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viernes, 5 de marzo de 2021

LA BURGUESÍA COMO META INDISCUTIBLE

 




Es algo francamente lamentable, pero siempre ha habido engañabobos que, aprovechando la ingenuidad de una buena parte de la ciudadanía, predican la colectivización de todos los bienes y la igualdad económica más absoluta. Dicen que, para redimir a los pobres y a los desheredados, hay que acabar con la propiedad privada, y poner todas las riquezas: la tierra, el dinero y los demás bienes al servicio de la comunidad.

Pero no escuchemos a estos evangelizadores ocasionales ya que, son incoherentes, e incapaces de vivir de acuerdo con sus encendidos sermones. Utilizan desvergonzadamente sus prédicas o alocuciones para aparentar que se dedican  a proteger y a liberar a los desarrapados y menesterosos, cuando en realidad, no buscan nada más que utilizarlos como escabel para poder vivir personalmente, sin mucho esfuerzo, como auténticos burgueses.

Esto es, ni más ni menos, lo que hizo el mundialmente famoso Karl Marx. Este político alemán, de origen judío, se cansó de clamar  contra la opresión y la explotación de los más desfavorecidos por la fortuna. Y para simular que buscaba desinteresadamente la defensa de la clase obrera, nos dejó varios conceptos, como ‘la lucha de clases’ o la ‘dictadura del proletariado’, que han sido muy manoseados a lo largo de la historia.

Pero eso sí, vivió siempre como un auténtico burgués, sin trabajar y sin estudiar, abusando siempre del vicio y del desorden. Primero, cómo no, a costa naturalmente de sus progenitores, que pertenecían a una clase media acomodada. Y cuando llegó el momento, se retrató a sí mismo, casándose con Jenny von Westphalen, una  baronesa de la clase dirigente prusiana, ya que así podía mantener indefinidamente su habitual estilo de vida. A partir de entonces, claro está, sería la familia de su mujer, la encargada de sufragar una buena parte de sus gastos.

Con ese discurso absorbente y totalitario, Karl Marx logró embaucar a mucha gente, y aún sigue teniendo cantidad de prosélitos en todo el mundo. Y España, por supuesto, no es una excepción. Pero, eso sí, para los que siguen actualmente sus pasos, tienen mucha más importancia sus métodos autocráticos que su doctrina, porque así pueden llegar a  mejorar su situación personal. Y eso solo se consigue, si logras integrarte  en  la lista secreta de personas ‘confiables’ que, en la Unión Soviética, recibía el nombre de ‘nomenclatura’.

Y un aspirante serio, entre nosotros, a ocupar el número uno en esa lista de ‘confiables’ es precisamente Pablo Iglesias Turrión. Como consecuencia de la crisis económica, que se inició en el año 2008, y las medidas  de austeridad, adoptadas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, miles de personas comenzaron a ocupar plazas y calles. Estaban indignados y trataban de airear públicamente su frustración, por el trato que recibían de los políticos y de las distintas instituciones. Y el enfado de los indignados terminó explotando el 15 de mayo de 2011.

Cuando los líderes, que manejaban esas manifestaciones y acampadas, quisieron darse cuenta, ya se había adueñado Pablo Iglesias de la crispación y del malestar social que reinaba en la calle, plasmando seguidamente todas las demandas de esos grupos en un programa político, que pensaba utilizar en las próximas convocatorias electorales.

Para defender los postulados que demandaban todos los implicados en el Movimiento del 15M, en los próximos procesos electorales, necesitaban crear urgentemente una formación política concreta. Para conseguir semejante objetivo, una treintena de activistas sociales, ligados a la cultura y al periodismo, firman el manifiesto Mover ficha: convertir la indignación en cambio político’, iniciando así la creación de ese partido. Y hay alguien que, inspirándose  en el lema “yes, we can”, utilizado profusamente por Barack Obama para abrirse camino a la Casa Blanca, se le ocurrió bautizar a esa nueva fuerza política con el nombre de Podemos.

De acuerdo con la legislación vigente, la nueva agrupación, que acababa de nacer, fue inscrita en el Registro de Partidos Políticos del Ministerio del Interior el 11 de marzo de 2014. Y aunque no estaba entre los firmantes del manifiesto fundacional, esa formación política estaba presidida, que casualidad, por el inevitable  Pablo Iglesias. Es muy posible que, para esa designación, pesara mucho, creo yo, la proyección mediática innegable del personaje y, por supuesto, el carisma que tenía de aquella.

Y casi sin tiempo para confeccionar el programa político correspondiente, Podemos aúna fuerzas con otros partidos y movimientos de extrema izquierda, y se presenta, sin más, a las elecciones del 25 de mayo al Parlamento Europeo. Querían dar la campanada, y lo consiguieron, ya que obtuvieron un resultado claramente espectacular. Fue la  cuarta fuerza política más votada, logrando nada menos que 5 escaños.

