jueves, 26 de marzo de 2009

LOS VAIVENES DE LA ECONOMÍA

En la mitología griega se nos cuenta la historia del famoso Sísifo. Sísifo, al igual que Prometeo, enfadó a los dioses por su extraordinaria astucia. Como castigo, además de perder la vista, fue enviado al infierno donde debía cumplir, de una manera indefinida, una terrible penitencia: empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada y sumamente larga. Y, antes de alcanzar la cima de la montaña, la piedra siempre volvía a caer rodando hasta el valle para que Sísifo empezara de nuevo desde el principio.
Esto es, poco más o menos, lo que nos ocurre a los españoles con la economía. Trabajamos lo indecible por mejorarla, nos privamos de amuchas cosas con tal motivo y, cuando creemos que hemos tenido éxito, la economía se vuelve a hundir de nuevo. Y vuelta a empezar la rueda con los mismos sacrificios y las mismas privaciones. Y, como no, los gobiernos de turno son responsables de estos avatares económicos. Ahí está la historia para demostrarlo.
. Si analizamos correctamente el hecho histórico, veremos que socialismo y pobreza, son siempre caras de la misma moneda. Algo así como el Ying y el Yang íntima y armoniosamente entrelazados. La Unión Soviética y sus satélites, donde campaba el socialismo más rancio, alcanzaron las cotas más elevadas de pobreza de todo el continente europeo. Se dio, por lo tanto el fenómeno contrario a lo esperado por Marx.
El empobrecimiento o depauperación creciente, si utilizamos el lenguaje de Marx, es debido a que la propiedad del suelo y los medios de producción se le van escatimando al proletario o trabajador y pasan poco a poco a manos capitalistas, lo que termina por generar una descarada explotación. Y esta explotación será la causa de dicho empobrecimiento. Empobrecimiento que puede llegar a ser absoluto.
En el Manifiesto del Partido Comunista y, posteriormente, en El Capital se detallan los principios de la teoría marxista, más tarde conocida como Materialismo Dialéctico, que va a emancipar y a salvar a la clase trabajadora. Pero esa revolución salvadora pregonada por Engels y por Marx no llegó nunca. Con este estatismo y la planificación excesiva, en vez de emancipación del proletariado, el empobrecimiento del mismo era cada vez más agudo. Y es que a Marx le faltó perspectiva para analizar correctamente los conceptos de salario, valor de uso y de cambio, mercancía y plusvalías.
A la sombra de la doctrina marxista fueron surgiendo, a lo largo de la historia, distintas formas de socialismo, unos más radicales y sectarios que otros. Los hay que son partidarios, sin más, de la abolición total de la propiedad privada. Otros, sin llegar a tanto, cuestionan que dicha propiedad privada sea algo intrínseco al ser humano, por lo que no formaría parte fundamental de las libertades y derechos humanos.
Pero todas las formas conocidas de socialismo tienen el mismo afán de limitar absurdamente la iniciativa privada, planificando drásticamente cualquier tipo de actuación individual. Todos ellos procuran establecer elevados impuestos, que llaman progresivos, y buscan un igualitarismo imposible entre todos los ciudadanos. Todo esto generará, inevitablemente, amplias e incontroladas bolsas de pobreza.
En la misma medida que la propiedad privada influye siempre, en mayor o menor medida, para que el hombre prospere, la intervención estatal o dirigismo conduce hacia la pobreza. La libertad individual de los ciudadanos y la capacidad de crear riqueza de los mismos tienen su fundamento en los derechos de propiedad. El derecho a la propiedad, junto con la libertad y la vida, forman parte de los inalienables e indivisibles derechos humanos. Y cualquier tipo de socialismo, por descafeinado que esté, siempre pone en tela de juicio alguno de estos derechos.
Se puede demostrar empíricamente que el socialismo empobrece a la sociedad civil. Es la misma historia la que nos indica que, todos los países que han intentado experimentos de corte socialista, terminan con problemas económicos y sociales. No hace falta que se trate de un socialismo marxista para dirigir los pasos hacia un empobrecimiento seguro. Aunque se abandone el marxismo, si se conserva la liturgia del mismo, caso del PSOE en España, el resultado será el mismo. El sistema socialista no da para más. Falla estrepitosamente como sistema.
Cuando la degradación económica llega a límites inadmisibles, cuando estamos de nuevo en el profundo valle de la pobreza, la sociedad suele despertar, echa mano de la razón y elige una nueva opción política. Pasó ya en 1996, y tendrá que volver a repetirse ese cambio, si es que queremos enderezar otra vez nuestro rumbo económico y salir airosos de esta crisis económica que nos atenaza.
Para reemprender el camino, ladera arriba como Sísifo, necesitamos un cambio en el gobierno. Necesitamos a alguien que, como Aznar en 1996, nos devuelva la libertad y la seguridad jurídica de que los bienes, así como sus rendimientos, derivados de nuestro esfuerzo económico o laboral, podremos conservarlos y disfrutarlos. Para invertir en capital, tenemos que estar plenamente seguros de que podremos rentabilizarlo adecuadamente. Necesitamos una nueva orientación política que nos garantice que la riqueza natural, tan degradada hoy, se convierta sin más en riqueza humana. Algo que no sabe hacer el socialismo.
Lo malo es que los españoles olvidamos pronto las dificultades pasadas y, cuando estamos a punto de coronar la cima de la montaña, dejamos la razón a un lado y utilizamos el corazón, que es el peor consejero a la hora de acudir a la nueva cita electoral. Y, claro está, la roca de nuestra economía y nuestro bienestar social vuelve a rodar hasta lo más profundo del valle.

