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lunes, 14 de enero de 2013

ESPAÑA ES DIFERENTE




Durante la larga etapa del franquismo, se utilizaron, con relativa frecuencia, distintos lemas como elementos meramente propagandísticos que condensaban y simplificaban la doctrina oficial del régimen. Se trataba de unos simples gritos patrióticos que, al igual que los símbolos nacionales, trataban de movilizar y enfervorizar a las masas populares. Se recurría también muchas veces  a estos lemas con el claro propósito de modelar y conformar interesadamente la mentalidad del pueblo, de acuerdo con unos patrones marcados desde el poder.

Allá por los años sesenta del pasado siglo, España rompe definitivamente con la economía autárquica y maltusiana e inicia una política  financiera y monetaria completamente ortodoxa y coincidente con la practicada en el mundo occidental. El resultado no se hizo esperar. Además de copiar el estilo de vida europeo, liberalizamos nuestro comercio interior y comienzan a menudear nuestros intercambios comerciales con el exterior, lo que nos reporta un crecimiento económico envidiable, desconocido hasta ese momento. Para afianzar ese desarrollo económico, se buscan nuevas fuentes de riqueza promocionando el turismo exterior. 

domingo, 6 de enero de 2013

VII.- CATALUÑA EN TIEMPOS DE FRANCO


La tribu catalanista, que creció y se fortaleció al amparo del Estado de las Autonomías,  ha propagado interesadamente el bulo de que Franco había proscrito el catalán y perseguía sin piedad a los se atrevían a utilizarlo. Y son muchos, dentro y fuera de Cataluña, los que se han creído semejante infundio. De ahí que nos encontremos a veces con personas que meten en el mismo saco al anterior jefe del Estado y a los actuales soberanistas cuando dicen: "se está haciendo con el castellano lo que en época de Franco se hizo con el catalán".

Es cierto que los nacionalistas, ante la dejación incomprensible del Poder central,  llevan ya mucho tiempo poniendo todo tipo de trabas a la enseñanza del español. Han impuesto un sistema de inmersión lingüística totalmente injusto con la intención perversa de marginar el castellano y hacer que desaparezca prácticamente de la enseñanza obligatoria. Han tenido incluso la desfachatez  de sancionar a los comerciantes por emplear el español al rotular sus establecimientos y sus servicios. Y Franco nunca hizo eso. Persiguió, eso sí, a los que  hacían un uso político del catalán y lo utilizaban intencionadamente como arma de construcción nacional, pero nunca al catalán como lengua.

Aunque los nacionalistas excluyentes han esgrimido profusamente esa acusación, nadie podrá encontrar documento alguno que nos demuestre que, durante el franquismo, se prohibió alguna vez expresarse en catalán. Si encontramos, sin embargo, abundantes datos que nos indican el apoyo incondicional del régimen a las manifestaciones culturales de dicha lengua. Ahí están, por ejemplo, los certámenes creados durante esa época para premiar obras escritas en catalán, lo que demuestra que no hubo inquina por parte de Franco contra el catalán. También hubo, durante esa época, multitud  de exposiciones de libros catalanes, organizadas por el poeta y crítico literario de Manresa, Guillermo Díaz Plaja.

Destacan, entre otros certámenes,  el “Rafael Campalans”, creado para premiar estudios sociales relevantes; el “Amadeu Oller” para poesía; y nada menos que tres certámenes, el “Folch i Torras”, el “Ruyra” y el “Sagarra”, para premiar obras de teatro. Hasta se creó el “Carles Cardó” destinado a premiar ensayos religiosos destacados. En 1945, por ejemplo, el régimen franquista contribuye con su apoyo, y la correspondiente subvención, al éxito de la celebración del centenario de Mossen Cinto Verdaguer, el llamado “Principe de los poetas catalanes”. En 1947 se concede el premio “Joan Martorell”, para novela escrita en catalán, a Celia Suñol y a María Aurelia Campmany.

