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viernes, 26 de noviembre de 2021

LAS CUENTAS ‘FAKE’ DE PEDRO SÁNCHEZ

 

 


            En una de las tiras cómicas del humorista gráfico José Rubio Malagón, vemos a una mujer que, sin el menor reparo, dice a su acompañante: “En política cada vez se habla menos y se rebuzna más”. Se trata, creo yo, de una broma más o menos graciosa, utilizada oportunamente por el autor del chiste para arrancar una sonrisa sincera a sus habituales seguidores.

Aunque no era ésta su pretensión, el autor de esta graciosa humorada hace una descripción perfecta de los políticos egoístas y caprichosos, que se olvidan rápidamente de las promesas que hacen para conseguir sus propósitos; y que, además, se despreocupan de los intereses generales, para dar prioridad a sus intereses particulares. Y eso es precisamente lo que viene haciendo Pedro Sánchez desde que llegó a la Moncloa.  

Se cansó de acusar a Mariano Rajoy de “amparar la corrupción” y le pedía insistentemente que dimitiera y dejara el poder. Daba por hecho que, con su llegada a la Presidencia del Gobierno, lograría “recuperar el valor y el sentido mismo de la política”. Y al restablecer de nuevo “la justicia social”, desaparecería la corrupción imperante y volveríamos a recobrar  la decencia en todas las instituciones del Estado.

Y lo que son las cosas, Pedro Sánchez terminó defenestrando a Rajoy y ocupando su puesto, pero terminó haciendo lo que, según el cómico Groucho Marx, suelen hacer la inmensa mayoría de los políticos: “buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico  falso y aplicar después remedios equivocados”. Lo malo es que, cuando se vio en poltrona monclovita, todos sus buenos propósitos se los había llevado el viento.

Pero aún hay algo más, ya que si comparamos los Gobiernos  de Pedro Sánchez y de Mariano Rajoy, es muy posible que encontremos muchas más sombras  y desfachateces en el primero, que en el segundo. No olvidemos que el presidente actual admite sin tapujo alguno, que “el dinero público no es de nadie”, tal como aseveró lapidariamente en su día la inefable Carmen Calvo Poyato, su anterior vicepresidenta primera del Gobierno. Y como el dinero que saquea a los sufridos españoles no tiene dueño, puede despilfarrarlo alegremente sin rendir cuentas a nadie.

Por lo que se ve, el presidente Sánchez pasa olímpicamente de las enormes privaciones que tienen que soportar los ciudadanos de a pie y hasta de las necesidades que pueda experimentar el propio Estado. De ahí, que funda ese dinero, dando la espalda a la realidad. Y lo que no malgasta en su propio boato, lo derrocha comprando voluntades, pagando favores personales y agasajando a familiares y amigos. Ahora, por ejemplo, ofrece un regalo de cumpleaños a los jóvenes que cumplen 18 años, con la malsana intención de comprar sus votos.

Y no es esto solo, ya que se niega a dar cuenta de los gastos que realiza con el famoso Falcón y el Super Puma, incumpliendo así la Ley de Transparencia. Y todos sabemos que viene abusando desvergonzadamente del helicóptero y el avión oficial, porque los utiliza hasta para acudir a eventos del Partido y para viajes privados, como ocurrió cuando la boda de su cuñado y con el Festival Internacional de Benicasim. Claro que, según fuentes del Gobierno,  tanto la boda de su cuñado, como el dichoso festival de música “tienen como objetivo el interés general del país”. Y si esto no es corrupción, que venga Dios y lo vea.

Y como a Pedro Sánchez le sobra soberbia y rebosa rencor y resentimiento a raudales, procurará ampliar lo más posible el coro de cómplices y de antiespañoles, que respalden incondicionalmente sus aberrantes decisiones. De ese modo, tiene garantizado su futuro al frente del Gobierno y puede simular que, gracias a ese gran coalición, está haciendo frente a la crisis que hace verdaderos estragos en el bolsillo de los españoles.

Y por si fuera esto poco, son muchos los medios de comunicación que airean y enaltecen públicamente las directrices que salen del Gobierno. Y lo hacen, claro está, sin tener en cuenta el alcance de las mismas y su grado de moralidad.  Y el presidente Sánchez, que no quiere más que oír, al sentirse halagado por toda esa tropa de aduladores baratos, deja de disimular y se dedica, sin más, a hacer promesas fastuosas y grandilocuentes, que no cumple jamás.

Se olvida, por lo tanto, de la orientación tradicional  que venía manteniendo el PSOE y abre nuevos derroteros, sin preocuparse de las posibles consecuencias. Es entonces cuando aparece el auténtico Pedro Sánchez, que utiliza exclusivamente criterios ideológicos y se olvida de la necesaria seriedad. Y el resultado no puede ser más nefasto. Como carece de principios morales y no respeta ni su propia palabra, realiza una política irresponsable y tremendamente sectaria, que menoscaba seriamente nuestra ya débil credibilidad internacional y espanta la inversión extranjera.

Pero es obvio que, si fallan las inversiones, se produce una peligrosa destrucción de riqueza, que causa verdaderos estragos en la economía, por las dificultades que encuentran muchas empresas para seguir funcionando. Y en realidad, es lo que ha venido sucediendo habitualmente desde que Pedro Sánchez preside el Gobierno socialcomunista que padecemos. Y   para complicar aún más la cuestión y despistar a los que soportan sus increíbles veleidades, de vez en cuando se atribuye supuestos ‘avances’ y numerosas ‘conquistas sociales’, que solo existen en su imaginación.

Sin lugar a dudas, estamos ante un personaje tan inconsciente como irresponsable,  que juega constantemente con las cosas de comer, ocasionando así cantidad de problemas de muy difícil solución. Se ha cansado de repetir que “los líderes independentistas no son de fiar”, porque siempre “han actuado de mala fe”, Por lo que es evidente, que no se puede hacer pactos con ellos. Pero, como no podía ser menos, terminó pactando con ERC y con el PNV.

Pasó exactamente lo mismo con los proetarras de Bildu. Después de repetir hasta la saciedad que “con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo digo 20 veces”. Y también aseguró que no se sentaría con Bildu, ni siquiera “para decirles que no” quería sus votos. Y mira por donde, terminó asumiendo que Arnaldo Otegui era realmente un hombre de paz.

