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jueves, 17 de diciembre de 2015

GOLPISMO Y SUBVERSIÓN PUJOLISTA

Fue a finales del siglo XXI a.C., cuando los elamitas guerrearon contra la tercera dinastía que controlaba el poder político en Ur, provocando  la destrucción de esta ciudad, que era una de las más antiguas de la vieja Sumeria. Y nada más hacerse con la ciudad, incendiaron  sus campos y se dedicaron a saquear sistemáticamente todos sus templos y a destruir, sin miramiento alguno, cuántas viviendas y edificaciones encontraban a su paso.  

Y para que la devastación de Ur fuera más completa e irreversible, en esa zona de Mesopotamia se desató inesperadamente una prolongada y pertinaz sequía, originando una terrible desertización desconocida hasta entonces y que, como es natural, trajo consigo  una terrible hambruna y una enorme mortandad. Gracias a este desastre natural y a la actuación bélica e inmisericorde  de los elamitas, la ciudad de Ur fue reducida a escombros. Sus restos forman hoy día una simple colina de ruinas en pleno desierto de Irak, a unos 24 Km al suroeste de  Nasiriya, junto a la desembocadura del rio Éufrates.

En ese contexto de hecatombe generalizada o cataclismo total, aparecen las llamadas lamentaciones sumerias, tan importantes por su interés histórico y hasta por su inspiración poética. Se trata de una auténtica canción fúnebre, en la que el poeta llora inconsolablemente la destrucción de Ur y el sufrimiento de todos sus pobres moradores. Y aunque, según dicho texto, la caída de Ur se atribuye directamente a la pérdida del favor de los dioses, esperan que, con el beneplácito de esos mismos dioses, se  reconstruya nuevamente la ciudad y que vuelva a recuperar todo su antiguo esplendor.

Los componentes de Junts pel Sí, con la cooperación entusiasta de una pandilla de fanáticos ultraizquierdistas, encuadrados en la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), quieren hacer con Cataluña, lo que los elamitas hicieron con la patria de Abraham. Y entonces, cómo no, tendríamos también las correspondientes lamentaciones catalanas. De momento, y con la disculpa de desarrollar una democracia participativa más profunda, mejorar sensiblemente la igualdad social y poner en marcha la absurda construcción nacional de los Països Catalans, están complicando la vida, de una manera muy especial, a todos aquellos que, sin dejar de ser catalanes, quieren seguir siendo españoles.

lunes, 9 de noviembre de 2015

DELIRIOS DEL NACIONALISMO CATALÁN

Aunque son varias las versiones mitológicas de la antigua Grecia que nos describen detalladamente las distintas andanzas de Prometeo, coinciden todas ellas en señalar que estamos ante un personaje legendario extremadamente valeroso e indomable. En todas ellas se afirma que Prometeo era el más célebre de todos los Titanes y, por supuesto, el más tramposo de los dioses menores. Era hijo de Jápeto y de la oceánide Clímene y tenía otros tres hermanos: Atlas, Epimeteo y Menecio. Pero ninguno de ellos era tan sagaz, tan astuto y tan atrevido como Prometeo. Y como no tenía miedo ni a los dioses del Olimpo, ridiculizó a Zeus, que era el más grande  de todos  los dioses del panteón helénico.

Según se cuenta en una de esas versiones, hasta que Zeus no fue elevado a la dignidad de rey del cielo, los dioses y los hombres vivían juntos, comían en la misma mesa y compartían todos ellos la misma felicidad. Tras el nombramiento de  Zeus como “padre de los dioses y los hombres”, se produce también el reparto equitativo de honores y funciones entre los dioses y los hombres. Y es entonces cuando Prometeo, el Titán amigo de los mortales, instituye el sacrificio ritual que, en adelante, utilizarán  los hombres para honrar debidamente a los dioses.

En aquel primer sacrificio de la historia, Prometeo ya trata de burlarse de Zeus. Comienza presentando un gran buey, que sacrifica y descuartiza posteriormente y hace dos partes con sus restos: una para los dioses y otra para sí mismo y para los mortales. En una de las partes pone todos los huesos desnudos, pero cubiertos, eso sí, por una fina capa de grasa aparentemente muy apetitosa. En la otra, para darle un aspecto francamente repugnante, esconde toda la carne del animal bajo la piel y el estómago. Y deja que sea Zeus, en calidad de rey del Olimpo, el primero en elegir la parte que corresponde a los dioses. Como era de esperar, Zeus escogió la parte que aparentemente era más sabrosa y exquisita. Y cuando descubre el engaño, monta en cólera y castiga a toda la humanidad, llevándose el fuego de la tierra.

Pero Prometeo era demasiado intrépido para amilanarse con la decisión de Zeus de castigar a los mortales de esa manera, privándoles de algo tan necesario como el fuego. Así que, en vez de acobardarse y consciente de su papel de benefactor de la humanidad, toma la valiente determinación de robárselo directamente a los dioses. Con tal fin, sube al monte Olimpo, dispuesto a coger el fuego del carro de Helios o de la forja de Hefesto con un tallo de una cañaheja, y devolvérselo a los hombres para que pudieran volver a calentarse.

domingo, 7 de diciembre de 2014

OTRA VEZ EL FEDERALISMO


Desde que se restauró la democracia en España, el federalismo en el PSOE ha sido como el Guadiana: aparece y desaparece cuando menos lo esperas. Cuando el PSOE tiene responsabilidades de Gobierno a nivel nacional, dicha forma de organización política pervivirá en su subconsciente, pero la elimina totalmente de su discurso. Y cuando las circunstancias les llevan otra vez a ejercer labores de oposición, los socialistas españoles comienzan nuevamente a pedir la reforma urgente de nuestra Constitución. Tratan de implantar a toda costa un sistema político más descentralizado y plenamente homologable con los Estados federales de nuestro entorno.
     Al perder las elecciones de noviembre de 2011, el PSOE volvió a rescatar el discurso federalista, discurso que se agudizó aún más con el aterrizaje de Pedro Sánchez en Ferraz, como secretario general de este partido político. A partir de entonces,  no hay socialista español que, cuando tiene a su alcance un micrófono, no acuse a Mariano Rajoy de inmovilista y que no reclame seguidamente la reforma de la Constitución para instaurar, cómo no, un Estado federal. Actúan todos ellos como si hubiera habido alguna consigna generalizada para defender todos sin excepción ese nuevo  proyecto de país.
     Aunque pasen largas temporadas sin acordarse del federalismo, los socialistas en España siempre han tenido una querencia muy especial por este sistema político y también por la República. Hay que tener en cuenta que el PSOE fue fundado en mayo de 1879, apenas cinco años después del fracaso solemne de la Primera República Española. Y que fue precisamente esta República la que, copiando el modelo político de los Estados Unidos de América, redactó en 1873 una nueva Constitución federal, que no llegó a aprobarse, porque varios territorios y cantones, aprovechando las circunstancias, declararon unilateralmente su independencia. Quizás haya sido este el motivo de que el PSOE eligiera entonces al republicanismo y al federalismo como una de sus principales señas de identidad.
     En el sistema federalista, las funciones del gobierno están siempre repartidas entre los diversos Estados que se hayan asociado y que delegan algunas competencias a otro organismo superior o Estado Federal central, que es a quien corresponde realmente la soberanía. El federalismo será simétrico si todos los territorios asociados comparten los mismos poderes y las mismas competencias. Y será asimétrico cuando alguno de esos territorios federados tenga más atribuciones o más poder jurisdiccional que otros. España, por ejemplo, se comporta como un Estado federal asimétrico, ya que Navarra y el País Vasco tienen más competencias en materia fiscal, que el resto de las Autonomías.
     El sistema autonómico que rige en España desde 1978 se comporta objetivamente del mismo modo que un Estado Federal. En realidad, lo único que cambia son los nombres. En España, el Estado central, en vez de ser un Estado federal, es un Estado autonómico, y las entidades que lo forman, en vez de llamarse Estados federados, se llaman Comunidades Autónomas. Tenemos, si se quiere, otra pequeña diferencia, ya que los Estados federados tienen todos su Constitución propia, mientras  que  en las Comunidades Autónomas rigen los Estatutos de Autonomía. Pero desde un punto de vista estrictamente jurídico, los dos sistemas ofrecen más o menos, las mismas prestaciones. Aunque es muy posible que el Estado federal preserve mejor la unidad territorial y la igualdad entre los ciudadanos que  el Estado autonómico.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Y AHORA ¿QUÉ...?