Colaboraron con el franquismo personajes catalanes de la talla de Eugenio d’Ors que, en plena Guerra Civil, se traslada de París a Pamplona desde donde colaboró positivamente en la reorganización de las instituciones culturales del llamado bando nacional, en el que combatían sus tres hijos. Fue Eugenio d’Ors el que consiguió la recuperación de los fondos del Museo del Prado, que habían sido sacados de España por el  Gobierno de la República durante la guerra. Y durante muchos años, representó decorosamente al franquismo en los distintos foros culturales europeos. También José Pla, el escritor más leído en lengua catalana, abandonó apresuradamente la Cataluña republicana en septiembre de 1936, para regresar dos años más tarde a San Sebastián, que estaba ya en poder de Franco. Y en enero de 1939 entra en Barcelona formando parte del ejército nacional.

Ante el avance imparable de las tropas de Franco por Cataluña, y la huida precipitada del Gobierno de la República, se produce la gran desbandada del ejército republicano, completamente hundido y desmoralizado, camino de la frontera con Francia. La entrada en Barcelona del ejército nacional fue apoteósica.  En ninguna de las otras ciudades conquistadas hasta entonces hubo el entusiasmo desbordante,  la alegría y la cordialidad que en la toma de Barcelona. Una marea humana se echo espontáneamente a la calle para aclamar y aplaudir a unas Fuerzas Armadas que llegaban presumiblemente con pan  y con ley bajo el brazo.

Los conversos de última hora al anti franquismo, que comenzaron a aparecer a partir de la transición democrática, lo niegan categóricamente. Pero Franco fue recibido con vítores y aplausos en Barcelona en el desfile de la Victoria de febrero de 1939 y en todas sus posteriores visitas a Cataluña. Hay cantidad de documentos gráficos que lo atestiguan. Y Franco nunca olvidó esos recibimientos, como tampoco olvidó que Barcelona le dio  más voluntarios para la Guerra Civil que ninguna otra provincia española. Y supo agradecérselo sinceramente poniendo en marcha un colosal  programa de inversiones en Cataluña.

Por supuesto que trajo a raya a los catalanes rebeldes, empecinados en hacer política y  no porque quisieran precisamente una Cataluña independiente. Por razones obvias, no consentía veleidades peligrosas y enfoques políticos distintos a los suyos, ni a los catalanes, ni a los ciudadanos de las demás regiones españolas. Estaba aún muy cercana la terrible tragedia derivada del comportamiento totalmente irresponsable de los políticos de entonces, que llegaron hasta institucionalizar la violencia para conseguir por las buenas o por las malas sus propios intereses partidistas.

Es cierto que, a medida que pasaban los años y se alejaba el fantasma de la fratricida Guerra Civil, comenzaron a surgir antifranquistas ocasionales, sobre todo en zonas industriales y mineras. La estrategia era siempre la misma, en las provincias catalanas y en las demás provincias españolas. Trataban de introducirse clandestinamente en las estructuras mismas del régimen, sobre todo en el sindicato vertical. Y en esto eran especialmente maestros los comunistas. Buscaban la manera más efectiva de debilitar al franquismo, combatiéndolo desde dentro.

Mientras vivió Franco, hubo en Cataluña, como en toda España, algún que otro antifranquista ocasional, pero no muchos. El más significativo fue indudablemente el discutido monje Dom Aureli María Escarré, Abad del  Monasterio de Montserrat, convertido posteriormente en todo un mito del independentismo actual. La propaganda catalanista, además de como alguien de los suyos, nos lo presenta como un dechado de virtudes cristianas y monacales totalmente excepcionales. Hasta su mismo  lema abacial, propter domum Domini, podría hacernos pensar que vivió y trabajó exclusivamente para la casa del Señor.

Pero ni la propaganda interesada de los independentistas catalanes es cierta, ni concuerda su vida con  lo que reza su lema abacial. El Abad Escarré fue un monje benedictino tremendamente ambicioso y oportunista. Según cuentan otros monjes compañeros suyos, hasta se olvidaba con frecuencia de cumplir debidamente con su voto monástico de pobreza. Y más que un monje, preocupado por vivir íntimamente el Evangelio, parecía un falangista más de los que abundaban en aquella época.  Y por supuesto, era tan autoritario como ellos.