Y como su irresponsabilidad no tiene límites, y no se siente obligado a cumplir su palabra, no dudó en afirmar, que jamás concertaría acuerdos  con el populismo de Podemos. Y todo porque “el final del populismo es la Venezuela de Chávez, la pobreza, las cartillas de racionamiento, la falta de democracia y, sobre todo, la desigualdad”. Y agregó seguidamente que, aceptando el apoyo de Unidas Podemos, “sería un presidente del Gobierno que no dormiría por la noche”.

Pero  es público y notorio que Podemos solo quita el sueño a los ciudadanos que viven honradamente de su trabajo. Pedro Sánchez, en cambio, solo se desvela, si ve que hay posibilidades de perder la poltrona. Y para no correr ese riesgo, comete la estupidez de conspirar con los que quieren acabar definitivamente con la unidad de España. Todo un desvergonzado contubernio que, unido a su desastrosa gestión de la pandemia, provocó la desaparición de cantidad de empresas que daban de comer a muchas familias. Y esto ha supuesto, quién lo iba a decir, toda una verdadera tragedia para la sufrida clase media española.

El resultado no ha podido ser más catastrófico. Con la irremediable desaparición de empresas, se produjo una destrucción directa de muchos puestos de trabajo, lo que dio lugar a que se disparasen escandalosamente las listas del paro, con el consiguiente aumento de la pobreza. A partir de ese momento, comenzaron a multiplicarse y a crecer las conocidas ‘colas del hambre’, para buscar comida en las distintas asociaciones benéficas. Y si estas organizaciones benéficas atendían antes a una media de 400 familias, en apenas un año, se vieron obligados a prestar atención a unas 4.000 familias al día, que ya es decir.

Aunque las evidencias dicen todo lo contrario, el presidente Sánchez y su vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, sostienen que estamos disfrutando ya  de una “recuperación robusta, sólida y mucho más justa”, que en la salida de la anterior crisis económica. Y van más lejos aún y afirman descaradamente que somos la envidia de todos los países de Europa, cuando todos los indicadores económicos demuestran que estamos bastante peor que todos ellos.

Los resultados del paro en España no pueden ser más descorazonadores y deprimentes. En septiembre, la tasa de paro en la Unión Europea alcanzó el 6,7% y, en la eurozona el 7,4%. En España, sin embargo, sobrepasamos ampliamente esos porcentajes,  ya que nos encontramos con un 14,6% de paro. No hay nadie en la Unión Europea, que tenga tantos desempleados como nosotros. Nos sigue Grecia con un 13,3% y después Italia con un 9,2% de paro.

También lideramos, que casualidad, las listas del paro juvenil en la Unión Europea y hasta en la OCDE, ya que contamos con un escalofriante 30,6% de menores de 25 años que no tienen trabajo. Nos sigue muy de cerca Italia con un 29,8% de desempleo juvenil. Los demás países están bastante mejor, aunque muy lejos de igualar el 4,2% de paro juvenil de Japón, o el 6%  de Corea del Sur.

Puede ser que a Pedro Sánchez y a Nadia Calviño, les guste vivir instalados en un mundo de ciencia ficción. Porque si no es así, es incomprensible que sigan afirmando incesantemente, hasta desgañitarse, que los demás países de nuestro entorno envidian nuestra situación económica, cuando encabezamos en solitario las listas del paro y sobrepasamos a todos en déficit público. Y por si esto fuera poco, digámoslo claramente, también ocupamos la cola del crecimiento económico del mundo occidental.

Se da la circunstancia, que los datos económicos de España son especialmente desastrosos. En 2020, nuestro PIB registró un descenso del PIB del 10,8%, que es la mayor caída de los últimos 85 años. Y todo, por la deplorable gestión que se hizo de la pandemia. Ningún otro país de la OCDE tuvo que soportar una caída tan descomunal como la nuestra.

Ni que decir tiene que, en un principio, el Gobierno se dejó llevar por el optimismo y, para remediar el descalabro, prometió creceríamos en un porcentaje muy cercano al 10% durante el año 2021. No tardó mucho en moderar sus expectativas y retrasar el grueso de la recuperación un año más, indicando que nuestro PIB crecería un 6,5% en 2021 y un 7% en 2022. Pero llegó Bruselas y destrozó de un plumazo las cuentas ‘fake’ de Pedro Sánchez, al dejar claro que España apenas crecería un 4,6% este año y, como mucho, un 5,5 en 2022.

Es verdad que el presidente Sánchez no hace más que vender humo y, así, no hay manera de salir de esa situación económica tan complicada. Y aunque las evidencias indican que seguimos estando en la cola del crecimiento europeo, se empeña en alardear que nadie crece tanto como nosotros. Entre julio y septiembre, el PIB de España solo creció un decepcionante 2% en tasa trimestral. Y fue igualmente calamitoso el aumento de  nuestro PIB en  tasa interanual, ya que solo repuntó un 2,67%, que es un porcentaje insuficiente y muy alejado de lo que esperaba el Gobierno.

Aunque Italia y de Portugal, por citar países de nuestro entorno, tampoco tuvieron un crecimiento económico muy boyante. Pero debemos reconocer que crecieron significativamente mejor que el nuestro, ya que su crecimiento interanual, estuvo muy cerca del 4%. Y no digamos nada de Grecia que, esta vez, dejó a España en evidencia, ya que su PIB, en tasa interanual, creció, ahí es nada, un magnífico 16,2%, nada menos que ocho veces más que nosotros.

Y lo malo es que, para redondear nuestro desastre económico, además de un paro tan enorme y de un crecimiento tan anémico e insuficiente, tenemos que enfrentarnos con un déficit totalmente desbocado, que superará incluso el 4%. Y a esto hay que agregar una inflación desenfrenada que, al cerrar el ejercicio de 2021, puede sobrepasar la desorbitante cantidad de 30.000 millones de euros.

Y dando muestras de una irresponsabilidad insuperable, Pedro Sánchez se ha empeñado en elaborar unos Presupuestos absurdos para 2022, porque aumentan disparatadamente la presión fiscal y los gastos sociales. Y si logra sacarlos adelante, como no habrá manera de alcanzar los ingresos programados, se disparará nuestra deuda pública hasta límites inasumibles, ya que puede llegar al 120 de PIB, y entonces nos hundirá aún  más en la miseria.

