miércoles, 24 de febrero de 2021

EL DESASTRE ECONÓMICO ESTÁ SERVIDO

 


 

En las Sátiras del antiguo poeta romano, Aulo Persio Flaco, aparece la máxima latina, Qui resistit, vincit que, traducida al español, sería utilizada profusamente por nuestro Premio Nobel  Camilo José Cela. Tanto en sus diálogos frecuentes, como en muchas de sus conferencias, sacaba a relucir esa sentencia, con estas u otras frases similares: “vence quien dura” o “en España quien resiste gana”. Y como no podía ser menos, la frase EL QUE RESISTE GANA terminó figurando como divisa de su escudo.

Y eso es precisamente lo que intenta hacer el presidente del Gobierno que nos han impuesto los enemigos declarados de España, resistir contra viento y marea, para terminar saliendo con la suya. No olvidemos, que Pedro Sánchez llegó de manera totalmente irregular a La Moncloa, porque su moción de censura contra Mariano Rajoy, no cumplía ninguno de los requisitos exigidos por nuestra Constitución.

Para empezar, el aspirante a regir los destinos de España, basó toda su argumentación en una valoración improcedente, que el juez José Ricardo de Prada introdujo de manera francamente arbitraria en la sentencia de Gürtel. Sin guardar la más mínima apariencia de imparcialidad, y con toda su mala intención de perjudicar al Partido Popular, dio por hecho que existía la famosa ‘caja B’ de este partido político.

Este entuerto del juez José Ricardo de Prada, que posibilitó esa moción de censura, fue oportunamente subsanado por el Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, de la siguiente manera: borrando ese inciso de la sentencia y apartando a ese juez del juicio pendiente sobre la financiación del Partido Popular, por su evidente falta de imparcialidad.

Y por si fuera esto poco, tampoco puede presumir el secretario general del PSOE de haber contado con una mayoría suficiente para llegar al poder, a través de la moción de censura. Si nos atenemos a los hechos, vemos que aquella mayoría era claramente ficticia. En aquella votación, más que un sí a Pedro Sánchez, encontramos un no rotundo a Mariano Rajoy, para que abandonara la presidencia del Gobierno. Querían hacerle pagar la postura inflexible que adoptó contra los organizadores del referéndum del 1 de octubre de 2017.

Según explica el propio Pedro Sánchez, presentó esa moción de censura para  “recuperar la normalidad institucional” y “regenerar la política española”. Por sus casos de corrupción, era intolerable que el Partido Popular siguiera al frente del Gobierno. Y hace esta afirmación, quién lo diría, el líder de un partido, que aún no ha sido capaz de explicar satisfactoriamente el paradero  de los 680 millones de euros, que desaparecieron  en Andalucía, cuando gobernaba allí el PSOE. Se trata, por lo visto, del mismo partido que creó la trama de las empresas de Filesa, Malesa y Time-Export, para financiar ilegalmente sus propios gastos.

Tenemos que reconocer, que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa como un caballo desbocado, con unas ansias locas de disfrutar del poder. Pero de momento tenía que ser muy cauto, ya que no contaba con más apoyos que sus 84 diputados. La primera prueba de su extremada debilidad, se la dieron los independentistas catalanes, cuando se negó rotundamente  a traspasar la línea roja de la autodeterminación de Cataluña. En esa ocasión, tanto las mesnadas de JxCat, como las de ERC rechazaron de plano los Presupuestos Generales del Estado y el presidente Sánchez se vio obligado a convocar elecciones generales.

Y acudió a esas elecciones, que se celebraron el 28 de abril de 2019, estando convencido de sacar un resultado plenamente satisfactorio para afrontar un Gobierno en solitario. Pero se equivocó de medio a medio, ya que ganó estos comicios, pero tuvo que conformarse con 123 diputados, y necesitaba 53 escaños más para poder gobernar sin ayudas foráneas.

 Como no se alcanzó ningún acuerdo para formar Gobierno, fue preciso volver a las urnas para salir de ese impasse. Y en el nuevo proceso electoral, que se celebró el 10 de noviembre de ese mismo año, se recuperó en parte la derecha, pero volvió a ganar Pedro Sánchez, aunque perdiendo, eso sí, 3 escaños. También perdió fuelle, qué le vamos a hacer,  Unidas Podemos, que  consiguió 7 diputados menos.

Pero hay que tener en cuenta que, ni el presidente Sánchez estaba dispuesto a abandonar el barco, ni el mefistofélico Pablo Iglesias quería perder tontamente la ocasión de sentarse en el Consejo de Ministros. Y puesto que, a cambio de la mesa de negociación bilateral con la Generalitat, podían contar con la abstención de ERC y de EHB, terminaron formando un Gobierno de coalición, que está guardando un cierto parecido con el lamentable ‘Frente Popular’ de 1936.

