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viernes, 24 de septiembre de 2010

ZAPATERO A LO SUYO

Está visto que Rodríguez Zapatero, a coro con sus esbirros, se burla de los que en realidad somos los auténticos paganos de la crisis económica y, con la mayor impunidad del mundo, comete desvergonzadamente impensables tropelías y toda clase de irregularidades. La constatación de semejante hecho nos lleva a sentirnos sicológicamente como Antoine Roquentin, aquel personaje central de la primera novela filosófica de Jean Paul Sartre, que sentía un profundo asco a todo lo que le rodeaba, cayendo en la conocida “Nausea” existencialista. Roquentin llegó a este estado emocional tan peculiar, al comprobar que el existir que se esconde detrás del “es”, en realidad es “nada”.
El comportamiento irresponsable y hasta cierto punto mafioso de la progresía que nos gobierna, despierta en nosotros, si no la Nausea tal como la entiende Sartre, sí una profunda nausea y cierta sensación de angustia, al sentirnos impotentes para frenar el enorme descalabro a donde nos lleva irremediablemente la ineptitud de un presidente a todas luces incompetente. Nuestra capacidad de asombro ya no da más de sí. Tenemos la escalofriante sensación de vivir en un mundo irreal y sin sentido donde, si algo destaca, es la banalidad hipócrita y la osadía interesada de quien nos gobierna. Está en juego hasta la propia dignidad personal de las clases medias. Se nos toma por tontos, o como mucho como inmaduros, por lo que necesitamos inevitablemente estar, de manera constante, vigilados y tutelados por el Gobierno.
La manera que tiene José Luis Rodríguez Zapatero de enfrentarse a la crisis económica recuerda al emperador romano Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido por el sobrenombre de Calígula (Botitas) porque, cuando era niño, disfrutaba calzándose las ‘caligas’ que utilizaban los legionarios. Cuando asumió Calígula la corona imperial, Roma disfrutaba de una prosperidad envidiable. Pero poco a poco, y como consecuencia de los errores del joven emperador, esta situación de privilegio derivó en una terrible crisis económica, llevando el hambre a grandes capas de la sociedad romana. Para remediar esta preocupante situación, Calígula ideó una amplia serie de reformas que, lejos de solucionar el problema, lo agrava aún más al vaciar por completo el tesoro público. Es cuando el emperador, acuciado por las deudas, se ve obligado a pedir dinero a la clase más humilde de la sociedad romana, los plebeyos, para tratar de restablecer las finanzas imperiales.
Zapatero está ahora precisamente en la fase de pedir dinero a quien menos tiene y menos puede. Como si fuera un personaje ejemplar, nos habla de austeridad, nos aconseja paternalmente que moderemos nuestros gastos y que nos apretemos, aún más, el cinturón, para así colaborar en la reducción del déficit público. En realidad, más que un consejo, se trata de una imposición descarada, ya que, además de subirnos los impuestos, mete directamente la mano en los sueldos de los empleados públicos y en las pensiones. Trata de disimular, eso sí, acudiendo al tópico recurso ya muy viejo de subidas inminentes de impuestos a unos ricos que nunca aparecen y que, al final, resultan siempre ser los mismos, los de las sufridas clases medias.
No necesitan, sin embargo, apretarse el cinturón ni los dirigentes de los sindicatos de clase (yo diría verticales), ni los propios liberados, ni los del sindicato de la ceja, ni los titiriteros y afines, y ni prácticamente ninguno de los palmeros del Gobierno. Estaremos en crisis, habrá millones de parados, nos marearán incluso hablándonos de austeridad, pero las subvenciones seguirán ahí, para que a toda esa tropa de habituales del pesebre institucional no les falte de nada. No hay más que echar una ojeada al Boletín Oficial del Estado para descubrir nuevas remesas de subvenciones a costa del erario público. Parece ser que éste es el pan nuestro de cada día.
En el BOE del pasado día 8 de septiembre vemos que se aprueba una nueva remesa de ayudas para los amigos del cine. Son once millones de euros, ahí es nada, que la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, destina al mundo del cine, repartido en cuatro remesas. La primera de las partidas importa 4.973.600 euros y va destinada a la "distribución de películas de largometraje y conjuntos de cortometrajes españoles, comunitarios e iberoamericanos durante el año 2010". La segunda de las remesas consta de 3.500.000 euros, destinados a la "producción de películas y documentales para televisión sobre proyecto, correspondiente a la primera convocatoria del año 2010".