El diputado del Partido Popular, Pedro Gómez de la Serna, en su afán de defender la indefendible, pretende hacernos creer que la jornada del 9N en Cataluña había sido “un fracaso absoluto”. En ese acto, según dice, hubo muy poca participación y “no ha habido garantías democráticas”, porque no había un censo fiable, ni interventores, ni neutralidad y ni tan siquiera unas urnas precintadas. Y en vista de esto, sin ponerse colorado, continuó su perorata afirmando solemnemente que el 9N se parecía más “a una manifestación de democracia orgánica” que a un acto cualquiera de los que se celebran en las distintas democracias occidentales.
Es verdad que se trata de un proceso participativo muy poco fiable y sin validez jurídica alguna. Pero, como reconoció María Dolores de Cospedal, se celebró “al margen de la legalidad”, tratando vanamente, eso sí, de privar a todos los españoles del derecho inalienable que tienen de decidir sobre su presente y sobre su futuro y sobre cualquier parte de España. En consecuencia, diga lo que diga Gómez de la Serna, fracasó de manera estrepitosa y lamentable el Estado de Derecho y, por supuesto, fracasamos todos los españoles.
No podemos entender que se organizara un simulacro de referéndum ilegal tan trapacero y felón como este y que Mariano Rajoy estuviera desaparecido durante toda la jornada y no hiciera nada para evitarlo. No podemos entender que se vulneraran tan claramente derechos fundamentales nuestros y que no encontráramos amparo en la Fiscalía. No podemos entender que se trasgredieran flagrantemente dos resoluciones recientes del Tribunal Constitucional y que éste no solicitara el auxilio jurisdiccional necesario para hacerlas cumplir. No podemos entender que  distintos jueces, ante un posible caso de desobediencia, de prevaricación e incluso de malversación de fondos, se negaran a tomar medidas cautelares para suspender la votación del 9N porque, según ellos, retirar las urnas sería una medida desproporcionada. No podemos entender que la policía o Mossos d’Escuadra no cumplimentaran la orden que tenían de identificar a los responsables de la apertura de los locales públicos donde tenían instaladas las urnas para la votación del 9N. No nos defendió absolutamente nadie.

viernes, 14 de noviembre de 2014

DIÁLOGO CON LOS CATALANES

         La llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa fue enormemente funesta y hasta  dramática para  casi todos los españoles. Enardecido con la inesperada victoria en las Elecciones Generales de 2004, creyó que, con su talante y su sonrisa simplona, podía mejorar las hazañas de aquel valeroso personaje de la mitología griega, llamado Jasón, que se atrevió a viajar a la Cólquida para traer de allí el vellocino de oro. Pero fue todo una vana ilusión. Con su desastrosa gestión de la crisis económica, dejó a España en la miseria más absoluta y sin posibilidades reales de recuperación en muchos años.

        No olvidemos que Zapatero, en las dos legislaturas que se mantuvo al frente del Gobierno, dejó  las arcas públicas hasta sin telarañas. Y además, duplicó el número de parados, alcanzando, al final de su mandato, la escalofriante cifra de los cinco millones de trabajadores sin empleo. En algo menos de ocho años, la tasa de desempleados, que estaba en el 10,74%, creció hasta el 22,85%. A finales de 2011, teníamos 1.575.000 hogares españoles con todos sus miembros en el paro, lo que es francamente escandaloso.. En esa fecha, superábamos prácticamente a todos los países europeos en paro y en casi todos los registros negativos. La cifra de parados  jóvenes, que alcanzó el 48,5% en diciembre de 2011, es especialmente escandalosa.

        Y Zapatero, en vez de buscar incansablemente la manera de mejorar esas estadísticas, se dedicaba a teorizar sobre el concepto de nación, y el de patria. Según su filosofía, el concepto de nación es algo “discutible y discutido”. Para el ex presidente de Gobierno Rodríguez Zapatero, el concepto de patria está totalmente desprovisto de cualquier componente emocional y no guarda relación alguna con los conceptos de familia, de padre o de tierra paterna. Para Zapatero, la patria es nada más que “la libertad, la convivencia, la justicia, la solidaridad y la igualdad”.

         Pensando así, no es de extrañar que, en la campaña a las elecciones catalanas de noviembre de 2003, nos saliera con aquel “apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”, que alborotó, aún más, el avispero del separatismo y el nacionalismo catalanes. Es normal que esta afirmación tan alocada e irreflexiva del jefe del Ejecutivo de entonces, indujera a los ponentes del nuevo Estatuto de Autonomía a buscar singularidades catalanas y a dar por sentado que ”Cataluña es una nación”, o también, por qué no, una auténtica “realidad nacional”.
       

domingo, 28 de septiembre de 2014

LA SUPERFICIALIDAD DEL LÍDER SOCIALISTA

A Pedro Sánchez, actual secretario general de los socialistas españoles, comenzaron a crecerle los enanos a velocidad de vértigo. Cada día se parece más a Pedro Picapiedra,  protagonista de la serie televisiva de dibujos animados “Los Picapiedra”, emitida cuando yo era mucho más joven y que tanto entretenía a nuestros pequeños. Al igual que Pedro Picapiedra, Pedro Sánchez, además de esforzarse vanamente por aparentar estar siempre muy seguro de sí mismo, se olvida de reflexionar antes de abrir la boca o de actuar. Y en consecuencia, como le ocurría al personaje ficticio de “Los Picapiedra”, tiene que ir aprendiendo a base de cometer continuos errores.

El máximo responsable de los socialistas españoles, para empezar, es incapaz de poner orden en su propia formación política. Los socialistas catalanes, desoyendo la voluntad de su secretario general, apoyaron unánimemente en el parlament la ley de consultas diseñada intencionadamente por los secesionistas para suplantar la legalidad vigente. De nada vale que Pedro Sánchez apostillara más tarde que esa ley  “no cabe en la Constitución porque viola la soberanía que, de forma indivisible, corresponde al conjunto de los españoles”.

Pero en Cataluña, la falta de cordura de algunos socialistas, llega aún más lejos. Por iniciativa de la Asociación de Municipios por la Independencia, se están celebrando plenos extraordinarios en la mayor parte de los Ayuntamientos catalanes, para apoyar expresamente el referéndum ilegal del 9 de noviembre. Y un buen número de concejales socialistas dan nuevamente la espalda a su líder y, o se abstienen, o votan incomprensiblemente a favor de semejante moción.

Y Pedro Sánchez se desgañita inútilmente diciendo a los catalanes  “que les queremos, que queremos vivir con ellos, que juntos somos más fuertes”. Y siguiendo con su discurso, dice que "Votaremos sí a la unidad, sí a la diversidad, sí al verdadero ser de España, que es la España federal". Y pide a Artur Mas y a Rajoy que se pongan de acuerdo para que los catalanes y el resto de españoles podamos votar juntos una Constitución Federal. ¡Cómo si el nacionalismo separatista se conformara con pasar de un modelo autonómico a uno federal! Busca simplemente tener más privilegios que el resto de regiones españolas.

