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martes, 7 de febrero de 2012

ESTO ES MÁS DE LO MISMO

Cuenta el historiador de la Roma Imperial, Quinto Curcio, que Alejandro Magno, al invadir los territorios del rey de Frigia, se encontró con un yugo atado al carro de Gordio con un nudo sumamente complicado y con la leyenda de que quien fuera capaz de deshacerlo sería el señor de Asia. Ni corto ni perezoso, Alejandro Magno sacó su espada y con  un golpe certero corta el famoso nudo gordiano, a la vez que decía: esto es muy sencillo, ya que da lo mismo cortar que desatar. Más o menos, es lo que sucedió ayer en el 38 Congreso del PSOE celebrado en Sevilla. Daba lo mismo que saliera elegido Rubalcaba que Chacón.
Se impuso finalmente  Alfredo Pérez Rubalcaba, aunque por un escasísimo margen, Ganó Rubalcaba, Pero no fue Carme Chacón la que en realidad perdió. Tampoco perdía Rubalcaba si hubiera sido elegida Chacón. Quien de verdad ha perdido ha sido el PSOE y, con él, España y la democracia española. Alfredo Pérez Rubalcaba compendia en su persona lo más negativo del felipismo y lo más nefasto del zapaterismo. En cuanto a Carme Chacón, ya sabemos lo que dijo de ella el inefable ex presidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra: “Chacón es Zapatero con faldas”.
A la vista del terrible y desmoralizador fracaso en las pasadas elecciones, el PSOE necesitaba una regeneración urgente, y esto no lo puede hacer Rubalcaba y tampoco  Carme Chacón. Ambos han sido claramente responsables de la funesta deriva, sufrida por el partido con José Luis Rodríguez Zapatero. Y con cualquiera de ellos en la Secretaría General, el PSOE continuará irremediablemente siendo fiel a sí mismo, tramposo, oportunista y sectario, tal como lo alumbró Pablo Iglesias. Haría falta un secretario general con ideas que, dejando a un lado los delirios y las ensoñaciones de Zapatero, emprendiera un nuevo rumbo, plenamente homologable con la manera de actuar de la socialdemocracia moderna de los países de nuestro entorno. Y como temieron semejante  posibilidad, el aparato del partido organizó a toda prisa este Congreso para no dar tiempo a que nuevos aspirantes prepararan su candidatura.
Y con Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario General, no podemos esperar nada nuevo y tampoco nada bueno. Por supuesto nada distinto a lo que venía haciendo Rodríguez Zapatero. Que nadie espere que un personaje, que desde siempre ha estado reñido con la verdad y hasta con la decencia política, cambie ahora su manera tan insidiosa de proceder. Al igual que Zapatero, no cree ni en la Nación, ni en la libertad y mucho menos en la Ley. Acostumbrado a coger siempre el primer atajo que se presenta, Rubalcaba es por naturaleza desleal hasta consigo mismo, incapaz por lo tanto de articular una oposición honesta y democrática, que ayude desinteresadamente a salir de este terrible pozo en que nos metió el Gobierno anterior, siendo él vicepresidente del mismo.
Si en vez de la candidatura de Alfredo Pérez Rubalcaba hubiera triunfado la de Carme Chacón, los resultados hubieran sido igualmente preocupantes y negativos. Ahí están sus llamadas a colaborar con los sindicatos y a la movilización de la calle para luchar contra las medidas impuestas por Mariano Rajoy. Como hizo Rubalcaba, también Chacón presentó su credencial que justifica su adscripción a lo más granado de la izquierda tradicional. Por eso ha clamado por una España laica, para que “ningún poder no democrático” imponga su moral. Ha dicho, levantando la voz, que quiere “una sociedad libre de tutelas convencionales, con una separación clara entre la esfera pública y las creencias privadas”.
