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lunes, 13 de junio de 2011

REPARTIENDO DINERO OTRA VEZ


La crisis económica que afecta a España, es tan intensa, que no somos capaces de abandonar definitivamente la estela dejada por Grecia, Irlanda y Portugal y aún corremos un grave riesgo de seguir sus calamitosos pasos. Las empresas españolas dedicadas a la producción encuentran serias dificultades, ya que no tienen fácil acceso a los necesarios canales de financiación para mantener decentemente su actividad y con unos márgenes de rentabilidad decorosa. Son muchas las entidades empresariales que, por este motivo, se han visto obligadas al cierre y otras muchas que lo harán en breve.
No obstante esto, hay otras entidades que, aunque parezca mentira, carecen de problemas económicos. Son las Asociaciones o las Fundaciones, “sin ánimo de lucro” que, a través del Boletín Oficial de Estado y por obra y gracia del correspondiente Ministerio, tienen acceso a importantes cantidades de dinero, procedentes de nuestros impuestos. Ahora, por lo que leo en el BOE del pasado 31 mayo, es la ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Leire Pajín, la que echa mano de la caja común de todos los españoles para fomentar la “igualdad” de las mujeres. Trata de repartir casi tres millones de euros entre aquellas ONGs, verdaderas franquicias socialistas, que defienden la tan cacareada igualdad de mujeres y hombres. Y lo hace, como es su inveterada costumbre, con cargo a los sufridos contribuyentes.
El dinero destinado durante el año 2011 para estas ONGs feministas, evidentemente afines al Partido Socialista, asciende a la importante cantidad de 2.200.000 euros. Esta cifra podría ser ampliada adicionalmente en otros 500.000 euros. A la hora de adjudicar estas subvenciones y  determinar  la cuantía individualizada  de cada una de ellas, se tendrán en cuenta ciertos criterios de valoración determinados en la propia convocatoria, así como las características de las entidades solicitantes y los programas que se presenten. Se tendrá en cuenta, entre otras cosas, su implantación territorial, la antigüedad de la ONG, el número de personas asociadas, su especialización y su capacidad de gestión. Y aunque no se dice nada en la correspondiente convocatoria, se tendrá también en cuenta, cómo no, su afinidad al Partido Socialista.
Para que el lobby feminista promueva eficientemente “la incorporación de la igualdad de oportunidades a las relaciones afectivas”,  se colaborará en el mantenimiento y también en el funcionamiento de estas asociaciones de mujeres que luchan por la Igualdad de Oportunidades. Se cubrirán los gastos corrientes de todas estas organizaciones, tanto los derivados de personal, como los derivados  de las reuniones propias de los órganos de gobierno y la asistencia a las reuniones nacionales e internacionales. También se tendrá en cuenta los folletos divulgativos y las publicaciones dirigidas a orientar  y asesorar a las asociadas y a las personas objeto de su atención.
Se trata de una convocatoria pública de subvenciones, destinadas a ONGs feministas que se comprometan, tal como se indica en la propia convocatoria, a elaborar “programas dirigidos a promover el desarrollo de un modelo de convivencia familiar y social más igualitario”. Se pretende, como se indica en otro punto de la convocatoria, de “potenciar el desarrollo del tejido asociativo de las mujeres y su participación en todos los ámbitos de la sociedad”.  A parte de impulsar la incorporación y la promoción de las mujeres en el mercado de trabajo, se quiere modificar  los estereotipos de género que condicionan las conocidas desigualdades de las mujeres en el mundo laboral.
Según vemos en el BOE del pasado 31 de mayo, Leire Pajín espera lograr  muchos objetivos, entre los que destaca “la inserción social de las mujeres que se encuentran en situación de especial vulnerabilidad”; facilitar el acceso  a los recursos económicos, educativos y sociales a los diversos colectivos de mujeres, que se encuentren en situación o riesgo de exclusión social; prevenir y erradicar cualquier tipo de violencia que afecte a las mujeres, tanto si es violencia de género, como si es violencia doméstica, violencia en el trabajo o cualquier otro tipo de violencia. Todo muy bonito e interesante, si no fuera que se reparte un dinero que no se tiene y que, para recibirlo, además de ser mujer y feminista, tiene que moverse en la orbita del Partido Socialista Obrero Español.