La tercera de las partidas de dinero público, con un montante de 2,3 millones de euros, se utilizan para la "producción de series de animación". La última de las partidas que se llevan los amigos de González Sinde asciende a 800.000 euros, para se empleados en la "la realización de obras audiovisuales con empleo de nuevas tecnologías". Llama la atención que estos 11 millones de euros, no solamente se reparten entre los medios cinematográficos españoles. También llevan su tajada varios filmes extranjeros, provenientes de Sudamérica, Alemania e Israel, entre otros, sin que queden muy claros los criterios de selección de los agraciados.
Hacía muy pocos días que el Gobierno de Zapatero, a través del ministro de Exteriores, el inefable Miguel Ángel Moratinos, regala a la Asamblea de Cooperación por la Paz, la nada despreciable cifra de 24 millones de euros para unos proyectos que, según dice la citada ONG, está desarrollando en Mauritania, Haití, El Salvador, África Occidental y Palestina. Con este dinero, esta Asamblea de Cooperación por la Paz, que se define a sí misma como “progresista”, tratará de romper la “brecha de la desigualdad” y de mejorar la “salud sexual y reproductiva” de un buen número de personas.
Esta importante partida de dinero se distribuiría de la siguiente manera: 7,2 millones de euros para “mejorar la salud de las poblaciones, en especial aquellas en mayor situación de pobreza, y reducción de la discriminación y la brecha de la desigualdad de las mujeres en África Occidental”. Para El Salvador se irían 4,3 millones, presuntamente destinados a mejorar “las condiciones de prevención, atención, diagnóstico y tratamiento en materia de salud sexual y reproductiva, y habitabilidad básica, con especial énfasis en jóvenes y mujeres”. Para luchar contra el hambre en Haití, se utilizarían 4 millones de euros, y otros 5 millones para mejorar la educación y el “tejido social” de Mauritania. Y como no podía ser menos, otros 3,5 millones se destinan para conseguir una “mejora de las condiciones socioeconómicas, medioambientales y de acceso a agua de la población rural palestina".
El pueblo palestino, por lo que parece, ha sido siempre la debilidad de Rodríguez Zapatero, tanto si prevalece el grupo de Hamas como si la voz cantante la lleva Al Fatah. En los cuatro últimos años, el dinero destinado a Palestina llega casi a los 200 millones de euros con los más variados tipos de disculpas. Últimamente los palestinos han recibido de Zapatero, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo otros 284.620 euros para realizar actos de desobediencia civil en Palestina e impulsar iniciativas como la ya famosa flotilla de Hamás en Gaza.
Estos datos, copiados de dos Boletines Oficiales del Estado de los días 3 y 8 del actual mes de septiembre, son un ejemplo claro de lo que está ocurriendo continuamente desde que Zapatero llegó a La Moncloa. Y el ejemplo se repite un mes y otro también. Y es que en realidad Zapatero no sabe hacer otra cosa. Se divierte tirando de chequera para repartir alegremente, entre unos y otros, el dinero de los sufridos españoles. Y como en la caja pública ya no quedan ni telarañas, se nos exigen auténticos sacrificios económicos para reducir ese déficit agobiante, que no nos deja levantar cabeza. Y ni Zapatero, ni ninguno de los miembros del Gobierno, tienen autoridad moral para exigirnos nuevos sacrificios, ya que no hacen más que malgastar obscenamente el dinero de los españoles, y lo despilfarran hasta en las cosas más peregrinas, entre otras cosas construyendo pajareras con el dichoso Plan E..
Y como el dinero que entra por un lado no da para los dispendios faraónicos que realiza habitualmente, después de haber subido primero el IRPF y después el IVA, tiene la desvergüenza de saquear a los que vivimos estrechamente de una nómina o de una pensión. Por si fuera esto poco, además de la desorbitada subida del recibo de luz en un 4,8% de media, según nos avisan de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS), es muy posible que para 2011 nos sorprendan con una nueva subida de un punto en todos los tramos del IRPF. Y Zapatero a gastar, que es lo suyo.