Y por lo que parece, el anticlericalismo sigue siendo dentro del PSOE, como en tiempos de Pablo Iglesias, lo que avala y determina el grado de autenticidad de la izquierda.  Buena prueba de ello es que Rubalcaba no era capaz de calentar el ambiente en el Congreso. El auditorio se mantenía bastante frio y los delegados si aplaudían, lo hacían con desgana y simplemente por compromiso. Pero esta situación cambió radicalmente cuando el ex vicepresidente la emprendió contra la Iglesia, diciendo  que acabará con “el acuerdo con la Santa Sede”. Ante esta solemne promesa de ruptura con la Iglesia, apareció la euforia en la audiencia y le dedicó el aplauso más caluroso de la jornada.
Ninguno de los dos candidatos se acordó en esta ocasión de los pobres, de los desheredados de la historia, de los que, para seguir subsistiendo, tienen que acercarse a las puertas de los comedores sociales de la Iglesia. Haciendo gala de su habitual demagogia,  han dicho muchas veces que subirán  mucho más los impuestos a los ricos, a  los que más tienen. Pero ha sido a los trabajadores públicos a los que recortan el sueldo y congelan las pensiones a los jubilados. Ha tenido que venir un Gobierno del Partido Popular, para que se rebajaran ostensiblemente los elevados sueldos de los banqueros.
Tanto Rubalcaba como Chacón se han lanzado a la yugular de la “derecha” con críticas extremadamente acervas y oportunistas. El ex vicepresidente socialista hizo incluso una llamada a derrotar a los caciques del siglo XXI, sin pensar por un momento que son ellos los que suelen utilizar con mayor frecuencia lo del “ordeno y mando”. Ambos protagonistas han escenificado su descontento con las primeras iniciativas legislativas del Partido popular. Consideran que, con la limitación de algunos de los supuestos para la interrupción del embarazo y la supresión de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, están recortando abusivamente los derechos sociales de los ciudadanos.
Hay que subrayar que las críticas de Rubalcaba a la derecha y al Gobierno de Rajoy fueron mucho más incisivas, serenas y ordenadas que las de Carme Chacón que, aunque puso más corazón, lo hacía de un modo enteramente caótico y deslavazado. Según Rubalcaba, el Partido Popular tenía mucha prisa por llegar al poder para quitar la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Tenían mucha prisa, sobre todo, “para laminar también el derecho de las mujeres a decidir libremente sobre su maternidad, ¡mucha prisa!, y en 30 días han sido capaces de retroceder 30 años”. Y esto es muy serio, ya que, como sigue diciendo, “si retrocedemos en todo, si quieren sistemáticamente romper todos los consensos, si quieren volver atrás 30 años, nosotros aceptaremos el reto, volveremos también a hace 30 años y nos replantearemos nuestras posiciones, que han sido sensatas en pos de la convivencia y cohesión social”.
Así las cosas, llegó el momento de la votación, y los delegados eligieron a Rubalcaba. Aunque saben que esta opción no va a sacar del atolladero al partido socialista, ni habrá indicios de renovación alguna, prefieren apostar por el continuismo y por quien resulta perfectamente previsible en todas sus actuaciones. Se desconoce, en cambio, el resultado que pueda dar Carme Chacón en el  futuro. De momento, todos sus méritos se reducen a su amistad con Zapatero y a que, al menos aparentemente, deja de ser una acérrima nacionalista catalana y se convierte en una fervorosa andaluza y española. El tiempo dirá en qué termina todo esto.
Todos sabemos que Alfredo Pérez Rubalcaba no es el secretario general que se necesita para acometer una valiente renovación del PSOE, o incluso su refundación. Rubalcaba es más de lo mismo y tiene, además,  un pasado muy siniestro: fue el portavoz de los GAL y de la corrupción generalizada con Felipe González. Está también su actuación sospechosa en el 11-M, quebrantando intencionadamente hasta la jornada de reflexión que imponen nuestras leyes en todos los procesos electorales. Después vendría lo del caso Faisán aún no aclarado y los bochornosos acuerdos con ETA durante su etapa como ministro del Interior. Pero no hay más cera que la que arde, así que habrá que esperar al próximo Congreso para ver si aparece alguien dispuesto a renovar y a regenerar el partido.
Gijón, 5 de febrero de 2012
José Luis Valladares Fernández