José Luís Valladares Fernández

domingo, 22 de marzo de 2009

EL MULTICULTURALISMO DE ZP

Los desvelos del Presidente español por el mundo islámico o musulmán aumentan de día en día. De ahí su preocupación para que, en un Consejo de ministros del pasado mes de enero, quedara formulado todo un plan de formación de arabistas españoles. Con este plan se pretende que un número considerable de españoles reciban una formación adecuada en historia y conocimiento del mundo árabe, la religión mahometana y el Magreb. Llama poderosamente la atención el constatar que nuestras universidades, según Zapatero, no están preparadas para formar adecuadamente a esos arabistas. Este puede ser el motivo de que se confíe esa formación, nada más y nada menos, a la universidad pública Mohamet V de Rabat, vinculada evidentemente a la familia real alauita.
Otro dato más. A mediados de septiembre pasado, en uno de los días del mes Islámico del Ramadán del año lunar 1429 de la Hégira, Zapatero fue invitado por el Presidente de Turquía a un acto religioso del Islam, conocido con el nombre el Iftar. Se trata de una celebración solemne y comunitaria de grupos de musulmanes que se reúnen, a la puesta del sol, para la llamada ruptura del ayuno del Ramadán.
La asistencia de nuestro presidente a esa celebración islámica, en sí misma, no tendría la más mínima importancia. Podría incluso catalogarse como una demostración simple de buena amistad y educación. Pero, si nos atenemos a otros hechos, la intencionalidad política de esa asistencia tiene otras connotaciones maliciosamente perversas. Es cierto que Zapatero aducirá que, con su presencia en el Iftar, trata de buscar un modelo de integración basado en la multiculturalidad. Según él, no pretende otra cosa que el pleno entendimiento del Islam con nuestra cultura religiosa. En otras palabras, la dichosa alianza de civilizaciones.
A pesar de que Zapatero quiera darle, de cara al público, esa interpretación, las palabras que pronunció en pleno acto islámico, delatan en él, si no un odio, sí una alergia evidente a la religiosidad cristiana. Se confesó orgulloso de nuestra herencia islámica. Estoy, dijo, “orgulloso de la influencia del Islam en nuestra historia y de su rico legado en nuestra lengua y en nuestro patrimonio”. Con esta frase nos indica claramente que es incapaz de distinguir entre cultura árabe y religión islámica. Y como pensó que el iftar o ruptura del ayuno del Ramadán era una simple ceremonia cultural, aceptó complacido la invitación del Presidente turco.
Es cierto que los árabes nos han dejado, en su paso por España, un poso cultural muy amplio. Ahí están, para demostrarlo, gran número de monumentos arquitectónicos y hasta muchas palabras en nuestro lenguaje. Pero la influencia religiosa es completamente nula o muy escasa. Nuestro presidente no tiene ni idea de lo que es y lo que representa el Islam. Desconoce que el Islam es algo más que una religión, es una forma de vida. Es religión, pero además es toda una norma de vida tan absorbente que condiciona tanto el ser como el estar del musulmán.
