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sábado, 21 de julio de 2012

LOS RECORTES DE MARIANO RAJOY


Las hemerotecas son tremendamente fatídicas, sobre todo para los políticos, ya que, cuando menos lo esperan, les deja con sus vergüenzas al aire. Es lo que le está pasando a Mariano Rajoy. En un acto del Partido Popular, celebrado en marzo de 2010, se atrevió a descalificar y a abroncar abiertamente a José Luis Rodríguez Zapatero por su decisión de subir el IVA. En dicho acto de partido, sin titubeo alguno, soltó aquello de que el incremento de este impuesto era “el sablazo que el mal gobernante le pega a todos sus compatriotas”.

Y mira por dónde aquella subida del IVA, decretada inesperadamente por Zapatero, era mucho más moderada que la dictada ahora por Rajoy. En 2010, Rodríguez Zapatero optó por penalizar el consumo de bienes y servicios en el tipo general con una subida de dos puntos, y el reducido en un punto. Y al lado de otras medidas puramente cosméticas, congeló las pensiones y redujo una media del 5% el salario de los trabajadores públicos.

Mariano Rajoy ha ido bastante más lejos. El pasado día 11, para tratar de cuadrar las cuentas públicas, presentó en el Congreso el mayor programa de ajustes desde que recuperamos la democracia. Con estos recortes, además de birlar la paga extra de Navidad a los empleados públicos, suprime la deducción por compra de la primera vivienda y recorta el subsidio de desempleo a partir del sexto mes. No contento con esto, anuncia una subida de tres puntos del tipo de IVA general y dos el reducido. Y completa el paquete de ajuste fiscal, pasando al tipo general varios artículos y servicios que hasta ahora habían tributado en el tipo reducido, como las gafas, lentillas, los servicios funerarios, las peluquerías, las salas de espectáculos y determinado instrumental sanitario y agrícola. Artículos y servicios que suben, ahí es nada, 13 puntos de golpe, pasando de un plumazo del 8% actual a tributar al 21%. Y más grave aún: el material escolar, que hasta ahora se despachaba con un 4%  de IVA por pertenecer al tipo súper reducido, pasará en septiembre a tributar el 21% al pasar al grupo general.

Para Mariano Rajoy y para su guardia de corps, las subidas de IVA o de cualquier otro impuesto para salir de una crisis eran algo aberrante y sacrílego. De ahí que no se ahorraran descalificaciones de grueso calibre, cuando Zapatero desoyó las recomendaciones y subió precipitadamente el impuesto del valor añadido. Llegó a calificarle de “mal gobernante”, sin pensar que, semejante baldón, cae ahora merecidamente sobre sus espaldas. Pero ha demostrado claramente que, como dicen en mi pueblo, no es lo mismo predicar que dar grano.  Rajoy decreta ahora una subida considerable del IVA y trata de justificar su actuación diciendo que “hemos llegado a un punto en que no podemos elegir entre quedarnos como estamos o hacer sacrificios”. Dice que ya no podemos permitirnos el lujo de escoger.

Este inesperado gravamen fiscal deja en nada el programa electoral del Partido Popular y resulta altamente perjudicial para los consumidores y hasta para los empresarios, que verán disminuidas sus ventas una vez trasladen este incremento fiscal a los precios de sus productos. Pero, como siempre, la peor parte se la lleva evidentemente el que menos culpa tiene, el ciudadano medio, que es el que en realidad paga el pato de los despilfarros obscenos de Zapatero ya que, cuando hay que realizar un ajuste, es del primero que se acuerdan, pero solo para estrujarle y exprimirle injustamente.

Todos esperábamos que Mariano Rajoy, al revés que Rodríguez Zapatero, aportara algo de cordura y sensatez a la vida pública,  abordando adecuadamente nuestros problemas económicos, reduciendo el excesivo gasto administrativo corriente y cortando de raíz el uso habitual del dinero público al servicio de fines estrictamente políticos. Pero por comodidad, o para no incomodar a la exigente clase política, se  deja llevar y son los ciudadanos de a pie, los asalariados, los que siguen cargando indebidamente con el mochuelo, lo que supone un deterioro constante de su estado de bienestar.

Mariano Rajoy aplica aquí, quizás sin saberlo, la doctrina de marcado carácter masónico, expuesta en 1732 por Bernard Mandeville, en su libro La fábula de las abejas. Para Bernard Mandeville, lo mismo que para muchos responsables políticos actuales, no es conveniente que los trabajadores se enriquezcan y lleven una vida cómoda, ya que para que sean útiles y trabajen deben tener necesidades, necesidades que, por otra parte, “es prudente mitigar, pero absurdo eliminar”. En esta misma línea está también el ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton  que dice que es completamente disparatado universalizar  los beneficios del bienestar para todos los que lo necesiten.