 Gijón, 25 de noviembre de 2021

José Luis Valladares Fernández     

martes, 27 de julio de 2021

DONDE NO HAY ESTABILIDAD ECONÓMICA CRECEN LAS COLAS DEL HAMBRE Y LA MISERIA

 



Es de dominio público, que las marionetas utilizadas en algunas representaciones teatrales, son figuras que personifican indistintamente a seres humanos, animales o a otros seres fantásticos. Pueden ser de distinto tamaño y estar hechas con cualquier clase de material. Y al ser manejadas por el titiritero de turno, adquieren personalidad propia, llena de vida, aunque se trate de una vida dependiente de quien maneja los hilos.

El teatro de las  marionetas o títeres hunde sus raíces en una época muy remota y ha gozado siempre de una inmensa popularidad, tanto en la civilización oriental como en la occidental. Y se recurre normalmente a estos espectáculos de tipo mágico o religioso para hacer frente a la superstición y para para huir del miedo que se siente ante lo desconocido y, también para entretener y divertir a la audiencia.

Es muy posible que estas representaciones teatrales comenzaran a realizarse inicialmente en Egipto. Sabemos que, entre las ruinas de la antigua ciudad egipcia de Antínoe o Antinópolis, en la ribera oriental del Nilo, apareció un barquito,  junto a unos trozos de hilos y varias figuras pequeñas de marfil. Una de esas figuras era articulada y podía moverse manejando diestramente unos hilos. Ni que decir tiene que esa sería una de las primeras marionetas de la historia.

Y esa manera de hacer teatro se iría extendiendo, aunque muy lentamente, al resto del mundo. En China, por ejemplo, las marionetas ya eran muy conocidas  en el año 1000 a.C., y solían utilizarse en las celebraciones festivas de la corte de la dinastía Zhōu, más como simple arte mágico que como entretenimiento.

Estas representaciones teatrales con muñecos, faltaría más, también llegaron a Occidente. El historiador Herodoto, que vivió entre los años 484 y 425 a.C., ya habla en sus escritos de esas figurillas articuladas, que podían moverse con unas cuerdas o con alambres. Y según cuenta Jenofonte, en el año 422 a.C., Callias tenía contratado a un ciudadano de Siracusa, que se ocupaba principalmente de distraer a sus huéspedes, montando esa especie de espectáculos.

Y para saber lo importante que eran las representaciones con figuras animadas en Roma, no tenemos nada más que recurrir a historiadores de la talla de Tito Livio, o a poetas famosos como Horacio u Ovidio, que conocemos sobradamente todos los que estudiamos latín. No había mejor manera de divertir a los niños y de entretener a los adultos, que utilizar esos muñecos para parodiar los excesos, reales o ficticios, de  las personas que han llegado a la fama.

En épocas pasadas, las marionetas o títeres eran muñecos de trapo, de madera o de cualquier otro material, y se accionaban por hilos para imitar los movimientos de los seres humanos. Hoy día hemos progresado tanto  que, en muchos casos, son los propios interesados los que se representan a sí mismos, asumiendo directamente el papel, que antes tenían las marionetas. Es lo que pasó, ni más ni menos, con Pedro Sánchez Pérez-Castejón que, desde que llegó a La Moncloa, actúa como si fuera un muñeco en manos de los populistas y comunistas patrios, de los separatistas vascos y catalanes y hasta de los proetarras de Bildu.

Eso indica al menos la última remodelación que hizo del mastodóntico Gobierno que padecemos. En el Ejecutivo de coalición que él mismo preside, había y sigue habiendo dos tendencias claras e irreconciliables, que reducen claramente su operatividad. Y en vez de cortar por lo sano, Pedro Sánchez sustituye  sin más a militantes fieles de su propio partido y mantiene en el puesto a quienes, desde el principio, han procurado marcar el paso al Gobierno y no han respetado nunca las tradicionales reglas del juego político.

Y mira por dónde, entre los cesados  tenemos nada menos que a Carmen Calvo, la vicepresidenta primera, ministra de la Presidencia y Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, que ha sido una de las personas que más se ha molestado para que el presidente Sánchez llegara a donde llegó.

Es evidente que la vicepresidenta primera del Gobierno cometió el error de criticar públicamente las inaceptables barbaridades de la ‘ley trans’ porque, entre otras cosas, destruye hasta el concepto mismo que las feministas históricas tienen de la mujer. Hay que tener en cuenta, que la ‘ley trans’  es uno de los proyectos estrella de Unidas Podemos, que presenta y defiende Irene Montero, la impresentable ministra de Igualdad.

Y oponerse desde el Gobierno a la libre autodeterminación de género, negando a las personas la posibilidad de cambiar libremente a su antojo el nombre y el sexo en el DNI, puede provocar la enemistad y las represalias de Podemos. Y el insaciable Pedro Sánchez, para apaciguar y tranquilizar a los responsables de la formación morada, quien lo iba a decir, sirvió a Irene  Montero en bandeja de plata, la cabeza de Carmen Calvo.

No obstante, debemos admitir que la defenestración del ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, resulta aún mucho más llamativa que la caída en desgracia de Carmen Calvo. Es incomprensible que Pedro Sánchez haya prescindido tan fácilmente de quien, sin duda alguna, fue su auténtico fontanero político, de quien más le ayudó a tomar decisiones concretas, para ayudarle a escalar puestos políticos importantes.

Para empezar, hay que reconocer que fue precisamente Ábalos quien negoció, con toda esa tropa de separatistas vascos y catalanes, los diferentes apoyos que necesitaba Sánchez para que prosperara su moción de censura contra Mariano Rajoy. Y por si fuera esto poco, no terminó ahí la ayuda de quien fuera hasta ahora ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, ya que también hay que atribuir al propio Ábalos, la formación del equipo que puso en marcha el actual Gobierno de coalición con Unidas Podemos.

Cabe también la posibilidad, cómo no, que Sánchez haya decidido cesar a José Luis Ábalos, sin previo aviso, por haber sido excesivamente exigente con las mesnadas de Podemos que pastorea ahora  Ione Belarra. No olvidemos que, por culpa de esa rigidez, fracasó en su intento de consensuar  una Ley con los socios actuales del Gobierno, para garantizar la función social de la vivienda y mantener a raya los precios de alquiler.

De todos modos, ha servido de muy poco la remodelación gubernamental que ha hecho Pedro Sánchez. Como dice el refrán castellano, para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Una vez puesto, es lamentable que no haya aprovechado la ocasión para aligerar sensiblemente el número de ministerios y, sobre todo, para deshacerse de los ministros incompetentes que lastran gravemente la actuación de su Gobierno. Y por supuesto, ser bastante más cuidadoso a la hora de elegir a los nuevos miembros del Ejecutivo que sustituyen a los cesados.

