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jueves, 23 de julio de 2009

ACERCAMIENTO A LA REALIDAD SINDICAL


6.- La Tercera Internacional o Internacional Comunista

La Primera Guerra Mundial, y la mala gestión del Zar Nicolás II provocaron, al alimón, la revolución rusa. Revolución que se desarrolla en dos tiempos muy precisos. El primer movimiento revolucionario tuvo lugar en febrero de 1917 con la destitución del Zar y la formación de un gobierno provisional. El segundo y definitivo envite se produce en octubre de ese mismo año con el golpe de estado contra la Duma, que dirigía provisionalmente los destinos de Rusia desde la destitución del Zar.
Con la caída forzada de F. Kérenski, que encabezaba ese gobierno provisional de la Duma, se instaura en Rusia el primer Estado obrero de la historia. Se trata de un nuevo modelo de Estado desconocido hasta entonces que tiene la virtud de conmover hasta los cimientos del movimiento obrero mundial. La característica más llamativa de este primer Estado obrero es su modelo de organización. Se organiza, sin concesión alguna, desde arriba hacia abajo con la intención clara de que la burguesía, propietaria de los diversos medios de producción, pudiera explotar a la clase trabajadora.
Es el mismo Lenin el que encabeza la revuelta de Petrogrado, provocando la caída de F. Kérenski y de todo su gobierno provisional. El éxito de la operación, en gran medida, fue posible gracias a las dotes organizativas nada comunes de L. Trotsky, que encabezaba el Comité Militar Revolucionario. Todo este movimiento, tendente a la instauración del primer Estado socialista, recibió el nombre de Revolución de Octubre.
El marxismo teórico, a partir del triunfo de la Revolución de Octubre, se ha convertido en el santo y seña del nuevo Gobierno, dirigido por Lenin con mano dura. Lo que más tarde recibió el nombre de comunismo tiene su origen precisamente en dicho marxismo teórico. Los mismos leninistas, que eran marxistas convencidos, consideraban que el socialismo auténtico desembocaba necesariamente en el comunismo. El comunismo, que ha dejado una huella indeleble en la cultura, es una rama muy específica del socialismo y no representa, por lo tanto, al socialismo en su totalidad.
El mismo Lenin, y con el objeto de impulsar la revolución a escala mundial de acuerdo con el modelo adoptado en Rusia, se molesta en organizar el Congreso de marzo de 1919. De este Congreso saldrá la Tercera Internacional, conocida popularmente como la Internacional Comunista o Komintern. Con esta nueva Internacional, los congresistas trataban de recuperar íntegramente la política revolucionaria a escala mundial. Es en el Congreso siguiente, celebrado en 1920, cuando se fijan las distintas condiciones que había que cumplir, para pasar a formar parte de esta Internacional. Lo primero que se exigía era una obediencia ciega a las órdenes emanadas de la dirección. Pero, a pesar del empeño de los responsables revolucionarios, esa revolución mundial, soñada por Lenin, no logró sus objetivos expansionistas.
El fácil triunfo de la revolución soviética tuvo un impacto enorme sobre los trabajadores de todo el mundo. De ahí que, en España, tanto el PSOE como la UGT, sin pérdida de tiempo, quisieron seguir su ejemplo. Otro tanto ocurrió con la CNT que, sin pérdida de tiempo se afilian a la nueva Internacional. El hecho de que la nueva República Soviética funcionara a través de asambleas obreras, conocidas con el nombre de soviets, hizo creer a los anarcosindicalistas españoles que con dicha revolución estaban poniendo en práctica sus propios ideales colectivistas. También se crea el Partido Comunista de España.
