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viernes, 13 de agosto de 2021

LAS FANTASMADAS DE PEDRO SÁNCHEZ EN EE.UU.

 


Aunque es algo muy lamentable, tenemos que reconocer  que la historia del mundo está llena de megalómanos y lunáticos, que necesitan perentoriamente recibir toda clase de loas, halagos y parabienes. Y en buena lógica, como se creen muy superiores al resto de los mortales, piensan que deben ser ellos los elegidos para encabezar y dirigir las distintas Administraciones o Instituciones Públicas. Y por desgracia, casi siempre salen con la suya, perjudicando gravemente, claro está, a los administrados, ya que nada más conseguir su propósito, suelen perder  también hasta el más mínimo contacto con la realidad.

Si recurrimos a las narraciones mitológicas de la antigua Grecia, ya encontramos personajes de esa guisa, con un ego tan inmenso y desmedido, que les llevaba a pensar que hasta podían reírse del bien y del mal. Y eran tan audaces y tan presuntuosos, que se sentían plenamente capacitados para enfrentarse a los mismos dioses. Y ni corto, ni perezoso fue precisamente lo que al final hizo Aquiles, el famoso héroe de la guerra de Troya y uno de los más grandes guerreros que encontramos en la Ilíada de Homero.

Derrochando valor y coraje, los troyanos estaban haciendo retroceder a los griegos. Para conjurar el peligro, el héroe Patroclo se lanza al ataque y comienza a hacer estragos entre las tropas de Troya, que huyen cobardemente para buscar refugio dentro de la ciudad. Y tiene que llegar el príncipe troyano Héctor que, con la ayuda explícita de Apolo, evita el desastre, dando muerte al envalentonado  Patroclo.

Al enterarse Aquiles de la muerte de su compañero de armas Patroclo, monta en cólera y decide tomar las armas para vengarlo. Cuando los troyanos se enteran que van a tener que hacer frente al propio Aquiles, se refugian rápidamente dentro de las murallas. El valiente Héctor, en cambio, se negó a abandonar la lucha y permaneció impaciente ante una de las puertas de entrada para luchar cuerpo a cuerpo contra el temido Aquiles.

El combate entre los dos contendientes fue sumamente duro, largo e indeciso. Es verdad, que cualquiera de los dos rivales pudo vencer, pero la suerte se alió con Aquiles, que logró acabar con su contrincante Héctor, traspasándole  el cuello con su lanza. Vengada así la muerte de su amigo Patroclo y con su enemigo inerte en el suelo, el vencedor sufrió un ataque desmesurado de orgullo y de arrogancia desenfrenada (el famoso ‘hibris’ (ὕβρις) que dirían los griegos), transgrediendo así los límites que le habían marcado los dioses.

Por culpa del envanecimiento y del exceso de confianza en sí  mismo, Aquiles culminó su  revancha atando el cadáver de Héctor a su carro y arrastrándolo seguidamente por el campo de batalla y alrededor de las murallas de Troya. Esa acción encolerizó a los dioses, que decidieron castigar su desobediencia, dirigiendo la flecha que lanzó Paris a la única parte vulnerable de su cuerpo, para causarle la muerte.

Claro que, para encontrar megalómanos destacados, completamente satisfechos de sí mismos, no necesitamos recurrir a la legendaria Grecia. Tenemos personajes jactanciosos, que sufrieron verdaderos delirios de grandeza en épocas más cercanas a nosotros. Es el caso, por ejemplo de Adolf Hitler, el dictador alemán que provocó la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia en septiembre de 1939, y el aberrante déspota soviético Iósif Stalin.

Para el megalómano Hitler, los seres humanos estábamos divididos en razas y, por supuesto, la raza ‘aria’, representada básicamente por los auténticos alemanes, era muy superior a las demás. Les correspondía, por lo tanto, estar al frente de los destinos del mundo. Había también, cómo no, otras “razas inferiores”, como es el caso de los judíos o los eslavos que no tenían derecho ni a la cultura más elemental.

Es sabido que el Führer, con sus encendidas arengas, consiguió que más de tres millones de jóvenes, y otras muchas personas de reconocido prestigio, aceptaran ciegamente esas delirantes teorías y estuvieran dispuestos a dar su vida para llevarlas a la realidad y asumir después el puesto destacado que les corresponde. Y no digamos nada del genocida Stalin que, nada más desaparecer Lenin de la historia, comenzó a deshacerse de sus oponentes, enfrentando a unos contra otros, para acaparar todo el Poder  en la Unión Soviética.

Para lograr semejante objetivo, el sanguinario Stalin solía utilizar el conocido método de “dividir para gobernar”. Y cuando eso no era posible, recurría directamente a las purgas selectivas y a los inhóspitos campos de concentración o gulags. Y a la vez que se deshacía de sus enemigos políticos, intensificaba su labor para magnificar el culto a su persona y recibir cantidad de halagos y agasajos.  Como suelen hacer los líderes carismáticos, quería que se elogiara públicamente su destacada inteligencia y su bravura.

De todos modos, no debemos olvidar que, hoy día, también hay muchos megalómanos y ególatras sueltos que sienten un amor excesivo hacia sí mismos y que utilizan constantemente sus delirios de grandeza para esconder sus abundantes y escandalosas carencias con la perversa intención deslumbrar a los demás. De ahí que podamos decir, sin miedo a equivocarnos, que no hay nadie que se haya endiosado tanto en tan poco tiempo, como Pedro Sánchez, el actual presidente del Gobierno que padecemos.