Pero está visto que Pedro Sánchez no tiene arreglo y, por ahora, tendremos que apechar necesariamente con sus zarandajas y necedades. De momento seguimos, no sé por cuanto tiempo más, con el Gobierno más numeroso, más caro y más ineficaz de nuestra historia. Y todo, creo yo, porque no sabe hacer otra cosa. Y una de dos, o paramos los pies a tiempo a este incorregible y malvado Adonis, o el futuro de España correrá un serio riesgo económico y social de proporciones insospechadas.

Y a pesar de todas las evidencias en contra, el impresentable presidente Sánchez seguirá pensando efectivamente que, con esta remodelación ministerial, ha conseguido formar el mejor de los Gobiernos posibles. De ahí el desbordante optimismo que derrochó al hacer públicos los cambios realizados en su gabinete. Comenzó la comparecencia, subrayando estas palabras: “hoy comienza el Gobierno de la recuperación” que acabará, “por completo”, con todos los males  que sufre España. Y lleno aparentemente de satisfacción se atrevió a decir que había llegado el momento de impulsar la agenda de cambios y “dar el gran salto adelante”.

En esta ocasión, Pedro Sánchez soltó esta llamativa locución porque le gustan las frases expresivas y contundentes, aunque después, la realidad vaya por otros derroteros más bajos. Y utilizó ese slogan, porque ignoraba que, detrás del Gran Salto Adelante, se ocultaban las medidas económicas, sociales y políticas implantadas por Mao Tse Tung en China entre los años 1958 y 1961, con un resultado francamente apocalíptico. Todo un genocidio, que se cobró de aquella, quién lo diría, más de cincuenta millones de muertos por hambre.

Y por mucho que se empeñe Pedro Sánchez en ocultar la realidad y proclame insistentemente que hemos comenzado la recuperación, los hechos nos muestran todo lo contrario. Todos los indicadores económicos nos dicen que vamos camino del desastre más absoluto, ya que, desde 2018, no ha hecho más que empeorar la situación. Así que, con coronavirus o sin coronavirus, seguiremos, vete a saber hasta cuando, en la cola de Europa y de la OCDE. Porque, no le demos más vueltas, nadie ha gestionado tan mal la pandemia como nuestro presidente.

Analizando por separado los distintos indicadores económicos, veremos que, en 2017, el PIB español creció un 3%, mientras que en 2018 ese crecimiento se redujo al 2,4%, y en 2019 se quedó en un modesto 2%. El verdadero naufragio de la economía española se produjo en 2020, que rompió, ahí es nada, con seis años de crecimiento y registró un descenso de nada menos que un 10,8%, que prácticamente duplica el descenso  de la producción económica del resto de las economías  desarrolladas. Y por lo que parece, el PIB de España sigue el mismo rumbo en 2021, ya que cerramos el primer trimestre,  con una caída de otras 4 décimas más.

Y si revisamos detenidamente el indicador del déficit público, veremos que llegamos a la misma conclusión que con el análisis del crecimiento del PIB. A base de recortes y de reducir el gasto público, Mariano Rajoy logró bajar el déficit público del 11%, al 3% del PIB. Y se mantuvo más o menos estable en ese 3%,  a lo largo del año 2018 y 2019. Pero gracias a la desastrosa gestión del presidente Sánchez y su banda, que casualidad, se volvió a disparar otra vez al 11% del PIB, nada menos que cuatro puntos por encima de la media de la Unión Europea.

Y no digamos nada si ponemos el foco en la deuda pública que complica cada vez más nuestra situación económica. Es verdad que, en general, las Autonomías y los Ayuntamientos han comenzado a reducir su deuda, pero el Estado sigue gastando sin control. Si examinamos los datos suministrados por el Banco de España, veremos que en mayo de 2021, solo por culpa del endeudamiento fiscal, batíamos todos los records de deuda, ya que llegamos a alcanzar los 1,4 billones de euros, superando ampliamente el 125% del PIB.

Pasa exactamente lo mismo con el paro. Ateniéndonos a los datos que ofrece mensualmente la Oficina Europea de Estadística Eurostat, comprobaremos que, a primeros de junio de 2018, fecha en la que Pedro Sánchez aterrizó en La Moncloa, España sumaba ya la abultada cifra de 3.162.162 parados. A partir de entonces, esa cifra siguió creciendo imparablemente, de modo que, al cerrar mayo de 2021, llegábamos ya a los 3.614.392 desocupados, nada menos que 452.230 desempleados más.

A finales de mayo, por lo tanto, teníamos en España un 15,3% de paro, mientras que en la Unión Europea no pasaban del 7,3% de media. Si contáramos también los trabajadores parados, que el Gobierno procura camuflar en los ERTE y los autónomos que están en cese de actividad, el número de desempleados podría sobrepasar holgadamente los 4,9 millones. Y esto nos llevaría, claro está, a un escandaloso 22%  de paro real.

Hay que tener presente, que el aprendiz de brujo que rige nuestros destinos no vale nada más que para presumir. Y para darse más importancia de la que realmente tiene, el presidente Sánchez intentará sobrevalorar exageradamente, como ya vimos, su última remodelación del Ejecutivo, anunciando a bombo y platillo que, gracias a esos cambios, hemos iniciado ya la tan traída y llevada recuperación económica. Y todos sabemos que eso no es nada más que una vana ilusión, un canto a la luna de un empedernido narcisista que se ha enamorado de sí mismo.   

Y para que creamos en la bondad de sus intenciones, Pedro Sánchez nos dice que, a partir de ahora, será Nadia Calviño, la nueva vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital de España, la encargada de pilotar la economía española. Hace falta, eso sí, que atendamos minuciosamente las  indicaciones de Calviño, porque así no tardaremos en enfilar el camino de la huidiza recuperación económica.

Nos presentan a Nadia Calviño como si fuera un auténtico “dique de contención” contra las aspiraciones suicidas del sector populista del Gobierno. Y de hecho, se ha referido muchas veces al incipiente crecimiento económico que no acaba de llegar. En realidad, se repite ineludiblemente la historia de los fallidos brotes verdes, que trató de vendernos la antigua ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado. Pero la realidad es muy tozuda, y no aparecen los brotes verdes y tampoco llega la deseada estabilidad económica.