La burguesía española, y más aún la catalana, sentía verdadero pavor por la actitud revolucionaria de los anarcosindicalistas españoles, hegemónicos en Cataluña. Hasta los mismos socialistas participaban en ese pánico colectivo. El crecimiento extraordinario de la economía española como consecuencia inmediata de la I Guerra Mundial acrecentó aún más ese temor. Pues a nadie se le escapaba que esas mejoras económicas también fortalecían a la clase obrera que, de aquella, estaba dominada por la CNT. Y de hecho comenzaron a menudear las huelgas, desbordando a la misma policía, que se vio impotente para mantener el orden. Para defenderse de los desórdenes revolucionarios, la patronal organizó una especie de terrorismo blanco, que enconó aún más las relaciones laborales.
Ante una situación tan complicada, el Gobierno responde con la prohibición del periódico Solidaridad obrera, editado por la CNT de Cataluña y conocido con el nombre de La Soli. Cerró, a la vez, un buen número de centros y detuvo a varios dirigentes sindicales. La respuesta de la CNT fue inmediata. El 24 de marzo de 1919 convoca una huelga general que tiene un masivo seguimiento y exigen la liberación inmediata de los presos de la huelga anterior. La lucha social fue tan dura, tanto en Barcelona como en otras ciudades, que el Gobierno de turno se vio obligado a hacer dos concesiones importantes: la jornada laboral de 8 horas y la formación de comisiones mixtas de negociación, que hay que colocar en el haber de la CNT.
La detención de dirigentes obreros continuó. Ante estos hechos, la dirección de la CNT, que hasta ahora había tenido un comportamiento moderado, adopta una posición mucho más radical. Como respuesta al denominado terrorismo blanco que se ejercía contra ellos, organizan actos de terrorismo individual. El Gobierno, sobrepasado por estos actos de terrorismo individual, para defenderse organiza un grupo especial, integrado por antiguos policías, que reciben el nombre de
Pistoleros de la patronal.
Tan complicadas estaban las cosas, que el Gobierno quiso pactar con la CNT a finales de 1919. Pero la Federación de Patronos lo impidió planteando el lock-out o cierre patronal, recrudeciéndose así la lucha social. La misma patronal no tuvo inconveniente en utilizar a obreros desclasados contra la CNT, provocando así una nueva escalada terrorista. Al no ceder nadie en la lucha social, el problema se extendió a toda España. El Gobierno quiso zanjar el problema y, para ello, recrudeció la lucha contra la CNT. Llegó incluso hasta el asesinato premeditado mediante la aplicación de la ley de fuga. La respuesta de los anarquistas fue contundente, vengándose con el asesinato de Eduardo Dato que era el primer ministro español.
La reacción del ejército fue tan brutal que la CNT se vio obligada a aceptar una paz social extremadamente precaria. Y esa tranquilidad, pese a todo y con la colaboración del establecimiento de la II República, se mantendría hasta finales de 1931. Los desgraciados sucesos de Arnedo primero, Castilblanco y Casas Viejas después, encendieron de nuevo la lucha revolucionaria, agravada considerablemente con la revolución de octubre de 1934. La consigna
Uníos Hermanos Proletarios (UHP), aparecida en Asturias, fue suscrita de forma inmediata por la Federación Socialista Asturiana, por la UGT y por la Confederación Regional del Trabajo de Asturias, León y Palencia de la CNT. Esta consigna terminó por convertirse, durante la guerra civil española, en la proclama habitual de los republicanos.
