Mostrando entradas con la etiqueta Gürtel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gürtel. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de agosto de 2013

ACUSANDO PARA DESPISTAR

Según una leyenda mitológica de la antigua Grecia, el dios del mar, Proteo, se dedicaba a pastorear y dar de comer bajo las aguas a las manadas de focas de Poseidón o Neptuno para los romanos. Desempeñaba esta labor con incansable celo y con total maestría, de modo que Poseidón quiso recompensarle por tan espléndido servicio, otorgándole el don de conocer a fondo todas las cosas futuras, además de las pasadas y las presentes. En consecuencia, podía predecir fielmente el futuro, pero le disgustaba revelar lo que sabía.

Los que querían desentrañar los secretos de la naturaleza y esclarecer algún misterio oculto, tenían que recurrir a la violencia con Proteo y, aún así, se resistía. Procuraba  metamorfosearse  adoptando unas veces la forma de un dragón, un tigre u otra cualquiera para evitar el tener que predecir el futuro. Pero la gente sabía que Proteo abandonaba las profundidades del mar a mediodía y que dormía la siesta a la sombra en una gruta muy próxima a la playa. Ese era precisamente el momento más oportuno para sorprenderle y sujetarle fuertemente y entonces, si Proteo se veía vencido, cedía y contestaba sinceramente a los requerimientos de sus adversarios.

Como el propio Proteo, Mariano Rajoy está siendo acosado despiadadamente por toda la oposición para que aclare su relación con  Luis Bárcenas, antiguo tesorero del Partido Popular, y sobre la financiación irregular de este partido. Destacan por su agresividad los socialistas. Todo el PSOE se ha lanzado en tromba a la yugular del presidente del Partido Popular y del Gobierno, y de una manera muy especial, su secretario, Alfredo Pérez Rubalcaba, la segunda de abordo, Elena Valenciano y la portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Soraya Rodríguez.

Según Soraya Rodríguez y a la vista de los datos que se van conociendo, Rajoy se muestra, “cada día más”, como “el verdadero hilo conductor” de la presunta trama de financiación ilegal del Partido Popular, ya que es acusado directamente por Bárcenas y, además, ha sido el máximo responsable del partido durante los últimos años. De ahí que le exijan que aclare urgentemente  en el Parlamento su implicación en este tema y la de su partido. Dice Soraya que "hay millones de razones para que Rajoy de la cara en sede parlamentaria", ya que, según el ex tesorero Bárcenas, el Partido Popular lleva financiándose ilegalmente al menos durante 20 años.

jueves, 14 de febrero de 2013

EL CASO BÁRCENAS EN LA PRENSA



Hace ahora algo más de medio año que se levantaron las primeras voces contra Annette Schavan, la ministra alemana de de Educación e Investigación Científica, acusándola de plagio. Fue precisamente un internauta anónimo el que levantó la libre en mayor de 2012, al sospechar que había copiado varios pasajes de otros autores en la elaboración de su tesis doctoral, publicada en 1980 y titulada Personas y consciencia.

Comprobaciones posteriores corroboraron que las sospechas iniciales eran ciertas y, ante la evidencia del robo intelectual, la actuación de  la Universidad de Düsseldorf no se hizo esperar. El pasado día 5 de febrero se reúne el consejo académico de la Facultad de Filosofía, y tras una reunión de varias horas, decide desposeer a la ministra Schavan de su doctorado. Con este fallo universitario, el prestigio y la reputación académica de la ministra alemana quedan seriamente dañados.

La ya ex ministra Schavan admite, eso sí, que pudo haber algún fallo en el tratamiento de las fuentes, pero que nunca tuvo intención de engañar a nadie y niega  tajantemente haberse apropiado del trabajo intelectual de otros. Annette Schavan puede recurrir la decisión universitaria, pero ante la gravedad de los hechos que le imputan y la amistad con la canciller Angela Merkel, abandona el Ministerio alemán de Educación e Investigación Científica.