Gijón, 22 de septiembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

lunes, 14 de junio de 2010

ZAPATERO CAMBIA DE IDEARIO

Nos haría falta la linterna de aquel cínico vagabundo de las calles de Atenas, Diógenes de Sinope, para encontrar, en todo el mundo civilizado, a otro presidente de Gobierno que se coma sus propias afirmaciones tan pronto como José Luis Rodríguez Zapatero. Su voluntarismo excesivo, ideologizado al máximo, le lleva a lanzar precipitadamente proclamas muy sonoras que, poco más tarde, desmentirá con sus hechos. No es preciso rebuscar demasiado en las hemerotecas para conseguir un amplio florilegio de rimbombantes frases que, al final, quedaron en nada. Todo su ideario está a merced del viento que sopla en la Unión Europea, circunstancia ésta que le obliga a desdecirse con inusitada frecuencia.
Ya en septiembre de 2005, ante el Comité Federal del PSOE, declara solemnemente que es propio de la izquierda reducir los impuestos. “Sí, bajar impuestos a la renta del trabajo es de izquierdas”, es su expresión exacta. La historia en España desmiente esta frase. El propio Zapatero, de aquella, no redujo ni el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, ni ningún otro de los que afectan a los ciudadanos de a pie. La supresión del Impuesto sobre el Patrimonio solamente benefició a los más ricos y adinerados. También es cierto que tampoco subió entonces los impuestos, dejándolo para más adelante. Aún había reservas de la herencia que recibió de José María Aznar.
Una vez agotados los fondos, para seguir con el desaforado gasto emprendido, necesitaba ingresar dinero de manera imperiosa. Y como no hay más cera que la que arde, Zapatero se olvidó de lo que dijo el 3 de septiembre de 2005 a los miembros del Comité Federal y acudió a las subidas indiscriminadas de impuestos. A primeros de junio de 2009 anuncia el incremento del Impuesto sobre las Labores del Tabaco y del Impuesto sobre Hidrocarburos. Previendo las protestas de los afectados, quiso disculparse, afirmando que estas variaciones de precios, carecen de todo afán recaudatorio. Con la subida del impuesto del tabaco únicamente se pretende luchar contra el tabaquismo, tan nocivo para la salud de los españoles. La subida de los impuestos en los hidrocarburos busca tan solo ahorrar energía.
A los pocos días, en una entrevista que el jefe de Gobierno concede a la Cuatro, afirma rotundamente que no habrá más subidas de impuestos a lo largo de 2009, ni variación alguna en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Aunque al poco tiempo, para poner coto al aumento desmesurado del déficit público, el Gobierno se ve forzado a habilitar una nueva subida de impuestos, que enmarca dentro los nuevos Presupuestos Generales del Estado y en la Ley de Economía Sostenible. De ahí que, para preparar el terreno, salga a la palestra la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, y nos diga que "No se puede tener una presión fiscal como Marruecos con unos servicios sociales como Suecia”. Y aboga por “un esfuerzo fiscal generoso”, teniendo en cuenta “todas las figuras impositivas, sin apriorismos” y sin olvidar que “la prioridad es recuperar el crecimiento”.
Estas palabras de Elena Salgado originan cierta desconfianza entre los ciudadanos, incluidos los más crédulos y algunos de los incondicionales. Para apaciguar los ánimos, Rodríguez Zapatero se ve obligado a dar la cara y aparece el 28 de de ese mes de agosto para anunciar que la reforma fiscal anunciada por algunos miembros del Ejecutivo, iba a ser “limitada y temporal” y por supuesto, guardando siempre la impronta de moderación que ha procurado dar a la política de impuestos durante todo su mandato. Reconoció, en cambio, que los impuestos deben estar de acuerdo con la situación económica de cada momento y que, por lo tanto, habrá que reajustarlos para caminar hacia la recuperación y contener el gasto público.
El presidente del Gobierno no desveló los impuestos que serán revisados, pero dejó muy claro que “la actividad de las empresas y los ingresos por trabajo serían respetados y preservados”. Sin el menor pudor intelectual dio a entender que se mantendrían las pensiones, y que incluso se mejorarían. Más aún: el 5 de febrero pasado anunció solemnemente que uno de sus objetivos estaba, no sólo el de garantizar el sistema de pensiones, sino también “equiparar éstas a la media europea”. Prometió mantener el sueldo de los funcionarios e hizo referencia a que el Ejecutivo estaba negociando hasta una subida salarial para este colectivo.