Como consecuencia de esos comicios, comenzaron a dispararse todas las encuestas a favor de la nueva formación política y de sus dirigentes. Dos meses después de esas elecciones, según el sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), Podemos ya superaba al PSOE en intención directa de voto, y se aproximaba al Partido Popular. Y en todos los medios que intervenía su secretario general, Pablo Iglesias, se disparaban las audiencias.

Y llenos de euforia, y en estado prácticamente de shock  por el triunfo cosechado, los dirigentes de Podemos comienzan a preparar la Asamblea ciudadana ‘Sí se puede’, que pensaban celebrar el próximo otoño. En dicha Asamblea, que se celebró entre el 15 de octubre y el 15 de noviembre de 2014, se constituyó oficialmente el nuevo partido político. Como era de esperar, Pablo Iglesias volvió a ser elegido secretario general de Podemos con el 88,7%, de los 107.488 votos emitidos.

Y en las elecciones autonómicas, celebradas a lo largo del año 2015, Podemos consiguió hacerse con una representación suficientemente aceptable  en todas las Autonomías de la geografía española. Y esto es determinante para que el secretario general de Podemos, con todo su equipo, comience a diseñar su estrategia política particular, para presentarse a las próximas elecciones generales, convocadas para el 20 de diciembre  de 2015.

Estos comicios los gana el Partido Popular, pero Mariano Rajoy desecha firmemente optar a la investidura. Se presenta Pedro Sánchez, que cuenta con el apoyo de la muchachada ciudadana de Albert Rivera. Y como el secretario general del PSOE no consigue los votos necesarios para ser investido presidente, se abre un nuevo proceso electoral, fijado para el 26 de junio de 2016.

En estas elecciones, Pablo Iglesias encabeza la lista de Unidos Podemos, que es la coalición formada por Podemos con las huestes de Izquierda Unida, que dirige Alberto Garzón y con otras fuerzas minoritarias, defensoras a ultranza de la igualdad social y del igualitarismo. Y el líder de Podemos acude a este encuentro con las urnas con renovado entusiasmo, porque estaba completamente seguro de dar el ‘sorpasso’ al PSOE, tal como vaticinaban casi todas las encuestas.

Pero el optimismo desmedido del cuartel general de Unidos Podemos fue desapareciendo progresivamente a medida que avanzaba el escrutinio, convirtiéndose al final de la noche electoral, en una sensación inaguantable de frustración y fracaso. Y como fallaron estrepitosamente las expectativas, Pablo Iglesias, Alberto Garzón y demás miembros de Unidos Podemos despertaron del sueño imposible del ‘sorpasso’, y tuvieron que conformarse con los 71 escaños que sacaron.

Y Unidos Podemos que, en atención a la lucha del movimiento feminista, pasará a ser Unidas Podemos, cerró la noche con un mitin de Iglesias, animando a su parroquia a resistir. Les recordó que Salvador Allende tardó cuatro elecciones  en conseguir el triunfo. Y nosotros, dijo, “seguimos llamando a las puertas del cielo”. Y añadió: “nacimos para ganar y vencer” y “esto acaba de comenzar”. Pero la realidad es  tremendamente tozuda, y lo que parecía ser un tsunami arrollador, se desinfló muy pronto, y no tardamos mucho en comprobar que solo se trataba de una simple amenaza.

Y de hecho, Unidas Podemos comenzó muy pronto a perder apoyos. Y esa pérdida de respaldos se intensificó afortunadamente, aún más, a partir de las elecciones generales de junio de 2016. No es de extrañar, por lo tanto, que las mesnadas  populistas asistieran divididos y enfrentados a su segunda Asamblea estatal, conocida como Vistalegre 2, que se celebró el 11 y el 12 de febrero de2017.

Son dos grupos irreconciliables entre sí. Por un lado estaba el omnipresente Pablo Iglesias, que trata de hacerse con todo el poder. Y en la acera opuesta, estaba Íñigo Errejón, que pretende conservar, al menos, el puesto de relevancia que venía desempeñando, para seguir siendo el número 2 de la formación morada.

En esta segunda Asamblea estatal, se enfrentan dos Podemos distintos. Un Podemos más radical y más izquierdista que dirige el tabernario Pablo Iglesias, y un Podemos más posibilista, más sensato y moderado que viene defendiendo Íñigo Errejón. Y se abrió Vistalegre 2 con el plebiscito presentado por Iglesias, al afirmar que, o lo ganaba todo, o se marchaba. Y como las bases se decantaron mayoritariamente por el Podemos más extremista y revolucionario, el que quiere llevar la lucha a las calles, se cerró la segunda Asamblea estatal, con un triunfo contundente de Pablo Iglesias y con Errejón en la cuerda floja.

El reelegido líder se enfrenta ahora al reto de recomponer la unidad del partido de Unidas Podemos. Y trata de conseguirlo,  vilipendiando despiadadamente a los ricos, a los burgueses, a los que llama despectivamente ‘la casta’. Y asegura, que seguirá estando al lado de los menos afortunados y que defenderá, contra viento y marea, a su gente, a los del pueblo llano y a todos los que viven humildemente de su trabajo y necesitan ayudas sociales.

