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sábado, 24 de septiembre de 2011

DEL SOCIALISMO A LA POBREZA

Es sobradamente conocida la preocupante frase que, según nos cuenta Dante en su Divina Comedia,  está grabada en el dintel de entrada al vestíbulo del infierno: "Lasciate ogni speranza voi ch'entrate", abandone toda esperanza, el que aquí entre. Actualmente son muchos los que, como  aquellos que jamás hicieron algo bueno en su vida, deciden imitar a Dante y su guía para que Caronte los transporte en su barca al duro infierno de la pobreza y de la miseria, a donde lleva  siempre el socialismo. Se dejan llevar inocentemente por los acicalados cantos de sirena que, sin complejos y sin miramiento alguno, elaboran cuidadosamente los falsos redentores de los pobres.

La historia se repite y no nos hace falta salir de España para comprobar fehacientemente que, cuando los socialistas manejan a su antojo los resortes del Poder, se multiplica el paro y, en consecuencia, aparecen de inmediato amplias bolsas de pobreza. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, lo ha descrito perfectamente: “Cuando el socialismo entra por la puerta, el empleo sale por la ventana”. La obsesión enfermiza de los socialistas por limitar la iniciativa privada, planificando absurdamente cualquier tipo de actuación individual, tiene estos enormes costes sociales. De ahí el fenómeno evidente de que la mendicidad, que parecía ya erradicada, aparezca de nuevo, y se extienda cada vez con más fuerza, en aquellos pueblos fieles  a la opción izquierdista.

Se da la circunstancia de que los socialistas, además de sus exagerados tintes  intervencionistas, son proclives a establecer elevados impuestos pretendidamente progresistas y, cómo no, tremendamente totalitarios. Con estos ingredientes, no es de extrañar que la pobreza se enseñoree de aquellos pueblos donde gobiernan. Para colmo de males y para perjudicar aún más a los sectores más débiles de la sociedad, se empecinan absurdamente en establecer un igualitarismo imposible a golpe de decreto, sin tener en cuenta la necesaria libertad. Y ya se sabe, la igualdad sin libertad se convierte  necesariamente en una tiranía manifiesta.

Si no hubiera pobreza, los socialistas tendrían que inventársela para subsistir, pues el socialismo sin pobreza real sería prácticamente impensable. Y como los mandarines de turno del PSOE lo saben, procuran mantener anestesiada a toda esa turba de menesterosos que sigue esperando inútilmente la llegada del santo advenimiento laico. Y para conseguir esto, los socialistas utilizan magistralmente los resortes que ofrece el populismo más extremo y siniestro. Se da, además, la circunstancia de que cuanto más pobre es un pueblo, más de izquierda son los gobiernos que salen de las urnas. Y si ese pueblo es radicalmente pobre, sus gobiernos serán, con toda seguridad,  de una izquierda tremendamente radical.

El comportamiento de los socialistas, cuando llegan al poder, es siempre el mismo. Reparten subsidios, sin control alguno, entre aquellas personas que carecen de medios económicos. Se olvidan intencionadamente del sabio proverbio chino que dice así: “no des peces al que tiene hambre; enséñale a pescar”. Y hacen esto porque saben que así tienen comprada su voluntad para futuras contiendas electorales. Por el mismo motivo, despilfarran alegremente enormes cantidades de dinero en subvencionar multitud de proyectos, a sabiendas de que la inmensa mayoría de ellos son  claramente inútiles y sin aplicación  práctica alguna.

Con toda esta serie de gastos, la mayor parte de ellos evidentemente superfluos, lejos de solucionar el problema, lo agravan de manera notable. Dirán una y otra vez que son ellos los que, de este modo, mantienen en exclusiva el bienestar social y que es esta la mejor manera para que, con el tiempo, los pobres dejen de ser pobres. Pero lamentablemente la realidad es muy distinta. Toda esta parafernalia de subsidios y subvenciones a lo loco no hacen otra cosa que generar más pobreza, hipotecando aún más el futuro de nuestra economía. Y como las estadísticas adversas les molestan, tratan siempre de paliar esta situación, por lo que crean cantidad de puestos de trabajo, pero eso sí, todos ellos improductivos. Ahí está, por ejemplo, la multiplicación abusiva de plazas de funcionarios o cargos similares en las administraciones controladas por los socialistas, lo que a la larga se traducirá en una mayor pobreza y, por consiguiente, en más paro y necesidades más acuciantes.

Con el tiempo y como consecuencia de la pésima actuación de los gobernantes socialistas, la situación de muchos parados se agrava de tal manera, que se ven abocados a la mendicidad. Los sindicatos no harán nada por ellos, ya que están centrados casi exclusivamente en asuntos políticos y en acaparar subvenciones. El Gobierno tampoco ya que carece de medios porque los dilapidó tontamente y sin miramientos. Los indignados del 15-M pasan olímpicamente de ellos, pues tienen bastante con sus asambleas laicas en Puerta de Sol o en otras plazas de las grandes ciudades. Así que estos nuevos pobres de solemnidad no les quedan más recursos que las puertas de las iglesias, Cáritas o hurgar en los contenedores de basura situados en las proximidades de los grandes centros comerciales. Quizás esto le de una pista al ex alcalde de Getafe,  Pedro Castro, y comprenda de una vez por qué hay tanta gente que vota a la derecha.

