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lunes, 16 de diciembre de 2013

EL MITO DE RAFAEL CASANOVA

Está visto que no hay quien gane en  contumacia a los nuevos prohombres de la supuesta nación catalana, para quienes Cataluña, a pesar de ser una realidad política contrapuesta a España, ha sido invariablemente aplastada, primero por los castellanos y después por los españoles. Para los catalanes que reescriben desvergonzadamente la historia, borrando unos hechos e inventándose otros muchos, Cataluña ha sido siempre una nación mártir, a la que han expoliado desconsideradamente para apoderarse de sus gestas, de su pasado extremadamente glorioso y fecundo.

Tal como pontifica esta nueva ola de la intelectualidad catalana, la vieja Castilla y la misma España usurparon a la  vieja nación catalana la extraordinaria hazaña del descubrimiento de América. Y  lo hacen dando el nombre de Cristóbal Colón al navegante barcelonés Joan Colom Bertrán, asignándole un origen genovés y que, por supuesto, fue la Corona de Castilla la que patrocinó tan maravillosa aventura. Se cambió la ruta seguida por el Almirante y, como es lógico, el puerto de salida. Colón partiría en  busca del Nuevo Mundo del puerto de Palos de Moguer en vez de  Pals de l’Empordà.

El Quijote que conocemos es una mala traducción del original, escrito en catalán por  Joan Miquel Servet, que ocultaba celosamente su identidad haciéndose llamar Miguel de Cervantes para que nadie le relacionara con su padre Miguel Servet, que había sido condenado a la hoguera por hereje. El original del Quijote desapareció prácticamente por decreto para que no hiciera sombra a las letras castellanas. Hasta Santa Teresa de Jesús, según nos cuentan, sería Teresa de Cardona y Enríquez, una aristócrata catalana, que fue abadesa del monasterio de Pedralbes, y no la andariega monja abulense, fundadora infatigable de conventos, que en el mundo se llamaba Teresa de Cepeda y Ahumada.  También serían catalanes, entre otros muchos, el Gran Capitán y el cardenal Cisneros.

Los que rigen actualmente los destinos de Cataluña son felices afirmando que Cataluña es uno de los reinos más antiguos y que fue el Reino de Aragón el que, en 1137, pasó a formar parte de  la casa de Barcelona, y no al revés. Afirman sin ambages  que la casa de Barcelona poseía tres coronas, la corona de  Mallorca, la de Sicilia y, por supuesto, la corona de Aragón. Solamente así se explica que las armas del nuevo reino fueran las catalanas, y no las antiguas armas aragonesas, lo que prueba claramente, según dicen, la catalanidad del Estado formado al anexionarse Aragón a la casa de Barcelona.

Fue precisamente en 1714, según versión interesada de los separatistas catalanes, cuando España acabó con la independencia  de la pujante nación catalana. Barcelona, que llevaba sitiada desde el 25 de julio de 1713, se rinde por fin el 11 de septiembre de 1714 a las tropas de Felipe V y sus aliados franceses. La coronela y el ejército movilizado por la Generalitat de Cataluña, que defendieron bravamente la ciudad durante algún tiempo, poco pudieron hacer ante el empuje y el coraje de las fuerzas borbónicas.

viernes, 2 de noviembre de 2012

III.- LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN CATALUÑA


Y la historia sigue y ésta es muy distinta de lo que se enseña en los colegios catalanes. Cataluña nunca fue una Nación independiente, ni antes, ni después de la cacareada fecha de 1.714. Fue éste un territorio colonizado, como toda la península, por diferentes culturas, en especial la griega y la cartaginesa, que influyeron decisivamente en la formación de la cultura ibérica. Llegarían más tarde los romanos y darían un nuevo aire a nuestra cultura con la inevitable romanización. Y como en los demás pueblos de España,  también allí echaron raíces los musulmanes.

Desde que adquirieron conciencia de pueblo con la creación de la Marca Hispánica por el imperio carolingio, los catalanes siempre fueron vasallos de los francos o de la Corona de Aragón. Después de la unión de los reinos de Castilla y Aragón, los catalanes continuaron siendo parte integrante  de España o de Francia. Ese Estado independiente catalán que duró 700 años, no es más que un invento torpe de esos  separatistas irredentos que tanto daño están haciendo a Cataluña.

En la Guerra de Sucesión, que terminó en 1714 con la victoria de los partidarios de Felipe V sobre el archiduque Carlos de Austria, los catalanes luchaban contra Francia y, a la vez que sus intereses particulares, trataban heroicamente de preservar la independencia de España. Como volvieron a hacerlo en 1808 durante la Guerra de la Independencia tras la ocupación de España por las tropas napoleónicas.

El 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se echa a la calle y planta cara a las tropas napoleónicas. Los demás pueblos de España, siguiendo el ejemplo del madrileño, se rebelan contra la ocupación francesa. Las gentes de Cataluña escriben una historia gloriosa en la Batalla del Bruch, rechazando por dos veces el paso de soldados franceses por allí y ocasionándoles cuantiosas pérdidas. Cabe destacar también el comportamiento heroico  y asombroso de los habitantes de Gerona, asediados por tres veces por la Grande Armée napoleónica.

Mantener el dominio de Gerona era vital para los franceses y pensaban que no sería muy difícil sofocar la sublevación de aquellas gentes. Se trataba de una ciudad mu pequeña, con no más de 10.000 habitantes y con una guarnición de no más de 300 soldados. Pero la  Junta General, recientemente constituida, organizó con toda celeridad dos tercios de miqueletes, milicias populares como los somatenes. Un corto número de marineros, llegados de Sant Feliu de Guixols, se ocupó de las pocas piezas de artillería disponibles.

Fue el 20 de de junio de 1808 cuando el general Philibert-Guillaume Duhesme se presenta en Gerona al mando de 5.000 hombres y con una dotación artillera de ocho cañones. Pide a los defensores de Gerona que se rindan y que entreguen la plaza. Ante la respuesta negativa de los gerundenses, Duhesme inicia el asalto a la ciudad fracasando estrepitosamente. Lo intenta otras dos veces más con el mismo resultado. En vista de su fracaso, se retira y decide volver a Barcelona para allegar más refuerzos. En el camino de vuelta es duramente hostigado por partidas de somatenes y soldados, infligiéndole numerosas bajas.  

Los franceses volvieron a la carga exactamente un mes después. Esta vez el general Duhesme, con más soldados y más cañones que la vez anterior, plantea un asedio a la ciudad en toda regla. Pero la Junta General, que no se había dormido durante ese mes de tregua, había preparado convenientemente la defensa de la ciudad. A las fuerzas que aguantaron el primer embate francés, se unieron ahora otros tres batallones españoles y se formaron nuevas columnas de somatenes. Todos los defensores disponibles se emplearon con arrojo y valentía, frustrando una vez más el intento de las tropas francesas de tomar la ciudad. Ante la imposibilidad manifiesta de dominar a los aguerridos defensores de Gerona, después de un mes de asedio, el ejército francés decide retirarse otra vez, pero ahora con bajas mucho más numerosas.

Es el 6 de mayo de 1809 cuando las tropas napoleónicas inician el tercero y definitivo asedio. Lanzan un furibundo ataque contra la ciudad para terminar de una vez con su resistencia heroica. No lo van a tener tan fácil como piensan y eso que suman un total de 18.000 hombres, mientras que sus oponentes  no cuentan nada más que con 5.600 efectivos, al frente de los cuales, eso sí, estaba ahora el experimentado general Mariano Álvarez de Castro, granadino por más señas y con claras raíces sorianas. Y este pequeño ejército, ayudado por todos los gerundenses, ni se intimida ni se arredra ante el panorama que se le presenta, y su gesta será una de las más memorables de la Guerra de la Independencia, llevada a cabo por el pueblo español.