Para empezar, y aunque el líder del PSOE no quiera reconocerlo, el modelo administrativo de España es prácticamente homologable, por ejemplo, al modelo federal de Alemania. Pero eso sí, las Autonomías españolas disfrutan de muchas más atribuciones y disponen de bastantes más transferencias estatales que los Lander alemanes. Por lo tanto, aunque llevemos a cabo semejante reforma, no solucionaríamos nada y seguiría inalterable el problema independentista. Solamente cambiarían algo las cosas, si cedemos ante los soberanistas catalanes y abrimos las puertas de par en par al federalismo asimétrico. Pero en este caso, no podríamos garantizar derechos iguales para todos los ciudadanos.

sábado, 12 de julio de 2014

DE AQUELLOS POLVOS...

Nada más llegar a La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero comienza a desmantelar las instituciones básicas del Estado para poder implantar en España un nuevo proyecto cultural, totalmente ajeno a nuestras tradiciones milenarias. Da inicio a su labor de zapa, primero de manera solapada y después abiertamente y sin complejos, promoviendo una serie de leyes y disposiciones que tienen muy poco que ver con la idiosincrasia y las costumbres de los españoles. Y utiliza toda clase de tretas para substituir los valores y la vieja moral de la sociedad española por un nuevo humanismo, que excluye expresamente cualquier tipo de referencia al bien y a la virtud.

El atrevimiento de Rodríguez Zapatero no tuvo límites. Sin el menor escrúpulo, se sirvió del Gobierno, como si fuera un simple instrumento, para poner en práctica su proyecto. Comienza, por lo tanto,  aprovechándose astuta y descaradamente del Boletín Oficial del Estado para impulsar, con nuevas disposiciones y leyes, la transformación cultural e ideológica de la sociedad española. No le preocupa gran cosa el bienestar de los españoles, pero se desvive para imponerles una nueva manera de pensar, sustituyendo sus creencias ancestrales por otras más acordes con el laicismo, con el relativismo ético y con la ideología de género.

Para conseguir semejante objetivo, desplegó todas sus artimañas para destruir la familia tradicional. Sabía que, sin desmantelar definitivamente la actual institución familiar, el Estado no podría sustituir a su antojo los valores personales, ni usurpar fácilmente nuestra libertad individual y, menos aún, modelar nuestro  futuro. Para lograr su objetivo, el entonces presidente del Gobierno dispone que se adoctrine a los futuros ciudadanos desde su más tierna infancia, para implantar más fácilmente el relativismo y el laicismo y acabar así, de una vez, con el carácter absoluto  de los principios y los valores morales que emanan de las familias.

Pero Rodríguez Zapatero no se conforma con  mantener bajo control a todos y a cada uno de los ciudadanos y con el propósito laicista de relegar la religión al ámbito estrictamente privado. Su proyecto era mucho más ambicioso y demoledor. Hizo cuanto pudo para destrozar nuestro modelo de sociedad, falsear la historia de España y destruir hasta nuestra propia identidad. Y lo que es peor, puso todo su empeño en romper la convivencia de los españoles con su inoportuna ley de recuperación de la Memoria Histórica.

viernes, 21 de febrero de 2014

LLAMARSE MANUELA ES UN DELITO



Hasta hace unos cuantos años, los catalanes hacían gala del famoso seny, que los padres procuraban trasmitir oralmente a sus hijos, utilizando todo tipo de proverbios e historias morales, inspiradas básicamente en la ética cristiana. Dicho seny comportaba la observancia estricta del conjunto de costumbres y valores ancestrales, característicos de la Cataluña tradicional que añoramos todos. Hoy día, se han perdido todos esos valores y normas sociales que condicionaban la actuación de los catalanes.

Con la llegada  de Jordi Pujol a la presidencia de la Generalidad,  los nacionalistas comienzan a enfatizar interesadamente la exaltación del momento, la excitación momentánea, dando la espalda, con relativa frecuencia, a la sensatez y a la tolerancia. Como en sus manifestaciones externas, cada vez utilizaban menos el sentido común, terminaron siendo incapaces de conjuntar cordura con entusiasmo, de armonizar sentimientos con la debida mesura y la más elemental sensatez. Tratan de contraponer continuamente pasión o enardecimiento a prudencia y ponderación, sin querer reconocer que ambas cualidades no son más que dimensiones diferentes de la misma realidad. Y esto,  es maniqueísmo puro. Son impulsivos, y hablan y actúan sin reflexión alguna, movidos invariablemente por cualquier emoción imprevista. Y así, no es de extrañar que cometan abundantes  errores de bulto y pierdan frecuentemente el control sobre sí mismos.

En los Anales de la antigua Roma, se nos dice que Antonia la Menor no soportaba a su hijo Claudio, futuro emperador y siempre se refería a él como si fuera un verdadero monstruo y lo utilizaba como ejemplo de estupidez. Afirmaba, sin compasión alguna, que su hijo no era más que un  feto a medio desarrollar por la naturaleza. ¿Qué diría hoy esta influyente dama romana de estos separatistas presuntuosos, que van de faroles por la vida y están hundiendo lamentablemente a Cataluña en la miseria?

Son tan petulantes que, utilizando la educación sectariamente, han llevado a muchos catalanes  a perder el oremus, el juicio y hasta el sentido del ridículo. Por eso hay hoy tanto separatista en Cataluña. Y esta gente, incapaz de guardar las composturas, comete las tropelías más absurdas y pierde hasta el más elemental respeto por las demás personas. Son tan intransigentes y exaltados que, sin miramiento alguno, insultan despiadadamente a Carles Puyol, futbolista del FC Barcelona y de la selección española. Y todo, por haber puesto a su primera hija  el nombre de Manuela.

domingo, 2 de febrero de 2014

ESCOCIA NO ES CATALUÑA

Una vieja leyenda griega, recreada magníficamente por el dramaturgo Esquilo y por el poeta trágico Eurípides, nos cuenta la vida de un héroe llamado Capaneo, príncipe de Argos, que se hizo famoso por su extraordinaria fuerza y por el terror que infundía a sus enemigos. Gracias a ese enorme vigor, Capaneo terminó siendo un guerrero admirable, tan fuerte y vigoroso, que  no tenía rivales entre los demás  mortales. Como se creía invencible, trataba despóticamente a sus adversarios. Y había crecido tanto su arrogancia y su soberbia, que llegó a creer que podía enfrentarse a los mismos dioses del Olimpo.

La insensatez de Capaneo no tenía límites. Un buen día, se plantó ante la muralla de Tebas y proclamó solemnemente que tomaría e incendiaría la ciudad aunque la defendieran Zeus y todos los demás dioses juntos.  Y como los dioses terminaron cansándose de tales infamias,  pidieron a Zeus que le castigase o que les dejara actuar a ellos. Y el castigo por la bravuconada de desafiar a los dioses no se hizo esperar. El mismo Zeus se encargó de fulminarle, golpeándole de muerte con uno de sus rayos.

Aunque parezca mentira, también hay hoy personas tan altaneras y tan insolentes como este personaje mitológico. Es el caso de Artur Mas, el actual presidente de la Generalidad Catalana. Aunque Artur Mas sabe perfectamente que no es más que el representante ordinario del Estado en Cataluña, se está olvidando del compromiso adquirido cuando, además del Estatuto, prometió fidelidad al Rey y a la Constitución Española. Y en vez de hacer honor a esa promesa solemne, se dedica más bien a agitar insensatamente banderas extrañas y a desafiar  a todas las Instituciones Oficiales de España.

