miércoles, 23 de marzo de 2022

SÁNCHEZ LLEGA A LOS MUNDOS DE YUPI

 


Tenemos que aceptar que, entre los miembros de ese conclave de jerarcas insaciables que siempre quieren más y aspiran a dominar el mundo, está el multimillonario George Soros. Quizás no sea tan conocido, ni tan popular como el financiero Bill Gates. Pero eso sí, cuando se proponen elaborar el tablero geopolítico global, comparten las mismas teorías conspirativas, que son prácticamente iguales a las del resto de este tipo de mandatarios figurones.

Aunque el magnate húngaro-estadounidense Soros está conspirando en más de medio mundo, tenemos que reconocer que España es precisamente uno de sus objetivos preferentes. Y se le acusa, entre otras cosas, de estar detrás  de todas las iniciativas que guardan relación con el ‘gran reseteo’ del globalismo. Y para garantizar el ‘gran reinicio’, busca la manera  de fragmentar la sociedad, ahondando las diferencias que hay entre los hombres y las mujeres, con la trasnochada ideología de género.

 Cuando no hay confianza entre la pareja, se desestabiliza la familia, que es uno de los objetivos básicos del magnate húngaro-estadounidense George Soros. Y eso le lleva, cómo no, a romper la institución familiar, a incrementar lo más posible el número de abortos y, para que no falte nada, a fomentar descaradamente la inmigración irregular, haciendo creer a los que llegan de otros países que, sin necesidad de  trabajar, van a vivir en España mejor que Alicia en el País de las Maravillas.

Para manejar más fácilmente a los ciudadanos y conseguir un mundo más igualitario y saludable, el gerifalte Soros, se ha propuesto acabar con la familia, borrando para siempre los conceptos de Dios y de patria y haciendo partícipes a los niños de la nueva ciencia LGTB. Y para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, pretende debilitar al máximo el Estado, convirtiéndolo en un simple satélite de esa élite mundial.

Para conquistar semejantes retos, George Soros y sus compinches  tratan de distraer a la opinión pública. Y en esta ocasión, tal como refleja  el informe Davos 21, contaron con la imprevista ayuda del coronavirus. El miedo provocado por esa tragedia sanitaria, ha doblegado a la población, obligándola a aceptar diversos cambios sin rechistar. A partir de ahora, todos esos magnates multimillonarios aprovecharán intencionadamente esa circunstancia, para aumentar su poder y sus beneficios y para imponer por las bravas un sistema totalitario a nivel global.

Y no cabe la menor duda que el plan del mandatario Soros ha triunfado plenamente en España, y tenemos muchas personas que trabajan por esa causa, algunas hasta sin saberlo. Tal es así que, en España, la Agenda 2030 tiene un Ministerio propio, que estuvo en manos del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, y que ahora está regentado por Ione Belarra Urteaga. Y querámoslo o no, creen ciegamente en las predicciones del Foro Económico y Mundial de Davos, dando por buena, incluso, a esta expresión: “En 2030 no tendrás nada y serás feliz”.

Y  como no podía ser menos, Pedro Sánchez,  aguijoneado por su obsesión patológica por el poder, pasó inmediatamente a desempeñar el papel de leal siervo del preboste George Soros. A partir de ese momento  político, el ‘ocupa’ de La Moncloa asumió con entusiasmo la tarea de construir una sociedad española nueva, adaptada a las pretensiones de ese impertérrito cenáculo de multimillonarios que defienden interesadamente el globalismo. Y como, al parecer, los españoles somos todos tontos de remate, aprovechó esa coyuntura, para hacer de España su finca particular y colmar así su desmedida ambición de poder.

Para lograr ese objetivo, el avaricioso presidente del Gobierno necesitaba, por supuesto, anestesiar a toda la sociedad para evitar sus protestas. Y tenía que rematar su actuación, silenciando al Parlamento y sometiendo al Poder Judicial y a las fuerzas de seguridad. Para conseguir esos retos y no dejar ningún cabo suelto, contaba con el apoyo de Unidas Podemos y de los que buscan desesperadamente romper la unidad de España, como es el caso de los golpistas y secesionistas, y de los filoetarras o herederos de ETA.

Claro que, para transformar la sociedad y conservar indefinidamente esa situación y mantenerse en el Poder, el malabarista Pedro Sánchez precisa algo más que su habitual palabrería hueca. Necesita ante todo, aparentar que lucha contra la pobreza y que busca la manera de reducir las desigualdades. Es igualmente necesario que todos los ciudadanos disfruten de las mismas oportunidades, sin tener en cuenta, claro está, ni su origen, ni su orientación sexual o identidad de género. Y por descontado, también hay que alcanzar una igualdad plena entre hombres y mujeres.

Para no fallar y lograr semejante propósito, el presidente Sánchez defiende con verdadero entusiasmo el Nuevo Orden Mundial, impulsado por esa camarilla de insolentes multimillonarios, que pretenden romper la cohesión social e imponer el pensamiento obligatorio. Y eso le lleva realmente, como ya hemos visto, a utilizar la pandemia con la malévola intención de fraccionar nuestra sociedad para controlarla mejor. Sin ir más lejos, se aprovechó del confinamiento ilegal del estado de alarma, para aislarnos en casa y para promulgar, a base de decretazo limpio, nada menos que treinta y cuatro leyes diferentes.

Y revestido con los ropajes del progresismo más barato e insolidario, el presidente actual del Gobierno, comenzó sin más  a cumplir las consignas del chantajista George Soros. Y todos sabemos que una de las prioridades de este desvergonzado magnate es construir sociedades extremadamente débiles, cuyos individuos vivan aislados y enfrentados unos contra otros. Los seres humanos desenraizados de la familia y de la sociedad en la que viven, pierden la capacidad de pensar y hasta son incapaces de protestar y, por lo tanto, son mucho más obedientes y mucho más fáciles de controlar y de camelar.