La corriente revolucionaria de corte mundial, auspiciada por Lenin, terminó con su muerte en 1924 y dio paso a otras ideas más acordes con los intereses de su sucesor. Con el triunfo de Stalin se burocratizó el estado soviético, y la Internacional Comunista pasó a ser un simple instrumento de su política exterior. Y lo utilizaba descaradamente para proteger su poder absoluto dentro de Rusia. El Komintern, de cara al exterior, era utilizado por Stalin para aumentar lo más posible la influencia soviética en las otras naciones.
Como consecuencia de las inevitables intrigas intestinas internas y a intereses de política exterior, Stalin fue introduciendo cambios en el Komintern, a veces completamente radicales y más cuando interesaba la cooperación con países no comunistas. Lo disolvió incluso en mayo de 1943, en plena guerra mundial, para agradar a sus aliados de entonces, los americanos y los británicos.
En Octubre de 1947, es la URSS la que organiza en Polonia una reunión muy importante, a la que cita a los ocho países, donde el comunismo había ya sentado plaza, como es el caso de Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, la misma Polonia, Rumania y Yugoslavia. También invita a Francia e Italia por la ascendencia que el Partido Comunista tenía en estos países. En esa reunión se crea la Kominform, u Oficina de Información Comunista. El cometido real de esta oficina, en contra de lo que decía la propaganda, debía funcionar como un auténtico instrumento político con cierto poder coercitivo que los reunidos ponían en manos de Stalin para tutelar el comportamiento, un tanto independiente, de Tito en Yugoslavia. El comportamiento del líder comunista yugoslavo chirriaba al lado de los otros países satélites. La propaganda en cambio pretendía hacer ver que esa oficina era simplemente una Oficina de Información Comunista.
Con el fin de atar más corto a Tito, la sede de la Kominform se instala intencionadamente en Yugoslavia. Pero Tito, a pesar de las trabas que coartaban su libertad, mantuvo firme su decisión soberana de mantenerse al margen de la ortodoxia soviética salvaguardando, contra viento y marea, la independencia de Yugoslavia. La firmeza de Tito en sus convicciones provocó su expulsión del partido en junio de 1948, trasladando, a la vez, la Kominform a Bucararest (Rumania)
Al morir Stalin el 5 de marzo de 1953, a pesar del terror a que estaban sometidos los diversos estamentos del partido, toda la clase dirigente experimenta, además de una agradable liberación, una clara sensación de vacío y comienzan de inmediato la desestalinización del sistema. Más o menos, como si se tratara de establecer un nuevo régimen, teniendo en cuenta, eso sí, las diversas tendencias que había dentro del partido. Para finalizar la operación con éxito, era muy importante atender a la correlación de fuerzas.
El único que estorbaba para esta operación era Beria, colaborador muy estrecho de Stalin en las labores coercitivas de la policía. Eliminado rápidamente, Nikita Kruschov asume el cargo de primer secretario del partido y Malenkov el de Presidente del Consejo de Ministros. El nuevo Gobierno comienza, de inmediato, la restauración de la legalidad socialista, dejando a un lado la línea dura practicada por Stalin. Kruschov, nuevo hombre fuerte del partido, intentaba de esta manera la reconciliación con Yugoslavia y un franco entendimiento entre los diversos estados comunistas. Para sellar ese acercamiento a Yugoslavia, la Kominform es disuelta el 17 de abril de 1956.

