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miércoles, 13 de marzo de 2013

NI RUBALCABA NI CHACÓN


Las veleidades soberanistas del primer secretario del PSC, Pere Navarro, han descolocado al incombustible Alfredo Pérez Rubalcaba, provisional líder del PSOE. Fue el pasado día 19 de febrero, cuando Pere Navarro abrió la caja de los truenos en la Cámara de Comercio de Barcelona y solicitó abiertamente, ante un grupo de empresarios, la abdicación del Rey Juan Carlos a favor de Don Felipe. Se trata, claro está,  de una simple ocurrencia que ni siquiera avalan los demás miembros de su propia formación política.

Con semejante andanada, además de poner en peligro el ya problemático entendimiento entre el PSOE y el PSC,  el líder de los socialistas catalanes dejó al pobre  Rubalcaba a plena intemperie en el momento menos oportuno, precisamente cuando estaba preparando su primera intervención en un Debate del Estado de la Nación. Esta salida por peteneras de Pere Navarro desconcentró a Rubalcaba y lo dejó totalmente tocado y sin argumentos para criticar con contundencia la actuación del Gobierno y de su presidente. Esto explica el lamentable papelón que hizo en ese debate el todavía secretario general de los socialistas españoles.

Y como las desgracias nunca vienen solas, Rubalcaba se encuentra, muy pocos días después,  con otra inoportuna pirueta del rebelde Pere Navarro. El pasado 26 de febrero se votaban en el Congreso dos propuestas de resolución, una de CIU y otra de la Izquierda Plural. Y en ambas se reclamaba el respeto al derecho a decidir de los catalanes e instaban al Gobierno a que autorizara la convocatoria de una consulta popular en Cataluña. El primer secretario del PSC y sus huestes, con la excepción de Carmen Chacón, desoyendo las pertinentes recomendaciones del PSOE, apoyaron unánimemente la celebración de esa consulta, siempre y cuando sea “legal y vinculante”.

Con esta postura perturbadora, los socialistas catalanes se reafirmaron, una vez más, en sus tesis soberanistas, y con este encontronazo con el PSOE, nos demostraron palpablemente que, al día de hoy, no hay ningún tipo de sintonía entre ambas fuerzas políticas. Y algo tendrá que ver en esta especie de divorcio entre el PSC y el PSOE, la falta evidente de liderazgo de Alfredo Pérez Rubalcaba. Y es que el secretario general de los socialistas no tiene tirón, carece totalmente del carisma y del don de gentes que utilizan los verdaderos líderes políticos para fascinar a las gentes primero, y arrastrarlas después.

Los líderes carismáticos no se hacen, como los buenos poetas y los pintores tienen que nacer. Los líderes prefabricados, los de diseño, como es el caso de Rubalcaba, jamás serán capaces de seducir  y de someter a nadie. Los que carecen de semejante don de gentes y del más mínimo atractivo personal, jamás serán capaces de ilusionar a nadie. Los advenedizos tendrás que apoyarse necesariamente en algún suceso extraordinario de tipo social, político o económico para enfervorizar a las masas y hacer que estas les obedezcan. Es lo que hizo precisamente Rubalcaba en vísperas de las elecciones generales de 2004,  utilizó el terrible atentado del 11-M para cercar primero las sedes del Partido Popular y después ganar las elecciones.

Esa ruptura de la disciplina de voto por parte de Navarro y sus huestes estuvo a punto de acabar con esa larga etapa de convivencia y entendimiento entre el PSOE y el PSC. Destacados miembros de ambos partidos confesaban abiertamente que la situación era insostenible. El mismo Alfonso Guerra, por ejemplo, estaba convencido de que la ruptura entre ambas formaciones era ya inevitable y que, en adelante, el PSOE tenía que desembarcar en Cataluña con sus propias siglas.

Aunque Rubalcaba se llevó un gran disgusto por la desobediencia y los desplantes de Pere Navarro, lo disimuló como pudo y trató de calmar los ánimos y de frenar los aires de ruptura que se respiran en el ambiente. Sabe perfectamente que, desde que abandonó el Ministerio de Interior, no le tiene miedo nadie, ni en el PSOE ni en el PSC, y cada vez son menos los que le respetan y obedecen. Así que, tratando de sobreponerse a semejante fracaso, recurre a lo único que sabe hacer, a pastelear con unos y con otros para jugar con ventaja la que probablemente sea su última baza.

Tratando de no armar mucho ruido, Rubalcaba acepta que se imponga una multa de 600 euros a todos los diputados del PSC por no haber acatado la disciplina de voto. Propicia igualmente  que José Zaragoza dimita de su cargo en la dirección del Grupo Parlamentario Socialista, pero no va más lejos. Quiere hacernos ver que se trata simplemente de pequeñas discrepancias con los socialistas catalanes, discrepancias que habrá que revisar cuidadosamente, pero nada más. Por lo tanto, no habrá ruptura y se mantendrá la relación y cooperación amistosa entre ambas fuerzas políticas.