De todas maneras, sabemos que Nadia Calviño está condicionada lamentablemente por un embustero patológico de la calaña de Pedro Sánchez, que se comporta como una auténtica marioneta, que manejan a su antojo los dirigentes de Podemos. Y justamente por eso, cada vez que han surgido discrepancias entre los dos bloques del Gobierno de coalición, siempre ha prevalecido el criterio de los ministros más radicales del Ejecutivo. Es normal ya que, a ser posible, hay que eternizarse en La Moncloa.

 

Gijón, 23 de julio de 2021

 

José Luis Valladares Fernández



sábado, 22 de mayo de 2021

BATACAZO DE LA IZQUIERDA ESPAÑOLA EN MADRID

 

No hace falta ir a Salamanca para saber que, a lo largo de la historia, siempre ha habido personas  irresponsables, ávidas de poder, que utilizan descaradamente la mentira y el engaño en beneficio propio. Rastreando en los anales de la antigua Grecia, ya encontramos protagonistas mitológicos como Dolos, que era uno de los espíritus que se escapó de la famosa caja de Pandora y comenzó a vivir entre los hombres, rodeado siempre, eso sí, de los célebres pseudologos (Ψευδολογος) o las mentiras que él mismo creaba.

Si nos atenemos a lo que cuentan las antiguas crónicas helenas, Dolos terminó de aprendiz con el titán Prometeo, que se dedicaba a mejorar las cualidades de los hombres para que pudieran parecerse a los dioses. Y cuando este astuto titán estaba modelando a Alétheia (αλήθεια) o la personificación de la verdad, recibió una inoportuna llamada de Zeus, que le obligo a ausentarse precipitadamente del taller, dejando al aprendiz Dolos custodiando la inacabada obra.

Tan pronto como el intrépido Dolos se vio solo, decidió aprovechar la ocasión y comenzó rápidamente a modelar con sus propias manos una réplica de la figura que estaba haciendo su maestro. Pero no tenía arcilla suficiente, y tuvo que salir a buscar más para poder rematar los pies. Cuando volvió con el barro que necesitaba para rematar la hazaña, ya era demasiado tarde. El titán  había regresado antes de lo previsto y, maravillado por la similitud de las estatuas, metió las dos al horno, aunque la de Dolos no tenía pies.

Y cuando terminaron de hacerse, Prometeo completó la obra, insuflando vida a las dos efigies. Y sucedió, cómo no, lo que tenía que suceder. Cuando salieron del horno, Alétheia, la verdad, caminaba grácilmente y con pasos firmes y seguros, mientras que su gemela, la mentira seguía sus huellas tambaleándose y casi sin sostenerse. A partir de entonces, Dolos se convirtió obviamente en la personificación del fraude y la falacia.

Siempre ha habido, es verdad, cierto grado de prevención contra los políticos que se ocupan de las labores de Gobierno. Pero ese recelo o desconfianza se desmadró con la llegada de  Pedro Sánchez a La Moncloa. No olvidemos que estamos ante un personaje sediento de poder y sin escrúpulos, que no piensa nada más que en sí mismo. Es normal, por lo tanto, que recurra constantemente a la artimaña y al embuste,   para dar pábulo a su ambición desmedida y poder salir con la suya.

Gracias a su comportamiento irregular, este ficticio y mitómano doctor, que encarna la recreación perfecta  de la imagen creada por Dolos en el taller de Prometeo, terminó siendo, qué casualidad, el trolero mayor del reino. Y como es extraordinariamente ególatra y autocomplaciente consigo mismo y carece de ideas propias, suele improvisar soluciones extremas para mantenerse  a toda costa en la cresta de la ola.

Está visto, que el presidente Sánchez no ha tenido nunca remordimientos de conciencia, aunque suele despreciar sistemáticamente  hasta los principios morales más básicos. Y en consecuencia, se comporta como cualquier aventurero irresponsable, que solo busca su interés personal. Y por si esto fuera poco, aún conserva, creo yo, muchos caprichos típicos de adolescente progre. Y esto, claro está, le ha llevado a romper todos los esquemas habituales con la institucionalización de la trampa y el engaño, originando así una auténtica crisis de credibilidad desconocida hasta entonces.

Y para mantener el boato y la fastuosidad que deseaba, Pedro Sánchez procuró rodearse de un numeroso y variado equipo de lacayos  y costaleros, elegidos entre sus prosélitos y amiguetes. A pesar de todo, deben comprometerse, ahí es nada, a defender ciegamente las falsedades y los embustes que proponga su propio jefe, y responder siempre  con el consabido ‘síseñor’ a todos sus requerimientos.

Ese tipo de compromiso entre el presidente Sánchez y sus domesticados peones comenzó a ser bastante más llamativo, cuando Isabel Díaz Ayuso se volvió contestataria y puso en solfa las recomendaciones del Ministerio de Sanidad. Y explotó bruscamente con los sorprendentes resultados electorales del pasado 4 de mayo. Ahí Pedro Sánchez perdió definitivamente los estribos, y su ‘Ayuso-manía’ le llevó a cometer muchos errores de bulto.

Y sin más preámbulos, el presidente del Gobierno la emprendió contra los electores, tildándoles, faltaría más, de ser profundamente desleales a la hora de acudir a las urnas, acusándoles de traicionar gratuitamente a la izquierda. Ni que decir tiene, que no es esa la mejor manera de recuperar el apoyo de unos votantes desilusionados, ya que avergonzándoles públicamente y poniéndoles en la picota, terminarán siendo irrecuperables.

Con el fracaso electoral del 4 de mayo, Pedro Sánchez bajó de las nubes y vio que, de seguir así, terminarían echándole inapelablemente de La Moncloa. Ante tal perspectiva, quedó sumido, ni más ni menos,  en un preocupante estado de shock, que no le deja ver la realidad. Y eso le llevó, creo yo, a concentrar todos sus ataques y diatribas  contra Díaz Ayuso,  señalándola como la verdadera culpable de la situación epidemiológica de la terrible pandemia que padecíamos en España. Y esto fue determinante para que todo el sanchismo socialcomunista la emprendiera contra la presidenta  madrileña.