sábado, 25 de junio de 2011

YA TENEMOS CANDIDATO

Como era previsible, Alfredo Pérez Rubalcaba ya es el aspirante oficial a ocupar La Moncloa en las próximas elecciones. En esas primarias sui generis, en las que, siguiendo sus instrucciones, se cerró el paso a los aspirantes atrevidos, exigiéndoles unas condiciones claramente inalcanzables. Se les exigían nada menos que 22.000 avales que debían conseguir en un espacio de tiempo relativamente my corto. No había días en el calendario para recabar ese número tan elevado de firmas. Así que Rubalcaba, el que ahora quiere llamarse Alfredo, sin primarias ni gaitas, saldrá elegido con el 100% de los votos, como suele ser habitual en todas las Democracias Populares que se precien.

Utilizando sus artes maquiavélicas, ya había conseguido previamente que José Luis Rodríguez Zapatero pidiera a su preferida Carme Chacón que renunciara a medirse con él en las primarias. Quería abortar las primarias y ser el candidato único. Y para Rubalcaba, con ese su carácter innato tan tortuoso y laberíntico, manejar a Zapatero era algo sumamente sencillo. Así que la ministra de  Defensa anunció, cobardemente y casi con lágrimas en los ojos, la retirada de su candidatura a la sucesión de Rodríguez Zapatero. La disculpa para tal renuncia fue un tanto peregrina: había peligro de escisión en el PSOE, y para evitarla ella daba un paso atrás para que el partido diera un paso adelante.

Y ahora Rubalcaba quiere lavar su cara y enterrar sus largos años de actividad en las cloacas del Estado; quiere que nos olvidemos del GAL, del 11-M, y pretende hacernos ver que lo del chivatazo a ETA, el conocido caso Faisán, es una simple invención de la derecha reaccionaria. Intenta presentarse ahora como un relevo oportuno y democrático de Zapatero.  Asegura que tiene nuevas ideas y sabe cómo cambiar el PSOE. Da a entender que  él tiene la solución precisa para salir definitivamente de la crisis. Pero todos sabemos que Alfredo Pérez Rubalcaba, sobre todo desde que fue aupado a la vicepresidencia primera del Gobierno, manejó a su antojo a un Zapatero desnortado, empeñado en practicar un izquierdismo propio de un adolescente que no ha alcanzado aún la madurez.

Es Alfredo Pérez Rubalcaba quien mueve a su antojo los hilos de este Gobierno a la vez que se ocupa de sacar adelante su candidatura. Rodríguez Zapatero ya no cuenta para nada. Está noqueado y secuestrado, o ha pasado a ser  voluntariamente un simple mandado. Y esto ya no es de ahora. Hace ya mucho tiempo que el todopoderoso vicepresidente se ha hecho con el cotarro. En tiempo de los GAL, aunque pertenecía al núcleo duro del Gobierno, Rubalcaba se movía en un segundo plano. Ahora no, ahora es la cabeza pensante. Todo un Maquiavelo de mente extremadamente retorcida que se ha puesto al frente de la manifestación y que ha diseñado hasta el último detalle de la negociación con ETA. Y aunque ahora nos venga con la cantinela de que sabe cómo sacarnos de esta crisis, podemos acusarle al menos de corresponsable de la pasada congelación de las pensiones, de haber bajado el sueldo a los funcionarios y empleados públicos, de otros muchos recortes sociales y de estar detrás de los cinco millones de ciudadanos españoles que se han quedado sin trabajo.

Queremos que nuestra democracia sea homologable en todo a la francesa, a la inglesa o a la alemana. Y por mucho que busquemos, jamás encontraremos en estos países a nadie formando parte de sus gobiernos a personajes siniestros que hayan estado involucrados en guerras sucias y menos si hay asesinatos de por medio. Pero España siempre ha sido diferente. Y Rubalcaba, actual ministro de Interior, portavoz y todopoderoso vicepresidente, formó parte antaño de un Gobierno que saqueó las arcas públicas, practicó toda clase de golferías, alentó la corrupción policial y judicial y hasta patrocinó algún secuestro sonado y más de un asesinato. Y encima ahora aspira a la presidencia del Gobierno. Si consigue llegar ahí, esperemos que mantengan sus manos más alejadas del gatillo que entonces.

