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viernes, 14 de septiembre de 2012

SE OLVIDAN DE LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO





Desde que Mariano Rajoy llegó a La Moncloa, comenzaron a crecerle espontáneamente los enanos. Va a perder muchos votos, aunque no se lo crea, por la aplicación inesperada de tantos y tan  duros recortes que ha impuesto a los de siempre, a los que menos culpa tienen y a los que más lo necesitan. Y para ello utiliza interesadamente la disculpa de la crisis. Pero a esa abultada pérdida de votos, tendrá que sumar otros muchos, que se van a esfumar indudablemente por el trato de favor de su Gobierno a los terroristas de ETA. 

Entre los ministros del actual Gobierno, hay más de uno que, en vez de Mariano Rajoy, parece que se lo eligió la oposición o alguno de sus más recalcitrantes enemigos políticos. Y entre estos, destaca precisamente Jorge Fernández Díaz, titular del Ministerio del Interior. Sus actuaciones resultan excesivamente descorazonadoras para las víctimas del terrorismo, al comprobar una y otra vez el desparpajo con que justifica las medidas de gracia que concede frecuentemente a los presos etarras. Como nos supone duros de mollera, justifica el trato dado  a Josu Uribetxeberria Bolinaga con disculpas de Perogrullo, retorciendo la ley a su antojo y concluyendo muy ufano: si no se le hubiera concedido el  tercer grado, el Gobierno habría “incurrido en prevaricación”.

El artículo 104.4 del Reglamento Penitenciario es tan meridianamente claro, que no admite dudas y disquisiciones: “Los penados enfermos muy graves con padecimientos incurables, según informe médico, con independencia de las variables intervinientes en el proceso de clasificación, podrán ser clasificados en tercer grado por razones humanitarias y de dignidad personal, atendiendo a la dificultad para delinquir y a su escasa peligrosidad”.  La interpretación es muy simple: las instituciones penitenciarias tienen  esa potestad, pero en ningún caso están obligadas a ejercerla. Buena prueba de ello es que, según las estadísticas, cada tres días muere un preso en situación terminal en las cárceles españolas. Pero nadie ha visto que el Ejecutivo se desviva para que a estas personas se las libere con tiempo suficiente para que puedan morir en sus casas. Estos pobres  penados cometieron la torpeza de no estar vinculados  a la banda terrorista vasca.

El trato de favor otorgado al carcelero de José Antonio Ortega Lara, evidencia palpablemente que el Gobierno de Rajoy ha decidido continuar con la política de claudicación del Estado de Derecho frente a ETA, iniciada hace ya años  por José Luis Rodríguez Zapatero. Fue llamativo entonces el caso de Iñaki de Juana Chaos, y hoy lo es, por muchas razones, el del sanguinario Josu Uribetxeberria Bolinaga, implicado además en el secuestro de Julio Iglesias Zamora y en la muerte de los guardias civiles Mario Leal Vaquero, Antonio López y Pedro Galmares.  

Y José Luis de Castro, juez central de Vigilancia Penitenciaria, contraviniendo  el criterio de la Fiscalía, decreta la libertad de esta bestia terrorista, aduciendo “razones humanitarias y de dignidad personal”.  El juez Castro tampoco quiso tener en cuenta que Bolinaga jamás se ha arrepentido de ninguno de sus crímenes, y que nunca ha pedido perdón a sus víctimas ni ha tenido con ellas el menor gesto de buena voluntad. Pero como se trata de un miembro destacado de ETA, Mariano Rajoy y sus ministros se empeñan –ellos sabrán por qué- en seguir ciegamente la hoja de ruta pactada por Zapatero para reintegrar supuestamente a semejantes monstruos en la sociedad.