Aunque el ejército francés bombardea incesantemente la ciudad desde sus alrededores, los sitiados no se amedrentan y resisten valientemente a pesar de la brutalidad empleada ahora por las tropas napoleónicas. Los fracasos anteriores sufridos en esta plaza y las dificultades crecientes que encuentran en el resto de pueblos españoles hacen que sus acciones sean mucho más crueles y feroces. Pero Gerona, a pesar de todo, resiste y no cae. El general Álvarez de Castro crea la cruzada Gerundense, constituida por ocho compañías. Cada oficio tenía su propia compañía, incluidos los clérigos y los estudiantes. Todos los residentes, fueran estos hombres, mujeres o niños, intervenían valerosamente en la defensa de la ciudad.

Después de cuatro meses de constante asedio y brutales ataques artilleros, cuando ya las murallas mostraban enormes brechas, las fuerzas de Napoleón entran en tromba por ellas para acabar de una vez con aquella incomprensible resistencia. Se combate cuerpo a cuerpo sin descanso y de nuevo, a base de fiereza y pundonor, los gerundenses logran detener el asalto. Los franceses no daban crédito a lo que estaban viendo y, como siempre salían malparados en sus enfrentamientos directos con los defensores, cambian de estrategia y reducen todos sus esfuerzos a mantener el cerco y a abatir con sus piezas artilleras lo poco que queda en pie dentro de la ciudad. Y esperan a que el hambre y la sed lo que doblegue, por fin a aquellos intrépidos y valientes defensores.

Llevaban ya siete meses defendiendo denodadamente la ciudad. Aunque las murallas estaban rotas, allí seguía ondeando la bandera de España, mostrando a los franceses la españolidad y la voluntad indomable de los gerundenses. Pero dentro de la ciudad, no quedaba nada en pie. Los edificios estaban derruidos, estaban en pleno invierno y los supervivientes no tenían donde guarecerse. No les quedaban víveres ni medicamentos y al hambre se unió  otro nuevo aliado de los sitiadores: la enfermedad.

Lo que no lograron los soldados de Napoleón, se consiguió con el hambre, las epidemias y el frio. Pero para llegar hasta aquí, los franceses tuvieron que pagar también un alto tributo bélico, ya que durante el asedio perdieron gran cantidad de hombres  y de medios. Después de siete meses de enconada lucha, las gentes de Gerona habían llegado ya al límite de sus fuerzas. Así que el día 10 de diciembre de 1809, por la noche, deciden rendirse. Los vencedores se apoderaron de la plaza estratégica, asegurándose así una vía de comunicación con Francia. No contentos con esto, Cataluña es incorporada en 1812 al imperio francés y dividida en departamentos como la misma Francia.

Gracias a la alianza con Inglaterra, España pudo irse liberando poco a poco de la ocupación francesa. El éxito de esta alianza, comandada por Arthur Wellesley, el después famoso duque  de Wellington, comenzó a fraguarse en 1812 en la Batalla de Arapiles. Aquí fue donde la estrella de Napoleón comenzó a eclipsarse. Las sucesivas derrotas y la necesidad de allegar tropas para su guerra contra Rusia, le obligan a firmar el Tratado de Valençay a finales de 1813, reconociendo nuevamente a Fernando VII como rey de España.  Pero tendría que pasar más de un año para que Cataluña, que entonces pertenecía al Imperio, quedase totalmente liberada de los franceses.

Como consecuencia de una serie continuada de derrotas, Napoleón abdica el 6 de abril de 1814, regresando Luis XVIII al trono de la Corona de Francia. Poco tiempo después,  el mariscal francés Louis Gabriel Suchet y el general británico Wellington firman un armisticio que es determinante para que Cataluña vuelva a la Corona española y los franceses abandonen definitivamente Barcelona y el resto de poblaciones catalanas. Y Gerona, por derecho propio, pasara desde entonces a ocupar un lugar de privilegio en la historia de España por su abnegación y por su acendrado patriotismo.

Gijón, 16 de octubre de 2012

José Luis Valladares Fernández

viernes, 19 de octubre de 2012

I.-CATALUÑA NUNCA FUE UNA NACIÓN INDEPENDIENTE


Hay una página web, cataloniatours.cat que, si no es de la Generalidad catalana, sí ha sido ampliamente promocionada por la Consejería de Empleo y Empresa, y subvencionada, cómo no, por el Gobierno autonómico de Cataluña. En esa página de promoción turística de esa parte de España, se nos dice  que Cataluña tuvo un Estado propio durante más de 700 años, una familia real propia y hasta todo un imperio a lo largo del Mediterráneo. Fue España, su bestia negra de siempre, la que puso fin violentamente a esa larga etapa de Estado independiente.

Según nos cuentan en esta web, el mismo Cristóbal Colón era un miembro destacado de la “familia real catalana”. Las Carabelas, utilizadas por Colón para iniciar la arriesgada aventura del descubrimiento de América, según esto, fueron construidas en los astilleros del puerto de Barcelona. Lo de Moguer y de Palos de la Frontera es una ensoñación más de los malvados castellanos. El mismo Artur Mas, por qué no, a lo mejor es un descendiente directo de esa antigua monarquía catalana. Y de no ser así, puede descender al menos de algún cortesano importante de aquella antigua corte o, vaya usted a saber,  de algún bufón de la misma. Pero es evidente que, descienda de quien descienda, necesita urgentemente algunas lecciones de historia para que conozca detalladamente las venturas y desventuras de las gentes de esa maravillosa tierra que él se empeña en ignorar.

Los catalanes, a lo largo de su dilatada historia, siempre han tenido muy mala suerte con sus representantes políticos. Y esto viene sucediendo invariablemente desde finales  del siglo VIII, que es cuando Carlomagno expulsa a los árabes de esa parte hispana y crea lo que se conoció como la Marca Hispánica. Y Cataluña como tal arranca desde aquí. Se trataba de una franja de terreno que limitaba al norte con los Pirineos y por el sur con el Llobregat utilizada por los francos para contener las frecuentes incursiones de los sarracenos. Esta zona, que incluía el Rosellón, la Cerdeña y Barcelona,  fue dividida en condados. 

Estos condados, que se conocieron posteriormente como condados catalanes, terminaron por quedar vinculados al Condado de Barcelona. Aunque los francos sigan proyectando una gran influencia religiosa y cultural sobre los condados, estos supieron aprovechar la debilidad creciente de la monarquía carolingia y, después de varios vaivenes y enfrentamientos, consiguieron al menos cierta autonomía, regida por los condes que habían adoptado un régimen sucesorio pero, ¡ojo!, rindiendo vasallaje a los reyes francos. Más tarde, en 1162, todos estos condados, con la excepción del condado de Urgel, se unieron dinásticamente al reino de Aragón  formando la Corona de Aragón.

Aquella sociedad se muestra muy activa y, a finales del siglo XI, trata de expandirse territorialmente para incorporar a Cataluña Vieja otros territorios de su entorno. Estos territorios, situados al sur y al oeste del rio Llobregat hasta alcanzar la línea del Ebro, fueron conquistados en el siglo XII e integran la comarca denominada Cataluña Nueva. La organización social de los pueblos de Cataluña Nueva había ya perdido  buena parte de ese feudalismo que imperaba en Cataluña Vieja. Las gentes llanas no estaban tan mediatizadas por la nobleza como en la franja de la Marca Hispánica donde había prevalecido el dominio de los francos.

