martes, 10 de marzo de 2009

MITOS DE LA TERCERA EDAD

Es un hecho empírico innegable que, para tener una larga vida, hay que pasar por un necesario envejecimiento. Pasada la frontera de los 60, nada va más de prisa que los años. La vida se convierte, casi sin darnos cuenta, en eso que pasa continuamente mientras estamos entretenidos haciendo otras cosas. Y el envejecimiento, por regla general, tiene muy mala prensa. Todos queremos llegar a viejos. Pero, paradójicamente, nadie quiere envejecer. Ya Cicerón le hacía decir a Catón el viejo: ….senectus quam ut adipiscantur omnes optant, eamdem accusant adeptam, que traducido suena así: todos desean llegar a la vejez, y, al llegar, todos la acusan. Lo que no deja de ser extravagante.
Cumplir años y ver que el cuerpo envejece irremediablemente, mientras el espíritu se mantiene joven, suele convertirse en tragedia insoportable en muchos casos. Y esta tragedia es perfectamente evitable si, al pesimismo de la razón, oponemos el optimismo de la voluntad. Debemos huir siempre de hacernos trampas inútiles a nosotros mismos y contemplar el lado bueno del envejecimiento, manteniendo, eso sí, un espíritu joven y una adecuada actividad.
Los años nos arrugarán la piel, pero si renunciamos al entusiasmo se no arrugará también el alma de una manera irremediable. Debemos vivir la vida con intensidad y dejar un poco de lado la propia extensión de la misma. Se trata, ante todo, de dar más vida a los años y no más años a la vida. Y para ello debemos encarar el envejecimiento con alegría, conscientes de que la vida nos aporta experiencia y la experiencia nos proporciona indudablemente una vida mucho más intensa.
La falta de optimismo y el temor a encontrarnos cara a cara con el tiempo, ha dado lugar a que, en el entorno de las personas mayores, se hayan ido formando una serie de mitos, rotundamente falsos. El más común es el que asocia a la enfermedad con la senectud, sin tener en cuenta que aquella no pregunta nunca la fecha de nacimiento. La enfermedad no tiene privilegio por una edad determinada. Amenaza por igual a niños, a jóvenes y a mayores. La vejez es simplemente una etapa más de la vida en la que, a pesar de los años, se puede estar disfrutando de una esplendida juventud.
Hoy día, la llamada Tercera Edad, no tiene por qué ser considerada como una etapa dominada por la enfermedad, la incapacidad y la inactividad definitiva. Tampoco tiene que estar marcada esta etapa por la dependencia de otras personas. La Tercera Edad es una fase más del ciclo vital, donde el individuo mayor puede vivir con calidad y con satisfacción. Y, como no, asumir alegremente el dicho de Gorgias Leontino: Nihil habeo quod accusem senectutem; nada tengo de qué acusar a la vejez.
El cumplir años en la actualidad no deja de ser una bendición de Dios. Envejecer es un arte, el arte de saber dejar a un lado recuerdos y nostalgias inútiles, para centrarse, con buen ánimo e ilusión, en conservar cierta esperanza a pesar de todo.
Los que ya peinamos canas, no necesitamos que nadie nos garantice una larga vida. La hemos conseguido ya. Y esa es la ventaja que tenemos sobre el resto de generaciones más jóvenes. Cuando aún eres joven, nadie te puede garantizar que vas a cumplir muchos años más. Y esa ventaja de haber llegado a esa deseada y temida meta de la longevidad, tiene un precio. El estar más expuestos que otras personas a ciertos achaques, forma parte del canon o peaje que se nos exige por el privilegio de seguir cumpliendo años.
José Luis Valladares Fernández

