lunes, 21 de abril de 2014

EDUCACIÓN Y SENTIDO COMÚN

En Madrid y en otros muchos lugares de España, el 26 y 27 de marzo pasado, un buen número de estudiantes abandonó las aulas y se echó a la calle para protestar ruidosamente contra la política educativa del Partido Popular.  De entrada piden, cómo no, la dimisión del ministro de Educación, José Ignacio Wert y centran prácticamente todos sus reproches al Gobierno en los recortes que han hecho en Educación, dando lugar al consiguiente despido de profesores, a una subida excesiva de las tasas universitarias y al incremento de trabas y obstáculos para conseguir una beca.

El descontento de los estudiantes no es nuevo, viene ya de cuando el Partido Popular ganó las elecciones. Y en sus frecuentes revueltas, unas veces van solos como ahora, y otras hacen causa común con un núcleo determinado de padres y profesores.  Pero no nos engañemos,  es la izquierda española la que, desde la sombra, alienta y dirige impunemente todas esas grescas callejeras, utilizando al Sindicato de Estudiantes. A veces van más allá y, entonces, intervienen de manera más directa a través de los sindicatos afines FE-CCOO, FETE-UGT, y de las organizaciones  insertas en el Movimiento Patriótico Revolucionario (MPR) que, siendo minoritarias y con muy poca representación, suelen dar mucho ruido.

Sin que importe mucho su procedencia sociológica, la izquierda española no digiere las derrotas electorales. Y cuando sucede esto, como es el caso, prepara en la calle todos estos cirios,  a veces muy violentos, para acabar cuanto antes  con esa situación que considera totalmente anómala e injusta. Y en esto, no hay la menor discrepancia entre la “izquierda histórica” o de “masas” y la “izquierda intelectual”, e incluso, la “izquierda de los descontentos” o de los “indignados”. Por eso, cuando gobierna la derecha, la izquierda monta en cólera invariablemente porque se siente estafada y despojada de algo que le pertenece casi por Derecho Divino.  

Y no digamos nada si esa derecha pierde el pudor y promulga leyes tan irrespetuosas con la “igualdad”, como la nueva Ley de Educación, la famosa LOMCE.  No olvidemos que, desde la Revolución Francesa, la “igualdad” pasó a ser un auténtico dogma de fe para todas las gentes de izquierda. Y cuando unos intrusos ocasionales, como los de esta derecha ultramontana, la ponen en peligro, tratan de defenderla echándose a la calle y organizando continuos altercados y revueltas, a veces excesivamente graves, para crear un ambiente social lo más irrespirable posible. Piensan que, al enfrentarse a situaciones tan difíciles, la derecha fracasará irremediablemente y abandonará el Gobierno mucho antes de lo previsto.


domingo, 6 de abril de 2014

TODO ES POCO PARA LOS POLÍTICOS

Hace ya mucho tiempo que los españoles luchamos contra los políticos, pero nos han ganado la batalla y, además, por goleada. Con la implantación del Estado de las Autonomías en España, comenzaron a llenarse las instituciones de gorrones y de enchufados que se aprovechan descaradamente del presupuesto público. Pero no es fácil determinar el número exacto de estos afortunados que, sin el menor esfuerzo, viven extraordinariamente bien a costa de nuestros impuestos.

De momento, no hay cifras oficiales de los cargos públicos que  ocupan los diversos puestos oficiales de la Administración estatal. Todo indica que son bastante más de 400.000 las personas que actualmente están comiendo la sopa boba. Son evidentemente demasiados. Por eso, la clase política pasó a ser  el tercer gran problema para los españoles, después del paro y de la corrupción. Es tal el desmadre de personal, que hemos pasado  a ser el país con más  políticos por habitante de toda la Unión Europea. En España contamos con una población de 47.500.000 habitantes. Por lo tanto,  tenemos un cargo político por cada 115 ó 120 ciudadanos. En Italia, sin embargo, con 59.750.000 habitantes, esa proporción es más moderada: en números redondos, un político por cada 300 ciudadanos.

