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domingo, 3 de mayo de 2015

ACABEMOS CON EL IMPUESTO DE SUCESIONES

Hemos tenido que llegar al final de la legislatura y estar a pocas fechas de unas nuevas elecciones municipales y autonómicas, para que el presidente autonómico asturiano, Javier Fernández, se haya dado cuenta de las numerosas deficiencias que presenta, en Asturias, el actual impuesto de Sucesiones. En declaraciones recientes a Onda Cero, reconoce que "hay cosas que mejorar" en dicho impuesto y promete solemnemente que, si gana las elecciones, en ningún caso se contabilizarán los primeros 150.000 euros, para evitar  los conocidos  “errores de salto”, que suelen producirse con relativa frecuencia. Y nos recuerda que, las herencias están completamente exentas de  cargos mientras no sobrepasen esos 150.000 euros, pero con un solo euro que pase, el heredero pasaría a pagar 18.000 euros.

Quizás estemos ante un simple señuelo del presidente asturiano para captar votos con vistas a las próximas elecciones municipales y autonómicas. Puede tratarse igualmente, de una de esas promesas que, como dijo el inefable profesor, Tierno Galván, ·”están hechas para no cumplirlas”. Y puede, por qué no, estar hablando en serio, y comprometiéndose formalmente con los asturianos. En cualquiera de los casos, el verdadero problema del impuesto de Sucesiones no está en esos absurdos “errores de salto”, que denuncia Javier Fernández. Tampoco está en la forma o la manera de gestionar ese impuesto. El problema es el propio impuesto de Sucesiones.

No olvidemos que, en España, las Comunidades Autónomas gestionan los impuestos de Sucesiones y Donaciones como les place, fijando cada una de ellas su baremo particular. Por lo tanto, es inevitable que el impuesto de Sucesiones sea mucho más alto en unas Autonomías que en otras, lo que da lugar a que haya españoles que se sienten fuertemente discriminados por razón de su residencia. Y mientras no se trate a todos los españoles de la misma manera y se eviten esos agravios comparativos, los ciudadanos pudientes cambiarán su residencia fiscal y, como sucede actualmente, serán frecuentes las deslocalizaciones de patrimonios y empresas, buscando siempre la región que  menos impuestos cobre.

Está visto que el fisco español es insaciable, y trata de sacar tajada hasta de la muerte de quienes, a base de sacrificio y mucho esfuerzo personal, lograron reunir un capital interesante. Y lo hicieron, cómo no, sin ninguna ayuda oficial, y sin que nadie les regalara nada, derrochando, eso sí,  grandes dosis de pasión y de amor para facilitar a los suyos un futuro lo más halagüeño posible. Y aunque, en su momento, pagaron religiosamente cuantiosos impuestos por todo lo que iban adquiriendo y ahorrando, resulta que, sus hijos y allegados más próximos, tienen que volver a pagar otra tasa fiscal desmesurada para heredar esos mismos bienes patrimoniales.