lunes, 20 de julio de 2009

LOS PAGANOS DE LA CRISIS

Las clases medias, mientras Zapatero esté en la Moncloa, lo tenemos muy crudo. Estamos destinados a pagar los platos rotos de la insensatez de un gobernante irresponsable. Y ahora, con la financiación de las Comunidades Autónomas, quizás piense que ha puesto una pica en Flandes y, en realidad, no ha hecho otra cosa que agrandar considerablemente el roto de nuestra economía.
Dada nuestra complicada situación económica, Zapatero debiera ser mucho más cauto y abandonar, de una vez por todas, sus aires de Rey Mago. Que ahora se ha metido de lleno en el charco, como es su costumbre, lo certifica la postura adoptada por Esquerra Republicana de Cataluña. Los independentistas catalanes se han jactado de su victoria, y confiesan abiertamente que han obligando al presidente del Gobierno a ceder a Cataluña 3.855 millones de euros del fondo adicional previsto por el nuevo modelo de financiación autonómica. Cantidad que se corresponde, con exactitud, con la petición de ERC.
Con este acuerdo de financiación de las Comunidades Autonómicas, se ha hecho trizas la tan cacareada solidaridad interterritorial de la que, hasta ahora, tanto ha presumido el PSOE. Precisamente, una de las comunidades más ricas y, sin lugar a dudas la más insolidaria, se lleva ella solita casi el 40% del total del fondo previsto. Y hay que precisar que, con respecto al resto de España, ni en número de personas, ni en términos de PIB, van más allá del 18% y el 16%. Atendiendo únicamente al número de personas, con la cantidad asignada a Cataluña, les corresponde un 64% per cápita con respecto a la media del resto de España. Quizás encajaría mejor el reparto si se hubiera hecho atendiendo al número de embajadas abiertas en el extranjero, en vez de haber tenido en cuenta el número de personas, su dispersión y otras zarandajas disculpatorias.
Desconocemos aún las cantidades concretas de recursos que, al final, van a recibir las distintas comunidades, ni cómo evolucionará posteriormente el nuevo sistema ideado, ya que está basado, de un modo primordial, en la cesión de lo que cada taifa comunitaria recaude por los tributos puestos al cobro. Pues no podemos olvidar que, en la actualidad, los ingresos fiscales han sufrido una caída aproximada de un 30% con respecto al ejercicio pasado. Y todo esto como consecuencia de la baja actividad económica registrada.
Se mire como se mire, como dijo Rajoy, se trata de una gigantesca chapuza, ya que beneficia, de un modo escandaloso, a unos territorios españoles a costa de otros. Quizás se actúa de una manera tan frívola por la necesidad política de Zapatero de buscar, de un modo prioritario, su propia sostenibilidad antes que la del sistema. Su debilidad, en términos de apoyos en el Congreso, actúa como un lastre muy pesado que impide que nuestra economía abandone su marasmo actual.
El nuevo sistema de financiación autonómica se fue formando a base de ir creando distintos fondos, de acuerdo con las exigencias que iban planteando las comunidades. De todos ellos, los más importantes son el fondo de competitividad y el fondo de cooperación. El primero de ellos tendrá en cuenta la fiscalidad de cada comunidad, mientras que el segundo tratará de compensar el desfase que ocasione este nuevo sistema. El fondo de cooperación surgió como respuesta a las exigencias de Chaves, cuando aún era presidente de Andalucía, para contrarrestar las significativas ventajas que se llevaba Cataluña. Las comunidades autonómicas, discriminadas con esta financiación, son claramente chantajeadas y obligadas a recoger unas simples migajas, si no quieren correr el riesgo de perder futuras e hipotéticas mejoras.
Esta nueva forma de financiación de las comunidades autonómicas, injusta a todas luces en cualquier ocasión por lo que tiene de discriminatorio de una regiones a costa de otras, no puede ser más inoportuna. Nuestras circunstancias económicas exigirían una contención significativa del gasto público, tanto por parte del Estado como por parte de las entidades autonómicas. Y llega precisamente en una situación de crisis, cuyo final no hay modo de prever. El Fondo Monetario Internacional acaba de realizar unas previsiones tremendamente pesimistas para la economía española. Augura para nosotros el declive más acentuado de todos los países desarrollados, con una caída del PIB del 4% para este año y de un 0,8 para el año siguiente. Los males derivados de la financiación y el recorte generalizado del crecimiento, dadas las particularidades de nuestro sistema económico, son mucho más graves en el caso español. Y la culpa de todo esto hay que buscarla en la escasa productividad de nuestro modelo, la falta de competitividad y al acelerado incremento del paro.
Este modelo de financiación, puesto en marcha con la mayor de las frivolidades, comporta un aumento del gasto público, al menos en 11.000 millones de euros. Todo esto, además de romper el techo de gasto que aprobó el Parlamento, viene a aumentar el déficit público y un aumento notable del paro. Y esto, más pronto o más tarde, se traducirá en una subida considerable de los impuestos que, como siempre, soportarán las clases medias. Esto servirá para que el Ejecutivo alardee de justicia social, como ha hecho otras veces, con el pretexto de subir los impuestos a los ricos, cuando son los asalariados y los pensionistas normales los que en realidad y desgraciadamente pagan el pato de la actuación de un presidente y unos ministros que no dan la talla y les cae muy grande el traje del Gobierno.

Barrillos de Las Arrimadas, 15 de julio de 2009

José Luis Valladares Fernández

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