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jueves, 25 de noviembre de 2010

ASÍ NO VAMOS A NINGUNA PARTE

Da la impresión de que, en cuestiones de protocolo internacional, los numerosos asesores de José Luis Rodríguez Zapatero, están tan verdes como el propio presidente del Gobierno. Ni que hubieran sido elegidos para tal menester entre una camarilla de amigos y no entre personas con la suficiente solvencia para orientarle debidamente y evitar así el ridículo que suele hacer, una y otra vez, cuando interviene en los distintos foros internacionales. Con un poco de sensatez, y sin llegar a los extremos del supuesto médico Pedro Recio de Agüero para con el pobre Sancho en su ínsula Barataria, evitarían con seguridad ese comportamiento grotesco en las comunicaciones o ruedas de prensa de Zapatero, allende de nuestras fronteras.
Si repasamos las intervenciones públicas del presidente del Gobierno, en sus salidas al exterior, nos encontraremos con todo un rosario de simplezas, capaces de ruborizar a cualquiera menos a él. No cabe la menor duda de que, o su caradura es monumental, o carece de la debida sensibilidad para captar los ambientes. En cualquier caso, casi siempre protagoniza actuaciones bochornosas en las que se desprestigia a sí mismo y, en consecuencia, a los ciudadanos españoles a los que representa. Recordemos aquella frase lapidaria suya de 2008 que lo retrata sin más: "Estamos en la Champions League de la economía mundial, no estamos en crisis y tenemos la tasa de paro más baja de la historia". Con expresiones tan jactanciosas como ésta, que tratan de ocultar intencionadamente la molesta realidad, queda al descubierto lo que puede dar de sí el personaje que las pronuncia.
Después de esto, veremos como va jalonando sus salidas con verdaderas e irresponsables simplezas. Ahí está su conferencia de prensa en Nueva York en septiembre de 2008, cuando aseguró que habíamos dejado atrás a la Italia de Berlusconi y estábamos dando alcance a Francia, lo que había puesto muy nervioso a Sarkozy. También es muy llamativa su cursilería de la cumbre del clima celebrada en Copenhague el 17 de diciembre de 2009: “La tierra no pertenece a nadie, salvo al viento”, dijo de manera un tanto patética. Solamente a un tipo tan vacuo como Zapatero se le puede ocurrir decir en su entrevista del pasado 20 de septiembre con el sátrapa de Marruecos, Mohamed VI, que “lo importante es la foto”.
Memeces como la anterior salpican todas las salidas de Zapatero al exterior. Fue en la conferencia de Oslo sobre el impacto de la crisis en el empleo, también en septiembre, donde descubrió que los parados en formación no son parados: "Una persona, cuando está formándose, está trabajando, está trabajando para el país”, expresión que dejó perplejos a todos los asistentes a este foro. Y no contento con esto, añadió: “España “será un buen laboratorio de la crisis y el paro”. Y ya de puestos, completó la faena diciendo: “la peor crisis es la del pesimismo, la desconfianza y la resignación”. Fue también aquí donde se permitió la licencia de afirmar falazmente que España creará empleo a finales de año. España –dijo- iniciará una "senda de creación de empleo moderada" a partir de finales de este año o principios de 2011. Todo un reto que él sabe muy bien que no se va a cumplir.
No tuvieron mejor suerte sus intervenciones en China y Japón. En Tokio se atrevió a confesar que "España ni ha pedido, ni ha necesitado, ni necesita asistencia ni de la UE o del FMI". Y una vez puesto en suerte, no tuvo inconveniente en decir que España y Japón son “dos historias de éxito”. A China se llevó la copa del mundo, lograda por la Selección Nacional de Futbol. Al menos, quería presumir de algo positivo, aunque no fuera logrado por él. Nada más llegar a Pekín, expresa un deseo que, él sabe mejor que nadie, que es irrealizable: “Ojalá juguemos a economía igual de bien que al futbol”. En el marco de la Expo Universal de Shanghái, no dudó en afirmar que “el tamaño del futuro de España es el de Miguelín”, en clara alusión al bebé de 6,5 metros de altura que estaba presidiendo el pabellón español.
No son más halagüeñas las propuestas que llevó Zapatero a la última reunión del G20, que tuvo lugar a finales de la semana pasada en Seúl. Allí, nuestro presidente, volvió a dar muestras de que no sabe lo que dice. Para empezar, él, que es el campeón del paro, quiso instruir a los demás mandatarios allí reunidos en la mejor forma de crear empleo, indicándoles que el secreto está en las renovables. "La economía verde representa un gran potencial de futuro para la generación de empleo, para el avance tecnológico y para la competitividad de las economías". Para mayor rechifla, Zapatero no se molestó ni en escribir un nuevo discurso y reutilizó, con muy pocas modificaciones, el que pronunció en la pasada reunión del G20 de Toronto. En vez de seguir los pasos de Sarkozy y de la fracasada Merkel, trató de alucinarlos y de sentar cátedra, afirmando que las energías renovables, el transporte y la edificación sostenible tienen en España un potencial de creación de un millón de puestos de trabajo en los próximos diez años. Rodríguez Zapatero sueña despierto o no sabe lo que dice.
En una entrevista concedida a Wall Street Journal, el optimismo de Rodríguez Zapatero brilla en todo su esplendor, cuando declara sin ambages que la crisis de la deuda pública en España y en la Unión Europea está ya más que superada. Lo que no se yo si dice todas estas cosas para marcarse un farol, a sabiendas de que no es así, o se trata de un simple delirio al verse superado por la realidad. Y abrir los ojos a Zapatero para evitar estos continuados dislates forma parte de las competencias de sus asesores. Solamente así justificarían ese suculento sueldo que, a través de los impuestos, les abonamos entre todos los españoles.
El caso es que España, lejos de haber iniciado la senda de la recuperación, seguimos creciendo en torno a cero, o incluso decreciendo, mientras que en Europa, Alemania ha crecido un 3,4%, Francia un 1,7” y Polonia un 1,4%, siendo la media europea de un 1,7%. En cuanto a la tasa de paro no corremos mejor suerte. Sobrepasamos con creces el doble de la de toda la Unión Europea. España solita cuenta con más del 60% de los parados de la Comunidad Europea. Nuestra tasa de paro está ya en un inasumible 20,8% y con tendencia a ir subiendo. Bastantes más de los 5 millones de parados. Algo que complica tanto las cosas, que tardaremos en recuperar la situación del año 2004.
Por mucho que diga Zapatero, tal como afronta hoy día los problemas económicos, reducir el déficit al 6% del PIB en 2011 y al 3% en 2013, no será más que un bonito y quimérico sueño que no tendrá nada que ver con la realidad. El sentimiento de desencanto entre los ciudadanos es tal, que ya no hay nadie, salvo cuatro fanáticos, que crea en las recetas que aporta Zapatero para salir de la crisis. Y así no vamos a ninguna parte.

Gijón, 15 de noviembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

lunes, 6 de septiembre de 2010

TOQUE DE ATENCIÓN AL GOBIERNO

El Gobierno actual de España, además de muy poco serio, está dando muestras sobradas de una irresponsabilidad planetaria. Hasta el Banco Central Europeo, muy recientemente, se ha visto obligado a llamarle la atención, exigiéndole más austeridad y menos optimismo. Le ha pedido claramente que, a la hora de elaborar los nuevos presupuestos, sea más austero, se deje de optimismos tontos y sea más realista en sus previsiones económicas para, de este modo, evitar sorpresas negativas y desagradables.
Pero, por desgracia para nosotros, éste es el Gobierno que tenemos, un Gobierno cuajado de medianías y alguna que otra nulidad, que fue hecho por Rodríguez Zapatero a su imagen y semejanza. Tanto el jefe del Ejecutivo, como sus ministros, no dudan en realizar anuncios, a veces sumamente arriesgados y comprometidos, sobre la marcha de nuestra economía. Ahí está, por ejemplo, lo dicho por José Luis Rodríguez Zapatero en Mallorca, después de su despacho con el Rey. Le faltó tiempo para anunciar nuevos gastos en obras públicas. Dio a entender que se trataba de una inversión prioritaria, que se llevaría a cabo al margen de la necesaria reducción del déficit público.
Estas declaraciones de Zapatero llevaron inmediatamente la desconfianza a dichos mercados financieros, desconfianza que, sin pérdida de tiempo, disparó la prima de riesgo de los bonos españoles. Antes de hablar Rodríguez Zapatero, esa prima de riesgo o diferencial con respecto a la rentabilidad de la deuda alemana estaba en 150 puntos. Los detalles del presidente del Gobierno sobre la reanudación de ciertas obras públicas, dieron pie a que se dudara de la capacidad de España para cumplir los objetivos de recorte del asfixiante déficit público. Esto originó, prácticamente de un día para otro, que la prima de riesgo subiera casi un 18%, pasando de los 150 a los 175,4 puntos básicos.
Esta circunstancia obligó al secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, a salir a la palestra para intentar tranquilizar a los mercados financieros. Con esa intencionalidad, Campa puso todo el énfasis en que el objetivo de rebajar el déficit público en 2011 al 6% del PIB es “incondicional”. Por lo tanto, si la economía española no se comporta de acuerdo con lo previsto, el Gobierno adoptaría nuevas medidas de ajuste del gasto, ya que es absolutamente prioritario el compromiso de alcanzar, en el próximo año, la reducción del déficit público al 6% del PIB comprometido. A pesar de las intencionadas declaraciones del secretario de Estado de Economía, la prima de riesgo de los bonos españoles pierde la mejora que había logrado provisionalmente gracias a la publicación de las sospechosas pruebas de solvencia de la banca europea.
La irresponsabilidad es una constante en los miembros del Gobierno. Rara vez calibran el alcance y la transcendencia de sus palabras, y esto porque no quieren o porque no saben hacerlo. Últimamente ha sido el ministro de Fomento, José Blanco, quien ha dado la nota al considerar que son muy bajos los impuestos que pagamos los españoles. “Si queremos unos servicios de primera también tenemos que tener tributos como los europeos”, dijo. Y continuó reflexionando en voz alta: “España (…) cuenta con una base impositiva muy baja en relación con la media de los países europeos”. Habrá que advertirle a José Blanco que no es lo mismo presión fiscal que esfuerzo fiscal. Entre un concepto y otro hay una notable diferencia, pero exigirle al ministro de fomento que vea esa diferencia, sería lo mismo que pedirle peras al olmo. Su capacidad intelectual quizás no dé para tanto.
El esfuerzo fiscal de los ciudadanos no tiene nada que ver con el porcentaje de los ingresos de los contribuyentes que van a parar al Estado. Esto es, si se quiere, presión fiscal y ésta si está por debajo de la media europea. El esfuerzo o carga fiscal es otra cosa muy distinta, es el sacrificio económico que hace el ciudadano para pagar esos impuestos. Y este es tanto mayor, cuanto menor es el nivel de su renta. Y España es el segundo país de la Unión Europea que cuenta con el salario más bajo. De ahí que el esfuerzo fiscal de los españoles, calculado en función del sueldo medio, esté 21,89 puntos por encima de la media de la Eurozona. Solamente Italia y Portugal nos superan en ese esfuerzo fiscal, Italia con 30,55 puntos sobre la media y Portugal con 65,33 puntos. También se puede medir el esfuerzo fiscal por el número de días que el ciudadano medio español tiene que trabajar al año para satisfacer lo que se lleva Hacienda, bastantes más de los que tienen que trabajar la mayoría de los ciudadanos europeos.
Aún no conocemos el alcance de las preocupantes declaraciones de José Blanco. Puede ser un simplemente globo sonda o puede ser un adelanto intencionado de la actuación futura del Gobierno, para así edulcorar convenientemente, en la medida de lo posible, una próxima subida de impuestos. En cualquier caso, estas palabras sembraron el desconcierto y la preocupación entre los ciudadanos particulares y el mundo empresarial. Pues todo el mundo es consciente de que si se tiene en cuenta el poder adquisitivo real de cada uno, los españoles son los que pagan más impuestos de toda la zona euro. La reiteración en que la próxima subida de impuestos afectará exclusivamente a las rentas más altas, no calman los ánimos, ya que siempre terminan pagando los mismos.
La falta de seriedad del Gobierno es evidente una vez más. Primero provoca el incendio y después encarga a alguien que ejerza de bombero. Esta vez es la propia ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, la encargada de quitar hierro a las declaraciones del ministro de Fomento. En su comparecencia, eso sí al lado de José Blanco, Elena Salgado afirma que las modificaciones fiscales que entraron en vigor el día 1 de julio pasado, como el aumento del IVA y la no deducción de los 400 euros en el IRPF, ya proporcionan una “base de ingresos suficientes” para alcanzar los objetivos sobre el déficit público. Recalcó, una y otra vez, que en principio no hará falta hacer retoques, ya que el Gobierno cuenta con “capacidad recaudatoria suficiente” para cumplir con sus compromisos durante este año y todo el año 2011.
En cualquier caso, si hace falta algún retoque, afirma Elena Salgado, las subidas de impuestos nunca serán generalizadas. Como mucho, “algún pequeño ajuste para favorecer la equidad”, pero siempre “sin ánimo recaudatorio, sino como unas contribución”, que afectaría, claro está, a los ciudadanos con mayor capacidad económica. Pura retórica que no va a ningún sitio, ya que al Gobierno le preocupa muy poco la equidad y buscará prioritariamente enjugar la diferencia actual, existente entre el gasto público y los ingresos. Y esto tratará de conseguirlo aumentando las cargas fiscales y, no reduciendo el gasto. Estamos otra vez, eso sí, ante la demagógica consigna de subir impuestos a los ricos. Es una afirmación que queda muy bien de cara a la galería, que realmente tiene mucha carga plástica, pero nada sustancial. Se trata más bien de un simple recurso para consumo interior y para buscar desesperadamente el aplauso de los suyos.
Está visto que Zapatero y sus acólitos van por libre y piensan que están por encima de las normas establecidas, previamente consensuadas y que, por lo tanto, pueden permitirse cualquier cosa. Aún no se han enterado que la política por sí sola no sirve para generar riqueza. Eso es cosa de los empresarios. A los responsables políticos solamente les corresponde crear las condiciones óptimas para que el mundo empresarial pueda desenvolverse adecuadamente y, de paso, crear abundantes puestos de trabajo. Y para conseguirlo, el Gobierno debe ante todo generar confianza. Y esto se consigue, tal como le indica el responsable del Banco Central Europeo que le ha llamado la atención, conteniendo el gasto y no subiendo arbitrariamente los impuestos. Es tremendamente lamentable que ni Zapatero, ni sus ministros, se hayan dado cuenta aún que nuestro problema no es de ingresos, que dicho problema es claramente de gastos. Estamos donde estamos porque, desde un principio, se han dedicado a gastar a manos llenas y sin control alguno.

