martes, 10 de noviembre de 2009

LEIRE PAJÍN Y SU SUELDO PLANETARIO

Se da la circunstancia de que Leire Pajín, la secretaria de Organización del PSOE, se queja amargamente de que le atribuyan un sueldo de 15.000 euros mensuales. Son, dice, “informaciones absolutamente falsas”, de las que ha tenido que enterarse por la prensa.
Me parece muy bien que proteste si es objeto de críticas que crea injustas y si las noticias sobre los emolumentos no se ajustan del todo a la verdad. Pero ya no está tan bien que nos tome por tontos, al querer hacernos ver que esas críticas y las noticias sobre su sueldo son debidas a que es “mujer, joven y socialista”. En la entrevista concedida a Onda Cero, insiste una y otra vez en la falsedad de las informaciones y que esto ocurre "por ser mujer, ser joven, ser socialista, o por las tres cosas" a la vez. Dice que "Es muy curioso que jamás se hayan cuestionado cuánto cobra el secretario de Organización del PSOE y que se cuestione lo que cobro yo, que cobro exactamente lo mismo que mis antecesores".
No es de recibo que achaque esas críticas, y por este orden, al hecho de que ella sea mujer, sea joven y, por añadidura, sea socialista. Desde que el jefe del Ejecutivo español se ha declarado, además de rojo, feminista empedernido, las féminas que viven y vegetan a su alrededor, achacan todos sus males al hecho de ser mujer. Utilizan ese feminismo rancio y trasnochado para disimular sus carencias intelectuales y justificar así hasta sus meteduras de pata. Lo hizo también el otro día la ministra de Economía, Elena Salgado, cuando afirmó que, por ser mujer, debía trabajar el doble. Las mujeres que de verdad valen no se las ocurre utilizar estas zarandajas y protegerse con la concha del feminismo para darse a valer y ocultar sus deficiencias intelectuales.
Además, la versión que nos da Leire Pajín, al defenderse de lo que ella califica informaciones falsas, no se ajusta del todo a la verdad. Se trata más bien de una verdad a medias, que ella misma se encarga de disfrazar, para que parezca que su sueldo no es nada del otro mundo. Nadie ha hablado, que yo sepa, de que Leire Pajín, tenga unos honorarios, en números redondos, de 20.000 euros. Se limitan a informar que puede llegar a cobrarlos si sale con la suya y se convierte en senadora por Valencia. Y es muy posible que así sea, ya que defiende esa posibilidad con uñas y dientes, aunque por el momento, y gracias al “chantaje político" a que la somete, según ella, el Partido Popular de Valencia
Las informaciones mediáticas que circulan por los mentideros periodísticos, aunque siempre en números redondos, nos hablan de los 5.000 euros que cobra como secretaria de Organización del PSOE. A esto hay que añadir los 90.000 euros anuales que recibe como indemnización por su condición de ex secretaria de Estado de Cooperación. Indemnización que seguirá cobrando, a razón de 7500 euros mensuales hasta el mes de julio de 2010.
Estas cifras las ha reconocido la propia Leire Pajín, aunque de modo velado. Y en sus explicaciones a Onda Cero dijo que los 90.000 euros no formaban parte de su sueldo; que, en todo caso, se trata de una indemnización, que ella no buscó y que la cobran por ley todos los ex altos cargos del Gobierno. Y ha evitado explicar, eso sí, que cuando ocupe el cargo de senadora, sus percepciones salariales alcanzarán esa cifra que han avanzado varios medios. Es hora ya de que Leire Pajín hable claro y deje de utilizar medias verdades.
En cuanto a su patrimonio, ocurre tres cuartos de lo mismo. Según Leire Pajín, se han dicho "muchas cosas que nada tenían que ver con la realidad". "Cuando descubrieron que mi único patrimonio es una casa de 58 metros cuadrados con una hipoteca a 20 años, entendieron que quizá se habían pasado un poco". De todos modos no hay por qué extrañarse. En el PSOE es normal cobrar un buen sueldo durante muchos años, sin que el patrimonio se vea afectado por ello. Ahí está, por ejemplo, el caso del Vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves, que, después de muchos años viviendo del erario público y cobrando cifras importantes, no ha sido capaz de labrarse un capital adecuado y ha tenido que estar viviendo prácticamente al día.
En cualquier caso, las remuneraciones que ha venido cobrando Leire Pajín, están en consonancia con su categoría. Como no podía ser menos, se trata de un sueldo planetario, al que solamente tienen acceso las mujeres planetarias. Como adalid de la juventud bohemia actual, se merece sobradamente un sueldo como este. Debemos redoblar las campanas por el hecho de que haya, al menos, una mujer joven que ha sabido librarse de esa lista maldita de los más de cuatro millones de desempleados y que tampoco figure entre los mileuristas que solamente logran contratos temporales y trabajos basura.
Pero que conste, en aras de la verdad, que esta ganga remuneratoria, desorbitada si nos atenemos al panorama actual, no se la debe agradecer al hecho casual de que sea mujer. Son muchas las mujeres, y aún más jóvenes que Leire Pajín, que, como mucho, solamente logran sueldos mileuristas. Que de las gracias a ese carné que tantos milagros realiza, y al hecho incuestionable de que ha sabido camelar muy bien al que, en la actualidad, dirige las huestes del PSOE.