Y como la hemeroteca ha dejado a Pablo Iglesias con las vergüenzas al aire, ya no habla de Vallecas, ni critica a “los políticos que viven en Somosaguas, que viven en chalets, que no saben lo que es coger el transporte público o el precio de un café”. Por razones meramente tácticas, ya no le oiremos decir, refiriéndose  a Luis de Guindos, que poner a un millonario al frente de la política económica, “es como entregar a un pirómano el Ministerio de Medio Ambiente”.

Como cualquier impostor, Pablo Iglesias sigue cantando continuamente las excelencias  de la  vida de los de abajo, de los que suele llamar ‘sus gentes’. Y como ahora ya no es el mileurista que utilizaba frecuentemente el transporte público, que vivía “tan a gustito” en un piso humilde del madrileño barrio de Vallecas, se ha ido a vivir, con Irene Montero, a un Dúplex en Rivas-Vaciamadrid, que es bastante más amplio y cómodo que el piso vallecano.

Y aunque al impresentable caudillo de los morados le gusta más la opulencia que las estrecheces y se siente fuertemente atraído por la vida muelle que llevan los burgueses, sigue cantando las excelencias de la vida de los de abajo, de los que pasan necesidades y tienen que hacer auténticos milagros para llegar a fin de mes.  Sabe que es un incoherente, porque predica una cosa y hace exactamente la contraria, pero como confía en la insensatez de las gentes que tienen que ganar el pan con el sudor de su frente, piensa que ya no necesita disimular sus continuas contradicciones.

A partir de ese  momento, el fatuo Pablo Iglesias, comenzó a vivir a lo grande, como han vivido siempre los aparentemente odiados capitalistas. Y para que las gentes del pueblo, los que trabajan, no descubran el engaño y sigan prestándole sus votos, se presenta como si fuera uno de titanes que, según la mitología, se enfrentaron valientemente a los dioses del Olimpo,  para iniciar el famoso ‘asalto a los cielos’, para tratar de mejorar la situación económica y social de los que tienen que vivir necesariamente de su trabajo.

Y como no podía ser menos, el exigente 'ethos' de Pablo Iglesias y de su pareja Irene Montero, les instaba insistentemente a mejorar su situación personal. Así que ya no les bastaba  con imitar el comportamiento y la vida típica de los burgueses. Tenían que vivir también entre la propia burguesía. Y sin pensarlo dos veces, abandonaron el Dúplex de Rivas-Vaciamadrid, y se marcharon a vivir al casoplón de 268 metros construidos, que compraron en  Galapagar. El chalet está construido dentro de una parcela de más de 2.000 metros cuadrados, tiene piscina, un amplio jardín y cuenta, además, con una casa independiente para invitados.

Y se instalaron en su nueva mansión de Galapagar, rodeándose de todas las comodidades habidas y por haber. Y hasta se rodearon de una servidumbre abundante, más propia de aristócratas que de simples dirigentes comunistas, que se jactan  de estar al frente de un numeroso grupo de populistas baratos y bolivarianos. Y justamente por eso, por ser comunistas, y por llevar un tren de vida que no tiene nada que ver con lo que pregonan, esta pareja no fue muy bien recibida en la sierra madrileña.

Y para colmo de males, esa especie de rechazo social se acentuó aún más cuando, por decisión del presidente  Pedro Sánchez, Pablo Iglesias se convierte en vicepresidente segundo del Gobierno, e Irene Montero se hace con el Ministerio de Igualdad. A partir de ese momento, en las calles de Galapagar, siempre ha habido manifestantes que, con banderas de España y cánticos de Manolo Escobar,  expresan ruidosamente sus protestas contra los líderes de podemos.

Aunque parezca extraño, hay calles de Galapagar por la que no pueden pasear libremente ni sus propios vecinos. Un nutrido grupo de Guardias Civiles, que se encarga de proteger la intimidad de dicha pareja, impide que  los inoportunos viandantes se acerquen a los aledaños del dichoso casoplón. Y como no hay manera de realizar un escrache explícito  a sus moradores, los que realizan esas protestas derrochan ingenio a raudales para que, al menos los ecos de esos alborotos callejeros, traspasen la incómoda barrera policial y molesten e incomoden de verdad a los nuevos ocupantes de ese chalet.

Y por lo que parece, quién lo iba a decir, tanto el vicepresidente, como la ministra, se sienten sumamente enojados por esos escraches a veces un tanto originales. Y como ya están hartos de lo que el propio Pablo Iglesias, en su programa de Fort Apache, bautizó como “jarabe democrático de los de abajo”, ya han comenzado a buscar una nueva residencia.