domingo, 12 de febrero de 2012

ASÍ ES LA IZQUIERDA ESPAÑOLA

Es muy habitual que los hombres de izquierda piensen que solamente ellos están capacitados para decir quién es demócrata y quién no y quién cumple íntegramente los requisitos requeridos para ser un progresista consumado. Pero en realidad, se trata de personas que no han sido capaces de borrar totalmente los rastros que ha dejado en ellas el marxismo. Cuando menos lo esperas, dejan ver la oreja y aparecen sus comportamientos mesiánicos y totalitarios. Una conducta bastante frecuente en personajes como Cayo Lara y Gaspar Llamazares, que se han dejado cautivar por la dictadura cubana y que aún lloran la caída del Muro de Berlín.
No es normal que, a estas alturas de la película,  Cayo Lara y Gaspar Llamazares tengan ese tipo de actitudes y quieran encabezar las procesiones absurdas en defensa de Baltasar Garzón. Pero aún así, es perfectamente comprensible. Sin embargo, extraña bastante más la conducta miserable del PSOE que, por lo que parece, siguen anclados en la primera mitad del siglo pasado. Todavía no han sido capaces de desprenderse de los viejos demonios que aprisionaron a su fundador Pablo Iglesias, y siguen haciendo causa común con las huestes de Cayo Lara y en perfecta armonía con los titiriteros de la ceja para atacar dialécticamente al Tribunal Supremo, por sentar en el banquillo de los acusados a Baltasar Garzón.
Es evidente que Pablo Iglesias no creía en la Justicia que no le diera la razón. Ahí están para confirmarlo las amenazantes palabras que soltó en las cortes el 5 de mayo de 1910: “Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones". Y los socialistas de hoy, como su fundador, tampoco creen en la Justicia si ésta no les es favorable y se adapta plenamente a sus expectativas. Por eso unen sus voces a las de Cayo Lara,   Llamazares y todo su séquito, entre los que destaca Pilar Bardem y algunos jueces y fiscales, y corean juntos insultos de grueso calibre contra los jueces del Tribunal Supremo. Entre otras lindezas, gritan desaforadamente: "fuera fascistas del Tribunal Supremo" o "Tribunal Supremo, suprema impunidad".
Toda esta tropa se desgañita  lanzando al aire furibundas consignas contra el franquismo y contra los jueces del Tribunal Supremo, entremezcladas con otras de apoyo al juez Garzón. Son incapaces de ver que Baltasar Garzón se ha pasado unos cuantos pueblos al considerar que puede impartir justicia, urbi et orbi,  sin cortapisa alguna. Al tratarse de un juez de izquierdas, como él mismo ha dicho, tiene bula para actuar como le venga en gana, venga o no venga a cuento. Los medios que se utilicen son lo de menos. Todos son útiles y justificables, siempre que ayuden a conseguir el fin propuesto. Justifica la intervención de las conversaciones de los implicados en la “trama  Gürtel” con sus abogados, ya que así impedía que los miembros de esa red delictiva continuaran blanqueando dinero y evadiéndolo fuera de España.
También encuentra escusas Garzón para investigar los crímenes de la dictadura. Al no existir un censo de los desaparecidos en la Guerra Civil, ni de las fosas comunes utilizadas durante la contienda, se imponía una investigación seria y precisa para dar una satisfacción a los represaliados por el franquismo. La amnistía general de 1977, según el juez Garzón,  solamente alcanza a Santiago Carrillo y a los demás responsables del Gobierno de la República. Quedan fuera de su paraguas, sin embargo, los que se levantaron en armas contra el Gobierno legítimo y el orden constitucional. Y es que para Baltasar Garzón, en los asesinatos de Paracuellos, por ejemplo, no había delito contra altos organismos de la Nación. Los asesinatos y las desapariciones provocadas por Franco y sus secuaces “eran crímenes contra la humanidad, de genocidio, que perduran en el tiempo” y que, por consiguiente,  “estaban dentro de la competencia de la Audiencia Nacional”. Para justificar su actuación, aduce como jurisprudencia los juicios de Núremberg contra los nazis.