Es inconcebible que el ministro de Interior afirme rotundamente que con la concesión del tercer grado “se ha cumplido la ley, aunque nos duela haber tenido que tomar esta iniciativa, si no la hubiéramos tomado hubiéramos recaído en prevaricación”. Decir esto antes  de que el forense examinara a Bolinaga y antes de que se pronunciara la Fiscalía es, cuando menos, una temeridad insensata, y un terrible sarcasmo para las víctimas del terrorismo. Es incomprensible que se diga esto desde el Gobierno actual, cuando todo mundo recuerda las enormes diatribas y los improperios con que el Partido Popular obsequió a Zapatero cuando el caso de Juana Chaos. Y ahora terminan claudicando ante ETA de una  manera absolutamente bochornosa y humillante. ¿Para esto dejaron morir inútilmente a Miguel Ángel Blanco?

Por supuesto que Mariano Rajoy intenta salvar la cara del Ejecutivo y, de paso, justificarse a sí mismo por la excesiva consideración que han tenido con Josu Uribetxeberria Bolinaga. Dice que “siempre se ha actuado igual, gobernara el PP o el PSOE”, pero asegura tajantemente que no hay cambio alguno en la política antiterrorista. Va aún más lejos en su intento de calmar a las víctimas del terrorismo y asegura que es él el primero al que le repugna que este asesino salga de prisión. “Hay cosas que no se hacen con gusto, como es natural, y esta no la hacemos con ningún gusto”. Pero últimamente al jefe del Gobierno todo le sale mal. Hay tanta contradicción entre lo que dijo y lo que hace, que ya no logra convencer a nadie. De ahí que sigua en pleno auge la tormenta política generada con el despropósito de esa excarcelación.

Para empezar, resulta tremendamente sospechoso que, estando Bolinaga cumpliendo su condena en León, se le traslade provisionalmente al Hospital Donostia de San Sebastián para que determinen allí el alcance real de su enfermedad. ¿No había un hospital más a mano,  tan competente al menos como el de San Sebastián? Que no se extrañen los responsables del Gobierno que se desesperen hasta las bases de su partido y que recelen de la intencionalidad de semejante traslado temporal al hospital donostiarra. De hecho, ya afloraron las primeras suspicacias por la posibilidad de que la izquierda aberzale haya interferido realmente en el diagnóstico que llegó al juez central de Vigilancia Penitenciaria.

Ahí está el mosqueo monumental que se ha desatado porque tal diagnóstico está firmado simplemente por una supuesta “comisión médica” del servicio vasco de salud, sin que aparezcan los nombres concretos de los doctores que avalan semejante estudio. Se da además la circunstancia de que ese diagnóstico ha sido desmontado por la forense de la Audiencia Nacional, Carmen Baena, y que incluso va más allá al afirmar terminantemente que el terrorista Bolinaga “en la actualidad no se encuentra en fase terminal y únicamente presenta leves síntomas clínicos”.

El Ministerio Público, fundándose en el informe médico de la forense de la Audiencia Nacional, discrepa profundamente de las tesis que llevaron al juez José Luis de Castro a decretar la libertad de Bolinaga. Según el fiscal, los precedentes utilizados por el juez de Vigilancia Penitenciaria son cuando menos inexactos, ya que no es terminal y, por lo tanto, puede ser tratado correctamente de su dolencia en prisión. Además, ha demostrado fehacientemente que no se ha arrepentido de sus actos, ya que sigue con toda fidelidad dentro de la cárcel las consignas que le llegan de ETA.

Aunque Mariano Rajoy optó inicialmente por sortear esta tormenta política de la manera que más le gusta, guardando silencio, no ha tenido más remedio que hablar para respaldar a su ministro Jorge Fernández Díaz ante las críticas fundamentadas de Jaime Mayor Oreja. Y como no podía ser menos, también salió a la palestra Alberto Ruiz Gallardón, otro de los ministros atípicos de este Gobierno. Continuaremos sin conocer los entresijos del atentado del 11M, no sabremos nada del chivatazo del bar Faisán, pero el ministro de Justicia nos aclara puntualmente que la libertad de este etarra se justifica, porque “No somos como ellos”.

