Cuando los socialistas españoles llegan al Gobierno, si la provisión de las arcas públicas es aceptable, suelen desenvolverse muy bien y sin mayores problemas. Y de mano, hasta se multiplican los amigos que los jalean y los adulan. Como no reparan en gastos, la caja se vacía y es entonces cuando comienzan a surgir las primeras complicaciones. Ya lo decía, con mucha sorna, Margaret Thatcher: "El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero.... de los demás". Es lo que ocurrió con Felipe González. Llegó al Gobierno en las elecciones de 1982, y la euforia de su triunfo apoteósico fue decayendo gradualmente al agotarse el dinero público.
En 2004, y como consecuencia de un grave e intencionado atentado en los trenes de cercanías de Madrid, se hace con el Gobierno inesperadamente José Luis Rodríguez Zapatero. Su triunfo no fue tan delirante como el de Felipe González, pero comió el coco a muchos con su talante y con su sonrisa bobalicona. Como había dinero en caja, Zapatero abrió rápidamente su tómbola y comenzó a repartir premios y subvenciones a todo trapo. Le urgía rodearse de amigos que alabaran su generosidad y cantaran sus supuestas gracias, aunque para ello tuviera que vaciar las arcas del Estado.
Cundo se gasta así el dinero, tan a lo loco, no hacen falta crisis económicas que vengan de fuera. Se basta Zapatero y su Gobierno para provocarla. Y es que el derroche de quienes actualmente rigen los destinos de España, se ha convertido en un mal endémico, si es que no forma parte de su ADN. De su magnanimidad se han aprovechado de manera reiterada, además de muchas ONGs afines, los hermanos Castro, que llevan años tiranizando a los cubanos, el repelente Hugo Chávez, que quiere perpetuarse en Venezuela y el cocalero Evo Morales que ordena y manda en Bolivia. No podemos olvidarnos de Daniel Ortega, líder máximo del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que rige, con mano dura, los destinos de Nicaragua. Otro que encontramos frecuentemente entre los premiados con nuestro dinero, es el insaciable sátrapa de Marrueco.
Las organizaciones sindicales “más representativas” de la UGT y CC OO están siempre al quite a la hora de recibir dinero público. Cualquier disculpa es buena para poner la mano y alzarse con una buena suma. No hace mucho que, por ejemplo, en comandita con la patronal CEOE, y por decisión del ministro de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez, se embolsarán nada menos que 293 millones de euros. Una cantidad respetable que, en teoría, obligaría a sindicatos y a patronal a organizar cursos de formación, pero todos sabemos que, en este tipo de cuestiones, el fraude es muy frecuente.
Hay otra manera habitual de despilfarro que Zapatero ha dejado en manos de Leire Pajín, ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, y de Bibiana Aído, actual secretaria de Estado de igualdad. Son muchas las subvenciones que ese Ministerio ha destinado prioritariamente a la “promoción y prevención sobre los derechos sexuales y reproductivos” de las mujeres de distintos países. Últimamente se han habilitado 1.339.000 euros para subvencionar varios proyectos ultra feministas en Iberoamérica, cuya coordinación correrá a cargo de varias asociaciones españolas, afines al PSOE. Merecen señalarse los casi 30 millones de euros que recibirá, para el periodo 2010-2013, la ONG Solidaridad Internacional, vinculada al PSOE y que presidió antaño la propia Leire Pajín.
En el historial del reparto de estas dádivas, nos encontramos con alguna tan llamativa como la concedida por Cristina Garmendia Mendizábal, titular del Ministerio de Ciencia e Innovación, a la entidad Basque Culinary Center Fundazioa. Se trata de una fundación puesta en marcha, en colaboración con la cooperativa Mondragón Unibertsitatea, por los cocineros vascos de renombre internacional Pedro Subijana, Andoni Luis Aduriz, Juan María Arzak, Martín Berasategui, Eneko Atxa, Hilario Arbelaiz y Karlos Arguiñano. A este equipo de cocineros famosos se le concede un pellizco de nada menos que 7.000.000 de euros para, entre otras cosas, cubrir gastos de obra, equipamiento, personal y los demás gastos derivados de la puesta en marcha del proyecto de dicha fundación.
Se busca con este proyecto, según se indica en el decreto de concesión, generar conocimientos de alto nivel en las diferentes áreas de las ciencias gastronómicas y trasmitir esos conocimientos para formar profesionales cualificados, generando procesos de investigación sobre el tema, colaborando estrechamente con universidades, centros tecnológicos, empresas y organismos públicos. El Gobierno, con esta generosa e insólita subvención, concedida por mediación del Ministerio de Ciencia e Innovación, pretende “financiar actuaciones de inmediata ejecución, en el ámbito de determinados sectores productivos estratégicos, para el desarrollo de proyectos con alto impacto en el mantenimiento y creación de empleo”.
Con esta lluvia de subvenciones y la gestión catastrófica del Ejecutivo, hemos llegado a un grado de deterioro económico inasumible. La pobreza y la miseria ocupan zonas poblacionales cada vez más amplias. El mismo Gobierno, acosado por una exagerada deuda que no para de aumentar y por un endiablado déficit público, se ha quedado ya sin margen de maniobra. No le quedan más que las salidas de las ocurrencias, a veces extremadamente disparatadas. Quizás con esa cocina de excelencia, que subvenciona tan generosamente, quiera imitar a los emperadores decadentes de la vieja Roma, como Nerón, que no hacía más que organizar grandes comilonas mientras el imperio agonizaba inexorablemente. Y eso es lo que está ocurriendo con nuestra sociedad actual. Cuando Winston Churchill decía que “el socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de los ignorantes, la prédica de la envidia, su misión es distribuir la miseria de forma igualitaria para el pueblo”, parece estar describiendo nuestra realidad contemporánea.
Gijón 16 de abril de 2011
José Luis Valladares Fernández