Barrillos de las Arrimadas, 7 de septiembre de 2011

José Luis Valladares Fernández

martes, 9 de noviembre de 2010

LA ESPAÑA IDÍLICA DE ZAPATERO

Piensa Rodríguez Zapatero que, con la última remodelación del Gobierno, han quedado solucionados todos los problemas de los españoles. Con dicha remodelación, lejos de solucionar los problemas que nos aquejan, los obvia, los ignora y resucita al viejo doberman para acosar al Partido Popular, creyendo que así recupera nuevamente el favor de los electores. Y aunque así fuera, aunque redujera a cero la distancia que le separa en las encuestas del partido de la oposición, el problema capital seguiría ahí amenazante y agravándose cada vez más. Habrá solucionado, si acaso, su problema, pero no la crisis moral que padecemos y mucho menos la crisis económica que ha dado al traste con el Bienestar de muchos ciudadanos.
Estamos padeciendo una preocupante crisis moral y de valores, desdoblada en una crisis evidente de la familia, de la educación y de la dignidad humana. Esta crisis ha contribuido a minusvalorar el proyecto común que llamamos España y hasta la misma noción del bien común. Al lado de esta crisis que pudiéramos llamar institucional, nos zarandea brutalmente la crisis económica que ha empobrecido a más de cinco millones de españoles que han perdido su trabajo. De ambas crisis, la moral o de valores y la económica, tiene mucha culpa José Luis Rodríguez Zapatero y toda su cuadrilla de palmeros. Ha promovido intencionadamente la descomposición moral y, por incuria o ineptitud de los responsables, se ha agravado considerablemente la crisis económica.
El panorama económico, en estos momentos, no puede ser más desolador. Lideramos las listas de paros en Europa. Hasta Lituania y Estonia ofrecen porcentajes de personas sin empleo inferiores al nuestro, que rondamos ya el 21%, si contamos a todos los que en realidad no tienen trabajo. Hay 1.300,000 hogares donde ya no entra dinero, porque todos sus miembros han agotado el tiempo que les da derecho al cobro de la indemnización por el paro. El 30% de las familias, aproximadamente seis de cada diez, no tienen dinero para llegar a final de mes. Y el 40% restante tiene verdaderos problemas para hacer frente a todos los pagos mensuales. Y nos encontramos también que un 20,8% de los parados están por debajo del umbral de la pobreza. Y Zapatero, sin ponerse colorado, asegura desvergonzadamente que los españoles son hoy menos pobres que en el año 2004 y que ha hecho él muchos más esfuerzo por la lucha contra la pobreza que los Gobiernos de José María Aznar. Decididamente, Rodríguez Zapatero vive en otra España distinta a la nuestra.
Los miembros del Gobierno, encabezados por el presidente del mismo debieran darse una vuelta alrededor de los grandes supermercados, pocos minutos después del horario de cierre. Verían a muchas personas, hurgando entre la basura de los contenedores, a la caza de algún alimento caducado, para llevárselo a casa y así matar el hambre de su familia. Ante tan deprimente panorama, posiblemente abandonarían su misticismo político y dejarían de vendernos esa España quimérica que no tiene nada que ver con la España real, en la que hay, por su propia culpa e incuria, muchas personas viviendo en la más extremada indigencia. Y para completar el cuadro, les vendría muy bien un paseo por delante de los comedores de Cáritas. A la vista de esas enormes colas de personas, obligadas a ir allí para saciar su hambre, quizás despertaría su conciencia y tratarían entonces de remediar tan lamentable situación.
Pero ni Zapatero, ni toda su cuchipanda servil que le arropa, son conscientes del calvario, cada vez más horroroso, que tienen que soportar tantas personas. Y si son conscientes del mismo, dan por hecho que la crisis económica no tiene solución. De ahí que procuren silenciar el tema, suscitando intencionadamente otras cuestiones más calientes, que en realidad no sirven para aliviar tan tremendo problema. Para eso nada mejor que mantener una gresca continua con el Partido Popular, sacando punta a cuanto hagan o digan los afiliados al partido de la oposición. Y para esta labor de acoso y derribo nadie mejor que el marrullero y superviviente Alfredo Pérez Rubalcaba, en comandita con el Insultador Mayor del Reino, José Blanco. Creen que así pueden recortar la considerable distancia que les separa en las encuestas del Partido Popular.
El muñidor de las lamentables escenas que siguieron al dantesco 11M, Alfredo Pérez Rubalcaba, comienza con inusitada energía, casi antes de tomar posesión del nuevo cargo dentro del Gobierno, la operación de acoso y derribo de la organización política liderada por Mariano Rajoy. Seguro que Rubalcaba tuvo algo que ver en el censurable comportamiento de González Sinde y de los titiriteros adscritos a la ceja, ante el alcalde de Valladolid, durante el desarrollo de la Semana Internacional de Cine de esta ciudad. Todo se puede esperar de un personaje tan siniestro como el nuevo vicepresidente del Gobierno. Lleva en los genes ese desprecio visceral de la legalidad vigente y de las buenas maneras y costumbres.
Además de esa guerra sin cuartel al partido de la oposición, y para no llegar al final de la legislatura sin nada positivo que ofrecer a los electores, buscan a toda costa que ETA haga al menos una simple declaración de paz. Necesitan la paz de la banda terrorista, aunque esta sea provisional o falsa. Piensan que ya es suficiente con un comunicado, aunque carezca de garantías, para presentarse ante los ciudadanos como pacificadores del país vasco. Algo deberá el Gobierno a la banda terrorista, cuando negocia con ella por debajo de la mesa, sin luz ni taquígrafos y con un menosprecio evidente de las víctimas del terrorismo y sin exigir previamente la entrega incondicional de las armas. El Gobierno del PSOE ha vuelto, de manera interesada, a las cloacas del Estado. Y Rubalcaba se mueve como nadie en ese medio.

