miércoles, 16 de septiembre de 2009

EL DISCO RAYADO DE ZAPATERO

Los que ya no somos de ayer y peinamos canas, nos acordamos de una serie de televisión de la década de los 70 en la que aparecía un cómico “sui generis” que se hacía llamar Felipito Tacatún. Zapatero imita bastante bien a ese personaje hispanoamericano, que siempre terminaba su sketch con una mueca rara y diciendo: “yo sigo”. A Zapatero, en realidad, solamente le falta esa mueca forzada, ya que en la práctica, aunque no lo diga, él sigue.
Zapatero sigue improvisando fórmulas totalmente ineficaces, si es que no son contraproducentes. Sigue equivocándose hasta cuando trata de rectificar. Sigue con sus frases panfletarias y rimbombantes que no tienen nada que ver con la realidad y sigue ocultándonos la realidad sobre nuestra auténtica situación económica. Él quiere vendernos, como sea, la mula ciega.
En la otrora fiesta minera, convertida hoy en pura farsa política, que tradicionalmente organiza la UGT en la localidad leonesa de Rodiezmo, Zapatero volvió por sus fueros con esas frases huecas e infumables que no dicen nada, pero que suelen embaucar a su gente. Ahí está su afirmación inicial de que el Gobierno no improvisa en economía, que únicamente se limita a dar respuesta a los problemas que van surgiendo. “No improvisamos -dice, tratando de eludir las críticas del Partido Popular”-: damos respuesta a los problemas”. Y más adelante agrega: "Sabemos donde vamos; eso es gobernar cerca de lo que pasa; no improvisamos, sino que estamos todo el día explorando posibilidades para luchar contra la crisis, apoyar a las empresas y escuchar a los trabajadores y a los sectores más afectados".
Parece ser que, para José Luis Rodríguez Zapatero, el problema no está en el paro, en esa pérdida de puestos de trabajo tan descomunal que padecemos. Y eso que acaba de afirmar Celestino Corbacho que, de seguir así, el número de parados llegará al 20% de la población activa. Para Zapatero, el problema radical está en que hay personas que dejan de percibir prestaciones. Y, claro está, acude de inmediato a remediar la situación con simples paños calientes. Para ello, les asigna esa limosnita de 420 euros, dinero que aún no tiene y que detraerá, por lo que parece, de los ahorros de personas que no andan muy sobradas. La soberbia del jefe del Ejecutivo no le deja ver que es mucho más efectivo crear las condiciones para que se creen puestos de trabajo, que repartir esos donativos irrisorios.
El incesante aumento de las listas del paro se agrava con la importante caída del nivel de afiliación en la Seguridad Social. En el mes de agosto nos encontramos con 142.244 menos cotizantes que en el mes anterior. Y para solucionar todo esto no bastan las circunstanciales cataplasmas ideadas por Zapatero. Hace falta algo más. Hacen falta medidas estructurales que corten de raíz esa pérdida tan brutal de empleo, o al menos la ralentice y que el número de afiliados a la Seguridad Social crezca o se estabilice.
Se atreve a decir, sin ponerse colorado por ello, que está convencido de que España saldrá de la crisis económica al mismo tiempo que los demás países de nuestro entorno. Se reafirma, además, en su compromiso de mantener las políticas sociales ya iniciadas. Y para ello, hasta casi emplea un juramento:
"Tenéis mi palabra y mi compromiso de mantener la política social avanzada y la protección social”. Subrayó incluso que, con decisiones de este tipo, es como el Gobierno responde cuando hay dificultades económicas.
Lo malo es que la palabra de Zapatero se cotiza muy poco y no es en absoluto fiable. Hoy dispone que se desgraven 400 euros a la hora de rendir cuentas a Hacienda y mañana anula esa desgravación. Hoy anula el impuesto sobre el patrimonio y mañana lo instaura de nuevo. Hoy dice que no se tocarán los impuestos y mañana los sube. ¡Ni que la falta de seriedad la llevara grapada en su propio ADN!
Continuando con su evidente mal genio y enfado, defendió a ultranza su ya famoso Plan E y nos dice que hay que entenderlo como una medida de choque, destinado a paliar la pérdida de empleos en el sector de la construcción. Y la realidad nos demuestra que este Plan E ha sido un simple parche con escaso valor para mantener la ocupación laboral que se buscaba.
Continuando con su innata frivolidad, y siguiendo en la misma línea de apuestas por las políticas sociales, anuncia para el año próximo un aumento notable en becas para estudiantes y en ayudas para que los jóvenes dispongan de una vivienda digna. También anunció que las pensiones normales mantendrán su poder adquisitivo, como si esto dependiera de él y no estuviera ya garantizado por ley. Par las pensiones mínimas, promete un incremento especial, pero sin determinar su cuantía.
Zapatero hace hincapié en que cuenta con los trabajadores para poner en marcha su proyecto, recalcando que, en una situación tan difícil como la actual, el Gobierno se encuentra en la tesitura de elegir una opción. Y esto es lo que ha hecho, elegir el aumento de las prestaciones a los desempleados y rechazar el abaratamiento del despido. Agradece, ¡faltaría más!, la actitud ejemplar de los representantes sindicales. Para los empresarios, a quienes no escucharon, críticas acervas por no haberse dejado llevar al huerto de un modo incondicional.
Los asistentes, como manda la tradición, corearon sus frases y aplaudieron a rabiar. Aquí caben unas preguntas: ¿aplaudirían con el mismo ardor, si la inmensa mayoría de los allí presentes no vivieran del momio y del presupuesto? ¿Responderían igual si vivieran de su trabajo o formaran parte de las listas del paro? Seguro que no. Los que allí estaban eran casi todos obreros de diseño, enardecidos con las palabras del jefe al que rodeaban con verdadero mimo.
Ahora, como ya es costumbre, comenzarán los voceros habituales del partido, con el coro y el acompañamiento de toda la trompetería mediática afín, a repetir, por activa, por pasiva y hasta por perifrástica, toda esta retahíla de despropósitos anunciados por Zapatero. Es lo que suelen hacer, sin echar tiempo en analizar si Zapatero tiene razón, o no. En este caso concreto y antes de aprobar las medidas, deberían tener en cuenta el montante de las partidas destinadas a cubrir la crisis y a satisfacer las promesas electorales del Gobierno. Solamente para el año 2009, esa cantidad asciende a la escalofriante cifra de 50.000 millones de euros, cifra algo mayor que el déficit presupuestario registrado hasta julio y que se duplicará desde aquí hasta finales de año. Solamente la prestación de los 420 euros para quienes han dejado de percibir el paro, ya asciende hasta los 1.300 millones de euros.
Todo este enorme gasto va a ser tan ineficaz como los 8.000 millones de euros empleados en el Plan E y, a la larga, tremendamente perjudiciales para nuestra recuperación económica, por las emisiones de la deuda pública que esto comporta. Ya en 2008, la emisión de deuda bruta superó en un 116% a la del año 2007. Y en el presente año de 2009, solamente hasta julio, la deuda del Estado emitida supera en un 157% a la emitida en ese mismo período en 2008. Cantidades inasumibles y que, diga lo que diga Zapatero, lastran nuestra economía, demorando en el tiempo nuestra deseada recuperación.

Gijón, 16 de septiembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

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