Como Zapatero desconoce que la religión islámica secuestra prácticamente la personalidad del creyente, cree que es posible compaginar islamismo con la cultura occidental y la propia religión cristiana. Nuestra cultura occidental tiene cierta autonomía o vida propia, independientemente de la religión cristiana. La cultura occidental y la religión cristiana se complementan sin provocar prácticamente conflictos de importancia. No así la religión islámica que es exclusivista y que impregna a fondo todos los órdenes de la vida del practicante. De ahí que tratar de conciliar nuestra cultura y nuestra religión con el islamismo, es como intentar mezclar el aceite con el agua.
La palabra Islam, para empezar, significa sumisión. Y, en consecuencia, como se trata de una sumisión plena y absoluta, la razón no cuenta para nada y el creyente islámico carece de la más elemental autonomía y su propia voluntad estará siempre mediatizada por el Corán y por los sunnas o dichos y hechos del profeta y recopilados en la hadiz. Los verdaderos islamistas tratan de seguir ciegamente las enseñanzas de Mahoma. Y como les pide que adopten como primer deber sagrado la lucha sin cuartel contra los enemigos de la ley divina, son, ante todo, auténticos guerreros. Y como ese carácter belicoso procede íntegramente de la propia religión, terminan siendo peligrosos fundamentalistas. Además, al mediar en esa lucha el imperativo religioso, se hacen a veces trágicamente inhumanos. Al igual que el profeta Mahoma, todo verdadero creyente está marcado por la sangre y la guerra. De ahí la conocida Yihad.
Son muchos los que se creen que la Yihad es algo inventado por los americanos, a raiz del terrible 11S. Tremendo error. La Yihad procede del propio Corán y de la Hadiz o tradición islámica. Esa fe profunda en las enseñanzas de Mahoma, predicadas insistentemente por los Mulás, imanes o responsables religiosos, hace que los practicantes islamistas pasen, en muy poco tiempo, de los ritos y celebraciones a los atentados más violentos.
Los que han hecho causa común con la tristemente célebre Alianza de Civilizaciones, conciben la libertad como algo que carece totalmente de vínculos y cortapisas. Y esto nos lleva inevitablemente al fanatismo y a una cruel arbitrariedad. De ahí que esa complacencia de Zapatero con el mundo islámico, y todos los partidarios de dicho multiculturalismo, tienen verdadera culpa de los problemas que origina el Islam en cualquier punto de occidente. Talmente parece que tratan de cuadrar el círculo.
Como el auténtico mahometano es incapaz, por cuestiones puramente religiosas, de integrarse socialmente en otras culturas que tengan hábitos religiosos diferentes, con estas acogidas, los partidarios del multiculturalismo no harán otra cosa que formar auténticos guetos islámicos. Y lo que es peor: estas personas acogidas y reunidas en guetos, se atribuyen a sí mismas como colectividad una identidad propia. Y esa identidad arrogada, la contraponen sin más a la identidad nacional del país que los recibe.
Los mismos islamistas, cuando llegan a un país con cultura occidental saben que no hay integración posible. Están, ya de mano, plenamente convencidos de que su religión es radicalmente incompatible con los valores tradicionales de nuestra cultura occidental. Más aún. Están igualmente convencidos de que su religión es también incompatible, hasta con los derechos fundamentales de la persona.
José Luis Valladares Fernández