Barrillos de Las Arrimadas, 23 de agosto de 2010-08-22

José Luis Valladares Fernández

martes, 31 de agosto de 2010

A ZAPATERO SE LE VOLVIÓ A IR LA MANO

Ateniéndonos a los hechos, tenemos que reconocer que José Luis Rodríguez Zapatero es un dilapidador compulsivo. Por lo que parece, le quema el dinero en las manos, sobre todo si se trata del dinero que pertenece a todos los españoles. Tal es así que, en los siete primeros meses del año actual ha fundido, nada más y nada menos, la importante cantidad de 360 millones de euros en las habituales subvenciones a sindicatos y a fundaciones amigas. Para Rodríguez Zapatero, el ahorro es algo que no va con él y que exclusivamente deben practicar los que no han disfrutado de la sonrisa de la fortuna.
Contrasta este reparto de subvenciones, que podemos tildar de ideológicas, con el mayor recorte de derechos sociales realizado en España desde la reinstauración de la democracia y con sus continuas apelaciones a que el ciudadano corriente debe apretarse el cinturón. Hay que macizar previsoramente entre colectivos más o menos afines para garantizarse futuros apoyos electorales. Entre estos colectivos se encuentran los sindicatos, un buen número de fundaciones amigas y, cómo no, varios movimientos de homosexuales y feministas. Y claro está, no podían faltar los titiriteros, los de la ceja y todo ese mundo de vividores, amigotes y paniaguados, acostumbrados a vivir de la mamandurria oficial.
Había cierta expectación, a la vista de las dolorosas medidas del tijeretazo social que le obligaron a tomar, para saber si Zapatero cerraba definitivamente el grifo por donde se le iban tantos millones de euros de manera poco razonable. La obligación de reducir gastos, impuesta por la Unión Europea, llevó a Zapatero a improvisar una vez más y optó por lo más fácil, dejar intacta su capacidad de distribuir prebendas a su antojo y ahorrarse unos cuantos millones de euros a costa de los más débiles, los pensionistas y los trabajadores públicos.
A pesar de que los jubilados, con pensiones generalmente exiguas, pierden poder adquisitivo cada vez que se las actualizan, el decretazo social de Zapatero les obliga a contribuir con su óbolo a la reducción del déficit público. La congelación de las pensiones, les privará, a finales de año, de la actualización correspondiente. Formando parte del mismo recetario socialista, tenemos a los trabajadores públicos, funcionarios o no, a los que se les recorta el sueldo una media del 5%, para dar respuesta a la llamada de atención de la Unión Europea. A estas peculiares medidas se unen otras no menos chocantes, que tienen que soportar también los más débiles económicamente, como la supresión del cheque bebé y la desaparición de los famosos 400 euros.
La austeridad proclamada por el Gobierno, en realidad, se reduce a eso, a recortes drásticos en los sueldos de los funcionarios y los empleados públicos y la congelación de las pensiones y, además, pedirles encarecidamente que aprieten su cinturón. Pero, por lo que vemos, ni la congelación de las pensiones, ni la reducción de los salarios de los funcionarios, han servido para que Rodríguez Zapatero cerrara definitivamente su particular tómbola. El Boletín Oficial del estado del pasado día 4 lo demuestra perfectamente. Pese a la situación económica que atraviesa España, el jefe del Ejecutivo repartió con total impunidad, durante la primera semana de este mes de agosto, la bonita cifra de 91 millones.
Entre los agraciados con ese generoso reparto de dinero, como es habitual, tenemos a los sindicatos que, de esos 91 millones repartidos, se quedan con 29.036.380 euros, 128.096 euros más que en el ejercicio anterior. Las centrales sindicales más beneficiadas han sido, como siempre, UGT y CC.OO, que recibirán, cada una de ellas, más de 11,2 millones de euros. La central sindical CSI-CSIF se lleva un interesante pellizco de 4.572.261,93 euros. Los demás sindicatos minoritarios reciben cantidades testimoniales hasta completar los 29 millones de euros. Con Zapatero, los responsables de las centrales mayoritarias se han convertido en verdaderos parásitos que no piensan más que en cobrar del Estado. Desde la llegada de Zapatero a La Moncloa, las prebendas de estas centrales sindicales se cuadriplicaron, recibiendo un 400% más de ayudas estatales que anteriormente.
Esta es la relación completa del dinero que el Gobierno proporciona graciosamente a los sindicatos a costa de los contribuyentes, copiada directamente del BOE del día 4 de este mes de agosto:


Hay otras subvenciones, alguna de ellas muy llamativa, como la destinada a la consabida memoria histórica. El Gobierno ha destinado casi 5,7 millones de euros para la localización y exhumación de víctimas del franquismo, y para realizar documentales relacionados con la Guerra Civil. Tratarán de realizar alguno más como los protagonizados por Almodóvar y Javier Barden, entre otros. Y como aquellos documentales, estos serán también claramente tendenciosos y sectarios, de modo que fomenten el odio y reabran nuevamente heridas pasadas, para así curar las que en la actualidad tiene abiertas Zapatero.
Por el mismo precio, y amparándose en la promoción de la cultura, el Gobierno aprueba otras subvenciones, todas ellas de corte ideológico. Zapatero se ha mostrado una vez más extremadamente generoso con fundaciones afines y allegados políticos. La Fundación Ideas para el Progreso, que controla Jesús Caldera, fue agraciada con 30.000 euros para gastar en "Cine español e inmigración". Esta misma Fundación recibe otros 15.000 euros, con la intención un tanto peregrina, de que organice un curso sobre "La influencia cultural de España en Estados Unidos". También se lleva otros 30.000 euros la Fundación Socialismo sin Fronteras, ésta con lazos en Izquierda Unida.
A través del Ministerio de Cultura, Zapatero regala otros 3 millones de euros al sindicato de la ceja y similares, con la consabida disculpa de “promoción de la cultura”. Llaman la atención los 6.000 euros que se destinan para los “jóvenes poetas andaluces” y, más aún, que sea precisamente la entidad de Cándido Méndez la encargada de gestionar ese dinero. La Academia de Cine y la vertiente catalana de la misma, faltaría más, reciben 33.000 euros por reparto. Tampoco va de vacío la asociación que se dedica al Estudio de la deportación y el Exilio Español, ya que se ve favorecida con 5.000 euros, exactamente el doble de lo que se lleva el Foro de la Memoria de Bélgica, embarcado en el proyecto titulado "Españoles en la Segunda Guerra Mundial: historia y memoria".
No habrá dinero para infraestructuras ni para inversiones industriales, y ni siquiera para mejorar el Estado de Bienestar social. Pero no puede faltar para los sindicatos, ni para las asociaciones de memoria histórica, ni para los actores y ni para las fundaciones amigas. Ya se encarga solícitamente nuestro Gobierno de obsequiar a estos colectivos para que no noten, en absoluto, los molestos efectos del tijeretazo social. Con este fin, desde el Gobierno, se pide un mayor sacrificio a los ciudadanos corrientes. A los privilegiados no les puede faltar nada y, claro, el Gobierno está para eso, para favorecer a los afines y amigos y para pagar algún que otro favor electoral.