Gijón, 1 de noviembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

martes, 3 de noviembre de 2009

LOS TITIRITEROS EN ACCIÓN

El mundo de la farándula y el cante aún se siente insatisfecho con las ayudas que recibe del Gobierno por el ímprobo esfuerzo que realizan para alegrar la vida de los españoles. Eso es, al menos, lo que han dado a entender en el acto de entrega de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes, celebrado hace unos días en el Palacio de Festivales de Cantabria y que presidieron los Reyes de España.
Como profesionales de lo que debiera ser el arte, no deben ser muy buenos, o, por lo menos, la sociedad así lo entiende, por lo que es muy reacia a pasar por taquilla. Es verdad que todos ellos presumen de ser muy buenos artistas y, además, confiesan que son prácticamente el aire que respira la sociedad. Se sienten “dignos embajadores” de la cultura y hasta están muy orgullosos de serlo. Sin embargo, para la sociedad que los padece y de la que viven, creo que no pasen de simples medianías. De ahí que, al contrario de lo que ocurre en las demás profesiones, necesiten acudir a las subvenciones que reparte el Gobierno, ya que su trabajo no les da para vivir holgadamente.
Los galardonados en ese acto, sin timidez y plenamente desinhibidos, pidieron abiertamente seguir viviendo del erario público, vendiendo a la sociedad algo que esta no quiere comprar. Por ello, reclamaron con insistencia a los que detentan el poder político que no les “desamparen” y que no les dejen “huérfanos”.
Miguel Bosé, asumiendo la representación de los galardonados en ese acto, hizo más bien de plañidera, quejándose amargamente de que los artistas estén “al borde” de la extinción “como el oso polar o los linces ibéricos”. Para huir de tan trágico fin, necesitan que las aportaciones de las arcas públicas, en forma de subvenciones, crezcan continuamente. Y además se lo merecen, según piensan ellos, dado el enorme esfuerzo que realizan para alegrar la existencia de los mortales.
Su osadía les lleva a presentarse como “potenciadores, divulgadores (y) mejoradores de nuestras artes”. La presunción de Bosé no tiene límites y trata de vendernos que todos ellos son “simples artistas” y que, como tales, están adornados de una honestidad y una coherencia, que según dan a entender, son virtudes exclusivamente suyas. Ellos son “tan necesarios como el aire, que es capaz de ser brisa, viento o huracán; que de paso se respira y que no sólo mantiene la vida: también la da".
Poco más y se pisan la cara, ya que hace falta tener mucho morro para vivir del sudor ajeno, esquilmar las arcas públicas y, en cima, atreverse a pedir “amparo, protección y leyes”, y “complicidad hacia el mecenazgo”. La cultura del arte, insistió Bosé, no pertenece al patrimonio de un pueblo. La cultura del arte es, más bien, "un gen que nos distingue y nos hace únicos e irrepetibles" a unos pocos, a los nacidos con ese extraordinario don. Cuando esta gente da rienda suelta al descaro, no hay quien ponga límites a su impudicia. La mayoría, está muy claro, son consumados artistas; pero artistas de la subvención y del contubernio.
Y Miguel Bosé termina su discurso señalando que "aún existen embajadores a los que un país pueda laurear; mímennos". "Hoy pedimos que no nos desamparen, que no nos dejen huérfanos, que cada vez que respiren recuerden que somos aire, sólo aire". Pero, por lo que se ve, un aire que necesita del dinero público para seguir siendo respirable. El lobby de la ceja, sin los abundantes mimos de las subvenciones estatales, dejarían de ser ese aire y esa brisa que respiramos los españoles. Simplemente, dejarían de ser.
La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, allí presente, se apresuró a tranquilizar a toda esa tropa de magnánimos titiriteros, prometiéndoles que se continuará "impulsando la cultura de nuestro país en cada calle y en cada casa". No importa que la caja de los dineros públicos luzca cifras astronómicas en números rojos. Se las arreglará para que, a estos abanderados del arte, no les falten los medios necesarios para que sigan alegrándonos con sus creaciones.
No dudó González-Sinde en afirmar que, con estas medallas, la sociedad reconocía ampliamente el “valor de las ideas” y la creación. La cultura, afirmó, ha vuelto a ser la "depositaria de nuestra identidad, embajadora de nuestros valores, de lo mejor de nosotros mismos como colectivo y suma de individualidades". Estas medallas, dijo, suponen el reconocimiento de todo el país "a la capacidad de desvelo que define a los premiados" y "lleva impreso un mensaje de aliento a todos los españoles que sienten la llamada de las artes, un mensaje de ánimo para que nadie renuncie a sus sueños". Por eso, dice, "hoy merece la pena crear el tiempo de nuestro tiempo, mantener vivo cada sueño, cada deseo de crear, cada propósito, cada aspiración de seguir impulsando en cada casa o en cada calle la cultura de nuestro país".
Da a entender la ministra de Cultura, que quien se dedica al arte no puede vivir honestamente de su trabajo. Necesitan de esas ayudas públicas para dedicarse, sin preocupación alguna, a la creación artística. No son los auténticos artistas los que no pueden vivir de sus actuaciones. Son los advenedizos, los que no dan una talla aceptable, los vulgares los que, para vivir, se ven obligados a vender su libertad para tener acceso a esos fondos públicos que distribuye el Gobierno. Por esa regla de tres, también habría que ayudar al que pone un negocio, útil para la sociedad, pero que no es rentable en absoluto. Y quien dice los que montan un negocio, dice también los médicos, los abogados y los que ejerzan cualquiera de las profesiones liberales conocidas.
Está muy claro que el que quiere vivir de un negocio y este no es rentable, lo cierra y se dedica a otra cosa. Lo mismo que los médicos y los abogados que, por falta de talla profesional, no ganan para vivir. Cierran la consulta o el bufete y las circunstancias les obligan a buscarse la vida de otra manera. El que se dice artista, si su poca valía no da para más, que pliegue velas y deje sus ensoñaciones. Ni a mi, ni a nadie, se le puede obligar a consumir bazofia y, en cima, pagándola bien pagada.

Gijón, 30 de octubre de 2009

José Luis Valladares Fernández

jueves, 29 de octubre de 2009

¿ALGUIEN ESPERABA OTRA COSA DE LOS SOCIALISTAS?