Gijón, 4 de noviembre de 2010

José Luis Valladares Fernández

lunes, 8 de marzo de 2010

LA ESPAÑA POBRE DE ZAPATERO




El paso de José Luis Rodríguez Zapatero por la Moncloa va a suponer, para España, el mayor desastre económico de toda nuestra historia. Y si Zapatero continúa al frente del Ejecutivo español, es muy posible que volvamos a experimentar el hambre de nuestra dura postguerra. De aquella, teníamos por amigo algún que otro país rico, dispuesto a ayudarnos. Argentina, que aún no había sido empobrecida por la acción del populismo peronista, se aprestó a quitarnos el hambre. Incluso Estados Unidos, aunque de modo tardío y a regañadientes, nos incluyó interesadamente en el denominado Plan Marshall. Había que evitar, como fuera, hasta la más mínima posibilidad de que España recibiera influencias soviéticas.
Llevamos camino de alcanzar las mismas cuotas de pobreza y miseria de aquella época, generadas entonces por nuestra trágica Guerra Civil, y ahora propiciadas por la incuria y la incompetencia del presidente del Gobierno que padecemos. Estamos, efectivamente, a punto de salir de la recesión, pero no para recuperarnos económicamente. Con Zapatero esto es imposible. Salimos de la recesión, pero para entrar en una temible depresión, lo que va a empeorar considerablemente nuestra situación económica.
La diferencia entre depresión y recesión económica es muy clara. Aunque ambas se comporten de una forma similar, la depresión tiene consecuencias mucho más dramáticas que la recesión. Por dura que sea esta, con medidas estructurales muy concretas tomadas a tiempo, es relativamente fácil revertir la situación. Algo que no ocurre con la depresión, ya que esta implica una caída considerable de la actividad económica, una fuerte disminución del producto interior bruto, una prolongada contracción de la demanda y un nivel de desempleo inasumible. Las empresas, en esta situación, terminan por perder la confianza y es prácticamente imposible mantener una competitividad adecuada.
Ante situación tan crítica como la que se avecina, no va a ser fácil encontrar un país amigo que nos quite el hambre como en la década de los cuarenta, recién terminada nuestra Guerra Civil. Zapatero ha derribado todos los puentes que nos unían a los que debieran ser nuestros aliados naturales, y de los que podíamos esperar ayuda. Y todo esto lo ha hecho para afianzar su amistad con otros países dominados por regímenes francamente totalitarios, como Cuba, Bolivia, Venezuela y otros por el estilo. Es con quienes, de verdad, está en franca sintonía. La ayuda desmedida a estas dictaduras no hace más que acrecentar nuestra pobreza, ya que nuestro Gobierno les está dando el dinero que no tenemos.
El caso de Cuba es muy significativo y el que, a primera vista, más llama la atención. En los cuatro últimos años, el Gobierno de España ha triplicado las ayudas al país caribeño. De una ayuda económica de poco más de 13 millones, Zapatero la eleva considerablemente, con lo que, en esos cuatro años alcanza el montante total de 101 millones de euros. No paran aquí los repartos que Zapatero hace del dinero de los españoles para beneficiar a la dictadura de los hermanos Castro. El Ministerio de Cultura subvenciona a la República de Cuba con más de 110.000 euros para el pago de estancias temporales en la isla al objeto de realizar cursos de formación museística. A esto hay que añadir otros 470.000 euros que aportan las universidades españolas para los centros de educación superior de Cuba.
Ni los presos políticos, ni la muerte reciente de Orlando Zapata han servido para que Zapatero cambie de criterio. Ante todo quiere aparecer como el gran benefactor del régimen cubano, regalándole el dinero de nuestros impuestos. Ahora pretende condonar a Cuba, vía presupuestos, la bonita cifra de 1.500 millones que es la deuda que el país caribeño mantiene con España. A todas estas dádivas que recibe la dictadura castrista hay que sumarle las cantidades aportadas por las comunidades autónomas, que también han ido aumentando considerablemente. En el pasado año de 2009, esa cifra ha llegado a los 12 millones de euros.
Esta historia se repite con la Bolivia de Evo Morales, la Venezuela del indeseable Chávez, y la Nicaragua de Daniel Ortega. Y esta situación no empieza y acaba en los países citados. Es algo habitual en Zapatero, con cualquier dirigente sin escrúpulos, que mantenga secuestradas las libertades de los propios ciudadanos. Pese a nuestra delicada situación económica, España se está consolidando como un inversionista notable de todas estas repúblicas bananeras. El Gobierno de Zapatero pretende repartir este año más de 5,2 millones de euros en ayudas al desarrollo, cifra similar a la invertida en 2009.
Todos los países de la OCDE, ante el impacto de la crisis, han optado por reducir este tipo de ayudas. Zapatero, en cambio las mantiene y, en algunos casos, las incrementa. Está empeñado incluso que estas ayudas, en el horizonte de 2012, alcancen el 0,7% de la Renta Nacional Bruta. ¡Que Dios nos coja confesados!