Barrillos de Las Arrimadas, 16 de agosto de 2010

José Luis Valladares Fernández

domingo, 15 de agosto de 2010

LA SUBIDA DEL IVA YA EMPIEZA A SENTIRSE

El optimismo antropológico del que suele hacer gala José Luis Rodríguez Zapatero volvió a dispararse precipitadamente por los datos del primer semestre del año, que mostraban una mejora en la recaudación tributaria respecto de igual periodo de 2009. En el primer semestre del año, se invierte la tendencia negativa, por primera vez, desde que la recesión se apoderó de nuestra economía y la recaudación por ese concepto se incrementó un 10,4%. Esto es, de 66.237 millones de euros recaudados en el primer semestre de 2009, se pasó a recaudar 73.130 millones de euros en los seis primeros meses de 2010.
El presidente del Gobierno, ante estos datos, recuperó de nuevo la sonrisa que hacía ya tiempo que tenía congelada, pensando que esto es ya una señal evidente de que ha comenzado la ansiada recuperación económica. Y como es natural, piensa que la buena nueva es debida a las medidas adoptadas por su Gobierno. De ahí que, en su comparecencia para hacer balance de su ejecutoria durante los primeros siete meses del año, mostrara su euforia. “Estamos en la dirección adecuada –dijo- y sólo hace falta cumplir, cumplir y cumplir con las reformas”. Y seguro que más de uno pensará, como Rodríguez Zapatero, que eso de que se recauda menos subiendo los impuestos es un simple cuento de calleja.
El endurecimiento de los tipos fiscales dio origen a esta engañosa y provisional remontada de los ingresos logrados provisionalmente por las arcas públicas. Si analizamos detenidamente los datos, no es como para lanzar las campanas al vuelo, ya que los ingresos procedentes del IRPF han crecido un 3,6% porque se ha eliminado la deducción de los famosos 400 euros que dieron el triunfo a Zapatero en 2008, además del incremento al 19% del tipo aplicable a las rentas del capital. La recaudación por IVA durante este primer semestre del año supuso un 31,4% más que en el mismo período del año 2009.
El repunte de los ingresos por IVA sería importante y definitivo si no fuera debido a que los ciudadanos adelantaron sus compras para substraerse a la subida de tipos fiscales que entraban en vigor el 1 de julio. Se trata, por lo tanto, de un incremento puramente accidental que, lejos de consolidarse, se va a ir conjugando durante el segundo semestre del año y que incluso puede llegar a ser negativo. Ahí está, por ejemplo el desplome generalizado en la venta de coches durante el pasado mes de julio. Según fuentes del sector, el volumen de matriculaciones de vehículos durante dicho mes no pasó de las 83.000 unidades, con lo que tenemos un retroceso superior al 23% con respecto al mismo periodo de 2009.
Es cierto que con esta mejora de ingresos se ha logrado reducir temporalmente el déficit público en un 25% y, según Zapatero, consolidar la confianza de los mercados en España. El saldo negativo del Estado a finales de junio quedaba en 29.765 millones de euros frente a los 39.553 millones que mostraban las cuentas a finales del mismo mes del año 2009. Pero se trata de un alivio momentáneo del déficit público pues, en lo que resta del año los ingresos van a experimentar un retroceso notable, llegando incluso a registrar cuotas negativas. Aunque se tratara de una mejora definitiva de los ingresos no habría impacto alguno positivo en las cuentas del Estado, ya que el gasto público ha crecido un 3,6% durante la primera mitad del año. Y mientras el gasto público siga aumentando no hay posibilidad de estabilizar la cuenta de resultados al no lograr el necesario equilibrio entre ingresos y gastos.
A pesar de que José Luis Rodríguez Zapatero presente la mejor recaudación del primer semestre como un logro notable, aparecen ya los efectos perversos de la entrada en vigor de la subida del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) decretada por el Gobierno. Aparte de la notable caída en la venta de automóviles, que ya vimos, nos encontramos que en el mes de julio han subido los precios todos aquellos artículos en los que el IVA juega un papel importante como son los alimentos y las bebidas no alcohólicas, el gas, la luz y el transporte público. Esto ha supuesto, según adelanta el Instituto Nacional de estadística, un repunte de la inflación en cuatro décimas durante el pasado mes de julio, situándola en el 1,9% interanual.
Se trata del mayor incremento del IPC desde noviembre de 2008. De no haber sido por la subida del IVA, la inflación no habría pasado del 1,5% registrada en junio. Y eso que hay muchos artículos en los que aún no se ha repercutido el IVA por culpa de la situación de debilidad en el consumo. De ahí que el impacto del IVA aún no se haya dejado sentir en toda su crudeza. De momento, donde más se ha hecho notar es en los precios regulados como es la energía eléctrica, el teléfono, el gas y los transportes públicos. Las subidas de precio, como consecuencia de la aplicación de los nuevos tipos del IVA, irán dando lugar a que la retracción del consumo sea cada vez más importante.

Barrillos de Las Arrimadas, 5 de agosto de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 10 de agosto de 2010

ELPESADO LASTRE DE LA DEUDA

No se cansa nuestro presidente, José Luis Rodríguez Zapatero de repetir, una y otra vez, que no se puede comparar a España con Grecia. De momento, quizás tenga razón. Pero si no corta de raíz los habituales gastos tontos de su Gobierno y cierra tanto sumidero absurdo por donde se le van cantidades ingentes de dinero, no tardaremos en seguir los pasos del país heleno. Grecia está en la UBI y España ha entrado ya en urgencias. Nuestra situación, aunque mejor que la de Grecia, es sumamente preocupante por el peso creciente de nuestra deuda y por su rápida evolución.
La deuda pública española comenzó a dispararse de una manera alarmante en el año 2008 y, desde entonces, no ha parado de crecer de un modo disparatado. Durante el año 2009, nuestra deuda se incrementó nada menos que en un 29,48%, el porcentaje más alto desde 1993 en que creció un 29,64% más que en el año anterior. El total de la suma de la deuda pública, contabilizada por el Banco de España hasta el mes de marzo pasado, asciende a la planetaria cifra de 1,78 billones (con b) de euros. Esta es la pesada herencia que dejamos a las generaciones venideras, con lo que de entrada hipotecamos ya su futuro y les obligamos a pagarla a base de sudor y lágrimas.
La suma de la deuda acumulada por el Gobierno, más la deuda de las empresas y la de los hogares, en relación con el PIB, supera con mucho el nivel de casi todos los países desarrollados. Nuestro nivel de endeudamiento está muy próximo al 350% del PIB, superados únicamente por el Reino Unido y por Japón, países preparados para soportar esa deuda mejor que nosotros. En este año de 2010 habrá que hacer malabarismos para reunir unos 225.000 millones de euros para hacer frente a los vencimientos que se avecinan. A finales del pasado mes de julio vencieron 24.663 millones de euros que el Gobierno colocó en el mercado con grandes dificultades. Y esa cantidad no representaba más que el 18% de todo lo que se tendrá que financiar durante el presente ejercicio. Y el próximo año de 2011 será aún mucho peor.
Para complicar aún más el problema, la prima de riesgo a que ha de hacer frente España no hace más que subir. A esa subida de la prima de riesgo, hay que unir el incremento de la rentabilidad que invariablemente debe aplicar el Estado, cada vez que emite nueva deuda para llamar la atención de los inversores. La elevación constante de la prima de riesgo viene provocada, por un lado, por las bajadas del ‘rating’ que realizan las agencias de calificación y, por otro, por las emisiones a corto plazo y sobre todo por los ataque continuos de los especuladores que se aprovechan cuando ven a un país con dificultades económicas. Estos cazadores de gangas han llegado incluso hasta hacerse, en gran parte, con los seguros contra el impago de la deuda.
En el ministerio de Economía se enfadan cada vez que alguien duda de la capacidad de España para pagar sus deudas. De ahí que afirmen que “no existen factores de riesgo” de que el Estado no pueda hacer frente a sus pagos. La solvencia del Estado no es tan evidente como quieren hacernos ver. El déficit público disparado y la recuperación económica, cada vez más esquiva, refuerzan la idea de una preocupante debilidad y dan pie a que se dude de las palabras de los responsables del ministerio de Economía. La respuesta que se dé a los elevados vencimientos próximos, nos pondrá en la pista de hasta dónde llega la fiabilidad de España que tanto pregonan la ministra de Economía y todos sus segundos.
Desde el año 2007, que es cuando estallo la crisis actual, el Gobierno comenzó a emitir deuda sin el debido control. Había que financiar todas esas políticas de gastos, cuya intencionalidad electoral era meridianamente clara, como los famosos 400 euros, el ‘cheque-bebé’ y otros por el estilo. De ahí que desde finales de 2007 y hasta finales de 2009, la deuda circulante en España aumentara en 136.000 millones de euros. Hasta ahora, es cierto, España ha hecho siempre frente a los vencimientos, aunque con relativa frecuencia acudiendo a créditos sindicados por los bancos. Es verdad que el Tesoro no ha tenido problemas para colocar las diferentes emisiones de deuda, sea ésta del tipo que sea. Pero la colocación de la misma cada vez nos sale más cara. Para atraer a los inversores, la colocación de la última deuda emitida nos ha costado un 15,77% más que en la emisión de abril pasado.
Los bancos españoles, no sé si por echar un cable al Gobierno o porque de algún modo se les obligó, comenzaron a adquirir deuda española a corto plazo. Esto dio lugar a que las entidades bancarias españolas comenzaran a tener verdaderos problemas financieros, llegando incluso, alguna de ellas, a encontrarse en una verdadera situación de emergencia. Como el mercado interbancario se ha cerrado en banda, la banca española no tuvo más remedio que acudir masivamente al Banco Central Europeo (BCE) en busca de financiación. Desde junio de 2009 a junio de 2010, la deuda de las entidades financieras españolas con el BCE se ha disparado en un 78,6%, alcanzando la cifra de 126.300 millones de euros. De todos los fondos que el Banco Central Europeo puso en circulación, las entidades bancarias españolas suscribieron ellas solas la cuarta parte de los mismos.
Así las cosas, por mucho que Rodríguez Zapatero esté empeñado en hacernos creer que vivimos en una Arcadia feliz y próspera, los problemas económicos serán cada vez más graves y la pobreza se irá generalizando progresivamente. Hay que tener en cuenta que las consecuencias de la crisis continuarán siendo más agudas en España que en el resto de países de nuestro entorno, ya que nuestro modelo productivo es muy intensivo, pero muy poco capitalizado. Por si esto fuera poco, estamos muy endeudados y nunca, ni siquiera en épocas de bonanza económica, hemos sido capaces de absorber a toda la población activa. Preparémonos, pues, para tasas de paro desconocidas hasta ahora y que pueden rondar la preocupante cifra del 30%.

Barrillos de Las Arrimadas, 2 de agosto de 2010.