A partir de ese momento, Isabel Díaz Ayuso sería lisa y llanamente la culpable de la llegada masiva de tantos franceses, que venían a España en busca de fiesta y jolgorio. Y por lo visto, si nos atenemos a lo que ha dicho recientemente la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, también es Ayuso la responsable de que no vengan los británicos. Pues es sabido que el Reino Unido  borró a España de la lista de los países seguros  a los que se puede viajar sin riesgo de coger el virus. Y todo, porque lo único que importa en Madrid, es la libertad para poder “irse de cañas” e “irse a los toros”.

Y aquí aparecen en escena, quién lo iba a decir, personajes tan singulares y sorprendentes como Carmen Calvo y el inefable José Félix Tezanos, con la intención evidente de dulcificar debidamente el batacazo que se llevó la izquierda socialcomunista en Madrid y propiciar una mejora en el estado de ánimo del presidente del Gobierno.

Es evidente, que la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo Poyato está especializada en meter la pata, sobre todo, cuando trata de interpretar lo que otros dicen o hacen. Sin ir más lejos, y aunque no sabe aún de quién es el dinero público, vincula sin más los cambios de la hora  con la “resistencia al machismo”. Y cuando un diputado de Vox le preguntó si el Gobierno tenía intención de restituir  la credibilidad de las instituciones del Estado, soltó resueltamente esta frase: “No hay que restituir lo que no ha existido”.

Y en cuanto al tema que nos ocupa, la atrevida Carmen Calvo manifestó, un poco a la ligera, que la derecha no tenía ningún proyecto serio.  Y se atrevió a decir arbitraria e injustificadamente  que Isabel Díaz Ayuso compartía principios nada menos que con los nazis y que sus votantes simpatizaban con los fascistas. Y no contenta con esto, continuó mofándose de la presidenta madrileña y de sus seguidores, al afirmar que habían hecho una campaña “poco edificante”, que ha consistido sencillamente “en cañas, en no encontrarte a tu ex y en recibir abrelatas de berberechos”.

Y no digamos nada del ridículo mayúsculo que ha estado haciendo el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, para tratar de lavar la cara y dignificar convenientemente al presidente del Gobierno que padecemos. Hasta ahora, que yo sepa, no ha cosechado nada más que tremendos fracasos en todos los pronósticos electorales  que ha venido haciendo desde que se hizo cargo del CIS. Y su vaticinio sobre las elecciones madrileñas del pasado 4 de mayo, no podía ser una excepción.

Siguiendo su inveterada costumbre, en las elecciones de la Comunidad de Madrid, Tezanos derrochó generosidad con los partidos de izquierda, mostrándose especialmente espléndido con el PSOE. Según su último sondeo, el Partido Popular de Ayuso ganaba las elecciones, logrando entre 54 y 56 escaños. Y atribuía al PSOE de Sánchez-Gabilondo un resultado francamente satisfactorio, ya que conseguiría entre 34 y 36 diputados regionales. No obstante, podemos dar por buenos los vaticinios que hizo sobre los otros cuatro  partidos que concurrían a esas elecciones.

De todos modos, hay que reconocer que al sociólogo particular de La Moncloa le ciega la exagerada pasión que siente por el presidente Pedro Sánchez. Y como consecuencia de ese afecto enfermizo, Tezanos comete fallos demoscópicos estrepitosos e imperdonables. En este caso concreto, atribuyó al PSOE nada menos que hasta 12 escaños más de los que realmente obtuvo en esa jornada electoral. Precisamente por eso, tenía poca importancia que ganara Díaz Ayuso, ya que, con esos 12 escaños del PSOE, podía darse casi por segura la ventaja del bloque de la izquierda frente al de la derecha.

No debemos olvidar que, en esta ocasión, el presidente del CIS no se conformó  con cocinar sus sondeos políticos al gusto del líder máximo del PSOE.  Y utilizando la revista Temas para el Debate, que él mismo dirige, se dedicó a lanzar toda clase de invectivas y descalificaciones contra la presidenta madrileña y contra todos sus votantes.

En un desconcertante artículo, titulado “Globos políticos y escenarios singulares”, el visionario Tezanos llama reiteradamente ‘tabernaria’ a Isabel Díaz Ayuso, y se regodea diciendo que "la mayor parte de los analistas" están extrañados por "la escasa entidad intelectual y política de la candidata" popular.

Y culpa al Partido Popular de buscar intencionadamente la movilización de “un amplio sector que se nuclea en torno al mundo de las tabernas, los bares, los restaurantes y otros establecimientos similares”. Y Madrid tiene, según el responsable máximo del CIS, más establecimientos de este tipo, “que ninguna otra ciudad del mundo”.

Y para que no falte nada, el atrevido futurólogo augura que, si finalmente termina ganando Díaz Ayuso, tendremos que apechar con cantidad de frustraciones que “surgirán tanto de los fracasos políticos y económicos derivados de la falta de concordancia con las políticas que se van a hacer (…), como de la falta de sintonía con el substrato político real de los madrileños". Y todo, según el mismo dice, porque los madrileños son mayoritariamente de izquierdas.

Pero llegó la hora de la verdad y se consumó el tremendo fracaso de los pronósticos electorales aventurados alegremente por José Félix Tezanos, el inefable presidente del CIS. La ‘tabernaria’ Isabel Díaz Ayuso se llevó una buena tacada de votos, muchos más de los previstos por el CIS, dejando prácticamente ‘in albis’ al aspirante del PSOE, Ángel Gabilondo.

Como sus augurios preelectorales resultaron absolutamente erróneos y desacertados, Tezanos trata de justificarse, afirmando algo que no tiene ni pies ni cabeza: “la caída del PSOE fue en los cuatro últimos días”.  Y siguiendo con sus juegos florales que pagamos todos los, españoles, terminó pidiendo, hasta ahí podíamos llegar, que dejáramos de hacer críticas ‘ad hominem’ contra su persona, y abriéramos un debate científico para sacar conclusiones útiles para la sociología.

 Y cierra su desquiciada perorata, afirmando algo que todos sabemos sobradamente: que él no es un “adivino”, y que tampoco pretende que el CIS se convierta en una “institución adivinadora”.

 

Gijón, 20 de mayo de 2021

 

José Luis Valladares Fernández 

jueves, 11 de abril de 2019

LAS PATRAÑAS DE PEDRO SÁNCHEZ






Cada vez que veo al presidente Pedro Sánchez en los medios de comunicación, me acuerdo inevitablemente de unos personajes interesantes, que aparecen en El Rey Lear de William Shakespeare. Se trata del ciego conde Gloucester y de su  pechero, el Anciano. El conde Gloucester piensa dejarse guiar por el mendigo Tomasín y manda marchar al Anciano. Y como este le advierte que Tomasín está loco, el conde Gloucester le contesta: “Es calamidad de estos tiempos que los locos guíen a los ciegos”.