Con el nuevo año desaparece la deducción de los 400 euros y se penaliza directamente las rentas del capital, con la elevación de los tipos impositivos del IRPF del 18% al 19% para rendimientos inferiores a los 6.000 euros y al 21% cuando el rendimiento sobrepase los 6.000 euros. Esta elevación del tipo medio impositivo provoca sin más una disminución notable del poder adquisitivo de todos los trabajadores y de los pensionistas con esta elevación del porcentaje
Durante su mandato, nos ha recordado varias veces que España cuenta con un sistema de protección social modélico y, según sus palabras, “bastante fuerte”, y que el Gobierno en pleno está trabajando con los agentes sociales para mejorarlo aún más. Pero, a estas alturas, todo el mundo sabe hasta donde llega el valor de la palabra de Zapatero, que nunca va más allá de la vuelta de la primera esquina. Decía el ex presidente Leopoldo Calvo Sotelo que el PSOE tiene la virtud de decir una cosa y la contraria, y afirmar después que las dos son verdad. Esta virtud está sublimada extraordinariamente en el jefe actual del Ejecutivo. Zapatero es capaz de decir, hasta en un mismo día, cosas abiertamente contradictorias entre sí, y además, espera que se le crea la una y la otra. Pero a estas alturas, hasta en el extranjero carece ya de la más elemental credibilidad.
Comenzó Zapatero su segunda legislatura, lanzando al aire desde el balcón de Ferraz, esta frase muy suya: "Gobernaré para todos, pero pensando en los que no tienen de todo". Lamentablemente se le olvidaron muy pronto los que carecen de todo y están inmersos en la más absoluta pobreza. Y siguió acordándose de los mismos que tuvo presentes en su primera legislatura: los sindicatos verticales mayoritarios, los titiriteros, alguna que otra ONG amiga y los dictadorzuelos de vía estrecha que abundan en esos mundos de Dios. Entre todos estos fue repartiendo generosamente la herencia recibida de José María Aznar, hasta dejar esquilmadas las arcas públicas. Hasta el mismo fondo de la hucha de las pensiones fue empleado ilegalmente en bonos de deuda pública española para continuar dando dádivas a todos estos paniaguados y mantener su errática política de gasto.
Cuando en las arcas del Estado no quedaban ya más que telarañas, y sabiendo a ciencia cierta que era tanto como ladrar a la luna, el presidente del Gobierno salió con aquello de que "Mientras yo sea presidente, las políticas sociales no se recortarán", a sabiendas de que no iba a ser así. A los pocos días de decir esto, por obra y gracia del Eurogrupo, el Fondo Monetario Internacional y hasta el propio Barack Obama, Zapatero comienza su viacrucis particular, comenzando a desdecirse y a renunciar a todas aquellas políticas que había elegido por estandarte. A partir de este momento, lo que antes era blanco pasa ahora a ser negro y viceversa, sin términos medios posibles. Muy grave tuvo que ser la amenaza que le obligó, de la noche para la mañana, a dar un giro de 180 grados de manera tan sorprendente.
Desde la tribuna del Parlamento, con semblante demudado, Zapatero anunció su nuevo plan: rebaja del salario de los empleados públicos en una media de un 5% a partir del mes de julio y congelación del mismo para el próximo año de 2011; congelación de las pensiones y la retirada del cheque-bebé a las futuras mamás y recortes notables a las ayudas que reciben los que tienen algún grado de dependencia. Y anuncia, de un modo demagógico, que preparará un impuesto especial para los “más ricos”, de los que después nunca más se sabe.
Simultáneamente comienzan a subir en cascada los precios de artículos básicos, como el gas y los hidrocarburos. Se anuncia una nueva subida de la electricidad y faltan muy pocos días para que comiencen a aplicarse las nuevas tarifas del IVA que encarecerán todos los artículos. Se exige a los ciudadanos un sacrificio económico notable, mientras que el Gobierno y las demás administraciones públicas continúan con sus gastos desaforados y su estilo de vida faraónico. No es éste el camino más apropiado para dejar atrás la recesión e iniciar decididamente el camino de la recuperación económica.