Por su ideología y por su manera de concebir la vida, no es de extrañar que se llevara muy bien  con los miembros del Gobierno de Franco, con quien mantuvo, durante un tiempo, una estrecha amistad.  Fruto de esa amistad personal con el anterior jefe de Estado fue la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, que se le concedió en el año 1945. Pero la ambición desmedida del Abad Escarré no conocía límites y quiso convertirse en Cardenal Arzobispo de Tarragona, pretensión que mantuvo durante varios años. Y mientras llegaba y no ese nombramiento, se le antojó ocupar la abadía del Monasterio de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, cuyas obras estaban a punto de finalizar.

Pero Franco optó por el benedictino Fray Justo Pérez de Urbel, otro falangista bastante más fiable y mucho mejor preparado intelectualmente que el Abad Escarré, para hacerse cargo de esa nueva abadía. Fray Justo Pérez de Urbel formaba parte de los entresijos del régimen y, en aquel momento, era miembro del Consejo Nacional del Movimiento y procurador en las Cortes Españolas. El orgullo del abad de Montserrat no aguantó más. Despechado y lleno de rencor, inicia su etapa crítica con el franquismo con unas declaraciones explosivas en el periódico francés “Le Monde” del 3 de diciembre de 1963.  “Donde no hay libertad auténtica -decía-, no hay justicia, y esto es lo que ocurre en España”. Y agregaba: “No tenemos tras nosotros veinticinco años de paz, sino veinticinco años de victoria. Los vencedores, la Iglesia incluida, que fue obligada a luchar al lado de ellos, no ha hecho nada para acabar con la división entre vencedores y vencidos”.

A partir de esta fecha, las desavenencias de Aureli María Escarré con el régimen fueron en aumento y, al final, no tuvo más remedio que abandonar España y exiliarse a Italia. Esto fue aprovechado interesadamente por los disidentes franquistas de entonces para hacer del Abad Escarré todo un mito popular del catalanismo. Los nacionalistas de hoy día mantienen ese mito y nos le presentan como el más valiente de los separatistas catalanes. Obvian intencionadamente una frase suya, posterior a las polémicas declaraciones a “Le Monde”: “Los catalanes en gran mayoría, no somos separatistas. Cataluña es una nación entre las nacionalidades españolas. Tenemos derecho como cualquier otra minoría, a nuestra cultura, a nuestra historia, a nuestras costumbres que tienen su propia personalidad dentro de España. Somos españoles, no castellanos”. No niega su españolidad; dice simplemente que no es castellano.

Con la transición española a la democracia, se produce la mayor desbandada de eminentes  franquistas que aterrizan precipitadamente en el nacionalismo catalán más extremo, de corte claramente independentista. Fueron muchos los jerarcas  del régimen que,  acostándose franquistas, despertaron al día siguiente siendo consumados demócratas, prestos a ocupar puestos destacados en las listas de CiU o en las del PSC. Entre los que estrenaron nueva chaqueta ideológica con la transición, tenemos a Miguel Montaña, a Enrique Olive, a José María Coll, a Joaquín Molins López-Rodo  y a José Torras Trías.

Todos estos conversos fueron ampliamente premiados por Franco por su lealtad inquebrantable al régimen. Todos ellos fueron nombrados directamente por Franco alcaldes de Lérida, de Tarragona, de Sant Celoni, de Barcelona y de Badalona respectivamente. Todos ellos formaban parte del famoso Movimiento y algunos desempeñaron además el honroso cargo de procurador en las Cortes de Franco.

Gijón, 10 de diciembre de 2012

José Luis Valladares Fernández 

martes, 13 de diciembre de 2011

GASTANDO DINERO HASTA EL FINAL

Desde tiempo inmemorial se nos viene advirtiendo que si algo funciona, no lo toques. Pero la experiencia nos enseña que este viejo aforismo no tiene nada que ver con los socialistas o gentes de izquierda. Estas personas son muy dadas a controlarlo todo, a hurgar incluso en la vida de los ciudadanos y, como es natural,  suelen hacer buena esta otra máxima no menos antigua: cuando algo va mal, siempre puede ir peor. Que se lo pregunten si no a José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno que nos deja una España hundida en la miseria y pavorosamente endeudada.

