Mostrando entradas con la etiqueta Rev. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rev. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de agosto de 2012

LA CLASE MEDIA EN EL PUNTO DE MIRA


Fue en Inglaterra, a lo largo del siglo XVII, cuando se sentaron las bases que hicieron posible la aparición de la clase media. Las distintas revoluciones liberales, que ocurrieron entonces, provocaron necesariamente el debilitamiento definitivo de la monarquía inglesa. De manera simultánea, la aristocracia fue perdiendo fuelle y poder, circunstancia que aprovechó íntegramente la burguesía para hacerse con importantes cuotas de poder.  Esta continuada pérdida de influencia por parte de la aristocracia, propició la aparición de un nuevo escenario, que supo aprovechar muy bien  la burguesía para hacerse con las tierras que se vendían.

Este proceso social continuó desarrollándose durante el siglo XVIII, intensificándose paulatinamente a medida que se aceleraba la embrionaria industrialización del país. Los cambios socioeconómicos producidos precipitaron formalmente la Revolución Industrial, apareciendo entonces la clase media inglesa. Esta nueva clase media, integrada inicialmente por la vieja burguesía terrateniente, se desmarcó de la vieja aristocracia y comenzó a valorar debidamente el esfuerzo personal de cada uno, el trabajo y la sobriedad, lo que se tradujo inevitablemente en una mejora constante de su nivel de vida.

Aunque algo más tarde, se repitió en Francia un proceso muy similar. A pesar de su enorme arraigo, la clase feudal no aguantó los embates de la Revolución Francesa de 1789 y desapareció por completo del panorama social. La excesiva rigidez  de la monarquía gala y su falta de adaptabilidad a los cambios sociales influyó notablemente en el fracaso del feudalismo francés. Después de un primer momento de desconcierto y de anarquía absoluta, la clase burguesa comienza a llenar poco a poco los espacios que va dejando el feudalismo. Una vez desaparecida la fiebre revolucionaria,  la nueva clase burguesa se afianza definitivamente en la sociedad francesa y termina constituyéndose en clase dominante.

A comienzos del siglo XIX, y en vista de los buenos resultados que estaba dando ya en Inglaterra y en Francia, la Revolución Industrial comienza a extenderse paulatinamente por el resto de Europa. Y como es natural, a medida que se iban implantando mejoras progresivas en la naciente industria, aumentaban simultáneamente y al mismo ritmo los beneficios obtenidos y, por lo tanto, el nivel de vida de los afectados. Estas mejoras económicas y sociales son determinantes para que se inicie también el desarrollo de la clase media. Hasta ahora, en toda  Europa, incluidas Inglaterra y Francia, esta clase media o burguesa estaba integrada exclusivamente por ricos terratenientes que invirtieron en la industria y por personas dedicadas a profesiones liberales u oficios no manuales.

Pero es a principios del siglo XX cuando la clase media se remoza, al engrosar sus listas con una amplia capa de trabajadores cualificados. Este rejuvenecimiento de la clase media fue posible por la implantación en la industria de los métodos de trabajo ideados por F. Winslow Taylor. Esto es: se comenzó a racionalizar el trabajo, subdividiendo sistemáticamente las distintas tareas en otras mucho más simples. Con la aplicación decidida de la producción en línea, la estandarización de los productos y la automatización de las cadenas de montaje, se mejoró el rendimiento de la mano de obra y, en consecuencia, se abarataron los costes de producción. Esto dio lugar a una mayor ganancia por parte de las empresas y éstas, por lo tanto, comenzaron a proporcionar a los obreros unos salarios bastante más generosos, en consonancia siempre con la producción obtenida.

Estas mejoras salariales dieron pie a una nueva situación económica que favoreció enormemente el enriquecimiento progresivo de la población y una mejora considerable de sus condiciones de vida. Esto es lo que abrió el camino para que la clase media integrara a estos nuevos miembros procedentes del mundo laboral. A pesar de ser tan denostada hoy por los políticos actuales,  esta clase media contribuyó claramente a la creación de riqueza, mejorando significativamente la situación económica de toda la sociedad y, por supuesto, a la ampliación y sostenibilidad del estado de bienestar.

