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martes, 26 de junio de 2012

NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL EJÉRCITO ESPAÑOL


El paso de José Luis Rodríguez Zapatero por el Gobierno, aunque terminó en fracaso, supuso un duro golpe para la idiosincrasia española y para todas nuestras instituciones más representativas. Nada más desembarcar en La Moncloa, se dedico febrilmente a promulgar nuevas leyes, a poner en marcha nuevos reglamentos y a imponer otro tipo de políticas. Trató una y otra vez de destruir hasta los cimientos de las instituciones básicas de nuestra  sociedad para imponer descaradamente su proyecto ideológico que comporta la sustitución de los valores tradicionales por otros muy poco acordes con la cultura y la historia de España.

Es en el discurso pronunciado por Zapatero en el 37 Congreso del PSOE de 2008, donde nos aclara concluyentemente su manera sectaria de actuar. Dice que para él “el Gobierno es el instrumento” y no la meta. Su mesianismo y su idealismo enfermizo le llevaron a intentar cambiar tanto el rumbo como el carácter de la historia de España. Quiso trastocar nuestra propia identidad asaltando impunemente la sociedad española para cambiar su modelo, subvirtiendo los valores de siempre y abrir así paso a un laicismo y a un relativismo de nuevo cuño para dar así cabida al feminismo radical, convertir el aborto en un derecho, generalizar los famosos lobbies de homosexuales y trocear más fácilmente lo que quedaba de España.

No creo que Zapatero formara parte  del club de  Bilderberg, ni habrá sido nunca invitado, ni siquiera como observador,  a ninguna de sus reuniones cabalísticas. Su talla intelectual no da para tanto. Pero muy pocos jefes de Gobierno habrán hecho tanto como él para poner en marcha los designios más o menos inconfesables de tan elitista club. Y las intenciones más o menos ocultas de semejante grupo son, cundo menos, conspiratorias contra el orden por el que se rigen tradicionalmente los pueblos. No es que quieran imponer por la fuerza el dominio pleno de un capitalismo aberrante, como les acusan los sectores de la izquierda. Para la derecha, en cambio, el grupo de Bilderberg trata de imponer un Gobierno mundial  y una economía planificada.

Decir que el club de Bilderberg trata de imponer por la fuerza un Gobierno mundial, es quizás exagerar demasiado, pero no podemos decir que sea algo totalmente desacertado. Por lo que ha trascendido de ese foro supuestamente masónico, todo apunta a que sus integrantes buscan incansablemente la manera de llevar a la humanidad hacia un nuevo orden mundial de tipo oligárquico. En esto coinciden plenamente con otro grupo que aspira a implantar una New Age o Nueva Era. Y esto exige destruir previamente los Gobiernos particulares de cada país, que fue lo que trató de hacer aquí en España Rodríguez Zapatero, y a punto estuvo de conseguirlo.

Para cumplir con su macabro objetivo,  utilizó maliciosamente todos los resortes e instrumentos de presión que le ofrecía su condición de jefe de un Ejecutivo sumiso y obediente. Cambió leyes, dictó otras nuevas y se valió de su mayoría parlamentaria y de su alianza cómplice con formaciones políticas radicales, de marcado carácter nacionalista y separatista, para romper con los modelos sociales y culturales vigentes desde tiempo inmemorial en la sociedad española. Para conseguir sus propósitos y poner fin a toda una tradición secular española, centró toda su artillería política y mediática para acabar con los tres pilares básicos que más han contribuido a mantener incólume nuestra identidad a lo largo de tantos años: la familia, la Iglesia y el Ejército.

Para desestructurar la familia, Rodríguez Zapatero se arroga en exclusiva la educación moral de los hijos negando ese derecho a los padres. Para ejercer esa labor de adoctrinamiento de los escolares,  pone en marcha la nefasta asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. A la Iglesia quiso recluirla en las sacristías y para minar sus fundamentos, además de del laicismo extremadamente agresivo y el más absurdo de los relativismos, puso de moda la violencia doméstica, los matrimonios homosexuales y la intempestiva reforma de la ley de Libertad Religiosa. Tampoco respetó los sentimientos del Ejército que había estado siempre  a favor de la unidad de España, y para contrariarlos, alentó los nacionalismos y propició la aprobación de nuevos Estatutos de Autonomía que sobrepasan con creces la Constitución de 1078, llenando nuestro suelo de pretendidas naciones.