En su última toma de posesión como presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas ya dejó entrever una actitud un tanto sospechosa y preocupante. En vez de colocar en un lugar preferente al ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, que representaba al Gobierno de España, fue relegado a un segundo plano. Se ocultó, además, el retrato del Rey con una tela negra. Y por si esto fuera poco, cuando Nuria de Gispert, presidenta del Parlamento catalán, utilizando la formula oficial pregunta a Mas si promete guardar fielmente sus obligaciones, “con fidelidad al Rey, a la Constitución”, este contesta “Si, lo prometo”, pero apostilla seguidamente: “y plena fidelidad al pueblo de Cataluña".

Es cierto que en Cataluña, los poderes públicos siempre han sido alérgicos a utilizar el español en la enseñanza, al mismo nivel que el catalán. Pero desde la llegada de Artur Mas a la Generalidad, la simple alergia coyuntural se convirtió en una enfermedad extremadamente grave. Ha crecido tanto la prevención contra la lengua común de todos los españoles que, de manera irresponsable,  la han barrido de las aulas catalanas. Se ignoran sistemáticamente todas las resoluciones judiciales, dictadas por el Tribunal Supremo y por el Tribunal  Constitucional para avalar el derecho de los catalanes a utilizar el castellano como lengua vehicular.
Desde el mismo momento de su llegada a la presidencia de la Generalidad, Artur Mas dio muestras de un exagerado chovinismo nacionalista. Comenzó indicando que la única lengua propia de Cataluña era el catalán y procuró, cómo no, que el castellano quedara totalmente excluido de la vida oficial de esa Comunidad. De este modo, la lengua de Cervantes en Cataluña queda reducida, como mucho, a un simple bien cultural, aunque, eso sí, con bastante menos importancia que cualquier otra lengua extranjera.

El actual presidente de la Generalidad es tan insensato, que se ha empeñado en hacer de Cataluña una comunidad de locos, y como no haya nadie que le pare, terminará consiguiéndolo. Ya no se conforma  con que desaparezca el castellano de la esfera pública. Ahora quiere más, busca fervientemente, hacer de Cataluña una nación independiente, sin importarle un bledo el retroceso económico que tendría que soportar esa región española. Y quiere ir tan deprisa, que ya ha fijado para el próximo día 9 de noviembre la celebración del referéndum que dejaría a los catalanes fuera de España por supuesto, y también fuera de la Unión Europea.

domingo, 24 de noviembre de 2013

ESPANYA ENS ROBA

Fue Victor Klemperer, intelectual alemán de origen judío, que sufrió en sus carnes la brutal persecución  de los nazis, el que dijo de P. Joseph Goebbels que era "el más venenoso y mendaz de todos los nazis". Y es que Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania de Adolf Hitler, era un cínico muy peligroso que utilizó la mentira y la manipulación como arma política para conseguir sus objetivos, y llegó a ser indudablemente el mejor evangelista  que tuvo el nazismo.

A Joseph Goebbels le perdía su carácter temperamental. Era tan narcisista  y le gustaba tanto el protagonismo que, lleno de astucia malsana, adoctrinó a sus subordinados con "Los 11 Principios de la Propaganda" para confundir a sus enemigos y engañar  también a sus  conciudadanos. Según sus palabras, "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". No es, pues, de extrañar, que sea ésta su máxima preferida: “Una mentira mil veces repetida... se transforma en verdad”.

Lo malo es que Joseph Goebbels tiene en Cataluña discípulos muy aventajados, que manejan a la perfección la retórica mesiánica, popularizada en la Alemania nazi por  tan destacado miembro del Gobierno hitleriano. Tanto Oriol Junqueras como Artur Mas y sus respectivas mesnadas  aplican magistralmente todos y cada uno de los Principios de Propaganda dictados por Goebbels. Unos y otros repiten incansablemente el manoseado mantra de que «Espanya ens roba», “España nos roba”, justificando así su deriva secesionista.

Y como es natural, los separatistas catalanes utilizan arteramente distintas balanzas fiscales para hacer públicas distintas listas de agravios donde aparentemente sale siempre perjudicada Cataluña. Para dar cierta apariencia de verdad a la acusación de que “España nos roba”,  airean casi siempre los impuestos pagados por esta Autonomía y lo que se le reintegra posteriormente por parte del Estado. Otras veces utilizarán los kilómetros de autopistas construidas, que en Cataluña son invariablemente de peaje mientras que, en las demás regiones de España, no se paga nada por circular por ellas.

La estrategia empleada por  Artur Mas no deja lugar a dudas. Busca desvergonzadamente  la manera de reavivar el sentimiento antiespañol de los catalanes, a base de insultos y del maquillaje descarado de los distintos datos económicos.  Según el presidente de la Generalitat, el Estado no devuelve a Cataluña nada más que el alpiste de lo que aporta con sus impuestos. Y alguno de sus secuaces ha difundido, a través de las redes sociales, que  "la España subsidiada vive a costa de la Cataluña productiva". Y el secretario de Organización de los convergentes, Josep Rull, se atreve a decir que esto no es una descalificación, que semejante afirmación no es nada más que una descripción fiel de la realidad.

jueves, 24 de octubre de 2013

EN EL VALLE DE ARÁN SE SIENTEN ESPAÑOLES

La fiebre secesionista catalana ha vuelto a reaparecer con toda su crudeza de la mano de los convergentes, capitaneados por Artur Mas y fustigados  insistentemente por los miembros de Esquerra Republicana. Unos y otros se empeñan en tergiversar la historia y quieren hacernos creer que fue Wifredo el Velloso el auténtico creador de la nación catalana. Piensan erróneamente, que Wifredo fue el último conde de Barcelona designado por la monarquía carolingia en el año 878 porque a partir de aquí se constituyó el estado catalán. Y,  a partir de esa fecha, el cargo de conde pasó a ser hereditario.

A partir de Wifredo el Velloso, es verdad, accedían al cargo los herederos directos del anterior conde de Barcelona. Pero hay algo importante en este hecho, que omiten intencionadamente los independentistas catalanes: que los reyes francos tenían que sancionar necesariamente esa transmisión hereditaria para validar así su nombramiento oficial como nuevos condes de Barcelona.

Los separatistas catalanes, afiliados o no a CIU o a ERC, no se cansan de repetir que la guerra de 1714 fue un enfrentamiento interterritorial en toda regla, en el que Cataluña defendía su tradicional status de nación frente a Castilla, empeñada siempre en ampliar los dominios de su Corona. Quieren evidentemente transformar una simple guerra de sucesión en otra de secesión.  Se olvidan que comarcas enteras del antiguo reino de Aragón, como Castellón, Alicante, Valencia, Calatayud, el Valle de Arán e incluso zonas del interior de Barcelona, optaron resueltamente  por Felipe V, el rey Borbón. Y tampoco quieren reconocer que Madrid, Alcalá y Toledo, por ejemplo, se declararon a favor del aspirante austriaco, el archiduque Carlos.

Es cierto que, en el ejército de Felipe V había soldados de varias regiones españolas, pero contaba igualmente con varios miles de soldados catalanes. Pasaba algo parecido en el bando del aspirante Carlos III, que fue ampliamente derrotado el 11 de septiembre de 1714 por las huestes de Felipe V.  El  general Antonio de Villarroel, que capitaneaba las fuerzas del archiduque Carlos, deja en muy mal lugar a los secesionistas actuales, ya que en su última arenga recordó a sus soldados que luchaban por Cataluña “y por toda la nación española”.