Seguro que hay muchas personas que esperaban algo muy distinto del paso del PSOE por el Gobierno de España. De lo contrario, no le hubieran dado su voto en la cita electoral correspondiente. A estos les sugiero que recuerden la frase que, según nos dice Dante al principio de Canto III de la Divina Comedia, está escrita a la entrada al infierno: "Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate (Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza)”.
Es cierto que la esperanza, como dice un dicho popular, es lo último que se pierde. Quizás por que somos demasiado ingenuos y aún creemos en los Reyes Magos. Es hora de que, los que aún siguen esperando algo del socialismo, abran los ojos y se enfrenten a la cruda realidad del infierno económico a donde nos ha llevado, sin barca de Caronte de por medio, José Luis Rodríguez Zapatero y su inoperante Gobierno. Quienes sigan esperando algo positivo del equipo actual que nos gobierna, terminaran dando la razón a Nietzsche cuando decía que “la esperanza es el peor de los males de los humanos, pues prolonga el tormento del hombre”.
Las razones que incapacitan al socialismo real para gestionar adecuadamente la marcha económica de un país, son evidentes. Y mucho más en el socialismo español que, bajo la batuta de Zapatero, se ha esforzado por recuperar ese sectarismo rancio y trasnochado que, en otro tiempo, utilizaban K. Marx y F. Engels, para adoctrinar a sus seguidores.
El socialismo militante es doctrinario por naturaleza, lo que le lleva al despropósito de querer controlar cualquier clase de iniciativa, planificando absurdamente cualquier tipo de actuación individual o colectiva de los ciudadanos. De esta manera lastran, hasta límites insospechados, la productividad que podía esperarse de las empresas y la voluntariedad de los individuos para luchar por la rentabilidad de las mismas. Lo suyo es husmear en lo que es privativo de los ciudadanos y de las sociedades, para organizar todos sus actos, condicionando así hasta el más mínimo de sus actos. Y todo, en nombre de un igualitarismo ficticio e inadmisible.
A este afán obsesivo por regular todo tipo de actividad económica o industrial, debemos unir su desmedida afición a establecer elevados impuestos, que llaman progresivos, pero que tienen un tufo recaudatorio indisimulable. La elevación excesiva de los impuestos influye negativamente en el consumo y en la actividad económica. Y al disminuir el consumo y la actividad económica, disminuyen los ingresos que, vía impuestos, recauda el Estado. Como el Gobierno, por su descontrol en los gastos, necesita cada vez más dinero, tiene que acudir a una carga impositiva, metiéndose de lleno en un círculo vicioso que irá ampliando las bolsas de pobreza en España.
El socialismo español no ve, o no quiere ver, que los gobiernos de los países que comienzan a abandonar el lóbrego túnel de la crisis, optaron inteligentemente por reducir la presión fiscal. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho nuestro Gobierno. Su tozudez les lleva a ampliar la presión recaudatoria para, según dicen ellos, mantener el gasto social. El resultado es inmediato: la subida de impuestos se traduce inevitablemente en una disminución del consumo y, por lo tanto, en una menor productividad de las empresas. Lo que crece de esta manera, de un modo progresivo, es el paro, y con el paro aumenta el número de los que necesitan de esas insuficientes limosnas oficiales. Y es evidente que los impuestos en España son demasiado elevados. Concretamente el gravamen sobre las rentas del capital está entre los más altos de la Unión Europea.
Nuestros gobernantes socialistas sabrán por qué desoyen el proverbio chino y prefieren dar algún que otro pez a los que tienen hambre y renuncian a enseñarles a pescar. No se trata de un acto altruista con los que necesitan de la ayuda pública para subsistir. Quizás busquen con estas limosnas, como ocurre en Andalucía, mantener y acrecentar el número de votos cautivos de todas estas personas que se ven obligadas a echar mano de la beneficencia pública para subsistir.