Dice Rubalcaba que, en adelante, “El PSC debe consultar al PSOE cuando decida un tema sobre España y el PSOE debe consultar al PSC cuando decida un tema sobre Cataluña”. Con esta frase, el secretario general de los socialistas españoles se retrata y deja entrever que tiene una idea muy pobre de la unidad de España y de la igualdad entre todos los españoles. Pero esto, para Rubalcaba, tiene muy poca importancia. Es cierto que pretende cerrar, cuanto antes mejor,  el frente que le han abierto los diputados catalanes, pero solamente después de sacar el mayor provecho posible a las discordias que se han desatado en el seno del PSC.

La postura adoptada por Carme Chacón en la polémica desatada con la consulta soberanista catalana la indispuso con unos y con otros. Al mantenerse al margen en el pleno del Congreso, y no votar en contra  de la resolución de CIU y de Izquierda Plural, molestó a los del PSOE. Se enemistó igualmente  con el PSC al desmarcarse de sus directrices y no apoyar dicha resolución. Este comportamiento de la ex ministra Chacón fue calificado directamente por Pere Navarro como “poco leal”. Al reconstruir los puentes rotos, no es de extrañar que un personaje tan retorcido como Rubalcaba, intente deshacerse de la amenazante sombra de Carme Chacón, aprovechando ese distanciamiento de ella con el PSC.

De todos modos Alfredo Pérez Rubalcaba no gana para disgustos porque está viendo que, el camino hacia la Presidencia del Gobierno, cada día está más lejos. Es cierto que maneja muy bien la dialéctica y que comunica de manera bastante aceptable, pero pesa mucho su historia. De ahí que no cuaje ninguna de sus aspiraciones y crezca alarmantemente cada día el número de los ciudadanos que le rechazan. Según una de las últimas encuestas, Rubalcaba bate negativamente todos los récords: un 94% de los encuestados no se fía de él y un 87% cuestiona su labor de oposición. Hasta un 79% de los votantes del PSOE desaprueba su manera de liderar esa oposición.

Cada día está más claro que Rubalcaba no da la talla para presidir un Gobierno de España. Despertó muchas expectativas en un principio, pero que se han esfumando rápida y gradualmente con el tiempo. Abusó quizás  de la demagogia barata que suele utilizar la izquierda y también ha pesado mucho su pasado reciente y remoto. No es una buena carta de presentación el haber sido vicepresidente del Gobierno que nos llevó al  mayor desastre económico que se conoce. Y lo malo es que el PSOE, hasta ahora, no ha encontrado una alternativa mejor. Porque  Carme Chacón, que ha estado al acecho y tenía un buen número de valedores, sobre todo entre los socialistas catalanes, no es más que un mal bluf para esos menesteres.

Para asumir el cargo de presidente del Gobierno hace falta algo más que buena voluntad, que es lo único que nos ofrece la ex ministra Chacón. Podrá ser una buena secretaria general del PSOE, nadie lo duda, pero para presidir el Gobierno de España, hace falta algo más. Aunque tenga raíces andaluzas, y dejando a un lado si apoyó o no en su día a Pepe Rubianes, ha dado muestras, más que sobradas, de su exacerbado catalanismo. Y con ella al frente del Gobierno, volveríamos nuevamente al zapaterismo y todas sus acciones estarían marcadas por las ocurrencias más variadas y por la improvisación. ¡Que razón tenía Juan Carlos Ibarra, cuando dijo que “Chacón es Zapatero con faldas”!