José Luis Valladares Fernández

lunes, 2 de agosto de 2010

LA ECONOMÍA DE MAL A PEOR

Aquella denigrante perorata de José Luis Rodríguez Zapatero en Nueva York, ante un público asombrado por la osadía, en la que afirmaba que ya habíamos dejado atrás a la Italia de Berlusconi y que, en muy poco tiempo sobrepasaríamos a Francia, lo que tenía muy nervioso a su amigo Sarkozy, no sé si fue una fanfarronada, o es que, lamentablemente, nuestro presidente es así de corto. También cabe la posibilidad de que alguno de sus excesivos asesores se riera de él, dictándole aquellas palabras para que hiciera el mayor de los ridículos
Los despropósitos de Zapatero se producen sin solución de continuidad y cada vez son más graves. Aparte del despilfarro habitual del dinero público con sindicatos, titiriteros, amigotes y paniaguados, empleó bastante en el rescate de los bancos, poniendo así fin a la economía mixta. Fue una manera más de beneficiar a los ricos, como siempre, a costa de los trabajadores, de los pensionistas y de infinidad de jóvenes que ven cómo desaparecen sus perspectivas de futuro, sin la más mínima posibilidad de encontrar trabajo. Sus promesas de crear impuestos especiales para los más ricos, para los multimillonarios, se han quedado en una vana ilusión o en una simple promesa vacía de contenido. Y eso que, bajo su égida, los multimillonarios, según datos de la prensa especializada, pasaron de 93.000 a nada menos que 143.000 afortunados.
Lo que sí parece es que Rodríguez Zapatero, a partir del último Debate del estado de la Nación, ha cambiado de actitud. En los debates anteriores no hacía más que maquillar y enmascarar datos adversos, buscando de este modo generar cierto grado de ilusión, al menos entre sus correligionarios y seguidores. Ahora, ya no. Las circunstancias económicas adversas y graves le han hecho algo más circunspecto. De ahí sus afirmaciones, impensables en él en anteriores circunstancias. “La crisis -dice- nos ha situado en una encrucijada en la que confluye el reto de la globalización económica con la transición de nuestro propio modelo productivo; Tenemos que culminar esta transición cuanto antes porque de eso va a depender nuestro bienestar, el de ahora y el de las próximas décadas”. Para lograrlo, según sus palabras, es preciso hacer un “esfuerzo colectivo”.
Aunque carece de la debida valentía para adoptar las oportunas decisiones que corrijan el rumbo de nuestra economía, por lo menos acierta en el diagnóstico. “Hemos de tomar conciencia –dice- de que, si queremos prosperidad, hay que ser más productivos; de que si queremos empleo, tenemos que dotarnos de un mercado laboral que funcione mejor; de que, si queremos políticas sociales, hace falta disponer de ingresos y capacidad presupuestaria para financiarlas” Y para ello es preciso que se impliquen todos, es necesario la “responsabilidad” de todos. Es todo el país el que tiene que involucrarse, ya que es un reto de todos los ciudadanos. Ha advertido que no le temblará el pulso para reducir el déficit al 3% en 2013, y que, si hace falta, volverá a aplicar de nuevo la tijera: “Corregiremos -añadió- cualquier desviación que se produzca respecto de los objetivos de consolidación fiscal fijados en cuanto el riesgo sea detectado”. Procuró, eso sí, no asustar demasiado a sus ya preocupados correligionarios. De ahí que, por enésima vez y sin mucho convencimiento, volviera a afirmar que España está creciendo. Más aún: “se están reduciendo con relativa rapidez algunos de los desequilibrios que había ido acumulando nuestra economía”.
Más tarde, ante la creciente y evidente preocupación de sus barones, volvió a abundar en el mismo sentido. En el Comité Federal del PSOE celebrado el pasado día 17, les prometió que, en los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año, se incluiría algún que otro ajuste fiscal para que cada ciudadano haga un aporte a las arcas públicas de acuerdo con lo que tenga. Confesó igualmente ante los suyos que nunca había pensado que fuera necesario recortar el sueldo a los funcionarios. Fueron las circunstancias y la gravedad de la crisis las que obligaron a adoptar semejante medida, para tratar de reducir el déficit público.
Es evidente que Rodríguez Zapatero, al ver alterados todos sus planes mesiánicos por el fracaso de su política, o de su falta de política económica, se ha desquiciado de tal manera que se olvida de buscar soluciones reales a la crisis y pone todo su interés en lanzar a los suyos a enmascarar y ocultar descaradamente los problemas que nos acucian. Con tal motivo, pone en pie de guerra a los miembros de su ejecutiva con consignas engañosas que estos repetirán como papagayos ante las bases del partido y a cuantos quieran dejarse engañar, cerrando beatíficamente los ojos a la cruda realidad.
Comienza Zapatero diciéndoles que el PSOE es el partido “de las reformas”, que pone por delante de los interese del partido lo que realmente interesa al conjunto del país. De ahí que adopte medidas, según dice, que son muy incómodas, pero absolutamente necesarias para salir de la crisis, para lo que habrá que empezar cambiando, “cueste lo que cueste”, el modelo productivo actual. Les pide que desplieguen una ofensiva agresiva para explicar a los ciudadanos las políticas sociales impulsadas por el Gobierno. Quiere que se arme a la militancia con suficientes argumentos para librar esta especie de batalla y que salgan todos ellos a la calle, sin complejo alguno, como “orgullosos socialistas, porque somos los que estamos atendiendo a las necesidades de este país”.
Se olvida Zapatero de que ahora, afortunadamente, no es él quien toma las decisiones en cuestiones económicas. Es la Unión Europea, juntamente con el Fondo Monetario Internacional, los que, ante la inoperancia de nuestro Gobierno, se han visto obligados a asumir esa responsabilidad. Somos un país tutelado y Zapatero ya no es más que el brazo ejecutor de las pautas que se le marcan desde esas instituciones internacionales. Como Rodríguez Zapatero es muy narcisista, tratará de disimular y seguirá buscando ganar tiempo. Lo malo de esto es que, el tiempo que él cree ir ganando, lo está perdiendo miserablemente España.

Barrillos de Las Arrimadas, 22 de julio de 2010

José Luis Valladares Fernández

domingo, 11 de julio de 2010

DE ROBIN HOOD A SHERIFF DE NOTTINGHAM

Decía Margaret Thatcher que el socialismo tiene un complicado problema con el manejo de los dineros públicos, ya que sus responsables, sin darse cuenta, acaban siempre quedándose sin fondos. La desenfrenada política de gastos de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque de modo involuntario, da la razón a la Dama de Hierro. Son muy pocos los socialistas que, cuando llegan a la presidencia de un país, se encuentran con las arcas públicas tan llenas como Zapatero. Y ninguno de ellos, estoy seguro, fue capaz de vaciarlas tan rápido como él.
Desde su llegada a La Moncloa comenzó su carrera contra reloj a darle giro a la herencia que recibió del anterior presidente, José María Aznar, y lo hizo tan bien que, al poco tiempo, ya no quedaban en las arcas públicas ni telarañas. Con optimismo inusitado, digno de mejor causa, comenzó a dar giro a grandes cantidades de dinero, pensando que no se iba a terminar nunca. Zapatero jugaba encantado a ser el Robín Hood de la política y de lo social. Cubrió, como no, muchas necesidades sociales, exactamente igual a como lo hubiera hecho otro presidente cualquiera. Pero al lado de esos gastos necesarios, se le fue la mano en mamandurrias absurdas para cultivar en el extranjero amistades poco recomendables y, cómo no, para comprar apoyos y voluntades en el interior. Que se lo pregunten si no, a esa reata de sátrapas y dictadores hispanoamericanos, a los complacientes titiriteros y demás miembros oportunistas de la farándula y a los del contubernio sindical español.
Todo fue sobre ruedas mientras hubo dinero en caja. Agotado este, se acabó la fiesta. Todo se fue al garete, hasta el tan celebrado talante del presidente. Fue tan poco previsor Zapatero que, ni aún gastando más de lo que se ingresaba, pensó que se agotaría el dinero. Cuando, como era de esperar, la caja quedó vacía, se congeló la fácil sonrisa del presidente y comenzó a pedir sacrificios a los ciudadanos para poder seguir él con sus gastos suntuarios. Aquí es donde Zapatero sufre una transformación radical, deja de ser definitivamente el Robín Hood soñado para convertirse en el odiado sheriff de Nottingham.
A partir de entonces, ya inmerso en el lamentable papel del sheriff de la película, Zapatero se lanza a recaudar fondos entre quienes menos pueden y tienen menos poder de reacción. Ahí está, como muestra evidente del nuevo rumbo, la congelación de las pensiones, el recorte y congelación del sueldo de los trabajadores públicos. Y no termina aquí el atrevimiento de un Zapatero manirroto que carga aún más las tintas sobre los más débiles y los que menos pueden. Lo único que le importa ahora es conseguir dinero para seguir ejerciendo de Rey Mago. Es lo único que sabe hacer, despilfarrar el dinero que necesitan los parados, los indigentes y todos aquellos que viven en la más estricta austeridad y les cuesta llegar a final de mes.
Para acallar las protestas de los que, a pesar de sus obligadas estrecheces económicas, soportan la principal carga de las alegrías derrochadoras del Gobierno, Zapatero blande el anuncio de que va a crear un impuesto especial para esos hipotéticos ricos que después nunca aparecen. El mero anuncio de este pretendido impuesto ilusiona a los suyos, y ya no les duele lo que les sustrae el jefe de la secta.
Como todo este dinero es poco para lo que acostumbra a repartir Zapatero en prebendas, algunas sumamente peregrinas, no duda en acrecentar peligrosamente la deuda pública, hipotecando a toda la ciudadanía española. En los años 2008 y 2009, la deuda pública se incrementó un 47%, registrando el aumento más alto desde 1993. Del total de la deuda pública emitida en 2009, que asciende a la escalofriante cifra de 559.648 millones de euros, el 78% corresponde a la Administración central, el 15,4% a las comunidades autónomas y el 6% a las corporaciones locales. La deuda pública por habitante en España, en el año 2009, alcanzaba la friolera de los 11.972 euros, 24.293 euros si solamente tenemos en cuenta a la población activa.
El agujero de las cuentas públicas, con su crecimiento desorbitado, es una muestra palpable de la facilidad con que se le va el dinero a Rodríguez Zapatero. Solamente en los primeros cinco meses de 2010, en términos de caja, el déficit público alcanzó la nada despreciable suma de 22.878 millones de euros, cifra notablemente superior a los 19.102 millones que se registraron en el mismo periodo del año 2009. Si seguimos así, llegará en breve el día en que los ingresos estatales no alcancen para pagar los intereses de nuestra deuda.
Desde hace unas fechas, la Unión Europea ha comenzado a tutelar nuestra economía para tratar de poner un poco de orden a todo este desastre económico a donde nos lleva este Gobierno de ineptos. Esperamos que con sus oportunas imposiciones nos aparte del camino seguido por Grecia. El presidente del Gobierno español, con este despilfarro desmedido y absurdo seguido hasta ahora, viene a dar la razón al utopista Claude Henry de Rouvroy, conde de Saint-Simón que, al considerar que el Gobierno es un mal, aboga por su sustitución por una administración de industriales.

