miércoles, 6 de noviembre de 2019

HABLEMOS CLARO


I.- Pedro Sánchez justifica su asalto al poder por la corrupción.





Los aficionados a la mitología griega, conocen sobradamente a  las tres famosas Mineidas. Estas tres hermanas, llamadas Iris, Climena y Alcitoé, eran muy buenas bordadoras y expertas tapiceras. Y cuando llegó la solemne fiesta de Dionisio, o de Baco, para el que prefiera la mitología romana, todos los habitantes de Orcomenes, menos las Mineidas, se prepararon para participar activamente en los festejos.

Con la disculpa de complacer a Minerva, la diosa de las artes, las  Mineidas no quisieron saber nada de la fiesta y utilizaron resueltamente las horas, que debían dedicar al dios del vino, en el manejo de su huso y sus lanzaderas. Y cuando más ensimismadas estaban en su trabajo, una nube de humo y un fuerte olor de mirra y azafrán invade su estancia. Y comienzan a oír un ruido estridente  de tambores y trompetas, entremezclado con aullidos de bestias feroces.

Tremendamente asustadas, las Mineidas intentaron huir para ocultarse en el escondrijo más recóndito de su palacio. Pero todo fue inútil, ya que la venganza de Dionisio, o de Baco, que tanto más da, las transformó en murciélagos, sin darles tiempo a reaccionar. Y todo, por negarse a participar en las orgías  o bacanales que se celebraban en honor del dios del vino.

A partir de ese momento, las Mineidas, comenzaron a comportarse como auténticos quirópteros, esas criaturas nocturnas, que huyen siempre de la luz, aunque vivan en los medios humanos. Rondan alrededor de las casas y tienen que aprovechar la obscuridad de la noche para salir de sus guaridas y emprender el vuelo. O sea que, para alimentarse, utilizan continuamente la nocturnidad y la traición o alevosía más aviesa.

Y el comportamiento de Pedro Sánchez,  el tuercebotas que nos gobierna, se asemeja bastante al de esos conocidos mamíferos voladores, los murciélagos. Su demostrada ineptitud le lleva a satisfacer su ego desmedido, recurriendo a la nocturnidad y al chantaje ventajista. En octubre de 2016, cuando le defenestraron de la Secretaria General del PSOE, recorrió cantidad de kilómetros, para camelar al mayor número posible  de militantes de base, especialmente jóvenes y conseguir su apoyo. Y  gracias a esa treta, volvió a recuperar el cargo de secretario general en las primarias del 21 de mayo de 2017.

Con semejante triunfo, que sacó de quicio a muchos viejos socialistas, el jactancioso Pedro Sánchez se envaneció por completo y comenzó a pensar que, si usaba inteligentemente la marrullería y el amaño, tenía el mundo entero a sus pies. Esa victoria ante los barones de su propio partido estimuló aún más su ambición y su hambre de notoriedad, y comenzó a soñar, sin más, con La Moncloa. Y para colmar satisfactoriamente sus anhelos más íntimos, tenía que sustituir ya a Mariano Rajoy en la Presidencia del Gobierno, sin esperar a una nueva convocatoria electoral.


Para lograr su propósito, el arribista Sánchez decidió recurrir nuevamente al embuste y al chanchullo y presentar una moción de censura contra el actual presidente del Gobierno. Eso supone, es verdad, entrar en La Moncloa por la puerta trasera, pero merece la pena para disfrutar de semejante momento. No olvidemos que lo importante es llegar, no como se llegue.

Era evidente, cómo no, que el advenedizo líder del PSOE tenía el apoyo incondicional de un populista tan barato y de tan baja estopa, como Pablo Iglesias. Sabía, además que, para engatusar a los independentistas de ERC, PDeCAT, Bildu y PNV, y contar con su respaldo explícito, no tenía nada más que recurrir a las componendas y a los cambalaches políticos, haciendo, por supuesto, alguna que otra concesión arriesgada a estos enemigos declarados de España,.