Como buscan desesperadamente preservar su privacidad, están barajando la posibilidad de aterrizar en otra zona exclusiva de la presierra madrileña, en la ciudad residencial La Berzosa, en las proximidades de Torrelodones  y Hoyo de Manzanares. De momento, han puesto los ojos en la reconstrucción de un chalet, tan amplio y tan lujoso o más, que el de Galapagar.

De todos modos, es incomprensible, que haya personas que subsisten a base de soportar auténticas estrecheces económicas, y apoyen incondicionalmente a unos vividores, que pertenecen  a ‘la casta’ y que solo se acuerdan de los que dicen defender, cuando necesitan sus votos para conservar o incrementar sus privilegios.

 

Gijón, 24 de febrero de 2021

 

José Luis Valladares Fernández

jueves, 17 de septiembre de 2020

LAS INCONGRUENCIAS DE PABLO IGLESIAS

 


En el siglo IV a. C., vivía en Éfeso un simple pastor, llamado Eróstrato, que buscaba afanosamente la manera de adquirir fama y notoriedad. Quería a toda costa perpetuarse en la Historia y pasar a la posteridad. Necesitaba, por lo tanto, hacer algo muy llamativo e impactante. Y decidió prender fuego al templo de Artemisa, la diosa virgen de la caza, que era uno de los monumentos más bellos del Mediterráneo y una de las siete maravillas  del mundo.

En la primera oportunidad que tuvo, entró disimuladamente en el templo. Y aprovechando un descuido de los encargados de la seguridad, cogió una de las lámparas que iluminaban el interior del recinto y la arrojó sobre las telas y los ropajes que cubrían a la diosa. Cuando los guardianes quisieron reaccionar, era ya demasiado tarde y todo el templo se vino abajo, devorado por las llamas. Apresaron, eso sí, al causante de aquel incendio, y lo llevaron ante el rey Artajerjes III.

Y Eróstrato confesó voluntariamente ante el rey, que había incendiado el templo de Artemisa única y exclusivamente para hacerse famoso. Al escuchar semejante despropósito, Artajerjes ordenó su ejecución inmediata, estableció castigos severos para quienes osaran nombrarle como autor de semejante incendio. Pensaba que así, le birlaba hasta la más mínima posibilidad de conseguir la popularidad que buscaba.

Y a pesar de sus esfuerzos, Artajerjes no logró borrar de la historia ni  a Eróstrato,  ni a su actuación incendiaria. Hoy  conocemos detalladamente aquellos hechos, porque Teopompo de Quíos, el historiador griego más importante del siglo IV a. C, no respetó esa prohibición y nos dejó una narración completa de los hechos, protagonizados por aquel humilde pastor efesio para conseguir una gloria imperecedera.

Es evidente, que Eróstrato estaría hoy día sumamente satisfecho con el eco que ha tenido aquella aventura incendiaria, que le dio más notoriedad de la que esperaba. Hay que tener en cuenta, que no solamente recordamos su nombre. Llamamos también, cómo no, ‘Síndrome de Eróstrato’ al trastorno psicológico de los que sienten un deseo irrefrenable de sobresalir sobre los demás, de los que buscan obsesivamente el protagonismo porque quieren estar siempre en el centro de atención.

Y aunque parezca mentira, ese desarreglo psíquico, el ‘Síndrome de Eróstrato’, está afectando gravemente a muchos de nuestros políticos actuales. Y entre ellos está, por supuesto, Pablo Iglesias Turrión, el  incombustible líder de Unidas Podemos. Cuando no era nada más que un aspirante inmaduro a dirigir la izquierda española, ya intentó aumentar su fama y el número de sus seguidores, escenificando su supuesta adscripción inquebrantable a la clase de ‘los de abajo’, a los explotados de la ‘clase trabajadora’.

Hay que reconocer que el distrito madrileño de Vallecas, además de contar con una tradición obrera muy especial, desprende también un tufillo ‘izquierdista’ inconfundible. Y el insaciable Pablo Iglesias, faltaría más, aprovechó ambas cosas  para satisfacer convenientemente su desmedida ambición política.

Y para airear públicamente su orgullo de clase, comenzó a pregonar a los cuatro vientos, que vivía en el corazón del madrileño barrio de Vallecas, en un piso más bien humilde de 60 metros cuadrados. Y daba a entender, incluso, que continuaría viviendo allí, aunque llegara a ser elegido para ocupar la presidencia del Gobierno. Y fue más lejos aún, admitiendo que compraba frecuentemente su ropa en el supermercado Alcampo. Y todo, según decía, porque la austeridad era su principal seña de identidad.

Es preciso señalar, que al mochilero Pablo Iglesias siempre le ha perdido su lengua. Entonces, claro está, no pensaba en los efectos devastadores que, con el tiempo, podía ocasionar necesariamente la puñetera hemeroteca. Así que, sin reparo alguno, lanzó muchos escupitajos al aire y ahora, que le vamos a hacer, le están cayendo todos encima.