En aquellas épocas, las escaramuzas bélicas eran muy frecuentes entre los distintos reinos de lo que sería después España, los del sur de Italia y Sicilia y especialmente con Francia. Eso sin contar que los campesinos y los artesanos, sobre todo en los condados catalanes, armaban frecuentes grescas con los nobles del lugar y con los distintos oligarcas urbanos que controlaban férreamente las instituciones y aprovechaban cualquier circunstancia para disputar el poder real al  rey de turno.

Fue lo que sucedió, por ejemplo, en 1460 con Juan II, rey de Aragón. Por orden suya se arrestó a su hijo Carlos de Viana, lo que dio pie a que los oligarcas urbanos de Cataluña, la nobleza y la jerarquía eclesiástica se levantaran contra el monarca. En la Capitulación de Villafranca del Penedés, se obliga al rey a liberar a su hijo, se limita su autoridad real y, para entrar en Cataluña, tiene que conseguir previamente el permiso de las instituciones locales. Contraviniendo lo pactado en  Villafranca de Penedés, Juan II, conde Barcelona, entró en Cataluña, desencadenando así  la guerra civil catalana.

En esta guerra, que duraría hasta 1472, la Generalidad que, mangoneada por la oligarquía catalana, desea asumir la soberanía, se enfrentó al rey y lo declara desposeído de la Corona. Pero Juan II acudió al  rey de Francia, Luis XI en busca de ayuda. Firman el tratado de Bayona, y Luis XI le envía un  ejército para ayudarle a aplastar la sublevación catalana. Gracias al apoyo de las tropas francesas, consigue entrar en Barcelona en 1472 y obliga a los insurrectos a rendirse y a prestarle obediencia mediante la Capitulación de Pedralbes.

Pero ese apoyo, prestado interesadamente por Luis XI, tuvo un coste muy elevado para  la Corona de Aragón y, por supuesto, para Cataluña, ya que Juan II, a cambio, se había comprometido a pagar 200.000 escudos de oro al rey de Francia. Para garantizar esa deuda, se vio obligado a donar a la Corona francesa los condados de la Cerdeña y el Rosellón. Juan II intentó posteriormente recuperar ambos condados en una nueva acción bélica, pero fracasó rotundamente. Fue ya en tiempos de los Reyes Católicos, en 1493, cuando un nuevo rey de Francia, Carlos VIII, devolvió los condados a cambio de la neutralidad de la Corona de Aragón en la primera guerra iniciada por los franceses en Italia contra los otomanos.

La Generalidad catalana, dominada por las familias más poderosas de la nobleza, estamentos elevados del clero y la alta burguesía urbana, no escarmentó con el resultado penoso de su enfrentamiento con su monarca el rey de Aragón Juan II y volvió a las andadas a las primeras de cambio. Aprovechaban cualquier circunstancia propicia que pudiera llevarles al disfrute pleno de la soberanía del principado de Cataluña. Y esa ocasión se les presentó inopinadamente con lo que conocemos como la Guerra de los Treinta Años.

No podemos olvidar que, tras la nueva involucración de Francia en la Guerra de los Treinta Años en 1635, Cataluña pasaba a ser  un escenario estratégico de suma importancia, lo que obligaba a España a reclutar tropas urgentemente y a recaudar el dinero necesario para mantenerlas y el principado catalán se negó a colaborar voluntariamente. Estaba en estas, cuando las tropas francesas pusieron cerco a Fuenterrabía, obligando a responder de inmediato a Castilla con la colaboración de las provincias de Vascongadas, Aragón y Valencia.  Cataluña se negó rotundamente a colaborar con el resto de tropas españolas.

En 1639, el conde-duque de Olivares decide atacar a Francia desde suelo catalán y exige a Cataluña que contribuya adecuadamente al mantenimiento del esfuerzo militar, imponiendo al principado la obligación de aportar dinero y soldados. Estas nuevas cargas que se les imponían y  las requisas de animales efectuadas por las tropas, alteraron peligrosamente los ánimos de los campesinos. Por si esto fuera poco, las instituciones catalanas odiaban sinceramente a Olivares y no soportaban al virrey conde  de santa Coloma. Y esto llevó a la nobleza y a la burguesía catalana, con el apoyo de un sector importante del clero, a aguijonear a los campesinos para que se levantaran contra las huestes reales.

Y el conflicto, conocido como la Guerra dels Segadors, estalló finalmente en mayo de 1640. Fueron los campesinos de Gerona los primeros en amotinarse. Atacaron a los tercios destacados allí y marcharon sobre Barcelona. Aquí se les unen unos 500 segadores y toman la ciudad y asesinan a los funcionarios y a los jueces reales que encuentran en su camino y dan muerte también al conde de Santa Coloma y virrey de Cataluña. Desatadas las hostilidades, los rebeldes ya no luchaban solamente contra los tercios y los funcionarios reales, lo hacían también contra los miembros de la nobleza catalana que habían contemporizado más o menos con la administración y contra los hacendados y los ricos de las ciudades.

Ni la Generalidad era ya capaz de controlar la revolución social emprendida por los campesinos y segadores. Y antes de que afectara peligrosamente a la oligarquía catalana, el presidente de la Generalidad, el canónigo de la Seo de Urgel Pau Claris i Casademunt, se puso al frente de los sublevados.  Previendo la respuesta del conde-duque de Olivares y para curarse en salud, Pau Claris pide ayuda militar a Francia. Es entonces cuando se proclama por primera vez la República Catalana, después de firmar, eso sí,  un pacto de vasallaje con Francia y de reconocer al rey Luis XIII como conde de Barcelona y soberano de Cataluña con el nombre de Luis I de Barcelona.

Este vasallaje y sometimiento voluntario a la monarquía francesa fue aprovechado hábilmente por el cardenal Richelieu para debilitar lo más posible a la Corona española y ampliar su poder territorial. Aunque la Guerra de los Treinta Años terminó con la destitución del conde-duque de Olivares, el enfrentamiento entre Francia y España continuó en suelo catalán hasta 1659. Se pone fin al conflicto con la firma de la Paz de los Pirineos por parte de Luis XIV y Felipe IV, perdiendo Cataluña el Rosellón y la parte norte de Cerdeña.

Como se les obligaba a contribuir económicamente al mantenimiento parcial de los tercios, los manipulados campesinos y segadores se levantaron en armas contra la Corona española y se declararon vasallos del rey Francés. El resultado inmediato no pudo ser más adverso: Francia ocupó Cataluña con un ejército de 3.000 personas y obligaron a los catalanes a correr íntegramente con todos los gastos de estas tropas de ocupación.

Menos mal que, después de varios avatares, se dieron cuenta de que su situación era mucho peor con Luis XIII que con Felipe IV. Pero ya era demasiado tarde,  finalizó la aventura con la pérdida de sus territorios de allende los pirineos. Fue ésta una experiencia altamente dolorosa que, con el apoyo de un Jordi Puyol malintencionado, minusvaloran el iluso Artur Mas y toda su corte de  palmeros. Olvidan que ellos no son Cataluña.

