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domingo, 29 de enero de 2012

REHENES DE LAS RENOVABLES Y DE GREENPEACE

Para prevenir los problemas proporcionados por el cambio climático, la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, deciden  crear un nuevo organismo que analice detalladamente la información científica, técnica y socioeconómica relevante, referida a los riesgos derivados del cambio climático, provocado por la actividad humana. Este nuevo organismo, al que dieron el nombre de Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), deberá evaluar periódicamente cuantos datos vayan apareciendo sobre dicho cambio,  labor que se traducirá  en Informes Especiales y Documentos Técnicos sobre temas tan importantes para ser utilizados por los gobernantes y responsables políticos.

En principio, nada que objetar  teóricamente. Lo malo es que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático utiliza frecuentemente estudios tendenciosos y muy poco fiables para elaborar sus propias conclusiones. El último informe publicado por el IPCC sobre las energías renovables y el calentamiento global carece totalmente de la debida imparcialidad, ya que está basado exclusivamente en un estudio elaborado por Greenpeace en colaboración con el Consejo Europeo de Energía Renovable, el lobby de la industria eólica y solar con sede en Bruselas.

No pueden ser neutrales los miembros del sector energético de las renovables que intervinieron en la elaboración del documento base, juntamente con Greenpeace, por motivos obvios, ya que es normal que barran para casa. El Consejo Europeo de Energía Renovable, en efecto, representa a toda la industria de las renovables a nivel europeo. Tal es así que dicho Consejo se nos presenta asimismo  como una "organización paraguas de la industria renovable europea, asociaciones comerciales y de investigación". Lo que quiere decir que, además de las empresas del sector, representa también a las diversas entidades tecnológicas y de investigación que se ocupan interesadamente de esta materia.

Tampoco puede ser neutral la ONG ecologista, pues nos tiene acostumbrados a que sus estudios climáticos siguen siempre una línea acorde con sus intereses particulares, sin preocuparse lo más mínimo si de sus informes se derivan perjuicios para consumidores y contribuyentes. Nunca ha sido imparcial Greenpeace. Siempre ha exagerado los desastres y las connotaciones negativas de la energía nuclear, silenciando maliciosamente los aspectos positivos de la misma. Ahí están sus exageraciones, referidas al accidente de la central nuclear de Fukushima, ocasionado por el tsunami que siguió al terremoto del 11 de marzo del pasado año. Pero ocultarán, en cambio, que estamos ante un tipo de electricidad más barato y estable que los demás y que además tiene una emisión muy baja de CO2.

El informe del gran lobby de las renovables, utilizado posteriormente por el IPCC para aconsejar a los Gobiernos, no puede ser más sospechoso. Dicho Consejo Europeo de Energía Renovable, tiene su sede en Bruselas y factura al año una cantidad muy próxima a los 70.000 millones de euros al año. Y a pesar de este volumen de ventas tan alto, es generosamente recompensado con abundantes ayudas y subvenciones de  la Unión Europea. Y con este informe, claro está, se elabora la famosa estrategia 20-20-20 para el año 2010. Se trataba de reducir un 20% las emisiones de los gases que provocan el efecto invernadero; ahorrar un 20% en el consumo de energía; y que las renovables contribuyeran con un 20% al conjunto del sistema energético.

Resulta todo extremadamente claro. Estamos ante un grupo de presión muy particular, dedicado exclusivamente a favorecer sus propios intereses de una manera sibilina. Las empresas renovables, en efecto, asesoran a los distintos gobiernos en materia energética. Y lo hacen con ayuda de dinero público, sugiriendo qué políticas deben implementar y el mejor modo de lograr sus objetivos. Y sin que el contribuyente ni el consumidor tengan vela en ese entierro. Al contribuyente se le esquilma para conformar las primas que reciben estas empresas y que en España rondan los 7.000 millones de euros al año y, como es evidente, el consumidor  cada vez tendrá una electricidad más cara.

El Gobierno anterior,  presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, fue excesivamente generoso primando a las empresas dedicadas a la producción de energía renovable. Su excusa no puede ser más baladí, pues argumentaba que así se fomentaba el desarrollo del sector y que todo ello redundaría en el futuro en una energía más limpia y progresivamente más barata.  Los datos nos dicen todo lo contrario. Las empresas dedicadas a la producción de energía eólica y fotovoltaica, con una producción de 22.657 GWh en 2004, fueron agraciadas con 663.499 euros y en 2010, con una producción de 59.342 GWh, la prima que se llevaron ascendió a la importante cifra de 5.268.090 euros, aparte, claro está, de la cantidad que obtienen con la venta de esa energía.