Seguro que Artur Mas y Oriol Junqueras borrarían de buena gana la última frase de la arenga de Villarroel y, por supuesto todo el manifiesto que el conseller en cap, Rafael Casanova, mandó distribuir por todo Barcelona el mismo día 11 de septiembre de 1714. En dicho manifiesto, Rafael Casanova se atrevió a escribir que “confía que todos, como verdaderos hijos de la patria, amantes de la libertad, acudan a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España”.

domingo, 6 de octubre de 2013

LOS DESPLANTES DE ARTUR MAS

El incorregible y testarudo Artur Mas se descuelga ahora, cómo no, con la amenaza de unas elecciones plebiscitarias en 2016, al finalizar la presente legislatura, si no se le permite organizar un referéndum para que los catalanes decidan libremente sobre el futuro político de Cataluña dentro, claro está, de un “marco legal”. Y lanza esta especie de chantaje, como es su costumbre, de una manera petulante y en plan chulesco, como si estuviera perdonando la vida a Mariano Rajoy,  a sus ministros y a todos los españoles.

El presidente de la Generalitat  lanza jactanciosamente esta especie de chantaje, lleno de vanidad, mostrándose tan orgulloso de sí mismo como el fabuloso Orión, aquel cazador infatigable de la antigua Grecia que caminaba por encima de las aguas y aventajaba con creces a todos los héroes mitológicos de su tiempo por su estatura y por su fuerza descomunal. La diosa Diana eligió precisamente a Orión para formar parte de su séquito por su indiscutible valentía y su evidente apostura  y gallardía. Sintiéndose protegido y mimado por Diana, la reina de la caza, se pavoneaba y alardeaba de su suerte ante los demás mortales.

Es lo que hizo siempre Artur Mas, desde que su padrino, el “Molt Honorable” Jordi Pujol, comenzó a brindarle su protección y a prodigarle toda clase de favores. Desde que el todopoderoso dedo de Pujol lo eligió como sucesor suyo, encumbrándole a Primer Consejero de la Generalidad de Cataluña, comenzó a mostrarse altanero y arrogante como Orión y dio rienda suelta a su inmensa vanidad.

A Orión le perdió su fanfarronería y su envanecimiento. Concluida una brillante cacería y mientras era sinceramente halagado con extraordinarios elogios, presumía ante sus admiradores, jactándose de que no había monstruo alguno ni en las selvas, ni en los montes, ni en el desierto que pudieran vencerle. Y se vanagloriaba diciendo que ni los tigres, ni las panteras, ni los leones más fieros eran capaces de producirle terror alguno. Pero la Tierra, que se sintió desafiada por el gigantesco Orión, envió contra él un simple escorpión que, clavándole su uña venenosa o aguijón, le causó la muerte.

Otro tanto le va a pasar a Mas, flamante  presidente de la Generalidad catalana. Como a Orión, terminará perdiéndole  su vanidad y su engreimiento desmedido. Antes de alcanzar la presidencia de la Generalidad reconocía su condición de nacionalista, pero un nacionalista “tolerante y moderno” que estaba perfectamente integrado en el conjunto de España. Una vez alcanzada la  poltrona de la presidencia, confesó ser partidario del derecho de Cataluña a decidir su futuro y la clase de relación que mantendría con España.

domingo, 22 de septiembre de 2013

HUYEN DE LA CATALUÑA DE ARTUR MAS

Seguro que, para preparar sus encendidas intervenciones en los mítines de las últimas elecciones de Cataluña, Artur Mas i Gavarró, acudió confiadamente a la Pitonisa de Delfos o a otro oráculo de infalibilidad contrastada para que le desvelaran el futuro inmediato de la supuesta nación catalana. Y la respuesta recibida debió ser tan concluyente que creyó que podía competir con el Orfeo mitológico en el arte de encantar a todo un pueblo. Orfeo era capaz de embelesar a hombres y dioses con su voz y el sonido de su lira. Unos y otros se reunían para oírlo y así descansaban sus almas. La naturaleza entera se conmovía al escuchar sus fascinantes acordes. La corriente de los ríos se paraba para disfrutar de su melodiosa voz y hasta las mismas rocas se animaban y salían a su encuentro. Así fue como enamoró a la escurridiza ninfa Eurídice.

Artur Mas no tañía la lira, pero pensaba que con su palabra arrastraría indefectiblemente a todos los catalanes para apoyar incondicionalmente su proyecto soberanista. Y nos remite a la masiva Diada del 11 de septiembre  de 2012, para demostrarnos que es así. De ahí que se le caliente la boca y, tratando a los catalanes como subnormales profundos, prometa recrear en Cataluña el imposible país de las maravillas. Según sus previsiones, una vez recuperen la independencia, los catalanes alcanzarán la felicidad plena y serán envidiados por todo el mundo. Con toda seguridad, Cataluña bajo su mando alcanzará su cenit en el año 2020, fecha en la que se pondrá a la cabeza de la Unión Europea, sin necesidad de pertenecer a ella.

Una vez liberada del yugo de España, Cataluña mejorará tanto, que desaparecerá prácticamente el fantasma del paro, creando abundantes puestos de trabajo y se reducirán a la mitad los accidentes de tráfico. Con la independencia, la vida de los catalanes dará un vuelco, aumentando milagrosamente su estado de bienestar: vivirán bastantes  más años con un nivel de vida muy superior al actual, descenderán significativamente las muertes por cáncer, se pagarán menos impuestos y hasta se aumentarán las pensiones. Con Mas al frente y con su deseada independencia, los catalanes se aseguran la felicidad plena y casi, casi la inmortalidad.

Y según Artur Mas, en la Cataluña independiente es inevitable el milagro cultural y económico. Las universidades catalanas  estarán entre las 200 mejores del mundo. La economía en Cataluña, una vez liberada del pesado lastre de la dependencia española, cambiará radicalmente sus reglas y comenzará a crecer a un ritmo superior al de Europa. Según sus previsiones, se crearán 60.000 empresas y más de 100.000 puestos de trabajo. La deuda catalana que, según Oriol Junqueras, es  extremadamente elevada por culpa de España, desaparecerá para dejar paso al mayor superávit de Occidente.

Pero es muy posible que Artur Mas, si no cambian por completo las cosas, terminará fracasando como el mismo Orfeo. Muerta  Eurídice por la mordedura de una serpiente, Orfeo decide bajar a los infiernos para pedir al dios de los muertos que le devuelva a su querida compañera. Embelesado por su lira, Hades accede a su petición, aunque con una condición: que no volviera su cabeza para mirar a Eurídice, hasta que esta no hubiera rebasado los confines del reino de los muertos. Ya estaba su esposa traspasando la última puerta del inframundo y Orfeo se olvida de la condición impuesta y, lleno de impaciencia, mira hacia atrás para ver el esplendoroso rostro de su amada. En ese momento, Eurídice se convierte nuevamente en sombra y Orfeo es expulsado del infierno y condenado a vivir separado de su esposa.

lunes, 21 de enero de 2013

VIII.-La explosión del separatismo en Cataluña



Siempre ha habido algún grupo de locos, adscritos normalmente a una ideología izquierdista, que lucha por una independencia  absurda y poco menos que imposible. Se trata de grupos más bien pequeños, que actúan aisladamente y sin el menor apoyo popular. Van por libre, y ni siquiera les prestan cobertura los colectivos nacionalistas. Estos dicen que aspiran a un mayor autogobierno y a una autonomía más completa, cuando lo que en realidad les mueve es la posibilidad de hacer pingües negocios. Los independentistas en cambio se dejan llevar por un idealismo absurdo y dan continuamente la espalda a la realidad.

Hay veces que estos grupos minoritarios de separatistas, que persiguen una quimérica liberación nacional, reaccionan violentamente y no dudan en practicar el terrorismo para imponer su estúpido ideario. Es lo que ha hecho en Cataluña el antiguo grupo terrorista que, con el tiempo,  pasaría a llamarse Terra Lliure. Reivindicaban, como no, la disgregación de varios territorios pertenecientes a  España y a Francia para formar la famosa “nación catalana”,  libre y plenamente independiente de las ataduras francesas y españolas. Fundamentaban semejante exigencia en el falso dato de que, hasta 1714, Cataluña había sido siempre una gran nación, aduciendo a la vez motivos lingüísticos y culturales.