Gijón,  8 de octubre de 2012

José Luis Valladares Fernández

jueves, 28 de octubre de 2010

ESPECTÁCULOS CIRCENSES DE ZAPATERO

A excepción de en la indumentaria, José Luis Rodríguez Zapatero se asemeja en todo al profesor Bacterio, famosísimo biólogo que traía por la calle de la amargura a Mortadelo y Filemón, ya que sus inventos y ensayos fracasaban siempre de manera estrepitosa. Ha abusado tanto de sus supuestos poderes mágicos, que ni con los trucos de Magia Borrás es ya capaz de reconducir la situación económica de España. Convencido de la inutilidad de su lucha, utiliza todos sus esfuerzos en aparentar, ante propios y extraños, que ya hemos iniciado definitivamente el camino de la recuperación y que, como mucho en un plazo siempre de unos tres o cuatro meses, comenzará a crearse empleo. Lo malo es que ya no le cree nadie, ni los españoles ni los extranjeros.
El pecado capital de Zapatero es patente: cree estar en posesión de la verdad absoluta y a la vez siente un enorme desprecio por quienes no admiten su infalibilidad. Vive permanentemente en un mundo irreal y tremendamente utópico. Piensa que no hay nadie capacitado para darle consejos, por lo que no escucha a nadie, salvo a los aduladores de turno que exageran sin medida sus supuestas y pretendidas virtudes. En una palabra, Rodríguez Zapatero padece la enfermedad que los antiguos griegos denominaron Hybris. Esto es, estamos ante un personaje orgulloso, sumamente desmesurado y prepotente. Como ha ido mucho más allá de lo razonable, las previsiones electorales le han devuelto de golpe a la cruda realidad, dejando al descubierto todas sus enormes miserias. Se trata de una oportuna y obligada cura de humildad o, como dirían en la Grecia clásica, se ha encontrado ya con su correspondiente Némesis. Por lo que vemos, en Zapatero se cumple aquel proverbio antiguo, atribuido a Eurípides, que rezaba así: “Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”.
Consciente de lo que se avecina, Rodríguez Zapatero se revela contra los augurios y para evadirse de ellos y acallar contestaciones dentro de su propio partido, realiza una amplia remodelación del Gobierno al que da intencionadamente un perfil más político, pensando que así recortará la distancia que, según las encuestas, le separan hoy día del Partido Popular. Sin embargo mantiene íntegro el equipo económico, a pesar de ser la economía el escollo más grave en que ha tropezado una y otra vez. La primera pista de lo que va a ocurrir en el futuro nos la dará el resultado de las próximas elecciones catalanas. Si, a pesar de los espectáculos circenses a que nos tiene acostumbrados Zapatero, se cumplen las previsiones que auguran un enorme descalabro socialista en Cataluña, es muy posible que el revés se extienda también, incluso agravándose, a las municipales y autonómicas del mes de mayo de 2011.
Y esto es lo que trata de evitar Rodríguez Zapatero con esa remodelación del Gobierno. Algunos de los cambios realizados tienen muy poca significación y responden a eventos puramente circunstanciales, como es el caso de la ministra de Exteriores, el de Trabajo y la de Sanidad. Quiso recompensar a Trinidad Jiménez del revolcón sufrido en las Primarias de Madrid, aunque para ello tuviera que sacrificar a Miguel Ángel Moratinos. El ministerio de Trabajo quedaba vacante, ya que Celestino Corbacho iba en las listas socialistas de las próximas elecciones catalanas. Al quedar libre el ministerio de Sanidad por el ascenso de Trinidad Jiménez, aprovecha la circunstancia para apartar a Leire Pajín de la secretaría de Organización del PSOE, nombrándola para ocupar el puesto vacante. En la secretaría de Organización no daba la talla y, además, molestaba a José Blanco. Vistas así las cosas, el nombramiento de Rosa Aguilar para el ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino, tampoco tiene mayor trascendencia. Si acaso, arañar algún voto entre las gentes que viven muy de cerca los problemas que afectan al medio ambiente.
El ascenso a vicepresidente primero y portavoz del Gobierno de Alfredo Pérez Rubalcaba, sin dejar de ser ministro de Interior y el nombramiento de José Ramón Jáuregui como ministro de la Presidencia, si pueden tener consecuencias nada baladíes. El tándem Rubalcaba-Jáuregui, a instancias de Zapatero, tratarán de jugar un papel muy importante ante un eventual acuerdo con la banda terrorista de ETA. El abandono de la violencia de ETA es la única esperanza que le queda al presidente del Gobierno. En el acuerdo con Iñigo Urkullu, que tan caro ha resultado a los españoles, dejaba entrever su intención cobarde y miserable de negociar con los etarras.
Un acuerdo con el mundo aberzale sería algo extremadamente vergonzoso. Pero aún así lo buscará con ahínco, para presentar un escenario político sin amenazas terroristas cuando lleguen las elecciones generales de 2012. Entonces usaría esta circunstancia de manera rastrera para tapar su fracaso en la crisis económica. Y para conseguirlo, nadie mejor que Alfredo Pérez Rubalcaba, antiguo Portavoz de los GAL, de Filesa, Malesa y Time-Export, el enredador del 11M, patrocinando los asaltos a las sedes del Partido Popular y el encubridor del caso Faisán. Rubalcaba es todo un maestro consumado en el contubernio y en la conspiración y que sabe moverse como nadie en el interior de las cloacas del Estado. Todo un personaje siniestro y manipulador, genéticamente incapaz de decir una sola verdad y que, si hay algún beneficio de por medio, no tiene problemas para saltarse la legalidad vigente. Por eso es el clavo ardiendo al que se agarra desesperadamente Zapatero para ver si así puede salir del atolladero en que está metido.
Ramón Jáuregui es el complemento perfecto para conseguir esos acuerdos con la izquierda aberzale, ya que tiene unas excelentes relaciones con el PNV y ha manifestado en público estar a favor de valorar positivamente los pasos dados por las huestes de Otegui. Quieren que Jáuregui se convierta en una especie de “delegado político” de Zapatero para gestionar desde Madrid el soñado proceso de paz. De momento Patxi López, con quien no mantiene muy buenas relaciones Ramón Jáuregui, ya ha sido relegado por Zapatero a un segundo plano. Quizás la falta de entendimiento entre Patxi López y Jáuregui, nos evite el bochorno de que se firme ese simulacro de paz, ya que, a las primeras de cambio, la banda criminal de ETA volvería a lo que ha hecho siempre, la extorsión y el atentado. La firma de una paz simulada significaría, además, un enorme desprecio para las víctimas del terrorismo.