Y nada mejor para mantener a raya a los ciudadanos medios que cargarles continuamente con elevados impuestos y abundantes recortes para que  no puedan sentirse satisfechos con el nivel económico alcanzado. Es la manera más sutil de obligarles a pedir árnica y a que busquen en el trabajo mejorar su nivel de vida y la de los suyos. Vana ilusión, porque vendrá detrás el fisco y, como ha sucedido siempre, se llevará descaradamente una buena parte del fruto de su trabajo. Y nos guste o no nos guste, es la política que está aplicando, con toda crudeza, el Gobierno del Partido Popular.

Repiten una y otra vez en todos los tonos posibles que, para salir de la crisis, se necesita la colaboración unánime de todos los ciudadanos, Todos deben asumir el enorme sacrificio de renunciar resueltamente a cuotas de bienestar social, si es que queremos salir de este atolladero. Es cierto que, como dijo Rajoy en el Congreso, "los españoles hemos llegado a un punto en que no podemos elegir entre quedarnos como estamos o hacer sacrificios. No tenemos esa libertad. Las circunstancias no son tan generosas". Pero, para no variar, el mayor esfuerzo es siempre para el más débil, el asalariado e incluso para el que ha perdido su trabajo.

El sacrificio de los demás es puramente simbólico y testimonial. Los que no viven de una nómina, disponen normalmente de suficientes recursos y no se enteran de las dificultades. Los políticos, como de costumbre, tampoco saben lo que cuesta un peine. Algunos cobran más de un sueldo y la mayoría de los que cobran un solo sueldo -y no precisamente pequeño- suelen tener otros ingresos atípicos que ocultan celosamente a los profanos. Los políticos y los banqueros, además de mantener íntegros todos sus privilegios, son los únicos profesionales españoles que disfrutan de unos ingresos perfectamente homologables con los de la Unión Europea.

La sangre, el sudor y las lágrimas son para los currantes, para los que de verdad dejan girones de su vida intentando arreglar lo que estropean otros, principalmente los que viven holgadamente de la política. Y el Gobierno de Mariano Rajoy ha cometido la enorme torpeza de anunciar simultáneamente el reparto de 33 millones de euros entre los partidos y el endurecimiento notable de los recortes que va a aplicar. No es de recibo que proclamen por activa y por pasiva que las arcas públicas están vacías y no hay dinero ni para pagar los sueldos de los funcionarios y a la vez que  se repartan una cantidad importante de dinero.

Tampoco resulta tranquilizador para los verdaderos paganos de la crisis, enterarse de que el lendakari vasco, Patxi López se ha garantizado un sueldo vitalicio de 97.519 euros anuales al mismo tiempo que conocían el enorme esfuerzo fiscal que se les pide y de los nuevos recortes que les van a imponer. Tampoco digieren fácilmente que Zapatero, que es el responsable máximo de todo este tiberio económico y financiero, se lleve a casa dos sueldos de escándalo y totalmente inmerecidos.

Todo esto encrespa considerablemente a los que pagan los platos rotos y que, una vez más, tendrán que hacer frente a esta nueva serie de recortes, que no estaban previstos en el programa electoral del Partido Popular, y que no servirán nada más que para hacer más pobres a los que ya lo son. Y por otra parte, los sacrificios que se les pide ahora no van a servir de nada. Son unos simples parches que, a pesar de la buena voluntad con que se imponen,  no harán otra cosa que prolongar indebidamente esta situación agónica y retardar más de la cuenta la salida definitiva de la crisis económica.

Y es que España ya no da más de sí. La estructura fragmentada de nuestra administración es económicamente inviable. Entre todos hemos ido creando este monstruo autonómico que nos devora y que nos lleva necesariamente a la pobreza. Nos hemos pasado unos cuantos pueblos y, como escribió  Baltasar Gracián, “todo exceso daña” y el exceso de gastos no es una excepción. Ahora no contamos con fondos estructurales, como en tiempos de Aznar, que tanto ayudaron entonces para dar carpetazo a aquella crisis. Así que al Gobierno actual, si es que quiere enderezar esta complicada situación, no le queda otra alternativa. Tendrá que armarse de valor y preparar meticulosamente el pase a mejor vida del Estado de las Autonomías.

Barrillos de Las Arrimadas, 18 de julio de 2012

José Luis Valladares Fernández