Si nos comparamos con Alemania, el resultado es aún mucho más escandaloso. La República Federal de Alemania, con 82 millones largos de habitantes, casi nos dobla en población. Y por si esto fuera poco, está  mucho más descentralizada que España, ya que además de los 16  Bundesländer, cuenta con algunas regiones administrativas, los numerosos distritos y las entidades municipales. Y sin embargo, en vez de doblarnos en cargos públicos, se arreglan exclusivamente con poco más de 100.000 políticos, uno por cada 800 ciudadanos. Nada menos que 300.000 políticos menos que nosotros.

De toda esa nube de políticos que pueblan la administración española, solamente unos 72.000 deben su cargo a un proceso electoral más o menos reglamentario. En esta cifra, aparentemente razonable, están integrados los parlamentarios nacionales de ambas Cámaras, los parlamentarios autonómicos, los diputados provinciales y  los  parlamentarios europeos, además de   la enorme pléyade formada  por todos los alcaldes y concejales españoles.

Pero esa cifra se desmadra con los políticos que aterrizan en la Administración por obra y gracia de algún dedo especial. Es como se cubren habitualmente  los cargos en las empresas públicas o mixtas y en los distintos organismos que dependen de las Comunidades Autónomas o de los Ayuntamientos. Resulta especialmente escandalosa la cantidad que sale de sumar los innumerables cargos de confianza, la nube de asesores y todos los que pululan en los distintos observatorios fantasma creados  ad hoc. Y es que los partidos políticos han convertido las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos en auténticas agencias de  colocación para situar de manera digna a sus  familiares, amigos y conmilitones.

sábado, 22 de marzo de 2014

NI CONSPIRANOICOS NI GAITAS


Cuando Al-Walid I heredó el Califato Omeya en el año 705, demolió la Basílica bizantina de San Juan Bautista para edificar allí una mezquita, que pasó a la historia como la Gran Mezquita de Damasco. Es una de las mezquitas más antiguas y grandes del mundo y es uno de los lugares más sagrados del mundo. En un lateral del enorme patio, nos encontramos con un hermoso templete a varios metros del suelo, sostenido por unas simples columnas y sin escalera alguna. Una pequeña puerta cierra el habitáculo del templete, donde se guardaba antiguamente el tesoro de la Gran Mezquita.

Para evitar el robo de esas joyas, la portezuela de acceso al templete tenía siete cerraduras distintas con sus correspondientes siete llaves, cada una de ellas guardada por un “imam” diferente. Podía decirse con toda propiedad, que el valioso tesoro de la Gran Mezquita de Damasco estaba guardado   ”bajo siete llaves”. Para abrir dicha puerta, hacían falta las siete llaves y, por lo tanto, había que poner de acuerdo previamente a las siete autoridades religiosas encargados de custodiarlas.

Algo parecido ocurre con el criminal atentado del 11-M, el más grave sufrido por España, cuyo décimo aniversario celebramos hace unos días. Después de diez años, las víctimas aún no saben con certeza quién estuvo detrás de esa masacre, ni cuál fue el arma del crimen y, mucho menos aún, qué buscaban con semejante matanza. Todo son conjeturas y suposiciones. Para desesperación de los que perdieron a sus deudos, y de los que quedaron física y psicológicamente marcados para toda su vida, las pruebas reales del atentado o fueron cuidadosamente guardadas “bajo siete llaves” como las del reducido habitáculo del templete de la Gran Mezquita, o escritas en un libro que no se puede abrir  porque está sellado con siete sellos, como nos describe San Juan en el Apocalipsis.

Empezaron ocultando la identidad de los prebostes que guardan esas llaves y hasta el camino que conduce al cordero que puede romper los siete sellos y abrir por fin el libro y dar a conocer su contenido. Porque hasta la fecha, solo sabemos con certeza, que hubo 192 muertos y casi dos mil heridos.  Sobre todo lo demás, no hay más que dudas y suposiciones. De vez en cuando, cómo no, surge la sospecha,  porque la izquierda,  sobre todo la izquierda que salió tremendamente beneficiada con el despanzurramiento violento de los trenes, reacciona airadamente cuando ve que las víctimas se empeñan en saber la verdad y les piden que acepten sin más los hechos y que se callen  de una vez.

domingo, 9 de marzo de 2014

LAGARDE SE PASÓ UNOS CUANTOS PUEBLOS

La actual directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, ha hecho una carrera política francamente meteórica. Esta abogada francesa no ha hecho más que romper moldes a lo largo de su vida. En 1999 fue elegida presidenta de Baker & McKenzie, convirtiéndose así en la primera mujer que ocupó ese cargo en el bufete de la afamada firma internacional de abogados. Después de ocupar en Francia el Ministerio de Agricultura y Pesca y el Ministerio de Comercio, asumió el cargo de ministra de Economía, Finanzas e Industria. De este modo, pasó a ser la primera mujer encargada de dirigir la política económica francesa y la primera en ostentar ese cargo dentro del G8.