Está visto que el personaje, que rige ocasionalmente nuestros destinos, carece de credibilidad. Y por si fuera esto poco, no ha sido capaz de solventar los problemas, tanto económicos como sociales e incluso sanitarios, que venimos soportando desde que aterrizó sorpresivamente en La Moncloa.  Para empezar, al presidente Sánchez le preocupan muy poco las necesidades reales, que afectan a los españoles de a pie, porque no piensa nada más que en sí mismo. Y es tan vanidoso, que solo se desvive por enaltecer su imagen y buscar la manera de eternizarse en el Poder. 

Podemos dar por hecho, que Pedro Sánchez, ‘el guapo’, no tiene más cartas de presentación, ni más activos que esa deslumbrante estampa o figura física que le ha valido ciertamente, entre otras cosas, para encandilar a mucha gente, sobre todo mujeres jóvenes y también, quien lo iba a decir, para llegar a donde llegó.

En todo caso, tenemos que aceptar que, como el atrevido Sánchez no dispone de más virtudes que su aspecto físico, no está debidamente preparado para estar al frente de la presidencia del Gobierno. Su fisionomía o empaque será todo lo fascinante que se quiera, pero solo sirve para engatusar a gente incauta y desprevenida. Y como a orgulloso no hay quien lo gane, jamás reconocerá este extremo y seguirá intentando acrecentar su estima y su popularidad, con el pavoneo que suele practicar en sus apariciones públicas, que no son muy frecuentes, porque tiene mucho miedo a las protestas.

No olvidemos que la gestión realizada por Pedro Sánchez al frente del Gobierno deja mucho que desear. Y a esto hay que agregar que está ya más visto que el tebeo. Y para colmo de males, ha abusado tanto de esa especie de triunfalismo hueco para cosechar aplausos y parabienes, que se ha ganado a pulso el rechazo unánime de los españoles. Así que  ya no puede ni salir a la calle, porque a cualquier sitio que vaya, la gente reacciona espontáneamente con toda clase de protestas y abucheos, soltando frases como esta: “¡sinvergüenza, vete de aquí1”.

 Aunque desde el Ministerio del Interior se tomaron todas las precauciones posibles para evitar hasta el más mínimo reproche, el presidente Sánchez fue recibido en Alcalá de Henares con un monumental griterío a su llegada a la XIII Cumbre hispano-polaca. Le volvió a pasar en Granada, cuando visitó los laboratorios farmacéuticos del Grupo Rovi, donde se fabrica el principio activo de la vacuna de Moderna. Y como no hay dos sin tres, se volvió a repetir la historia en Ceuta, en la visita que hizo a esta ciudad por culpa de la crisis migratoria provocada por Marruecos.

Y todos conocemos perfectamente lo que ocurrió durante la celebración de la XXIV Conferencia de Presidentes, que se celebró en el Convento de San Estaban de Salamanca. Siguiendo la pauta marcada por el programa, los presidentes tenían que acudir a la Plaza Mayor para realizar allí la correspondiente foto de familia. Y desde allí, pensaban desplazarse hasta el Convento, dando un paseo por la ciudad salmantina. Pero La Moncloa sustituyó ese paseo por un desplazamiento en coches, porque el público que se había congregado en la Plaza Mayor recibió a Pedro Sánchez, con una gigantesca bronca y, ahí es nada, llamándole “traidor”.

Y en esta ocasión, como el gabinete del jefe del Ejecutivo quería desagraviar al denostado Sánchez, eludiendo a la vez otros posibles insultos o abucheos, que los desaprensivos ciudadanos sueltan airadamente, porque están hasta las narices de las mentiras del presidente y de la pésima gestión que viene realizando. Y eso solo se consigue, previniendo esos desagradables reproches y organizando un recibimiento en olor de multitudes y con una nube de calurosos y sinceros aplausos.

Y para eso, nada mejor que llevar a Pedro Sánchez a un pueblo, no muy grande, para controlar debidamente la situación. Y se eligió el pueblo salmantino de Calvarrasa de Arriba, que tan solo tiene 600 vecinos. Y mira por donde, a pesar de las precauciones tomadas, cuando menos lo esperaban, un vecino del pueblo entró en el bar donde el presidente departía amigablemente con los suyos y le soltó a boca de jarro esta pregunta: “¿Es usted Pedro, el mentiroso?”.

Tal como van las cosas, no sé qué tendrá que hacer este advenedizo y envanecido presidente para ahorrase estos disgustos, manteniendo simultáneamente su descomedida codicia y esa escurridiza popularidad. Tendrá que terminar, creo yo, encerrado en La Moncloa, o aislado al menos en una impenetrable y protocolaria burbuja.

Al llegar agosto, como es habitual, se fue a descansar al Palacio de la Mareta, en Lanzarote. Pero esta vez, para evitar que se repitan las recientes y desagradables escenas de Ceuta y de Salamanca, el acomplejado Sánchez pidió al Ministerio del Interior que, además de las instalaciones propiamente dichas, blindaran cuidadosamente también una franja de terreno mucho más amplio que en años anteriores, alrededor de La Mareta.

Este año en concreto, las patrullas  de los Grupos de Reserva y Seguridad, desplazados expresamente  a Lanzarote con ese fin, mantienen un fuerte control policial, para que ningún vecino desaprensivo pueda acercarse a menos  400 metros del palacio vacacional y enturbie  las vacaciones de Pedro Sánchez, organizando escraches y alborotos o cualquier otro tipo de manifestación o protesta.

A estas alturas de la película, ya no quedan españoles que se dejen arrastrar por las incontables baladronadas del impresentable Sánchez. Es público y notorio que el personaje que nos gobierna es incapaz de respetarse a sí mismo, porque hace siempre exactamente lo contrario de lo que promete. Y en consecuencia, ¡qué le vamos a hacer!, ha terminado siendo el pimpampum de los ciudadanos, porque ya no cree nadie en su palabra.