Gijón 12 de junio de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 23 de marzo de 2010

HUIDA HACIA DELANTE DE ZAPATERO

En el año 63 a. C, y con motivo de una conjura encabezada por Lucio Sergio Catilina, Marco Tulio Cicerón pronunció cuatro famosos discursos o catilinarias, el primero de los cuales comienza con una de las frases más recordadas y famosas del orador romano: “Quosque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? quam diu etiam furor iste tuus nos eludet? quem ad finem sese effrenata iactabit audacia?”. ¿Hasta cuando, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia? ¿Hasta cuando tu locura seguirá riéndose de nosotros? ¿Cuándo acabará esta desenfrenada audacia tuya?
Mutatis Mutandis, este discurso puede ser dirigido, con toda propiedad, a nuestro presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. A Catilina le tocó vivir entre dos guerras civiles, la guerra de Mario contra Silva y la de Cesar contra Pompeyo. Se da la circunstancia que fue éste el período histórico más rico de Roma. Y Zapatero llega al poder en el momento justo de la mayor bonanza económica de toda la historia de España. Como las arcas estaban llenas, comenzó el despilfarro más absurdo del dinero ahorrado en las dos legislaturas anteriores. Y aún hoy, a pesar de la crisis, sigue gastando bastante más de lo que ingresa. De ahí que estemos llegando ya a un punto donde no es fácil retomar el camino de vuelta.
A Zapatero se le están cerrando, una tras otra, todas las salidas posibles. Prácticamente no le queda ya más que el sumidero. Y con él arrastra, desgraciadamente, a las sufridas clases medias y a todas las capas sociales más desfavorecidas. A base de ignorancia e ineptitud, combinadas ambas con la testarudez, el inquilino de la Moncloa está haciendo de España un enorme lazareto para pobres, económicamente ya desahuciados.
Se ha endiosado de tal manera que ya no escucha a nadie, ni a los economistas de mayor prestigio, ni al presidente del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, ni al ex comisario europeo, Joaquín Almunia, aunque estos dos últimos sean tan poco sospechosos. Para Zapatero son todos unos incompetentes que no tienen ni idea de cómo salir de la crisis. Fue un atrevimiento imperdonable que Jordi Sevilla se ofreciera para enseñarle economía en dos simples tardes, a él, que es el verdadero gurú en temas económicos.
La solución, según Zapatero, no pasa por restringir gastos, la solución está en elevar los impuestos para recaudar más dinero. Y acude, como no, al Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), que es la carga impositiva que le puede proporcionar dinero inmediato y de la manera más fácil. Está convencido de que esta subida del tipo de IVA no ejerce ningún influjo sobre el consumo. Los que hablan de una peligrosa retracción del consumo, lo hacen porque son tremendamente insolidarios y acaparadores y están empeñados en que sean los de las clases humildes quienes paguen las consecuencia de esta dura crisis.
No obstante, Zapatero cerrará sus oídos a ese tipo de lamentaciones ya que tiene la firme persuasión de que con subvenciones se soluciona el problema económico. Se comporta como la mujer del cuento de la lechera. Con el dinero de los impuestos, financiará, en primer lugar, el paro. Con esta subida del IVA piensa recaudar unos 8.000 millones de euros. Y con este dinero solventará las prestaciones de 500.000 desempleados. La contracción previsible del consumo que originará esa subida del IVA, hará imposible la recaudación de esos millones de euros. De rebote, por el influjo negativo de semejante medida, se va a encontrar con otros 500.000 parados más en muy breve periodo de tiempo.
Puntualicemos, para empezar, que la prestación a los parados no sale de los impuestos. Se la han ganado ampliamente con su trabajo y con sus cotizaciones. Otra cosa es que el fondo destinado a esos menesteres se haya malgastado en otras cosas. Diga lo que diga Zapatero, el IVA es un lastre demasiado pesado para la economía y hasta el más lego sabe que afectará muy negativamente al consumo y dará pábulo a nuevos fraudes con la economía sumergida. Es, además, el impuesto más injusto, ya que afecta en mayor medida a los más pobres, a los parados y a las clases más desfavorecidas. Son muchos los mileuristas que verán complicarse su situación económica por las subidas que provocará esa elevación absurda del IVA.
Es evidente que estamos al borde de la insolvencia y el Gobierno necesita sacar dinero hasta debajo de las piedras para seguir gastando a lo loco. Son muchos los frentes abiertos donde se dilapida bastante más de lo que se ingresa. Se va el dinero, sin ir más lejos, en el contraproducente Plan E, que absorbe grandes cantidades de dinero en cartelones de propaganda, en construir piscinas y pistas de pádel, carriles bici y en mejorar aceras y jardines municipales, que aún están en buenas condiciones.
También hay que financiar otras muchas cosas, entre las que destacan las ocurrencias de Bibiana Aído, la Alianza de Civilizaciones, los fastos y el pesebre de los incondicionales de la ceja. El mesianismo de Zapatero le lleva a no olvidarse de la complicidad de los sindicatos, de la supuesta Memoria Histórica, de la ONG creada por Leire Pajín y, como no, de la entidad “Gay and Lesbians of Zimbabwe”. Al parecer, buscan la manera de ahorrar en sanidad, haciéndola, quizás, más tercermundista. Solamente en el sector farmacéutico, piensan economizar unos 1500 millones de euros anuales. Pero seguirán con miles de asesores superfluos, con varios Ministerios sin competencias determinadas, con miles y miles de altos cargos, cuya ocupación principal es llevarse cantidades ingentes de dinero.
Esta es la manera que tiene Zapatero de batir records. Su comportamiento es tan incongruente que hasta los europeos desconfían ya de él, despertando en ellos la chirigota y la chanza más hilarante. Bruselas ya no le cree, y como están seguros de que no va a cumplir el Pacto de Estabilidad, ya le han enviado alguna amenazas velada de que España puede ser expulsada del euro. Al igual que las uvas estaban verdes para la zorra, un déficit público por debajo del 3% del PIB a finales del año 2012, está también muy verde por inalcanzable, para el Gobierno de Zapatero.

