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sábado, 24 de abril de 2010

¡ESTOS SON NUESTROS SINDICATOS !

Es bochornoso que los sindicatos, UGT y CC.OO, pasen olímpicamente de los más de 5 millones de parados españoles y se movilicen en defensa del juez Baltasar Garzón, para evitar el posible juicio por parte del Tribunal Supremo. Y con ellos han arrastrado a políticos de izquierda, a algún que otro jurista levantisco y, claro, no podían faltar los titiriteros adscritos al sindicato de la ceja. El vergonzoso aquelarre, organizado por las dos centrales sindicales mayoritarias, fue acogido con verdadero entusiasmo por el inefable Carlos Berzosa, rector de la Universidad Complutense de Madrid.
Con semejante acto, los allí reunidos, además de hacer un flaco servicio al juez Garzón, atentaron claramente contra la democracia y el Estado de Derecho. Pusieron en entredicho la necesaria independencia del Poder Judicial. Es inconcebible que el Secretario de Estado de Política Territorial, Gaspar Zarrías, apoyara semejante astracanada con su presencia, donde se insultó gravemente a los magistrados del Tribunal Supremo. De nada vale que nos diga ahora que asistió solamente a título personal. El cargo que representa merece, por sí mismo, un respeto bastante mayor.
Llaman la atención los ataques furibundos del ex fiscal jefe Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, a todos los magistrados del Supremo, a los que acusa cínicamente de constituirse en instrumento de la “actual expresión del fascismo español”, porque le parece inaudito que hayan admitido las querellas interpuestas por Falange Española y por Manos Limpias. Les acusa incluso de torturadores. Su sectarismo y su exceso de celo en la defensa de Zapatero, que no de Garzón, le han llevado a él a comportarse en ese acto como un nazi consumado. Solamente los nazis o fascistas pueden atribuirse neciamente la potestad de otorgar carnets de pedigrí democrático. Es la fijación psicológica de toda la izquierda, que presume de progresista y está empeñada en presentarse como la clase redentora de la sociedad española.
En cuanto al rector de la Universidad Complutense parece carecer de memoria. Dice Carlos Berzosa, para justificar la cesión del Anfiteatro Ramón y Cajal de la Facultad de Medicina para dicho evento, que “es muy difícil que no autoricemos un acto” siempre que no se trate de “fuerzas extraparlamentarias” o “que utilicen la violencia como arma”. Se atrevió a negar que hubiera censurado previamente algún otro acto. Se olvida, de forma miserable que, no hace tantas fechas, negó ese mismo local a otra organización para celebrar un acto pro vida.
En todas las intervenciones se incurrió en la mentira y en la difamación y utilizan con descaro la coartada de Garzón para dividir a la sociedad y obtener así alguna rentabilidad política a favor de Zapatero. Repiten cínicamente, una y otra vez, que se procesa a Garzón por investigar los crímenes franquistas, lo que no es verdad. Se le encausa, ni más ni menos, por prevaricación, que no es lo mismo. Intentó abrir una causa penal contra el franquismo sabiendo que carecía de competencias jurisdiccionales, y que estaba plenamente vigente la Ley de Amnistía de 1977. Él mismo adujo estas razones para dar carpetazo a una denuncia contra Carrillo por los asesinatos de los presos en las checas madrileñas. Pero es igual, siguen la táctica del nazismo de repetir una y mil veces la misma mentira, convencidos de que, aunque no se convierta en verdad, termina por parecérsele bastante.
Tanto Cándido Méndez como Ignacio Fernández Toxo, por lo que parece, se mueven más por razones de rentabilidad que por las obligaciones inherentes a su cargo. Las jugosas subvenciones que reparte Zapatero son motivo suficiente para que estos sindicatos se prostituyan y se olviden de que en España hay más de 5millones de parados y que, muchos de ellos, viven en la pobreza más extrema. De ahí que utilicen todo su poder de convocatoria para agradar a Zapatero y agradecerle su extraordinaria magnanimidad. Sus discursos, en este vergonzoso acto, dejan al descubierto todas sus miserias morales, que son muchas.
Con una fogosidad inusitada, digna de mejores causas, comenzó Cándido Méndez calificando la causa abierta contra Baltasar Garzón de verdadera "vergüenza histórica", con el agravante de haber sido instada por los "hijos de la dictadura". Son muchos los que desconocen la verdadera historia de la Guerra Civil española, y Méndez está entre ellos. De sus palabras se desprende que únicamente hubo muertos entre los republicanos y reivindica el papel de Garzón para que juzgue a "los que se levantaron contra el Gobierno democrático". Afirma sin complejo alguno que, como consecuencia de la disolución de UGT por el franquismo, los españoles "fueran sometidos a la tiranía del capital".
Dada la poca dignidad de Méndez, da igual que disuelvan la UGT que no, ya que, por propia voluntad de su líder, esta central sindical está desaparecida y los obreros se encuentran incluso peor que cuando, por decisión del régimen anterior, eran “sometidos a la tiranía del capital”. La perorata de Cándido Méndez finaliza diciendo que “estamos ante una auténtica vergüenza histórica” con el proceso a Garzón, puesto en marcha por los “nuevos franquistas” o “hijos de la dictadura”. Termina exigiendo que “no vuelva a imperar la impunidad de los franquistas”. No se da cuenta que los auténticos “hijos de la dictadura” ocupan hoy día puestos muy importantes dentro de las estructuras políticas del PSOE, e incluso del gobierno.
A continuación cogió el testigo Ignacio Fernández Toxo que, como era de esperar, estuvo tan desafortunado como Cándido Méndez. El líder de CC.OO. comenzó deshaciéndose en elogios para el anfitrión del descabellado acto, Carlos Berzosa. Se atrevió incluso a pedir a Dolores de Cospedal que se sumara “a la marea democrática regeneracionista” que encarnan, como no, los allí reunidos. La devaluación de los conceptos de democracia y regeneración es evidente para Fernández Toxo. De ahí que se empeñe en presentar este esperpéntico acontecimiento como “una transición ética y moral” en la que están todos empeñados, encabezados, claro está, por el propio juez Garzón. Baltasar Garzón, según expresión del dirigente sindicalista, es el verdadero libertador, el que a base de coraje “nos ha quitado la venda colectivamente a toda la sociedad”.
Puestos a desorbitar las cosas, no es extraño que finalizara su demagógico discurso asegurando que “nuestro país vive una situación excepcional” extraordinaria. Y acto seguido no tiene empacho en afirmar que “de la crisis económica saldremos, pero hay que salir de la crisis ética y moral”. El final de su discurso no pudo ser más apoteósico, logrando encender los ánimos ya caldeados de los allí presentes:
“Por la libertad, por la democracia, contra el olvido, viva la memoria y mucha suerte para el juez Garzón".
Es evidente que tanto Cándido Méndez, como Fernández Toxo, están volcados en la política en detrimento de la acción sindical. Dadas las circunstancias económicas en que estamos inmersos, se necesitan líderes sindicales que se centren exclusivamente en la defensa de los trabajadores, que son los que peor parados salen de esta complicada situación económica. Si como dicen uno y otro, se impone una regeneración ética y moral, es preciso que dimitan, mejor hoy que mañana, y den paso a otros líderes que se ocupen con dedicación a la defensa del mundo laboral. Lo demás son discursos huecos y vergonzosamente interesados.

Gijón, 23 de abril de 2010

José Luis Valladares Fernández