Barrillos de Las Arrimadas, 10 de junio de 2011

José Luis Valladares Fernández

jueves, 26 de noviembre de 2009

JOSE BLANCO. EL CATOLICISMO UN DISFRAZ PARA EL DESPISTE

Con relación a la ley del aborto, el pasado día 11 de noviembre, el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, realiza unas declaraciones que provocan enormes y molestos sarpullidos en algunos dirigentes del Partido Socialista Obrero Español. El ministro de Fomento, José Blanco, y el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, se han adelantado a todos, dándose rápidamente por aludidos y alzando la voz de la protesta de la manera más absurda y airada.
Ambos personajes, José Blanco y el inefable José Bono, que se autodefinen como católicos, demuestran una ignorancia supina sobre la religión católica. Muchas ancianas, que prácticamente no pisaron una escuela cuando eran jóvenes, a veces con su simple “fe del carbonero”, han logrado una formación religiosa y un conocimiento de la doctrina católica muy superior a la de estos dos prohombres del socialismo español.
El portavoz de la Conferencia Episcopal Española, en su alocución del otro día, no hizo más que recordar cual es la doctrina de la Iglesia Católica sobre el aborto. La afirmación de que quien vote o promueva la nueva Ley del Aborto comete un “pecado mortal público” y será excluido de la comunión, no es algo nuevo que se le ocurrió ahora a Martínez Camino o a los demás obispos españoles. Es algo que forma parte de la doctrina secular de la Iglesia, basada principalmente en los Evangelios, en los Hechos de los Apóstoles y en las Cartas de San Pablo.
La Iglesia, siguiendo las pautas marcadas por el Nuevo Testamento, defiende como nadie los derechos fundamentales del ser humano. Y el derecho a la vida es el más primordial de todos, y más aún tratándose de una persona inocente e indefensa, como es ese ser humano que se encuentra en el primer estadio de su vida. Somos muy exquisitos maniatando a nuestras Fuerzas Armadas para que no se les ocurra ni herir a un terrorista, y abrimos nuestras manos para que, cual nuevos Herodes, se asesine masiva e impunemente a los más inocentes de este mundo.
Afirmar que el aborto voluntario es un derecho de la mujer, además de estar “en contradicción con la ley Divina y católica”, supone una auténtica aberración. De ahí que la afirmación del prelado de que, quien propague dicha ley, caerá en “pecado público” y que, quien defienda su texto o le de el voto afirmativo, está en “situación objetiva de pecado”, guarda la más plena ortodoxia con las enseñanzas evangélicas y la doctrina perenne de la Iglesia.
Estos próceres socialistas debieran saber que, para la Iglesia católica, no será nunca negociable el derecho fundamental a la vida. También debieran saber que no se obliga a nadie a entrar y mucho menos a permanecer por la fuerza en el redil de La Iglesia. La permanencia en la misma depende siempre de un acto personal totalmente libre y voluntario. No se expulsa a nadie de la Iglesia simplemente porque sí, ya que el que cae en pecado, si da muestras de arrepentimiento, encuentra siempre el “perdón” de Dios. La Iglesia, por mandato divino, no es nunca inmisericorde con el pecador.
La condición de católico exige, cómo no, cierta responsabilidad y coherencia en lo que se hace y se dice. Si te confiesas católico, apostólico y hasta romano, el ir a comulgar con bizcocho o mazapán en compañía de otros conmilitones, y más haciéndose notar intencionadamente, no es que digamos un acto muy responsable.
Si de verdad eres creyente no se te ocurrirá jamás reclamar plena libertad de opinión y de acción dentro de la Iglesia, ya que sabes –o al menos crees- que hay verdades inmutables que ni admiten discusiones, ni pueden ser objeto de componenda. Es muy chocante que haya políticos que rasguen sus vestiduras por carecer de libertad plena de opinión y de acción en la comunidad católica y, sin embargo, no toleran esa libertad en su propio partido, y más tratándose del PSOE o de cualquier otro partido de izquierdas.
Es normal que en los partidos políticos se exija cierta unidad de acción para que puedan ser viables, por lo que los militantes de un partido deben guardar obligatoriamente ciertas formas, si no quieren verse fuera del mismo. Estas cautelas, aunque por otros motivos, también deben ser observadas por quien hace pública profesión de fe y se confiesa católico. Es más normal que sea la Iglesia católica la que ponga límites a sus fieles, para que nadie interprete la verdad revelada a su aire o a su conveniencia. Esto es así, entre otras razones, porque la propia Iglesia no debe su origen a un simple proyecto político cambiable. La Iglesia Católica, al revés que los partidos políticos, se fundamenta en conceptos y verdades incontrovertibles, perennes y transcendentes.
De guardar las formas, al menos dentro del Partido Socialista Obrero Español, debiera saber mucho el católico José Blanco. No tiene Blanco autoridad alguna para exigir a los obispos la libertad de opinión y de acción que él ha negado siempre a muchos militantes de su partido. José Blanco, en efecto, desde el año 2001, ha sido el inquisidor máximo y el azote de los socialistas que se atrevieron a pensar por su cuenta. Ahí están para demostrarlo Gotzone Mora, Cristina Alberdi, Rosa Diez y Antonio Aguirre, entre otros muchos, ya que la lista de los expulsados del PSOE es muy amplia. Y el enorme pecado de todos estos heterodoxos socialistas fue la discrepancia, más o menos pública, con la doctrina oficial del partido.
Tanto José Blanco, como José Bono, pueden decir lo que quieran, hasta que se les apareció la Virgen de su pueblo. Pero si no respetan el magisterio de la Iglesia en lo que atañe a ese núcleo doctrinal básico y esencial, su afirmación de que son creyentes y católicos no va más allá de una carnavalada con muy poca gracia. Pero Blanco y Bono nos tienen acostumbrados a estas bufonadas impertinentes, que les retratan de cuerpo entero. A los que, de verdad, comulgan con la doctrina de la Iglesia no se les ocurren estas mascaradas absurdas de considerar que el aborto voluntario es lícito y un derecho incuestionable de la mujer.

Gijón, 21 de noviembre de 2009

José Luis Valladares Fernández