Para dar cierto aire de normalidad a la  moción de censura, el tramposo Sánchez decidió sacar pecho y, escudándose en una controvertida y más que sospechosa sentencia del magistrado José Ricardo de Prada, acusó al PP de crear “alarma social”, por financiarse de manera irregular. Y como no podía ser menos, se atrevió a pedir a todos los diputados que apoyen su moción de censura, para sacar a España del “lodazal de la corrupción”, producido por los dirigentes del Partido Popular.

En España, claro está, tenemos casos de corrupción tan llamativos  como el de las Tarjetas Black, el del 3%, el Caso Palau y el Caso Noos. No son menos graves, por supuesto, los  casos de la Gürtel y la Púnica, que afectan directamente  al Partido Popular. Sin embargo, no todos los que forman parte del Partido Popular son corruptos. Como en los demás partidos, también hay afiliados honestos, una inmensa mayoría, y otros, los menos, que se han dejado corromper y han optado por el robo y el saqueo del dinero público.

En el debate de la moción de censura, que se celebró el 31 de mayo y el 1 de junio de 2018, el tarambana Sánchez culpa desvergonzadamente al PP de hundir a España en un enorme “lodazal de la corrupción”, con la trama corrupta de la Gürtel. Es ciertamente muy grave, pero no es tan escandaloso, ni tan hiriente para la ciudadanía como los casos que afectan al PSOE.

La cantidad de dinero birlado a las arcas públicas por la Gürtel puede llegar, ahí es nada, a los 1.000 millones de euros.  Y aunque se trata de una cifra verdaderamente exorbitante, no es tan escandalosa, ni tan sangrante como lo estafado por el Partido Socialista Obrero Español. Solamente en Andalucía, la cantidad sustraída por el PSOE al bolsillo de los españoles asciende a más de 20.000 millones de euros.

Si nos atenemos  a los casos más significativos de corrupción del partido del puño y la rosa en Andalucía, tenemos que recordar necesariamente que, durante más de 10 años, algunas consejerías de la Junta estuvieron desviando fondos a la Agencia IDEA, fondos  que pasaban inevitablemente a engrosar las cuentas de empresarios o particulares cercanos al PSOE. Y el montante del dinero sustraído con esa serie de desviaciones, si nos hacemos caso de las fuentes judiciales, supera con creces la espeluznante cifra de los 4.100 millones de euros,

Es también sumamente significativo el caso de los EREs en Andalucía. Lo estafado en los EREs, con la connivencia de los ex presidentes de la Junta Manuel Chaves y a José Antonio Griñán y de otros dirigentes de la jerarquía socialista andaluza, asciende nada menos que a los 1.200 millones de euros. Y como se trata de dinero, que estaba destinado precisamente a los parados, pasó a ser uno de los casos de corrupción más indecoroso y más inmoral.

No hay ningún otro partido que tenga un historial de corrupción tan amplio como el PSOE. Sin necesidad de ir más allá de los años 80, ya nos encontramos con una larga lista de casos indecentes de corrupción, protagonizados por dirigentes responsables del Partido Socialista. Ahí están, por ejemplo, los inolvidables casos de Filesa, Malesa, Time Export, Malaya, Mercasevilla, el caso Guerra, los Gal, el AVE y un largo etcétera, que difícilmente ningún otro partido puede igualar.

Está visto que, en el PSOE, nunca  han hecho ascos al hurto y al latrocinio sistemático. En los estertores de La República, por ejemplo, los dirigentes máximos de esa formación política  arramblaron con las reservas de oro de España para enviarlas a Moscú. Y después de este desfalco, comenzaron a preparar meticulosamente el mayor robo del siglo: A parte del expolio de nuestro patrimonio histórico-artístico, saquearon el Banco de España, las cajas de seguridad de los bancos y se llevaron hasta las alhajas que la gente humilde guardaba en el Monte de Piedad. No es de extrañar, por lo tanto, que Pío Moa dijera que el PSOE  es “un partido de ladrones”.

La lista de escándalos del Partido Socialista es enormemente larga y manifiesta. Pero eso no es óbice para que llegue un caradura como Pedro Sánchez y, a pesar de la evidencia del cenagal que tiene en casa, intente justificar su denigrante asalto al poder precisamente por culpa de la corrupción, la corrupción, claro está, del Partido Popular.

Gijón, 4 de noviembre de 2019

José Luis Valladares Fernández

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