En realidad, tenemos que admitir  que Pedro Sánchez es un personaje muy singular que, ha sido puesto en solfa en España, más que nada por su desastrosa gestión de la pandemia y por su manifiesta incapacidad para reactivar la economía. Y lo que son las cosas, como aquí ya no le hace nadie caso, decide  reivindicar su honor y su credibilidad nada menos que en Estados Unidos. La coartada, desde luego, no podía ser más precisa: intentaba captar inversión extranjera para España, utilizando descaradamente como señuelo, los 140.000 millones que esperamos recibir de los Fondos de Recuperación europeos.

Y emprende el viaje, sin contar prácticamente con ninguna empresa importante española. Tan solo le acompañó un grupo limitado de emprendedores que se dedican habitualmente a comercializar productos y servicios a través del uso intensivo. Y llegó a Nueva York, sin ningún plan previsto, dispuesto, por qué no decirlo, a vender la burra a quienes conocen mejor que nadie los problemas de  nuestra economía y la evidente falta de estabilidad política que padecemos por culpa de la izquierda montaraz que nos gobierna.

Y haciendo el ridículo una vez más, primero en Nueva York, y después en Los Ángeles y en San Francisco, Pedro Sánchez trato de camelar a los inversores  norteamericanos que quisieron escucharle, presentándose a sí mismo “como un político que cumple”, que “trabaja y saca medidas adelante”, mientras que “la oposición solo grita”. Y además de ofrecer insistentemente ‘seguridad’ y ‘certidumbre’  a los posibles inversores, terminó su discurso diciendo: “España es el mejor lugar del mundo para invertir”.

Pero, por lo que se ve, todo este sermón no surtió efecto, porque las obras y los milagros del fanfarrón Sánchez hace ya mucho tiempo  que traspasaron fronteras y llegaron, vete tú a saber cómo, a los Estados Unidos. Y esto fue determinante, no faltaba más, para que el fracasado  viajero volviera a España sin conseguir ni una sola inversión. Pero aún hay que añadir algo más, ya que es muy significativo que ningún medio importante de comunicación norteamericano quisiera hacerse eco de semejante viaje y que solo mereciera un par de comentarios en YouTube, y por lo que parece, fue absolutamente inoportuno, o estuvo muy mal planificado.

No obstante, es evidente que el narcisista Pedro Sánchez aprovechó esa supuesta gira americana para pasear su físico por las calles de Nueva York, Los Ángeles y San Francisco. Su oportuna aparición en el programa Morning Joe causo un verdadero furor entre las mujeres norteamericanas, llegando incluso a darle el calificativo de “hot president” y a decir que ha llegado “el nuevo superman”. Es seguro que ni un pavo real auténtico, haciendo exhibiciones apoteósicas con todo su plumaje extendido, es capaz de hacerlo mejor.

 

Gijón, 10 de agosto de 2021

 

José Luis Valladares Fernández

jueves, 31 de enero de 2019

LAS ANDANZAS DEL PSOE


XI.- La Guerra Civil y Franco como coartada




El actual Partido Socialista Obrero Español se parece muy poco al que puso en marcha Pablo Iglesias Posse el 2 de mayo de 1879, en la reunión clandestina que se celebró en la taberna Casa Labra  de la madrileña calle de Tetuán. La vida de su fundador estuvo siempre marcada por la miseria y las privaciones. Y esto fue determinante para que el partido que salió de aquella comida de fraternidad se mostrara, aparentemente al menos, como una formación huraña y rebelde, en guerra casi siempre contra los dueños o propietarios,  aunque fuertemente sensibilizado con la clase trabajadora.

No olvidemos  que la fundación del PSOE tiene lugar en plena Restauración borbónica y con una industrialización todavía muy en ciernes.  Los trabajadores carecían de derechos y sus ingresos eran realmente muy bajos e insuficientes. Muchos de ellos, para mejorar sus condiciones de vida, abandonaban los pueblos y las zonas rurales y huían hacia las grandes ciudades o hacia los nuevos polos de desarrollo, en busca de un trabajo mejor remunerado. La Iglesia, sin embargo, que controlaba una gran parte de la educación, mejoraba ostensiblemente su poder económico y social.

Y Pablo Iglesias, que no estaba de acuerdo con esa situación, protestó airadamente en el VI Congreso Federal del partido, que se celebró el 22 de agosto de 1902 en el Teatro Jovellanos de Gijón. Y en una de sus intervenciones, hizo esta afirmación tan rotunda: “Queremos la muerte de la Iglesia, cooperadora de la explotación de la burguesía; para ello educamos a los hombres, y así le quitamos conciencias. Pretendemos confiscarle los bienes. No combatimos a los frailes para ensalzar a los curas. Nada de medias tintas. Queremos que desaparezcan los unos y los otros”.

Ocho años más tarde, en las elecciones generales de mayo de 1910, Pablo Iglesias logró hacerse con el acta de diputado. Y en su primera intervención en las Cortes, volvería a insistir sobre el tema, confesando públicamente  que su partido aspiraba “a concluir con los antagonismos sociales”. Y afirmaría a continuación: “Esta aspiración lleva consigo la supresión de la magistratura, la supresión de la iglesia, la supresión del ejército”.

Ni el Partido Socialista, ni la UGT, sufrieron alteración alguna con la desaparición de su fundador. Con sus sucesores inmediatos, el PSOE continuó siendo tan conflictivo,  tan arbitrario y despótico como con "el Abuelo", que es como apodaban cariñosamente  a Pablo Iglesias. Y como despreciaban la participación política, preferían la lucha sindical a la meramente política. Y al carecer de cultura democrática, procuraban ganar adeptos a base de agitación y propaganda, lo que les llevó a predicar con entusiasmo la llegada de la Buena Nueva y, con ella, la libertad y la igualdad entre todos los trabajadores.