A la vocación intervencionista de los socialistas y su querencia por los impuestos abusivos, hay que añadir su gusto innato por los despilfarros del dinero público. Tan pronto llegan al poder, los gastos se desmandan de manera obscena y acuden sin pudor a la generación de deuda pública para gastar lo que no se tiene y empobrecer, aún más, a la sociedad española. Con este comportamiento, llama la atención que los socialistas se vanaglorien de que su sistema político, según dicen ellos, sea la vía más segura para mejorar la situación de los pueblos.
Han popularizado el término de ‘sostenibilidad’, aunque lo refieren a conceptos erróneos: ‘sostenibilidad de la economía’, ‘sostenibilidad de la creación de puestos de trabajo’. Lo único que aquí es ‘sostenible’, dada su aberrante manera de actuar, es la miseria y la pobreza de un número, cada vez más elevado, de ciudadanos españoles.
Y es precisamente Manuel Chaves el que, de manera desvergonzada, nos quiere hacer creer que son ellos los que tienen la receta definitiva para poner fin a la crisis y al paro. Él, que en su anterior etapa como ministro de trabajo con Felipe González, veía crecer las listas del paro a una velocidad de vértigo. Y que, en sus largos años al frente del Gobierno andaluz, multiplicó sin medida la indigencia y la pobreza de esa Comunidad.
El sábado pasado, en la clausura de la primera convención socialista de la Comunidad de Madrid, afirmó sin complejos que solamente abandonaremos la crisis aplicando la estrategia económica que tiene el PSOE. “Nosotros -dice Chaves- somos los que vamos a acabar con la crisis”. Y recalca que esto no lo puede hacer el PP, ya que tiene “una política mezquina, sectaria, de cortos vuelos, sin credibilidad. Ya no se acuerda de que, en 1996, fue preciso que llegara Aznar para sacarnos del enorme socavón en que nos había metido el Gobierno, al que él mismo pertenecía.
Mientras este Gobierno no tome otras medidas más serias, lejos de sacarnos de la crisis, nos hundirán cada vez más en ella. Las medidas estructurales, que aumenten nuestra productividad y nos hagan más competitivos, brillan por su ausencia. A esto hay que añadir el desmesurado gasto público que complica aún más las cosas. Hasta el pasado mes de septiembre, en términos de Contabilidad Nacional, el déficit del Estado alcanzó la alucinante cifra de 62.780 millones de euros, frente al déficit de 13.507 millones de euros, en el mismo período del año anterior. El déficit, prácticamente, se ha multiplicado por cinco en un solo año.
La economía española es una de las más endeudadas del mundo. Y todo el dinero que se recaude es poco para hacer frente a los intereses generados por ésta deuda. Así las cosas, es normal que el Estado se vea obligado a pagar con nueva deuda, los intereses de la deuda anterior. También son muchas las familias – cada vez más- que carecen de capacidad económica para hacer frente a cualquier gasto imprevisto. A estas alturas de la legislatura, hay ya 1,1 millones de hogares con todos sus miembros en el paro. La única perspectiva que les queda a todas estas personas es la indigencia y la más absoluta de las miserias.
No es de recibo que, en situación económica tan dramática, nos venga Zapatero con la cantinela de que debemos ser solidarios con quienes más sufren los efectos de la crisis. Se ha llegado a esta situación límite por la inepcia de un presidente del Gobierno que, además de estar lleno de complejos, no sabe por donde anda. Incluso ha llegado a la aberración de obligar a los trabajadores y a las clases medias a sufragar, con sus ahorros, cosas tan absurdas como el fondo que se creó pata ayudar a los bancos.
Si ésta es nuestra situación actual, ¡Dios nos coja confesados, cuando comiencen a tener vigencia los nuevos Presupuestos! Zapatero se ha puesto la utopía por montera y nos quiere en los años difíciles de la II República, pero más pobres que entonces.