En el caso  Gürtel, digan lo que digan Garzón y sus voceros,  avasalló los derechos fundamentales de los inculpados al suspender  sus garantías procesales con las escuchas de las conversaciones, realizadas en la cárcel con sus abogados. En el caso de la represión franquista se excedió palpablemente en sus atribuciones jurídicas. Y es precisamente por esto,  por lo que está sentado en el banquillo de los acusados por segunda vez, y no por investigar los crímenes del llamado bando nacional, como quieren hacernos ver  el coro mediático que le defiende y esa especie de jauría política que le jalea a diario a las puertas del Tribunal Supremo.
Y aunque no venga al caso, Baltasar Garzón quiere hacer ver a los jueces que lo juzgan que se sintió moralmente obligado a investigar esos casos que obedecían a “un plan sistemático y preconcebido de eliminación y desaparición de miles y miles de personas”. Y continua impertérrito con su alegato: “No investigué crímenes políticos, sino delitos contra la humanidad. Hice realmente lo que creí que tenía que hacer por encima de ideologías, porque aquí ha habido cientos y cientos de miles de víctimas que no habían sido atendidas en sus derechos y el juez tiene la obligación de investigar esos hechos y dar protección”. Garzón insiste una y otra vez, en lo que se refiere a este caso, que actuó siempre por encima de cualquier ideología. Pero esto es lo de menos. Lo que se investiga aquí es si actuó por encima o de acuerdo con la ley.
Los incondicionales del juez estrella no se conforman con arroparle con todo entusiasmo en sus entradas y salidas del tribunal que lo juzga. Entregaron además un escrito en el Supremo, solicitando la dimisión de los integrantes de la Sala de lo Penal que lo juzgan y reclamando "justicia democrática para el juez y para toda la ciudadanía española y verdad, justicia y memoria para todas las víctimas de la dictadura del general Franco". Y por si todo esto fuera poco, organizaron una manifestación intimidatoria, a la que asistieron juntamente con lo más granado de la izquierda díscola y sectaria que padecemos, algunos jueces y fiscales de la Audiencia Nacional que, por lo que parece, no tenían nada mejor que hacer.
El lema de esta manifestación no podía ser más claro e impertinente: "Contra los juicios de la vergüenza. Contra los crímenes del franquismo. En apoyo al juez Baltasar Garzón". Estaba encabezada, como no podía ser menos, por los líderes sindicalistas Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez; el coordinador de IU Cayo Lara y el diputado de esta coalición Gaspar Llamazares; los socialistas Pedro Zerolo y Soraya Rodríguez y, faltaría más, la impertinente Pilar Bardem, Marisa Paredes y Lola Herrera. Al mismo tiempo que la manifestación, hubo concentraciones en Granada  y en la localidad malagueña de Vélez-Málaga para protestar contra los juicios abiertos al juez Garzón y para homenajear a las víctimas de la Guerra Civil.
Son significativas las declaraciones de algunos de los asistentes a esta manifestación. Según Cayo Lara, el Supremo, al juzgar a Baltasar Garzón, está "tendiendo puentes de plata a la corrupción y un muro de silencio al genocidio franquista". No ha estado menos expresiva Soraya Rodríguez, lamentando que se dude  de la actuación de quien ha intentado en todo momento “   aplicar con valentía la ley de memoria histórica, que no es un ajuste de cuentas contra nadie, sino un encuentro con nuestra realidad". Según Cándido Méndez, el juez Garzón no ha hecho otra cosa que intentar hacer un "saneamiento democrático" de la sociedad española, “para cerrar las heridas del franquismo y que haya reconciliación". La inefable Pilar Bardem va aún más lejos y califica a este juez como "símbolo para los derechos humanos, que no son ni de derechas ni de izquierdas”.
Una cosa queda muy clara. Esta izquierda que padecemos solamente cree en la Justicia cuando les favorecen las resoluciones judiciales, siempre que condenen, eso sí, a los de la otra acera ideológica, a los de la derecha. Esto pone al descubierto el alto déficit democrático que padece toda esta tropa cavernícola que no ha sabido homologarse con la izquierda moderna de los países democráticos. 
Gijón, 3 de febrero de 2012 
José Luis Valladares Fernández