Pero como todos ellos estaban muy mediatizados por Pablo Iglesias y seguían ciegamente sus pasos, su relación con la violencia era especialmente revolucionaria. Así que, en vez de facilitar la llegada de la Buena Nueva o el advenimiento del Paraíso Socialista, esos visionarios a sueldo nos llevaron a una Guerra Civil entre hermanos. No quedaba sitio, por lo tanto, ni para la soñada igualdad, ni para la libertad personal y, menos aún, para las libertades políticas.

Los revolucionarios izquierdistas que lideraba  Francisco Largo Caballero, venían soñando con la Guerra Civil desde octubre de 1934. Pensaban, claro está, que si la derecha reaccionaba y contestaba a sus provocaciones, sería aplastada fácil y definitivamente en muy poco tiempo y sin necesidad de utilizar muchos medios. Pero midieron mal sus posibilidades  y fallaron todas sus previsiones

domingo, 18 de noviembre de 2018

LAS ANDANZAS DEL PSOE



VIII.-El oro de Moscú

  

La llamada Ley de la Memoria Histórica, diga lo que diga José Luis Rodríguez Zapatero, nació con la malsana intención de distorsionar,  de manera interesada, nuestro pasado más  o menos lejano. Trataba precisamente, según dice, de ‘recuperar’ la memoria de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura franquista, rescatándolas del prolongado olvido al que han estado sometidas.
Ni Zapatero entonces, ni Pedro Sánchez hoy se han dado cuenta que, ‘recuperar’ la memoria, implicaba necesariamente algo más que recordar a las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo. Implicaba también, cómo no, recordar otras hazañas del Gobierno socialista que lideraba Francisco Largo Caballero, incluida la confiscación del oro y de la plata, que atesoraba el Banco de España en sus cámaras acorazadas, y que terminó siendo el robo más grande de todos los que se cometieron en España a lo largo de toda su historia.
Y para colmar la insaciable ambición de Juan Negrín, su ministro de Hacienda entonces y presidente del Gobierno después, los socialistas de los ‘100 años de honradez’ continuaron asaltando bancos, palacios y catedrales, buscando afanosamente oro, divisas,  obras de arte y otros objetos de gran valor, que pudieran ser vendidos fácilmente en el extranjero. Y para que no se les escapara ni una onza de oro, ni una joya, ni tan solo un valor extranjero, continuaron reventando y desvalijando las cajas de seguridad, que estaban alquiladas tanto por personas particulares como colectivas, para decomisar su contenido en nombre de la República.
El tesoro que decomisaron al Banco de España, lo pusieron a buen recaudo en los polvorines de la base naval de Cartagena, y estuvo allí oculto hasta finales de octubre de 1936. Y sin embargo, los objetos valiosos confiscados posteriormente, quedaban ya bajo la custodia de la Caja General de Reparaciones, creada por Largo Caballero con ese fin, y eran controlados directamente por la administración central.
Entre los objetos requisados en la banca privada, y los robados a personas particulares, a miembros de la alta burguesía y de la aristocracia española, y también a los cabildos catedralicios y a otras instituciones, predominaba naturalmente el oro, las joyas, las divisas y los valores extranjeros. Había también, faltaría más,  muchas obras de arte de colecciones privadas y hasta algún que otro vehículo de lujo.

sábado, 16 de mayo de 2015

EL MARXISMO Y SU EVOLUCIÓN

El concepto de  propiedad común no fue inventado ni por Karl Marx, ni por su amigo y colaborador Friedrich Engels. Las sociedades antiguas, al menos en el mundo clásico, estaban basadas precisamente en ese tipo de propiedad comunal. De aquella, nadie hablaba de propiedad privada, nadie disponía de riquezas propias. Todo era colectivo, todo pertenecía a la comunidad, incluso hasta el producto del propio trabajo de cada ciudadano. Y por supuesto, era esa misma comunidad la que, haciendo uso de los bienes de consumo,  se preocupaba de cubrir las necesidades particulares de cada uno de sus miembros.

Es el caso de los primitivos cristianos que, además de practicar escrupulosamente la comunidad de bienes, buscaban también la comunidad de personas. Todo lo ponían en común. Y aquellos, que tenían propiedades, las vendían sin más y entregaban el dinero conseguido a la colectividad. No se reservaban nada para sí, lo compartían absolutamente todo con inmensa alegría. Y era la comunidad, la que, después, daba a cada uno lo que necesitaba.

La evolución del concepto de propiedad ha sido excesivamente lenta. Las sociedades primitivas no conocían nada más que la propiedad común. Con el paso de los años,  desaparece el modo de producción esclavista y se abre paso el sistema feudal, aunque la propiedad real seguía siendo común. Las personas individuales, lo mismo que los gremios de artesanos, trabajaban o guerreaban únicamente para la colectividad. Pero lo hacían, eso sí, utilizando medios propios. Suyas son, faltaría más, las herramientas de trabajo, las armas, los artilugios para cazar y pescar y hasta los utensilios de cocina. No es de extrañar que, a partir de entonces, se hablase ya abiertamente de propiedad personal.

Pero aún estamos muy lejos de la propiedad privada propiamente dicha. Mientras estuvo vigente el feudalismo, los ciudadanos podían ocupar provisionalmente la tierra, pero sin adueñarse de ella. Por lo tanto, ni podían venderla, ni transmitírsela a sus herederos. Y esa restricción se mantuvo durante toda la Edad Media, ya que, de aquella, no poseían tierras nada más que el Rey y la Iglesia.