domingo, 8 de marzo de 2009

REFLEXIÓNES EN VOZ ALTA

La Ministra de Igualdad, en la rueda posterior a la celebración del correspondiente Consejo de Ministros del viernes pasado, aventuró unas afirmaciones que la retratan perfectamente. Además de ministra “florero”, como ya ha sido etiquetada por alguien, nos da a entender que no anda muy sobrada culturalmente. Claro que, esta deficiencia cultural, posiblemente se deba a que Bibiana Aido sea una víctima más de la reforma educativa, introducida por el PSOE.
El aborto no es algo banal, como se pretende desde el Ministerio de Igualdad. Tiene tanta importancia, por las múltiples implicaciones que comporta, que trasciende a las luces de una Ministra tan pipiola como Bibiana Aido. Para empezar, la competencia sobre el aborto, debiera estar en manos del Ministerio de Sanidad y no en el del superfluo Ministerio de Igualdad.
De todos modos, voy a puntualizar las declaraciones de la Ministra. Tanto ella, como todo el ejecutivo de Zapatero, cuando se trata de poner chinas en alguno de los referentes morales de nuestra cultura cristiana, son capaces de intentar cambiar hasta el significado de las palabras. Ya ocurrió con el significado de la palabra matrimonio, a la que tratan de despojar de su característico significado de complementariedad. Dos homosexuales juntos, por mucho que lo intenten, no complementan absolutamente nada.
Ahora se empeñan en dar un nuevo significado a la palabra interrupción, ya que el vocablo aborto tiene connotaciones muy negativas. Solamente se interrumpe aquello que, si interesa, se reanuda de nuevo más tarde. Interrumpimos una reunión, por ejemplo, para tomar un café, reunión que reanudamos a continuación. Y un embarazo no se interrumpe, se elimina o se aborta simplemente. También habría que poner lo de voluntario en entredicho. Son muchos los condicionantes sociales, familiares y de todo tipo, que influyen poderosamente, para tomar una decisión tan extrema y traumática como el aborto.
La confusión de Bibiana es tal que llega a afirmar que la reforma de la ley del aborto únicamente pretende proteger la vida del no nacido, “cuando ya puede, según criterio científico, vivir con independencia de su madre, y de garantizar que los médicos y el personal sanitario puedan hacer su trabajo con seguridad”. ¡Curiosa manera de defender la vida de un feto!
No es menos esperpéntico su raciocinio para llegar a la conclusión disparatada de que las jovencitas de 16 años pueden abortar sin la autorización de sus padres. Muchachitas que, para ir simplemente de excursión con su colegio o instituto, necesitan la autorización de quien ostenta la patria potestad. Tampoco se pueden casar, diga lo que diga Bibiana Aido, sin la correspondiente autorización paterna. Y todo esto es debido, en tanto no cumplan la mayoría de edad, a que las leyes consideran que en esa edad se carece de la oportuna madurez para actuar de un modo plenamente responsable. A veces, da la sensación que la Ministra adolece del mismo mal que estas jovencitas: falta de madurez.

José Luís Valladares Fernández

viernes, 6 de marzo de 2009

LA IGUALDAD Y OTRAS ZARANDAJAS

La pretensión de Zapatero de igualar a hombres y mujeres, tendrá que esperar tiempos mejores. La Ministra que recibió el encargo de gestionar esa igualdad, o no está por la labor o es que no era la persona más indicada para realizar tal misión. Es una consecuencia lógica de elegir personas por simple cuota, sin tener en cuenta la aptitud y valía personal de cada una de ellas.
Inauguró su cargo, prácticamente, abroncando a los miembros de la Real Academia Española porque, entren los mismos, no había nada más que dos mujeres, siendo el resto de las sillas para los de siempre, los varones. Detrás de la bronca, vino el intento de instruirles en lexicografía. Sin ningún tipo de reparo les sugirió que deberían incluir en el diccionario algunos vocablos y modificar otros. La palabra estrella de esa inclusión la tendríamos en miembra. Y, como no, a miembra habría que agregar, entre otros, los siguientes vocablos: feminicidio y sororidad, ya que homicidio y fraternidad resultarían muy machistas.
También deberían admitir nuevos giros y nuevas expresiones, como culturas inferiorizadas. Son culturas inferiorizadas, según Bibiana Aido, las que discriminan a las mujeres. Es todo una lucha darviniana de la Ministra de Igualdad por dar un carácter sexuado a las palabras.
Mal servicio le hace la Señora Ministra a la pretendida igualdad de género, si es que se empeña en diferenciar las palabras, más allá de lo que establecen actualmente las reglas gramaticales. Si nos inventamos palabras nuevas, a nuestro aire, para señalar diferencias, subrayaremos y exageraremos hasta las más nimias diferencias que podamos encontrar entre hombres y mujeres. Volatizaremos así esa deseada igualdad, convirtiéndola en una verdadera entelequia.
Que Bibiana Aido es más Ministra de desigualdad que de Igualdad, queda demostrado con su empeño por crear bibliotecas exclusivas para mujeres. De seguir así, terminará por revindicar hasta un carácter específico de la propia cultura para hombres y para mujeres. En una palabra: bibliotecas sexuadas igualmente, lo que no deja de ser inaudito. De aquí, a pedir que se restauren de nuevo los antiguos colegios, por separado, de niños y niñas, hay solamente un paso. Y todo esto, más que igualdad, es desigualdad y discriminación de género. Bibliotecas sí, cuantas más mejor, pero con toda clase de fondos editoriales para que, de verdad, sean culturalmente útiles a todas las personas.
Quizás no se de cuenta que, al subrayar exageradamente aspectos innegablemente femeninos de las mujeres, no hace otra cosa que ahondar en las diferencias de todo orden. No es suficiente indicar, al explicar las diferencias entre hombre y mujer, que no se trata de peleas entre géneros, ni de subvertir los órdenes que establece la propia naturaleza.
Al enfatizar las diferencias lógicas entre hombres y mujeres y, a la vez, tratar de feminizar ciertos términos gramaticales, no se hace otra cosa que perder el tiempo miserablemente.
La Señora Ministra debe procurar, con ahínco, que todas las mujeres reciban una preparación cultural, lo más elitista posible, para competir con los hombres con toda clase de garantías. Y exigir, eso sí, el mismo trato, a la hora de promocionarse. Que la elección de personas, a cualquier puesto, se haga en un verdadero plano de igualdad, ateniéndose exclusivamente a la valía de las personas, con independencia de que sea hombre o mujer. Cuando se logre esto, habremos conseguido la perfecta igualdad.