miércoles, 18 de marzo de 2009

EL 11-M EN SU QUINTO ANIVERSARIO

En la Voz de Asturias del pasado día 11 de marzo, Patricia Martín se extraña de que los españoles, al cabo de cinco años, subestimen el riesgo de otro 11-M. Pero si nos quitamos las anteojeras y analizamos fríamente ese terrible atentado, resulta totalmente lógico que una inmensa mayoría de españoles piense que esos hechos no tienen nada que ver con la yihad islámica.
Es cierto que la versión oficial achaca ese atentado a personas ligadas al mundo de los yihadistas. Pero no es menos cierto que dicha versión, dadas las distintas e interesadas vicisitudes que acompañaron a todo el proceso judicial, genera muchas y fundadas dudas. Es posible que los especialistas, que según Patricia Martín fueron consultados, tengan razón al estimar que corremos un riesgo de atentado islamista más alto que en 2004. Todos los países occidentales comparten con nosotros ese mismo riesgo. Pero como los españoles, mayoritariamente, están plenamente convencidos de que quien ideó esa masacre no tiene nada que ver con el fundamentalismo islámico, es normal que les atemorice más un atentado de ETA.
Sabemos que ese atentado se gestó con una intencionalidad muy clara, la de cambiar el signo del Gobierno. No sabemos ni quien es el autor intelectual del mismo, ni quien lo organizó. Pero sí sabemos que, dadas las circunstancias con que se llevó a cabo, la yihad islámica nada tuvo que ver con el mismo. Y si los yihadistas no perpetraron ese terrible acto terrorista, es completamente absurdo ligarlo a la presencia militar de España en Irak.
Posiblemente, y tal como indica la sentencia, puede haber entre los ejecutores materiales del 11-M, distintas personas de origen árabe, elegidas posiblemente por los verdaderos artífices de la masacre para urdir posteriormente toda la historia de implicación islamista que ya conocemos. Pero, a pesar de su origen étnico, no tienen nada que ver con el fundamentalismo islámico, ni con Al Qaida. Los ejecutores islámicos señalados por la sentencia judicial, en un país entregado de verdad al Islam, quizás fueran encausados y hasta condenados como transgresores de los preceptos sagrados del Corán y de la Hadith o tradición islámica. Atribuir a estos delincuentes comunes la categoría de islamistas, indica que no se tiene ni idea de lo que es y representa el Islam.
El islamismo es algo más que una religión, es toda una forma de vida que comporta la aceptación ciega de lo que Ala reveló a su profeta Mahoma. Y como son tremendamente religiosos, cumplen rigurosamente las exigencias que marcan la tradición y los distintos suras del Corán. En esto, no se parecen en nada a los occidentales, ya que nosotros, como dice F. Nietzche, solamente nos acordamos de Dios cuando lo necesitamos. Y como en las enseñanzas de Mahoma prevalece de un modo eminente el carácter religioso, el verdadero islamista es ante todo un guerrero y, en consecuencia, un auténtico y peligroso fundamentalista.
No debemos olvidar el verdadero significado de la palabra Islam. Decir Islam es decir paz, pureza, aceptación y compromiso. Islam significa sumisión y conlleva la aceptación y el sometimiento a la enseñanza y al consejo de Ala. Los auténticos islamistas consideran un deber sagrado la lucha sin cuartel contra el infiel y contra el que piensa de distinto modo, para que la ley divina, revelada a Mahoma, acabe con toda ley humana en el mundo. Se trata evidentemente de una lucha en la que interviene el insoslayable imperativo religioso. Al igual que Mahoma, el verdadero islamista está marcado profundamente por la sangre y la guerra para el triunfo definitivo de su religión. De ahí la conocida Yihad o guerra santa.
Esa fe profunda en las enseñanzas de Mahoma, predicadas fervorosamente por los distintos Mulas, hace que los yihadistas pasen, en muy poco tiempo, de los ritos y celebraciones, a los atentados más violentos. Su fin primordial no es otro que alcanzar un buen puesto en el paraíso al lado de unas magníficas y estupendas uries. Y es el martirio, por causa de Ala, lo que mejor nos garantiza ese paraíso. De ahí que se autoinmolen alegre y voluntariamente en esos atentados que preparan a conciencia, para quitar la vida al mayor número posible de ateos o infieles.
Y las personas de origen árabe que, según la sentencia judicial, intervinieron en el 11-M, no tienen el perfil del buen islamista que se entrega sin reservas a la causa de la yihad. Les gustaba demasiado el jamón, el alcohol, la molicie y otros placeres terrenos. Resulta imposible que estos elementos fueran capaces de sacrificar voluntariamente su vida, de acuerdo con la doctrina que Mahoma pone en boca de Ala. Es que, además, eran incapaces de cumplir hasta el más mínimo de los preceptos sagrados que marca el Corán y la milenaria Hadith.