Será francamente difícil encontrar a alguien tan aficionado a intervenir en todo como Rodríguez Zapatero. Y lo hace además, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, plenamente convencido de su superioridad intelectual y moral, pensando que, solamente con su presencia, ya es suficiente para que cambie sin más la suerte de los más humildes. No hubo asunto que no tocara y con su intervención, como si se tratara de un rey Midas al revés, todo lo que marchaba más o menos bien, dejó de funcionar y lo que ya iba mal, empeoró notablemente. Lejos de mejorar las condiciones  sociales de los pobres, los que aparentemente eran sus protegidos, agravó considerablemente su situación y elevó su número hasta límites insospechados.

Aunque el paro en 2008  ya estaba haciendo estragos, Zapatero quería trasmitir optimismo a toda costa, y eludiendo intencionadamente la palabra “crisis”, comenzó a hilvanar discursos hueros y comprometidos. El 13 de diciembre de ese mismo año decía sin el menor rubor: "Nadie quedará a su suerte ante el drama del desempleo. Mi prioridad, es que no haya una sola familia en este país que pueda tener una situación de grave angustia o preocupación por la pérdida del puesto de trabajo".  El 21 de febrero de 2010 cuando ya se vio obligado a pronunciar la palabra maldita de “crisis”, continuó con sus atrevidas promesas: "Mientras yo sea presidente las políticas sociales no se recortarán".

A pesar de sus buenas intenciones, llenó a tope los comedores sociales de la Iglesia y, apenas tres meses después, nos sorprende con una subida generalizada de impuestos y con el mayor recorte social de la historia. Lo que nadie se había atrevido a hacer, lo hace Zapatero,  congelando las pensiones y recortando un 5% de media el salario de los trabajadores públicos. Como el gasto público y el despilfarro sigue en su apogeo, el resultado inevitable es que se salven de la quema los ricos y se condene a una mayor pobreza a los pobres. Con semejante política, la desigualdad entre pobres y ricos ha crecido exponencialmente, llegando a alcanzar un preocupante 30% en estos momentos.

Con su retórica de niñato caprichoso, su palabrería vana y su talante tonto, José Luis Rodríguez Zapatero,  en solo dos inacabables legislaturas, ha hecho más daño en España que Atila en sus ataques a los territorios del Imperio Romano. Además de hipotecar gravemente nuestro futuro, deja detrás de sí más de cinco millones de parados y una economía prácticamente irrecuperable. Con su laicismo fanático, su desprecio reiterado hacia nuestros valores tradicionales y su agresión permanente a la propia familia, nos ha hundido también en la miseria social y moral más absoluta. Por si fuera esto poco, ha vuelto a dividir a la sociedad española en buenos y malos y, por consiguiente a enfrentar otra vez a los españoles. Y todo esto haciendo gala de su talante y sin perder su sonrisa bobalicona.

Y aunque el pasado 20 de noviembre las urnas sancionaron claramente y con todo rigor su comportamiento suicida, Zapatero aún sigue en la inopia y piensa que ni él, ni todo su muestrario de ministros ineptos, merecían un trato así. Pero a pesar de todo, y de lo injustos que han sido los españoles con ellos, seguirán "manteniendo la coherencia de la responsabilidad con España". En vista de los resultados electorales tan catastróficos, lo normal es que hubiera habido dimisiones en el equipo responsable y que Zapatero hubiera hecho algún tipo de autocrítica postelectoral. Ni lo uno, ni lo otro. Aunque sabe que se le ha acabado el tiempo y que debiera limitarse escrupulosamente a diligenciar los asuntos de trámite, su nada recomendable catadura moral lo empuja a seguir actuando como si tuviera por delante toda una legislatura.

Así es que,  estando en funciones, sigue utilizando el Boletín Oficial del Estado sin el menor pudor para repartir dinero del erario público entre sus amigos. Ahí están por ejemplo las últimas subvenciones concedidas por los Ministerios de la Presidencia y el de Cultura. El Ministerio de la Presidencia, con la disculpa de subvencionar proyectos relacionados con las víctimas de la Guerra Civil y el Franquismo, regala 5.630.524,09 euros, fuera de tiempo, a diversas Fundaciones afines al PSOE y a los sindicatos de clase. Otro tanto ha hecho Ángeles González Sinde, la actual ministra de Cultura en funciones, con los del sindicato de la ceja y los titiriteros.