Pero Pedro Sánchez no se queda ahí y aprovecha también la ideología de género para corromper también a la pareja. Es evidente que, si dinamitamos el entendimiento entre los hombres y las mujeres, desaparecerá la confianza mutua y habremos asegurado la limitación de nacimientos. Y eso es justamente lo que busca esa partida de avaros magnates, mantener el aborto e instaurar la eutanasia, que son auténticos asesinatos. En todo caso, como no quieren asustar, procuran dulcificar las palabras y hablan de ‘salud reproductiva’ y de ‘muerte digna’.

Y para que no le tilden de pacato, el ambicioso presidente Sánchez va mucho más lejos y, además de cercenar el derecho inalienable de los padres a elegir la educación de sus hijos, transfiere la ideología de género sobre la infancia y sus juegos, y afirma tranquilamente, ahí es nada, que tu no naces ni hombre ni mujer y que puedes ir cambiando a merced de tus deseos. Y por si esto fuera poco, atribuye al aborto, a la agenda LGTB y a la sexualización de los niños, nada menos que efectos benéficos sobre el cambio climático. Y remata la faena, intentando incluir la perspectiva de género y el sentido  emocional, en la asignatura de Matemáticas.

Es verdaderamente lamentable que, en un momento político, social y económico tan complicado como éste, tengamos en la Presidencia del Gobierno a un personaje tan inútil e irresponsable como Pedro Sánchez, que está más atento a conservar el poder que a servir a España. Y claro, así nos va. Si nos hacemos caso del Fondo Monetario Internacional, que creo que no es nada sospechoso, debemos admitir que, en toda la Unión Europea no hay ninguna economía que haya tenido tantas pérdidas de PIB como la española. Y para mayor desgracia, ocupamos la cabeza en inflación y la cola en recuperación. 

De todos modos, hay que señalar que los psicópatas, como es el caso del presidente Sánchez, nunca tienen la culpa de nada. Su narcisismo patológico le mantiene siempre muy por encima de los acontecimientos reales. Así que perdemos desgraciadamente el tiempo, si esperamos que asuma algún tipo de responsabilidad por los pésimos resultados económicos que padecemos, gracias a su desafortunada gestión.

Antes de la invasión de Ucrania por Rusia, echaba la culpa de la desastrosa evolución de nuestra economía a la pandemia. Ahora, sin embargo, ante los ataques brutales que sufren injustamente  los ucranianos, el inmarcesible y sempiterno Pedro Sánchez tiene la desfachatez de culpar a Putin de la subida excesiva de la inflación, y de los precios astronómicos de la energía y de los carburantes.

A pesar de todo, es completamente absurdo, achacar al coronavirus el deterioro fulminante que sufrió nuestra economía. Para empezar, la funesta epidemia, provocada por el coronavirus, afectó por igual a todos los países de Europa y, sin embargo, en ninguno de ellos se produjo una contracción tan drástica de la economía como en España. Y pasa tres cuartos de lo mismo con la guerra ucraniana. Cuando Vladimir Putin comenzó a bombardear Ucrania, ya llevábamos meses estando en máximos históricos tanto en inflación como en los  precios de la luz y de los distintos combustibles. Tendrá que buscar otra disculpa más creíble.

Una de dos, o el presidente del Gobierno socialcomunista y sus ministros son incapaces de aportar una solución viable al problema económico que soportamos, o buscan expresamente el empobrecimiento de los sufridos ciudadanos. También puede darse el caso, por qué no, que  sean ambas causas a la vez. En cualquier caso, es evidente que a los socialistas, qué le vamos a hacer, les gusta elevar el nivel de pobreza lo más posible, porque los pobres son mucho más dóciles y manejables, si se les proporciona lo indispensable para subsistir. Como dijo Winston Churchill, “la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria”.

Es público y notorio que el impresentable Sánchez está al cabo de la calle que, la subida desproporcionada de los impuestos, lleva consigo inevitablemente un aumento progresivo e imparable de la pobreza. De modo que trata de justificar esa desbocada  escalada de esas cargas impositivas sin asustar a los ciudadanos, gastando sin control alguno y endeudándonos hasta límites insostenibles.

Y no contento con esto, el aprendiz de brujo que nos gobierna, resucita nuevamente la vieja ‘lucha de clases’ para dividir a las personas entre ricos y pobres. Y completa la faena, digámoslo claramente, acabando con la molesta e indisciplinada clase media. Es verdad que, una vez que desaparezca la clase social que cuenta con un nivel socioeconómico medio, crecerá aún más el número de descontentos. Pero le da igual, porque sabe que así cuenta con el apoyo de los pobres para  expoliar sin miramiento alguno a los ricos. Y así fue como Pedro Sánchez llegó a los Mundos de Yupi de la mano de Soros.

 Gijón, 21 de marzo de 2022

 José Luis Valladares Fernández


sábado, 12 de marzo de 2022

CON SÁNCHEZ, NO PODEMOS OPINAR NI PENSAR

 



Hay que reconocer, que el sufrimiento es algo que nos entristece y deprime y, para colmo de males, hay veces que termina incapacitando al ser humano para enfrentarse a la vida diaria con determinación y valentía. Y por desgracia, también es algo que afecta, en mayor o menor medida, a toda la humanidad. No obstante, el sufrimiento moral, como demostró ampliamente Fiódor Dostoievski, nos enriquece, y nos ayuda a reflexionar y a clarificar  y dar sentido a nuestra vida. 

No cabe duda que Dostoievski es uno de los genios literarios más importantes de la Rusia zarista que, como es sabido, tuvo una juventud extremadamente convulsa y problemática. Al morir su madre cuando aún era un niño y quedar en manos de su padre que era un alcohólico y un tirano inaguantable, creció en un ambiente  familiar tan intransigente y despótico, que lo dejó marcado para toda la vida.