José Luís Valladares Fernández

sábado, 14 de marzo de 2009

LOS VATICINIOS DEL GOBIERNO

Pocas personas habrá tan dadas a vaticinar el futuro como nuestro presidente José Luís Rodríguez Zapatero, sobre todo desde finales del año 2006. Esto quiere decir que, o se siente realmente adivino o cree estar en comunicación directa con la pitia de turno del templo de Apolo. Y estaríamos encantados, sobre todo los pensionistas, si sus pronósticos se cumplieran. Pero, como ocurría con los oráculos de Delfos, ninguna de sus predicciones llega a convertirse en una auténtica realidad.
En diciembre de 2006, con respecto al terrorismo etarra, aventuró lo mucho mejor que íbamos a estar cuando finalizase el año 2007. Bastaron muy pocas horas para que la banda terrorista, con el coche bomba de Barajas, le devolviera a la cruda realidad.
Llega el mes de septiembre de 2007 y promulga a los cuatro vientos que el euribor ya había tocado techo. Otra predicción que, para desgracia de las personas que tienen una hipoteca, tampoco se cumple. El euribor o tipo europeo de oferta interbancaria, lejos de bajar o estabilizarse, ha seguido batiendo todas las marcas y se ha situado ya significativamente por encima del 5 %. Y, según todos los indicios, seguirá subiendo aún más.
A pesar de estos fallos evidentes, el voluntarismo innato de Zapatero le lleva a continuar con ese tipo de pronósticos, sin base real evidente. Y así, en febrero pasado, se atrevió a indicar que los precios comenzarían a decrecer a partir del mes de abril. La realidad, otra vez más, fue bien distinta, ya que la deflación no hizo acto de presencia. Según datos de eurostat, en la zona euro, el precio de los alimentos experimentó en abril un encarecimiento interanual del 6,2 %. Y en España, en ese mismo mes, el encarecimiento interanual alcanzó la cifra del 6,8 %, frente al 3,2 % de abril de 2007.
Una cosa queda clara; con esta reiteración en augurar hechos positivos inmediatos, tratan de maquillar los malos datos económicos. Como si los maquillajes mejoraran, sin más, nuestra cuenta de resultados. Es conocida la frase del presidente cuando habla de nuestra economía: España está en la champion league. Por lo tanto estaría mejor situada que el resto de países europeos. De ahí que podamos hacer frente, con garantía, a la desaceleración económica mundial que padecemos. Huye de llamar a las cosas por su nombre, como tiene por costumbre, y la profunda crisis económica queda simplemente en eso, en una desaceleración más o menos grave.
Y como el alarmismo injustificado es poco patriótico, para disimular mejor los datos negativos, únicamente utilizara cifras económicas absolutas. Y así, tanto él como su gobierno, han repetido hasta la saciedad que mientras la economía de Europa crecía el 2 %, la nuestra llega al 3,8 %. El quid de la cuestión está en que, para este cálculo, no tienen en cuenta el número real de habitantes de España. La población computada en sus cuentas es sensiblemente inferior a la real. A la cifra dada habría que sumar, ni más ni menos, unos dos millones de ciudadanos que no aparecen en las cuentas. No interesa reflejar en absoluto que mientras en Europa la población crecía a un ritmo del 0,5 %, en España lo estaba haciendo nada menos que al 3 %.