Barrillos de las Arrimadas, 4 de julio de 2010

José Luis Valladares Fernández

domingo, 4 de julio de 2010

EL AGUJERO DE LAS CUENTAS SIGUE CRECIENDO

La reducción del déficit en España, con el Gobierno que padecemos, es más bien una misión imposible. El gasto sin control, el derroche disparatado, es algo innato y tan habitual en José Luis Rodríguez Zapatero que, si cerrara ahora el grifo, dejaría de ser Zapatero. Si atendemos a sus obras, es evidente que Zapatero no cree en Dios. Pero esto no es óbice para que crea en los milagros. Ahí están, si no, sus palabras del pasado día 27 de junio, en la reunión del G-20 celebrada en Toronto, que están llenas de un preocupante optimismo.
Después de oír al secretario del Tesoro norteamericano, que urgía a España a reducir el déficit, con medidas “rápidas” que tranquilicen a los mercados, Rodríguez Zapatero defendió sus recetas para salir de la crisis, en especial la reforma laboral y la nueva ley de cajas que está en estudio. El presidente del Gobierno destacó las medidas de ajuste fiscal ya aprobadas, que van a reducir significativamente el déficit y, a la vez, propiciar un nuevo impulso hacia una recuperación económica definitiva.
Una vez más, Zapatero confunde los deseos con la realidad. Trata de obviar el cariz específico de la crisis española, en la que tanto tiene que ver él con su criticable comportamiento. De ahí que insista, una y otra vez, en que se trata de una grave crisis financiera similar a la de los otros países. Por eso Zapatero defendió en el G-20 la necesidad de “poner deberes” al sistema financiero. Pero nuestra crisis, la crisis económica española, tiene otros componentes que la hacen mucho más devastadora que la del resto de países de nuestro entorno: la falta de competitividad de nuestra industria, la desorbitada deuda pública y la pasividad de un Gobierno que ha optado por no tomar medidas impopulares.
Está visto que Zapatero se comporta como un hombre anuncio, que lanza consignas a un lado y otro y, con muy buenas palabras, promete continuamente las soluciones más variadas. Soluciones que después, por desgracia, no aparecen por ninguna parte. Busca con su palabrería hueca que el FMI y la Unión Europea suelten las decenas de miles de millones que necesita para ir haciendo frente a la deuda pública, cueste lo que cueste, y así poder llegar a final de la legislatura. Y el ajuste, si hay que hacerlo, ya se hará o que lo haga quien venga detrás. Mientras tanto y no, Zapatero alardea constantemente de una austeridad de lo más exquisito en cuanto a las políticas de gasto se refiere.
Pero a pesar de todo, el despilfarro continúa y no parece tener fin. El déficit público alcanzó la no despreciable suma de 22.878 millones de euros, en términos de caja, durante los primeros cinco meses de 2010. El agujero de las cuentas públicas sigue creciendo y roza ya los 23.000 millones de euros, cifra notablemente superior a los 19.102 millones de euros que se registraron en el mismo periodo del año 2009.
El Gobierno, en cambio, eligió otra óptica para quitar hierro a estos pésimos datos y minimizar así en lo posible el agujero de las cuentas del Estado. Para ello deja de lado las cifras reales y acude a simples estimaciones, al computar los ingresos y los pagos cuando se comprometen y no en términos de caja. De este modo rebajan el déficit de esos primeros cinco meses de este año a la engañosa cifra de 18.818 millones de euros, el 1,79% del PIB. Pues los ingresos estimados de ese periodo ascienden a 51.688 millones de euros, un 15,6% más que en el mismo periodo de 2009, mientras que los gastos alcanzaron los 70.506 millones, un 9% más que en los mismos meses del año precedente.
El endeudamiento público exagerado, más que a las medidas de apoyo y al estímulo a la actividad, responde a la caída de la actividad económica. Donde más se ha notado este impacto ha sido en las Comunidades Autónomas y sobre todo en los Ayuntamientos, tan ligados unas y otros al ciclo de la construcción. El frenazo inmobiliario ha dado lugar a esos déficit tan elevados en las administraciones periféricas, tanto autonómicas como municipales. A pesar de la precaria situación en que se mueve la economía española en la mayoría de los grandes municipios y en las Autonomías, aún no se ha puesto en marcha un riguroso control del gasto tendente a frenar el crecimiento del déficit. Ni el propio Estado se ha molestado hasta ahora en controlar los suntuosos gastos municipales y autonómicos.
La deuda de los entes territoriales, en el tramo final de 2009, aumentaba ya a un ritmo endiablado del 29%. Y en el primer trimestre del año actual, no le va a la zaga y ha aumentado en un 28% para las Autonomías y en un 15% para los Ayuntamientos. En estos momentos, la deuda acumulada por las Autonomías sobrepasa ampliamente los 95.000 millones de euros, algo más de un 9% del PIB. En los Ayuntamientos, la deuda acumulada ronda el 3,5% del PIB. La deuda a proveedores de las Comunidades Autónomas, en estos momentos, es superior a la deuda griega. Como no se ha hecho nada para frenar el gasto ni por las autoridades autonómicas ni por el Gobierno central, la escalada alcista del déficit y de la deuda ha sido extremadamente elevada desde hace dos años para acá.
Nuestro Gobierno se las ve y se las desea para colocar deuda entre los inversores extranjeros y la que coloca, lo hace a base de multiplicar los costes, ofreciendo rentabilidades tan sumamente altas que resultan ya prohibitivas para el Estado. Renovar nuestra deuda, nos cuesta nada menos que 200 puntos más que a los alemanes. Y es que el agujero en las arcas públicas es de tal calibre que, sin recortes drásticos en los gastos habituales del Ejecutivo, que será poco menos que imposible la recuperación económica española. Al grave problema de los números rojos en las cuentas públicas se unen la subida generalizada de impuestos y el estancamiento del consumo, que previsiblemente se acentuará aún más con la subida del IVA, con lo que se lastrará aún más nuestro despegue económico. Con estas premisas, no será posible frenar la caída libre del Producto Interior Bruto en nuestro país.

Barrillos de las Arrimadas, 1 de julio de 2010

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 16 de junio de 2010

DESFALCO EN LA HUCHA DE LAS PENSIONES

Es innegable que, para jugar con el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, como lo hace José Luis Rodríguez Zapatero y su Gobierno, hace falta ser un irresponsable integral y poseer un alto grado de ignorancia intelectual y moral. No es posible que una persona normal se atreva a meter la mano en la denominada ‘hucha de las pensiones’, para favorecer exclusivamente a alguna de sus habituales redes clientelares. No es admisible que los ministros, con el jefe del Ejecutivo a la cabeza, entren a saco en la Tesorería General de la Seguridad social y dispongan del dinero que no es suyo para hacer favores a personas o instituciones amigas o muy cercanas políticamente hablando y que, encima, digan que se trata de un acto de solidaridad. Es muy loable que sean solidarios, ya lo creo, pero con lo suyo, con su propio dinero y no a costa de los demás.
El Fondo de Reserva de la Seguridad Social lo creó el Gobierno de José María Aznar en septiembre del año 2003, constituyendo así una especie de ‘hucha de las pensiones’ para ser utilizado por el Estado única y exclusivamente en caso de que el sistema de protección de la Seguridad Social entre en números rojos. Se trata de una caja donde el Gobierno, por ley, debe ir metiendo cada año el superávit que aporte la Seguridad Social. Y el fondo resultante no podrá ir destinado, tal como obliga la correspondiente ley, nada más que a inversiones de la “máxima calidad crediticia” y que sean totalmente seguras.
Pero la Ley tiene muy poco valor para el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero y la obvia sistemáticamente cuando le interesa. El Estado tiene ahora enormes dificultades para colocar deuda española en los mercados internacionales. En consecuencia, al Gobierno de Zapatero se le ocurrió cambiar parte de estos fondos por papelitos de dicha deuda y seguir así manteniendo su política errática de gastos. No contestos con esto, deciden enajenar parte de la deuda pública francesa y alemana de que disponía la ‘hucha de las pensiones’ para emplear el importe recaudado por esa venta en la compra de bonos españoles. En la actualidad, la caja de pensiones ha invertido ya más de un 80% de sus fondos en deuda pública española que, en este momento, ofrece muy pocas garantías.
Vender deuda pública Francesa y Alemana para adquirir deuda española, es tanto como cambiar productos financieros de la máxima calidad, tal como indican las distintas agencias de rating, por otros con mucha menor solvencia. El Gobierno español ha sacrificado la seguridad de unos fondos en aras de una dudosa y problemática rentabilidad. Francia y Alemania no elevan el tipo de interés que abonan por la deuda que emiten porque, al tratarse de un producto seguro, les resulta muy fácil colocarla en los circuitos financieros internacionales. De ser cierto que interesa más la rentabilidad que la seguridad, tal como quieren hacernos ver desde el Gobierno, en vez deuda pública española, deberían haber adquirido deuda griega, ya que indiscutiblemente, y por motivos fáciles de comprender, tiene una rentabilidad bastante mayor.
La inversión de la mayor parte del fondo de pensiones en deuda de baja calidad no es el único problema al que se enfrentan los que dependen de una jubilación. A los pocos días del famoso decretazo, con el que desvergonzadamente se congelaban las pensiones a unos seis millones de españoles, el Consejo de Ministros del pasado día 4 de junio decide meter la mano en la caja y destinar 900.000 euros de la Tesorería General de la Seguridad Social a financiar la formación de sindicalistas en Iberoamérica, y otros 500.000 euros más para las “organizaciones de empleadores” latinoamericanas.
Se trata de una aportación, posiblemente ilegal, de 1.400.000 euros que hace nuestro Gobierno, a costa de un dinero que pertenece exclusivamente a los pensionistas, para financiar a sindicatos de otros países, si es que en realidad es ese su destino. No sería de extrañar que la mayor parte de ese dinero, como previsiblemente ha ocurrido con otras subvenciones, se quede por el camino en el bolso de alguna organización afín. Es normal que el colectivo de jubilados, a quien apenas nadie hace caso, haya levantado la voz y se haya puesto de uñas, porque la política emprendida por Zapatero puede poner en riesgo la viabilidad futura del sistema de pensiones.
Esta aportación atípica, a cuenta de la Tesorería General de la Seguridad social, destinada a financiar la formación de sindicalistas en América Latina, no es nueva. Ya el 28 de julio del año 2006, el Gobierno de Rodríguez Zapatero, es de suponer que a propuesta del titular de Trabajo de entonces, el inefable Jesús Caldera, autorizó una aportación financiera de 500.000 euros para el mismo fin, que se hizo efectiva en dos plazos de 250.000 euros cada uno, el primero en 2006 y el otro en el ejercicio de 2007. Y ambos plazos, claro está, a costa de la ‘hucha de las pensiones’.
Ha habido igualmente otras aportaciones de dinero sacado de dicha hucha que han seguido también el camino de Iberoamérica, aunque para otros menesteres, pretendidamente sociales, distintos a la formación de sindicalistas. Así, el 1 de agosto de 2008, el Consejo de Ministros volvió a meter la mano en la caja de los pensionistas y habilita otros 900.000 euros que destina, según dijo, “a la Extensión de la Protección Social en los países de la Subregión Andina”. Como en el caso anterior, esta cantidad se materializará en tres pagos de 300.000 euros, uno por cada año del período 2008-2010.
No nos sorprende que Zapatero regale millones a los sindicalistas iberoamericanos igual que a otros estamentos de dentro y de fuera de España. Lo que verdaderamente inquieta a los jubilados es que el Ministerio de Trabajo, con la anuencia expresa del jefe del Ejecutivo, decidiera sacar este dinero de la Tesorería General de la Seguridad Social, a pesar de que se trata de un organismo que tiene tasadas todas sus competencias y funciones, claramente incompatibles con la financiación de los agentes sociales de Latinoamérica. Para esos menesteres hay otros organismos, como la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que depende directamente del Ministerio de Exteriores y que cuenta expresamente con la competencia para ese tipo de ayudas.
Así las cosas, Zapatero demuestra tener muy poca delicadeza, ya que, a pesar de la que está cayendo, carga sobre los pensionistas una parte importante del recorte social. Se declara continuamente defensor máximo de los derechos sociales de los pensionistas, y lo que en realidad hace es utilizarlos miserablemente para sus fines políticos. Sabe sobradamente que los jubilados han ido perdiendo, año a año, buena parte de su poder adquisitivo por el sistema utilizado para la revalorización de sus pensiones. Y que, además de la devaluación continua de las mismas, sufrieron un recorte sensible al comenzar el año 2010, como consecuencia de la última variación del IRPF. Y aún así, viene Zapatero y se las congela descaradamente para que contribuyan con su esfuerzo colectivo a la reducción de un déficit enorme, en el que ellos nada tienen que ver. Sin culpa alguna, se les obliga a pagar, juntamente con los empleados públicos, los desmadrados gastos de un Gobierno desquiciado e irresponsable.