Ni el presidente del Gobierno, ni sus ministros, son conscientes del daño que están haciendo al Partido Popular. Eso de que digan una cosa y hagan después la contraria, saca de quicio a cualquiera. Cuando reaccionen adecuadamente va a ser demasiado tarde y habrán perdido buena parte de la base electoral más firme del partido, pues la firmeza contra ETA es algo irrenunciable para las víctimas del terrorismo. Y las torpezas que se están cometiendo va a llevar a muchos a repetir lo que dijo Gabriel Elorriaga en mayo de 2008: "lo que ahora se necesita es un liderazgo renovado e integrador, y eso es algo que, aunque me pese, Mariano Rajoy no está en condiciones de ofrecer".

Gijón, 3 de septiembre de 2012

José Luis Valladares Fernández

viernes, 29 de julio de 2011

ETA-BATASUNA EN LAS INSTITUCIONES


Desde que José Luis Rodríguez Zapatero fue investido presidente, se convirtió en el principal valedor de los separatistas vascos y catalanes y, además,  ETA encontró en el Gobierno un paraguas protector. El extraño maridaje de la banda terrorista y el Gobierno ha llevado a éste a protagonizar situaciones tan sumamente kafkianas, como el tratamiento dado en la cárcel a un asesino tan cruel como de Juana Chaos al que, al final, excarcelaron injustamente. No es menos estrafalaria la actitud de Zapatero cuando  llamó “hombre de paz” a un personaje tan siniestro como Otegui. Lo que sucedió después,  se veía venir, y Jaime Mayor Oreja supo predecirlo mucho antes de que sucediera. Describió, con todo lujo de detalles, las negociaciones secretas entre ETA y el Gobierno y hasta se atrevió a avanzar la hoja de ruta pactada.

Hoy hace 14 años del vil asesinato de Miguel Ángel Blanco. El secuestro y posterior asesinato del joven concejal de Ermua originó un sentimiento social tan extraordinario de rechazo a ETA, conocido como Espíritu de Ermua, que metió el miedo en el cuerpo al Partido Nacionalista Vasco. Toda la sociedad española dio muestras patentes  de su repulsa a estos hechos y proclamó abiertamente su oposición decidida a cualquier tipo de negociación con ETA. Las exigencias de la sociedad eran tan claras que Arzallus, presidente entonces del PNV, tuvo miedo a quedarse definitivamente sin los tradicionales vareadores de las nueces, de los que se aprovechaban impunemente y sin el menor recato.

Para desactivar el naciente Espíritu de Ermua, que consideraban hondamente peligroso para los intereses del separatismo vasco, el PNV promueve el Pacto de Estella, también conocido como los Pactos o Acuerdos de Lizarra. Fue un acuerdo claramente político, firmado en la localidad navarra de Estella el  12 de septiembre de 1998. Y lo firmaron, sin excepción, todos los partidos políticos vascos de carácter nacionalista. También se  adhirieron a este pacto  Ezker Batua-Berdeak,  el Partido Carlista de Euskalerria y, cómo no, algunos sindicatos y varias asociaciones. Aunque en el pacto se pedía el cese del terrorismo, lo que en realidad se buscaba era dar pasos firmes hacia la ansiada soberanía de Euskadi.

Es evidente que Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y sus huestes han errado el camino para enfrentarse al terrorismo etarra. En vez de utilizar los abundantes medios que nos proporciona el Estado de derecho, aplicando con rigor la legislación vigente, como hizo José María Aznar y su Gobierno, se han decantado por la negociación directa con ETA. No está muy claro, sin embargo,  quién es el que determina las condiciones en semejante negociación. Todos los indicios apuntan a que es ETA la que asigna el ritmo y  la que impone las exigencias de cada momento, seguidas ciegamente por el Gobierno. Este, tal como pensamos muchos, quizás no pretenda más que saldar cuentas atrasadas, pendientes desde aquel desgraciado 11-M que llevó a Zapatero a La Moncloa.