Solía aprovechar las tertulias y las redes sociales, para acusar a los de la famosa ‘casta política’ de vivir despreocupadamente en chalés de lujo, y  de no saber “lo que es coger el transporte público”, ni lo que cuesta un café. Y soltaba toda su inquina y animosidad contra todos ellos, porque no estaban al tanto de las necesidades reales del pueblo.

Criticó duramente, por ejemplo, a Luis de Guindos, por haber comprado un ático de lujo en La Moraleja, por el que pagó la desorbitada cifra de 600.000 euros. Y escribió en su cuenta de Twitter, “que la política económica la dirija un millonario es como entregar a un pirómano el Ministerio de Medio Ambiente”. Claro que, de aquella, aún no había dado esa vuelta o salto mortal que lo llevó a Galapagar,  y que acabó definitivamente con toda su credibilidad.

Ni que decir tiene que el impresentable líder de Podemos llegó a vivir como un vallecano más. Paseaba aparentemente tranquilo por las calles del barrio y saludaba amistosamente a sus vecinos. Y cuando todos pensaban que estaba totalmente integrado en ese ambiente, el endiosado Iglesias dio la espantada y, sin previo aviso, cambió Vallecas por Galapagar, instalándose con Irene Montero, en el casoplón que compraron en esa zona residencial privilegiada.

No podemos olvidar que Pablo Iglesias logró consolidarse al frente de Podemos, pero tuvo que purgar lógicamente a todos los que aspiraban a liderar a esa formación de extrema izquierda anticapitalista y antisistema. Obviamente, sus ambiciones napoleónicas de ganar unas elecciones en España, de hacerse con el poder y de cambiar radicalmente nuestro modelo constitucional siguen intactas. Esperemos que no lo consiga nunca y que sus pretensiones sigan siendo siempre un simple sueño.

Es verdad que no lo va a tener nada fácil, ya que con la huida inesperada de Vallecas, se ha enfriado mucho el entusiasmo  de las masas populares que simpatizaban con Podemos. Y por supuesto, decepcionó seriamente a muchos seguidores suyos. Este cambio de domicilio, tan sorpresivo como inesperado, sirvió para que, una buena parte de su feligresía particular abriera los ojos y comprobara personalmente que su idolatrado líder les había estado engañando, que sus propuestas rezumaban demagogia barata   y, sobre todo,  porque terminó siendo un miembro más  de la denostada casta política,

El comportamiento de Pablo Iglesias ha sido siempre muy llamativo, ya que suele decir una cosa y hace exactamente la contraria. Da muy poco valor a la ideología y, sin embargo, se desvive por conquistar el poder. No es de extrañar, por lo tanto, que adopte una actitud caudillista y severa que le lleva a exigir a sus prosélitos una adhesión incondicional a su persona y a todos sus planteamientos y propuestas.

Tenemos que admitir, por qué no decirlo, que el imprevisible líder de podemos desconcierta a propios y a extraños. Si destaca por algo, es precisamente por su incoherencia y por su caradura. Es extremadamente contradictorio e incomprensible. Lo mismo enaltece la Constitución y se deshace en loas a la Corona, que lanza vituperios contra el Régimen de 1978 y convoca caceroladas contra el Rey.

Un ejemplo claro lo tenemos con el manejo de los dichosos escraches que importaron de las Repúblicas bananeras de Hispanoamérica. Resulta que si son aplicados por el insidioso Pablo Iglesias, o por sus huestes, no son nada más que “la expresión de la democracia cuando se hace digna de los de abajo”. Dicho de otro modo más expresivo y mucho más provocativo, son “el jarabe democrático de los de abajo”.

No obstante, si entre  los escrachados está el propio líder de podemos o alguno de sus correligionarios más cercanos, cambian el estribillo y dicen que ese tipo de acciones son claramente “negativas” porque “contribuyen a la crispación social”. Y se quejan amargamente de los insultos  y la violencia que tienen que soportar, por culpa de los energúmenos que organizan ese tipo de manifestaciones ardientes y violentas.

Está claro que Pablo Iglesias tiene muchos gestos y ademanes que rezuman machismo por los cuatro costados. Tenemos además, quien lo iba a decir, el ‘caso Dina’, o el deseo manifestado de azotar a la periodista Mariló Montero hasta hacerla sangrar. A pesar de todo, como está siempre a la que salta, se presenta formalmente como un abanderado destacado del feminismo reinante y de la libertad sexual.

Pero está visto, que el ‘Coletas’ asume ese papel simplemente por pura conveniencia, más que nada, para arañar unos votos de las mujeres que integran ese colectivo feminista. ¿Alguien ha visto a este personaje, o a alguno de sus adláteres levantar la voz para denunciar las violaciones, los asesinatos y la vulneración generalizada de los derechos de la mujer que se producen constantemente en Irán, en Afganistán, en la India y, por supuesto, en los países bolivarianos de Hispanoamérica? Y ya sabemos qué quiere decir esto.