Y no acaba aquí su odisea, ya que el padre del escritor ruso muere, cuando éste acababa de cumplir los 18 años. Lo asesinaron sus propios siervos, porque no aguantaban ya más sus veleidades y su insoportable totalitarismo. Su mismo hijo, que estaba harto de tanta crueldad y de tanto exceso tiránico, también había deseado fervientemente la muerte de su progenitor. Pero al producirse ésta de manera tan violenta, el futuro novelista comenzó a experimentar un sentimiento de culpabilidad, que le causaba un malestar interno verdaderamente irresistible.

Y para completar el cuadro, a los pocos meses de la muerte trágica de su padre, Fiódor Dostoievski comenzó a sufrir las primeras crisis epilépticas, agravándose así su penoso calvario. Y para complicar aún más las cosas, la intensidad y la frecuencia de esos trastornos neurológicos fueron aumentando paulatinamente con la edad. Pero el que terminaría siendo uno de los literatos rusos más famoso, no se amilanó por eso y aprovechó hábilmente todos esos infortunios y tormentos  para explorar la psicología humana y conseguir así un conocimiento más justo y preciso de sí mismo.

Para conocer a fondo su estado de ánimo y su manera de ser y remediar a tiempo sus debilidades, el nuevo novelista comenzó a entrar en la mente perturbada de los personajes ficticios de sus novelas para examinar su comportamiento. Y aprovechó esas indagaciones, en primer lugar, para enriquecer considerablemente sus narraciones y también, quién lo iba a decir, para establecer unas conclusiones  psicológicas precisas y acertadas sobre sí mismo y sobre el resto de los hombres.

Gracias al estudio detallado de la conducta de los protagonistas de sus novelas y a esa especie de introspección profunda, Fiódor Mijáilovich Dostoievski llegó a tener un conocimiento notable de la condición humana. Y pudo comprobar, que los hombres con poder y sin principios, para satisfacer su egoísmo y ambición, solían cometer verdaderas atrocidades contra sus congéneres. Precisamente por eso, se atrevió a hacer este pronóstico que, como veremos, terminó cumpliéndose al pie de la letra: “la tolerancia llegará a tal nivel que las personas inteligentes tendrán prohibido pensar para no ofender a los imbéciles”.

Aunque los zares rusos eran imperialistas a rabiar, sus súbditos eran libres, aparentemente al menos. Pero unos cuantos años más tarde, con el triunfo de la Revolución de Octubre,  tal como había anunciado acertadamente Fiódor Dostoievski, los ciudadanos rusos normales perdieron la poca libertad que les quedaba. Pasaron a ser prácticamente esclavos de los jerarcas soviéticos.

Y eso es justamente lo que quiere hacer ahora Pedro Sánchez, acabar con nuestra iniciativa e independencia, decretando la muerte de la razón. O despertamos de una vez los españoles y nos enfrentamos con valentía y coraje a este defensor a ultranza de los ocupas, de los golpistas y de los herederos de ETA, o terminaremos más pronto que tarde en un exilio democrático riguroso, donde controlarán nuestra vida particular y nos prohibirán pensar. Está empeñado en reeducarnos a toda costa para que inclinemos nuestra cerviz y aceptemos sumisamente hasta sus dogmas más disparatados.

El triunfalismo desplegado últimamente por este autócrata en ciernes que nos gobierna, está haciendo un daño irreparable a los españoles. Tiene tanta soberbia y es tan vanidoso, que se comporta como si en España no hubiera nadie tan capacitado como él para solucionar  nuestros problemas diarios. Y sin empacho alguno, proclama a los cuatro vientos que, como puso en marcha la recuperación económica, acabó con todas nuestras preocupaciones y nos puso a vivir de verdad. Lo que quiere decir, faltaría más, que comenzaremos en breve a disfrutar del ansiado Estado de bienestar.

Pero todos sabemos que, por tratarse de un mentiroso compulsivo que ha hecho de la falacia y del engaño su forma normal de vida, la palabra del presidente Sánchez no tiene ningún valor. . Y esto es determinante, creo yo, para que viva instalado en un mundo quimérico e  irreal, ocupado exclusivamente en presumir de imagen y en dar pábulo a su desmedida ambición. Y como para para este engañabobos no hay valores ni principios morales que valgan, y la honradez y la decencia no son nada más que virtudes imaginarias, puede permitirse el lujo de vivir sin escrúpulos y decir una cosa ahora y, a continuación, hacer exactamente lo contrario.

Es evidente que  Pedro Sánchez solo piensa en salvaguardar su supervivencia. Y para conseguir semejante objetivo, procura dar cierto aire de marketing a todas sus actuaciones, con la intención manifiesta de captar votos, que le ayuden a perpetuarse en el cargo. Por lo tanto, no debe extrañarnos que pretenda hacernos ver que, con su llegada a la Presidencia del Gobierno, mejoramos ostensiblemente nuestra calidad de vida, cuando es innegable que, para desgracia de todos los españoles, estamos ante una mentira descomunal.

Tenemos que admitir, que no hay, en toda la Eurozona, un jefe de Gobierno que sea tan mal gestor como el presidente que padecemos. Y dejándose llevar por una vanidad o presunción ilimitada, comienza sin más  a vanagloriarse desvergonzadamente de sus propios logros, que califica de extraordinarios, pero que solo existen  en su imaginación. Y recurriendo a los famosos ‘Aló presidente’ del venezolano Hugo Chávez, el mitómano Sánchez apareció, una vez más, en la pantalla de plasma y, obviando lo que dicen las correspondientes estadísticas, pretende colgarse  la “medalla de oro” por la gestión de la pandemia.

Pero los datos que nos ofrece el Instituto Nacional de Estadística, sacados de los distintos registros civiles de España, no avalan en absoluto el optimismo derrochado por el presidente Sánchez. Más bien, es todo lo contrario. Contabilizando todas las defunciones por coronavirus, incluyendo naturalmente las que camuflaba el Gobierno, sumamos más muertos por millón de habitantes, que ningún otro país.