Gijón, 22 de marzo de 2010

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 7 de octubre de 2009

LA ‘BIEN PAGÁ’ Y SUS CONSIGNAS

El pasado día 26 de septiembre, el Consejo de Ministros, tal como estaba previsto, aprobó el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado de 2010, tan irreales como los de 2009. En este proyecto se suprime la deducción de los famosos 400 euros que ayudaron a Zapatero a ganar las últimas elecciones. También se anuncia la subida en un punto del IVA reducido y en dos puntos del tipo general. Se eleva igualmente la tributación por el ahorro al 19 y al 21 %. De este modo el ejecutivo, de manera irresponsable, pone en marcha la mayor subida de impuestos conocida en España, con la intención absurda de cubrir así el enorme agujero de la caja pública. Hemos estado de fiesta durante mucho tiempo y los gastos de las fiestas, al final, hay que pagarlos.
Ante tal desmán, son muchos los estamentos sociales que se sienten defraudados por esta injusta subida de impuestos que nos espera a la vuelta de la esquina. Hasta dentro del propio PSOE hay grupos descontentos con este abultado aumento de la presión fiscal, entre los que se encuentran, incluso, miembros muy destacados del partido socialista. De nada vale que la vicepresidenta primera del Gobierno salga a la palestra e indique que estos impuestos se enmarcan en un contexto de crisis y que son austeros y que tienen un marcado carácter solidario.
El hecho de que se anunciara de un modo falaz y demagógico que ésta subida afectaría principalmente a los más ricos, ha encendido aún más los ánimos, ya que se ha comprobado fehacientemente que los impuestos, como siempre, van a cargo de las clases medias y de los más pobres. Las grandes fortunas, los ricos de que hablaban con fruición Zapatero y José Blanco, no tendrá vela en este entierro y continuarán, como hasta ahora, tributando el 1% exclusivamente.
Por las caras de circunstancias que han puesto, se adivina una clara contestación en las filas del PSOE y en muchos simpatizantes socialistas. Esta circunstancia, ha obligado a la ‘Bien Pagá’, Leire Pajín, a pedir a su gente que no se acobarde ante estos tiempos difíciles. Les dice que hay que “salir a la calle” a explicar a todos los ciudadanos las claves de esta política económica que incluye esta subida de impuestos. Metida ya en harina, y aprovechando el discurso de apertura de la Conferencia de Organizaciones Sectoriales del PSOE, ha pedido a los socialistas que “miren a los ojos” de los trabajadores y de los que han perdido su empleo, a quienes “no vamos a dejar en la cuneta”.
Y, me imagino que refiriéndose al Partido Popular, agrega con toda la cara del mundo: “Hay quien puede levantar mucho la voz o incluso faltar al respeto, pero lo que no podrá es mirar a los ojos de los desempleados y decirles que las medidas que ha adoptado el Gobierno no sirven para nada”. ¡Vaya que si sirven! Sirven, entre otras cosas, para que continúen, sine die, en el paro, viviendo -si es que eso es vida- de una pequeña limosna y sin aspirar a más que a ser un pobre tutelado.
Y poniendo cara de haber llegado a la política para ayudar a los desarrapados, no tiene empacho en continuar: hay que “estar atentos a la gente que está ahí afuera” y que el PSOE “es capaz de responderles” y de propiciar medidas que les proporcionen un empleo. ¡Vaya cara! El trabajo creado por estos benefactores de la humanidad es muy singular. Se trata de permanecer a la intemperie por tiempo indefinido, a la espera de que caiga esa insuficiente limosna que no te quita el hambre, por supuesto, pero que te permite seguir malviviendo.
Y la Bien Pagá continúa con ese tono de matón que la caracteriza: “No tengáis duda de que saldremos de esta situación y que podremos mirar a los ciudadanos a los ojos. No como otros, que sólo tienen un objetivo que es desgastar al Gobierno para llegar a la Moncloa” Son precisamente los socialistas quienes deberían apartar la vista de los ojos de los trabajadores y de los parados. De los ojos de los trabajadores porque, de seguir así, muy pronto pasarán a integrar las listas de los parados. De los ojos de los parados porque, de seguir con el despilfarro actual, no encontraran nunca trabajo.
Los socialistas, creo yo, si tuvieran algo de dignidad, no se atreverían a mirar a los ojos de los trabajadores ni de los parados, ya que son ellos, y nadie más que ellos los responsables de la situación en que se encuentran estos. Es evidente que el recetario socialista, cuando se reviste de ese izquierdismo trasnochado, no genera más que pobreza. Se convierte en una fábrica absurda de cuya cadena de producción no salen más que pobres y menesterosos.
Pero Leire Pajín, por mucho que llueva, es inmune al desaliento. Y termina su perorata, cómo no, emplazando a los suyos a “seguir trabajando” y a “arrimar el hombro”. ¡Qué fácil es lanzar consignas cuando le respalda a uno una cuenta bancaria envidiable!