El comportamiento del populista Pablo Iglesias no ha cambiado absolutamente nada, desde que se oficializó la formación política de Podemos. Para darse a valer y tener contenta a la progresía, ataca ferozmente  a la ‘casta política’ y, utilizando los argumentos del chavismo y del comunismo bolivariano, pone en solfa la conducta de todos sus adversarios políticos. El Partido Popular siempre ha sido el blanco preferente de sus furibundos ataques.

Es sobradamente conocido que el aspirante al marquesado de Galapagar no tiene pelos en la lengua. Sabemos que chapotea  en el fango de la corrupción, como otros muchos dirigentes políticos. Y a pesar de todo, tiene la desfachatez de decir a Mariano Rajoy que el político que se equivoca y practica o ampara ese mismo pecado, “no pide perdón sino que dimite”. De todos modos, aunque acertó plenamente en lo que deben hacer los responsables políticos corruptos, no podemos esperar que este dechado innegable de incongruencias, tome su propia medicina.

Las tragaderas de Pablo Iglesias  no reparan en esas aparentes menudencias. Y menos ahora, que tuvo la suerte de entrar a formar parte del Gobierno de España. Y esto le lleva naturalmente a jugar a ser gobierno y oposición al mismo tiempo. Y como la vida da muchas vueltas, quiere aprovechar esta circunstancia para desgastar al presidente Pedro Sánchez, para ver si así logra llegar algún día, ahí es nada,  a la presidencia del Gobierno.

 

Gijón, 14 de septiembre de 2020

 

José Luis Valladares Fernández

jueves, 11 de julio de 2013

9.-Más cargas fiscales para las familias y las empresas

Todos recordamos la matraca que nos dieron los socialistas, repitiéndonos día y noche que  los impuestos en España eran muy bajos y que, para tener unos servicios públicos de primera como en los países de nuestro entorno, habría que subirlos para que fueran homologables a los del resto de Europa. Esta afirmación era radicalmente falsa,  porque los españoles llevaban ya muchos años soportando una presión fiscal mucho más alta que la mayor parte de los europeos. Pero es  igual. Necesitaban dinero y, para eso,  nada mejor que atracar  una vez más a la clase media, subiendo desconsideradamente sus impuestos.

Pero como se trata de una medida altamente impopular, iniciaron con suficiente antelación ese bombardeo constante de que España cuenta con una base impositiva muy por debajo de los demás países de Europa. De este modo tan singular prepararon el ambiente para realizar esa subida sin trabas y con el menor coste político posible. Cuando llegó la hora de aprobar la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2010, fijaron en un punto la subida del IVA reducido, y en dos puntos el del tipo general. No contentos con esto, eliminaron de un plumazo la deducción de 400 euros del IRPF,  que ellos mismos utilizaron como gancho para ganar las elecciones generales de 2008.

Pero esta subida del IVA y la no deducción de los 400 euros a la hora de realizar la declaración de la renta, sirvió de muy poco al Gobierno presidido entonces por José Luis Rodríguez Zapatero. Era tan alto su despilfarro que, en mayo de 2010,  no tuvo más remedio que pedir  otro “esfuerzo extraordinario” a los paganini de siempre y presentar el mayor plan de ajuste social de la democracia: redujo los salarios del sector público un 5% de media en 2010, y los congeló además durante el año 2011; suspende la revalorización de las pensiones en 2011 y reduce considerablemente las ayudas al desarrollo y a la inversión pública estatal.

Llega Mariano Rajoy a La Moncloa y, sin pensárselo dos veces, asume íntegramente las tesis defendidas desde siempre por los que debieran ser sus adversarios políticos, los socialdemócratas que todos conocemos. Olvidándose incomprensiblemente de los enormes sacrificios económicos que ya habían hecho los ciudadanos, decide esquilmarles una vez más con una subida inmediata del IRPF. Este incremento inesperado de la presión fiscal provocó un enorme descontento social generalizado, que prendió incluso entre muchos miembros de su propio partido.

miércoles, 17 de abril de 2013

SE AMPLÍA LA BRECHA ENTRE POBRES Y RICOS


Los miembros del Gobierno de Mariano Rajoy, desde hace algunas fechas, aprovechan todas sus salidas en los medios de comunicación para señalar cumplidamente las bondades de las distintas reformas económicas puestas en marcha, casi al principio de la legislatura. Según dicen, se atisba ya luz al final del túnel, gracias principalmente a la reforma laboral y a la reforma del sector financiero. Su optimismo, fingido o real, no tiene límites y afirman muy ufanos que estamos llegando al final de la recesión. Y alegan como medida que avala esa previsión, el aumento notable de las exportaciones de bienes y servicios.

El primero en echar las campanas al vuelo ha sido el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, basándose precisamente en el supuesto superávit en la balanza de pagos que se augura al final de este ejercicio. Según las previsiones del ministro y del Gobierno, creceremos negativamente en los dos primeros trimestres del año, para tener una tasa de crecimiento muy próxima a cero en el tercer trimestre y que pasará a ser positiva en el cuarto. Y dice que, en 2014, creceremos en torno al 1% y comenzaremos a crear empleo.