Y a esto hay que agregar que fuimos líderes en número de sanitarios contagiados, porque el Gobierno no les suministró a tiempo material adecuado para protegerse. Y también batimos, cómo no, el record en presión hospitalaria, ya que superamos a los demás países en hospitalizados por cada millón de habitantes. Y todo, digámoslo claramente, porque el endiosado Pedro Sánchez tardó varios meses en tomar en serio la crisis originada por el coronavirus.

Pero resulta que el presidente del Ejecutivo socialcomunista sueña frecuentemente, y cuando sueña, no tiene límites. Por lo tanto, es normal que a la “medalla de oro” por el supuesto éxito en la lucha contra la pandemia, pretenda añadir también otra condecoración más porque, según dice, consiguió que España afianzara su recuperación económica y social, bastante antes que los demás países de nuestro entorno.

Se da la circunstancia, que a Pedro Sánchez le encanta cosechar aplausos y recibir cantidad de halagos y homenajes. Y eso le lleva necesariamente a desvivirse por cosechar el mayor número de premios y galardones. Y de hecho, por qué no decirlo, ha logrado que los españoles ocupemos muchos podios, aunque son todos de dudoso honor. Para empezar, somos el único país de Europa que no ha sido capaz aún  de recuperar el nivel de riqueza que teníamos cuando surgió la crisis del coronavirus. Y por desgracia, también lideramos el desempleo en la OCDE, siendo especialmente escandaloso el paro juvenil.

Y como no podía ser menos, también mantenemos  uno de los déficits públicos más altos de la Unión Europea, ya que cerramos el año 2021 con el 7,3% del PIB. Y de momento, solo nos supera Malta con un 8,1% del PIB. Pasa algo muy parecido con la prima de riesgo, que últimamente ha ido subiendo de manera escandalosa. En este momento llega ya a los 102,550 puntos porcentuales. Pero, si sigue así, alcanzaremos muy pronto los 120 puntos. De momento, solo Grecia e Italia tienen una prima de riesgo más alta que la nuestra.

Está visto, que el deterioro de nuestra situación económica y financiera es imparable, y  está llegando a un puno de no retorno, por culpa de la desastrosa gestión que viene realizando el engreído Pedro Sánchez. Hasta ahora, no ha conseguido nada más que agravar desmesuradamente los problemas  que ya existían y, por supuesto, crear otros nuevos. Y esto ha servido, claro está, para que cada vez haya menos inversores que se atrevan a invertir en España. En consecuencia, si no hay quien lo remedie, los españoles seguiremos caminando hacia un empobrecimiento cada vez más intenso y lamentable.

El aprendiz de Mortadelo, que ocupa actualmente La Moncloa, piensa que somos todos tontos o imbéciles. Y aprovechando que tiene una corte amplia de prosélitos y adeptos que le apoyan y jalean, se chotea descaradamente de nosotros y nos condena, ahí es nada, a no poder opinar, ni pensar por nosotros mismos.

 

Gijón, 7 de marzo de 2022

José Luis Valladares Fernández

sábado, 8 de enero de 2022

LAS FALACIAS DE PEDRO SÁNCHEZ

 



            En el siglo V  a. C. apareció en la Grecia Antigua una corriente filosófica, los sofistas que, como buenos maestros, iban de ciudad en ciudad, enseñando a la gente a desenvolverse correctamente en los asuntos públicos. Entre los sofistas más destacados o más conocidos, tenemos a Protágoras y a Gorgias, que pasaron a la historia como los padres del relativismo y del escepticismo.

Para Protágoras, todo es relativo, porque “el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son”. Y Gorgias fue un defensor firme del escepticismo, ya que al referirse a la naturaleza o al no ser, afirmó claramente que “nada existe” y “si existiese no se podría conocer” y “si se pudiese conocer no se podría comunicar”. Lo que quiere decir, sin entrar en más detalles, que la verdad objetiva no existe y tampoco la moral. No son nada más que mera materia opinable.

Sin duda alguna, los sofistas eran auténticos especialistas en el manejo del lenguaje y la elocuencia. Y esto les proporcionaba una eficacia persuasiva verdaderamente extraordinaria, que les servía para salir airosos en sus frecuentes enfrentamientos con sus adversarios políticos. Y los acallaban, rebatiendo simplemente sus argumentos, sin preocuparse por la verdad.

Y aunque no se comportaran como auténticos filántropos, tampoco es que fueran demasiado cicateros o mezquinos con los ciudadanos que pensaban dedicarse a la política. Pues es sabido que, a cambio de un dinero, los instruían convenientemente, para que pudieran desenvolverse de manera sagaz e inteligente en los diversos asuntos públicos. Y les enseñaban, cómo no, la manera de elaborar discursos, aparentemente justos, aunque estén completamente llenos de engaños y falsedades.

Es verdad que Pedro Sánchez no contó con el adiestramiento de aquellos ilustres  helenos, pero procura imitarlos en todas sus apariciones públicas, para hacernos ver que se desvive por España y por todos los españoles. Lo malo es que, hasta para simular eficientemente una postura hace falta inteligencia. Y si no es así, tus argucias y tus abundantes  y llamativos sofismas te harán quedar siempre en entredicho.

Y es precisamente su limitación dialéctica, la que le lleva a restringir sus comparecencias públicas, porque sabe que así se ahorra posibles abucheos y cantidad de críticas molestas. Y si necesita aparecer en público para airear supuestos logros del Gobierno, una de dos: o busca un auditorio apropiado, cosa que suele hacer frecuentemente; o, como pasó el pasado 29 de diciembre en La Moncloa, impidiendo que los periodistas  y los medios de comunicación que no son afines puedan realizar preguntas.