Gijón, 30 de septiembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

lunes, 28 de septiembre de 2009

ZAPATERO O LA OCASIÓN PERDIDA

Dicen en mi pueblo, y no les falta razón, que “una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo”. Ésta frase, sacada del refranero español, retrata perfectamente a Zapatero. Más que el presidente del Gobierno, parece un fraile que, desde el púlpito, nos pide solidaridad. Quiere que veamos en la inminente reforma fiscal, más que una molesta subida de impuestos, un acto generoso con quienes más sufren los duros efectos de la crisis económica. Quiere que seamos los de siempre, las castigadas clases medias, quienes, de un modo alegre y altruista, le proporcionemos los medios precisos, para que él pueda repartir pequeñas limosnas a tanto desheredado de la fortuna.
Pero en este caso, como en tantos otros, debería ser el primero en dar ejemplo. Es inconcebible que el principal responsable del Ejecutivo siga con sus gastos suntuarios, mientras nos pide a nosotros que aportemos ese pequeño óbolo al limosnero nacional. Su anunciada restricción de gastos se queda en un simple ahorro testimonial, mientras nuestra deuda pública aumenta de un modo incontrolado.
Ahora mismo, en este viaje oficial a Estados Unidos para que, entre otras cosas, se vuelva a producir esa conjunción planetaria cantada por Leire Pajín, ha perdido una ocasión magnífica de dar ejemplo. Teniendo en cuenta el agujero tan enorme que hay en las cuentas del Estado, desaprovecha lamentablemente la oportunidad de mostrarse austero y de ser solidario con los que menos tienen. En un viaje oficial como este, sufragado a costa del erario público, resulta abusivo que el presidente y señora metan de rondón a sus hijas para que hagan turismo a costa de los españoles.
No debemos extrañarnos de esto, ya que este modo de proceder es algo recurrente en Zapatero. Siempre ha sido muy poco escrupuloso cuando se le ofrece la posibilidad de utilizar los medios públicos para actividades estrictamente personales suyas o de su propio partido. Ahí están, por ejemplo, sus viajes puramente partidistas en el ya famoso ‘Falcon’ que pagamos los contribuyentes. Alegar motivos de seguridad, no justifica en absoluto el uso indebido de los bienes públicos para mitinear. Y de utilizarlos, los gastos originados por este motivo debieran ser sufragados por el propio PSOE.
La utilización del avión oficial es una constante en la desfachatez del presidente. Ha habido ocasiones que se sirvió del Mystére con fines exclusivamente privados. Recordemos el viaje familiar para ir a Londres con el fin de realizar unas compras en Harrods. Posteriormente volvió a utilizar un avión oficial, con destino a Berlín, para ver y oir a su esposa, Sonsoles Espinosa, que actuaba con la orquesta de Daniel Barenboim, en la Philharmonie de la capital alemana.
Al uso abusivo del avión oficial hay que agregar la única patrullera que la Guardia Civil tiene en Lanzarote y que utilizó desaprensivamente para acordonar y proteger la zona en la que su esposa daba rienda suelta a una de sus aficiones, la práctica del buceo.
Por lo que parece, Zapatero es incapaz de distinguir dónde termina una actuación privada y dónde comienza la pública. Quizás piensa que, por el puesto que ocupa, él está por encima del bien y del mal y que las normas solamente obligan a las clases que carecen de mando en plaza y a los plebeyos. Su afán de poder y excesivo amor propio, le llevan a actuar con la arbitrariedad del señor feudal que tiene derecho de pernada y a quien todos deben vasallaje. Y es precisamente él, el presidente del Gobierno, el primero que debiera dar ejemplo, utilizando esos bienes públicos con el más exquisito y honrado comedimiento.
Nadie como él está obligado a esos gestos de moderación y a tener en cuenta ese Código de Buen Gobierno, aprobado en Consejo de Ministros el 18 de febrero de 2005. En dicho Código, alentado por el propio Zapatero y que se reserva el derecho de saltárselo a la torera cuando le venga en gana o le interese, se establece que los miembros del Gobierno y los altos cargos de la Administración, ajustarán sus actuaciones a los siguientes principios éticos: “objetividad, integridad, neutralidad, responsabilidad, credibilidad, imparcialidad, confidencialidad, dedicación al servicio público, transparencia, ejemplaridad, austeridad, accesibilidad, eficacia, honradez y promoción del entorno cultural y medioambiental y de la igualdad entre hombres y mujeres.”
Las buenas intenciones, cuando se trata de próceres socialistas, suelen quedar en eso, en simples intenciones.

