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lunes, 25 de julio de 2016

CONSECUENCIAS DEL BREXIT BRITÁNICO

La Comunidad Económica Europea (CEE) nació oficialmente un 25 de marzo de 1957, con la firma del Tratado de Roma por parte de Alemania Federal, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Como no es posible constituir de inmediato una unidad política integral, los firmantes de ese tratado intentan ponerla en marcha de manera progresiva. Y dan el primer paso, integrando diversos sectores de la economía y cediendo parte de su soberanía particular a las nuevas instituciones supranacionales creadas, para que puedan gestionar adecuadamente todo ese largo proceso de unificación política.

Y los británicos, que han estado siempre en contra del federalismo y que se muestran extremadamente recelosos con las decisiones que provienen del resto de Europa, rehusaron adherirse al Tratado de Roma. Y el 4 de enero de 1960, mediante la Convención de Estocolmo, crean la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC),  en ingles EFTA, como alternativa a la Comunidad Económica Europea. Además del Reino Unido, firmaron el documento fundacional Austria, Dinamarca, Noruega, Portugal, Suecia y Suiza. Posteriormente entrarían en la EFTA Finlandia (1961), Islandia (1970) y Liechtenstein (1991).

Tenemos que recordar, que la EFTA o AELC se creó, cómo no, para poner un contrapeso o hacer sombra a la CCE, y se estructuró como una simple alianza de intereses estrictamente económicos, sin pretensión o intencionalidad política alguna. En la Comunidad Económica Europea, sin embargo, se mima especialmente la cuestión económica, es verdad, pero siempre con la vista puesta en la formalización de una futura unidad política.

Hay, además, otras diferencias básicas entre la CEE y la Asociación Europea de Libre Comercio. La EFTA, por ejemplo, permitía que, cada Estado miembro fijara libremente sus propios aranceles frente a terceros países, mientras que, en la Comunidad Económica Europea eran  comunes para todos sus miembros. Es cierto que la EFTA eliminó las barreras arancelarias un año y medio antes  que la Comunidad Económica Europea. Pero esa liberalización  afectaba exclusivamente a las manufacturas o productos industriales, quedando afuera los productos agrícolas y los del mar.

lunes, 1 de abril de 2013

INTEGRACIÓN DE ESPAÑA EN EUROPA



Consumado el Desastre del 98, España liquida los últimos restos del vasto Imperio colonial español. Después de ceder obligatoriamente a Estados Unidos Filipinas, Puerto Rico y Guam, vendemos a Alemania los Archipiélagos de las Islas Carolinas y Marianas por 25 millones de pesetas. Estos hechos provocaron en la sociedad española un gran pesimismo y una profunda desilusión. Y los intelectuales de entonces, primero los de la Generación del 98 y después los de la Generación del 14, comenzaron a replantearse nuevos desafíos. Empezaron exigiendo la modernización de la sociedad y la renovación política y hasta se permitieron debatir sobre el mismo ser de España.

Aparte de los planteamientos regeneracionistas para recuperar la moral y de tratar de superar la diferencia abismal existente entre la España real y la España legal, los intelectuales ponen su mirada en Europa. No quieren quedar culturalmente aislados. Algunos, como Miguel de Unamuno, abogan por desembarcar en Europa, pero llevando nuestra cultura y nuestro particular modo de entender la vida. Defendían la “españolización de Europa”. Los más jóvenes, como José Ortega y Gasset, reivindicaban la “europeización de España”.

Aunque todos los países compartan la misma cultura, pueden colisionar gravemente sus intereses políticos y económicos y terminar a veces en auténticos enfrentamientos bélicos. Es lo que pasó desgraciadamente en Europa. Y no estaban aún restañadas las heridas provocadas por la Segunda Guerra Mundial, cuando al político luxemburgués Robert Schuman se le ocurre la idea de que,  unificando los intereses políticos y económicos, pueden evitarse también  esas guerras desoladoras entre los distintos pueblos.

Varios países valoran positivamente la idea aportada por Robert Schuman y, con la firma del Tratado de París en abril de 1951, crean la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Este acuerdo fue firmado por la República Federal de Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Seis años más tarde, en marzo de  1957, se da un paso más y, con los Tratados de Roma, esos mismos países  crean la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM). Y es entonces cuando nace realmente  el Parlamento Europeo y la mayor parte de sus instituciones. En abril de 1965, con la firma del Tratado de Bruselas o Tratado de Fusión, unifican  estas tres Comunidades en una sola Comisión Europea y en un solo Consejo para optimizar todas sus funciones.