Gijón, 25 de octubre de 2010

José Luis Valladares Fernández

sábado, 24 de julio de 2010

EL EJEMPLO DE LA SELECCIÓN ESPAÑOLA

Prácticamente ya se han apagado los ecos de las celebraciones por la conquista del campeonato mundial de futbol. La euforia por la consecución de esa copa mundial deja paso, de nuevo, a la cruda realidad económica que nos afecta. Tan solo nos queda el hecho accidental de que somos campeones del mundo, pero sin consecuencias prácticas para solucionar nuestros problemas económicos pendientes. Y es que la alegría dura muy poco en la casa del pobre. Se trata de un simple evento deportivo, sumamente meritorio, eso sí, pero sin más valor práctico para hacer frente a la crisis que el ejemplo dado por ciertas actitudes muy concretas de los deportistas para conseguir el campeonato.
Los miembros de la selección española, al contrario que nuestro Gobierno, encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero, se han empeñado en rescatar la marca España, en unir generosamente el espíritu, el sacrificio, la inteligencia y los esfuerzos de todos los componentes del equipo. Rodríguez Zapatero, en cambio, sigue empeñado en romper la unidad que se necesita para conseguir cualquier logro. Y desde las filas socialistas se han dado cuenta de que todas estas virtudes fueron básicas para conseguir ese triunfo. Ahí está como ejemplo el juicio emitido por Leire Pajín en su blog al día siguiente de conseguir el campeonato del mundo. “El 11 de julio del 2010 permanecerá imborrable en nuestra historia. Qué gran noche, inolvidable!!! Ha sido épico. Humildad, trabajo en equipo, profesionalidad, deportividad, talento, imaginación, resistencia, tesón, y por encima de todo unidad hasta el final”.
La bloguera planetaria va aún más lejos a la hora de resaltar la unidad de la selección española: “Ayer España vibraba con la roja, unida desde la pluralidad en un mismo sentimiento, en un solo país”. Y agrega, no sé si muy convencida de lo que dice, “Cómo tenemos que aprender de ese espíritu en el debate político”. Hasta el propio Zapatero, en la recepción organizada en el complejo de La Moncloa, reconoció expresamente que se había conseguido la copa del mundo gracias a la unidad, al tesón y al esfuerzo común de toda la selección y al buen hacer del seleccionador nacional. Quiso, eso sí, aprovecharse del triunfo, al decir que la conquista del título se debía, además, al buen hacer de todo el país. No fue capaz, en cambio, de lanzar al aire un ¡Viva España!, como hubiera sido lógico.
Tendría que aprender mucho Rodríguez Zapatero del comportamiento de nuestra selección de futbol, de la compenetración encomiable de los jugadores entre sí y con el entrenador. Y muy especialmente de la manera con que el seleccionador del Bosque afrontaba sobre la marcha, sin pérdida de tiempo, los problemas que se presentaban sobre el césped. Pero Zapatero piensa que estos cánones seguidos por los componentes de la selección, no son aplicables a los problemas de la sociedad española, sean estos políticos o económicos. Lo que es sumamente eficiente en competiciones deportivas, por lo que parece, resulta ser un lastre muy pesado a la hora de gestionar los intereses nacionales. De ahí que Zapatero, en vez de poner el acento en la unidad, en la conjunción de intereses, lo ponga en la dispersión, en resaltar las posibles diferencias, sean estas fingidas o reales.
Si España era ya en la práctica un auténtico gallinero, difícil de gobernar por la insolidaridad interregional lógica que ocasiona la división autonómica, Zapatero la ha hecho totalmente irrespirable exacerbando esa insolidaridad hasta límites insospechados en beneficio propio. Para apaciguar los ánimos en vísperas de las elecciones catalanas, por lo que parece, está dispuesto a reconocer, de manera oficial, que Cataluña es una “realidad Nacional”. No sería de extrañar que intentara cambiar la Ley del Poder Judicial, descentralizándola para que así tenga cabida el consejo catalán de justicia. Entre tanto y no, para soslayar la sentencia del Tribunal Constitucional, introduce diferencias en el concepto de nación. Aunque sin valor jurídico, los catalanes pueden seguir considerándose nación, nación política, por sentimiento y para dar cauce a las aspiraciones históricas de un pueblo, según explica el presidente del Gobierno. Para Zapatero, la sensibilidad catalana y los derechos históricos de Cataluña son superiores a los de los demás pueblos de España.
La distribución administrativa de España en Autonomías, con privilegios de los ciudadanos de una Comunidad Autónoma sobre los de otra, es prácticamente infumable y, además, extremadamente cara. El coste de nuestro sistema autonómico está fuera del alcance de nuestra economía y es causa evidente de nuestro progresivo empobrecimiento. Únicamente en Alemania, entre los países de nuestro entorno, tienen un sistema parecido al nuestro. Alemania es una federación de dieciséis estados o Länder. Aunque cada Länder tiene personalidad estatal propia, solamente la ejercen entre sí y, como tales, carecen de representación en el extranjero, la cual es asumida exclusivamente por el Estado federal.
Pero así y todo, nos encontramos con unas diferencias substanciales entre el sistema español de Comunidades Autónomas y los Länder alemanes. Para empezar, Los Länder tienen todos exactamente los mismos poderes y Las mismas competencias. Los Länder alemanes, además, fueron impuestos por los aliados de la segunda Guerra Mundial para restar capacidad política y económica a la propia Alemania. El sistema autonómico en España, por el contrario, fue obra de los propios españoles. Con esta distribución administrativa, se pretendía acallar al independentismo y al nacionalismo sociológico español. Algo que evidentemente no se consiguió.
La voracidad de los independentistas y nacionalistas de toda índole, sobre todo los catalanes, no ha tenido límite. Conscientes de la debilidad de José Luis Rodríguez Zapatero, han sabido bandearse para conseguir prebendas en exceso y competencias que debieran estar siempre en manos del Estado. De este modo hemos llegado en España a tener lamentablemente ciudadanos de primera, ciudadanos de segunda y hasta ciudadanos de tercera. Con estos problemas dentro de la selección nacional de futbol, hubiera sido imposible ganar el campeonato del mundo.

Barrillos de Las Arrimadas, 16 de julio de 2010

José Luis Valladares Fernández
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lunes, 3 de mayo de 2010