Ocurre lo mismo con las colocaciones de los amigos y de aquellos que le han prestado alguna ayuda política durante estos últimos años. Antes de que el Partido Popular asuma el Poder, quiere dejar bien situados al mayor número posible de sus adeptos. Ha recolocado ya, entre otros muchos,  a su amigo Bernardino León, que pasará a ser un alto cargo de la Unión Europea para la ribera sur del Mediterráneo. Carlos Ocaña pasó a ser director general de la  Fundación de las Cajas de Ahorros. Alberto Lafuente dirigirá la Comisión Nacional de la Energía. Hasta Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de la Junta de Extremadura, encontró acomodo como miembro del Consejo de Estado. No menos llamativa ha sido la marcha a la ONU Mujeres de Bibiana Aido, como asesora de la actual directora Michele Bachelet.

Es de vergüenza ajena que el Gobierno, en un Consejo de Ministros celebrado después de las elecciones de noviembre, decida indultar al vicepresidente y consejero delegado del Banco de Santander, Alfredo Sáenz. Alfredo Sáenz había sido condenado por el Tribunal Supremo a pena de prisión y de inhabilitación por presentar, a sabiendas,  una denuncia falsa cuando era presidente de Banesto. También fueron  indultados los directivos principales de Azucarera Ebro, Guillermo D'Aubarede Paya y Fernando Pérez López, que habían sido condenados en 2005 por fraude a la Unión Europea. Con este impensable indulto, se les conmuta todas las penas privativas de libertad y la multa, que superaba los 10 millones de euros, queda reducida ahora a 79.000 euros.

Y no son menos obscenos los viajes turísticos de algunos ministros, con cargo al presupuesto público. La ministra de Cultura en funciones, Ángeles González Sinde, después despilfarrar millones de euros entre sus amigos, cuando ya no le queda ni un suspiro en el Ministerio, organiza un viaje, “oficial y cultural” según ella,  por distintos países. Comienza su periplo en México, pasa después a Nueva York y, desde aquí, se fue a Moscú, donde protagonizó el bochornoso affaire de su alojamiento. Tenía reservada habitación en un lujoso hotel de cinco estrellas, pero le pareció demasiado poco y se cambió a una suite de lujo de otro hotel.

También viajó a México con cargo al erario público la vicepresidenta económica en funciones, Elena Salgado.  La titular de Economía y Hacienda, en vez de dedicarse a preparar la trascendental  Cumbre Europea del pasado fin de semana, emprendió viaje a México, según dice ella, para asegurar la continuidad del papel de España  en la próxima cumbre del G-20. Si es cierto que, en este viaje relámpago de solamente 48 horas, aunque realizado sin agenda oficial, se reunió con dos altos cargos del Gobierno mexicano, pero sin la presencia del embajador español. Esto nos hace pensar que fue su futuro personal  y no los intereses de España lo que llevó a Elena Salgado hasta México.

El capítulo de viajes con cargo al presupuesto del Estado lo completa Manuel Chaves González. El vicepresidente tercero del Gobierno y ministro de Política Territorial y Administración Pública, Manuel Chaces, viajó a Qatar para asistir al IV Foro de la Alianza de Civilizaciones, que comenzó ayer domingo en Doha. Para que nos salga más barato el evento, acompañarán a Manuel Chaves la embajadora española en misión especial para la Alianza, Belén Alfaro, y el director general de asuntos multilaterales, Fernando Riquelme. Según los organizadores, se trata de "emplear el diálogo intercultural como herramienta clave para impulsar el desarrollo, la paz y la seguridad, poniendo en contacto la misión de la Alianza de Civilizaciones con la agenda de los Objetivos del Milenio". Para completar la faena, el Gobierno de Zapatero destinó, como remate final, unos 3,30 millones de dólares americanos, para sufragar las distintas actuaciones de la Alianza del II Plan Nacional, que va desde el año 2010 al año 2014.