Sabemos que los Gobiernos que padecimos durante los últimos cuatro años eran extremadamente débiles. Todos vimos las dificultades que encontró Mariano Rajoy, para conseguir su investidura en noviembre de 2016. Y ya vimos que Pedro Sánchez, cuando aterrizó en La Moncloa, en junio de 2018, no contaba nada más que con 84 diputados. Y por si todo esto fuera poco, pasamos prácticamente todo el año 2019 con un Ejecutivo en funciones. Vivimos, por lo tanto, un periodo de inestabilidad política demasiado prolongado y negativo, que  debería haber terminado con el Gobierno de coalición, que se formó en enero de 2020.

Pero desgraciadamente no fue así. Al conseguir su investidura con tantos apoyos, y ver que podía hacer y deshacer  en el Gobierno a su antojo, el ególatra Pedro Sánchez se olvidó de los españoles. Y como todos los narcisistas, comenzó a pensar en sí mismo y a recabar alabanzas y distinciones, que creía propias del cargo que ostentaba.

Y como le urgía verse aclamado y vitoreado por el hecho de ser presidente, no quería  malgastar su tiempo ni en gobernar, porque  eso podía retrasar los vítores y los halagos que  esperaba. Comenzó dando rienda suelta a sus gustos faraónicos, desdoblando absurdamente algunos Ministerios, para rodearse nada menos que de 22 ministros y con 4 vicepresidencias. Sin lugar a dudas, tenemos el Gobierno más numeroso de los países de nuestro entorno.

Al aumentar el número de ministros, se multiplicaron desorbitadamente, como por arte de magia, los secretarios de Estado, los secretarios regionales, los subsecretarios y esa nube enorme  de asesores que, en muchos casos, son amiguetes o afines del que los elige y, muchos de ellos, sin preparación alguna. Pero tener el Gobierno más numeroso, no quiere decir en modo alguno, que sea el más eficiente. Es más bien, todo lo contrario. Es, eso sí, el más caro y el menos recomendable de todos, sobre todo, en tiempo de crisis económica.

Y para complicar aún más las cosas, Pedro Sánchez está gobernando a golpe de capricho y está gestionando terriblemente mal la pandemia que padecemos. En este caso, actúa como el perro del hortelano: como teme que pueda salir malparado, rehúye coordinar personalmente  la lucha contra la expansión descontrolada del coronavirus. Pero tampoco da libertad a las Comunidades Autónomas, para que se ocupen de ese cometido.

Y el resultado está ahí y es inapelable, ya que somos el país que ostenta  la mayor tasa de mortalidad de todo el planeta. Si nos hacemos caso de las estadísticas elaboradas por el propio Instituto Nacional de Estadística, aunque le moleste al Gobierno, encabezábamos notoriamente el número de fallecidos a causa de la pandemia. A mediados de enero de 2021, ya sobrepasábamos con creces la espeluznante cifra de 90.000 muertos por culpa del Covid-19.

Y esto, claro está, comporta otra serie de problemas igualmente graves. Por culpa de tan peligrosa plaga, la economía española ha sufrido un batacazo sumamente espectacular. Para encontrar una caída del PIB de un 11%, que registramos al finalizar el año 2020, quizás tendríamos que remontarnos a los años de nuestra Guerra Civil. Y no acaba aquí el desastre, ya que la Comisión Europea anuncia, que este año, tendremos una recesión del 12,4%.

Es verdad que la pandemia, ha golpeado por igual, sin excepción alguna,  a todos los países europeos. Pero todos ellos procuraron proteger apropiadamente sus economías. Y España no supo o no quiso hacerlo a tiempo, y sus medidas de confinamiento han hundido nuestra actividad económica, hasta límites insospechados hasta ahora. No es de extrañar, por lo tanto, que  tengamos más parados que nadie y que proliferen, cada vez más, las antiguas colas del hambre, que habían desaparecido casi por completo.

Estamos viviendo una situación enormemente crítica y complicada, y va a costar sudor y lágrimas mejorar nuestras expectativas. No podemos olvidar, que los dos máximos responsables del Gobierno carecen de principios, y que son muchos los españoles que han perdido la memoria y se dejan manejar tranquilamente y, así, no vamos a ninguna parte. Y los líderes del PSOE y de Unidas Podemos aprovechan esa circunstancia para tratar de imponernos un igualitarismo trasnochado y absurdo, copiando, por qué no, los postulados expresados por Praxágora, la protagonista de una comedia, escrita por Aristófanes en el siglo IV a. C.