EL ENFRENTAMIENTO COMO SISTEMA

La frase latina “divide et vinces” fue utilizada por el emperador romano Julio Cesar para explicar su táctica en la conquista de la Galia, para lo que procuraba acentuar las rencillas existentes entre las diversas tribus del lugar. Esta paremia romana sería popularizada posteriormente por Nicolás Maquiavelo en El Príncipe. A lo largo de la historia se ha recurrido a este método, infinidad de veces, para doblegar y vencer a los enemigos ocasionales. José Luis Rodríguez Zapatero lo ha utilizado profusamente desde su accidentado aterrizaje en La Moncloa.
Fue el propio Zapatero el que lo reconoció públicamente en la emisora Cuatro, ante un micrófono que, de manera inesperada, había quedado abierto. Fue el 11 de febrero de 2008, unos días antes de las Elecciones Generales de ese mismo año. Una vez cerrada la emisión de la entrevista, el periodista Iñaki Gabilondo hace esta pregunta a Zapatero: “¿Qué pinta tienen los sondeos que tenéis?”. Es entonces cuando aparece la inoportuna confesión del presidente del Gobierno en estos términos: "Bien, sin problemas, lo que pasa es que nos conviene que haya tensión". Y por si no hubiera quedado bastante claro, Zapatero añade seguidamente: "...Yo voy a empezar este fin de semana a dramatizar un poco”.
Todo comenzó el 14 de diciembre de 2003 con las firma del obsceno Pacto del Tinell por parte del Partido Socialista de Cataluña (PSC), Esquerra Republicana (ERC) e Iniciativa por Cataluña-Esquerra Alternativa (ICV-EUiA). En dicho pacto, que es un ejemplo de inmoralidad política inimaginable, se acordó por escrito excluir al Partido Popular de cualquier tipo de acuerdo, que es tanto como excluir a la mitad de los ciudadanos del proceso legislativo. Y este acuerdo se llevó a rajatabla, primero en Cataluña y posteriormente en el resto de España. Fue el primer intento de resucitar el Frente Popular de 1936.
Ya metidos en la dinámica del proceso electoral, a raíz del terrorífico atentado del 11M, comienza el asalto a las sedes del Partido Popular, acto que fue alentado desde la dirección del PSOE. Ni siquiera respetaron la jornada de reflexión, previa a la jornada electoral de 2004. Rodríguez Zapatero, tan pronto se vio investido presidente, procuró buscar alianzas con fuerzas de la izquierda radical para crear un frente que deje aislado y sin opciones al Partido Popular. Desde la presidencia del Gobierno y sus aledaños, trataron de lanzar al principal partido de la oposición poco menos que a un lazareto de apestados.
Puesto que Zapatero descubrió el principio del “como sea”, puso todo su empeño en criminalizar al Partido Popular, presentando a sus miembros como los auténticos herederos de la Falange y de Franco. Estaríamos de nuevo ante un partido de la derecha más rancia, totalitaria y anti demócrata, mientras que los socialistas representarían a la izquierda moderna y civilizada. Quizás no se ha dado cuenta Zapatero que los verdaderos “hijos de papá”, los mimados del pasado régimen, militan todos en el PSOE actual. Los herederos auténticos de los privilegiados del “Movimiento” franquista, ocupan hoy cargos de responsabilidad en el propio Gobierno o en las diversas instituciones del Estado. Hay algún que otro personaje, encargado de aquella de velar por la ortodoxia del régimen, que, desde un medio de comunicación, se arroga ahora el derecho de decir quién es demócrata y quién no.
Conservar el poder “como sea” se ha convertido en la máxima aspiración de Zapatero. Como no puede aducir una buena gestión al frente del Ejecutivo, acude innoblemente a la trapacería política, en busca de un apoyo social continuado. Con este malintencionado propósito pone en marcha la desgraciada Ley de Memoria Histórica que nos ha devuelto al escenario de las dos Españas irreconciliables. Zapatero nos coloca otra vez irresponsablemente en el bochornoso pasado en que había buenos y malos; donde, en vez de adversarios políticos, había enemigos encarnizados. Y claro, ahora los malos son aquellos que no se resignaron a que España fuera una simple colonia del estalinismo y que, en buena medida, evitaron que compartiéramos la pobreza y las miserias de los pueblos satélites de la Rusia Soviética. Los buenos, en cambio, son aquellos que pusieron todo su empeño en instaurar aquí el idílico paraíso soviético que, con la dictadura del proletariado, nos iba a colmar de felicidad.
De esta manera tan lamentable se ha tirado por la borda aquel espíritu ejemplar que presidió nuestra transición política a la democracia, dilapidando aquellos logros esperanzadores de entonces. Lo prioritario para Zapatero y los suyos es la gresca y la división, de ahí que no dude en copiar de la revolución francesa el Jacobinismo, integrado por diversos clubes que se encargaban de organizar interesadamente las algaradas y los motines revolucionarios. Ese papel, aquí en España y como buenos Jacobinos, lo desempeñan los titiriteros, los del sindicato de la ceja y los sindicalistas, a los que se han agregado ahora toda una legión de ‘garzonistas’.
Ante todo hay que acentuar la división entre los españoles. De ahí que utilicen hasta las discrepancias entre jóvenes para subrayar que se trata de auténticas guerras ideológicas entre izquierda y derecha. La derecha irredenta continuaría con el pecado original de la Guerra Civil y de los casi cuarenta años de franquismo. Cualquier avatar de la vida diaria, por anodino que parezca, debidamente tratado y exagerado, puede ser muy útil para abrir heridas entre unos y otros. En este sentido, el juez Garzón era un buen pilar para organizar cacerías judiciales para desestabilizar a la oposición y mantener en vilo a la sociedad.
Cuestionar la unidad de España y propiciar su disgregación, es otra de las tareas que se ha propuesto Zapatero con el fin evidente de generar tensión entre las diversas fuerzas políticas. Recordemos su intervención en el Senado, donde apeló a la “obligación intelectual” que tiene el Gobierno de saber que nación y nacionalidad son “conceptos discutidos y discutibles” y pide al Partido Popular que abandone su fundamentalismo político. De ahí su apoyo decidido a los inventores ocasionales de esas falsas naciones.
Los ataques frontales a nuestra cultura secular y a la Iglesia han sido también profusamente utilizados por Zapatero. La legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo, y la nueva ley que institucionaliza el aborto como un derecho exclusivo de la mujer, con la propaganda malintencionada utilizada, son un ejemplo clamoroso que ha hecho mucho daño a la unidad de la sociedad. Y ahora comenzara la guerra de los crucifijos y demás signos religiosos a los que el vengativo Zapatero quiere recluir en las sacristías. La Alianza de Civilizaciones y la asignatura Educación para la Ciudadanía, juntamente con algún que otro oportuno velo o hiyab, cubren por si solas las distintas necesidades intelectuales de la sociedad española.

Gijón, 1 de Mayo de 2010

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El SEPARATISMO CATALAN

Los separatistas catalanes, con su odio declarado a España y a lo que esta significa, están haciendo un daño irreparable a Cataluña. Son muchos ya los españoles de otras regiones que han decidido no comprar productos catalanes. No es que tengan nada contra Cataluña, pero les molesta que cuatro arribistas de la política se apropien del ser y el sentir catalán y quieran hacernos ver que Cataluña son ellos.
En el resto de España, sabemos de sobra que la mayoría de los catalanes pasan de la independencia. Ahí está, para demostrarlo, la escasa participación en esa alucinante consulta de hace unas fechas, llevada a cabo en 166 municipios de Cataluña. Consulta o referéndum realizado con la connivencia culpable de Zapatero y de todo el Gobierno central. Al lendakari Ibarreche le prohibieron realizar una consulta similar en el País Vasco. Los prohombres de Esquerra Republicana de Cataluña, por lo que se ve, cuentan con la correspondiente bula para aspirar impunemente a la independencia, bula que no han logrado aún los del Partido Nacionalista Vasco.
La participación ciudadana en esta consulta no llegó, ni tan siquiera, al 30%. Hay que resaltar, como dato curioso y relevante, que la participación es inversamente proporcional al censo real de cada municipio. En los municipios con más de 10.000 habitantes, la media no ha sobrepasado el 22%. Con un censo entre 5.000 y 10.000, la participación sube hasta el 24%. Entre 1.000 y 5.000, la afluencia de participantes alcanza el 27%. Es en pueblos de menos de mil habitantes donde la participación sube hasta el 35%.
Todos sabemos que el sondeo realizado por el instituto Noxa para La Vanguardia, o está amañado, o eligieron las personas que debían ser consultadas. Nadie se cree que un 53 % de los catalanes estén a favor de los referéndums por la independencia. Como supongo que la mayoría de los catalanes son claramente sensatos, estoy convencido de que la realidad catalana es muy diferente a como la cuentan los periódicos y las emisoras de radio, sobornados a base de recibir abundantes y frecuentes subvenciones. Seguro que, si se organizara en serio una consulta soberanista, Cataluña elegiría seguir siendo española.
El mismo Artur Mas, con tendencias políticas nada sospechosas, reconoce sin ambages que en su partido se ha “contrastado con estudios sociológicos que en una consulta en toda Cataluña ganaría el no. Sería un error convocarla para evidenciar ante España y todo el mundo que Cataluña lo que quiere es simplemente ser española. Eso llevaría al país a la derrota. Si se puede plantear en el futuro, ya se verá”. Y es normal que sea así ya que los independentistas, con ser muchos y muy ruidosos, representan tan solo a una exigua minoría. La Cataluña real está formada por todos los que viven en esa admirable tierra, y no solamente por aquellos que aspiran a la independencia. Y esto es así, se pongan como se pongan, los prohombres de Esquerra Republicana y cuantos comparten sus absurdas proclamas.
Son llamativas las declaraciones del nuevo converso del independentismo catalán, el presidente del FC Barcelona. A Joan Laporta le ciegan sus ambiciones políticas para cuando abandone la dirección del Barça. Ante la posibilidad de un referéndum legal sobre la independencia, no duda en afirmar que la gente votaría a favor. Y agrega: “No me cabe en la cabeza que alguien vote en contra”. No se que pensaría si el FC Barcelona, como consecuencia lógica de su postura, no pudiera participar en la liga española y se viera abocado a jugar con el UDA Gramanet, el CE Mataró y el Palamós CF, entre otros.
Cuando sí acierta plenamente Laporta es cuando dice que “Es el momento de que Cataluña despierte”. Eso es, precisamente, lo que pretenden los que no compran productos catalanes. Con el hecho de buscar productos alternativos y rechazar los fabricados en Cataluña, se pretende dar un aldabonazo en la conciencia del pueblo catalán, para que mande a casa, de una vez por todas, a todos estos políticos advenedizos que se han adueñado de las instituciones catalanas. Más aún, proclaman desvergonzadamente que Cataluña son ellos, cuando en realidad, están haciendo un daño irreparable a los catalanes.
Y para mandar a casa a tanto intruso político, no es suficiente organizar “butifarradas” como hizo recientemente la Asociación Cultural Gastronómica Butifarréndum. Está bien para reírse un poco de esas consultas ilegales en pro de la independencia y para disfrutar simultáneamente de la cultura catalana. Sería de necios utilizar estos actos culturales como si fuera todo un instrumento político. Hace falta algo más. Hay ocasiones en las que es preciso mojarse con decisión.
Entre las ocasiones perdidas está la del referéndum en que se aprobó el polémico Estatut de Cataluña que, diga lo que diga el Tribunal Constitucional, es claramente anticonstitucional. De los 5.309.767 catalanes con derecho a votar, solamente lo hizo el 49,4% del censo, de los que el 20,7% votaron en contra. El Estatut, por consiguiente, solamente fue respaldado por el 36% de los ciudadanos de Cataluña con derecho a voto. De haber acudido masivamente los catalanes a la consulta, hubiera triunfado con seguridad el no. Resultado: no tendríamos ahora a todos estos indocumentados políticos marcando pautas a tirios y troyanos y fanfarroneándose, a la vez, de su catalanidad.

