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martes, 14 de julio de 2009

LAS OCURRENCIAS DE CALDERA

El genial Caldera dirige, por disposición de Zapatero, una especie de laboratorio intelectual que busca alumbrar ideas útiles al Partido Socialista. Y mira por donde, casi sin querer, y en el desempeño responsable de su oficio de ideólogo, se encontró con un hecho incontrovertible. Fue Franco, ¡quién lo iba a pensar!, el auténtico culpable de que se instaran en España toda esa serie dichosa de centrales nucleares. Centrales nucleares que, además de ser radicalmente peligrosas, han aportado, durante mucho tiempo, gran parte de los megavatios que hemos consumido los españoles.
Franco, a lo largo de su dilatado mandato, ha sido posiblemente culpable de muchas cosas. Pero era impensable que hubiera llegado tan lejos y se atreviera a instalar en el suelo hispano este tipo de centrales tan complicadas y generadoras de tantos problemas insolubles. Si fue capaz de semejante osadía, muy bien puede estar detrás de otros actos no menos censurables, y cuya autoría desconocemos hasta ahora.
Felicitamos a Jesús Caldera por tan importante descubrimiento y le animamos a que continúe con tan espectacular investigación. Será la manera de aclarar definitivamente muchos hechos, hasta ahora ocultos, y que tanto han preocupado a los sufridos españoles. Por si le resulta útil al ideólogo Caldera, enumeraremos ciertos episodios pasados para que investigue hasta dónde llega en ellos la responsabilidad del anterior Jefe del Estado.
Comencemos por el principio de la carrera política y militar de Franco. Es muy posible que haya sido Franco el verdadero culpable de que no se haya instalado en España el totalitarismo de corte bolchevique, a pesar de los denodados esfuerzos que, para lograrlo, realizaron los responsables del Frente Popular republicano. Y por si esto fuera poco y para liberarnos definitivamente de cualquier tentación comunista, Franco nos sometió a un prolongado y excesivo autoritarismo personal. Sin consultarnos, quiso ser algo así como nuestro Ángel de la Guarda
Sería muy conveniente que Caldera anaflizara los orígenes de nuestra Seguridad Social, ya que a lo mejor culpabilicemos a otras personas y haya sido Franco el verdadero y único responsable de que, en fechas ya lejanas, se montara en España tal tipo de seguridad y un nuevo y desconocido sistema de pensiones.
Y ¿qué me decís del auge y florecimiento de una clase media, desconocida prácticamente hasta la década de los sesenta del siglo XX? ¿No sería el anterior Jefe de Estado el verdadero culpable de que apareciera esta nueva clase social? Otro tanto ocurrió con los hijos de los obreros, que les dio por estudiar al encontrarse con las Universidades Laborales y el desconocido plan de igualdad de oportunidades.
Sería igualmente interesante que analice Caldera quién está detrás de la siembra de tanto pantano en la geografía española, que han dado origen a una nueva e importante producción eléctrica de tipo hidráulico. Y no es esto solamente. Con esos pantanos, amplias tierras que antes eran yermas, pasaron a ser productivas. Un ejemplo bien claro lo tenemos en el denominado Plan de Badajoz.
Y es muy posible que sea Franco el verdadero culpable del actual Partido Socialista Obrero Español. Pues fue Franco el responsable de que se estableciera una protección extraordinaria en torno a un joven, que se hacía llamar Isidoro. Puso Franco todo su empeño en que se cuidara con todo mimo a ese joven, para que llegara incólume al importante y decisivo congreso de Suresmes. Creo que también ha tenido mucha culpa de que los españoles tengamos el actual régimen político y de tantas y tantas instituciones que lo configuran, incluida la Monarquía.
Si Franco ha sido el verdadero culpable de todas estas y otras muchas cosas, que le juzgue la historia y pague por ello.


Barrillos de las Arrimadas, 8 de julio de 2009

José Luis Valladares Fernández

sábado, 18 de abril de 2009

LOS TÍTULOS DE FRANCO A DEBATE

Franco en coche descubierto, con el alcalde Luis Cueto-Felgueroso, en Gijón

El pasado 14 de Abril, la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Gijón acuerda retirar a Franco las distinciones que, en otra época, le concedió el mismo Ayuntamiento. Fue nombrado hijo adoptivo y alcalde honorario y se le otorgó también, por diversos motivos, la medalla de oro de la ciudad. La Junta de gobierno de nuestro Ayuntamiento tiene todo el derecho del mundo a perder el tiempo miserablemente.
Que a estas alturas, con los graves problemas que tenemos encima, y después de los años que Franco lleva muerto, nos preocupemos de semejante historia, es el absurdo de los absurdos. Tan absurdo como la petición del certificado de defunción de Franco por parte del Juez Garzón. Franco ya no es ni hijo adoptivo ni alcalde numerario. Simplemente lo fue y perdió esos títulos el día que murió. Dice Paz Fernández Felgueroso que existen hijos adoptivos póstumos y dice bien. Pero, que yo sepa, el Ayuntamiento de Gijón no concedió a Franco esa distinción a título póstumo.
El acuerdo de la Junta de Gobierno, revocando ahora esos honores, revela un odio patológico a algo que fue y que ya no es, que le hubiera gustado psicoanalizar a Sigmund Freud. Y para tratar de conseguirlo, se apoyan en la mal denominada memoria histórica, ya que en vez de memoria histórica, se trata de una ley evidentemente política y con una intencionalidad clara de revanchismo. Hasta ahora, que yo sepa, la historia nunca ha tratado de juzgar los hechos. Se ha limitado simplemente a narrarlos y a explicarlos y, si se quiere, a mostrar las motivaciones que los originaron. Son cosas de Zapatero que, perseguido por el espectro de su abuelo, ha querido restaurar el franquismo y el antifranquismo. El ser hoy franquistas, reconozcámoslo, es un verdadero anacronismo, del mismo modo que considerarse antifranquista no deja de ser una solemne tontería.
Estamos en una situación de quiebra económica evidente. Esto nos exige que olvidemos los fantasmas pasados y pongamos todos nuestros esfuerzos en solucionar los problemas que nos agobian. Mas que discutir si se trata de galgos o podencos, la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Gijón debería ocupar su tiempo, por ejemplo, en analizar los motivos que llevan al fracaso a tanto negocio pequeño, que, con su cierre, genera tantos problemas en nuestra ciudad. Y hay peligro eminente de que ArcelorMittal cierre uno de los Altos Hornos, con lo que esto supondría para nuestra región.
Estos son problemas verdaderamente acuciantes y no unos controvertidos honores que la muerte de Franco se encargó de extinguir hace ya muchos años.

José Luis Valladares Fernández