Gijón, 27 de octubre de 2009

José Luis Valladares Fernández

lunes, 26 de octubre de 2009

CAAMAÑO TAMBIEN SE MANIFIESTA

El domingo pasado, día 18, El ministro de Justicia Francisco Caamaño acudió a la manifestación que se celebraba en Santiago contra el actual presidente de la Xunta por su disposición a que los padres puedan elegir libremente el idioma en que quieren que se eduque a sus hijos. Caamaño, en cambio, lo mismo que el resto de los manifestantes, quieren hacernos creer que no se trataba de un acto contra el Gobierno autonómico, que se manifestaban en defensa del gallego.
El propio Francisco Caamaño y los socialistas gallegos, al igual que los del Bloque Nacionalista Galego, saben muy bien que están mintiendo descaradamente. Nadie ha proscrito al gallego, que yo sepa. El Gobierno de Alberto Núñez Feijoo, hasta ahora, se ha limitado a indicar simplemente su preferencia por la libertad de elección lingüística. Se da, además, la circunstancia de que no ha anulado aún ninguna de las disposiciones del Gobierno anterior que obligaban al uso, prácticamente exclusivo, de la lengua gallega. Y ha podido hacerlo, ya que esa igualdad de las dos lenguas cooficiales iba en el programa electoral del Partido Popular y fue sancionada masivamente por los electores al otorgar a la lista de Núñez Feijoo la mayoría absoluta.
Hasta ahora, el presidente actual de la Xunta y su equipo se han limitado a realizar ciertas consultas para estudiar el tema a fondo y conocer, de primera mano, cual es la aspiración mayoritaria. Lo que quiere decir que aún no han tomado ninguna decisión firme contra la que puedan manifestarse. Es un camelo eso de que la manifestación era a favor del gallego. Aunque no quieran reconocerlo, es evidente que salieron a la calle a censurar la posibilidad de que se instaure la libertad de elección lingüística. En una palabra, protestan lisa y llanamente contra la libertad.
Pedir respeto por la libertad a los distintos miembros del BNG sería tanto como pedir peras al olmo. Pero de los socialistas podíamos esperar algo más, aunque es muy cierto, si nos atenemos a la historia, que nunca han sido muy respetuosos con la libertad, como ahora tampoco son respetuosos con la vida.
La libertad puede considerarse como un valor y, también, como un derecho. Pero, mirémosla como la miremos, la libertad es un bien en sí mismo que debemos proteger con el mayor esmero posible. El ejercicio de la libertad está sometido a unos principios fundamentales que nacen en la conciencia del individuo, en la familia y hasta en la sociedad, lo que nos capacita para elegir responsablemente entre el bien y el mal. Es ahí donde la libertad como valor adquiere toda su importancia, ya que contribuye de una manera decidida a que se forjen auténticas personas íntegras.
La libertad, como derecho, se ha venido tomando normalmente como un medio útil para hacer política. Pero, por desgracia, cercenando frecuentemente su verdadero sentido, al interpretarla de acuerdo con los intereses espurios de un grupo determinado. De esto, saben mucho los partidos inscritos en las diversas Internacionales, entre los que encontramos a los socialistas. Y al interpretar la libertad de acuerdo con unos intereses muy particulares de un grupo político, se pone en peligro la convivencia pacífica, ya que de este modo, con frecuencia, suele desaparecer todo atisbo de aguante y tolerancia.