Los responsables del PSOE repiten muy ufanos, una y otra vez, que el final de la banda terrorista está muy próximo. Nos venden así una paz en el país vasco, que más que paz es una claudicación en toda regla. Los etarras ahora, efectivamente, no cometen atentados. Pero es que tampoco lo necesitan, ya que Zapatero y su Gobierno satisfacen prácticamente, y sin mayor problema, todos los requerimientos planteados por ETA. El PSOE, con su secretario general a la cabeza, está haciendo con los etarras una política de sainete, y de sainete muy malo, ya que, de manera consciente, les están sirviendo en bandeja el cumplimiento integro de todos sus caprichos.

Hace ya mucho tiempo que los socialistas comenzaron a liquidar sus deudas con los terroristas vascos. Fue en las elecciones generales de marzo de 2008, tal como predijo anticipadamente Mayor Oreja, propiciando que ANV pudiera presentarse a las mismas y accediera así a las instituciones del Estado. También, cómo no, excarcelando indiscriminadamente a presos vascos con gran significación dentro de la banda, y dejando huir a otros. Y lo malo es que seguimos igual. La resolución del conflicto pendiente entre el Gobierno y ETA pasa necesariamente por propiciar el desembarco de Bildu en los ayuntamientos y otras instancias oficiales, a pesar de la crisis democrática que esto representa.

Y el despropósito se consumó con el ignominioso fallo previsto del Tribunal Constitucional, al estimar la demanda de amparo de la coalición que mangoneaba Bildu. Y esto, a pesar  de los informes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que demostraban fehacientemente que Bildu es ETA y de la sentencia dictada por la sala especial del Tribunal Supremo que confirmaba este extremo. Y el resultado está ahí. Ya tenemos a ETA-Batasuna en la mayoría de los ayuntamientos vascos, y en buena parte de ellos al frente de la Alcaldía, y alguno de ellos tan importante como el de San Sebastián. Se ha lucido el Gobierno de  Zapatero y, sobre todo, se ha lucido el Tribunal Constitucional por haberse doblegado a los tejemanejes vergonzosos del Ejecutivo.

Las cuentas pendientes del Gobierno con la banda etarra, a raíz de los acontecimientos del 11-M, deben ser tan altas, que estos, hasta se permiten el lujo de reírse de Zapatero y de toda su tropa. No otra cosa se deriva del último comunicado de ETA, en el que anuncia con toda desfachatez y para que no queden dudas, que han sido ellos los que, el 22 de mayo pasado, ganaron la batalla política e ideológica. Y al PNV, como siempre, le faltó tiempo para bendecir la siniestra actuación del Gobierno socialista y el cobarde sometimiento del Tribunal Constitucional. No sé si los nacionalistas vascos se habrán, dado cuenta de que ahora son ellos los que varean las nueces y los terroristas de ETA son los que las recogen.

Barrillos de Las Arrimadas, 12 de julio de 2011

José Luis Valladares Fernández

lunes, 2 de mayo de 2011

MUCHA CARA Y POCA VERGÜENZA


El pasado día 13 de abril,  se presentó en Madrid, en una sala  de la Asociación de la Prensa, el libro titulado "Vivir frente al terror. Memorias de Carlos Iturgaiz", firmado por la periodista Chelo Aparicio. A la presentación de estas Memorias del ex presidente del Partido Popular vasco, Carlos Iturgaiz, acudieron, en otros,  Mariano Rajoy, Jaime Mayor Oreja, Ángel Acebes y, como no, el ex presidente  del Gobierno, José María Aznar, que prologó esta obra. También estaba, entre el numeroso grupo de asistentes, María Jesús González, madre de Irene Villa, ambas víctimas del terrorismo etarra.