Es evidente que, con la política energética del Gobierno saliente, salieron enormemente perjudicados los consumidores y los contribuyentes, pues el coste total de las energías renovables, en términos absolutos, se multiplicó por ocho desde el año 2004, y su coste relativo hay que multiplicarlo por tres. Lo que dio lugar a un encarecimiento indiscutible de la luz y, como no,  a nuevas subidas fiscales y que siga, además, aumentando la deuda tarifaria. Durante el año 2010, el precio medio del MWh  en el mercado mayorista fue de 45,12 euros, mientras que el MWh eólico se pagó a 76,84 euros y el MWh fotovoltaico se pagó a 475,6 euros.

El coste de generar energía eléctrica depende de la fuente de producción que se utilice. Por mucho que digan los ecologistas y los detractores  de la energía nuclear, esta es, con mucho, la que resulta mucho más barata, y la más cara la fotovoltaica. Generar electricidad en una central nuclear, teniendo en cuenta la operación y mantenimiento, el combustible consumido, la inversión recurrente, así como el coste de gestionar los residuos, no llega a los 20 euros el MWh. Unos 16 ó 17 euros como máximo. En todo caso, bastante más barato incluso que la producida hidráulicamente, que andaría por los 45 euros el MWh.

Fue en 1984 cuando el Gobierno de Felipe González cometió el disparate energético más absurdo de nuestra historia industrial, limitando el peso nuclear a 7.500 MWh, unos 5.000 menos de los contemplados  en el Plan de 1978-1987. Precisamente por eso, el Gobierno socialista de entonces paralizó las obras de las centrales nucleares de Lemóniz I y II en Vizcaya, Valdecaballeros I y II en Badajoz y Trillo II en Guadalajara que estaban ya casi terminadas. Con esta disparatada moratoria nuclear, provocó unas enormes pérdidas, al menos unos 730.000 millones de las pesetas de entonces, unos 8.000 millones de los euros actuales.

Esta moratoria nuclear no solamente la pagaron las empresas que se habían lanzado a la construcción de nuevas centrales nucleares. Lo pagaron también todos los consumidores que debían hacer frente a un recibo de la luz. El Gobierno socialista de Felipe González, para compensar a las compañías eléctricas por las pérdidas ocasionadas con esa paralización, aprobó una disposición que las autorizaba a incluir en el recibo de la luz un porcentaje determinado para recuperar parte de las inversiones perdidas.

Y si fue una barrabasada mayúscula bloquear en 1984 la terminación y la puesta en marcha posterior de las cinco centrales nucleares citadas,  no es menos aberrante que, a estas alturas, no se haya programado la puesta en marcha de algún nuevo proyecto, o la recuperación del antiguo si aún es posible, pues la moratoria nuclear desapareció con la liberalización del sector eléctrico  en 1997. Hay que tener en cuenta que necesitamos de manera urgente aumentar nuestra producción eléctrica para atender autónomamente la demanda interna y abaratar los costes de la luz eléctrica. Va a ser muy difícil encontrar compañías eléctricas dispuestas a invertir la abultada cantidad de millones de euros que cuesta una central nuclear. Y mucho más, cuando ven que, gracias a las primas y a las subvenciones y a que se requieren inversiones mucho menores, resultan más rentables las energías renovables y las de ciclo combinado.

Si no cambia la orientación, nos quedaremos sin centrales nucleares y, como no será posible autoabastecernos, o volvemos a los arcaicos candiles de antaño o  importamos de Francia ese tipo de energía a precio de oro y correremos con todos los riesgos que puedan derivarse de este tipo de centrales sin tenerlas.  Francia cuenta con 50 centrales nucleares, y algunas  muy próximas a la frontera española. Y si alguna de ellas sufriera algún percance grave, afectaría indudablemente a España. Las centrales nucleares francesas producen ellas solas prácticamente el 80% de la electricidad generada en Francia. Y como las centrales nucleares suelen operar con una carga constante, cuentan con unos excedentes notables de electricidad que exporta tranquilamente sin el menor inconveniente. De ahí que el precio de la electricidad en Francia sea uno de los más bajos de la Unión Europea.

Nosotros, entre tanto, continuaremos contaminando y afeando nuestros paisajes con esas ineficientes placas solares y los molinillos o aerogeneradores eólicos, cuya producción sale mucho más cara. Así que, al contrario de Francia, tendremos la electricidad más cara, o una de las más caras de la media de la Unión Europea. Mientras que en la Unión Europea el precio medio de la electricidad para uso doméstico está en  17,08 euros los 100KWh, en España se sitúa en 18,51 euros,  y que puede subir hasta los 20,04 euros si tenemos en cuenta la diferencia en el producto interior bruto.