Desde el principio  de su mandato, José Luis Rodríguez Zapatero intentó  neutralizar desde dentro al Ejército y casi lo consigue. Para lograr su objetivo, subvertir libremente la idea de nación y descuartizar a España, ideó un  plan totalmente maquiavélico para desprestigiar y  ridiculizar al Ejército español, destrozando su dignidad y humillándole incluso ante otros ejércitos extranjeros. Recuérdese al respecto  la vergonzante escena que tuvieron que vivir nuestros soldados,  ante el resto de tropas aliadas, al ser retirados prematuramente de Irak, y a punto estuvo de repetirse la misma escena en la precipitada huida de Kosovo.

Como ni José Bono primero, ni José Antonio Alonso después hicieron mucho para minar la contrastada moral del Ejército, Zapatero decide poner al frente del Ministerio de Defensa a Carme Chacón, una mujer que milita en el socialismo catalán y que frecuentemente ha dado muestras de simpatizar demasiado con un  nacionalismo excluyente y de odiar incluso a España. Ocultó sus sentimientos separatistas, claro está,  en vísperas del 38 Congreso Federal del PSOE para disputar la Secretaría General a Alfredo Pérez Rubalcaba. Recordemos si no su decidido apoyo al desafortunado Pepe Rubianes con aquel “Tots som Rubianes”.

Tan pronto como Carme Chacón se hizo con las riendas del Ministerio de Defensa, comenzó inmediatamente su labor intensiva de acoso y derribo de las costumbres y tradiciones castrenses más arraigadas y queridas por los distintos cuerpos militares.  Como era de esperar, dedicó todo su esfuerzo a erradicar por completo los distintos elementos religiosos que aún perduran en las Fuerzas Armadas. Con este fin elaboró un  nuevo Reglamento de Honores Militares en el que se prohíbe expresamente a los legionarios rendir honores  al famoso Cristo de la Buena Muerte de Málaga. El caso malagueño se repite en la procesión del Corpus de Toledo al prohibir que los militares de la Academia de Infantería rindan honores al Santísimo y la banda militar interprete el Himno Nacional, aunque se trata de una tradición de unos doscientos años de antigüedad.

Que Carme Chacón buscaba conscientemente la manera de humillar gratuitamente al Ejército, infra valorizándolo y pisoteando sin piedad sus sentimientos quedó ampliamente demostrado con el affaire del “chapiri” famoso, el típico gorro de la Legión. Con el pretexto absurdo de mejorar la imagen de los legionarios, sustituyen su gorra tradicional con borla por una boina de paletos, lo que provocó un general cabreo. Ya se les había obligado a recortar su barba, a prescindir de sus características  patillas y de las camisas abiertas. Llegó a presumir incluso de que, bajo su mandato, se había logrado por fin el Ejército soñado por Azaña hace ahora 80 años.

El recochineo llegó a tal extremo que, por indicación de Zapatero, Carme Chacón, la nieta del famoso anarquista Piqueras, nombra como Director General de Enseñanza Militar a Javier García Fernández, un catedrático de Derecho Constitucional, de ideología típicamente republicana. Todo un experimento social, puesto en práctica de manera artera, para hundir definitivamente la carrera militar.  El nuevo Director General de Reclutamiento y Enseñanza Militar, siguiendo disciplinadamente las indicaciones emanadas del Ministerio correspondiente, habilita un “nuevo modelo” de formación de oficiales del Ejército.

A partir de ese momento,  las nuevas promociones de Tenientes procederán del Centro Universitario de la Defensa creado con ese fin y que, para el Ejército  de Tierra, depende en todo de la Universidad de Zaragoza. Es normal que los cadetes afectados por este plan de estudios, aunque hayan iniciado su carrera militar con el mayor entusiasmo del mundo, se desanimen y desengañados opten finalmente por abandonar la milicia. Su situación se hace insostenible desde el momento en que, sin esperarlo y en condiciones adversas, se encuentran estudiando simultáneamente dos carreras dispares, como es la de oficial del Ejército y la de ingeniero de organización industrial.