El feudalismo, es verdad, alcanzó muy pronto su máximo esplendor y desarrollo. Pero la clase dominante no fue capaz de arbitrar un sistema de producción fiable y eficaz que colmara satisfactoriamente su desmedida ambición. Y para  lograr su propósito y generar cada vez más ingresos, comienzan los señores a presionar descaradamente a los campesinos. Y muchos de estos trabajadores agrícolas, cuando esa presión se hace insoportable, abandonan la tierra y emigran hacia la ciudad, en busca de nuevos puestos de trabajo. Y así es como, a principios del siglo XIV, comienza a descomponerse progresivamente el sistema feudal.

jueves, 1 de enero de 2015

JAQUE MATE A LALIBERTAD

     
          Decía el poeta bengalí,  Rabindranath Tagore, que “no hay cosa más difícil de soportar que la fe ciega del estúpido”. No sé si Pablo Iglesias, el líder de Podemos, cree ciegamente en su proyecto político, o se está dejando llevar por una maldad extrema para imponer un sistema siniestro para colmar su desmedida ambición de poder. Y esto, por supuesto, sería mucho más intolerable que la simple fe ciega. De todos modos, como suele ocurrir frecuentemente, cuanto más perversos son los deseos de los políticos, más ágil es su lenguaje y más grandilocuente y pomposa su labia.

        Para empezar, hoy día en política hay poco que inventar. Prácticamente está ya todo inventado. En consecuencia, los ciudadanos de a pie no tenemos nada más que abrir los ojos y recapacitar un poco para descubrir a tiempo el tipo de mercancía que se nos quiere vender. Cuando aparezca un personaje iluminado, como el mediático líder de Podemos, si te dejas llevar, terminarán imponiéndote sus objetivos. No olvidemos que estas personas son muy falsarias y aparentan saberlo todo y, por supuesto, no admiten más maneras de pensar que la suya. Son tan frívolas que, si no pueden camelarte por las buenas, te acosarán con toda crudeza para imponerte su exclusiva forma de pensar.

     La historia europea es muy elocuente a este respecto. Los iluminados, que idolatran el pensamiento único, si se les da cancha, además de acabar con la libertad de los pueblos, terminan inevitablemente provocando una auténtica tragedia a toda la humanidad. Es el caso, por ejemplo, de personajes tan totalitarios y tan autócratas como Adolf Hitler y Iósif Stalin, con millones de muertos sobre la conciencia de ambos.

         Es muy llamativo para nosotros el caso de Hitler, líder del Partido Obrero Alemán desde 1921. Si exceptuamos su fallido golpe de estado de 1923 y su consiguiente encarcelamiento en Landsberg, la escalada política del futuro Führer alemán tuvo un desarrollo muy similar a la que está teniendo ahora Pablo Iglesias, el mandamás actual de Podemos. Una vez liberado, Hitler aprovechó a fondo sus dotes oratorias y, con su discurso plenamente populista y demagógico, encandiló a las muchedumbres de entonces, que terminaron apoyándole masivamente.

        Hitler cautivó y movilizó a todo el pueblo alemán, al enfocar sus problemas más acuciantes, recalcando mucho más los aspectos emocionales que los meramente racionales. Supo aprovecharse de la humillante derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial para granjearse el apoyo del ejército. Pasó lo mismo con los industriales, con las clases medias y con los trabajadores que estaban siendo golpeados cruelmente por una terrible crisis económica sin precedentes, agravada aún más por la actuación desconsiderada y egoísta de unos sindicatos desvergonzados.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