Gijón, 7 de Marzo de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 2 de marzo de 2010

ZAPATERO ANTE EL ESPEJO

El novelista ruso Dostoievski, allá por el año 1870, y en su novela los Demonios, da vida a un personaje sumamente interesante, llamado Verjovenskii. Dostoievski analiza el perfil psicológico del protagonista de esta obra literaria con todo detalle. Se trata de una persona muy polémica, carente de interioridad, y con un yo totalmente disgregado y caótico que tiene algo de demonio rebelde y, a la vez, algo de ángel redentor.
Casi siglo y medio después, aparece en escena José Luis Rodríguez Zapatero, que parece el alma gemela de Verjovenskii. Son muchas cosas las que tienen en común ambos personajes. Verjovenskii, según la descripción de Dostoievski, es todo un arribista político, que se apoya en las masas y que no renuncia a utilizar el hambre, la miseria y el dolor de los desarrapados para conseguir sus objetivos, a veces no muy limpios, y que hecha mano hasta de la subversión si de ella saca algún beneficio inmediato. Son esas muchedumbres, carentes de lo más elemental, las que le dan fuerza y le animan a actuar como un ser superior y fanático.
Desde que Zapatero llegó a la Moncloa actúa y obra aquí en España como Verjovenskii en la Rusia zarista y prerrevolucionaria. Como el revolucionario de la novela, Zapatero se constituye en el portavoz de los pobres a quienes dice defender y en el azote de los ricos, ante los que se arruga. Pero como Verjovenskii, más que ayudar a las muchedumbres necesitadas, las utiliza, se sirve de ellas miserablemente para reforzar su liderato tambaleante. A la vista está que, con Zapatero, el pobre es cada vez más pobre y el número de los necesitados aumenta progresivamente. Ya hay en España más de 8 millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza.
Con frecuencia, se sirve cínicamente de los más necesitados. No duda en acudir a la mentira y en usar con fruición cualquier tipo de trapacería para convertir a estas masas de manera interesada en la voz de su amo. Pero cuando hay en juego algún interés a la vista, ni la propia evidencia le detiene. Para lograr sus fines, les llena de atractivas promesas que no cumple nunca y ofrece repartir con ellos, de una u otra manera, parte de lo acumulado despiadadamente por los ricos y los especuladores.
Y al igual que las muchedumbres descalzas y rotas apoyaban ciegamente a Verjovenskii, los españoles pobres, los que se ven cada vez más necesitados, cierran filas de manera patética e incomprensible alrededor de Zapatero, a pesar de que salen siempre defraudados. Y cuando interesa, que es casi siempre, la mentira y el engaño forman parte del operativo de este personaje incoherente que nos gobierna y que cada vez nos hunde más en el desastre económico. Ahí están las últimas elecciones generales de 2008, donde Zapatero ocultó interesadamente nuestra situación económica, mintiendo con el descaro más reprobable, afirmando una y otra vez que vivíamos en una especie de Arcadia feliz, como ningún otro país europeo. Lo nuestro era la “Champions League” de la economía.
En el discurso de Zapatero aparecen frecuentemente los términos de “bienestar social” y “gasto social”. Son términos que, evidentemente, ha puesto en circulación el socialismo. Y Zapatero los utiliza profusamente en beneficio propio. Pero la historia es terca por demás y nos demuestra que, con el socialismo en el poder, el “bienestar social” decrece y se deteriora y el “gasto social” su trueca en una exigua limosna o en un mero acto de beneficencia. Y con Zapatero, dada su manera voluntarista de actuar y el populismo exagerado que utiliza, esa tendencia se acentúa considerablemente. Tienen que venir los denostados Gobiernos de derecha, o de centroderecha, para que aumente y se refuerce el “bienestar social”. En cuanto al “gasto social”, manteniendo las asignaciones puramente asistenciales, e incluso mejorándolas, sustituirán las limosnas por puestos de trabajo, lo que permitirá a muchas más personas vivir holgadamente, sin las estrecheces a que les obliga una simple ayuda social.
Como Verjovenskii, Zapatero tiene una personalidad muy difusa, desestructurada psicológicamente por el comportamiento interno de su yo, que unas veces se comporta como un yo empírico y otras como un yo público o político. Esto provoca esa incoherencia típica de Zapatero que le inhabilita para elegir adecuadamente los momentos oportunos para actuar y, más aún, para adoptar las medidas precisas para salvar las situaciones de riesgo que se presenten. También él, como el protagonista de los Demonios, sobrevalora su imagen de líder y de conductor de masas, lo que le impide adoptar medidas impopulares, aunque sean sumamente necesarias. De ahí que, a pesar de la recesión que padecemos, agravada por su propia inoperancia, no adoptara, ni a tiempo ni a destiempo, ninguna de las medidas estructurales que se necesitaban y que han llevado a otros países a iniciar su recuperación.
Para este tipo de medidas malmiradas busca compartir responsabilidades con jefes de otros partidos, en caso de lograr un pacto con ellos. Si no se llega a ese pacto, Zapatero no hará nada y continuaremos hundiéndonos cada vez más en el pozo de la recesión, pero entonces, los culpables serán los otros por no haber “arrimado el hombro”. Con este proceder, demuestra un elevado grado de cobardía, ya que cuenta con los apoyos precisos para tomar cualquier tipo de decisión. Lo demostró con las nefastas leyes del aborto y de la memoria histórica. Además, él es el responsable del Gobierno. Que se deje de disculpas y que reconozca abiertamente que carece de la valentía que demostró José María Aznar en 1996, con un Gobierno más minoritario que el que tiene hoy Zapatero.