Las previsiones económicas del Ejecutivo son demasiado optimistas y difieren notablemente de lo pronosticado por otras destacadas fuentes nacionales e internacionales. Son muchos los expertos analistas y las entidades financieras que vaticinan para España un año 2013 peor que el de 2012. Comparando las previsiones para 2013 con los datos obtenidos en 2012, admiten, eso sí, una mejora considerable en las exportaciones y un avance muy tímido en el IPC. Pero aseguran rotundamente que tanto el porcentaje  del PIB, como el consumo de los hogares y la tasa de desempleo van a quedar muy lejos de lo augurado por el Gobierno.

sábado, 14 de enero de 2012

LOS COMPLEJOS DE LA DERECHA

Son muchos los militantes del Partido Popular que se sienten tremendamente ofendidos si alguien les cataloga como miembros de un partido de derechas. Así como los socialistas, los comunistas y otros colectivos afines presumen de pertenecer a la izquierda, en el Partido Popular en cambio hay muchos que consideran casi un insulto que los tilden de derechas. Les hace sentirse políticamente inferiores y derrotados de antemano por esa izquierda sociológica, que cada vez está más crecida y segura de sí  misma. Que razón tenía don Quijote cuando, al ser llevado por la fuerza al castillo del Duque juntamente con Sancho,  dijo con toda solemnidad: “para los vencidos el bien se vuelve en mal,  y el mal en peor”.
Quizás se deba este complejo de inferioridad a que la derecha, como colectivo político, es en buena medida una creación de la propia izquierda. Pues es incuestionable que el primer partido que nace con la Revolución Francesa,  recibe el apelativo  de izquierdas y está formado por una gran masa de burgueses y campesinos que, cansados de aguantar injusticias y de pasar hambre, se levantan en 1789 contra el poder establecido. Dirigidos por Robespierre, por Danton y por Marat, al grito de  "Libertad, Igualdad y Fraternidad", asaltan violentamente la Bastilla y ponen fin al antiguo régimen absolutista. Y esta izquierda radical y revolucionaria comenzó a considerar de derechas a sus enemigos políticos, a los conservadores que se oponían a cambiar por la fuerza el orden preestablecido.
El caso es que, mientras la izquierda, a pesar de sus fracasos electorales, se regodea de su significación política y hasta se permite el lujo de mostrar como propias ciertas conquistas sociales en las que no ha tenido ni arte ni parte, la derecha se avergüenza de sí misma y busca subterfugios para disimular su situación política. Pendientes siempre del “qué dirán”,  abominan de la derecha y buscan con ahínco posiciones más neutras y menos comprometidas, como es el centro. Ni siquiera se atreven a celebrar sus propias conquistas sociales, normalmente más importantes que las de la izquierda. Su obsesión exclusiva es estar continuamente viajando al centro, sin darse cuenta que esto implica inestabilidad, ya que su posición dependerá siempre de la que ocupen las demás fuerzas políticas.
No es pues de extrañar que, dentro del Partido Popular, nos encontremos con mentes tan preclaras que, para rivalizar en ese supuesto progresismo con la izquierda, no admitan más valores esenciales dentro del partido que la libertad, la tolerancia y la solidaridad. Y  quien así piensa, claro está, parece que le molestan hasta los votos que provienen de gentes que se confiesan abiertamente de derechas. Que se lo pregunten, si no, a Nacho Uriarte, presidente nacional entonces de Nuevas Generaciones, que hasta se permitió el lujo de recomendar a los votantes de derechas que hay en España, que se busquen otro partido. Fue en una entrevista concedida al programa “La Quinta Columna” de Radio Intercontinental de Madrid.
Si los votantes históricos “de derechas”,  al no encontrar  en el Partido Popular los planteamientos ideológicos y políticos propios de un partido “de derechas”, cambiaran su voto, el Partido Popular dejaría de ser inmediatamente una opción de gobierno. Pues no podemos olvidar que, una inmensa mayoría de votantes “de derechas” se da perfecta cuenta de que, entre la clase dirigente del partido hay demasiados oportunistas y socialdemócratas que no comparten los valores familiares y religiosos tradicionales. Y esto les obliga, a veces, a votar con la nariz tapada.
De todos modos, aunque no son todos los que están, ni están todos los que son, no creo que sea mucho pedir que los que están sean valientes y se olviden de una vez del “qué dirán” y dejen de guiarse por lo que es o no es políticamente correcto. Es imperdonable que se cometan ahora los mismos errores que en 1996 cuando llegaron por primera vez al Gobierno. Entonces era comprensible que se “pasara página” y se mantuviera a gente que había sido nombrada por Felipe González. Fue un grave error, pero disculpable por la bisoñez del Gobierno de Aznar. Hoy sería inconcebible que se cayera en el mismo error; y mucho más, si tenemos en cuenta lo que sucedió entonces por no cortar por lo sano desde un principio.