Lo que sí es cierto que no podemos fiarnos de Rubalcaba y su nominación para suceder  a Zapatero, no deja de ser un intento  de volver a la época más truculenta de nuestra democracia. Con Rubalcaba, eso sí, estaremos siempre pendientes de sus manejos, pues cuando menos lo esperas, te organiza uno de sus episodios clásicos como el del 11-M y el subsiguiente asalto a las sedes del Partido Popular. Afirmó entonces, por activa y por pasiva que a los asaltantes no les convocó nadie, acudiendo todos ellos puntualmente de manera espontanea. Y para disimular el embrollo, infringiendo la ley que prohíbe hacer propaganda electoral en la jornada de reflexión,  nos sale con aquello de que “España no se merece un Gobierno que mienta”.

La historia de los asaltantes a las sedes del Partido Popular se repite ahora con los “indignados” del “movimiento 15-M” que han estado ocupando ilegalmente la Puerta del Sol en Madrid y otras plazas en las distintas ciudades españolas. No sé hasta dónde llega la influencia perversa del ministro de Interior en estos grupos que, como aquellos asaltantes, se reúnen y organizan todas sus  algaradas de forma espontanea. Que Rubalcaba está detrás de este movimiento, de una manera u otra, es evidente. Gracias a su intencionada dejación de funciones, esos grupos de “indignados” han podido crear esos espacios ilegales de impunidad. Y esto no hubiera sido posible sin la complacencia de quien, en vez de ejercer de ministro de Interior, actúa intencionadamente como un simple candidato a la presidencia del Gobierno.

Es cierto que estos grupos de supuestos “indignados”  culpan de todos los males al sistema político actual y descargan toda su batería dialéctica contra el capital, contra los banqueros y, cómo no, contra los políticos en general. Pero  las broncas y las algaradas las montan preferentemente contra instituciones y gobiernos regidos por el Partido Popular o contra algunos de sus miembros destacados. Dan la sensación de estar preparando, con todo detalle,  el ambiente que quieren para cuando se celebren las próximas elecciones generales y al que ha de hacer frente continuamente el Partido Popular si, como se espera, llega a gobernar.

Barrillos de Las Arrimadas,  18 de junio de 2011

José Luis Valladares Fernández

sábado, 18 de junio de 2011

LLAMADME ALFREDO

DURMIENDO EN UN PARTERRE DE LA PUERTA DE SOL

        Si ahondamos en los detalles de la vida de Alfredo Pérez Rubalcaba, veremos que estamos ante  un hombre extremadamente ambicioso, que maneja como nadie  las intrigas de salón  y los enredos políticos. Llegó al PSOE allá por el año 1974, casi nada más ser refundado este partido por el llamado “grupo de los sevillanos”, que encabezaban Felipe González, Alfonso Guerra y el sobreviviente Manuel Chaves. Fue Javier Solana el maestro político de Rubalcaba, el que le aficionó a disfrutar sin límites del verdadero poder y, en realidad, el que le abrió las puertas de los despachos de los poderosos y el que le enseñó a manejar convenientemente el delicado mundo de los secretos comprometedores.

En un principio, dada su condición de profesor de Química Orgánica, Rubalcaba encaminó sus pasos  hacia las comisiones de Enseñanza del PSOE e incluso, andando el tiempo,  participó activamente en la elaboración de dos importantes leyes, la Ley de Reforma Universitaria (LRU) y la LOGSE, que resultaron ser dos leyes manifiestamente regresivas y empobrecedoras para la enseñanza española. Con las primeras responsabilidades dentro del Gobierno de Felipe González, se dio cuenta que le atraían los bajos fondos del Estado, el mundo  de la intriga y la maquinación, bastante más que el trabajo rutinario de un Ministerio,  realizado obligatoriamente a la luz de los focos públicos de la ciudadanía.