Los muchachos que aspiran a ser oficiales del ejército llevan una vida muy sacrificada en la Academia General Militar. Son muchas las horas que consumen en interminables marchas, maniobras, desfiles, prácticas de tiro y otros ejercicios requeridos expresamente por su formación específica, sin contar las guardias, los cuarteles y las imaginarias correspondientes. ¿De dónde, pues, van a sacar tiempo para preparar debidamente las asignaturas de la ingeniería que se les exige? No podrán competir jamás con quienes son dueños de su tiempo y lo dedican estrictamente a los estudios exigidos para hacer esa ingeniería. Tendrían que ser superhombres y los superhombres no existen nada más que en la cabeza de Nietzsche.

A los aspirantes a oficiales del Ejército de Tierra, apenas si les queda tiempo libre para preparar adecuadamente las materias específicas de la ingeniería que se les exige. Y esto se traducirá inevitablemente en una cantidad exagerada de suspensos y en un número excesivo de repetidores, como no se habría visto nunca  en la AGM. Y habrá cadetes auténticamente vocacionales que, después de dos años de ilusionados esfuerzos, tendrán que volverse a casa y reorganizar nuevamente su vida, porque volvieron a suspender alguna asignatura de ingeniería que ni añade ni quita nada a la carrera militar.

Como resulta poco menos que  imposible conjugar adecuadamente los tiempos de ambas carreras, la de oficial del Ejército de Tierra y la de ingeniero de organización industrial, se manejó la posibilidad de reducir los tiempos de Instrucción y Adiestramiento militar, en detrimento de su formación específica y a favor de la ingeniería. Creo que una Directiva, aparecida en 2010, aconsejaba adoptar esta aberrante solución. Con tan esperpéntico plan de estudios, los alumnos de la Academia General Militar que, después de dar muchos tumbos, logren terminar su carrera, se moverán con total desparpajo por las matemáticas, pero cuando lleguen a las unidades del Ejército de Tierra… ¿estarán capacitados de verdad para ejercer diestramente su profesión?

Menos mal que, con  las pasadas elecciones generales de 2011 y la estrepitosa derrota socialista,  se puso fin definitivamente a la lamentable etapa de Carme Chacón. Es de esperar que, con la llegada de Pedro Morenés Álvarez-Eulate al Ministerio de defensa, cambie radicalmente el sistema de enseñanza iniciado en  el pasado curso en la AGM y se libere a los nuevos tenientes de la obligación absurda de graduarse simultáneamente en ingeniería. De momento, el nuevo ministro de Defensa ya cesó al anterior Director General de Reclutamiento y Enseñanza Militar, el civil Javier García Fernández, y ha puesto en ese cargo a un experimentado profesional de la milicia, el general de división Juan Antonio Álvarez Giménez. 

No tenemos porque dudar de la competencia de Javier García Fernández como profesor universitario. Pero no es la persona más indicada para tutelar y dirigir la formación de los futuros oficiales del Ejército. Es sobradamente conocida su querencia republicana y su fervor desmedido por la llamada “memoria histórica” impulsada por Rodríguez Zapatero. Sin embargo el recién nombrado Director General de Reclutamiento y Enseñanza Militar, el general Juan Antonio Álvarez Giménez, es un profesional con un amplio historial en el mando de tropas y un gran experto en enseñanza militar. Ha estado destinado  en el Tercio Duque de Alba de la Legión, en el Estado Mayor del Ejército entre otros destinos. Ha sido director  de la Academia General Militar y, en la actualidad, estaba al frente de Enseñanza, Instrucción, Adiestramiento Y Evaluación del Mando de Adiestramiento y Doctrina.

Aunque aún quedan en el Ministerio de defensa algunos altos cargos de los nombrados por Carme Chacón, es de esperar que, con la sustitución de Javier García Fernández por el general Álvarez Giménez, van a cambiar muchas cosas en la Academia General Militar de Zaragoza, entre otras el plan de estudios. A partir de ahora, los cadetes tendrán la oportunidad de prepararse adecuadamente para ser en el futuro, antes que ingenieros, unos buenos mandos del Ejército de Tierra.

Barrillos de Las Arrimadas, 20 de junio de 2012

            José Luis valladares Fernández