José Luís Valladares Fernández

miércoles, 4 de marzo de 2009

EL ATAÚD DE LA MEMORIA

En el diario EL MUNDO del pasado 4 de Septiembre, Antonio Gala se confiesa defensor acérrimo de la memoria histórica, versión ZP, que ha vuelto a poner en circulación Baltasar Garzón. Quizás no sea Antonio Gala la persona más indicada para defender ese tipo de memoria histórica, dadas las circunstancias que determinaron su salida de la vida castrense. Su estancia en el ejército y su salida obligada del mismo, hacen de él una persona sinsorga (del euskera zenzurgue) , por utilizar sus propias palabras cuando se refiere al giro al centro del PP. Él, efectivamente, cuando habla de temas relacionados con el franquismo, se convierte en una persona poco fiable.
Sabe Antonio Gala que hay muchas maneras de narrar los hechos históricos. Sabe que hay historiadores que, como Tucídides y Jenofonte, se limitan a desempolvar fuentes y documentos para narrar los hechos tal como sucedieron en realidad, sin atribuirles intencionalidad alguna. Sabe que hay otros, como Julio Cesar, que se dejan llevar por los aspectos más favorables a su propio interés personal, lo que les lleva a introducir el virus de la propaganda interesada. Y también sabe que existen los historiadores áulicos. Estos van más allá y distorsionan conscientemente la historia, siguiendo pautas marcadas desde instancias superiores. Y, lamentablemente, para narrar lo sucedido en nuestra guerra civil y lo ocurrido en la posterior etapa de posguerra, abundan los historiadores áulicos, que distorsionan la realidad histórica a la carta.
Y parece ser que Antonio Gala, sin asumir directamente el papel de historiador áulico, da por buenos los juicios interesados de este grupo, sin un análisis previo de la veracidad de los hechos. Todo lo ocurrido en esa larga etapa de posguerra tiene un contexto determinado que no podemos olvidar. Pues los datos históricos que van del 14 de Abril de 1931 al 1 de Abril de 1939 determinaron lo acontecido en la larga etapa franquista de posguerra. Este contexto histórico de esa época trágica de nuestra historia, quizás no justifique todos los actos posteriores al 1 de Abril de 1939; pero sin dicho contexto es imposible enjuiciar y entender correctamente la etapa inmediata de posguerra.
Es evidente que la ley de memoria histórica nació con la clara intencionalidad política de discriminar a los entonces llamados nacionales. Eso es, al menos, lo que se deduce de la disposición adicional tercera: se trata de recuperar “la memoria histórica de la Segunda República, la represión de la dictadura franquista y la lucha por las libertades”. Se busca, y eso está bien, rehabilitar a los republicanos, pero estigmatizando intencionada y sectariamente a los del bando contrario. Lo más gracioso es que dicha ley quiera hacernos creer que el advenimiento de la República constituyó el antecedente más inmediato y la más importante experiencia democrática que podamos contemplar al mirar al pasado. Y, obviamente, la represión franquista se llevó a cabo contra los defensores de los principios y valores democráticos.
Después de solazarse metiendo el dedo en el ojo de la Iglesia, Antonio Gala termina diciendo: “Aquí hubo nazismo, fascismo y terror antes, en, y después de la Guerra. Los campos españoles están llenos de ajusticiados anónimos… Necesitan el ataúd de la memoria. Y porqué se les hizo desaparecer sin más explicaciones.” Antonio Gala se tapa la nariz y achaca estos lamentables hechos exclusivamente a la actuación del franquismo. Para él no existió ninguna de las numerosas checas de la zona republicana. Durante la guerra civil ambos bandos competían en eliminar enemigos. Es la ley de la guerra. Aunque en crueldad, sin duda alguna, ganó por goleada el bando republicano. El franquismo eliminaba enemigos declarados. El Frente Popular era mucho más expeditivo. Funcionaban las sacas de las listas de personas que tenían presas en las checas. Y, además de a sus enemigos políticos, formaban parte de la saca gente tan peligrosa como simples monjitas o imberbes seminaristas.
Le sugiero a Antonio Gala que repase la lista de los llevados al paraje del arroyo de San José en Paracuellos del Jarama, o los llevados a Soto de Aldovea en Torrejón de Ardoz y verá que estas personas fueron víctimas tan reales como las del franquismo. Y que muchas de las víctimas ejecutadas por el Frente Popular eran todavía niños, sin más delito político que profesar la religión católica. Para mirar a lo que él llama biseles de la memoria histórica hay que ojear obligatoriamente las listas de víctimas producidas por el bando republicano, sin olvidar, claro esta, las del franquismo.
Una cosa es la historia, y otra cosa muy distinta es la propaganda interesada que se quiera hacer. Y hoy ser franquista es un verdadero anacronismo, del mismo modo que considerarse antifranquista, a estas alturas, no pasa de ser una solemne tontería.
Antonio Gala, como buen acólito del PSOE, aprovecha la ocasión para criminalizar al Partido Popular. Hecho que escenifica perfectamente, al poner en entredicho la asimilación de este partido a cualquiera del centro europeo. Los populares, con este pretendido giro al centro, únicamente pretenden, según él, disimular su condición franquista, para no inspirar miedo entre el electorado. La ecuanimidad, por lo visto, es una virtud desconocida para Gala, lo mismo que la imparcialidad.
José Luis Valladares Fernández