En todo caso, debemos admitir que, con la posibilidad de sacar adelante los Presupuestos para el año 2022, el endiosamiento del  presidente Sánchez llegó a límites francamente inalcanzables. Y como piensa que “sumar es la clave”, se sintió tremendamente orgulloso de su capacidad para suscitar el consenso, ahí es nada, entre “once fuerzas políticas que representan las distintas sensibilidades” que hay en España.

Así que, sin esperar a más, aprovechó la inauguración de la 143 Asamblea de las Mujeres de la Unión Internacional Parlamentaria, que se celebraba en Madrid, para comunicar oficialmente el consenso alcanzado con los Presupuestos Generales del Estado, sin especificar, claro está, quienes eran sus socios. Y acto seguido, con la intención de presumir y darse autobombo, sacó a relucir el “esfuerzo constante” y la “búsqueda del diálogo y el consenso” que había realizado su Gobierno, “para hacer mejores políticas y mejorar la vida de las personas y de nuestro país".

Para no desperdiciar los halagos de aquellas mujeres y disfrutar de sus ferverosos aplausos, Pinocho Sánchez sacó rápidamente a colación, que su Ejecutivo siempre había luchado contra la violencia machista, algo que es sumamente necesario, si queremos acabar con la desigualdad entre géneros. Y añadió seguidamente: “la igualdad de género está en el ADN de nuestro Gobierno y es un eje transversal de todas nuestras políticas".

Para dar mayor efectividad a su discurso, hizo “un llamamiento al consenso”, advirtiendo, como no podía ser menos, que los desacuerdos y con la “falta de diálogo no podrá responderse a ninguno de los grandes retos" de la sociedad actual. Y completó su discurso, con el ruego de evitar cuidadosamente  “la polarización”, ya que lleva a “la desconfianza” y es un riesgo serio para la democracia.

En todo caso, debemos señalar que el PSOE, por indicación expresa de Pedro Sánchez, defiende abiertamente ese tipo de pactos con ERC y también con Bildu porque, según dicen, “ETA ya no existe”. Y aunque  hay  barones históricos  que protestan por los acuerdos amañados con Bildu, el PSOE en general está plenamente satisfecho con ese tipo de alianzas y piensan  mantenerlas indefinidamente, más que nada, faltaría más, “por el bien de España”.

Está visto que el doctor de vía estrecha que rige nuestros destinos recurre interesadamente a las argucias y a las falacias de los antiguos sofistas griegos. Quiere hacernos ver que todos esos acuerdos no buscan nada más que el interés de España y de los españoles. Comienza afirmando que “sumar es la clave”. Y por lo tanto, hay que “trabajar por alcanzar mayorías que representen las distintas sensibilidades de un país no para ser más, sino para hacer mejores políticas y mejorar la vida de las personas y de nuestro país”.

Para mantenerse en el poder, Pedro Sánchez se ha aliado con el mejor de cada casa. Ni con la famosa lámpara del cínico Diógenes, encontramos a un solo socio que sea medianamente honesto. Son todos ultraizquierdistas, independentistas extremos o filoetarras, que buscan incesantemente la desintegración de España y la desaparición de las instituciones españolas más tradicionales, empezando por la monarquía.

Y aunque confiesan explícitamente que están en contra de la unidad de España y quieren dar carpetazo a la dichosa Transición democrática española, el presidente Sánchez sigue en sus trece y dice que hay que dialogar con esas fuerzas díscolas. Y para que ese diálogo sea efectivo y podamos recuperar nuevamente  la convivencia, es preciso hacer ciertas concesiones, porque ahora más que nunca, “todos los apoyos son precisos en un momento en el que debemos unirnos para proteger vidas y empleos y para recuperar nuestra economía".

Todos sabemos  que  Pedro Sánchez es un egoísta empedernido y que, por lo tanto, solo busca permanecer el mayor tiempo posible al frente del Gobierno. Hará verdaderas cabriolas para hacernos creer que se preocupa constantemente por nuestros problemas, cuando sabemos que le importa un bledo la economía española y que pasa olímpicamente de España.

Es más que sabido que a Pedro Sánchez solo le interesa Pedro Sánchez. Y justamente por eso, seguirá compadreando con toda esa serie extraña de extremistas, haciéndoles concesiones para poder disfrutar  incondicionalmente de la bicoca del poder. Cualquier cosa antes que contrariar a sus socios de ERC, llegando incluso a dar la espalda al español en Cataluña. Y pasa algo muy similar con los filoetarras de Bildu.

Para normalizar la convivencia en el País Vasco y contar con el apoyo de Arnaldo Otegi y de sus huestes, se olvida de las sufridas víctimas de ETA y centra toda su atención en mejorar la situación de los presos etarras, trasladándoles a cárceles vascas para beneficiar considerablemente su situación penitenciaria. Y todo, digámoslo alto y claro de una vez, para  prolongar su permanencia al frente del poder.

No obstante, el desvergonzado presidente procurará utilizar indiscriminadamente su palabrería hueca para hacernos comprender que, gracias a sus desvelos, estamos saliendo airosos de la crisis originada por la pandemia. De momento, qué le vamos a hacer, tenemos que contentarnos con empezar el año 2022, ocupando la cola  de la recuperación económica, porque este Gobierno no da para más, ya que no cumple ni hace cumplir lo que prometió con toda solemnidad, cuando llegó a La Moncloa.

 

Gijón, 6 de enero de 2022

 José Luis Valladares Fernández


martes, 21 de diciembre de 2021

LA NUEVA LEY DE MEMORIA DEMOCRÁTICA


 

Entre las obras satíricas del escritor británico, George Orwell, destaca una novela de ficción, Rebelión en la granja, en la que crítica dura y severamente los totalitarismos nazi y soviético. Es una especie de fábula ingeniosa y mordaz, en la que se narra el amotinamiento de los animales de la Granja Solariega, porque consideran que su dueño, el granjero Howard Jones es un tirano. Cuando logran expulsar al granjero, crean un sistema de gobierno propio y consensuan una serie de siete mandamientos, que escriben en una pared para que todos los animales los tengan presentes y los cumplan a rajatabla.