Esto es, ni más ni menos, lo que ha hecho el PSdeG, con el apoyo interesado del BNG, durante la legislatura anterior. Los socialistas gallegos, encabezados por Emilio Pérez Touriño, privaron a muchas personas del derecho inalienable que tienen de que sus hijos se eduquen en lengua española. Que estos, de la mano de Núñez Feijoo, puedan recuperar su evidente derecho a elegir la educación de sus hijos en su propio idioma, no indica en absoluto que se esté atacando a la supuesta seña principal de identidad de Galicia.
Que el Bloque Nacionalista Galego, lleno de prejuicios nacionalistas absurdos, se deje llevar de tamaños desvaríos, puede ser hasta lógico. Y hasta cierto punto, es normal que organicen ese tipo de manifestaciones. Pero carece totalmente de sentido que los socialistas salgan a la calle a reivindicar el gallego, cuando nadie lo ha puesto en cuestión.
El empecinamiento por desterrar a la lengua española de las escuelas, perjudicando gravemente a un sector de la población, obedece a ciertos intereses inconfesables de los socialistas. De lo contrario, dejarían solos a los del BNG. Se trata de un ataque frontal a la libertad como derecho, a la inalienable libertad de expresarse en cualquiera de los dos idiomas oficiales de Galicia.
Y con ese ataque a la libertad lingüística del ciudadano gallego se comete una tremenda injusticia. De ahí lo llamativo y absurdo de que Caamaño asistiera a esa manifestación, tal como el mismo confesó momentos antes de iniciarse, "en calidad de ciudadano gallego" y "como ministro de Justicia". Pues los manifestantes salían a la calle a reivindicar algo tan injusto como obligar a unos ciudadanos gallegos a prescindir del español, que es tan oficial como el gallego que se les quiere imponer. ¡Un ministro de Justicia abogando porque se cometa una flagrante injusticia!
Hasta el mismo Francisco Caamaño, aunque tarde, se dio cuenta de que había sido absurda su presencia en esa manifestación. De ahí que, al día siguiente de la protesta, intentara disculparse para minimizar el impacto causado por su presencia en la misma, diciendo que sus palabras fueron ‘malinterpretadas’. "Fui –dijo- a título personal, como un español más, a una manifestación que no iba contra nadie".
Y queriendo quitar todo sesgo político a su presencia en la manifestación, destaca que el lema de la misma era `Queremos galego’. Y vuelve a insistir, una y otra vez, que él estaba allí en defensa de la lengua gallega. Más aún, confiesa, de un modo incongruente con su actuación, que él defiende que ambas lenguas cooficiales están para ‘unir y no para ‘separar. Al lado del lema que cita Caamaño hay otros, silenciados en su declaración, pero que son totalmente excluyentes. Juzguen ustedes mismos: 'Pola nosa lingua nin un paso atrás', 'Aprender en galego non é delito' y 'Polo dereito de vivir en galego'.
Claro que no es delito aprender el gallego. Para los gallegos hasta es una obligación. También es una obligación para todo gallego, lo mismo que para el resto de los españoles, el aprender el español. Y los que viven en Galicia tienen el derecho inalienable de utilizar de estas dos lenguas, la que se le antoje, sin la más mínima imposición desde ninguna instancia oficial. La normalización lingüística no está en dar prevalencia al gallego sobre el español o castellano. La normalización se conseguirá cuando libremente se pueda utilizar, de manera indistinta, uno u otro idioma y lo vean todos como la cosa más normal del mundo.