 

En este libro de memorias, nos va narrando Carlos Iturgaiz las peripecias que le tocó vivir a él y a todos los afiliados vascos del Partido Popular, para hacer frente al terrorismo,  durante su etapa, primero como secretario general y después como presidente del partido en aquella autonomía. Fue ésta, como dijo Acebes en la presentación,  una de las etapas más sangrientas de ETA,  en la que los terroristas "tomaron la decisión de acabar con el PP en el País Vasco y Carlos asumió la responsabilidad de evitarlo". Según palabras del propio Iturgaiz, “nos querían  meter en un corredor de la muerte por ser del PP y vascos”. En aquella época, también estaban en el punto de mira de los etarras destacados dirigentes del PSE y miembros de la Ertzaintza

 

En el prólogo de las memorias, José María Aznar recuerda el asesinato de Gregorio Ordoñez y el de Miguel Ángel Blanco y elogia merecidamente  a los dirigentes del PP vasco que son todo un ejemplo de resistencia, de valor y de abnegación por la democracia. Con su “heroísmo lograron redimir a no pocos de su ceguera e indolencia”. Y de verdad que hacen falta grandes dosis de valor para vivir con esa tensión, sin libertad y a sabiendas de los enormes riesgos que corre tu vida y la de los tuyos, lo que te obliga a desconfiar constantemente hasta de tu sombra. Las circunstancias te obligan a soportar enormes incomodidades, a prescindir de tus rutinas habituales y hasta cambiar frecuentemente de vivienda. Y aún así, la muerte violenta te acecha a la vuelta de cada esquina.

 

Que Carlos Iturgaiz quisiera hacer públicas sus angustiosas vivencias de esa época tan dramática y dictara sus memorias a Chelo Aparicio, ha sentado muy mal en el PSOE. La presentación de las mismas en Madrid, con la asistencia del ex presidente Aznar y sus tres ministros del Interior, Mariano Rajoy, Jaime Mayor Oreja y Ángel Acebes, todos ellos ampliamente demonizados por los prebostes de Ferraz, ha levantado tremendas ronchas entre las huestes del PSOE y ha sacado de quicio a los encargados de mantener intactas las esencias socialistas. Y es normal que así sea ya que, con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la Secretaría General del PSOE, la vulgaridad más absoluta, y en muchos casos la nulidad intelectual más insultante, se han apoderado de los resortes de poder en dicho partido.

 

Las diatribas que lanzan a diario personajes tan intemperantes como Elena Valenciano, José Blanco e incluso Marcelino Iglesias, dan buena prueba de ello. Fue Elena Valenciano la primera en lanzar toda clase de improperios contra los líderes del Partido Popular, por reunirse para presentar las memorias de Carlos Iturgaiz. Dicho encuentro fue calificado por la singular portavoz del Comité Electoral del PSOE como “la foto de la infamia”, quién les acusa, además,  de volver  a “utilizar el terrorismo con fines electorales”. Según Elena Valenciano, es inadmisible que se reúnan tres ex ministros del Interior con su ex presidente del Gobierno, José María Aznar, para unir su imagen y atacar así al actual Ejecutivo y “sembrar la división entre los demócratas”.

 

La preclara mente de Valenciano ve, en ese acto de presentación, una falta enorme de responsabilidad del líder del Partido Popular, y mucho más en un momento como el actual, en que   “ETA está a punto de ser derrotada”. Por eso, sigue diciendo, “deberíamos estar todos unidos y no jugar sucio y arañar un pedazo de votos actuando con deslealtad máxima”. Olvida Elena Valenciano que ha sido precisamente el  PSOE el que ha utilizado como nadie los actos terroristas para sacar ventaja en las contiendas electorales. El mayor atentado de nuestra historia, el del 11M, fue utilizado desvergonzadamente por el PSOE, buscando réditos electorales, infringiendo incluso normas electorales tan claras como la jornada de reflexión con aquellos asaltos a las sedes del Partido Popular. Quizás debiéramos recordarle, también,  a esta malintencionada señora, que Rodríguez Zapatero firmó ese pacto mientras mantenía conversaciones con la banda terrorista vasca.