Aunque de aquella lo pagamos muy caro, algunos miembros del Gobierno de Mariano Rajoy, por lo que parece,  no aprendieron debidamente la lección. Y están cometiendo errores muy similares. Para que no digan que son sectarios y les tengan por progres eligen para secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación a Carmen Vela Olmo, una miembro destacada de la Plataforma de Apoyo a Zapatero y que en estas últimas elecciones participó muy activamente en la campaña del candidato Alfredo Pérez Rubalcaba. Una señora  que aplaudió a rabiar los insultos vertidos por el cineasta José Luis Cuerda contra el Partido Popular, sobre todo cuando soltó esta frase: "para que no vuelva el PP que es la turba mentirosa que piensa desde su imbecilidad que todos somos más imbéciles que ellos".
Fue la propia Carmen Vela la que escribió y leyó en febrero de 2008 aquel famoso manifiesto de los artistas de la ceja, titulado Defender la alegría, en el que se mostraban plenamente rendidos  a Zapatero.  Su sectarismo ideológico es de tal calibre, que no se conformó con apoyar la nueva ley del aborto aprobada por la administración socialista. Firmó además el “contramanifiesto” famoso, escrito para  censurar el llamado “Manifiesto de Madrid”, subscrito por un buen número de catedráticos, académicos e investigadores de renombre, oponiéndose a la nueva ley del aborto. En dicho “contramanifiesto” se defendía la solemne patochada de Bibiana Aido, afirmando que no se pueden usar criterios científicos para considerar “humano” a un no nacido.
El bagaje profesional de Carmen Vela Olmo es muy limitado. Es licenciada en Química y graduada en Bioquímica por la Universidad Complutense. Jamás ha estado al frente de ningún proyecto importante de investigación, ni ha gestionado nada  dentro de la Administración. Casi su único aval se reduce a la presidencia, entre 2007 y 2010, de la Asociación de Mujeres  Investigadoras y Tecnólogas, una de esas asociaciones prácticamente feministas, puestas de moda en la era Zapatero. Que Luis de Guindos haya elegido a esta mujer para ocupar el importante cargo de secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, a pesar de su bajo perfil profesional,  sorprendió enormemente a la misma comunidad científica.
Con este nombramiento, se cubre de gloria nuestro flamante ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos. Si conocía de antemano la vida, las obras y los milagros de Carmen Vela y, a pesar de todo, la nombra secretaria de Estado, habría cometido una enorme torpeza política. Sería tanto como menospreciar a las personas del Partido Popular o independientes que, sin lugar a dudas, tienen una preparación científica incomparablemente mejor que la agraciada. Todo un error mayúsculo del ministro, ya que daría a entender que le importan un pito los principios y las manifiestas referencias ideológicas, enviando así  un mensaje  demoledor a los militantes del Partido Popular e incluso a todos sus votantes.
Si Carmen Vela era una perfecta desconocida para Luis de Guindos y alguien le aconsejó tan sorprendente nombramiento, está ya tardando demasiado en cesarla fulminantemente, si es que ella no tiene la gallardía de dimitir. Es cierto que, como dice la recién nombrada secretaria de Estado, “la ciencia no tiene color político”. Pero no es menos cierto que Carmen Vela sí tiene color político, y  muy definido por cierto. Mantener el nombramiento de esta mujer sería tanto como mantener a sabiendas un topo peligroso del PSOE en la estructura del Gobierno del Partido popular. Ya harán bastante daño, de manera inevitable, los topos o submarinos ocultos que pueda haber entre los propios funcionarios.
No es solamente este el posible desliz del ministro de Economía y Competitividad a la hora de seleccionar sus directos colaboradores. Parece que a Luis de Guindos le van las personas alejadas ideológicamente del ideario del Partido popular. A la sonada elección de una miembro destacada del clan de la ceja, hay que agregar también el nombramiento de Concha Martín como directora de Comunicación de su ministerio. Hay que recordar que Concha Martín es una histórica de El País, un diario abiertamente socialista, desde donde ponía a caldo a los responsables de Economía del Gobierno de Aznar, entre los que estaba el propio Luis de Guindos como Secretario de Estado y número dos de Rodrigo Rato.
Demasiadas casualidades. Quizás Luis de Guindos, con estos nombramientos,  se haga acreedor del título de progre del año y que los socialistas no le tilden de sectario y mucho menos de facha o fascista. Pero habrá hecho un flaco favor  al Partido popular y a sus votantes. Menos mal que no se ha completado la fiesta manteniendo a Juan Antonio González, el famoso JAG del caso Malaya y del caso Gürtel,  en un puesto de responsabilidad dentro del ministerio de Interior. El famoso súper policía de Rubalcaba y jefe de la Policía Judicial, sí que trató de acercarse al Partido Popular, pero afortunadamente, por lo que parece, en dicho mnisterio soplan otros vientos muy diferentes. 
Gijón, 11 de enero de 2012 
José Luis Valladares Fernández