El independentismo como fenómeno de masas, al menos en Cataluña, es relativamente moderno. Este grupo separatista catalán comenzó a crecer después de la muerte de Franco, a la sombra de una transición democrática y una Constitución española, quizás demasiado contemporizadoras. Los responsables políticos del momento pensaron erróneamente que, haciendo concesiones a los nacionalismos periféricos, estos depondrían sus continuas exigencias y hasta acallarían, para siempre,  las voces de los que se atrevían a ir mucho más lejos y pedían la secesión de alguna región española.

lunes, 14 de enero de 2013

ESPAÑA ES DIFERENTE




Durante la larga etapa del franquismo, se utilizaron, con relativa frecuencia, distintos lemas como elementos meramente propagandísticos que condensaban y simplificaban la doctrina oficial del régimen. Se trataba de unos simples gritos patrióticos que, al igual que los símbolos nacionales, trataban de movilizar y enfervorizar a las masas populares. Se recurría también muchas veces  a estos lemas con el claro propósito de modelar y conformar interesadamente la mentalidad del pueblo, de acuerdo con unos patrones marcados desde el poder.

Allá por los años sesenta del pasado siglo, España rompe definitivamente con la economía autárquica y maltusiana e inicia una política  financiera y monetaria completamente ortodoxa y coincidente con la practicada en el mundo occidental. El resultado no se hizo esperar. Además de copiar el estilo de vida europeo, liberalizamos nuestro comercio interior y comienzan a menudear nuestros intercambios comerciales con el exterior, lo que nos reporta un crecimiento económico envidiable, desconocido hasta ese momento. Para afianzar ese desarrollo económico, se buscan nuevas fuentes de riqueza promocionando el turismo exterior. 

viernes, 19 de octubre de 2012

I.-CATALUÑA NUNCA FUE UNA NACIÓN INDEPENDIENTE


Hay una página web, cataloniatours.cat que, si no es de la Generalidad catalana, sí ha sido ampliamente promocionada por la Consejería de Empleo y Empresa, y subvencionada, cómo no, por el Gobierno autonómico de Cataluña. En esa página de promoción turística de esa parte de España, se nos dice  que Cataluña tuvo un Estado propio durante más de 700 años, una familia real propia y hasta todo un imperio a lo largo del Mediterráneo. Fue España, su bestia negra de siempre, la que puso fin violentamente a esa larga etapa de Estado independiente.

Según nos cuentan en esta web, el mismo Cristóbal Colón era un miembro destacado de la “familia real catalana”. Las Carabelas, utilizadas por Colón para iniciar la arriesgada aventura del descubrimiento de América, según esto, fueron construidas en los astilleros del puerto de Barcelona. Lo de Moguer y de Palos de la Frontera es una ensoñación más de los malvados castellanos. El mismo Artur Mas, por qué no, a lo mejor es un descendiente directo de esa antigua monarquía catalana. Y de no ser así, puede descender al menos de algún cortesano importante de aquella antigua corte o, vaya usted a saber,  de algún bufón de la misma. Pero es evidente que, descienda de quien descienda, necesita urgentemente algunas lecciones de historia para que conozca detalladamente las venturas y desventuras de las gentes de esa maravillosa tierra que él se empeña en ignorar.

Los catalanes, a lo largo de su dilatada historia, siempre han tenido muy mala suerte con sus representantes políticos. Y esto viene sucediendo invariablemente desde finales  del siglo VIII, que es cuando Carlomagno expulsa a los árabes de esa parte hispana y crea lo que se conoció como la Marca Hispánica. Y Cataluña como tal arranca desde aquí. Se trataba de una franja de terreno que limitaba al norte con los Pirineos y por el sur con el Llobregat utilizada por los francos para contener las frecuentes incursiones de los sarracenos. Esta zona, que incluía el Rosellón, la Cerdeña y Barcelona,  fue dividida en condados. 

Estos condados, que se conocieron posteriormente como condados catalanes, terminaron por quedar vinculados al Condado de Barcelona. Aunque los francos sigan proyectando una gran influencia religiosa y cultural sobre los condados, estos supieron aprovechar la debilidad creciente de la monarquía carolingia y, después de varios vaivenes y enfrentamientos, consiguieron al menos cierta autonomía, regida por los condes que habían adoptado un régimen sucesorio pero, ¡ojo!, rindiendo vasallaje a los reyes francos. Más tarde, en 1162, todos estos condados, con la excepción del condado de Urgel, se unieron dinásticamente al reino de Aragón  formando la Corona de Aragón.

Aquella sociedad se muestra muy activa y, a finales del siglo XI, trata de expandirse territorialmente para incorporar a Cataluña Vieja otros territorios de su entorno. Estos territorios, situados al sur y al oeste del rio Llobregat hasta alcanzar la línea del Ebro, fueron conquistados en el siglo XII e integran la comarca denominada Cataluña Nueva. La organización social de los pueblos de Cataluña Nueva había ya perdido  buena parte de ese feudalismo que imperaba en Cataluña Vieja. Las gentes llanas no estaban tan mediatizadas por la nobleza como en la franja de la Marca Hispánica donde había prevalecido el dominio de los francos.

En aquellas épocas, las escaramuzas bélicas eran muy frecuentes entre los distintos reinos de lo que sería después España, los del sur de Italia y Sicilia y especialmente con Francia. Eso sin contar que los campesinos y los artesanos, sobre todo en los condados catalanes, armaban frecuentes grescas con los nobles del lugar y con los distintos oligarcas urbanos que controlaban férreamente las instituciones y aprovechaban cualquier circunstancia para disputar el poder real al  rey de turno.

Fue lo que sucedió, por ejemplo, en 1460 con Juan II, rey de Aragón. Por orden suya se arrestó a su hijo Carlos de Viana, lo que dio pie a que los oligarcas urbanos de Cataluña, la nobleza y la jerarquía eclesiástica se levantaran contra el monarca. En la Capitulación de Villafranca del Penedés, se obliga al rey a liberar a su hijo, se limita su autoridad real y, para entrar en Cataluña, tiene que conseguir previamente el permiso de las instituciones locales. Contraviniendo lo pactado en  Villafranca de Penedés, Juan II, conde Barcelona, entró en Cataluña, desencadenando así  la guerra civil catalana.

En esta guerra, que duraría hasta 1472, la Generalidad que, mangoneada por la oligarquía catalana, desea asumir la soberanía, se enfrentó al rey y lo declara desposeído de la Corona. Pero Juan II acudió al  rey de Francia, Luis XI en busca de ayuda. Firman el tratado de Bayona, y Luis XI le envía un  ejército para ayudarle a aplastar la sublevación catalana. Gracias al apoyo de las tropas francesas, consigue entrar en Barcelona en 1472 y obliga a los insurrectos a rendirse y a prestarle obediencia mediante la Capitulación de Pedralbes.

Pero ese apoyo, prestado interesadamente por Luis XI, tuvo un coste muy elevado para  la Corona de Aragón y, por supuesto, para Cataluña, ya que Juan II, a cambio, se había comprometido a pagar 200.000 escudos de oro al rey de Francia. Para garantizar esa deuda, se vio obligado a donar a la Corona francesa los condados de la Cerdeña y el Rosellón. Juan II intentó posteriormente recuperar ambos condados en una nueva acción bélica, pero fracasó rotundamente. Fue ya en tiempos de los Reyes Católicos, en 1493, cuando un nuevo rey de Francia, Carlos VIII, devolvió los condados a cambio de la neutralidad de la Corona de Aragón en la primera guerra iniciada por los franceses en Italia contra los otomanos.