Gijón, 1 de Marzo de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 17 de noviembre de 2009

FRACASO DEL ESTADO DEL BIENESTAR


La angustia, decía Kierkegaard, es consubstancial a la existencia humana. Es, ni más ni menos, el estado natural de la existencia, ya que el hombre está asomado continuamente al abismo de la nada. Es una aventura vital de la que el hombre es incapaz de prescindir. Siguiendo la estela de Soren Kierkegaard, y casi con los mismos argumentos, Martín Heidegger y Jean-Paul Sartre insisten también en esa angustia puramente existencial. Según Heidegger, la angustia sería esa disposición fundamental que nos coloca ante la nada. Sartre va un poco más lejos y afirma que el hombre mismo es angustia por el miedo que tiene de sí mismo, por el miedo de las decisiones que pueda tomar y por las consecuencias de estas. En una palabra, para Jean-Paul Sartre la angustia es el vértigo que sentimos al enfrentarnos con la libertad.
Las elucubraciones sobre la angustia de estos representantes del existencialismo, no tienen ya vigencia. Pertenecen a una época ya pasada en la que preocupaban mucho los problemas existenciales. Y la angustia que nos describen era realmente un problema de ese tipo, un problema puramente existencial, metafísico si se quiere, al que trataban de dar una respuesta coherente. Hoy día esos problemas ya no quitan el sueño a nadie. Ya no hay personas que, como a Miguel de Unamuno, les duela el alma y se desvivan por librarse de la previsible nada y asegurar así su inmortalidad.
A las personas actuales no les dicen nada todos esos problemas y se atiende más a lo inmediato y a las realidades terrenas. Nos ocupamos únicamente de lo material, de lo que podemos tocar con las manos. La nada no es tangible, ni mensurable. Lo que si es tangible y mensurable es el estado de bienestar, y la posible pérdida del mismo nos encorajina. La angustia que nos invade tiene un origen más prosaico que la de los existencialistas. El posible quebranto de nuestra economía es lo único que nos perturba y nos angustia, ya que el deterioro económico nos puede llevar a la indigencia y a la pobreza.
La obstinación y la terquedad de un presidente inepto, que cree saberlo todo y que no escucha a nadie, nos está llevando inexorablemente al descalabro económico más absoluto. Sus ocurrentes medidas para salir de la crisis, nos hunden cada vez más en ella. Nuestra situación es ya dramática. Hemos llegado a un deterioro económico tan notable por la testarudez y obstinación culpable de Zapatero, que el Premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman dice que si queremos poner freno a nuestra caída libre, forzosamente deberemos “regresar a los precios y salarios del año 2000”.
Puesto que no podemos echar mano de la socorrida devaluación monetaria de otras veces, dado el deterioro que ya ha alcanzado nuestra economía, nuestra única alternativa pasa por una fuerte “devaluación interna” Esto quiere decir que tienen que caer los precios y los sueldo con respecto a los países de nuestro nivel económico anterior. Para salir de este pozo en que hemos caído, necesitamos competir con nuestros productos y la competitividad es inalcanzable sin una caída de los precios y, por ende, una caída de los salarios. Ese sería nuestro único medio de aumentar nuestras exportaciones y de atraer las inversiones extranjeras precisas para construir nuevas fábricas y crear empleos sin cualificar en gran escala, para ocupar a tantos parados que proceden de la construcción.
O José Luis Rodríguez Zapatero es un ignorante, o su única preocupación es mentir de un modo lo más convincente posible. Se negó a admitir que hubiera crisis en España durante mucho tiempo. Según él, era cosa de antipatriotas. Cuando por fin cayó del caballo, ya era demasiado tarde para poner remedio, pues la tardanza en habilitar medidas nos llevó a una situación tan precaria y lamentable, de la que es muy difícil retornar. Ahora niega que continuemos inmersos en dicha crisis y aventura el inicio de nuestra recuperación económica para fechas próximas que tiene que ir prorrogando continuamente. Era para marzo pasado el inicio de esa recuperación que no llegó. Después fue el segundo semestre de 2009 y, como sigue sin llegar, lo difiere a principios de 2010.
Cualquier dato económico que miremos es mareante en sí mismo. Para el Gobierno no. Para Zapatero y sus ministros la botella está siempre medio llena y en cualquier cifra negativa ven una desaceleración manifiesta. Se está desacelerando la destrucción de empleo. Se está desacelerando la caída de la afiliación a la Seguridad Social. Lo único que no se desacelera es la indecencia y la irresponsabilidad de quienes nos gobiernan.
Seguimos estando a la cabeza de la destrucción de empleo en Europa. En octubre pasado el paro aumento en casi 100.000 personas. Exactamente fueron 98.906 los trabajadores que pasaron a engrosar las listas del paro durante el mes pasado. Seguimos batiendo todos los records en este sentido.
La obnubilación de Zapatero no le deja ver que la crisis económica se ha cobrado más de un millón de puestos de trabajo desde noviembre de 2008. La Seguridad Social, en los últimos 12 meses, ha perdido la escalofriante cifra de 1.009.528 cotizantes, prácticamente el doble que en octubre de 2008. En porcentajes, en estos últimos doce meses, hay 5,34 % menos de cotizantes.
En la actualidad, el número de ocupados en España, según datos del propio Ministerio de Trabajo, asciende a la cifra de 17. 908.945 personas, lo que supone un retroceso en el mercado laboral de cuatro años. Volvemos a cifras similares de ocupación de mayo de 2005. Pero, eso sí, para complicar el problema, al igual que los parados, aumentan también los pensionistas.
Con estos datos en la mano, es muy posible que el sistema de pensiones español corra un serio riesgo y peligre su sostenibilidad. Al envejecimiento continuo de la población hay que agregar el deterioro de las cuentas públicas al aumentar el gasto destinado a subvencionar el paro. Pues hay que tener en cuenta que es el Estado el que respalda las pensiones.
Todos estos problemas económicos, que el Ejecutivo no sabe o no quiere solucionar, generan en nosotros una angustia peor que la descrita por los existencialistas. Al analizar a fondo nuestra situación económica y ver que, al disminuir nuestro poder adquisitivo, peligra nuestro estado de bienestar, no solamente la angustia, sentimos también una nausea más profunda que la descrita por Jean-Paul Sartre. No se nos ocurre pensar que venimos de la nada, ni si existimos sin justificación alguna y si terminamos en la nada. No nos importa si lo que existe nace sin razón y se mantiene por debilidad hasta que muere por casualidad. Pensamos en nuestro bienestar, que hemos labrado durante años de esfuerzo y ahorro, y que ahora pone en peligro la incuria y la inoperancia de unos gobernantes ineptos.