Al aventajar en inteligencia a los demás animales, los cerdos asumen el liderazgo de la nueva Granja Animal. Pero los dos máximos dirigentes, los cerdos Snowball y Napoleón, empezaron muy pronto a tener discrepancias, que terminan cuando Napoleón obliga a  Snowball a huir de la granja y se hace con todo el poder. Y Napoleón, con la complicidad de los demás cerdos, aprovecha esa oportunidad para erigirse como único líder de la granja.

A partir de ese momento, los cerdos empezaron a adoptar poco a poco los defectos de los hombres, que provocaron la pasada revolución. Y como querían acrecentar su poder, procedieron a borrar todos los mandamientos que, de alguna manera, condicionaban su voluntad. Al final, respetaron el séptimo precepto, porque vieron que, añadiéndole una simple coletilla, quedaba completamente desactivado. Por eso, al enunciado original, que decía “todos los animales son iguales”, agregaron simplemente esta expresión: “pero algunos animales son más iguales que otros”.

Y acabaron, claro está, desechando sus ideales iniciales para convertirse en auténticos tiranos. Los demás animales de la granja comenzaron a sentirse oprimidos y avasallados. No podían protestar y tenían que acatar dócilmente los caprichos  y las veleidades del cerdo Napoleón y de sus engreídos compañeros. Y no acaba aquí su calvario, ya que, además de haber caído en desgracia, los elitistas cerdos les obligaba a trabajar de sol a sol y, a cambio, no recibían nada más que una ración de comida muy exigua.

Hay que reconocer que, con la historieta satírica y mordaz de Rebelión en la granja, George Orwell nos advierte que debemos estar siempre en guardia contra cualquier tipo de totalitarismo, porque es sabido que el poder omnímodo lleva siempre a la corrupción más absoluta. Comienzan manipulando descaradamente la verdad histórica a su conveniencia y terminan, cómo no, concediendo  cargos públicos y otras ventajas a sus familiares y amigos, aunque carezcan de la necesaria cualificación profesional para desempeñarlos correctamente.

Y se da la circunstancia que el Gobierno socialcomunista, impuesto por Pedro Sánchez, se parece bastante al régimen dictatorial que impusieron los desvergonzados cerdos a los demás animales de  la granja. Desde el primer momento, se dedicó principalmente a manipular la información y a ejercer una vigilancia extrema sobre una buena parte de la sociedad española. Y como no podía ser menos, con esa vigilancia excesiva, se disparó también la represión política y social.

Para controlar y fiscalizar adecuadamente las noticias que aparecían en los distintos medios de comunicación y en las redes sociales, habilitó un Ministerio muy similar a los descritos en la novela distópica de George Orwell, titulada 1984. Es una especie de Ministerio de la Verdad, que concede al Ejecutivo la extraordinaria potestad de determinar si una información es correcta o no.

Y una de dos, o el presidente Sánchez no conoce la Historia de España, o ha perdido totalmente la dignidad y la vergüenza. Porque solo así se explica que intente completar la faena, impulsando una ley tan absurda como la Ley de Memoria Democrática que, además de falsificar la realidad histórica, devuelve al PSOE nada menos que 80 años atrás.

Es muy posible, que no lleguemos a saber si estamos ante un ignorante, o ante un auténtico desvergonzado que busca expresamente la manera de engañarnos. No obstante, si sabemos que Pedro Sánchez defiende, contra viento y marea, que la Segunda República fue un “ambicioso proyecto de modernización del Estado y la sociedad”, donde prevalecía, sobre todo, el “valor de la democracia”.  

Y trata de hacernos ver que, gracias a las avanzadas  reformas políticas y sociales que introdujo la Constitución de 1931, comenzó a funcionar ejemplarmente la justicia social en España, inaugurando así una etapa solidaria, tolerante y verdaderamente democrática. Pero resulta que no duró mucho ese estado de paz y de igualdad porque, como era de esperar, fue interrumpido de manera abrupta por la derecha, que son los sempiternos enemigos de la libertad. Y esa intervención extemporánea de esa derecha cerril encendió los ánimos y abrió paso a toda esa inacabable serie de violencia extrema que padecimos los españoles.

Es evidente que Pedro Sánchez oculta intencionadamente los delitos execrables que se produjeron en la República, antes de estallar la Guerra Civil. Quiere borrar de la historia la Revolución de Octubre de 1934, en la que se produjeron posiblemente más de 2.000 muertos, entre los que  contabilizamos 320, entre guardias civiles, soldados, guardias de asalto y carabineros y unos 35 sacerdotes. Lo que quiere decir que, antes del 18 de julio de 1936, tampoco habría persecución religiosa, ni asesinatos, ni quemas de iglesias y conventos y, por supuesto, tampoco habría destrucción sistemática de  bibliotecas y centros de enseñanzas.

viernes, 26 de noviembre de 2021

LAS CUENTAS ‘FAKE’ DE PEDRO SÁNCHEZ

 

 


            En una de las tiras cómicas del humorista gráfico José Rubio Malagón, vemos a una mujer que, sin el menor reparo, dice a su acompañante: “En política cada vez se habla menos y se rebuzna más”. Se trata, creo yo, de una broma más o menos graciosa, utilizada oportunamente por el autor del chiste para arrancar una sonrisa sincera a sus habituales seguidores.

Aunque no era ésta su pretensión, el autor de esta graciosa humorada hace una descripción perfecta de los políticos egoístas y caprichosos, que se olvidan rápidamente de las promesas que hacen para conseguir sus propósitos; y que, además, se despreocupan de los intereses generales, para dar prioridad a sus intereses particulares. Y eso es precisamente lo que viene haciendo Pedro Sánchez desde que llegó a la Moncloa.  