 

La asistencia de dirigentes destacados del Partido Popular a la manifestación,  organizada por las víctimas del terrorismo el sábado anterior, ya había despertado serias susceptibilidades entre ese grupo conspicuo de dirigentes socialistas, aunque pensaban que, terminada la pública protesta, volverían las aguas a su cauce. Que a los pocos días de la manifestación se produjera la presentación del libro de Carlos Iturgaiz, y encima con la asistencia de Aznar, suscitó en la calle de Ferraz todo tipo de suspicacias. De ahí que primero Elena Valenciano, y después Marcelino Iglesias y José Blanco, acudieran de inmediato al socorrido manual de guerra, en el que se reflejan, en forma de rebuznos malintencionados, toda una serie  de consignas extremadamente nauseabundas, que suelen utilizar con el mayor cinismo cuando no saben qué hacer o qué decir.

 

Según Elena Valenciano, el PP “está jugando con las líneas rojas” del Pacto Antiterrorista, pero que los socialistas lo defenderán hasta su “último aliento”. Para ella Mariano Rajoy es todo un especialista en “tirar la piedra y esconder la mano”. Y sigue con sus insidias: ahora que la lucha contra el terrorismo “está mejor que nunca”, la irresponsabilidad del PP no tiene límites y da a entender que les “molesta” que el Gobierno socialista logre acabar definitivamente  con ETA. Tanto Elena Valenciano, como José Blanco y Marcelino Iglesias, coinciden en los calificativos e insisten una y otra vez en el viejo estribillo de siempre: el Partido Popular se ha radicalizado, es un partido de extrema derecha.

 

José Blanco es el más cáustico de los tres. Cuando se pone solemne, uno no sabe si lo que sale de su boca son broncas, o son insultos o simplemente gruesos escupitajos. Tampoco sabemos si hace esto para animar a sus desmotivadas bases o para darse moral a sí mismo. Aprovechando la huida de  Antonio Troitiño, se atrevió a tildar a Rajoy de “cobarde”. Dice que el Partido Popular  ha vuelto por sus fueros y no hace más que crispar, “pretende ganar las elecciones rompiendo todas las líneas rojas de la deslealtad”. Y continuó: “no quieren ni recuperación económica, ni quieren unidad de los partidos frente al terrorismo, frente a ETA. No quieren nada que les aleje de la victoria electoral aunque sea a costa de todos los españoles”.  Según Blanco, Rajoy “tiene tanto miedo a perder las elecciones”, que echa mano de Aznar y de Mayor Oreja para “excitar a la derecha extrema”. Y añade: "El problema que tiene el PP es que es un partido contaminado por la derecha extrema y en este tema se impone el discurso de la parte más radical del partido con la bendición de Rajoy". 

 

El secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, copia la actitud de Blanco y Valenciano y procura  interpretar la misma partitura, aunque mucho más  desangeladamente. Comienza quejándose de la “intolerable campaña  de insultos por parte del PP que no hacen más que manifestar su increíble deslealtad hacia la política”. Achaca al Partido Popular una “oposición destructiva” que “resulta intolerable, sobre todo en el momento en que más encauzada está la lucha contra el terrorismo”. Y todo esto, según Iglesias, “se debe a una estrategia para evitar que se hable de los problemas que el PP tiene en las comunidades en que gobierna”. Los socialistas atribuyen a los demás lo que indefectiblemente hacen ellos cuando tienen alguna miseria que ocultar. Ahí está por ejemplo el caso reciente de la atleta  Marta Domínguez, que llegaron a acusarla falsamente de dopaje. Y es que de eso de sacar trapos sucios de los adversarios políticos es lo que mejor se les da.

 

También acusa  Marcelino Iglesias al Partido Popular de adoptar una “postura extrema” y de no querer apoyar al Gobierno, a pesar de “que no ha habido otro con tantos éxitos en la lucha contra el terror”. Y pide a Rajoy que ponga “orden entre los más ultras y radicales” del Partido Popular, aunque piensa que esa “radicalización” va a dar un vuelco a lo que hoy prevén  las encuestas de cara a las elecciones del 22 de mayo próximo. El secretario de Organización del PSOE derrocha optimismo, aunque, en realidad, no anda muy sobrado de dotes proféticas.

 

Gijón, 30 de abril de 2011

 

José Luis Valladares Fernández