Gijón, 5 de Noviembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

jueves, 29 de octubre de 2009

¿ALGUIEN ESPERABA OTRA COSA DE LOS SOCIALISTAS?

Seguro que hay muchas personas que esperaban algo muy distinto del paso del PSOE por el Gobierno de España. De lo contrario, no le hubieran dado su voto en la cita electoral correspondiente. A estos les sugiero que recuerden la frase que, según nos dice Dante al principio de Canto III de la Divina Comedia, está escrita a la entrada al infierno: "Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate (Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza)”.
Es cierto que la esperanza, como dice un dicho popular, es lo último que se pierde. Quizás por que somos demasiado ingenuos y aún creemos en los Reyes Magos. Es hora de que, los que aún siguen esperando algo del socialismo, abran los ojos y se enfrenten a la cruda realidad del infierno económico a donde nos ha llevado, sin barca de Caronte de por medio, José Luis Rodríguez Zapatero y su inoperante Gobierno. Quienes sigan esperando algo positivo del equipo actual que nos gobierna, terminaran dando la razón a Nietzsche cuando decía que “la esperanza es el peor de los males de los humanos, pues prolonga el tormento del hombre”.
Las razones que incapacitan al socialismo real para gestionar adecuadamente la marcha económica de un país, son evidentes. Y mucho más en el socialismo español que, bajo la batuta de Zapatero, se ha esforzado por recuperar ese sectarismo rancio y trasnochado que, en otro tiempo, utilizaban K. Marx y F. Engels, para adoctrinar a sus seguidores.
El socialismo militante es doctrinario por naturaleza, lo que le lleva al despropósito de querer controlar cualquier clase de iniciativa, planificando absurdamente cualquier tipo de actuación individual o colectiva de los ciudadanos. De esta manera lastran, hasta límites insospechados, la productividad que podía esperarse de las empresas y la voluntariedad de los individuos para luchar por la rentabilidad de las mismas. Lo suyo es husmear en lo que es privativo de los ciudadanos y de las sociedades, para organizar todos sus actos, condicionando así hasta el más mínimo de sus actos. Y todo, en nombre de un igualitarismo ficticio e inadmisible.
A este afán obsesivo por regular todo tipo de actividad económica o industrial, debemos unir su desmedida afición a establecer elevados impuestos, que llaman progresivos, pero que tienen un tufo recaudatorio indisimulable. La elevación excesiva de los impuestos influye negativamente en el consumo y en la actividad económica. Y al disminuir el consumo y la actividad económica, disminuyen los ingresos que, vía impuestos, recauda el Estado. Como el Gobierno, por su descontrol en los gastos, necesita cada vez más dinero, tiene que acudir a una carga impositiva, metiéndose de lleno en un círculo vicioso que irá ampliando las bolsas de pobreza en España.
El socialismo español no ve, o no quiere ver, que los gobiernos de los países que comienzan a abandonar el lóbrego túnel de la crisis, optaron inteligentemente por reducir la presión fiscal. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho nuestro Gobierno. Su tozudez les lleva a ampliar la presión recaudatoria para, según dicen ellos, mantener el gasto social. El resultado es inmediato: la subida de impuestos se traduce inevitablemente en una disminución del consumo y, por lo tanto, en una menor productividad de las empresas. Lo que crece de esta manera, de un modo progresivo, es el paro, y con el paro aumenta el número de los que necesitan de esas insuficientes limosnas oficiales. Y es evidente que los impuestos en España son demasiado elevados. Concretamente el gravamen sobre las rentas del capital está entre los más altos de la Unión Europea.
Nuestros gobernantes socialistas sabrán por qué desoyen el proverbio chino y prefieren dar algún que otro pez a los que tienen hambre y renuncian a enseñarles a pescar. No se trata de un acto altruista con los que necesitan de la ayuda pública para subsistir. Quizás busquen con estas limosnas, como ocurre en Andalucía, mantener y acrecentar el número de votos cautivos de todas estas personas que se ven obligadas a echar mano de la beneficencia pública para subsistir.
A la vocación intervencionista de los socialistas y su querencia por los impuestos abusivos, hay que añadir su gusto innato por los despilfarros del dinero público. Tan pronto llegan al poder, los gastos se desmandan de manera obscena y acuden sin pudor a la generación de deuda pública para gastar lo que no se tiene y empobrecer, aún más, a la sociedad española. Con este comportamiento, llama la atención que los socialistas se vanaglorien de que su sistema político, según dicen ellos, sea la vía más segura para mejorar la situación de los pueblos.
Han popularizado el término de ‘sostenibilidad’, aunque lo refieren a conceptos erróneos: ‘sostenibilidad de la economía’, ‘sostenibilidad de la creación de puestos de trabajo’. Lo único que aquí es ‘sostenible’, dada su aberrante manera de actuar, es la miseria y la pobreza de un número, cada vez más elevado, de ciudadanos españoles.
Y es precisamente Manuel Chaves el que, de manera desvergonzada, nos quiere hacer creer que son ellos los que tienen la receta definitiva para poner fin a la crisis y al paro. Él, que en su anterior etapa como ministro de trabajo con Felipe González, veía crecer las listas del paro a una velocidad de vértigo. Y que, en sus largos años al frente del Gobierno andaluz, multiplicó sin medida la indigencia y la pobreza de esa Comunidad.
El sábado pasado, en la clausura de la primera convención socialista de la Comunidad de Madrid, afirmó sin complejos que solamente abandonaremos la crisis aplicando la estrategia económica que tiene el PSOE. “Nosotros -dice Chaves- somos los que vamos a acabar con la crisis”. Y recalca que esto no lo puede hacer el PP, ya que tiene “una política mezquina, sectaria, de cortos vuelos, sin credibilidad. Ya no se acuerda de que, en 1996, fue preciso que llegara Aznar para sacarnos del enorme socavón en que nos había metido el Gobierno, al que él mismo pertenecía.
Mientras este Gobierno no tome otras medidas más serias, lejos de sacarnos de la crisis, nos hundirán cada vez más en ella. Las medidas estructurales, que aumenten nuestra productividad y nos hagan más competitivos, brillan por su ausencia. A esto hay que añadir el desmesurado gasto público que complica aún más las cosas. Hasta el pasado mes de septiembre, en términos de Contabilidad Nacional, el déficit del Estado alcanzó la alucinante cifra de 62.780 millones de euros, frente al déficit de 13.507 millones de euros, en el mismo período del año anterior. El déficit, prácticamente, se ha multiplicado por cinco en un solo año.
La economía española es una de las más endeudadas del mundo. Y todo el dinero que se recaude es poco para hacer frente a los intereses generados por ésta deuda. Así las cosas, es normal que el Estado se vea obligado a pagar con nueva deuda, los intereses de la deuda anterior. También son muchas las familias – cada vez más- que carecen de capacidad económica para hacer frente a cualquier gasto imprevisto. A estas alturas de la legislatura, hay ya 1,1 millones de hogares con todos sus miembros en el paro. La única perspectiva que les queda a todas estas personas es la indigencia y la más absoluta de las miserias.
No es de recibo que, en situación económica tan dramática, nos venga Zapatero con la cantinela de que debemos ser solidarios con quienes más sufren los efectos de la crisis. Se ha llegado a esta situación límite por la inepcia de un presidente del Gobierno que, además de estar lleno de complejos, no sabe por donde anda. Incluso ha llegado a la aberración de obligar a los trabajadores y a las clases medias a sufragar, con sus ahorros, cosas tan absurdas como el fondo que se creó pata ayudar a los bancos.
Si ésta es nuestra situación actual, ¡Dios nos coja confesados, cuando comiencen a tener vigencia los nuevos Presupuestos! Zapatero se ha puesto la utopía por montera y nos quiere en los años difíciles de la II República, pero más pobres que entonces.