Gijón, 24 de septiembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

jueves, 25 de junio de 2009

ZP, NUESTRO ANGEL DE LA GUARDA

Los españoles no damos la medida. ¡Que le vamos hacer! Eso es, al menos, lo que piensa de nosotros esa especie de tótem que llegó en un tren de cercanías, reventado con titadine, y que, desde entonces, ejerce como nuestro Ángel de la Guarda. Somos una especie de niños, creciditos físicamente, pero que aún no hemos desarrollado de un modo adecuado nuestras facultades mentales. Dicho con otras palabras, somos intelectualmente muy cortos y, en consecuencia, necesitamos de alguien que nos cuide y nos proteja paternalmente.
Aunque tontos, por usar un lenguaje claro, hemos tenido la inmensa suerte de que sea Zapatero nuestro cuidadoso guía y mentor. Debemos estar por ello eternamente agradecidos a nuestros lares, por concedernos tan extraordinario favor.
Puede incomodarnos alguna de las decisiones que adopte Zapatero. Esto es debido a que no sabemos calibrar bien que es lo que más nos conviene. Para no sufrir inútilmente, debemos dejar de pensar por nosotros mismos y confiar ciegamente en quien ha sido puesto a nuestro lado de un modo tan providencial para que piense por nosotros. Cualquier medida que pueda adoptar, podemos estar seguros que es exclusivamente por nuestro bien.
Es absurdo que no creamos en los famosos brotes verdes que auguró una de sus ministras y que especulemos con el engaño de ZP cuando dice que “el Gobierno considera que lo más duro de la crisis ha pasado ya, y la recuperación se irá produciendo progresivamente”. Es cuestión de tener fe en quien nos cuida y protege con todo mimo.
La misma subida de impuestos, recientemente adoptada por el Gobierno, tiene esa intención clara de nuestro bien, aunque nos parezca mentira. Lo explicó adecuadamente la ministra de Economía, que no es más que una simple vocera de Zapatero. El encarecimiento del tabaco, como consecuencia inmediata del nuevo impuesto que se le aplica, será beneficioso para la salud, porque se fumará menos.
Otro tanto ocurre con la subida de impuestos de los hidrocarburos. Al subir de precio la gasolina y los gasóleos, se utilizarán mucho menos los coches. En consecuencia, se lanzarán menos gases a la atmósfera, habrá mucha menos contaminación, con lo que respiraremos un aire mucho más puro. Y esto también es salud.
Pero como, a pesar de los desvelos de ZP, seguirá habiendo irresponsables que continúen fumando y utilizando sus coches de una manera profusa, se obtendrá un dinero extra que nos viene muy bien para mantener la sostenibilidad de nuestra economía.
Se da la casualidad, tal como subrayó oportunamente Elena Salgado, que España es el país de nuestro entorno donde está más baratos los hidrocarburos y el tabaco. Esta subida de impuestos solamente pretende nivelar estos precios evitando, de este modo, que los foráneos tengan la tentación de violar nuestras fronteras para hacer maliciosamente acopio de estas mercancías.
Se callan por nuestro bien, que en todos esos países de nuestro entorno en que el tabaco y los hidrocarburos son más caros que en el nuestro, disponen de un poder adquisitivo notablemente superior al nuestro. El ocultarnos este detalle, es un acto supremo de caridad laicista, pues si llegáramos a atisbar que en esos otros países viven mejor que nosotros, que disponen de un poder adquisitivo más elevado que el nuestro, lo íbamos a pasar muy mal por culpa de la envidia. Y es que, además de cortos, y para colmo de nuestros males, somos también tremendamente envidiosos.
Pero Zapatero y su corte de ministros no descansan para facilitarnos la vida. Están en todo y van siempre por delante de la realidad, para que no nos falte nada. Nunca les agradeceremos bastante los desvelos y preocupaciones que les causamos. Ahora se han dado cuenta de que somos muchos los que no respetamos las normas básicas de circulación y corremos a lo loco, con riesgo de dejar nuestra piel en la carretera. Y ZP ya tiene previsto el oportuno remedio: multas a discreción. Nosotros pensábamos que con desplegar a la Guardia Civil por las carreteras, solamente con verlos, mejoraría nuestra prudencia y se respetaría escrupulosamente el código de circulación. Pero ZP se ha adelantado una vez más y ya se ha dado cuenta que esto no sería suficiente. Las multas son más efectivas para garantizar nuestra seguridad vial, aunque para ponerlas los Agentes de Tráfico tengan que ocultarse en algún sitio o detrás de las curvas sin visibilidad, o servirse de los radares móviles convenientemente camuflados.
Y en esto de las multas, el fino olfato de ZP llega aún más lejos: más multas, aunque con reducciones sustanciosas de las mismas por pronto pago. ¡Que más queremos! Al garantizarnos una rebaja notable de la multa, la pagamos sin más, con lo que nos ahorramos un dinerito y dejamos a un lado la tremenda molestia de reclamar a través de los seguros en busca de que nos excusen del abono de la misma.
Reconozcamos de una vez que Zapatero es mucho Zapatero y que ha puesto toda su vida a nuestro servicio. Y, como los gladiadores gritemos con todas nuestras fuerzas ¡Ave ZP, Pauperari te Salutant!

José Luis Valladares Fernández