lunes, 2 de marzo de 2009

LA SABIDURÍA DE UN PUEBLO

Son muchas las circunstancias que contribuyen a que en Galicia, en períodos electorales, las tasas de participación ciudadana en la elección de sus representantes, sea siempre de las más bajas de España. Su orografía, la dispersión de los domicilios y, a veces, el clima propician esa alta abstención.
Pero las gentes gallegas poseen una sabiduría natural envidiable y saben cuando es imprescindible su contribución. Hace cuatro años, las circunstancias propiciaron un cambio político. Había ganado, como es normal en esas tierras, el Partido Popular. Pero se creó una extraña coalición para impedir que la lista más votada pudiera formar gobierno. Socialistas e independentista, que habían ido a las elecciones con programas muy distintos, juntaron sus votos y se hicieron cargo del gobierno.
El resultado de esta coalición no pudo ser más desastroso para los intereses de todo tipo del pueblo gallego. Tanto Touriño como Quintana, encargados de pilotar la nave gallega, presumían mucho de ser personas de izquierdas, pero aficionados a coches y a yates de lujo. Les gustaban las comodidades y la molicie más que a nadie. Se las daban de ricos y a la vez se presentaban como salvadores de las clases más desfavorecidas. Para ellos no era incompatible vivir como capitalistas y actuar como burgueses, siempre y cuando, como era su caso, te proclames progre y de izquierdas.
El día 1 de marzo saltaron todas las alarmas y el pueblo gallego, ante la posibilidad de que la coalición repitiese gobierno, se movilizó como nunca antes lo había hecho. En estos comicios, la participación pasó del 70%, votando mayoritariamente al Partido Popular. Alberto Núñez Feijoo, con una amplia mayoría absoluta, recibió un respaldo mayor del que esperaba, para hacerse cargo del Gobierno gallego. Muchos van a ser los entuertos que ha de enderezar para recuperar lo que el pueblo gallego perdió durante estos últimos cuatro años.
¡Suerte Alberto, que Galicia y España están contigo! Y, además, te necesitan.
José Luis Valladares Fernández