Y puesto que la renta per capita se obtiene dividiendo el producto interno bruto por la población, ese crecimiento apuntado ya no es tan boyante. Si aplicamos correctamente el número real de habitantes, nos daremos cuenta que las rentas salariales, como porcentaje del PIB, han perdido más de un 4% desde que Rodríguez Zapatero tomó las riendas del Gobierno. Claramente estamos retrocediendo económicamente y, a pesar de las eufóricas manifestaciones de los ministros, lamentablemente hemos dejado de converger con Europa. Y a esta corrección a la baja de nuestro producto interior bruto, debemos agregar otro dato abiertamente negativo: los impuestos por consumo, en la era de ZP, han subido entre un 33 y un 44%.
Y no es esto solamente. En el último mes de Diciembre, según datos del Eurostat, el índice de precios del consumo (IPC) de la zona euro era del 3,1% en tasa interanual. En España, por el contrario, nos fuimos hasta el 4,3%. Portugal, sin embargo, logró finalizar diciembre con el 2,7%. En la zona euro ocupábamos el penúltimo lugar empatados con Luxemburgo. Únicamente Eslovenia, con el 5,7%, tenía un IPC peor que el nuestro. Al finalizar el mes de mayo último, el diferencial de inflación de España con la zona euro ha empeorado sensiblemente. La media de toda la comunidad ha bajado del 3,1 %, y se sitúa en el 2,9 %. En España, por el contrario, pasamos del 4,3 % a un alarmante 4,7 %.
Ahora nos queda por ver si se cumplen las nuevas previsiones de crecimiento. Desde el gobierno, con su presidente a la cabeza, se insiste, una y otra vez, que vamos a seguir creciendo en torno a un 2%. No tienen en cuenta aquellas opiniones, muy autorizadas, que señalan que ese crecimiento puede estar, incluso, por debajo del 1 %. Seguro que el gobierno, para no variar, tampoco acierta en esto. Y la culpa, naturalmente, la tendrán otros, como el responsable del Banco Central Europeo, al que Zapatero amonestó.
Y es una verdadera pena que vayan fallando, una tras otra, todas las previsiones económicas del presidente. Pues estos fallos no hacen otra cosa que certificar el rumbo errático de nuestra economía. Y sus efectos negativos se dejaran sentir en los hogares españoles con mucha más fuerza que en el resto de Europa. Y, como siempre, las personas más afectadas por esta crisis, además de los que tengan que hacer frente a una hipoteca de tipo variable, son indudablemente los pensionistas.
Los que viven exclusivamente de una pensión ven cómo se acelera el ritmo de deterioro de su poder adquisitivo con estas situaciones de crisis. En circunstancias normales, dado el proceso que se sigue para calcular la inflación, es imposible que las pensiones mantengan su poder adquisitivo. Y cada año, a la hora de su actualización preceptiva, el valor real de esa renta disponible disminuye evidentemente. Pero este deterioro, en estas circunstancias económicas adversas, se hace más evidente y se incrementa de una manera extraordinaria. Pues son muchos más los factores adversos que contribuyen a que el aumento del nivel de precios, tanto de bienes como de servicios, se dispare peligrosamente, creciendo de golpe mucho más que el poder adquisitivo.
Esperemos que un día, ese poder adquisitivo de las pensiones, sea estable y crezca con el mismo ritmo que lo hacen los precios. Para ello habría que utilizar otro método más fiable que el actual, que no modificara, a la baja, el producto interior bruto, base del cálculo del incremento de las pensiones.
José Luís Valladares Fernández (Publicado en La Nueva España el 28-07-08)