viernes, 17 de diciembre de 2010

DONDE LAS DAN, LAS TOMAN

Hace ya mucho tiempo, allá por el sigo IV antes de C., a Antístenes y a Diógenes de Sinope se les ocurrió reinterpretar, aunque no con mucho acierto, las enseñanzas impartidas diariamente por Sócrates en el Ágora de Atenas. Así apareció en la antigua Grecia una nueva filosofía que, en realidad, no tenía nada que ver con la doctrina socrática y que conocemos con el nombre de filosofía cínica. De siempre, el cinismo ha sido un distintivo característico de los socialistas. Y entre ellos, como discípulos aventajados de Antístenes, nos encontramos con los socialistas españoles y sus palmeros. Manejan como nadie la anaideia, que es el nombre mitológico que los antiguos griegos daban al daimon o espíritu de la desvergüenza y la provocación. A cinismo no hay quien los iguale y lo practican de un modo extremadamente irreverente e inmisericorde.
Hay veces que se cansan de lanzar escupitajos a los adversarios políticos, tachándoles de corruptos, unas veces con razón y otras sin ella, sin pensar que ese escupitajo les puede caer encima. Es el caso del portavoz del PSOE en Valencia, Ángel Luna y del fiscal del “caso Palma Arena”, Pedro Horrach. El “caso Gürtel” que, al menos en sus derivaciones valencianas ha sido intencionadamente magnificado, ha servido a Ángel Luna para lanzarse sin contemplaciones a la yugular de Francisco Camps. Está bien que se investigue el alcance del “caso Gürtel” y sus implicaciones y se pidan toda clase de responsabilidades. Pero sin contravenir las más elementales normas judiciales, respetando siempre los principios básicos de presunción de inocencia y no condenar a nadie antes que lo haga el juez.
Por lo que se ve, no todos los casos de corrupción son iguales, ni todos merecen la misma publicidad aunque sean más graves. En el “caso Pretoria” de Santa Coloma, por ejemplo, media mucho más dinero que en el “caso Gürtel” y no ha sido tan aireado como este ni en la prensa ni en la televisión. A unos se les detiene ante las cámaras de televisión, mientras que a otros se hace de tapadillo para que no trascienda. En el “caso Gürtel” valenciano se han violado todos los derechos, menudeando las filtraciones judiciales sin el menor sentido de responsabilidad, provocando la indefensión de los encausados. Todos hemos visto por televisión al personaje menos indicado, Ángel Luna, exhibiendo ufano, desde la tribuna de oradores, un documento de la Brigada de Blanqueo de Capitales del Cuerpo Nacional de Policía que estaba bajo secreto sumarial.
No acaba aquí la desfachatez del portavoz del PSOE en las Cortes Valencianas. Después de un duro debate sobre temas económicos y a pesar de haber trascendido ya su implicación en un claro caso de cohecho, se atreve a lanzar una pequeña piedra desde la tribuna de oradores, mientras pronunciaba aquella frase evangélica que, según San Juan, dirigió Jesús a los letrados y fariseos: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. El portavoz socialista y antiguo alcalde de Alicante perdía su control ante Camps y le dirigía epítetos de grueso calibre. Lo habitual era que lo tratara de delincuente por el dudoso asunto de los trajes. Y como suele suceder a quien no duda en escupir para arriba, a Ángel Luna le cayó encima su propio escupitajo, ya que fue imputado por el TSJ valenciano por un delito de cohecho.
Al parecer, según desveló en su día La Gaceta, Ángel Luna adjudicó al empresario Enrique Ortiz obras por valor de 7,2 millones de euros. La compensación por estas obras, según revela ´Intereconomía’, se produjo dos años y medio después de que Luna dejara la alcaldía alicantina. Entre noviembre de 1997 y febrero de 1998, el empresario Enrique Ortiz, uno de los principales imputados en el “caso Brugal”, abonó una factura de 698.600 pesetas por la reparación de un piso propiedad de la mujer de Luna. Tampoco ha justificado Ángel Luna el pago de un Audi A6 que previamente había pertenecido a Ortiz. Como es normal, Ángel Luna se defiende afirmando que él pagó todas sus facturas, aunque no las conserva.
Un caso de cinismo similar a este lo tenemos en el caso del segundo fiscal Anticorrupción de Baleares, Pedro Horrach. Pedro Horrach, fiscal del “caso Palma Arena”, imputó un delito de falsedad documental a Jaume Matas, para el que solicitó tres millones de euros de fianza, que el ex presidente de Baleares tenía que depositar en 24 horas. Y se da la circunstancia de que el mismo fiscal, que se muestra intransigente con Jaume Matas, según se descubre ahora, escrituro dos casas muy por debajo de su valor de mercado. Se trata de un sobreático de 217 metros cuadrados, comprado en 1999 y un chale de 118 metros cuadrados construidos adquirido en 2006. Y no terminan aquí las andanzas irregulares del segundo fiscal Anticorrupción, Pedro Horrach, ya que el precio que consignó en el Registro de la Propiedad, también fue notablemente inferior a la tasación hecha por el banco BBVA.
El segundo fiscal Anticorrupción no se despacha solamente con este delito de falsedad documental. También se ha dedicado a negocios particulares de intermediación, incurriendo manifiestamente un una incompatibilidad, prevista en el estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal. Los hechos son estos. Se interesó primero, a través de Internet, por la compra de un hotel en Panamá y posteriormente por la compra de una fábrica de alimentos, ubicada también en Panamá. Y en ambas ocasiones, los correos electrónicos que buscaban ese contacto personal o pedían datos aclaratorios, partieron de un ordenador perteneciente al Ministerio de Justicia.
Tanto la conducta del portavoz del PSOE valenciano, Ángel Luna, como la del fiscal del “caso Palma Arena”, son sumamente cínicas o de auténtica cara dura. Ambos personajes, como todos los que presumen de progres, suelen actuar con este tipo de cinismo extremo, pero son incapaces de imitar la conducta de los creadores de la escuela cínica. Los creadores de la corriente filosófica cínica despreciaban las riquezas y todo aquello que pudiera ocasionarles preocupaciones materiales. Consideraban que hasta la misma civilización y sus diferentes formas de vida eran un mal del que había que prescindir. La felicidad y la libertad se conseguían llevando una vida simple y carente de necesidades.

Gijón, 15 de Diciembre de 2010

José Luis Valladares Fernández