En mayo de 2011, pocos días después de la dimisión de Dominique Strauss-Kahn como director general del Fondo Monetario Internacional, Legarde presenta oficialmente su candidatura para ocupar tan importante cargo, recibiendo inmediatamente el apoyo de Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Alemania e India. Había otro aspirante, el mexicano Agustín Carstens, avalado por  toda Hispanoamérica, además de España, Canadá y Australia. El 28 de junio, la junta del FMI elige a Lagarde, volviendo a ser también aquí la primera mujer que accede  a la dirección de dicho Fondo Monetario Internacional.

Todos los altos responsables de las finanzas, sean estas nacionales o mundiales, todos los que tienen auténtico poder de decisión sobre el resto de los ciudadanos, jamás se conforman con sus emolumentos. Son tremendamente cicateros con los más débiles, con los que se esfuerzan a diario con su trabajo y que producen de verdad riqueza. Para luchar contra las ocasionales crisis económicas, procurarán limitar  el poder adquisitivo de la clase trabajadora, pidiendo que se congelen o, incluso, que se recorten convenientemente sus salarios, y que se les apliquen nuevas y gravosas subidas fiscales.

Pero estos afortunados no piensan igual de sus propios sueldos. Aunque estos sean astronómicos, considerarán que son más bien escasos y que su trabajo merece algo mejor. De ahí que consigan que se revisen frecuentemente sus remuneraciones y que estas suban siempre algún punto por encima del índice de precios al consumo y a ser posible, faltaría más, totalmente libres de cualquier impuesto. Además de otras importantes  bicocas, tenemos el caso de los comisarios europeos que, sin ser de los más altos, si son muy poco ejemplares y equitativos.

domingo, 2 de marzo de 2014

DESBORDADOS POR LA CORRUPCIÓN


Uno de los mayores problemas que tiene actualmente España es la corrupción política. Las medidas coyunturales, adoptadas hasta ahora por los distintos Gobiernos, han sido siempre demasiado descafeinadas. Y al ser, de manera intencionada o no, tan livianas, han resultado ser totalmente ineficaces y baldías, no logrando  nunca el objetivo pretendido. En consecuencia, la corrupción no ha hecho más que crecer durante todos estos años de manera imparable, pervirtiendo así hasta el mismo sistema democrático y debilitando aún más,  la poca confianza que los ciudadanos sienten  hacia sus representantes públicos.

El clima de corrupción se ha generaliza tanto, que afecta desgraciadamente, en mayor o menor medida, a todas las regiones de España y a todos los partidos políticos del arco parlamentario. Los casos de corrupción política se producen, con excesiva frecuencia, en todas las Administraciones públicas, la Central, las Autonómicas y, cómo no, las Municipales. Se trata de un mal endémico, extremadamente serio y peligroso, que perturba el funcionamiento normal de las instituciones públicas. No hay día que no se destape algún caso nuevo de corrupción, así que, al hacerse eco de semejante peste, los medios de comunicación nos dibujan  un escenario sumamente preocupante y deprimente.

Los casos de corrupción que vamos conociendo día a día, son cada vez más graves y frecuentes y, por si esto fuera poco, crece constantemente la sensación de impunidad de los sinvergüenzas que se lucran con el mayor descaro de su cargo público. No es de extrañar que, con semejante comportamiento, provoquen en la clase media trabajadora claros síntomas de hastío y de rebelión. Esto es lo que muestra, al menos, el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS),  al constatar que la inquietud y la preocupación de los ciudadanos de a pié ha repuntado últimamente 5,8 puntos en un solo mes. Y todo,  por culpa de la corrupción y del fraude que nos invade. Después del paro, el  problema más acuciante para los españoles es, sin lugar a dudas, la corrupción política.