Hace ya cierto tiempo,
que Pedro Sánchez se había propuesto convertir en realidad su ambicioso sueño
de alcanzar, no importa cómo, la Presidencia del Gobierno. Como sabía que, con
unas elecciones, no llegaría nunca a entrar por la puerta principal en la
Moncloa, recurrió al tortuoso camino de los despachos. Y ni así lograba su
propósito. Pero al perder Mariano Rajoy el apoyo electoral de Ciudadanos por la polémica sentencia
sobre Gurtel, el líder socialista ¡qué le vamos a hacer!, volvió a la carga, desenterró
inmediatamente su hacha de guerra, y presentó una moción de censura en el
momento menos oportuno.
Como no tenía apoyos
propios suficientes, el máximo dirigente del PSOE recurrió entonces a los
herederos de ETA y a los golpistas y supremacistas catalanes, para utilizarlos
como trampolín para entrar en La Moncloa como sea, por la puerta de atrás o
por la ventana. No le importó en
absoluto romper las hostilidades cuando necesitábamos, más que nunca, la unidad
de todos los constitucionalistas para solucionar debidamente el problema
catalán y para consolidar la recuperación económica de España.
Trató, es verdad, de
justificar su disparatada decisión, apelando una vez más a la consabida ética.
Dice Pedro Sánchez, que Mariano Rajoy “está inhabilitado” para seguir al frente del
Gobierno por el caso Gurtel, y que España
necesita un impulso ético para restablecer la añorada decencia. Y dando
muestras inequívocas de un cinismo y una hipocresía insuperables, se erige a sí
mismo y a su partido en regeneradores de la vida política para acabar
definitivamente con la corrupción. Pero oculta intencionadamente que el PSOE tiene,
en este momento, causas abiertas en casi todos los territorios autonómicos de
España.
Es verdad que son muchos y muy lamentables los casos
de corrupción protagonizados por miembros destacados del Partido Popular. Y es
lógico y perfectamente comprensible que, afiliados de aquellos partidos que estén
libres de corrupción, protesten airadamente, pidan elecciones anticipadas, y hasta
exijan responsabilidades políticas y penales para todos esos indeseables, que
se han valido de sus cargos para lucrarse de manera ilegal. Pero es francamente
llamativo y totalmente incomprensible, que lo haga un responsable destacado de
un partido como el PSOE, que ha batido todos los records de corrupción.