Gijón, 14 de junio de 2010

José Luis Valladares Fernández

jueves, 6 de mayo de 2010

MIENTEN SIN COMPLEJOS

La mentira, entre los socialistas, siempre ha sido una de las herramientas políticas preferidas. Es algo que han utilizado, sin el menor reparo, de manera habitual y constante. Con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la Moncloa, faltar a la verdad a sabiendas, es el pan nuestro de cada día. Aquel “España no se merece un gobierno que nos mienta” fue un acto de cinismo de Alfredo Pérez Rubalcaba, auténtico campeón de, la falacia y la mentira.
En la izquierda siempre se ha mentido con desparpajo y hasta con fruición. Tradicionalmente han vivido de la mentira y la utilizaban sin pudor alguno. En su particular código de valores, no encontraban trabas o impedimentos éticos o morales que prohibieran mentir. Utilizaban la mentira como reclamo para buscar apoyos para sus posiciones políticas, pero, sin renunciar a la pillería, mentían con bastante más elegancia que Zapatero. Con Zapatero y su corte, la mentira ha perdido todo ese atractivo que arrastraba multitudes. Con los mentores actuales del socialismo español, la mentira política es ahora mucho más ramplona y rastrera. Ha perdido ese gancho que, a lo largo de la historia, encandilaba y movía multitudes. Les falta inteligencia hasta para mentir.
No es de extrañar que, al utilizar mentiras tan toscas, se descubra fácilmente el engaño y queden en ridículo ante la sociedad. Es lo que le pasó a Rodríguez Zapatero el otro día en una de las sesiones de control al Gobierno en el Congreso. Le preguntó Mariano Rajoy por los datos económicos que están llevando a España al borde del desastre. La contestación de Zapatero no pudo ser más burda. A pesar de tratarse de datos ampliamente conocidos y que, por lo tanto, no hay posibilidad de manipulación, el presidente del Gobierno obvia este hecho y se lanza al ruedo utilizando cifras económicas claramente maquilladas.
En su afán de ocultar la debacle española, Zapatero no duda en falsificar los datos de la Seguridad Social y trucar el estado de las cuentas públicas. E insiste en su mensaje puramente propagandístico. Repite una y otra vez, aunque con poca convicción, que “hay indicios de recuperación” y que “nos alejamos de la recesión”. Y fue aún más lejos en su atrevimiento: es muy posible, dijo, que en España se “haya registrado un crecimiento positivo” a lo largo de este primer trimestre del año, aunque la recuperación del empleo “será más lenta”.
Ante tales despropósitos, Rajoy, sin descender a datos muy concretos, le afeó las manifiestas falsedades sobre los ingresos del Estado y la reducción del déficit público. De ahí que no dudara en acusar al jefe del Ejecutivo de mentir a los españoles, con el agravante de hacerlo en sede parlamentaria. Mariano Rajoy termina su intervención echando en cara a Zapatero que sus “medidas económicas son una catástrofe” manifiesta y que “su credibilidad y capacidad para superar la crisis ha tocado suelo”.
Las falacias de Rodríguez Zapatero quedaron muy claras a lo largo de su alocución. Afirmó sin empacho que los ingresos del Estado crecieron, por primera vez en dos años, un 0,8% al cierre del mes de marzo pasado. La realidad es muy distinta, ya que la recaudación neta descendió un 1,9% en el primer trimestre, hasta 44.684 millones. Tampoco estuvo afortunado Zapatero al referirse al déficit. Según el presidente del Gobierno, el déficit experimentó últimamente una leve mejora. La realidad es más cruda: el Estado registró, hasta el mes de marzo, un déficit de 8.908 millones, lo que representa el 0,85% del PIB, frente al saldo negativo de 7586 millones registrados en el mismo periodo de 2009. Esto supone un aumento del 17,5% interanual. En una palabra, si anotáramos los ingresos por un lado y los pagos realizados por otro, utilizando el conocido sistema de caja, veríamos que el Estado alcanzó un déficit de 15.546 millones frente al saldo negativo de 11.345 millones del año 2009. Esto es, un 37% más respecto al primer trimestre de 2009.
Además de mentir miserablemente a los ciudadanos, todo el Gobierno está confabulado para amordazar a los medios de comunicación para que oculten las malas noticias económicas o al menos que las suavicen. Quieren tutelar las informaciones, ejerciendo de guía para dulcificar la realidad, sobre todo cuando perjudique al Ejecutivo. Es ni más ni menos lo que sucedió el pasado 28 de abril cuando la agencia Standard & Poor’s rebajó el rating de España en un grado, desde AA+ hasta AA, y con la amenaza evidente de nuevas rebajas, pues mantiene la perspectiva negativa para la deuda pública española
Teme el Gobierno que la nueva rebaja de la calidad de la deuda pública española haga dudar a los mercados de la solvencia de España y de su capacidad para cumplir con los compromisos económicos adquiridos. Esto entrañaría un serio peligro de cara al próximo mes julio, que es cuando el Tesoro debe hacer frente al vencimiento de más de 25.000 millones de euros de deuda pública. Y ésta, con ser ya una cantidad desorbitada, no es nada al lado de las necesidades totales de financiación del sector público para el año en curso, que superan con creces los 225.000 millones de euros. Agreguemos, además, las respetables cantidades de dinero que han devolver al exterior las propias entidades financieras españolas.
Tratando de minimizar los efectos peligrosos de estas informaciones, y con la excusa del “sentido de Estado”, salió en la televisión pública la ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, culpando a Grecia de los problemas de España y asegurando que “tiene un plan” efectivo, uno más, para evitar nuestra debacle económica. Con el mismo fin, el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, publica en Cinco Días un artículo para restar importancia al informe de la agencia Standard & Poor’s. Dice que “no queda claro en la nota cuáles son los elementos nuevos objetivos que han aparecido en los últimos meses".
Lo único que consigue el Gobierno con estas mentiras y disimulos, que se enquisten y se agraven peligrosamente los problemas económicos y que tengamos por delante un futuro permanentemente amenazador. Cuando hemos llegado a esta situación de tan elevado riesgo, es que no es verdad la afirmación de la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega: "sabemos hacer los deberes y los estamos haciendo bien".