Gijón, 18 de enero de 2012

José Luis Valladares Fernández

jueves, 3 de junio de 2010

DEVANEOS POÉTICOS DE ZAPATERO

Viendo a Zapatero en la televisión el pasado día 1, me vino a la mente la imagen de Nerón, antiguo emperador romano, cantando sus creaciones poéticas en Neápolis o en el Quinquenal Neronia. De acuerdo con la imagen que de Nerón nos han transmitido historiadores clásicos como Tácito, Suetonio e incluso su tutor Séneca el Joven, a Zapatero solamente le faltaba la lira y la corona de laurel. Yo creo que hasta el estilo poético del presidente del Gobierno español entra dentro de los cánones del modelo utilizado por Nerón: voz impostada y hueca y expresiones jactanciosas y cuajadas de pedantería.
La actuación concreta de Zapatero a que hago referencia, se enmarca en un acto de homenaje en La Moncloa a la prestigiosa alpinista española Edurne Pasabán, ocasión que aprovecha para dar rienda suelta a su vena poética. Comienza con un canto a la resistencia que te ayuda a hacer frente a la adversidad y la incomprensión, tratando de sacar fuerzas de flaqueza. Y así, pensando quizás en sus propias dificultades, le salió esta frase claramente polisémica: “Cuanto más duras parecen las cosas, más fortaleza parece nacer en nosotros; sólo hay que luchar, luchar al máximo y tener confianza en nosotros mismos”.
Transportado por las musas al mundo del ensueño, Zapatero abre el tarro de las esencias literarias y ya no hay quien ponga coto a su verborrea poética. Como está pasándolo muy mal, ya que se ve obligado a tomar medidas impopulares, se mira al espejo y se dice a sí mismo, dirigiéndose a Edurne Pasabán: "Que cada paso sea un paso estratégico, máximo, y que no traicione nuestros valores, los que nos hacen ser lo que somos, los que hacen que otros confíen en nosotros". Y como no acaban aquí sus males, porque se siente asediado y sangra peligrosamente por la herida de la soledad, trata de sobreponerse y coger moral. De ahí que se dirija a la alpinista vasca dándose ánimos así mismo: "siempre hay otra oportunidad si los actos se acompañan de tesón y compromiso".
Como Zapatero está plenamente convencido de que sus problemas aún tienen solución, no duda en relacionar los momentos difíciles que está viviendo al verse obligado a recortar el asfixiante déficit con las dificultades experimentadas por Edurne para coronar esas imposibles y desafiantes cimas. Por eso adopta un aire solemne para decir que "lo más fértil de la historia está en el ejemplo de quienes horadan barreras y transforman las murallas en caminos".
Ya nos había dado muestras evidentes de su afición ocasional por la poesía. Un ejemplo claro de su afición por los escarceos poéticos nos lo dio en la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático, celebrada en diciembre de 2009 en Copenhague. En esa cumbre, ante 192 mandatarios, sorprendió a todos transformándose en vate para pedir lealtad “con nuestros pueblos y compatriotas”. Y continuó hilvanando las frases que le iban soplando las musas: “Tenemos que lograr unir al mundo para salvar la tierra, nuestra tierra, en la que viven pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiados ricos". Y casi extasiado sentenció: “La tierra no pertenece a nadie salvo al viento”.
No acaban aquí sus digresiones bucólicas. Además del canto continuo a la imposible “Alianza de Civilizaciones”, tampoco defraudó ante Barack Obama en el Desayuno Nacional de Oración, celebrado el pasado 4 de febrero en Washington. Allí Zapatero, campeón contrastado del paro, afirma solemnemente “quiero proclamar el más sentido compromiso con los hombres y las mujeres que en nuestras sociedades padecen, en estos tiempos difíciles, la falta de trabajo. Todos ellos deben saber que no hay tarea de la que, como gobernantes, nos sintamos más responsables; que no hay tarea que nos acucie más que la de favorecer la creación del empleo”.
Cual juglar experimentado, aunque no por ello deja de ser un rapsoda barato, Zapatero trató de embaucar a la audiencia cuando dijo con decisión: “permítanme que les hable en castellano, en la lengua en la que por primera vez se rezó al Dios del Evangelio en esta tierra”. Quiso hacerles creer que hablaba en español para homenajear a los que llevaron la fe cristiana a aquellas tierras, aunque todos sus oyentes estaban al cabo de la calle de que es que no sabía ningún otro idioma. ¡Cuánto mejor sería que se dedicara a explotar sus dotes de poeta y no las de gobernante! La mayor parte de los españoles se lo agradecerían sinceramente.

