miércoles, 20 de mayo de 2009

DISCRIMINACION DE LA PERSONA MAYOR


El Edaismo (“ageism”) está muy de moda en la sociedad actual. Se trata de una violencia intergeneracional que soportan las personas mayores, precisamente por ser mayores. Es cierto que siempre ha existido esa discriminación por razón de edad, pero no de una manera tan hipócrita como se lleva ahora. Hoy día, desde los poderes públicos, se trata de disimular esa discriminación con la puesta en escena de programas sociales que tienen de bueno, únicamente, la parte propagandística. Estos programas sociales pueden, en algunos casos, paliar el problema, pero no le dan una solución definitiva.

Aunque hay muchas formas de discriminación que afectan a las personas mayores, ninguna es tan sangrante e hiriente como la que se refiere a su salud. Disfrutar de buena salud, y el miedo a perderla, es la preocupación máxima de este colectivo, por encima incluso del bienestar económico. Esto indica, al menos, una encuesta del CIS del año 2002. Sobre una puntuación de 10, las personas mayores de 65 años consultadas, asignaban un 9,8 a la salud personal, mientras que al bienestar económico le daban un 8,1.

El problema radica en que la sociedad actual da por bueno el estereotipo de que la enfermedad es consustancial con lo que denominan vejez. Esto da origen a que los Mayores sean vistos frecuentemente como una pesada carga impuesta a los Servicios Sanitarios. Más aún: se cree que representan una verdadera amenaza para el mantenimiento financiero de los mismos. Y así aparece una mal disimulada gerontofobia. Buena prueba de ello es lo extendida que está la creencia de que los tratamientos médicos tienen mucho menos valor en las personas mayores que en aquellas que aún son jóvenes.

Esta discriminación, que hasta tiene carácter institucional, impide que el sistema sanitario se adapte a las necesidades cambiantes de la población. La edad impone ciertas limitaciones en los protocolos de tratamiento. De ahí que al colectivo de mayores se les excluya, casi sistemáticamente, de todo ensayo clínico. Un dato: para saber como influye la toma regular de aspirina en los posibles episodios cardiacos, se utilizaron a miles de personas jóvenes, todas ellas varones y ninguna mayor de 55 años. A esto, algo tendrán que decir las mujeres, ya que la discriminación les alcanza también a ellas.

Es ley de vida que todos, con el paso de los años, vayamos envejeciendo inexorablemente. Y esto nos lleva a una situación de permanente cambio biológico. Esto comporta, además de ciertas implicaciones de carácter social, económico y hasta jurídico, otras implicaciones de carácter típicamente asistencial y médico. Todo esto amplia notablemente el hecho conceptual de envejecer de manera ineludible. Y este destino natural, que nos afecta a todos personal e inevitablemente, nos va a marcar y, por lo tanto, a acondicionar nuestra respuesta vital.

De ahí que si los Poderes Públicos quieren solucionar definitivamente las carencias que provoca en nosotros el hecho de envejecer, deba habilitar ciertos foros para que sean los mayores los que expongan claramente sus necesidades. El querer solucionar estos problemas desde arriba, sin la consulta previa a los interesados, será un empeño condenado al fracaso más absoluto. Es preciso, por lo tanto, que sean los mayores los verdaderos impulsores del necesario desarrollo de una ley de calidad y cohesión del sistema sanitario. Y que simultáneamente colaboren en el desarrollo de la Ley de Protección de las personas con dependencia. Esta sería la manera de corregir las carencias con que nació esta importante ley.


José Luis Valladares Fernández

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