Por este motivo, y sin dudarlo mucho, Pérez Rubalcaba puso en práctica lo aprendido en su etapa de colaboración  con Solana y comienza a moverse con extremada soltura por las complicadas cloacas del Estado. Utiliza y rentabiliza a su favor, mejor que  nadie, las ocasionales torpezas cometidas inocentemente por sus propios compañeros y por los distintos miembros de la oposición. De ahí que, desde el primer día, se dedicara a buscarse amigos, sobre todo  dentro de la propia dirección del CNI. Necesitaba amigos que le pasaran continuamente información privilegiada y sensible sobre los de casa y sobre los de fuera.

Esos abultados dosieres,  que ha ido elaborando pacientemente durante todos estos años, le han valido al todopoderoso  Rubalcaba para conspirar desde dentro contra otros aspirantes y que el “dedazo” de Zapatero le señale como candidato único a la sucesión. Sus maniobras  maquiavélicas se llevaron por delante a Carme Chacón, que se vio obligada a renunciar a las primarias. Y eso que Chacón, según todos los indicios, era la preferida de Rodríguez Zapatero. No solamente apartó a Carme Chacón de la lucha por la Secretaría General del PSOE y, por consiguiente, de la presidencia. Ha cerrado prácticamente el camino a cualquier afiliado que lo intente, pues no les va a ser nada fácil reunir los 22.000 avales exigidos. Rubalcaba, en cambio, está exento de semejante requisito.

El ungido por Zapatero, que siente, según dice, la simpatía y “el calor de los socialistas”, quiere también los ‘dedazos’ de los distintos barones y de cuantas personas ejerzan cualquier tipo de autoridad entre la militancia del partido. De ahí que, disfrazado de profeta judío del Antiguo Testamento, haya iniciado un continuo peregrinaje por las distintas federaciones, no sé si para agradecer su prevista nominación o para dar a conocer la buena nueva. Y Rubalcaba, que debiera haber dimitido de todos  sus cargos desde el momento mismo de su designación, aprovecha su condición de miembro destacado del Gobierno, para utilizar incluso hasta el “Falcón” de las Fuerzas aéreas en alguno de sus desplazamientos, simplemente para ganarse la confianza de unas bases que están entregadas de antemano.

Fue llamativa su presentación en Sevilla. Ante un millar de militantes socialistas y ante los altos cargos del PSOE  de Andalucía, quiso imitar a Eva Perón cuando dijo a sus “descamisados” que querían elevarla a la vicepresidencia de la República Argentina aquella frase que hizo historia: “llamadme Evita”. Simulando un aire extremadamente beatífico, Rubalcaba comenzó su alocución diciendo: “Para los militantes soy Rubalcaba y quiero pasar a ser Alfredo”. Y continuó: “Quiero que me llaméis Alfredo, llamadme Alfredo”. Y es normal que ahora quiera ser simplemente Alfredo, ya que el otro personaje, el que conocemos como Rubalcaba, sale muy sucio de su prolongada actividad en las cloacas del Estado.
Es evidente que los españoles, incluidos los ciudadanos de a pie, no necesitan que nadie  les explique la vida, la obra y los milagros de Rubalcaba. Hasta el propio Rubalcaba es plenamente consciente de que este nombre evoca de inmediato a los GAL, a la cal viva y a la corrupción generalizada de la época felipista. Fue el principal protagonista de aquella vergonzosa jornada de reflexión, previa a las elecciones de 2004, en la que alumbró su única frase sensata: “España no se merece un Gobierno que mienta”. El ‘Faisán’ o el chivatazo a ETA es otro de sus baldones innegables. Él es el verdadero responsable del asalto a las sedes del Partido Popular y algo tendría que ver con la creación y manejo de las pruebas falsas.  Rubalcaba es prácticamente sinónimo de enredo, de mentira integral, pues se trata de un personaje sumamente tortuoso y laberíntico.