Y esto es, ni más ni menos, lo que está ocurriendo con el presidente ‘ocupa’, que entró  en La Moncloa por la puerta de atrás. Y si es ciertamente tragicómico que un loco como Tomasín conduzca al ciego conde Gloucester, no es menos chusco y melodramático, que un personaje tan sectario y tan irresponsable como Pedro Sánchez dirija los destinos del Gobierno de España. No podemos esperar nada bueno de quien, para medrar personalmente y satisfacer su desmedida ambición, se echa en brazos  de filo-etarras ocasionales y de los separatistas más contumaces, que intentan acabar con la Unidad de España.

Es evidente, que no hay nada gratis. Y en consecuencia, tampoco fue gratis el apoyo que los secesionistas prestaron a Pedro Sánchez en la moción de censura que le hizo presidente del Gobierno de España. Y como sigue necesitando de los independentistas para continuar en La Moncloa, llegó el momento de devolverles el favor, cumpliendo satisfactoriamente alguna de sus exigencias, procurando, eso sí, que no afecte mucho a las instituciones del Estado.

Para tener contentos a los golpistas catalanes, nada más llegar al poder, eliminó la supervisión de las cuentas  de la Generalitat de Cataluña, para que los responsables de la Autonomía catalana puedan gastar el dinero público a su antojo. Su complacencia con el separatismo, le llevó a disponer que los presos independentistas, que estaban acusados de delitos de rebelión, sedición y malversación de dinero público, fueran trasladados seguidamente a cárceles de Cataluña. Y terminará, cómo no, indultándoles, si finalmente son condenados, para mantener intacto el apoyo incondicional de los que quieren romper España.

Para mantenerse en el poder, Pedro Sánchez procurará seguir el ejemplo de Creso, aquel antiguo rey de Lidia que, para ser bien aceptado, hacía magnánimas  ofrendas a los dioses de los templos de todas las ciudades griegas conquistadas. Pero no contó con Némesis, la diosa de la justicia retributiva y el equilibrio, que no permite, entre otras cosas, los excesos de fortuna y la complacencia desenfrenada. Y Némesis, claro está, que no podía tolerar la actitud y el comportamiento de Creso, le incita a ir contra Ciro, rey de Persia, para que éste lo derrote y lo despoje del imperio que había conquistado.

martes, 8 de septiembre de 2015

ESTAMOS DONDE ESTÁBAMOS

Un antiguo mercader inglés, sir Thomas Gresham, que trabajó  en su momento para el rey Eduardo VI de Inglaterra, había observado que, en todas sus transacciones comerciales, la gente prefería utilizar siempre la moneda más débil como medio de pago y guardarse la que fuera de un metal más valioso, o tuviera mayor valor como divisa. Pero no fue hasta finales del siglo XIX, con el uso simultáneo del oro y la plata, cuando se formuló ese hecho como ley de Gresham. Pues es evidente que, siempre que coexisten dos tipos de moneda de curso legal y para el público una es “mala” y la otra “buena”, la mala desplaza siempre a la buena del mercado.

Y eso es, más o menos, lo que está ocurriendo actualmente en el PSOE por la manera de elegir a sus líderes. Han terminado implantando un sistema demasiado estrambótico para seleccionar a sus élites políticas que, como las monedas en la ley de Gresham, el político malo es normal que desplace al político bueno. Es cierto que los militantes de base tienen cada vez más peso, pero las federaciones o agrupaciones regionales siguen teniendo demasiado poder e influyen decisivamente a la hora de optar por unos cuadros dirigentes u otros. Y esto, claro está, condiciona después la actuación política del partido.

Es verdad que los socialistas nunca han dado muestras concluyentes de una sensatez política intachable. Pero ahora, con los nuevos líderes que dirigen los destinos del partido, han perdido totalmente la cordura y hasta el oremus. Los nuevos cuadros dirigentes actúan con tanta incoherencia, que hoy dicen una cosa y mañana hacen justamente la contraria. Es lo que ha hecho Pedro Sánchez, por ejemplo, con Podemos y con sus marcas blancas y, por supuesto, con los independentistas de cualquier jaez.

Al nuevo secretario general del PSOE y a los demás miembros de la actual directiva les puede el sectarismo y, para aislar al Partido Popular, son capaces de echarse en manos de sus enemigos políticos más viscerales, pactando gobiernos con los populistas más extremos y radicales y  con los separatistas. Y perjudicando gravemente los intereses vitales de la democracia y hasta de su propio partido, aspiran a encabezar una posible coalición del PSOE con cualquier activista y con todas esas otras formaciones políticas ultras y anti sistema, de la extrema izquierda española que padecemos. Y esto, aunque a corto plazo pueda colmar la ambición desmedida de Pedro Sánchez, terminará siendo catastrófico para el PSOE a medio plazo. Si no corrigen el rumbo, les ocurrirá lo mismo que a los socialistas catalanes con el tripartito y con la firma del Pacto del Tinell.

domingo, 5 de octubre de 2014

PREGONEROS DE LA IGUALDAD

Los socialistas españoles, fuertemente lastrados por casi veinte años de zapaterismo, no han sido capaces de modernizarse, siguiendo el ejemplo del socialismo europeo. Están empeñados en mantener férreamente los postulados de los años 30 del pasado siglo XX. Mantienen intacto el sectarismo de entonces y son prácticamente tan intolerantes y tan fanáticos como su fundador Pablo Iglesias y demás compañeros mártires.

A los ciudadanos de hoy día  les importa muy poco el color de los políticos, si son de izquierdas o son de derechas, si se autodenominan progresistas o conservadores. Les preocupa, eso sí, que, quienes manejen los asuntos públicos, sean ante todo buenos gestores y, por supuesto, que sean personas íntegras y honradas. Y es indudable que los socialistas no son en absoluto buenos gestores. Ahí está, para demostrarlo, la nefasta marcha de las finanzas españolas cuando el PSOE ha tenido responsabilidades de Gobierno.