Gijón, 30 de diciembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

lunes, 30 de noviembre de 2009

EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL Y SUS CHALANEOS


A los ojos de los legos en la materia, la justicia española deja mucho que desear. Para empezar, quizás haya demasiados jueces estrella y demasiada poca independencia. La muerte del Barón de Montesquieu, anunciada con enorme fruición por Alfonso Guerra, puede ser la causa de ese comportamiento, al menos un poco chocante y llamativo, de los encargados de administrar justicia. Y no será de otra manera, mientras sean los políticos y los Gobiernos de turno los que cocinen los nombramientos y ascensos de los jueces.
Históricamente, las sentencias del Tribunal Constitucional, en las que se barajan asuntos de cierta importancia, se han dictado siempre con la vista puesta en los intereses ocasionales del Gobierno. De una manera más o menos disimulada, los fallos importantes siempre han estado políticamente mediatizados. El primer ejemplo descorazonador nos lo dio el alto Tribunal con la sentencia del día 2 de diciembre de 1983. En dicha sentencia, para no hacer sangre del Gobierno de Felipe González, se declara constitucional la precipitada expropiación del holding de Rumasa. En el sentido del fallo, fue decisivo el “voto de calidad” del presidente de entonces Manuel García-Pelayo. Y García Pelayo, por culpa de ese “voto de calidad” del que no tardo en arrepentirse, vivió amargado hasta el último de sus días.
Desde junio de 2004 es presidenta del Tribunal Constitucional María Emilia Casas Baamonde, y ha dado motivos sobrados para dudar de su independencia e imparcialidad. Si llega el caso, es muy posible que, a la hora de dictar sentencia, valore más lo que conviene en ese momento a los poderes públicos que lo que establezca nuestro ordenamiento jurídico. Por algo el secretario de Estado de Justicia, Luis López Guerra, a raíz de ser elegida para el cargo, declaró exultante a la agencia EFE que era "una gran noticia y una suerte para todos" y añadió que "muestra el cambio en la conciencia" de la sociedad española. Y quizás sea esa la posible explicación de su permanencia al frente de este Tribunal, a pesar de haber agotado el tiempo para el que fue elegida.
Son muchos los motivos por lo que esta magistrada debiera estar fuera del Tribunal Constitucional. Tal como determinan las leyes, la duración del cargo de magistrada del Constitucional, sin posibilidad de reelección inmediata, es de nueve años. Y María Emilia Casas fue uno de los cuatros vocales que nominó el Senado allá por el año 1998.
No se si es irregular o no su permanencia como presidenta, ya que el mandato para estar al frente de este Tribunal es de solamente tres años. Como interesaba esa continuidad, se reforma la Ley del Tribunal y, a la vez, se dictamina que esta reforma era plenamente constitucional. Para que esto fuera posible, tienen que recusar a dos magistrados que no estaban por la labor. La magistrada Casas tenía que seguir al frente del Constitucional como fuera. Por lo menos, hasta que el Estatuto de Cataluña obtenga previsiblemente todas las bendiciones constitucionales.
A parte de esto, María Emilia Casas será muy competente como jurista, pero, de acuerdo con juicios pasados, quizás no haya demostrado fehacientemente su independencia y su imparcialidad. Para empezar, es una magistrada muy cercana a las tesis del PNV, no se si por convicción propia o por razones de su matrimonio con Jesús Leguina Villa, antiguo asesor del PNV.
Y una vez dentro del Tribunal Constitucional, a María Emilia Casas le faltó exquisitez jurídica en sus actuaciones. A pesar de la estrecha relación con el dirigente de Herri Batasuna, Karmelo Landa, en 1999 votó a favor del amparo a la mesa nacional de esa formación política, provocando la excarcelación de sus miembros. Lo preceptivo para esta magistrada era la abstención, ya que entre los que pidieron el amparo se encontraba su amigo Karmelo Landa. De este modo, colaboró para que se revocara la decisión de la Sala Penal del Tribunal Supremo que les había condenado por colaboración manifiesta con la banda terrorista de ETA. También el 20 de marzo de 2004 María Emilia Casas se significó votando en contra de la impugnación del famoso Plan Ibarretxe que había interpuesto del Gobierno de Aznar.
Al lado de estos hechos, que dejan su imparcialidad tocada y en entredicho, nos encontramos con algún otro acto, si no delictivo, si al menos sumamente imprudente. María Emilia Casas llamó personalmente a una abogada, hoy en la cárcel, para asesorarla jurídicamente en un caso de violencia de género. Para empezar, los magistrados tienen prohibido por ley cualquier tipo de asesoramiento. La Ley del Poder Judicial, en su artículo 389, dice taxativamente que “el cargo de juez o magistrado es incompatible, entre otras cosas, con todo tipo de asesoramiento jurídico, sea o no retribuido”. Dejando a un lado si esto comporta algún tipo de responsabilidad, sea esta penal o administrativa, rompe toda la estética del asesoramiento con la reveladora coletilla empleada por María Emilia Casas y que, oportuna o inoportunamente, destacaron en su día los periódicos: “si esto llega al Constitucional, me avisas”.
La prolongada espera por el fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña tiene su enjundia. La inconstitucionalidad de algunos artículos es manifiesta hasta para quienes somos legos en leyes. Es más, alguno de ellos es plenamente anticonstitucional. Pero aún así, el Gobierno actual, valiéndose de la magistrada Casas, busca desesperadamente una sentencia interpretativa que, al menos, no cercene ninguno de los artículos importantes del texto estatutario.
La presidenta del Tribunal Constitucional ha intentado una y otra vez complacer al Gobierno, tratando de desbloquear la situación creada con el Estatuto de Cataluña. Pero afortunadamente siempre ha fallado alguno de los peones con que contaba el PSOE, haciendo inútil hasta el voto de calidad de la presidenta. Ante la imposibilidad de una sentencia favorable, María Emilia Casas congela el fallo, buscando una ocasión más favorable. Lo que no logrará nunca María Emilia Casas, es una sentencia que, según ella, deje contentos a todos. Ella apunta, que esta sentencia “debería satisfacer a todos, porque será la aplicación de la propia Constitución”. Una aplicación de la propia Constitución, eso sí, muy a su aire y, si llega el caso, tan inconstitucional como el propio Estatuto.
Como colofón al despropósito de las continuas dilaciones en el fallo final sobre el Estatuto de Cataluña, la presidenta Casas nos ha salido ahora por peteneras y afirma que, de momento, no puede haber sentencia ya que “el texto está redactado en un idioma raro que, sinceramente, imposibilita su correcta interpretación”. Los catalanistas, por medio de la prensa, se lanzan a presionar descaradamente al Tribunal Constitucional en busca de una sentencia favorable al Estatuto. Lo malo es que hoy les arropa hasta el propio Zapatero, con esas declaraciones extemporáneas a la televisión sexta.
La manera correcta de introducir cambios en nuestra Constitución viene señalada por la propia Constitución. Modificarla acudiendo a la política de hechos consumados y a ocasionales Estatutos, es evidentemente anticonstitucional. Dejemos pues en manos del Tribunal Constitucional que decida libremente. En sus manos está aumentar su descrédito, o atenerse de manera estricta a lo que dicta nuestra Constitución y comenzar así a recuperar parte del crédito perdido. Hasta ahora, el descrédito y la desconfianza de la sociedad, se lo han ganando a pulso, al igual que el resto de las instituciones judiciales españolas. Veremos si son capaces de enderezar el rumbo y dejar a un lado definitivamente las habituales componendas.