Gijón, 3 de junio de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 29 de septiembre de 2009

EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LA CRISIS ECONÓMICA


Lo malo no es que Zapatero nos haya hecho reír con su absurdo discurso en la ONU. Nosotros ya le conocemos sobradamente y sabemos de antemano lo que puede dar de sí. Lo malo es que se habrá carcajeado de él todo el mundo y, cómo no, de todos nosotros, por el tipo de persona que tenemos al frente de nuestro Gobierno. Es bochornoso que quien nos representa se despache, muy solemnemente, eso si, con tal tipo de simplezas. Es para ponerse uno colorado y sentir hasta vergüenza ajena.
Ya el mismo miércoles día 23, tan pronto le dieron cancha, sorprendió a propios y a extraños al afirmar que el cambio climático era el causante de la crisis económica. Seguro que los que le escuchaban tuvieron que hacer grandes esfuerzos para poder mantener la seriedad y la compostura que exige el protocolo. Semejante afirmación, para vergüenza nuestra, solamente se le puede ocurrir a José Luis Rodríguez Zapatero.
Son notables los esfuerzos del presidente para eludir cualquier tipo de responsabilidad en la crisis económica que padecemos, mucho más grave que la del resto de países. Dada su terquedad numantina en negar la crisis, no se arbitraron las medidas estructurales precisas para afrontarla convenientemente aminorando así sus efectos más perniciosos. Y ese empecinamiento del jefe del Ejecutivo en no tomar medidas a tiempo, terminó por meternos de lleno en ese pozo sin fondo del que va a ser muy difícil salir.
Pero Zapatero no tiene culpa de nada. Cuando ya no era posible negar la crisis, nuestra economía, para él, simplemente sufría las consecuencias de la crisis financiera internacional. Pero no había problema alguno, ya que los españoles estábamos mejor preparados que nadie para hacer frente a ese estado de cosas. E incluso insinuaba que saldríamos de la crisis antes que el resto de los países de nuestro entorno. Nuestra economía, gracias a sus oportunas previsiones, estaba a años luz por delante de Italia. Y en muy poco tiempo sobrepasaríamos también a Francia. Como iba de faroles, afirmaba, una y otra vez, que estábamos en la ‘Champion League’ de las economías mundiales.
Cuando se hizo patente que esta afirmación era una memez en toda regla, Zapatero comenzó a culpar de las particularidades de la crisis española a Bush, a los banqueros y a los especuladores patrios, al Gobierno de Aznar y, sobre todo, a la burbuja inmobiliaria. Como se trataba de una atribución de culpabilidades demasiado simplista, no convencía a nadie. De ahí que el dedo acusador siga apuntando directamente a Zapatero como principal responsable. Pero él, una vez más, se declarará inocente y buscará algún otro culpable, en este caso el cambio climático. Y si esto no es suficiente, terminará por culpar de la crisis económica a Marco o al abuelo de Heidi.
Aunque es algo muy inusual en él, hasta el mismo Zapatero advirtió su monumental metedura de pata. De ahí que a las pocas horas de afirmar que la crisis estaba originada por el cambio climático, da marcha atrás y señala que ese cambio climático es solamente una de las causas de la recesión, para apuntillar más tarde que “es mucho más devastador que la crisis”. A partir de este momento, el presunto calentamiento de nuestro planeta pasó a ser uno de los ejes del vacio discurso de Zapatero ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
A todo esto, suficiente para convertir a los españoles en el hazmerreir de todo el mundo, hay que añadir el affaire de la foto familiar con los inquilinos de la Casa Blanca. Esto fue ya el remate del despropósito. Es inconcebible que Zapatero, tan soberbio, tan pagado de sí mismo y tan celoso de sublimar su imagen, hiciera tan espantoso ridículo en un acto público y oficial.
Quizás deba pensar en despedir asesores, aligerando así los excesivos gastos de las cuentas públicas. Pues si los asesores no le informaron del protocolo obligado para una fotografía oficial, o es que lo desconocen por no ser verdaderos especialistas en política de diseño, o es que les interesa solazarse con el ridículo del asesorado. Y para más INRI y que la befa sea más universal, viene el propio Zapatero después y prácticamente exige el secuestro de la fotografía en cuestión. De esta manera, la curiosidad de cualquier mortal queda plenamente asegurada y el morbo crece de manera incontenible tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
Allí, quiera o no quiera Zapatero, su familia representaba oficialmente a todas las familias españolas y, quizás, no todos sus miembros iban de acuerdo con los estándares sociales al uso. Y mal que nos pese, fuera de España, piensan que todos los españoles somos iguales y nos miden a todos con el mismo rasero. Y no somos todos iguales. A la hora de hacer el ridículo, evidentemente, unos son más iguales que otros.

Gijón, 26 de septiembre de 2009

José Luis Valladares Fernández