Se cansó de acusar a Mariano Rajoy de “amparar la corrupción” y le pedía insistentemente que dimitiera y dejara el poder. Daba por hecho que, con su llegada a la Presidencia del Gobierno, lograría “recuperar el valor y el sentido mismo de la política”. Y al restablecer de nuevo “la justicia social”, desaparecería la corrupción imperante y volveríamos a recobrar  la decencia en todas las instituciones del Estado.

Y lo que son las cosas, Pedro Sánchez terminó defenestrando a Rajoy y ocupando su puesto, pero terminó haciendo lo que, según el cómico Groucho Marx, suelen hacer la inmensa mayoría de los políticos: “buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico  falso y aplicar después remedios equivocados”. Lo malo es que, cuando se vio en poltrona monclovita, todos sus buenos propósitos se los había llevado el viento.

Pero aún hay algo más, ya que si comparamos los Gobiernos  de Pedro Sánchez y de Mariano Rajoy, es muy posible que encontremos muchas más sombras  y desfachateces en el primero, que en el segundo. No olvidemos que el presidente actual admite sin tapujo alguno, que “el dinero público no es de nadie”, tal como aseveró lapidariamente en su día la inefable Carmen Calvo Poyato, su anterior vicepresidenta primera del Gobierno. Y como el dinero que saquea a los sufridos españoles no tiene dueño, puede despilfarrarlo alegremente sin rendir cuentas a nadie.

Por lo que se ve, el presidente Sánchez pasa olímpicamente de las enormes privaciones que tienen que soportar los ciudadanos de a pie y hasta de las necesidades que pueda experimentar el propio Estado. De ahí, que funda ese dinero, dando la espalda a la realidad. Y lo que no malgasta en su propio boato, lo derrocha comprando voluntades, pagando favores personales y agasajando a familiares y amigos. Ahora, por ejemplo, ofrece un regalo de cumpleaños a los jóvenes que cumplen 18 años, con la malsana intención de comprar sus votos.

Y no es esto solo, ya que se niega a dar cuenta de los gastos que realiza con el famoso Falcón y el Super Puma, incumpliendo así la Ley de Transparencia. Y todos sabemos que viene abusando desvergonzadamente del helicóptero y el avión oficial, porque los utiliza hasta para acudir a eventos del Partido y para viajes privados, como ocurrió cuando la boda de su cuñado y con el Festival Internacional de Benicasim. Claro que, según fuentes del Gobierno,  tanto la boda de su cuñado, como el dichoso festival de música “tienen como objetivo el interés general del país”. Y si esto no es corrupción, que venga Dios y lo vea.

Y como a Pedro Sánchez le sobra soberbia y rebosa rencor y resentimiento a raudales, procurará ampliar lo más posible el coro de cómplices y de antiespañoles, que respalden incondicionalmente sus aberrantes decisiones. De ese modo, tiene garantizado su futuro al frente del Gobierno y puede simular que, gracias a ese gran coalición, está haciendo frente a la crisis que hace verdaderos estragos en el bolsillo de los españoles.

Y por si fuera esto poco, son muchos los medios de comunicación que airean y enaltecen públicamente las directrices que salen del Gobierno. Y lo hacen, claro está, sin tener en cuenta el alcance de las mismas y su grado de moralidad.  Y el presidente Sánchez, que no quiere más que oír, al sentirse halagado por toda esa tropa de aduladores baratos, deja de disimular y se dedica, sin más, a hacer promesas fastuosas y grandilocuentes, que no cumple jamás.

Se olvida, por lo tanto, de la orientación tradicional  que venía manteniendo el PSOE y abre nuevos derroteros, sin preocuparse de las posibles consecuencias. Es entonces cuando aparece el auténtico Pedro Sánchez, que utiliza exclusivamente criterios ideológicos y se olvida de la necesaria seriedad. Y el resultado no puede ser más nefasto. Como carece de principios morales y no respeta ni su propia palabra, realiza una política irresponsable y tremendamente sectaria, que menoscaba seriamente nuestra ya débil credibilidad internacional y espanta la inversión extranjera.

Pero es obvio que, si fallan las inversiones, se produce una peligrosa destrucción de riqueza, que causa verdaderos estragos en la economía, por las dificultades que encuentran muchas empresas para seguir funcionando. Y en realidad, es lo que ha venido sucediendo habitualmente desde que Pedro Sánchez preside el Gobierno socialcomunista que padecemos. Y   para complicar aún más la cuestión y despistar a los que soportan sus increíbles veleidades, de vez en cuando se atribuye supuestos ‘avances’ y numerosas ‘conquistas sociales’, que solo existen en su imaginación.

Sin lugar a dudas, estamos ante un personaje tan inconsciente como irresponsable,  que juega constantemente con las cosas de comer, ocasionando así cantidad de problemas de muy difícil solución. Se ha cansado de repetir que “los líderes independentistas no son de fiar”, porque siempre “han actuado de mala fe”, Por lo que es evidente, que no se puede hacer pactos con ellos. Pero, como no podía ser menos, terminó pactando con ERC y con el PNV.

Pasó exactamente lo mismo con los proetarras de Bildu. Después de repetir hasta la saciedad que “con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo digo 20 veces”. Y también aseguró que no se sentaría con Bildu, ni siquiera “para decirles que no” quería sus votos. Y mira por donde, terminó asumiendo que Arnaldo Otegui era realmente un hombre de paz.

Y como su irresponsabilidad no tiene límites, y no se siente obligado a cumplir su palabra, no dudó en afirmar, que jamás concertaría acuerdos  con el populismo de Podemos. Y todo porque “el final del populismo es la Venezuela de Chávez, la pobreza, las cartillas de racionamiento, la falta de democracia y, sobre todo, la desigualdad”. Y agregó seguidamente que, aceptando el apoyo de Unidas Podemos, “sería un presidente del Gobierno que no dormiría por la noche”.