José Luis Valladares Fernández

viernes, 3 de julio de 2009

EL SINDICALISMO Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA

5.- La Segunda Internacional

La Primera Internacional, con sede en Nueva York desde 1872, se disuelve oficialmente en el año 1876 como consecuencia de los muchos problemas originados por la división interna. Para esa fecha, la unidad moral del socialismo no había sido ni esbozada, a pesar de la innegable homogeneidad de todas sus tendencias. Tendencias que, aunque diversas, comparten una base común y un mismo objetivo: la destrucción del capitalismo. A pesar de compartir objetivo, marxismo y anarquismo siguen fuertemente enfrentados entre si.
La corriente marxista, coincidiendo con el centenario de la Revolución Francesa, convoca un nuevo congreso, que se celebró en París el 14 de julio de 1889. Se buscaba con este congreso unir nuevamente todo el movimiento obrero a nivel internacional. Lograron que se constituyera la Segunda Internacional, pero las diferencias entre marxistas, anarquistas y los trade unionistas británicos cada vez eran más profundas. Engels, que en este congreso tuvo una actuación estelar, trato de acercar posturas, pero no lo consiguió.
En este congreso, se acordó que fuera Bruselas la sede permanente de esta internacional y se instituyó como Día Internacional de los trabajadores el 1º de Mayo, fecha que se utilizó también para honrar a los cinco huelguistas muertos en Chicago en Mayo de 1886. A partir de ese congreso, tal día se utiliza para realizar movilizaciones generales de todos los trabajadores del mundo.
Entre los distintos congresos que se celebraron con posteridad julio de 1889, tiene especial significación el celebrado en Londres en 1896. En este congreso se escenifica la rotura definitiva entre marxistas y anarquistas, siendo estos últimos expulsados de la Internacional. Con esta expulsión desapareció la contestación y el enfrentamiento abierto entre unos y otros, pero no fue posible la unanimidad que se buscaba. El marxismo, aunque interpretado de una manera u otra según el tipo de socialismo imperante, pasó a ser la doctrina oficial para esta Segunda Internacional.
Tenemos, por un lado, el socialismo alemán, que ejercía cierto liderazgo sobre los demás. De ahí que las reformas del movimiento obrero fueran hechas de acuerdo con el marco legal alemán. Los miembros del Partido Social-Demócrata alemán eran tremendamente eclécticos, por lo que su socialismo quedaba reducido a una simple visión ética del mundo. Pensaban que la revolución era algo francamente inevitable y, en consecuencia, no se debía rechazar la colaboración de otros partidos no marxistas. Pues esta colaboración podía reportar ciertos beneficios extras que ayudarían a alcanzar, más pronto, las ansiadas metas que nos ofrece el socialismo.
El socialismo francés, en cambio, y debido a su origen revolucionario, era mucho más combativo que el alemán. A pesar de su filiación marxista, al igual que el alemán, no le hacía ascos a la colaboración con otros partidos no marxistas.
El socialismo británico tiene ciertas características propias, y su desarrollo tiene la impronta de una larga tradición de lucha obrera, pero, salvo en la Federación Social-Demócrata, tiene muy poco arraigo el marxismo. Los fabianistas, por ejemplo, lo combaten hasta con violencia. De todos modos, los trabajadores británicos se decantarán mayoritariamente por el Partido Laborista, al que encomiendan la defensa de sus derechos laborales.
El socialismo ruso, sin embargo, no debe su origen a ningún movimiento revolucionario. Aunque su desarrollo sí está ligado al populismo que presupone que Rusia, por su pasado campesino, posee ya una vocación claramente revolucionaria.
Los anarquistas ahora, al quedar fuera de la Internacional de una manera definitiva, no son más que grupos aislados más o menos grandes y sin influencia política alguna. Hasta el anarquismo puesto en marcha por Bakunin deja a un lado sus formas insurrecciónales y da paso al anarquismo colectivista. Únicamente en España mantiene el anarquismo toda su influencia. Y continúa siendo todo un fenómeno de masas. Es mas, en España es el único país donde el anarquismo y el sindicalismo revolucionario continúan coexistiendo con el socialismo reformista.
Para rematar el siglo, en el año 1899, en Suiza se ponen de acuerdo empresarios y sindicatos y firman el primer pacto social de la historia. Con la llegada del siglo XX, se producen ciertos movimientos sindicales de mucha importancia. En 1906, la CGT francesa aprueba en Amiens su Carta Magna y, en Milán aparece el primer sindicato italiano con el nombre de Confederazione Generale del Lavoro (CGdL). Este mismo sindicato, ya en el año 1944 y con el Pacto de Roma, se transformará en la Confederazione Generale Italiana del Lavoro (CGIL). En 1906, en los Países Bajos, se crea la Federación Neerlandesa de Sindicatos. En 1911, en Copenhague, se funda la Secretaría Internacional de Sindicatos. Participan en este acto asociaciones alemanas, belgas, británicas, finlandesas y suecas.