Gijón, 12 de diciembre de 2011

José Luis Valladares Fernández

domingo, 4 de diciembre de 2011

IRRESPONSABLE HASTA EL FINAL

Parece ser que este Gobierno aún no se ha enterado de que ha llegado al final de su mandato y, aunque está en funciones, se comporta como si tuviera toda una legislatura por delante. Cuatro días después de las elecciones generales que han sentenciado su salida definitiva del Gobierno, da muestras una vez más de su falta de dignidad y se embarca en una nueva distribución de dinero público, esta vez para la Memoria Histórica. En realidad es lo que ha hecho profusamente  desde que José Luis Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa: repartir dinero a espuertas, y sin el menor pudor, entre las más insospechadas ONGs y Fundaciones de todo tipo, casi siempre, eso sí,  afines al partido socialista.

Y si es un auténtico disparate repartir dinero público a manos llenas en circunstancias normales, resulta tremendamente obsceno hacerlo cuando la crisis económica nos golpea de manera tan despiadada y nos coloca al borde de la quiebra nacional. Pero esto a Zapatero no le dice nada. Antes que dejar a sus amigos sin ese millonario maná, prefiere hipotecar, por otros muchos años, el futuro de todos los españoles, como en su día prefirió entrar a saco en las pensiones de los jubilados y en el salario de los trabajadores públicos. Y da a entender que seguirá con estas adjudicaciones importantes, de un dinero que  no tenemos, hasta el mismo día de la investidura del nuevo presidente del Gobierno.

Como si no fuese con él, Rodríguez Zapatero  lleva ya  dos legislaturas, que parecen eternas, saqueando impunemente las arcas públicas, para dar pábulo a su trasnochada idea de España. Y ese dinero,  que proviene de los impuestos de todos nosotros, lo utiliza sin el menor reparo, entre otras cosas,  para dividir a los españoles con su desdichada Memoria Histórica, para comprar la paz a los sindicatos, para la entelequia de la Alianza de Civilizaciones o para promocionar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres del mundo subdesarrollado, que es tanto como exportar a otros países la cultura del aborto.

En este caso concreto, Zapatero prescinde de toda decencia moral y política, y a pesar de haber cesado ya oficialmente y estar su Gobierno en funciones, utiliza el Boletín Oficial del Estado del 25 de noviembre, para regalar 5.630.524,09 euros a varias asociaciones que están ocupadas en sacar adelante  distintos proyectos relacionados con las víctimas de la Guerra Civil y el Franquismo. Se trata de un último y desleal esfuerzo para ahondar aún más la división de los españoles con la  Memoria Histórica y desprestigiar lo más posible el espíritu  de la transición. Hasta ahora y desde que en 2008 se concedieran las primeras subvenciones, el Gobierno ha destinado la nada despreciable cifra de 25.100.000 de euros a proyectos relacionados directamente con la Memoria Histórica.

Lo más llamativo de esta adjudicación es que se produce 24 horas después de que en el Boletín Oficial del Estado apareciese el cese del presidente del Gobierno y de todos sus ministros y cuatro días después de las elecciones generales que determinaron el descalabro del partido socialista. Y por si esto fuera poco, los proyectos subvencionados se ejecutarán a lo largo de 1912, por lo tanto bajo la Presidencia de Mariano Rajoy. Es en el Boletín Oficial del Estado del 25 de noviembre, donde aparece la resolución definitiva, dictada por el Ministerio de la Presidencia, sobre las subvenciones correspondientes al año 2011. En dicho Boletín, como es lógico, aparecen también los beneficiarios, los proyectos subvencionados y las cantidades concedidas a cada uno de ellos.

Como ha venido sucediendo desde que José Luis Rodríguez Zapatero abrió la espita de las subvenciones, con esta última entrega del Gobierno en funciones, se ha beneficiado principalmente a entidades vinculadas a la izquierda, como es el propio Partido Socialista, el Partido Comunista y varias ONGs y Fundaciones afines. Y como no podía ser menos, también están entre los agraciados los sindicatos de UGT, CC.OO y la CGT. Es más, se ha creado alguna que otra ONG y alguna fundación “ad hoc” para recibir las ayudas concedidas a las actividades destinadas a la exhumación y  dignificación de fosas que guarden alguna relación con la Guerra Civil y el franquismo. Esta vez se premia también la recopilación de documentos referidos al mismo tema.

