputan los políticos

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  2. Son tantos los diparates cometidos por los nuevos alcaldes,procedente de Podemos y otros aliados suyos,que la situacion se torna cada vez mas esperpenticas,saludos,

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    1. Y hasta que no conviertan a España en Venezuela, no paran. Saludos

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  3. El coletas, el becas y el evasor como "cientificos" políticos, conocen bien que en momentos de crisis hay una mayor población dispuesta a ponerse en manos de vendedores de crecepelo. Era su momento y han aprobechado el momento, aplicando en España la experincia que han acumulado en más de una década en Venezuela. Sus conocimientos no son teóricos, son prácticos.

    Y como conocedores de la historia, y como ha ocurrido tantas veces en la historia, han sabido manejarlo: Actualmente podemos se ha reconvertido en un partido fuertemente jerarquizado en el que nadie que no cuente con la simpatía del coletas y afines tiene oportunidad de llegar a la cúpula.

    Lo que no pueden venir ahora el PP y el PSOE con cara de sorpresa.

    http://pimientosfritos.blogspot.com/2014/11/pabro-iglesias-que-existan-medios.html

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    1. Claro que ni El PSOE, ni el PP están completamente al margen del auge de Podemos. Inocentemente, les abonaron el terreno

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  4. Hablar sólo es empezar y las crisis son terreno abonado para sacamuelas diversos, lo difícil es gobernar

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    1. Claro: una cosa en predicar, y otra muy distinta, es dar grano

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