4 de mayo de 2010

José Luis Valladares Fernández

lunes, 22 de febrero de 2010

EL CONSENSO QUE QUIERE ZAPATERO

En la mañana del pasado miércoles, día 17 de febrero, Zapatero se vio obligado a someterse en el Congreso a una sesión de control por parte de los otros grupos políticos. La sesión, al menos en el mano a mano con Mariano Rajoy, fue extremadamente dura y puso de manifiesto que tenemos crisis para rato.
Comenzó su discurso Zapatero con las mismas vaguedades que ha venido utilizando desde que, en 2008, reconoció que nuestra economía estaba en crisis. Trató de quitar hierro a la preocupante situación de nuestras cuentas públicas, con frases como esta: “La evolución de la crisis en España no difiere mucho, hasta el momento, de la del conjunto de la zona euro”. En todo su discurso, dulcificó en exceso los problemas que nos acucian y procuró mostrar siempre la botella medio llena.
Pasó revista a varios datos negativos de nuestra economía, pero siempre disimulando los perfiles más duros de los datos estadísticos. En el año 2009, dijo, tuvimos un crecimiento negativo de 3,6%. Sin embargo, añadió, en el último trimestre de ese año, en términos inter trimestrales, ese crecimiento solamente fue del -0,1%, dato que, según dijo, entra dentro de las previsiones del Gobierno. Es aquí, donde aparece de nuevo el optimismo antropológico de Zapatero, y señala que esto es una señal clara de que la situación evoluciona lentamente hacia un menor deterioro. Esto le lleva a pensar, según manifiesta, que estamos dando pasos seguros, de manera muy clara hacía la recuperación definitiva.
Hasta en cuestión de deuda pública, afirmó, no estamos tan mal. La deuda pública de España en 2009 alcanzó la cifra, según Zapatero, del 54,3% del PIB. Cantidad notable, pero inferior a la media europea en unos 20 puntos. Para el presidente del Gobierno, esta es una cifra bastante asumible a la que podemos hacer frente sin grandes complicaciones. Y aduce como argumento que solamente vence el 21% en el presente año y que apenas llega al 30% la deuda que está en manos extranjeras.
Los únicos datos que han superado a las previsiones del Gobierno, es el déficit público y el paro. El déficit público en 2009 alcanzó el 11,4% del PIB, dos puntos por encima de lo que había previsto el Gobierno. Pero esto tiene fácil explicación y se debe, según Zapatero, a tres causas muy concretas y perfectamente planeadas. La primera se debe al “esfuerzo extraordinario y deliberado de inversión pública que hemos hecho para contener la recesión”. La segunda, “en el esfuerzo no menos extraordinario y deliberado de gasto social para preservar la cohesión”. Y la tercera, por último, “en la caída superior a la prevista de los ingresos”.
En cuanto a la tasa de desempleo, utilizó la última Encuesta de Población Activa y reconoce la diferencia notable de nuestra situación con los demás países de la zona euro. Ese 18,8% de parados a finales de 2009 –la realidad es muy diferente-, confesó Zapatero, representa ya el doble de la media europea. Este quiere decir, continuó el jefe del Ejecutivo, que en los dos últimos años se han perdido 1.800.000 puestos de trabajo. Claro que, para este preocupante dato, también encuentra Zapatero una causa lógica que disculparía al Gobierno: el alto índice de temporalidad del mercado de trabajo, por un lado y, por otro, el brusco ajuste del sector de la construcción.
Está muy claro que José Luis Rodríguez Zapatero, más que analizar nuestra situación económica real, trató de lavar la cara del Gobierno, huyendo de toda responsabilidad personal. La realidad es muy distinta a como la pintó Zapatero el pasado día 17 de febrero. Ahí están, para demostrarlo, las últimas estimaciones del Banco de España, mucho más pesimistas y más acordes con la realidad que las que ofrece nuestro Gobierno. Según el Banco de España, de modo un tanto optimista, señala una contracción del 0,5% del PIB para el año 2010, frente al 0,3% que pronostica el ejecutivo. El Fondo Monetario Internacional es aún más pesimista que el Banco de España. El FMI augura para 2010 un descenso de la economía española del 0,6%. España, según estas previsiones, será la única de las economías desarrolladas que registrará una caída notable del PIB.
La evolución de la deuda pública en España tiene también muy mal pronóstico. Como mínimo, según el Banco de España, nuestra deuda crecerá, durante 2010, por encima de los 12 puntos situándose, al menos, en el 67% del PIB. Con independencia de las manos en que esté, cada vez será más complicado hacer frente a los vencimientos. Nos esperan años mucho más duros que lo que supone Zapatero. Pues debemos tener en cuenta que en España, además del Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, están con enormes deudas las familias, las empresas y hasta los bancos. Las alegrías de la época de las vacas gordas nos pasan ahora esta complicada y costosa factura.
La situación provocada por la insensatez de quien nos gobierna ha inducido a que las empresas reduzcan costes y cargas financieras, con lo que no queda margen para crear empleo. A finales de enero, según la EPA, teníamos 4.048.493 de desocupados. Esta cifra de paro representa el 18,8% de la población activa. Y Zapatero da por buenas estas cifras de desocupados. Pero una cosa son los datos oficiales, fijados de acuerdo con unos criterios interesados y muy poco fiables, y otra cosa muy distinta es la realidad.
La cifra oficial, por sí sola, es ya para echarse a temblar, pero la realidad es mucho más preocupante. A los 4.048.493 de trabajadores inscritos en las listas del INEM, habría que sumar, al menos, 455.845 parados más que Trabajo oculta en sus estadísticas. Son los trabajadores que participan en los cursillos del INEM y los Trabajadores Eventuales Agrarios. Esto nos daría un total de 4.504.338 personas que se han quedado sin trabajo, con lo que tendríamos una tasa de paro superior al 19,5%. Está claro que Celestino Corbacho aprovecha muy bien las genialidades de su antecesor Jesús Caldera para camuflar parados.
A estas cifras mareantes habría que añadir los demandantes de primer empleo, que no cuentan como parados, los autónomos que se han visto obligados a cerrar sus empresas, que son excluidos de esas listas y todos aquellos que, desmoralizados por la dificultad para encontrar un empleo, ya no se molestan en inscribirse en las oficinas del INEM. Es revelador el hecho de que en enero pasado solamente se inscribieran en las listas del paro 124.890 personas y, sin embargo, en ese mismo mes, causaron baja en la Seguridad Social 250.000 afiliados. Todo esto nos lleva a pensar que los parados reales sobrepasan abundantemente los 5 millones, lo que es para echarse a temblar.
De poco nos vale que, a estas alturas, Zapatero venga pidiendo árnica. Es un rehén de su propia ineptitud y son muy pocos los que le consideran capacitado para sacarnos de la recesión. La inmensa mayoría piensa que Zapatero, ante todo, es un pesado lastre para nuestra economía. Su mismo anuncio reiterado, desde hace más de año y medio, de que la recuperación económica es inminente, lo único que consigue es decepcionar aún más a los ciudadanos españoles. Son ya muchas las personas que han perdido la fe en las anodinas recetas de un Zapatero sin talante, sin sonrisas y sin credibilidad. “El tren del crecimiento está muy próximo”, según dijo al hacer el balance económico de 2009. Y se permitió agregar: “Si hacemos lo que debemos y se aplican con rigor todas las reformas en marcha, este tren aumentará su velocidad hasta adquirir la necesaria para recuperar la creación de empleo”.
Cuando Zapatero pronunció esta frase, aún creía en los milagros aunque no creyera en Dios. Ahora da a entender que dejó también de creer en los milagros y busca desesperadamente un pacto o un consenso para tener con quien compartir responsabilidades y salir de ésta lo menos tocado posible. Le agobia verse culpado en exclusiva por los males de nuestra economía. Hasta ahora pensaba que, de la noche a la mañana, cambiarían las tornas sin mayor esfuerzo y sin coste político alguno y entraríamos en la senda de la recuperación. Mientras pensaba esto, según decía, era imposible pactar nada con Rajoy por cuestiones puramente ideológicas. La gloria de la recuperación la quería para él solito. Ahora, sin embargo, cargado de desesperanza, la forma de pensar ya no le impide pactar con el líder del Partido Popular, ya que atisba que se acerca el tiempo de rendir cuentas y exigir responsabilidades. De forma dramática, pide la colaboración de Rajoy, más que para ayudar al Gobierno, para “ayudar al país”.
Ni que nos hubieran caído encima, todas juntas, las diez plagas de Egipto, con la llegada de Zapatero a la Moncloa. Su inoperancia y su espera a que le den resuelto el problema, nos ha hundido en lo más profundo de la recesión. Sus medidas anti crisis han sido meramente cosméticas y sin el calado necesario para poner freno a la destrucción de nuestro tejido industrial. De buscar corresponsables que lo haga entre los líderes sindicales que le acompañan en el desaguisado económico montado, y entre los responsables de su propio partido que lo único que sabe hacer es socializar pobreza y miseria.
De nada vale que Zapatero culpe de nuestros males a “aquellos que pusieron en el mercado créditos que no se podían sostener para especular y enriquecerse”. Y que llame irresponsable a Mariano Rajoy por que no “arrime el hombro”. No sirven de nada sus quejas de que se dude de “la solvencia de las cuentas públicas de España”. El único irresponsable aquí es Zapatero, ya que el deterioro de nuestra economía es tan monumental, que solamente tiene arreglo dando la palabra al pueblo. Si quiere poner la primera piedra a la recuperación, que deje a un lado su empecinamiento culpable y que, de una vez, adelante las elecciones generales. Cuanto más tarde en hacerlo, mas tardaremos después en restañar las heridas abiertas y siempre a costa de un mayor dolor.

Gijón, 21 de febrero de 2010

José Luis Valladares Fernández

lunes, 1 de febrero de 2010

DERRUMBE ECONÓMICO EN 2010

Las perspectivas para nuestra economía, al menos para el año 2010, son verdaderamente catastróficas. Y José Luis Rodríguez Zapatero ha demostrado ya, por activa, por pasiva y hasta por perifrástica, que no está capacitado para resolver nuestros problemas más inmediatos. Sus afirmaciones de que “estamos a punto de superar la crisis si no es que la hemos superado ya” causan hilaridad por un lado y honda preocupación por las consecuencias que se derivan de su torpeza. Y para colmo de males, aún hay muchos españoles que no son conscientes del desastre inquietante que se nos avecina y siguen confiando en un Gobierno que solamente sabe mentir.
Según el último informe del Fondo Monetario Internacional, la economía española es la única de los países avanzados que no va a crecer y continuará en números rojos. Y señala que se contraerá nada menos que un 0,6% durante este año. Este dato contrasta con la contracción del 0,3% que auguran la OCDE y nuestros responsables económicos para el año 2010. Nuestro Gobierno espera, además, que este 0,3% del PIB sea compatible con “crecimientos trimestrales positivos en todos los trimestres”. Y esto es francamente imposible.
Tenemos en España muchos problemas específicos que, mientras no se solucionen, nuestra recuperación económica es inviable. Tanto el modelo de Estado tan peculiar que nos hemos dado, como la fragmentación del comercio interior, no hacen más que levantar barreras, más difíciles de franquear que las que nos vienen de fuera. Además de otros imponderables, como la corrupción institucional, nosotros solos duplicamos la tasa de paro de la Unión Europea, y el volumen de gasto sobrepasa el 7% del PIB, lo que es todo un despilfarro. Es significativo que la primera partida, por importe, se lo lleve el paro y la segunda sea la que se destina a pagar los intereses de la deuda.
A pesar de estas premisas, se escandaliza nuestro Gobierno de que el Fondo Monetario Internacional desconfíe de nosotros y diga que somos una amenaza evidente para la Eurozona. Todo un aviso a navegantes que ha llenado de sarpullidos a nuestros responsables políticos. La primera en protestar fue la ministra de Economía, Elena Salgado, negándose a compartir el informe del FMI. Según ella, está muy claro que al Fondo Monetario Internacional le faltan algunas claves para calcular correctamente la evolución del PIB en España.
A la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, no le ha gustado tampoco la postura del FMI. Dice que “respeta pero no comparte” el pesimismo del Fondo Monetario Internacional. Está segura, según confiesa, que es este Organismo el que se equivoca, pues “no siempre ha acertado en sus diagnósticos”. Dice que el Gobierno tiene el convencimiento firme de que España, remontará la crisis a lo largo de este año, porque el Ejecutivo cuenta con el diagnóstico y las herramientas adecuadas para salir de la crisis.
Y como es natural, Zapatero no pierde la ocasión de hacer el ridículo y se va a Davos, sacando pecho, para decir a los del Fondo Monetario Internacional que España es ante todo un país serio. Les promete que, para finalizar el año 2012, España estará cumpliendo el primero de los criterios de convergencia señalados últimamente por el Tratado de Lisboa. Así, la proporción entre el déficit público y el producto interior bruto se ceñirá al 3% señalado. Lo malo es que, los reunidos en Davos conocen sobradamente hasta donde llega la credibilidad de Zapatero. Con su llegada a la Moncloa, España perdió todo atisbo de seriedad. Con él volvieron los amaños, las trampas, las mentiras y, hasta la corrupción institucional.
Tanto Zapatero como sus palmeros subvierten la realidad de las estadísticas, alterando y dulcificando todos los índices negativos. Hasta el Instituto Nacional de Estadística, y no digamos el Banco de España, ajustan siempre sus cifras y previsiones de la manera más favorable para Zapatero. Minimizan datos muy importantes para calibrar adecuadamente nuestra economía, como el descenso del consumo de electricidad, el enorme endeudamiento de las familias y las empresas y las deudas del sistema bancario. Y no digamos nada de nuestro descabellado déficit y las cifras de paro. Ahí está, para certificarlo, el comportamiento de estos Organismos durante el periodo previo a las elecciones generales en marzo de 2008.
La gravedad de nuestra situación económica es francamente preocupante. Dicha situación, a final de 2010, será poco menos que insostenible y estaremos al borde de la quiebra y con las clases medias caminando hacia su liquidación. Es inasumible que el endeudamiento de las familias y las empresas vaya más allá del doble del PIB, superando en un 40% a todo su ahorro. La Comisión Europea prevé que España contará con un déficit del 8,5% para 2010 y no espera que, al cierre del año, haya un desvío presupuestario más moderado que en 2009. El Estado ha cerrado este año gastando el doble de lo que ha ingresado.
El paro en España es otra de las asignaturas pendientes de nuestro Gobierno. Oficialmente nos dicen que a final de año la desocupación llegó a la cifra del 18,8% de la población activa, un total de 4.326.500 personas sin trabajo, lo que evidencia una manipulación manifiesta. Con ser esta ya una cantidad sumamente escandalosa, la tasa de paro es aún mucho mayor, y sobrepasa incluso el 22%. La labor de despiste, iniciada por Caldera y continuada por Celestino Corbacho, excluye del paro a varios colectivos. Empezaron por borrar de las listas de demandantes de empleo a los que están siguiendo algún curso en el Programa Temporal de Protección por Desempleo. A estos hay que añadir la enorme cantidad de autónomos que han tenido que dejar su actividad y no tienen derecho a figurar en esas listas, y son tan parados como los otros.
Si sumamos también la cantidad de jóvenes sin trabajo que tampoco forman parte de esas listas, nos ponemos ya por encima del 22,5%, lo que supone más de 5 millones de parados. Con ser ya esta una cifra demencial, para finales de 2010 rondaremos el 27%, lo que supone más de 6 millones de parados. Y el Gobierno y los sindicatos como si no fuera la fiesta con ellos. La posición del Gobierno es tan maximalista que se atreve a decir “no se preocupen porque no va a haber ajuste de ningún tipo, ni en prestaciones ni en condiciones laborales”. ¡Vaya que ha habido ajustes! Por de pronto 1,5 millones de puestos de trabajo destruidos.
Lo más sangrante de nuestra situación económica es que estemos gastando cantidades ingentes de dinero en una pésima gestión del Gobierno. Y es que Zapatero, además de molestarse muy poco por solucionar el problema, no sabe cómo debe actuar para revertir esta situación de crisis. Su extrema ignorancia le lleva a pensar que nos lo van a dar hecho. Si los países de nuestro entorno abandonan la recesión, nosotros les seguiríamos sin mayor esfuerzo. La recuperación económica de estos países, piensa Zapatero, nos arrastraría con ellos. Tal parece que aplica a la economía el famoso principio de la hidrostática desarrollado por Arquímedes. Pues, según Zapatero, los logros de Alemania y Francia ejercerán sobre nuestra economía un empuje vertical y hacia arriba, situándonos de nuevo fuera de la crisis.
El presidente del Gobierno se solaza soñando que flotaremos sobre los buenos resultados de estos países comunitarios. Lo malo es que la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles pagaremos muy caro estas falaces y desgraciadas ensoñaciones de Zapatero.