La Generalidad catalana, dominada por las familias más poderosas de la nobleza, estamentos elevados del clero y la alta burguesía urbana, no escarmentó con el resultado penoso de su enfrentamiento con su monarca el rey de Aragón Juan II y volvió a las andadas a las primeras de cambio. Aprovechaban cualquier circunstancia propicia que pudiera llevarles al disfrute pleno de la soberanía del principado de Cataluña. Y esa ocasión se les presentó inopinadamente con lo que conocemos como la Guerra de los Treinta Años.

No podemos olvidar que, tras la nueva involucración de Francia en la Guerra de los Treinta Años en 1635, Cataluña pasaba a ser  un escenario estratégico de suma importancia, lo que obligaba a España a reclutar tropas urgentemente y a recaudar el dinero necesario para mantenerlas y el principado catalán se negó a colaborar voluntariamente. Estaba en estas, cuando las tropas francesas pusieron cerco a Fuenterrabía, obligando a responder de inmediato a Castilla con la colaboración de las provincias de Vascongadas, Aragón y Valencia.  Cataluña se negó rotundamente a colaborar con el resto de tropas españolas.

En 1639, el conde-duque de Olivares decide atacar a Francia desde suelo catalán y exige a Cataluña que contribuya adecuadamente al mantenimiento del esfuerzo militar, imponiendo al principado la obligación de aportar dinero y soldados. Estas nuevas cargas que se les imponían y  las requisas de animales efectuadas por las tropas, alteraron peligrosamente los ánimos de los campesinos. Por si esto fuera poco, las instituciones catalanas odiaban sinceramente a Olivares y no soportaban al virrey conde  de santa Coloma. Y esto llevó a la nobleza y a la burguesía catalana, con el apoyo de un sector importante del clero, a aguijonear a los campesinos para que se levantaran contra las huestes reales.

Y el conflicto, conocido como la Guerra dels Segadors, estalló finalmente en mayo de 1640. Fueron los campesinos de Gerona los primeros en amotinarse. Atacaron a los tercios destacados allí y marcharon sobre Barcelona. Aquí se les unen unos 500 segadores y toman la ciudad y asesinan a los funcionarios y a los jueces reales que encuentran en su camino y dan muerte también al conde de Santa Coloma y virrey de Cataluña. Desatadas las hostilidades, los rebeldes ya no luchaban solamente contra los tercios y los funcionarios reales, lo hacían también contra los miembros de la nobleza catalana que habían contemporizado más o menos con la administración y contra los hacendados y los ricos de las ciudades.

Ni la Generalidad era ya capaz de controlar la revolución social emprendida por los campesinos y segadores. Y antes de que afectara peligrosamente a la oligarquía catalana, el presidente de la Generalidad, el canónigo de la Seo de Urgel Pau Claris i Casademunt, se puso al frente de los sublevados.  Previendo la respuesta del conde-duque de Olivares y para curarse en salud, Pau Claris pide ayuda militar a Francia. Es entonces cuando se proclama por primera vez la República Catalana, después de firmar, eso sí,  un pacto de vasallaje con Francia y de reconocer al rey Luis XIII como conde de Barcelona y soberano de Cataluña con el nombre de Luis I de Barcelona.

Este vasallaje y sometimiento voluntario a la monarquía francesa fue aprovechado hábilmente por el cardenal Richelieu para debilitar lo más posible a la Corona española y ampliar su poder territorial. Aunque la Guerra de los Treinta Años terminó con la destitución del conde-duque de Olivares, el enfrentamiento entre Francia y España continuó en suelo catalán hasta 1659. Se pone fin al conflicto con la firma de la Paz de los Pirineos por parte de Luis XIV y Felipe IV, perdiendo Cataluña el Rosellón y la parte norte de Cerdeña.

Como se les obligaba a contribuir económicamente al mantenimiento parcial de los tercios, los manipulados campesinos y segadores se levantaron en armas contra la Corona española y se declararon vasallos del rey Francés. El resultado inmediato no pudo ser más adverso: Francia ocupó Cataluña con un ejército de 3.000 personas y obligaron a los catalanes a correr íntegramente con todos los gastos de estas tropas de ocupación.

Menos mal que, después de varios avatares, se dieron cuenta de que su situación era mucho peor con Luis XIII que con Felipe IV. Pero ya era demasiado tarde,  finalizó la aventura con la pérdida de sus territorios de allende los pirineos. Fue ésta una experiencia altamente dolorosa que, con el apoyo de un Jordi Puyol malintencionado, minusvaloran el iluso Artur Mas y toda su corte de  palmeros. Olvidan que ellos no son Cataluña.

Gijón,  8 de octubre de 2012

José Luis Valladares Fernández

sábado, 29 de septiembre de 2012

LA AMENAZA DEL SEPARATISMO CATALÁN


La Diada del pasado día 11 de septiembre, por su excesiva deriva separatista, levantó ampollas hasta en ambientes completamente despolitizados y se han rasgado las vestiduras algunos políticos habituados a contemporizar irresponsablemente con nacionalistas y soberanistas de dudosa trayectoria. Este problema, aunque de manera un tanto vaga y equívoca, viene de muy atrás. Estos sentimientos nacionalistas afloran cuando el rey Felipe V decide suprimir el autogobierno de Cataluña

Es cierto que Felipe V, para congraciarse con sus vasallos de la Corona de Aragón, se había comprometido a mantener todas sus instituciones y, además, juró solemnemente guardar y respetar los privilegios del Principado catalán. Pero la torpeza de su abuelo, el rey de Francia Luis XIV,  provoca que los reinos de Aragón, de Valencia y el principado de Cataluña optaran por alinearse con el archiduque Carlos de Austria en la guerra sucesoria. La revancha no se hizo esperar. Como represalia por haberse comprometido a otorgar los derechos sucesorios al segundo hijo del Emperador, Felipe V suprimió los fueros de los reinos de Valencia  y de Aragón en 1707 y los del Principado de Cataluña ocho años más tarde. 

Pero la auténtica fiebre nacionalista se desata con la entrada en la escena política del escritor Enrique Prat de la Riba. Es en 1887, cuando Prat de la Riba ingresa en el Centro Escolar Catalanista, que es donde surgen las primeras definiciones serias del catalanismo. Hasta entonces se añoraba el autogobierno y se hablaba incluso de que Cataluña tenía una identidad propia, diferente a la de las demás regiones españolas. Pero nadie decía que era una nación. Fue este escritor y político  el primero que acuñó ese término cuando, refiriéndose a las provincias catalanas, escribió: “Veíamos que Cataluña tenía -lengua, derecho, arte propios, que tenía un espíritu nacional; Cataluña era, pues, una nación. Y el sentimiento de patria, vivo en todos los catalanes, nos hacía sentir que patria y nación eran una misma cosa y que Cataluña era nuestra nación al igual que nuestra patria”.

La actividad de Enrique Prat de la Riba fue muy intensa. Fue secretario de la Asamblea constitutiva   de la Unió Catalanista, que redactó las llamadas Bases de Manresa,  en las que se exigía, entre otras cosas,  la restitución del autogobierno, el restablecimiento de la Audiencia de Cataluña y el reconocimiento de la oficialidad  del catalán como única lengua propia  del país. Dentro de Unió Catalanista, desempeñó varios cargos de responsabilidad, desde donde trató de justificar ése nacionalismo inicial, cuyo desarrollo llevaría necesariamente, según pensaba,  a la constitución de un Estado catalán federado con la nación española. Así es como Enrique Prat de la Riba echo a andar la bola del separatismo catalán y, desde entonces, no ha parado de rodar y de crecer. La llegada de la República, por supuesto, alentó y afianzó notablemente ese movimiento independentista.