Con José Luis Rodríguez Zapatero como presidente, es Rubalcaba el encargado de manejar a su aire todos los trapos sucios que interesan al Gobierno. Él ha estado detrás de la infumable negociación con ETA, del trato favorable que se ha dado a los presos de la banda terrorista y el que ha velado celosamente por el cumplimiento de la tregua-trampa con los etarras y el que finalmente posibilitó su acceso a las instituciones. Como vicepresidente primero del Gobierno, es manifiestamente corresponsable de los incomprensibles despilfarros, los errores tremendos y la desidia de un Ejecutivo que únicamente puede presumir de haber creado cinco millones de parados. Y este es precisamente el hombre que se apresta a suceder a Rodríguez Zapatero. Quizás quiera presentarse, con ese intento de llamarse Alfredo a secas, como si fuera un  perfecto desconocido, que aspira a ser todo un ejemplo de renovación generacional y democrática. Lo que sí ha conseguido, por ahora, es que le llaman Aldedo Pérez Rubalcaba.

Barrillos de Las arrimadas, 13 de junio de 2011

José Luis Valladares Fernández

jueves, 21 de octubre de 2010

EL RESPETO SE GANA, NO SE IMPONE

Hace ya tiempo que José Luis Rodríguez Zapatero perdió el norte por completo y se comporta irresponsablemente, como si fuera un adolescente de aquellos que se echaron a la calle en Francia en la primavera de 1968. Aquellos jóvenes estudiantes, para quienes los postulados de izquierdas eran auténticos dogmas de fe, pretendían cambiar con algaradas la realidad política y social que condicionaba la vida de los pueblos. Rodríguez Zapatero también pretende alterar los usos y costumbres tradicionales del ciudadano español, aunque sin utilizar los alborotos de aquellos jóvenes imberbes del mayo francés. Zapatero quiere lograrlo con prohibiciones absurdas y mediante insospechados y desatinados decretos.
El relativismo moral de Zapatero le empuja a destruir la unidad de España y a descafeinar a nuestro ejército, despojándole de sus características más esenciales, como es el honor y el amor a la patria, para convertirlo en una simple ONG. Nuestra tradicional y milenaria cultura es para él una autentica pesadilla. Por eso busca desesperadamente la manera de borrar de ella cualquier referencia a la cruz y a la religión cristiana, aunque sea ésta la mayoritaria entre los españoles. Como niega la posibilidad de que existan hechos o principios universales que podamos compartir todos, propugna una nueva cultura, e incluso una religión siempre que se adapte a las exigencias del un estricto relativismo más estricto. La moral y la ética carecen de principios y de valores absolutos. Por eso desprecia todo lo que signifique autoridad cultural o moral y le molesta que disfrutemos de la libertad que nos permite ser nosotros mismos.
La famosa Alianza de Civilizaciones, que propugna zapatero, plagiando descaradamente hasta la frase en sí, busca la forma de subvertir los valores del cristianismo. Para conseguirlo, tratan de pasar página y romper con la tradición cultural que hemos heredado de nuestros mayores. Quieren deshacerse, al precio que sea, de los “mores maiorum” de los antiguos romanos, para quienes las costumbres de sus ancestros eran de importancia capital en la vida jurídica. Más aún, llegaron a ser una de las principales fuentes del Derecho, cuya vigencia además llegó hasta nosotros a través de la denominada Ley de las XII Tablas.
Como Rodríguez Zapatero no tiene más norte que su ideología, estropea todo cuanto toca. El sectarismo que le carcome le ha llevado, entre otras muchas cosas, a poner en peligro la unidad de España, a empobrecer a las clases medias y a hacer que se tambalee el Estado de Bienestar que cree que ha inventado él. Gestiona muy mal la crisis económica, lo que da lugar a un aumento alarmante del número de parados. Para poder seguir despilfarrando dinero, congela las pensiones y recorta el sueldo de los trabajadores públicos. A la vez, eleva irresponsablemente el IVA y los demás impuestos, provocando así un estancamiento del consumo, lo que viene a agravar nuestra situación económica.