Gijón, 27 de octubre de 2009

José Luis Valladares Fernández

jueves, 24 de septiembre de 2009

¿SOLIDARIOS O TONTOS?

Tenemos un presidente del Gobierno con una capacidad enorme para sorprender á cualquiera que se interese por nuestra situación económica. Resulta que la mayoría de la sociedad española es ahora masoquista, ya que están sumamente agradecidos a Zapatero, por darles la oportunidad de ser solidarios. Hay una mayoría de la sociedad, nos dice, que acepta la subida de impuestos porque se trata de “ciudadanos que saben y que están de acuerdo en hacer un pequeño esfuerzo” ahora que estamos metidos en una crisis.
Y no terminan aquí las incongruencias de Zapatero en la sesión de control del Senado. Acto seguido, con un tono de enfado notable y como quien habla ex cáthedra, acusa al Partido Popular de “no haber hecho nunca una política de solidaridad”. De ahí que a los populares “les suena tan extraño” que el Gobierno acuda a la solidaridad con los ciudadanos, subiéndoles la tributación.
Para empezar, no hay solidaridad si no hay libertad; si te la imponen desde arriba, ya no es solidaridad, es imposición. Esto debiera saberlo el presidente del Gobierno. De todos modos, con el dinero ajeno, yo también soy muy solidario. Desde luego, yo no se que tiene de solidario tratar de solucionar la crisis y el desempleo con simples y banales cataplasmas. La solidaridad estaría en buscar, primero, la manera de poner freno a ese constante y feroz aumento del paro y, después, que los ciudadanos puedan vivir honradamente de su trabajo. De rebote quedarían solucionados muchos de los problemas económicos que nos afectan.
Con más moral que el Alcoyano, Zapatero continuó soltando simplezas en su contestación a las preguntas del portavoz del PP, García Escudero. A falta de razones más convincentes, se lamentó de la “demagogia coyuntural” de los responsables del Partido Popular. Y, como si tuviera razón, continuó con su perorata asegurando que, todos los ciudadanos, y sobre todo los grupos de pensionistas, parados y mileuristas, están mucho más protegidos socialmente con su política que con el PP.
Reitera, sin convicción, que la subida de impuestos tiene unas características especiales que ni el mismo se lo cree: será “moderada”, “responsable” y “en una parte temporal”. Más aún, con esta subida de impuestos, según confiesa, además de mantener la protección social, busca reactivar una inversión productiva y, al menos para 2012, cumplir lo exigido por el Pacto de estabilidad y crecimiento, manteniendo el déficit público por debajo del 3% del Producto Interior Bruto, como exige la Comisión Europea.
Zapatero nos da a entender que sigue en sus trece y con esa propaganda triunfal a la que es adicto, continúa con sus ocurrencias y recetas mágicas para enderezar lo que no tiene enderezamiento posible. La protección social de la que presume se reducirá a unas simples y exiguas limosnas que no solucionan nada. No habrá dinero para efectuar inversiones productivas y rentables que generen trabajo y, mientras no haya cambios estructurales, no logrará ahormar nuestro déficit público. Como le dijo García Escudero, en lugar de frenar la “sangría del paro”, la subida de impuestos logrará “justo lo contrario: menos ahorro, menos consumo, destrucción de empresas y más paro”. Con razón dijo Aznar desde Colombia: "No es dificil gestionar mejor la crisis, pero es dificil hacerlo peor".
Que Zapatero coja el toro por los cuernos e introduzca las reformas estructurales necesarias que aumenten nuestra productividad y nuestra competitividad, por ejemplo, es misión imposible. Con gastar dinero cree que ya está todo arreglado. Es un manirroto que despilfarra a manos llenas el dinero, que no es de él, en ministerios superfluos que hasta carecen de competencias, en multitud de altos cargos inútiles, en infinidad de asesores, en regalárselo a dictadorzuelos extranjeros, como es el caso del presidente de Bolivia, Evo Morales y hasta en propaganda excusada. Es muy generoso con el dinero ajeno.