SANTIAGO CARRILLO AL DESNUDO

Quizás no interese tanto a nadie, como a Santiago Carrillo, permanecer en un segundo plano, a resguardo de los focos indiscretos que ponen al descubierto su vida, sus obras y todos sus milagros. Quizás falló el Hada Azul, olvidándose de asignar a Carrillo su correspondiente Pepito Grillo que lo aleje de los problemas y lo aconseje ante situaciones difíciles. O a lo mejor es el propio Carrillo que, como Pinocho, no escucha a su Pepito Grillo particular y se mete adrede en todos los charcos que encuentra en su camino. Da la sensación de que a Santiago Carrillo le va la marcha y no le importa demasiado que hurguen en su pasado y le acosen por la calle o en los actos públicos en que intervine.
Le falta muy poco a Santiago Carrillo Solares para sentirse orgulloso de su pasado. Por eso no duda en afirmar en sus ‘Memorias’: “cuando hago el balance de mi trayectoria lo hago convencido de haber mantenido en lo fundamental una coherencia clara”. Y en otro párrafo agrega cínicamente: “Pero estoy muy tranquilo, habiendo hecho todo lo que he podido hacer; he cometido errores, pero no fundamentales”. Evidentemente su conciencia no le remuerde en absoluto. No le remuerde, no porque no haya cometido toda clase de crímenes y las atrocidades más espantosas. Es más sencillo que todo eso, no le remuerde, porque no la tiene.
Ahora el Ayuntamiento de Gijón provoca la ira de los que conocen la historia, y saben cómo se comportó Carrillo, durante la guerra civil ejerciendo de Consejero de orden Público en la Junta de Defensa de Madrid, y posteriormente ostentando el cargo de Secretario General del Partido Comunista de España. Porque los crímenes de Carrillo no se circunscriben a su etapa como Consejero de Orden público. Fue también inmisericorde, desde su exilio dorado tras el telón de acero, hasta con aquellos conmilitones suyos que pudieran hacerle sombra. Los crímenes execrables de Paracuellos del Jarama, y más aún, si cabe, los que perpetró contra sus propios compañeros, hacen de Carrillo un personaje extremadamente odioso y detestable. Y una persona así no está capacitada para convertirse, de la noche a la mañana, en hijo predilecto de Gijón ni de ningún otro sitio.
No se qué habrán visto en Santiago Carrillo los responsables de nuestro municipio para otorgarle semejante título. El papel jugado por Carrillo durante nuestra transición no es motivo suficiente para conseguir tal galardón. Pues a nadie se le escapa que, durante aquella época, actuó como actuó por puro interés personal. Carrillo nunca renegó de la revolución y su apuesta por la transición española fue claramente táctica. Se había dado cuenta de que su estrella, dentro del mundo comunista, había iniciado ya su declive. La descomposición misma del comunismo, como modelo ideológico, era ya imparable. Pues todos los intentos de socializar al resto de países que se habían mantenido fieles al capitalismo, habían resultado vanos e inútiles.
Buscando una mayor proximidad hacia las clases medias surgidas del capitalismo, aparece el intento de convertirse en partido de masas y poder así participar en elecciones pluripartidistas para tener opciones ciertas de gobierno. Así nace, de la mano de los comunistas franceses y de los italianos, lo que se conoció como eurocomunismo. A Santiago Carrillo le vino a pedir de boca el inicio en España de la transición democrática y la legalización del Partido Comunista. Con la restauración democrática y la implantación otra vez de los partidos políticos, encuentra en España todo un filón político muy oportuno para abandonar de una vez las incertidumbres en que le había sumido el comunismo soviético. De este modo podría contar con una base social muy amplia y no tendría problemas para implantar también aquí el eurocomunismo.
Es normal que quienes conozcan con detalle la trayectoria de Santiago Carrillo se opongan a que se le nombre sin más hijo predilecto de Gijón y de cualquier otra parte. Y es normal que le echen en cara todas sus atrocidades, que fueron muchas, aunque les tilden de extremistas de derechas, como hace Paz Fernández Felgueroso, alcaldesa del Ayuntamiento de Gijón. Los delitos de Carrillo son muy variados y van desde la conspiración abierta contra el orden democrático, hasta el ataque directo a las haciendas y a las personas con el resultado que todos conocemos. Comenzó su andadura criminal, siendo aún muy joven, tratando de encender la mecha de la Revolución de octubre de 1934 en Madrid, aunque aquí fracaso y terminó en la cárcel.
La vida política de Carrillo ha sido tan azarosa como larga y confesará muy ufano que ha mantenido siempre en alto la bandera de la resistencia antifascista. De ahí que no tenga por qué arrepentirse de nada. Siguiendo instrucciones directas de Moscú, que recibía a través del delegado de la Internacional Comunista y agente de Stalin, Vittorio Codovilla, dedica todo su esfuerzo en fusionar al PSOE y al PCE en un único “gran partido del proletariado” y a la formación de unas milicias armadas, los nefastos milicianos que desempeñaron un papel preponderante en la represión política y religiosa llevada a cabo durante la guerra civil.
Quizás no haya sido todo funesto lo derivado de la Ley de Memoria Histórica. Al menos ha servido para descubrir la historia auténtica de Santiago Carrillo. Este viejo e irredento comunista quería pasar por héroe de la Transición política, y esta inoportuna ley de Zapatero ha redescubierto nuevamente al auténtico criminal de Torrejón de Ardoz y de Paracuellos del Jarama. Los hechos son muy claros. Los responsables del Frente Popular recibieron de Moscú la consigna de aniquilar a la famosa “quinta columna” para evitar que las tropas de Franco encontraran ayuda dentro de Madrid. En cumplimiento de semejante consigna se acentuaron las detenciones, las torturas y los asesinatos, que ya se habían iniciado desde el comienzo de la Guerra Civil. Las llamadas sacas y las matanzas se aceleraron cuando Santiago Carrillo fue nombrado Consejero de Orden Público.
Entre los militares y hombres de carreras y aristócratas “paseados” o, como se dice en la declaración del compañero de fatigas de Carrillo, Ramón Torrecilla Guijarro, sometidos a “una evacuación…. definitiva”, nos encontramos con jovencitos, prácticamente niños que tenían la mala costumbre de asistir a misa. Por idénticas razones había también entre los asesinados, muchos sacerdotes y religiosos que tenían la osadía de creer en Dios. Y, cómo no, también había muchos seminaristas y muchas monjitas que, al parecer, representaban un gran peligro para la República. Cuando las tropas llamadas nacionales se aproximaron a Madrid, se acrecentaron los asesinatos de una manera notable. Fueron miles los presos civiles y militares que encontraron su “final de trayecto” en Torrejón de Ardoz y, sobre todo, en Paracuellos del Jarama.
Piensa Santiago Carrillo que, después de tantos años, ya no se acuerda nadie de sus crímenes. Olvida que hay documentos que lo incriminan directamente en las atrocidades cometidas en las checas madrileñas. Llega incluso a contarnos la patraña de que los generales Miaja y Rojo vivían “una solidaridad profesional con las familias de mandos del Ejército franquista que permanecían en Madrid” y que, por consiguiente, no le hubieran perdonado nunca si hubiera sido responsable de lo ocurrido en Paracuellos. Se declara inocente y achaca los asesinatos de esas columnas de presos por la carencia de medios de la Junta de Defensa para defenderlos en su paso por esos territorios, próximos a Madrid, donde tenían sus bases los “señores de la guerra”. De ahí que confiese cínicamente: “la única responsabilidad que puedo asumir, es decir, todo lo más que se me podría imputar es que no pudimos dar cobertura a esas columnas de presos porque no teníamos efectivos ni para defender Madrid”.
Los incontables crímenes de Carrillo continuaron aún después de terminada la Guerra Civil. Aquellos compañeros de partido o camaradas, como se decía entonces, que operaban en España un poco al margen de las directrices marcadas por el propio Carrillo y por Dolores Ibárruri, cómodamente instalados en el exilio, se les delataba a la Policía de Franco como le ocurrió al agente de la Komintern Heriberto Quiñones. Este procedimiento maquiavélico se repetirá con frecuencia con los que Carrillo consideraba disidentes, como es el caso de Jesús Monzón. A veces era algún enviado de Carrillo el que ajusticiaba directamente a los discrepantes, como les pasó, entre otros a Gabriel León Trilla y a Víctor García García. Pero, eso sí, en estos casos procuraba hacer creer a la familia que había sido la Guardia Civil la causante de su muerte.
A grandes rasgos, estos son los delitos y los crímenes de Santiago Carrillo que trata de ocultar o de disimular, pero de los que nunca se ha arrepentido. En su fuero interno aún piensa que rindió un gran tributo a la libertad y a la democracia, entendidas libertad y democracia como las entendía el propio Stalin. No se le pueden exigir responsabilidades por este tipo de delitos, pues fueron amnistiados por Franco primero en 1966 y posteriormente en 1977 al producirse la transición democrática. Pero sí podemos impedir que se olviden sus actos y que trate de justificar ante nosotros lo que realmente es injustificable. Todos sabemos que Santiago Carrillo ha blindado su conciencia y ha utilizado conscientemente la maldad por sistema. Y este modo de proceder, en realidad, le hace especialmente odioso a la sociedad responsable.