Por esta época y con la reindustrialización de Asturias, Cataluña y el País Vasco, se produce en España un nuevo desarrollo del movimiento obrero. Con este nuevo impulso, en el anarquismo español comienzan a aflorar ciertas disonancias, hasta entonces ocultas, dando lugar a la aparición de diversas corrientes sindicales. Una de estas corrientes es la purista que es abiertamente antisindical. Tenemos la corriente extremista, partidaria incluso de practicar el terrorismo individual. Otra de las corrientes es el posibilismo libertario, algo alejada ya del anarquismo clásico. Y, por último la corriente anarcosindicalista que está basada en la teoría del sindicalismo revolucionario.
El posibilismo libertario no renuncia a los fines históricos del anarquismo, como es la superación del Estado y del capitalismo. Este sigue siendo su objetivo principal. No obstante esto, se dejaron influenciar por otras corrientes políticas, y aunque pocas de sus propuestas saldrían adelante, supieron atemperar el exceso de celo de la Revolución Española de 1936. Este grupo militaba en el Partido Sindicalista creado por Ángel Pestaña en 1932, un partido muy afín al laborismo británico, que buscaba tener una representación parlamentaria lo más alta posible para defender los intereses de los trabajadores. Pero sin perder nunca de vista su objetivo principal: el advenimiento del comunismo libertario, basado sobre estos tres pilares: las cooperativas, los sindicatos y los municipios.
La corriente anarcosindicalista logra un mayor arraigo entre los trabajadores y crea una verdadera fuerza de masas. La confederación sindical obrera, fundada en Barcelona en el año 1907, es claramente anarcosindicalista. Y juntamente con socialistas y republicanos, crean la organización Solidaridad Obrera. Editaban un periódico ácrata con el mismo nombre de la organización, conocido popularmente como la Soli. Solidaridad Obrera, ante el agravamiento de la recesión y el reclutamiento de reservistas para la guerra colonial de Marruecos, organiza una huelga salvaje entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909, con quema incluida de edificios religiosos, dando lugar a lo que se conoce como Semana Trágica de Barcelona
Este movimiento anarcosindicalista convoca un Congreso Nacional de Trabajadores que se celebrará en Barcelona en el año 1910, donde se crea la famosa Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Esta organización pasó a ser el principal sindicato de masas de los trabajadores españoles, superando ampliamente en toda España a la UGT. En Cataluña prácticamente no había más centrales sindicales que la CNT. Y esta preponderancia la mantuvo hasta la guerra civil.
La CNT tenía un carácter claramente asambleario y federalista, lo que le llevaba a obviar frecuentemente las indicaciones que emanaban de la dirección. La dirección de la CNT, por ejemplo, era contraria a las huelgas, pero sus bases las apoyaban con relativa frecuencia. A nivel local o sectorial obraban autónomamente, y cada federación tomaba sus propias decisiones.
Con la lucha social entablada por la Segunda Internacional, se fue imponiendo el voto universal y secreto. Esto facilitaba que los representantes de de los trabajadores accedieran a los parlamentes de los distintos países. Hasta era muy posible que, alguno de los partidos obreros, ganara las elecciones. Estos logros sindicales propiciaron que, en cada país, los movimientos obreros tomaran derroteros distintos y diferenciados entre sí. Cada nación, por separado, iba escribiendo su propia historia sindical.
Al complicarse el ambiente político, se adivinaba como muy posible y muy próxima una confrontación bélica. Como los socialistas europeos, de aquella, estaban comprometidos ideológicamente con la paz y con el internacionalismo, desde la misma Internacional se intentó buscar la paz. Pero no fue posible. La propia cultura de cada obrero, distinta de unos países a otros, les llevaba a anteponer siempre los intereses de la propia nación a las exigencia del internacionalismo sindical.
De ahí que, cuando en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, no hubo lealtad sindical alguna que valiera y los obreros, sin excepción, apoyaron a sus respectivos gobiernos. La rotura de la unidad sindical, en momentos tan graves, supuso el final de esta Segunda Internacional. Hasta 1920, se intentó una y otra vez reflotarla, pero todo fue inútil y terminó desintegrándose definitivamente.

José Luis Valladares Fernández