Los socialistas españoles consideran que, al ser un partido de izquierda, representan al mundo del  trabajo y, según dicen, a los más desfavorecidos y a los menesterosos. Esto les lleva a pensar que el PSOE es el partido político más indicado para dirigir los destinos de todos los españoles. Pero, eso sí, jamás  reconocerán que su gestión ha sido siempre extremadamente catastrófica. Y es normal que sea así ya que, por sistema, son muy proclives a gastar dinero público sin control alguno porque para ellos,  como dijo en su día la antigua ministra de Cultura, Carmen Calvo, “el dinero público no es de nadie”.

Con la disculpa de mantener e incluso mejorar el Estado del Bienestar, cada vez que se presenta la oportunidad, el derroche de la izquierda tradicional no tiene límites, gastando alegremente el dinero que aportan los españoles. Lo utilizan, sin reparo alguno, para cosas que no tienen nada que ver con dicho Estado del Bienestar y, cómo no,  hasta para cubrir gastos inconfesables. Es lo que ha ocurrido cada vez que, con el beneplácito de los españoles, han  llegado al Gobierno. En todas esas ocasiones, han dejado invariablemente las arcas públicas hasta sin telarañas.

Además de ser intrínsecamente incapaces de reducir el gasto público, la actuación política de los responsables jerárquicos del PSOE está seriamente condicionada por su concepción filosófica de la sociedad y por una serie de prejuicios muy arraigados, asumidos desde los primeros años de su fundación. Son tremendamente reacios a liberalizar sectores, a  reformar a fondo los mercados para hacerlos más flexibles, más operativos y, por supuesto, mucho más libres. No quieren bajo ningún concepto que la sociedad civil se emancipe y escape a su control férreo y absoluto. En su código particular no queda sitio alguno para la iniciativa privada

martes, 29 de noviembre de 2011

LOS REGALOS DE GONZÁLEZ SINDE

Parece ser que Ángeles González Sinde tiene asumido que “el dinero público no es de nadie”, tal como dijera una antecesora suya en el Ministerio de Cultura, la inefable Carmen Calvo Poyato. Eso da a entender al menos su manifiesta prodigalidad a la hora de repartir dinero, incluso ahora que no es más que una simple Ministra ‘en funciones’. Ni corta ni perezosa, casi con nocturnidad y alevosía, utilizó el Boletín Oficial del Estado para alegrar el ánimo de sus antiguos compañeros de profesión, incrementando notablemente unas ayudas públicas concedidas con anterioridad al mundo del cine. Y lo hace incluso ahora que sabe que, a su estancia en este Ministerio de Cultura, apenas si le queda un suspiro,  ya que, tras el desastre electoral de su partido, un nuevo Gobierno se hará cargo en breve de la situación.

Siempre había sido magnánima con sus colegas profesionales del sector de la cinematografía, tanto si eran cineastas españoles, como si eran iberoamericanos o del resto de Europa. El Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales, dependiente del Ministerio de Cultura, había decidido en febrero pasado habilitar 2.900.000 euros de subvención para películas de procedencia española, comunitaria e iberoamericana. Y esto sin obligar, como sería lógico, a que las películas o reportajes subvencionados que no lleguen a exhibirse en salas comerciales, devuelvan el dinero recibido graciosamente.

Aunque la crisis económica debía imponer criterios claros de austeridad en el gasto público, González Sinde no quiso que el mundo del cine estuviera sujeto a los mismos rigores financieros que estaban sufriendo gravemente otros sectores productivos. Así que la titular del Ministerio de Cultura juzgó que esos 2.900.000 euros era una cantidad de dinero muy exigua para premiar adecuadamente a esos cineastas y, mediante una nueva resolución, habilitó otros 2.600.000 euros con el mismo destino. Así que la partida total, destinada a financiar estas películas con criterio territorial,  aumentó casi al doble de lo que se había previsto inicialmente, alcanzando la bonita cifra de 5.500.000 euros de nada.

Se trata evidentemente de una decisión difícilmente justificable. No es de recibo que los españoles, tan castigados por la persistente y dura crisis económica y financiera, regalemos dinero a los cineastas de otros países, para financiar películas extranjeras. No  lo ve así, en cambio, Ángeles González Sinde, cuando dice, refiriéndose a las productoras cinematográficas beneficiadas que "el esfuerzo que realizan para poder competir con las grandes distribuidoras hace aconsejable que, dentro de las posibilidades presupuestarias actuales, se apoye su labor ya que se considera imprescindible dentro del mundo del cine".

Un desaguisado similar ocurrió con dos Resoluciones del 28 de julio pasado y publicadas  en el Boletín Oficial del Estado del día 5 de agosto. Para la primera Resolución, en la que se efectuó la convocatoria de ayudas para el fomento de la realización de largometrajes en régimen de coproducción internacional, se reservó una dotación presupuestaria de 2.200.000 euros. Para la segunda Resolución en la que, por segunda vez en el año de 2011, se convocaban ayudas para la amortización de largometrajes, se reservó la cantidad de 9.200.000 de euros. Cantidades ambas sumamente importantes, si tenemos en cuenta nuestra complicada situación económica, aunque para la ministra de Cultura resultaron igualmente insuficientes.

Como en el caso anterior, González Sinde consideró insuficientes estas cantidades. Y aunque por cuestiones puramente éticas, ya que estábamos en plena campaña electoral,  debiera haberse abstenido de programar nuevos gastos, la todavía ministra de Cultura decide aumentar esas asignaciones. Con la disculpa malintencionada de que han sido muchas las solicitudes presentadas a la convocatoria, dice que es imprescindible aumentar significativamente las dotaciones para así lograr una efectividad mayor de las subvenciones. De ahí las dos nuevas Resoluciones del pasado día 11 de noviembre, cuando ya había empezado la campaña electoral, y que fueron publicadas en el BOE del 22 de noviembre, dos días después de las elecciones generales.

Aunque se trata evidentemente de un hecho obsceno e injustificable,  Ángeles González Sinde, a través del Instituto de la Cinematografía y las Artes Visuales, dictó la primera de estas Resoluciones, ampliando con  1.000.000 de euros adicionales la cantidad inicialmente reservada de 2.200.000 euros para la realización de largometrajes en régimen de coproducción internacional. Mediante la segunda Resolución del 11 de noviembre, amplió igualmente los 9.200.000 euros reservados para contribuir a la amortización de distintos largometrajes, con otros 2.800.000 euros  adicionales. Como, por lo visto, se trata de dinero que no tiene dueño, lo gastan sin remordimiento alguno de conciencia.

Gijón, 25 de noviembre de 2011

José Luis Valladares Fernández