En aquella ocasión, es verdad, los atenienses vivían una situación verdaderamente crítica por culpa  de la guerra del Peloponeso. En el año 415 a. C., los líderes políticos de Atenas reunieron una gran fuerza expedicionaria y, saltándose el tratado de la Paz de Nicias, desataron un ataque contra varios aliados de Esparta.

Pero se encontraron con una respuesta del ejército espartano, mucho más dura y contundente de lo que esperaban. Con la ayuda de Persia y de los sátrapas de Asia Menor, Esparta golpeó sin piedad a los atenienses, destruyó su flota, devastó  los campos del Ática, cerró sus minas y redujo a la esclavitud a miles de soldados atenienses.

A pesar de la aplastante derrota, los responsables políticos de Atenas seguían anteponiendo sus intereses personales sobre los de la polis, y soñaban con organizar una nueva revancha. Y el comediógrafo griego Aristófanes, que estaba en contra  de las intenciones de los gobernantes atenienses, procuró ridiculizarlos explícitamente,  en una de sus obras más famosas, La asamblea de las mujeres.

La protagonista de la comedia de Aristófanes es Praxágora que, al frente de las mujeres  de Atenas, disfrazadas de hombres, imponen su plan de igualdad económica: “todos deben tener  todo en común, hay que hacer de la ciudad una sola casa…, la tierra, el dinero y todo lo que tiene cada uno”.  Al colectivizar todos los bienes, para que todos disfruten de ellos por igual, nos encontramos naturalmente un régimen comunista integral.

Lo malo es que, la doctrina igualitaria, como la que predica Praxágora, y la que quieren imponernos los adalides del socialcomunismo actual, no puede ser universal, ni ecuánime y ni debidamente equilibrada. Para que haya personas completamente libres, que puedan vivir sin preocupación alguna, como reconoce la protagonista de la comedia de  Aristófanes, hay que contar necesariamente con la dichosa esclavitud, que creíamos desterrada.

De todos modos, mientras sigamos en manos  de un ególatra de la talla de Pedro Sánchez y de un filibustero como Pablo Iglesias, no habrá manera alguna de poner fin al desastre que estamos padeciendo. Y como sigan mucho tiempo al frente del Gobierno, terminaremos indefectiblemente, en la ruina más absoluta.

Para empezar, al gestionar tan rematadamente mal la pandemia del coronavirus, han vuelto las interminables colas del hambre, que vemos a diario, ante los bancos de alimentos o comedores sociales. Y en esas dramáticas colas no hay solo desarrapados y emigrantes, que vienen en busca de un futuro mejor. Aunque a nadie le gusta mostrar sus miserias, entre los más vulnerables, hay hoy también mucha gente acomodada y de clase media, que se ha quedado sin trabajo, que era su medio habitual de vida.

Y por desgracia, todo indica  que lo peor de la crisis laboral aún no ha llegado. En octubre del año 2020, con un 17,1% de desempleo, ya encabezábamos holgadamente todas las listas de paro en la Comunidad Económica Europea. Y a finales de enero de 2021, los parados en España alcanzaban la aterradora cifra de 3.964.353, 710.500 más que un año antes.

Y según todos los indicios, el desempleo seguirá creciendo desdichadamente, y sin control alguno, a lo largo del año que acabamos de empezar. Si nos hacemos caso de las previsiones que maneja  el Instituto de Estudios Económicos, finalizaremos el año 2021, con una tasa de paro del 18,8%. Y todavía es más pesimista el  Banco de España, que dice que, para esa fecha, la tasa del desempleo podía llegar hasta el 22%.

Y para terminar de aguarnos la fiesta, y hacernos cada vez más pobres, sigue creciendo imparablemente nuestra deuda. De momento, ya estamos superando el 120% del PIB. Y de seguir así, es muy posible que en el año 2022, superemos sobradamente el 123% del PIB.

 

Gijón, 18 de febrero de 2021

 

José Luis Valladares Fernández 

4 comentarios:

  1. De esta historia,solo quedará las piedras y la maleza! Pués entre el covid19 y la miseria económica que nos está trayendo este sociopata de presidente,la nación se va la p m,un abrazo.😂

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    1. Ni que hubiera vuelto el caballo de Atila. Cuando se vayan estos, España ya no será nada más que un erial. Y para colmo de males, la oposición constitucional parece que está en la inopia. Un abrazo

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  2. Pretender tapar fracasos abriendo viejas heridas, no me parece la mejor manera de avanzar. Lo tenemos complicado el resto de la ciudadanía con estos que se han instalado de manera tan interesada en el gobierno.

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    1. Y lo peor de todo, la oposición del bando constitucional, que no acaba de darse cuenta que, como siga así, tenemos social-comunismo para rato. Y este Frente Popular es tan nefasto como el de 1936

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