El 17 de agosto de 1930 se reunieron en San Sebastián representantes del republicanismo español para pactar la inminente instauración de la República. La delegación de Cataluña condicionó la aceptación de los acuerdos de lo que se llamaría posteriormente Pacto de San Sebastián, al reconocimiento previo de las aspiraciones catalanas de autogobierno. Los republicanos del resto del Estado español aceptan el reto catalanista exigiendo, eso sí, que plasmaran sus aspiraciones en un Estatuto de autonomía, y que fuera sometido a la aprobación de las Cortes constituyentes después de haber sido refrendado por los ciudadanos catalanes.

Finalizada la Guerra Civil, se ejecuta la supresión de la Generalidad de Cataluña y se restauran las Diputaciones provinciales. La Diputación de Barcelona pasaría a ocupar curiosamente el  Palacio de la plaza de San Jaime, sede hasta entonces de la Generalidad. Las autoridades  de la Generalidad se exiliaron, unos a Francia como su presidente Lluís Companys y otros a Méjico. Tras el fusilamiento de Lluís Companys en 1940, ocupa interinamente el cargo Josep Irla y forma un Gobierno en el exilio que se mantendría prácticamente inoperante. Cuando dimite Josep Irla en 1954, con el fin de mantener la continuidad institucional, antiguos diputados del Parlamento catalán reunidos en Méjico, eligen como presidente a Josep Tarradellas.

Con la restauración democrática, Cataluña recupera el autogobierno y Tarradellas, que vivía en el sur de Francia, regresa a Barcelona para hacerse cargo de la presidencia de la Generalidad en esta nueva singladura. Tras las elecciones de abril de 1980, es investido presidente de la Autonomía catalana Jordi Pujol i Soley. Con Pujol al frente de la Generalidad, comenzó a  rodar y a crecer nuevamente la bola del separatismo catalán. Hay que reconocer que  no hilaron muy fino los padres de la Constitución, al creer que, satisfaciendo algunas de las aspiraciones de los nacionalistas díscolos, éstos aparcarían sus exigencias soberanistas y dejarían de dar problemas. No se dieron cuenta que estos personajes son insaciables y, a la vista está, que  siempre quieren ir más allá.

Se da la triste circunstancia de que, Adolfo Suarez,  Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, en algún período de su mandato, tuvieron que pactar con los nacionalistas para poder formar Gobierno. Esto ha servido para que los presidentes autonómicos del País Vasco y Cataluña se crecieran  y se animaran a plantear reivindicaciones nuevas,   reivindicaciones cada vez más atrevidas y audaces y que inexorablemente iban minando la unidad de España. Estos pactos ocasionales sirvieron para que Convergencia i Unió se enfundase el falso traje de la moderación, para obtener más fácilmente insospechadas  ventajas políticas.

Se da la circunstancia francamente deplorable de que ni con CIU, ni con PSC al frente de la Generalidad se cumplen las sentencias, las dicte el Tribunal Supremo o el Constitucional. Como quienes tenían que hacérselas cumplir,  se ponen voluntariamente de perfil o se hacen los distraídos, los responsables políticos del autogobierno catalán se ríen de los jueces y pasan por el arco del triunfo los dictámenes judiciales de esos tribunales sobre todo si afectan  a la inmersión lingüística. Tras la sentencia del Tribunal Supremo, que obliga a la Generalidad a introducir la vehicularidad del español en la educación infantil, Artur Más afirma rotundamente que seguirán hablando y enseñando el catalán “pese a quien pese y haya las barreras que haya”.

Estas sentencias judiciales sacaron de quicio a Francesc Homs, portavoz del Gobierno catalán, y el berrinche mayúsculo que ha cogido le ha hecho decir que les ampara la Ley de Educación de Cataluña y que su contenido es el que hay que aplicar porque “el tema de la inmersión lingüística es sagrado para todos los catalanes de todos los colores políticos”. Y sin abandonar ese gesto ceñudo e iracundo, que adopta cuando defiende algo indefendible, añade seguidamente:  "Tenemos que centrarnos en saberlo preservar y no ponernos demasiado nerviosos ante este tipo de agresiones".

A toda esta patulea de nacionalistas y soberanistas, nadie les había negado nada desde que se restauró la democracia. Y Artur Mas esperaba que todo siguiera igual. Así que la negativa de Mariano Rajoy a renegociar un nuevo pacto fiscal le sacó de quicio y respondió chulescamente adelantando las elecciones y anunciando que, si las gana, organizará una especie de referéndum popular con el consentimiento del Gobierno central  o sin él. Sabe perfectamente que carece de competencia para poner en marcha este tipo de consulta popular, pero es igual. Su despecho le lleva a tratar irresponsablemente de separar a Cataluña del resto de España.

Para cortar de raíz el plan Ibarretxe, el Gobierno de Aznar se encargó en 2003 de tipificar como delito la organización de consultas ilegales. La correspondiente modificación del Código Penal establecía penas entre tres y cinco años de prisión y la correspondiente inhabilitación para el que convocara cualquier consulta popular careciendo de las debidas competencias.  Pero Zapatero, para congraciarse con el nacionalismo vasco, enmendó una vez más la plana a su antecesor en el Gobierno derogando en 2005 esta salvaguarda constitucional. Así que, el Gobierno de Mariano Rajoy, si quiere hacer frente a este reto, tendrá que rehabilitar nuevamente la modificación promovida por Aznar. De lo contrario, el Estado estará indefenso ante esta absurda canallada de Artur Mas.

No se cómo reaccionará el Gobierno actual. Lo tiene ciertamente muy difícil, pero algo tiene que hacer para evitar que el presidente de la Generalidad lleve a cabo sus propósitos y convoque impunemente ese referéndum ilegal con el propósito firme de conseguir la secesión de Cataluña. El Parlamento catalán ya ha iniciado el proceso aprobando el pasado 26 de septiembre la siguiente resolución: "El Parlamento de Cataluña constata la necesidad de que el pueblo de Cataluña pueda determinar libre y democráticamente su futuro colectivo e insta al Gobierno a hacer una consulta prioritariamente dentro de la próxima legislatura".

La Diada del pasado día 11 de septiembre ha aclarado muchas cosas. Fue, sin duda alguna, la manifestación independentista más masiva de la historia catalana. La Vanguardia tituló así el editorial del día siguiente: ‘El tsunami de Barcelona’. Los separatistas de esta región española están ahora tremendamente  exultantes y venden descaradamente que Cataluña tiene ya al alcance de su mano la esperada independencia. Suponen que, al final del proceso, Cataluña será un nuevo Estado asociado en plan de igualdad con España, pero no les cabe duda de que será un nuevo Estado de Europa,  como rezaba el lema de la manifestación: “Catalunya, nou estat d’Europa”.

Espero que los Gobiernos,  que se dedicaron a repartir alegremente competencias,  se den cuenta ahora, aunque ya sea demasiado tarde, de que fue un mayúsculo error transferir Educación. Los que gobiernan actualmente debieran recapacitar y proceder inmediatamente  a posibilitar la recuperación de  las competencias de Educación, Sanidad y Justicia. Con la Educación en manos de los soberanistas, más que a enseñar, se han dedicado al adoctrinamiento de la juventud. Y así, nos encontramos ahora con varias generaciones de jóvenes, que desconocen hasta la historia real de su propia región. No nos engañemos, la situación actual catalana, y también la vasca, obedece al abuso que se ha hecho de las competencias de Educación.

En Cataluña tenemos hoy  millones de jóvenes, nacidos de padres foráneos, que les han enseñado  a despreciar la cultura de sus suyos y les incitan a que aborrezcan sinceramente a todo lo que huela a español. Y este sectarismo no aparece por generación espontánea, se induce y se construye a base de astucia y maledicencia.

Gijón, 28 de septiembre de 2012

José Luis Valladares Fernández