Gijón, 5 de marzo de 2013

José Luis Valladares Fernández

viernes, 4 de diciembre de 2009

EL NUEVO VÍDEO Y LOS MONTAJES DEL PSOE

Está más que visto y comprobado hasta la saciedad que solamente hay dos cosas que sabe hacer muy bien el Partido Socialista Obrero Español: la propaganda y el reparto equitativo de la indigencia y de la pobreza. Winston Churchill no lo pudo decir más claro: “La virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de miseria". Pero para el común de los mortales, tanto la propaganda huera, por muy vistosa que sea, como el reparto de la miseria, tienen claramente una connotación muy negativa.
Toda propaganda política, por muy sugestiva y atrayente que sea, si no se concreta en algo mensurable y real, no hace más que crear falsas expectativas que, a la larga, terminan por desilusionar gravemente a la sociedad. Y el reparto de miseria entre quienes carecen de muchas cosas básicas, desgarra la conciencia social de los individuos implicados y termina por crear en ellos un complejo terrible de culpabilidad. Y el problema, en situaciones de crisis económicas, se agiganta considerablemente, ya que los socialistas tratan de solucionarlo a base de simples prédicas o soflamas o con alguna otra ocurrencia llamativa. El resultado inmediato es un aumento fatídico de la pobreza y la desilusión colectiva.
Como tienen la experiencia de los continuos fracasos históricos, uno más no les pone nerviosos y mucho menos provoca en ellos la desesperanza. Más bien les motiva para tapar sus vergüenzas con nuevas ocurrencias o maniobras de ingeniería social, embobando así a unos y a otros. Como saben perfectamente que en esta crisis económica han perdido más plumas de la cuenta, se inventan la “nueva economía” contra la crisis, buscando así mejorar su maltrecha imagen.
Para presentar esta luminosa idea, José Luis Rodríguez Zapatero se rodea de toda la vieja guardia del PSOE, incluidos Felipe González, Alfonso Guerra y Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Y, como es habitual en él, organiza toda una gran fiesta política con presentadores, con banda de música y hasta con alfombra roja y todo. Como anécdota, los asistentes al acto, dirigiéndose a Zapatero, gritaban una y otra vez el lema aquel que patentaron los del sindicato de la ceja: ¡No estás solo!
Es evidente que al PSOE le importa un bledo la realidad y el contenido de las cosas. Solamente se preocupa de la fachada, de la imagen, para que aparezca espectacular ante los ojos de los ciudadanos. Y para lavar esa imagen y hacerla sostenible, elaboran un nuevo vídeo tan engañoso como los anteriores, pero que se ha convertido en la estrella de la Fiesta-Mitin del 21 de noviembre pasado. Video que, por supuesto, ya han colgado en su canal de Youtube.
El video actual está cortado por el mismo patrón que el resto de los vídeos elaborados por la productora de Ferraz. Se critica ácidamente al Partido Popular y, simultáneamente, se exaltan sin medida las supuestas virtudes del PSOE. La primera frase que aparece en pantalla es simplemente gratuita y reveladora de lo que viene después: "conservador es tener miedo al futuro, progresista es transformador". Eso sí, la crisis la han generado otros y son precisamente los socialistas los que pueden sacarnos de ella. Y con todo el voluntarismo del mundo insisten seguidamente: "Por eso, si se ha cambiado el modelo, nos toca cambiarlo a nosotros y nosotras".
Y pasan a enumerar en el video sus grandes aportaciones a la transformación de la sociedad española en poco menos que un edén. Y entre estas valiosas aportaciones, como no podía ser menos, nos destacan la Ley de Igualdad y el matrimonio gay, y nos prometen impulsar la nueva economía. Para visualizar mejor con este vídeo el inigualable espíritu transformador del socialismo, nos muestran diversas imágenes de flores que se abren majestuosamente, aludiendo con ello al símbolo del partido. Los del Partido Popular, en cambio, aparecen como hombres grises y ataviados con elegantes corbatas, que procuran atrasar su reloj disimuladamente. Son como un niño en flotador que no se atreve a saltar al agua.
El sarao o mitin-show montado en el Palacio Municipal de Congresos madrileño, al final, no pasó de simples fuegos de artificio, sin utilidad práctica alguna. El espectáculo, eso sí, se montó al más puro estilo norteamericano. Desde que Barack Obama llegó a la Casa Blanca, a Zapatero le ha entrado la fiebre por los modos y usos de aquel país. Los presentadores iban dando paso al escenario a los presidentes autonómicos, a los miembros del Gobierno y a los dirigentes del Partido que, a ritmo de jazz, iban avanzando por la alfombra roja, hasta su asiento en la grada central.
Para la entrada del Gran Jefe a escena, intentaron montar una presentación estelar o planetaria, que diría Leire Pajín, aunque al final prácticamente rozó el ridículo. Cuando llegó el momento de la entrada triunfal, los presentadores pregonan. “no estamos todos aún, falta alguien”. Y en ese momento aparece Zapatero con su señora en lo alto de una escalera mecánica y comienza su descenso majestuoso hasta la grada central.
El discurso de Zapatero, durante este acto de autoafirmación, fue totalmente decepcionante. Se esperaba que, aunque huyera de la autocrítica, anunciara alguna medida concreta que nos ayudara a salir de esta crisis. Pero, nada de nada. Lo mismo que en el vídeo, nos presenta al PSOE como la única salvación posible para remontar el vuelo y dejar atrás este prolongado bache económico. Habló de una “nueva economía” contra la crisis y, como no, de la dichosa “economía sostenible” que ni él mismo sabe de qué se trata. Pero no concretó nada. Para las medidas concretas, nos remite al Consejo de Ministros del día 27. Al final, como ya nos tiene acostumbrados, todo se reduce a simples fuegos de artifició. Una pirueta propagandística más de Zapatero que, al final, es lo único que sabe hacer.
De momento, sí sabemos que es insostenible el comportamiento del Gobierno ante la crisis. Como es insostenible el paro, la deuda y déficit públicos, que nos relegan al furgón de cola de la Comunidad Europea.

Gijón, 1 de Diciembre de 2009

José Luis Valladares Fernández