jueves, 12 de marzo de 2009

SANTIAGO CARRILLO Y SUS COSAS


En la primavera de 2008, el Club La Nueva España y la asociación cultural Cauce del Nalón invitaron a una charla o mesa redonda a Santiago Carrillo. Dicha charla estuvo más bien centrada en el análisis de la situación política creada, después de las últimas elecciones generales del 9 de Marzo de dicho año. En La Nueva España del 20 de Abril de 2008, aparece un resumen, bastante completo, de la intervención de Carrillo.
Según dicha reseña periodística, el antiguo líder comunista manifiesta que el modelo de Estado propiciado por Zapatero, con estatutos de autonomía como el de Cataluña, lejos de romper España, contribuye precisamente a su unión. Confiesa que el Partido Popular, cuando habla que la unidad de España está en peligro, simplemente trata de salvar su propia unidad y no la del Estado. Con esta afirmación tan peregrina, nos demuestra palpablemente que su idea de la unidad de España es tremendamente simplista. Esta pobre concepción de la unidad de España no es exclusiva de Carrillo. La comparte, por desgracia, mucha gente de la izquierda pretendidamente progresista. Gente que, además, tiene verdaderas responsabilidades políticas.
Quizás el Partido Popular no haya explicado suficientemente el concepto de unidad de España. Habrá pensado que algo tan claro y evidente no necesita aclaracion alguna. La rotura de la unidad de España no se produce porque el mapa caiga en el suelo hecho pedazos. Tampoco hay peligro de que se instalen fronteras entre unos pueblos y otros, ya que todos ellos saben que necesitan de España para vivir con cierto decoro económico. La rotura de España se produce cuando se rompe la igualdad que propugna nuestra Constitución. Se rompe cuando el gobierno de turno privilegia a unos ciudadanos sobre otros. Si hay ciudadanos con más privilegios que otros; en una palabra, si hay ciudadanos más iguales que otros, la unidad de España está lamentablemente rota.
Y la idea que tiene Carrillo de la igualdad entre hombres y mujeres es tan simplista y primaria como la de la unidad de España. Piensa, al igual que Zapatero, que la igualdad real y sociológica depende exclusivamente de una simple cuota. Nada más falso. La igualdad en número no es igualdad y, a la larga, resulta tremendamente discriminatoria para la mujer. Esa deseada igualdad la conseguiremos únicamente dando a las mujeres las mismas oportunidades que a los hombres para su formación. Y una vez formadas, a la hora de cubrir puestos, elegir a la persona más idónea, sea hombre o mujer. La igualdad será real cuando el criterio de selección se fije únicamente en los méritos y en la preparación de la persona. La valía y la preparación deben primar sobre cualquier otra consideración.
Hay más cosas en las que no puedo estar de acuerdo con Santiago Carrillo. No hace falta que confiese sus carencias en cultura religiosa. Y, como todos los que están ayunos de conocimientos religiosos, se permite teorizar sobre todo lo divino y lo humano que se tercie. De ahí que afirme que el Partido popular está sometido, de una manera u otra, al poder de la Iglesia. Es cierto, eso sí, que el Partido Popular comparte con la Iglesia el respeto por las diferentes ideas y creencias religiosas que cada uno pueda profesar. Coinciden, incluso, en señalar el valor intrínseco de la familia como institución básica y los derechos fundamentales del individuo. La conciencia individual de cada persona, para el Partido Popular, es algo inviolable que merece el mayor respeto.
La dignidad moral de cada individuo, sin embargo, no es respetada en absoluto por los que piensan que lo único válido en la actualidad es el relativismo ético y moral. Un ejemplo claro lo tenemos en una declaración que, por esas fechas, hizo el Consejero de Educación y Ciencia de Castilla-La Mancha, José Valverde Serrano. Se atrevió a decir, sin ponerse colorado por ello, que la moral familiar tiene que supeditarse siempre a la moral del estado.
La cultura es muy interesante. La cultura religiosa también. Es algo necesario para enjuiciar correctamente cualquier hecho religioso. Y más aún para interpretar los actos que se deriven de ese hecho religioso. Si Carrillo tuviera un conocimiento básico de la doctrina coránica, vería claro cual es el origen del terrorismo islámico. Osama ben Laden no atentó el 11 de Septiembre de 2001 contra las torres gemelas por el hecho de que él pertenezca a un pueblo con pocos recursos económicos. Lo hizo por que se sentía obligado a actuar así por sus creencias religiosas
Osama ben Laden esta plenamente convencido de que el Corán y la Hadiz o tradición islámica le obliga a implicarse en la Yihad o guerra santa. El luchar contra los enemigos del islán, en todos los frentes, es para él un deber sagrado al que no se puede sustraer. Si fuera exclusivamente cuestión de pobreza frente al mundo de la abundancia, no habría personas prestas a autoinmolarse por esa cuestión puramente terrenal. El fundamentalismo islámico debe su origen a que creen que los preceptos de Mahoma fueron revelados directamente por Alá. Y según esta doctrina, predicada sin desmayo por todos los ulemas o mulas, tiene garantizado el paraíso todo aquel que mate o sea matado por causa de Alá.
El carácter belicoso del islamista practicante, no es un invento de los americanos. Es algo real, basado en las enseñanzas recogidas en el Corán, desde el primer sura hasta el último. El verdadero islamista es guerrero por encima de todo. De ahí que se vuelque en su fe, siguiendo ciegamente los preceptos coránicos. Para ellos no cuentan para nada ni los derechos fundamentales de la persona, y mucho menos los valores tradicionales de nuestra cultura occidental.
Y mientras no estemos convencidos de que esto es así, a pesar de los valores que pueda tener el multiculturalismo y a pesar de la alianza de las civilizaciones, tendremos muchos problemas con el mundo islámico. Es un peligro inmenso consentir, y en muchos casos propiciar, el que estas personas formen verdaderos guetos religiosos en nuestro mundo occidental. Pues ellos, inevitablemente, se reafirmaran en su propia identidad, pero siempre, que no lo dude nadie, en contraposición a la identidad nacional que los acoge.
José Luis Valladares Fernández