No hemos corrido mejor suerte con nuestras relaciones con los demás países. Hemos perdido la mayor parte de nuestro peso político en el contesto internacional, que había sido logrado en legislaturas anteriores a base de esfuerzo, sacrificio y buen hacer. Con Zapatero y con su ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, perdimos toda capacidad de marcar nuestra propia política y, para no quedar totalmente aislados, nos vemos obligados a compadrear con regímenes tan poco recomendables como el de Chávez, Evo Morales y los hermanos Castro. En los foros internacionales ya no significamos nada, donde, para mayor inri, hacemos el papel de correveidile de los tiranos de Cuba y Venezuela. Para que no nos falte nada, a los continuos desplantes de Hugo Chávez, se unen ahora los despropósitos del ministro principal de Gibraltar, Peter Richard Caruana.
Todo esto provoca un descontento generalizado con la gestión del Gobierno y una desconfianza creciente en la persona de quien lo dirige. No es de extrañar que las gentes llanas del pueblo, las que de verdad sufren los desaguisados del Gobierno, aprovechen cualquier ocasión para silbarles y abuchearles a rabiar, y se desgañiten pidiendo frenéticamente su dimisión del principal responsable, como sucedió el pasado día 12 en el desfile de la Fiesta Nacional. Abucheos y silbidos que fueron aumentando a medida que se desarrollaba el acto y que ni Zapatero, ni sus esbirros, supieron encajar adecuadamente.
La ministra de Defensa, Carme Chacón, preparó muy mal la parada militar, ya que, por tratar de blindar a Rodríguez Zapatero, excitó más los ánimos de los asistentes al acto. Eliminó las tribunas destinadas al público, y lo alejó incomprensiblemente del recorrido del desfile. Por si fuera esto poco, prescindió de las oportunas pantallas de televisión que facilitarían a los asistentes el seguimiento del desarrollo de los diversos actos. Y remataron el despropósito los responsables de la megafonía, que me imagino recibieron órdenes, elevando a tope el volumen de la música militar, para que la monumental bronca no pudiera llegar a las televisiones. Esa especie de cordón sanitario, además de inútil, resultó ridículo y en realidad no sirvió nada más que para cabrear más al respetable y que arreciara su bronca.
Para que el dislate fuera completo, tuvieron que salir a escena Carme Chacón Piqueras y José Blanco, lamentando en público el abominable comportamiento del respetable. Según la ministra de Defensa, fue obra de “reventadores” profesionales que se citaron a través de las distintas redes sociales y mediante los consabidos SMS para torpedear el desfile de la Fiesta Nacional. Es Carme Chacón la que tilda de indeseables y “reventadores” de actos oficiales a los que, arrastrados por su hartazgo del Gobierno, tuvieron la osadía de gritar con todas sus fuerzas aquello de “fuera, fuera” y “Zapatero, dimisión”. Ni la conversión de Saulo cuando iba camino de Damasco fue tan rápida y tan contundente como la de la ministra de Defensa. De manera sorprendente, Chacón deja de ser la Rubianes que anunciaba una de sus camisetas y se transforma de inmediato en el portaestandarte de las esencia patrias. Esto la lleva a defender a ultranza al ejército, a todos sus símbolos y a la bandera española. De ahí que esté dispuesta a prohibir por decreto este tipo de algaradas. ¡Vaya cambio más drástico!
José Blanco no se quedó atrás y dice que “la derecha y la derecha extrema” no “respetan nada” y les “vale todo”. "La derecha y la derecha extrema –dice Blanco- utilizan cualquier oportunidad para lanzar gritos contra el presidente, pero ya estamos acostumbrados a que no respeten nada, ni siquiera el homenaje a las víctimas y a los fallecidos". Por lo que parece, todo el que no está conforme con la gestión de Rodríguez Zapatero y le abuchea, es de esa infumable extrema derecha. Son de extrema derecha por lo tanto los más de cinco millones de personas que no tienen trabajo. Son de extrema derecha los millones de trabajadores públicos y funcionarios que han visto reducido su sueldo, y también todos los pensionistas a quienes han congelado incomprensiblemente su pensión. La sinvergüencería de algunos es tal que no se dan cuenta que el respeto y los aplausos hay que ganarlos, no imponerlos por la brava

Gijón, 16 de octubre de 2010

José Luis Valladares Fernández