Gijón, 29 de noviembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

sábado, 25 de julio de 2009

DISLATES AUTONOMICOS

No hay nada peor para un país que dar el poder a una persona intelectualmente mediocre. Estas personas, con el BOE en sus manos, tratarán, por todos los medios, de aparentar lo que en realidad no son. Y esto les hace extremadamente osados y peligrosos. Y si van de iluminados, terminan por creerse que pueden regular por ley hasta los mismos fenómenos atmosféricos. Este es, hasta cierto punto, el pecado político que los españoles, por torpes, estamos ahora expiando.
Zapatero, tan pronto se vio investido presidente, comenzó a entrar a saco en todas las instituciones españolas, sean estas estatales o no, con el ánimo de influir en cada una de ellas, alterando así su normal funcionamiento. Por lo que parece, le importaba un comino que lo que funcionaba más o menos bien, comience a funcionar mal como consecuencia de su intervención. Y no digamos lo que ya marchaba mal, como es el caso de las Autonomías. Con la mediación de Zapatero van directamente al desastre.
Los padres de nuestra Constitución de 1978 pecaron de incautos con el establecimiento del denominado Estado de las Autonomías que, a la larga, ha resultado ser todo una calamidad manifiesta. Con toda la buena fe del mundo, pensaron que, con la descentralización y la cesión de competencias a las regiones, se solucionaba el problema creciente del separatismo de alguna de ellas. Pero lejos de solucionar el problema, con esa cesión de poder, excitaron aún más los instintos independentistas de los caciques autonómicos. Y el problema grave de una de las regiones se propagó de inmediato a otras zonas españolas donde ese movimiento estaba más latente.
Con la llegada a la Moncloa de Zapatero, el problema se complicó enormemente. Con su memoria histórica y su filosofía política de comenzar nuevamente donde acabó la República, dio nuevos ánimos a los oportunistas y advenedizos de la cosa pública. Y de este modo comenzó nuevamente la carrera política para ver quien llegaba antes, al menos, a las cotas de poder alcanzado en aquellos desgraciados momentos de nuestra historia. Aparecen por doquier nuevos Sabinos Aranas, predicadores incansables, que cantan a los suyos las excelencias y bondades de una posible independencia.
Surge, de este modo, una efervescencia absurda por la elaboración de nuevos Estatutos que prescindan de la Constitución Española, den más poder a las regiones, y las conviertan en presuntas naciones soberanas. Comenzó Cataluña la fiesta, pero diversos y encontrados intereses nacionalistas propició que terminara en fracaso. Es aquí cuando aparece otra vez en escena, vestido de hada madrina, el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Llama a la Moncloa a Artur Mas y comienza un tutelaje absurdo de un Estatuto que, diga lo que diga el Tribunal Constitucional, es claramente anticonstitucional.
Como nadie quiere ser menos, todas las regiones se aprestan a seguir los desatinados pasos del Estatuto catalán. Y los que logran ponerse de acuerdo y redactan nuevos Estatutos, votados eso sí por una escasa minoría, todos pecan de anticonstitucionales, aunque los distintos próceres políticos traten de disimular esa anticonstitucionalidad con rebuscados y simples subterfugios gramaticales.
El estado de las autonomías, desde el punto de vista económico, digan lo que digan unos y otros, es totalmente inviable. Duplica cargos que cuestan un dinero que no tenemos y que se necesita para cubrir otras necesidades más básicas y primarias. Además del empobrecimiento progresivo a que nos lleva el mantenimiento de tanta taifa, el proceso ha modelado unas regiones tremendamente insolidarias que no dan ni el agua que les sobra y prefieren que se vierta al mar antes que la aproveche quien no la tiene y la necesita. Y ha vuelto la hora del caciquismo regional que es más propio del cantonalismo del pasado que del momento actual.
Comienza de este modo una carrera loca para ver quien gasta más y de modo más absurdo. Como no abunda el dinero, se buscará la manera de recabar fondos a costa de otras regiones más pobres, utilizando para ello la complicidad de un gobierno incapaz y que saben que necesita apoyos políticos puntuales para mantenerse de un modo medianamente decoroso. Y gastan tan desaprensivamente que la deuda de las Comunidades Autonómicas sufrió un aumento de nada menos que de un 20% solamente en el primer trimestre del año actual. Tanto que, según el Banco de España, llegaron a acumular una deuda de 73.385 millones de euros, lo que supone el 6,7% del PIB, y en un momento tan delicado como este por nuestra crisis económica. Nunca antes se había alcanzado una deuda tan alta y desorbitada.
Lo malo de todo esto es que se despilfarra el dinero del contribuyente de una manera insultante, entre otras cosas en abrir embajadas diplomáticas autonómicas en vez de mejorar los servicios deficientes de sanidad, educación, justicia y en diversas y necesarias infraestructuras. E incluso en solucionar, de una vez por todas, la dichosa Ley de Dependencia, de la que el Gobierno del PSOE solamente se acuerda en periodo electoral.
Es bochornoso que, a finales de junio de este mismo año, las Comunidades Autonómicas contaran con 196 embajadas, frente a las 116 del Estado español, lo que no deja de ser un despropósito intolerable. No sé si, posteriormente a esa fecha, el independentista Rovira ha abierto alguna nueva embajada catalana. Es cierto que estos caciques de poco pelo no las llaman embajadas y emplean eufemísticamente el nombre de delegaciones, pero estos centros no hacen otra cosa que invadir las competencias diplomáticas en asuntos que constitucionalmente corresponden en exclusiva al Gobierno central.
Está fuera de toda duda que las 46 delegaciones diplomáticas catalanas, que estaban en funcionamiento a finales de junio pasado, se dedican con ahínco a propalar la idea de que Cataluña es una nación aparte de España. Cataluña, lo mismo que el país vasco, utilizan estas delegaciones diplomáticas para recabar, de un modo descarado, el mayor número de apoyos posibles para su causa separatista. Todas ellas, y las delegaciones gallegas principalmente, se dedican también a procurar para el nacionalismo el voto cautivo de los emigrantes españoles.
Estas embajadas autonómicas les sirven a estos dictadorzuelos regionales para disimular sus abundantes corruptelas y colocar en ellas a los familiares, los amigachos y a los conmilitones más allegados.
Con Zapatero, y casi sin darnos cuenta, se ha puesto en práctica un tipo de política incompetente, claramente tabernaria, que nos lleva sin remisión al despropósito y a la ruina y a la desaparición irremediable de la idea de España. Despropósito y ruina que se acrecentará y acelerará aún más con el nuevo tipo de financiación que ha impuesto ahora el Gobierno. ¿Cuánto tiempo tardarán los catalanes en pedir más dinero?

Barrillos de Las Arrimadas, 19 de julio de 2009

José Luis Valladares Fernández