Gijón, 31 de enero de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 19 de enero de 2010

ZAPATERO Y SUS ERRORES

Con buena dosis de humor, Charles Chaplin, el celebrado protagonista de aquellas famosas películas de cine mudo, decía muy ufano: “Me gustan mis errores, y no quiero renunciar a la libertad deliciosa de equivocarme”. Y parece ser que José Luis Rodríguez Zapatero, por el modo reiterado de comportarse, sigue esa misma pauta, eligiendo el error como norma voluntaria y perenne de su actuación. Lo ha venido practicando reiteradamente al frente del Ejecutivo español y, según todos los indicios, pretende adoptar esa misma postura en la presidencia de turno de la Unión Europea. Se trata evidentemente de errores de bulto, que se repiten una y otra vez y, encima, da la sensación de que se regodea en ellos.
Abundan los errores de Zapatero, cometidos al frente del Ejecutivo español, muchos de ellos muy graves, que nos han llevado a la complicada situación económica actual. Zapatero se ha negado, durante este largo periodo de crisis, a adoptar las medidas estructurales que, al menos, hubieran mitigado nuestros problemas. Se ha empecinado en soluciones menores, tremendamente populistas, pero sin valor alguno para revertir la mala realidad que nos aqueja.
Somos los campeones europeos del paro, aventajamos en deuda pública a los demás países de la eurozona y somos líderes en recesión. Si ponemos números a estas afirmaciones, nos encontramos, a pesar de los camuflajes del Ministerio de Trabajo, con un 20% de paro. Si atendemos exclusivamente al paro juvenil, el dato es aún más escandaloso. Nada menos que un 43% de los jóvenes, entre los 16 y 24 años, figuran ya en las listas del paro, cuando en 2007 no sobrepasaban el 17,50%. En realidad, son más de 5 millones de personas los que han perdido su puesto de trabajo, de los que, unos 2 millones, no reciben ya prestación alguna. Son ya muchos los ciudadanos que, para seguir viviendo, tienen que acudir diariamente a los comedores sociales de la Iglesia.
Gastamos más de un 73% de lo que ingresamos, con lo que nuestro endeudamiento es ya multimillonario. Nuestro déficit público, al finalizar 2009, estaba ya en un preocupante 12% del PIB. Y lo peor de todo es que no hay ‘brotes verdes’, ni motivo alguno que nos permita aventurar un final cercano de la recesión económica.
Con este bagaje tan negativo, conocido sobradamente por toda Europa, Zapatero se apresta a liderar la recuperación económica de la Unión Europea. Como carece del más elemental pudor, no reconoce sus manifiestas limitaciones y le parece muy mal que, en España, se dude de su capacidad para salir airoso en esa presidencia de turno europea. De ahí que, para curarse en salud, y ante las reticencias de una periodista, manifieste su enfado y proclame que “España está a punto de salir de la crisis, si no lo ha hecho ya”. Sabe que es mentira, pero cree que así disipa las dudas sobre su capacidad. Y lo dice bien alto para que se enteren el presidente permanente del propio Consejo, Herman Van Rompuy y el de la Comisión Europea, Durao Barroso.
Su afán por obviar la cruda realidad de la crisis española y las manifiestas advertencias de toda Europa, le lleva a provocar toda una inconcebible espiral de problemas absurdos. A parte del problema de su propia credibilidad y de la pésima imagen internacional que nos hace dar a los españoles, reúne en la Moncloa a los campeones mundiales del paro, Felipe González, Jacques Delors y Pedro Solbes, y trata de dejar en segundo lugar a Van Rompuy. Esta cumbre de sabios, suscita la prevención de Van Rompuy y para demostrar quién es el que manda y el que marca los tiempos, convoca la reunión del 11 de Febrero sin consultar previamente con Zapatero.
Es posible que Zapatero piense que, desde el escaparate de la Unión Europea, podrá borrar fácilmente esa mala imagen que se ha labrado a pulso aquí, en España. Y para eso, nada mejor que apropiarse del liderazgo económico de la Unión Europea. De ahí que, nada más recibir el testigo de tan ansiado cargo, abrió paso a los fastos y a las celebraciones más absurdas. Nadie hasta ahora, de cuantos se han hecho cargo de la Presidencia Europea, había magnificado tan absurdamente el ceremonial de la toma de posesión. Fue tal el despropósito, que se llevó la propaganda hasta los estadios de futbol. Hubo hasta saque de honor en el partido que enfrentaba al Real Madrid y El Mallorca, que se encargó de realizar Diego López Garrido, secretario de Estado para la Unión Europea. Tuvo que aguantar estoicamente, eso sí, las inclemencias atmosféricas y el sonoro abucheo del respetable.
Es evidente que Zapatero es muy amigo de meterse donde no le llaman, creando así problemas donde no los hay. No ha hecho otra cosa desde que llegó a la Moncloa. De ahí su empeño por ser el principal responsable del Consejo europeo y, además, que se atreva a proclamar, con su habitual grandilocuencia vacua, que en estos seis meses va a poner firme a la crisis y que terminará definitivamente con el paro en la eurozona. Y todo, como ha hecho aquí en España, a base de ocurrentes simplezas. Dice que, tras la aprobación del Tratado de Lisboa, se abre “un nuevo tiempo de la Unión Europea que representa una nueva energía”. Y anuncia solemnemente que su “principal afán es la unidad económica europea”. Para lograr estas metas, pide el apoyo de Van Rompuy y de Barroso, pues “si nos unimos más conseguiremos más cosas para la prosperidad de nuestros ciudadanos”. “Con voluntad de unión -dice- podemos conseguir seis meses de avances”.
Olvidándose del lamentable estado de nuestra economía, Zapatero proyecta una serie de objetivos económicos vinculantes para toda la Unión Europea y que estarán vigentes durante la próxima década. El país que no alcance esos objetivos, será sancionado privándole de fondos comunitarios. Por el contrario, para los que alcancen esas metas, habrá que fijar algún tipo de incentivo como premio. Para este plan, como es su costumbre, busca un nombre rimbombante y lo denomina “Estrategia 2020”.
Después de seis años al frente del Gobierno de España, en Europa conocen muy bien la vida, obra y milagros de Zapatero. Por eso se han aprestado a bajarle los humos, aunque él aún no ha querido enterarse. Pues saben perfectamente que Zapatero, de manera irresponsable, está hipotecando el futuro de una generación de españoles, llegando incluso a convertir en marginales a muchos de ellos. La prensa europea ha hecho una perfecta radiografía del jefe del Ejecutivo español, poniendo de relieve todas sus limitaciones, que son muchas, como evidencia a diario con su comportamiento. En la prensa europea se ridiculiza la intención de Zapatero de liderar a la Unión con la torpe pretensión de encauzarla hacia la salida de la crisis. Dicen que es toda una burla, que pretenda asesorar a Europa para abandonar la recesión, cuando ha hundido a España en la mayor crisis de su historia.
Donde han tratado a Rodríguez Zapatero con mayor dureza es en Alemania, ya que le han calado y saben que su propuesta está más cerca de la impostura que de la realidad. La misma Ángela Merkel ha rechazado de plano la estrategia económica diseñada por Zapatero. “Primero se debe plantear la fórmula de crecimiento, basado en unos objetivos realistas, antes de pasar al capítulo de sanciones” aclaró Christoph Steegman, portavoz del Gobierno alemán.
No creo que todos estos contratiempos con que se ha encontrado Zapatero, por meterse donde no le llaman, le abran los ojos y deje de presentar pelea por un protagonismo en Europa que no le pertenece. Eso le corresponde a Van Rompuy, que es el presidente permanente de la Unión Europea. Van Rompuy ya ha dejado bien claro que no le agrada el triunfalismo de Zapatero cuando habla de economía, siendo así que, más de la mitad del paro comunitario, corresponde a España.
Dada la ejecutoria de Zapatero en España, debiera plegar velas, pues para que escuchen sus consejos, debe tener primero algo creíble que decir. En las circunstancias actuales, en contra de la afirmación de Diego López Garrido, es imposible que España marque “las líneas de futuro de la UE en la próxima década”. Zapatero, naturalmente, lo va a intentar, incidiendo así en sus errores habituales desde que tiene responsabilidades de Gobierno en España. No sabe aprender de los fallos pasados y los repite una y otra vez. Y eso es lo malo, pues como dijo Cicerón, “Errare humanum est, sed in errore perseverare stultitia”, que es tanto como decir: todos los hombres cometen errores, pero solamente los necios perseveran en él.

Gijón, 18 de enero de 2010

José Luis Valladares Fernández