Pero  es público y notorio que Podemos solo quita el sueño a los ciudadanos que viven honradamente de su trabajo. Pedro Sánchez, en cambio, solo se desvela, si ve que hay posibilidades de perder la poltrona. Y para no correr ese riesgo, comete la estupidez de conspirar con los que quieren acabar definitivamente con la unidad de España. Todo un desvergonzado contubernio que, unido a su desastrosa gestión de la pandemia, provocó la desaparición de cantidad de empresas que daban de comer a muchas familias. Y esto ha supuesto, quién lo iba a decir, toda una verdadera tragedia para la sufrida clase media española.

El resultado no ha podido ser más catastrófico. Con la irremediable desaparición de empresas, se produjo una destrucción directa de muchos puestos de trabajo, lo que dio lugar a que se disparasen escandalosamente las listas del paro, con el consiguiente aumento de la pobreza. A partir de ese momento, comenzaron a multiplicarse y a crecer las conocidas ‘colas del hambre’, para buscar comida en las distintas asociaciones benéficas. Y si estas organizaciones benéficas atendían antes a una media de 400 familias, en apenas un año, se vieron obligados a prestar atención a unas 4.000 familias al día, que ya es decir.

Aunque las evidencias dicen todo lo contrario, el presidente Sánchez y su vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, sostienen que estamos disfrutando ya  de una “recuperación robusta, sólida y mucho más justa”, que en la salida de la anterior crisis económica. Y van más lejos aún y afirman descaradamente que somos la envidia de todos los países de Europa, cuando todos los indicadores económicos demuestran que estamos bastante peor que todos ellos.

Los resultados del paro en España no pueden ser más descorazonadores y deprimentes. En septiembre, la tasa de paro en la Unión Europea alcanzó el 6,7% y, en la eurozona el 7,4%. En España, sin embargo, sobrepasamos ampliamente esos porcentajes,  ya que nos encontramos con un 14,6% de paro. No hay nadie en la Unión Europea, que tenga tantos desempleados como nosotros. Nos sigue Grecia con un 13,3% y después Italia con un 9,2% de paro.

También lideramos, que casualidad, las listas del paro juvenil en la Unión Europea y hasta en la OCDE, ya que contamos con un escalofriante 30,6% de menores de 25 años que no tienen trabajo. Nos sigue muy de cerca Italia con un 29,8% de desempleo juvenil. Los demás países están bastante mejor, aunque muy lejos de igualar el 4,2% de paro juvenil de Japón, o el 6%  de Corea del Sur.

Puede ser que a Pedro Sánchez y a Nadia Calviño, les guste vivir instalados en un mundo de ciencia ficción. Porque si no es así, es incomprensible que sigan afirmando incesantemente, hasta desgañitarse, que los demás países de nuestro entorno envidian nuestra situación económica, cuando encabezamos en solitario las listas del paro y sobrepasamos a todos en déficit público. Y por si esto fuera poco, digámoslo claramente, también ocupamos la cola del crecimiento económico del mundo occidental.

Se da la circunstancia, que los datos económicos de España son especialmente desastrosos. En 2020, nuestro PIB registró un descenso del PIB del 10,8%, que es la mayor caída de los últimos 85 años. Y todo, por la deplorable gestión que se hizo de la pandemia. Ningún otro país de la OCDE tuvo que soportar una caída tan descomunal como la nuestra.

Ni que decir tiene que, en un principio, el Gobierno se dejó llevar por el optimismo y, para remediar el descalabro, prometió creceríamos en un porcentaje muy cercano al 10% durante el año 2021. No tardó mucho en moderar sus expectativas y retrasar el grueso de la recuperación un año más, indicando que nuestro PIB crecería un 6,5% en 2021 y un 7% en 2022. Pero llegó Bruselas y destrozó de un plumazo las cuentas ‘fake’ de Pedro Sánchez, al dejar claro que España apenas crecería un 4,6% este año y, como mucho, un 5,5 en 2022.

Es verdad que el presidente Sánchez no hace más que vender humo y, así, no hay manera de salir de esa situación económica tan complicada. Y aunque las evidencias indican que seguimos estando en la cola del crecimiento europeo, se empeña en alardear que nadie crece tanto como nosotros. Entre julio y septiembre, el PIB de España solo creció un decepcionante 2% en tasa trimestral. Y fue igualmente calamitoso el aumento de  nuestro PIB en  tasa interanual, ya que solo repuntó un 2,67%, que es un porcentaje insuficiente y muy alejado de lo que esperaba el Gobierno.

Aunque Italia y de Portugal, por citar países de nuestro entorno, tampoco tuvieron un crecimiento económico muy boyante. Pero debemos reconocer que crecieron significativamente mejor que el nuestro, ya que su crecimiento interanual, estuvo muy cerca del 4%. Y no digamos nada de Grecia que, esta vez, dejó a España en evidencia, ya que su PIB, en tasa interanual, creció, ahí es nada, un magnífico 16,2%, nada menos que ocho veces más que nosotros.

Y lo malo es que, para redondear nuestro desastre económico, además de un paro tan enorme y de un crecimiento tan anémico e insuficiente, tenemos que enfrentarnos con un déficit totalmente desbocado, que superará incluso el 4%. Y a esto hay que agregar una inflación desenfrenada que, al cerrar el ejercicio de 2021, puede sobrepasar la desorbitante cantidad de 30.000 millones de euros.

Y dando muestras de una irresponsabilidad insuperable, Pedro Sánchez se ha empeñado en elaborar unos Presupuestos absurdos para 2022, porque aumentan disparatadamente la presión fiscal y los gastos sociales. Y si logra sacarlos adelante, como no habrá manera de alcanzar los ingresos programados, se disparará nuestra deuda pública hasta límites inasumibles, ya que puede llegar al 120 de PIB, y entonces nos hundirá aún  más en la miseria.

 Gijón, 25 de noviembre de 2021

José Luis Valladares Fernández