Gijón, 20 de octubre de 2009

José Luis Valladares Fernández

jueves, 22 de octubre de 2009

RUMBO HACIA EL PRECIPICIO

Nuestro Gobierno no ha perdido el norte, ya que nunca lo tuvo y camina sin rumbo arrastrándonos a todos hacia el más absoluto de los desastres. A pesar de las alarmas que se van encendiendo una a una, no sabe de dónde sopla el viento y sigue su camino errático, de desastre en desastre, camino del abismo sin fondo del que será muy difícil salir.
Tanto José Luis Rodríguez Zapatero, como sus ministros, cuando aún era tiempo de tomar medidas paliativas, se negaron a reconocer la realidad de nuestra crisis económica. A medida que se agravaba nuestra situación, juraban y perjuraban que se trataba de un simple frenazo de nuestra actividad económica. La palabra crisis era tabú para ellos y, solamente con oírla, les producía hasta erisipela.
Cuando, debido a la manifiesta evidencia, se ven obligados a reconocer los graves problemas de la economía española, comienzan a utilizar la palabra maldita de crisis, pero de una manera muy timorata. Zapatero y sus adláteres tratan entonces de minimizar las consecuencias derivadas de dicha situación. Comienzan por predicar que se trata de una simple crisis financiera, nacida en Estados Unidos a la sombra de las “subprimes” o hipotecas basura famosas y que ha terminado por afectar a todos los países. Como mucho, admiten que se trata de una crisis cíclica más, como otras que han ido apareciendo a lo largo de la historia y que, como las pasadas, desaparecerá sin dejar muchas secuelas, cuando cambie el ciclo actual.
Está muy claro que el Gobierno, o porque se ha colocado unas anteojeras políticas inadecuadas, o porque su nivel intelectual no da para más, no se ha enterado de que se trata de una crisis de transformación, mucho más grave que las crisis cíclicas. Y, como en España, no se ha hecho un análisis correcto del contexto económico, no es de extrañar que sea el país europeo donde más se dispara el déficit del sector público y donde más cae en picado la actividad económica. La única solución posible a tamaño problema pasa, de manera urgente, por lo que se ha llamado “el cambio del modelo productivo”.
Mientras no mejoremos significativamente la productividad y seamos mucho más competitivos, no habrá manera de frenar ese deterioro creciente de nuestra actividad económica. Las soluciones aportadas por el Gobierno de Zapatero y que éste ha querido vender a Obama, como las salvadoras energías renovables, no pasan de simples cataplasmas que agravan el problema hasta niveles insospechados.
Y lo que aún más nos enfanga, es que Zapatero y sus ministros son excesivamente orgullosos y muy pagados de si mismos. De ahí que no toleren que alguien les señale pautas a seguir o les haga recomendaciones. Si es el Fondo Monetario Internacional (FMI) el que previene de algún problema, la ministra de Economía, Elena Salgado, se encargará de reconvenirles, advirtiéndoles que desconocen el alcance real de nuestra situación. Y no digamos nada si es la Comunidad Económica Europea la que pone su dedo sobre nuestra llaga económica, aunque sea por boca de persona tan poco sospechosa como Joaquín Almunia. Las diatribas entonces, como pasó con el presidente del Banco de España, son hasta escandalosas, y para mandarles a casa, echan mano de la checa que aún llevan muchos en el subconsciente.