Antes de abandonar definitivamente La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero ha querido rubricar un  último servicio a su ley fetiche de la recuperación de la Memoria Histórica, con la adjudicación de estas subvenciones. La cantidad más importante de dinero de esta convocatoria, 100.000 euros, se los lleva el proyecto 267.1, presentado por la Asociación contra el Silencio y el Olvido. Se trata de construir un panteón para depositar en él, los restos exhumados en el antiguo cementerio de San Rafael de Málaga. La Fundación Largo Caballero se lleva 28.800 euros para el estudio de varios testimonios orales.

Otras dos fundaciones, la Fundación Pablo Iglesias y la Fundación Ideas para el Progreso que dirige el ínclito Jesús Caldera, recibieron 40.000 euros cada una, para identificar y recuperar la memoria de los órganos de dirección de las organizaciones socialistas entre los años 1939 a 1955. No se quedó corto Rodríguez Zapatero a la hora de gratificar a organizaciones leonesas afines, como son, entre otras, la Fundación Cultural Miguel Hernández a la que concede 27.000 euros,  la Asociación Manuel Azaña, que se alza con 29.200 euros y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de León, que se embolsa 59.754,91 euros, por “diversos trabajos de investigación y exhumación de tres fosas comunes en la provincia de León.

También la Universidad de León es premiada con 55.388,50 euros para realizar un estudio sobre  la represión y la clandestinidad en el noroeste de la península Ibérica entre 1945 y 1953 y para confeccionar un mapa digital de la represión franquista. Como no podía ser menos, también los sindicatos de clase han tenido parte importante a la hora de repartir este pastel. CC.OO se embolsa  la nada despreciable suma de 80.998,67 euros por tres proyectos relacionados con los represaliados del franquismo. La UGT se hace con 43.964,70 euros para estudiar las penurias padecidas por el magisterio español en la Guerra Civil y para recuperar las publicaciones periódicas de FMCA-UGT. También la CGT se llevó un pellizco de 49.950 euros por dos proyectos relacionados con la Memoria Histórica. Y así hasta completar los 5.630.524,09 euros, que es la cifra concedida in extremis por el Gobierno en funciones de Zapatero.

Es tremendamente absurdo, a estas alturas de la película, tratar de desenterrar otra vez las dos Españas felizmente enterradas con la transición. Sería tanto como volver a instaurar el odio que, en la década de los años 30 del siglo pasado, dividió irreconciliablemente a los españoles y que desembocó en nuestra trágica  y fratricida Guerra Civil. Ahora necesitamos más que nunca estar unidos para salir de esta colosal crisis económica que nos mantiene al borde del precipicio. Hace falta estar mentalmente enfermo para ocuparse preferentemente de los muertos, dejando en un segundo plano los acuciantes problemas que afectan a los vivos, como es el caso del paro con  más de cinco millones de parados y más de un 50% de jóvenes que no ven manera de acceder al mundo del trabajo, además de la deuda soberana y el elevado déficit que hipotecan nuestro futuro económico inmediato.

Solamente el odio, el sectarismo, y la animadversión ideológica más absurda, ruin y mezquina, pueden hacer que el presidente del Gobierno tenga entre sus prioridades la supuesta recuperación de la memoria de una parte de los muertos de la Guerra Civil y, sobre todo,  sacar a Franco del complejo del Valle de los Caídos. Como no es posible dinamitar semejante obra sin que se produzca un gran escándalo a nivel internacional, puso todo su afán en quitar de allí al anterior jefe de Estado y transformar la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos en una especie mastaba o, como mucho en una simple capilla u oratorio laico. Y para que este lugar, una vez secularizado, no resulte demasiado frio y desangelado, colocaría allí algún busto de Pablo Iglesias, de Francisco Largo Caballero o de algún otro santón del martirologio socialista.

Gijón, 2 de diciembre de 2011

José Luis Valladares Fernández