Pero los políticos de hoy día parece que se han confabulado para acabar con esa clase media a la que tanto debe la sociedad actual. Fue José Luis Rodríguez Zapatero, el peor presidente de nuestra historia el que inició esa guerra incruenta contra la clase media. Contra todo pronóstico, la continuó Mariano Rajoy que, si no cambia, terminará por hacer bueno a Zapatero. Tanto uno como el otro, con la implicación directa de las huestes de ambos, dan muestras evidentes de que se han conjurado solemnemente para obligar a la clase media a pagar ella sola los desastres de esta crisis económica, agravada innecesariamente por los despilfarros absurdos y la desastrosa gestión del Gobierno de Zapatero.

Todos esperábamos que, con Mariano Rajoy al frente del Gobierno, revertiría esta complicada situación que nos empobrece y que comenzaríamos a converger nuevamente con Europa. Pero, de momento, todo sigue igual y no hay síntomas de que intente poner freno a tanto desaguisado. Continúa nuestro desmantelamiento industrial a ritmo de vértigo, mandando al paro a gentes que producen riqueza y, sin embargo, se da por bueno el gigantismo burocrático que padecemos, con esa descabellada inflación de funcionarios y trabajadores públicos, contratados muchos de ellos a dedo.

Sigue prácticamente intacto todo el enorme entramado de entidades del más variado pelaje, creadas en el entorno de las distintas administraciones públicas. Ahí están intactas, por ejemplo, multitud de organismos autónomos, fundaciones, todo tipo de empresas públicas y otras instituciones inútiles que utilizan descaradamente los  partidos políticos para dar cobijo a sus amigos, allegados y familiares. Y este es precisamente el sumidero por donde se van, sin control alguno, cantidades ingentes del dinero de nuestros impuestos.

Y está muy claro que son los políticos los que nos han llevado prácticamente a la quiebra y nos mantienen en ella. Los de la clase media no han tenido nada que ver con los monstruosidades que provocaron tan dramática situación. Lo que sí hizo la clase media, sin que se lo tenga nadie en cuenta, es contribuir positivamente al desarrollo económico de España y al enriquecimiento de los españoles mejorando sustancialmente su nivel de vida. Fueron los integrantes de esa clase media, y no los políticos,  los que de verdad universalizaron el Estado de bienestar y contribuyeron positivamente a una estabilidad social prolongada.

Pero esto no es óbice para que el Gobierno de Mariano Rajoy se obstine  en que sea la clase media exclusivamente la que solucione el problema exigiéndoles sacrificios desmedidos y enormes privaciones.  Ni que buscaran intencionadamente su desaparición, al condenar a sus integrantes a la más estricta pobreza. A los verdaderos culpables, a los políticos, ni se les toca. Conservan íntegramente todas sus prebendas y se procura que no pierdan ninguno de sus privilegios y mamandurrias. Las cargas y los esfuerzos impuestos injustamente a la clase media resultan baldíos porque se empeñan en conservar intacta  una estructura administrativa mastodóntica que no podemos mantener.

El Gobierno podrá decir lo que quiera pero, si de verdad quiere cerrar esta etapa de angustiosa penuria y escasez, no le queda más remedio que reducir y simplificar drásticamente la estructura del Estado Autonómico, eliminar el Senado y acabar cuanto antes con tanto pesebre como ha habilitado la casta política. . El resultado inmediato no se haría esperar: además de eliminar un gasto insoportable que hipoteca nuestro futuro, recuperaríamos inmediatamente la credibilidad que no tenemos entre nuestros socios europeos.

Barrillos de Las Arrimadas, 20 de agosto de 2012

José Luis Valladares Fernández