Gijón, 15 de diciembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

jueves, 23 de julio de 2009

ACERCAMIENTO A LA REALIDAD SINDICAL


6.- La Tercera Internacional o Internacional Comunista

La Primera Guerra Mundial, y la mala gestión del Zar Nicolás II provocaron, al alimón, la revolución rusa. Revolución que se desarrolla en dos tiempos muy precisos. El primer movimiento revolucionario tuvo lugar en febrero de 1917 con la destitución del Zar y la formación de un gobierno provisional. El segundo y definitivo envite se produce en octubre de ese mismo año con el golpe de estado contra la Duma, que dirigía provisionalmente los destinos de Rusia desde la destitución del Zar.
Con la caída forzada de F. Kérenski, que encabezaba ese gobierno provisional de la Duma, se instaura en Rusia el primer Estado obrero de la historia. Se trata de un nuevo modelo de Estado desconocido hasta entonces que tiene la virtud de conmover hasta los cimientos del movimiento obrero mundial. La característica más llamativa de este primer Estado obrero es su modelo de organización. Se organiza, sin concesión alguna, desde arriba hacia abajo con la intención clara de que la burguesía, propietaria de los diversos medios de producción, pudiera explotar a la clase trabajadora.
Es el mismo Lenin el que encabeza la revuelta de Petrogrado, provocando la caída de F. Kérenski y de todo su gobierno provisional. El éxito de la operación, en gran medida, fue posible gracias a las dotes organizativas nada comunes de L. Trotsky, que encabezaba el Comité Militar Revolucionario. Todo este movimiento, tendente a la instauración del primer Estado socialista, recibió el nombre de Revolución de Octubre.
El marxismo teórico, a partir del triunfo de la Revolución de Octubre, se ha convertido en el santo y seña del nuevo Gobierno, dirigido por Lenin con mano dura. Lo que más tarde recibió el nombre de comunismo tiene su origen precisamente en dicho marxismo teórico. Los mismos leninistas, que eran marxistas convencidos, consideraban que el socialismo auténtico desembocaba necesariamente en el comunismo. El comunismo, que ha dejado una huella indeleble en la cultura, es una rama muy específica del socialismo y no representa, por lo tanto, al socialismo en su totalidad.
El mismo Lenin, y con el objeto de impulsar la revolución a escala mundial de acuerdo con el modelo adoptado en Rusia, se molesta en organizar el Congreso de marzo de 1919. De este Congreso saldrá la Tercera Internacional, conocida popularmente como la Internacional Comunista o Komintern. Con esta nueva Internacional, los congresistas trataban de recuperar íntegramente la política revolucionaria a escala mundial. Es en el Congreso siguiente, celebrado en 1920, cuando se fijan las distintas condiciones que había que cumplir, para pasar a formar parte de esta Internacional. Lo primero que se exigía era una obediencia ciega a las órdenes emanadas de la dirección. Pero, a pesar del empeño de los responsables revolucionarios, esa revolución mundial, soñada por Lenin, no logró sus objetivos expansionistas.
El fácil triunfo de la revolución soviética tuvo un impacto enorme sobre los trabajadores de todo el mundo. De ahí que, en España, tanto el PSOE como la UGT, sin pérdida de tiempo, quisieron seguir su ejemplo. Otro tanto ocurrió con la CNT que, sin pérdida de tiempo se afilian a la nueva Internacional. El hecho de que la nueva República Soviética funcionara a través de asambleas obreras, conocidas con el nombre de soviets, hizo creer a los anarcosindicalistas españoles que con dicha revolución estaban poniendo en práctica sus propios ideales colectivistas. También se crea el Partido Comunista de España.
La burguesía española, y más aún la catalana, sentía verdadero pavor por la actitud revolucionaria de los anarcosindicalistas españoles, hegemónicos en Cataluña. Hasta los mismos socialistas participaban en ese pánico colectivo. El crecimiento extraordinario de la economía española como consecuencia inmediata de la I Guerra Mundial acrecentó aún más ese temor. Pues a nadie se le escapaba que esas mejoras económicas también fortalecían a la clase obrera que, de aquella, estaba dominada por la CNT. Y de hecho comenzaron a menudear las huelgas, desbordando a la misma policía, que se vio impotente para mantener el orden. Para defenderse de los desórdenes revolucionarios, la patronal organizó una especie de terrorismo blanco, que enconó aún más las relaciones laborales.
Ante una situación tan complicada, el Gobierno responde con la prohibición del periódico Solidaridad obrera, editado por la CNT de Cataluña y conocido con el nombre de La Soli. Cerró, a la vez, un buen número de centros y detuvo a varios dirigentes sindicales. La respuesta de la CNT fue inmediata. El 24 de marzo de 1919 convoca una huelga general que tiene un masivo seguimiento y exigen la liberación inmediata de los presos de la huelga anterior. La lucha social fue tan dura, tanto en Barcelona como en otras ciudades, que el Gobierno de turno se vio obligado a hacer dos concesiones importantes: la jornada laboral de 8 horas y la formación de comisiones mixtas de negociación, que hay que colocar en el haber de la CNT.