Hace muy pocas fechas llegó un nuevo informe de Bruselas describiendo crudamente el estado de nuestras cuentas públicas. La Comisión Europea sitúa a España a la cabeza de los países con “alto riesgo” en su posición presupuestaria. El peligro para la sostenibilidad de las finanzas públicas españolas es patente, dada la escalada de los intereses generados por la deuda, a lo que hay que añadir, además, el creciente gasto que lleva aparejado el envejecimiento de la población y los gastos sociales derivados de un paro que sigue creciendo desmesuradamente.
Nuestro desequilibrio económico puede provocar la catástrofe, ya que el déficit llegó en 2008 al 3,8% del PIB y actualmente ronda los 5,73% del PIB, y la deuda pública crece a un ritmo desorbitado. A final de año, el déficit puede situarse por encima del 10% del PIB. A esto hay que agregar la manifiesta caída de la recaudación, con lo que el ‘agujero’ de las cuentas públicas seguirá aumentando hasta Dios sabe cuando. Esto quiere decir que el saldo negativo de las cuentas públicas españolas está muy por encima del establecido por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, con el peligro que esto representa. Ya en octubre de 2006, aunque España figuraba entre los países de “riesgo medio”, debido a una mejor situación de las finanzas públicas, el Ejecutivo español desoyó la recomendación de la Comisión Europea que le pedía la adopción de medidas estructurales para prevenir el desastre actual.
Hoy, desde Bruselas, se pide a nuestro Gobierno que, además de esas medidas estructurales, ponga en práctica “programas ambiciosos de consolidación” que, ante todo, reduzcan el déficit y la deuda pública y que reforme sus esquemas de protección social. Todo esto, claro está, propiciando un estado de cosas para que sea posible la reactivación económica y un incremento notable de la tasa de ocupación.
Si Zapatero, como parece, sigue desoyendo estas sabias advertencias y se inclina por adoptar la postura del avestruz, se materializará la insostenibilidad de las cuentas públicas, al menos a largo plazo. Así las cosas, el paro alcanzará cifras escandalosas, llegando en 2010 a sobrepasar ampliamente el 20%. Hay alguna institución financiera y algún que otro analista económico que pronostican que el desempleo en ese año llegará a sobrepasar el 25%.
Las variables esenciales que influyen sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones son varias. Una de esas variables la tenemos en la evolución de la población, para lo que hay que conjugar tres elementos básicos, como es la natalidad, la esperanza de vida y el saldo neto de la emigración. Otra de las variables fundamentales la tenemos en la actividad económica. De la evolución del PIB y de la productividad, como es evidente, dependerá el nivel de empleo y de paro.
Con el aumento del paro, se reduce el número de cotizantes a la Seguridad Social. Al prolongarse la expectativa de vida, se incrementa considerablemente el gasto de dinero en pensiones. Si a todo esto unimos la insuficiencia financiera del sistema, como consecuencia de la crisis económica y de la tozudez del Gobierno, la sostenibilidad del sistema de pensiones se convertirá en una entelequia manifiesta. O se cambia de modelo, o la quiebra del sistema, a largo plazo, está más que garantizada.
Y si el Gobierno sale con la suya y, para aplicar el dinero a otros menesteres, suspende la dotación al Fondo de Reserva de la Seguridad Social o “hucha de las pensiones”, la fractura del sistema vigente se produciría mucho antes de lo esperado. El primer déficit de la Seguridad Social aparecería ya, a mucho tardar, en 2015 y las reservas disponibles para hacer frente a las pensiones se agotarían totalmente en 2026.

Gijón, 19 de octubre de 2009

José Luis Valladares Fernández