Con la política de continuas genuflexiones de nuestro Gobierno ante el rey de Marruecos, no vamos a ninguna parte. Mohamed VI, que es plenamente consciente de nuestra debilidad, tratará, de exprimirnos al máximo para beneficiarse de nuestra entrega voluntaria. El rey alauita no nos da tregua. Cuando no nos agrede en Ceuta, lo hace en Melilla o nos envía a la península cantidad de pateras llenas de inmigrantes irregulares que, con el tiempo, se convertirán en colonizadores nuestros. El caso es poner en solfa nuestros intereses allí donde más duelan. Y José Luis Rodríguez Zapatero, de manera invariable, le pedirá perdón por las molestias y, si llega el caso, le concederá alguna que otra importante subvención en compensación por haberle enfadado.Ya comenzó en diciembre de 2001, cuando era simplemente el líder de la oposición, dejándose fotografiar con Mohamed VI ante el mapa que llaman el “Gran Magreb”, donde además del Sáhara, forman parte de Marruecos Ceuta, Melilla, Canarias y hasta parte de la península. Por supuesto que Zapatero criticó siempre el pescozón que dio José María Aznar al rey alauita por el atrevimiento de ocupar el islote de Perejil. Como reparación al golpe sufrido por los marroquíes a los pocos días de la invasión del islote como consecuencia de la Operación Romeo-Sierra, montada por Aznar para recuperar la soberanía, Zapatero condecora al ministro marroquí de interior de entonces, Driss Jettou, máximo responsable de las fuerzas que tomaron Perejil, con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.
El sultán de Marruecos, al que sin ninguna duda aún le duele la manera expeditiva utilizada por José María Aznar para recuperar la soberanía del islote, se encuentra ahora con una auténtica bicoca con el Ejecutivo que dirige Rodríguez Zapatero. No habrá dinero en las arcas públicas para cubrir nuestras necesidades básicas, ni para comer siquiera, pero habrá, de vez en cuando, algún buen montón de millones que, con la consabida disculpa de ayuda al desarrollo u otras gaitas, se irán directos a potenciar los negocios privados del corrupto Mohamed VI. Solamente Aznar, hasta ahora, ha sabido poner freno a este ambicioso Comendador de los Creyentes. Claro que entonces éramos alguien dentro del concierto internacional, algo que por desgracia han dilapidado Zapatero y sus secuaces.
Tremendamente expansionista como su padre Hassan II, aspira a incluir dentro de su sultanato las ciudades de Ceuta y Melilla. Y como sigamos con este entreguismo suicida, no tardará en imitar a su padre, organizando una nueva marcha verde sobre estas dos ciudades tan españolas del norte de África. Ya vimos a que boicot sometió a Melilla el verano pasado con la banal disculpa de una actitud violenta de la policía española, ejercida en la frontera sobre ciudadanos marroquíes. Aunque de momento, su principal inquietud es engullirse definitivamente el territorio del Sahara Occidental.
El antiguo Sahara Español, en la actualidad, está ocupado casi íntegramente por Marruecos, aunque su soberanía no ha sido reconocida por nadie. El resto está controlado por la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática, que sí ha sido reconocida por un buen número de países. Los esbirros de Mohamed VI, tratando de acabar con las últimas resistencias saharauis, se emplean a fondo en el desmantelamiento del campamento de la Dignidad, instalado muy cerca de El Aaiún. En esta acción dieron muestras sobradas del desprecio que sienten las fuerzas marroquíes por los derechos humanos. No es de extrañar que se produjeran numerosos muertos, entre los que hay que contar a un joven nacionalizado en España.
Ante tal salvajada, el Gobierno español reacciona de manera vergonzosa poniéndose del lado de Marruecos, dando por buena la versión de estos y negando validez a lo que contaban testigos presenciales. Y esto a pesar de ser conscientes del bloqueo informativo ejercido por Marruecos, impidiendo el acceso al Sahara Occidental a los periodistas, a observadores independientes e incluso a los miembros de cualquier ONG. Trató hasta de dulcificar la resolución dictada por el Parlamento Europeo que, aunque de manera velada, se pronuncia contra el Gobierno marroquí, por su permanente y sistemática violación de los derechos del pueblo saharaui.
Más descafeinada es la declaración que el PSOE logró consensuar con los demás miembros de la Cámara en el Congreso de los Diputados. Se trata de una moción extremadamente cautelosa, en la que se “insta al Gobierno a condenar los incidentes violentos ocurridos en Agdam Izik y en El Aaiún con ocasión del desalojo el 8 de noviembre del citado campamento”. Como se ve, evita expresamente la condena a Marruecos y menos interferir en las relaciones con nuestro vecino del sur. Se limita a expresar de manera cuidadosamente respetuosa, “su preocupación ante las informaciones sobre violaciones de derechos humanos en el territorio del Sáhara Occidental”. Pide a Marruecos, eso sí, “que respete el libre acceso de la prensa, los observadores independientes y las organizaciones humanitarias al Sáhara Occidental y su libre circulación dentro del territorio”.
Ante esta morigerada petición del Parlamento español al Gobierno de España, Marruecos reacciona destempladamente y anuncia que “reexaminara” sus relaciones con España. Las declaraciones a la prensa, hechas por el ministro de Comunicación y Portavoz del Gobierno, Khalid Naciri, no pueden ser más claras. La moción que ha aprobado el Parlamento español, dijo, "se caracteriza por su hostilidad hacia Marruecos" y "contiene expresiones anti marroquíes que son inaceptables". Lo que requiere, aseguró, una revaluación del conjunto de nuestras relaciones con España “en todos los ámbitos”. Además de una sentada ante la Embajada de España en Rabat, diversas organizaciones juveniles marroquíes, con el apoyo de las correspondientes autoridades, anunciaron una marcha sobre Ceuta para el pasado día 4, que al final no se realizó.
Esta reacción chulesca del Gobierno de Marruecos, presidido por Abbas El Fassi, es toda una bofetada al Ejecutivo de España que, por lo que hemos visto, Zapatero y sus ministros, encajaron estoicamente, poniendo incluso hasta cara de fiesta. Y todo, aunque nos suene muy raro, con tal de mantener la buena relación de vecindad. No importa lo que nos hagan, Marruecos es el país del mundo, después de Perú, que más ayuda española ha recibido durante estos últimos años. Pese a la crisis económica que nos golpea y a los continuados desplantes, España entregará a Marruecos, durante esta segunda legislatura de Zapatero, cerca de 400 millones de euros a fondo perdido. Una media de 100 millones por año. Se trata de ayudas para la reproducción y educación sexual; planes de igualdad para la mujer marroquí; planes culturales e infraestructuras; y como no, hasta casas con placas solares en el desierto.
Ante los marroquíes, y con la disculpa de proteger intereses nacionales nuestros en Marruecos, el Gobierno de Zapatero se arrastra por el suelo, abandonando hasta el último resquicio de dignidad. Todo es boato ante el sultán de Marruecos y sus huestes. ¿Qué es lo que deben a semejante sátrapa y vampiros, que no sepamos aún, aunque lo sospechemos? ¿Hay alguna ayuda inconfesable, relacionada con el espinoso asunto del 11M? ¿O es que quizás nos prestó unos cuantos súbditos suyos para que, una vez ‘suicidados’, pudieran utilizarse como culpables?
Gijón, 5 de diciembre de 2010
José Luis Valladares Fernández