La detención de dirigentes obreros continuó. Ante estos hechos, la dirección de la CNT, que hasta ahora había tenido un comportamiento moderado, adopta una posición mucho más radical. Como respuesta al denominado terrorismo blanco que se ejercía contra ellos, organizan actos de terrorismo individual. El Gobierno, sobrepasado por estos actos de terrorismo individual, para defenderse organiza un grupo especial, integrado por antiguos policías, que reciben el nombre de
Pistoleros de la patronal.
Tan complicadas estaban las cosas, que el Gobierno quiso pactar con la CNT a finales de 1919. Pero la Federación de Patronos lo impidió planteando el lock-out o cierre patronal, recrudeciéndose así la lucha social. La misma patronal no tuvo inconveniente en utilizar a obreros desclasados contra la CNT, provocando así una nueva escalada terrorista. Al no ceder nadie en la lucha social, el problema se extendió a toda España. El Gobierno quiso zanjar el problema y, para ello, recrudeció la lucha contra la CNT. Llegó incluso hasta el asesinato premeditado mediante la aplicación de la ley de fuga. La respuesta de los anarquistas fue contundente, vengándose con el asesinato de Eduardo Dato que era el primer ministro español.
La reacción del ejército fue tan brutal que la CNT se vio obligada a aceptar una paz social extremadamente precaria. Y esa tranquilidad, pese a todo y con la colaboración del establecimiento de la II República, se mantendría hasta finales de 1931. Los desgraciados sucesos de Arnedo primero, Castilblanco y Casas Viejas después, encendieron de nuevo la lucha revolucionaria, agravada considerablemente con la revolución de octubre de 1934. La consigna
Uníos Hermanos Proletarios (UHP), aparecida en Asturias, fue suscrita de forma inmediata por la Federación Socialista Asturiana, por la UGT y por la Confederación Regional del Trabajo de Asturias, León y Palencia de la CNT. Esta consigna terminó por convertirse, durante la guerra civil española, en la proclama habitual de los republicanos.
La corriente revolucionaria de corte mundial, auspiciada por Lenin, terminó con su muerte en 1924 y dio paso a otras ideas más acordes con los intereses de su sucesor. Con el triunfo de Stalin se burocratizó el estado soviético, y la Internacional Comunista pasó a ser un simple instrumento de su política exterior. Y lo utilizaba descaradamente para proteger su poder absoluto dentro de Rusia. El Komintern, de cara al exterior, era utilizado por Stalin para aumentar lo más posible la influencia soviética en las otras naciones.
Como consecuencia de las inevitables intrigas intestinas internas y a intereses de política exterior, Stalin fue introduciendo cambios en el Komintern, a veces completamente radicales y más cuando interesaba la cooperación con países no comunistas. Lo disolvió incluso en mayo de 1943, en plena guerra mundial, para agradar a sus aliados de entonces, los americanos y los británicos.
En Octubre de 1947, es la URSS la que organiza en Polonia una reunión muy importante, a la que cita a los ocho países, donde el comunismo había ya sentado plaza, como es el caso de Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, la misma Polonia, Rumania y Yugoslavia. También invita a Francia e Italia por la ascendencia que el Partido Comunista tenía en estos países. En esa reunión se crea la Kominform, u Oficina de Información Comunista. El cometido real de esta oficina, en contra de lo que decía la propaganda, debía funcionar como un auténtico instrumento político con cierto poder coercitivo que los reunidos ponían en manos de Stalin para tutelar el comportamiento, un tanto independiente, de Tito en Yugoslavia. El comportamiento del líder comunista yugoslavo chirriaba al lado de los otros países satélites. La propaganda en cambio pretendía hacer ver que esa oficina era simplemente una Oficina de Información Comunista.
Con el fin de atar más corto a Tito, la sede de la Kominform se instala intencionadamente en Yugoslavia. Pero Tito, a pesar de las trabas que coartaban su libertad, mantuvo firme su decisión soberana de mantenerse al margen de la ortodoxia soviética salvaguardando, contra viento y marea, la independencia de Yugoslavia. La firmeza de Tito en sus convicciones provocó su expulsión del partido en junio de 1948, trasladando, a la vez, la Kominform a Bucararest (Rumania)
Al morir Stalin el 5 de marzo de 1953, a pesar del terror a que estaban sometidos los diversos estamentos del partido, toda la clase dirigente experimenta, además de una agradable liberación, una clara sensación de vacío y comienzan de inmediato la desestalinización del sistema. Más o menos, como si se tratara de establecer un nuevo régimen, teniendo en cuenta, eso sí, las diversas tendencias que había dentro del partido. Para finalizar la operación con éxito, era muy importante atender a la correlación de fuerzas.
El único que estorbaba para esta operación era Beria, colaborador muy estrecho de Stalin en las labores coercitivas de la policía. Eliminado rápidamente, Nikita Kruschov asume el cargo de primer secretario del partido y Malenkov el de Presidente del Consejo de Ministros. El nuevo Gobierno comienza, de inmediato, la restauración de la legalidad socialista, dejando a un lado la línea dura practicada por Stalin. Kruschov, nuevo hombre fuerte del partido, intentaba de esta manera la reconciliación con Yugoslavia y un franco entendimiento entre los diversos estados comunistas. Para sellar ese acercamiento a Yugoslavia, la Kominform es disuelta el 17 de abril de 1956.

José Luis Valladares Fernández