Tampoco hay manera de que nos de detalles de esa supuesta subida de impuestos. Se limita a generalizar sin especificar el alcance real de esa pretendida modificación fiscal y se ampara en infinidad de requiebros vulgares para eludir todo tipo de aclaraciones. Además de obviedades manifiestas, repite una y otra vez que se trata de una subida impositiva “limitada y temporal” y que gobernar es tomar decisiones que “unas veces son más amables y otras exigen más compromiso y responsabilidad”. Como mucho, nos remite a la futura Ley de los Presupuestos Generales del Estado, donde, dice, se concretarán todos los detalles de dicha reforma.
El presidente del Gobierno repite a todas horas, aunque sin convicción, que esta subida de impuestos a quien más va a afectar es a los ricos, que el IRPF no se va a tocar. Se habla de una subida de dos puntos en el IVA. ¡Demagogia barata! Pagarán el pato, como siempre, los que tengan menos poder adquisitivo. Si desaparece la desgravación de los famosos 400 euros, ya se tocó el IRPF. Y nada hay más insolidario que cargar la mano sobre el IVA y sobre los demás impuestos indirectos, ya que serán los pobres los que se lleven la peor parte. Y en España hay muchos pobres ya y que aumentarán, sin duda, como consecuencia del errático Gobierno de Zapatero.
A Zapatero le interesa escudarse en el embeleco de la recuperación. Trata de aguantar como sea, y esperar a que otros países salgan de la crisis. Está convencido de que cuando Alemania y Francia abandonen la recesión, nos arrastrarán también a nosotros prácticamente sin poner nada de nuestra parte. Y gana tiempo tratando de hacernos creer en los brotes verdes de la ministra de Economía, Elena Salgado, conocida hoy como la “bien manda”.
Alemania y Francia atisban ya ese cambio de signo en sus economías. Y otros países de nuestro entorno también, ya que, para su suerte, no tienen a un Zapatero rigiendo sus destinos económicos. España tendrá que esperar tiempos mejores. En esto coinciden todos los pronósticos, incluso el de personas tan poco sospechosas como Joaquín Almunia. Dadas las circunstancias específicas de nuestra crisis, mucho tendrán que cambiar las cosas para remontar de nuevo el vuelo. Lo primero, Zapatero tendría que cambiar de chip y abandonar ese izquierdismo rancio que le ha llenado de complejos absurdos que le tienen maniatado.

Gijón, 22 de septiembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

martes, 8 de septiembre de 2009

CUBA Y LA POBREZA A LA CUBANA


En estos últimos días, las pantallas de televisión españolas nos han presentado a un Fidel Castro muy mejorado, en animada conversación con un grupo de abogados venezolanos, re cien graduados en la Universidad de Carabobo. Y la prensa ha rivalizado en difundir profusamente este hecho. Primero apareció una fotografía para, pocas horas después, difundir ese vídeo con un Fidel Castro muy diferente al que habíamos visto en la última grabación anterior unos cuantos meses antes.
Es evidente que, con estos dos documentos -fotografía y vídeo-, tratan de hacer de la imagen de Fidel todo un símbolo de unidad para lidiar los malos tiempos que se viven en la isla. Los responsables políticos cubanos, ante el estado económico tan crítico, quieren enfervorizar de nuevo el entusiasmo de los ‘fidelistas’, para acallar a los disidentes y prestar un apoyo a las decisiones del presidente Raúl Castro.
Pero la mejoría progresiva de Fidel Castro va marcando el creciente deterioro de la vida y de la convivencia en la isla caribeña. A los males, comunes al resto de países, se unen las complicaciones casi suicidas que aporta el castrismo. El último discurso de Raúl Castro, ante la Asamblea Nacional cubana, no deja lugar a dudas. Y las medidas que en él anuncia son terroríficas, hasta para el cubano fiel a la situación política.
Comienza diciendo que hay que trabajar más y anuncia una serie de recortes sociales que impone el bajo crecimiento de la economía cubana. Solamente esto ya es suficiente para agravar las penurias inmensas que vienen soportando los cubanos desde tiempo inmemorial. Pero hay otras cosas, aún peores, que se derivan de esa alocución política. Entre otras, se cierra la puerta a toda posible liberalización del sistema que, durante tantos años, se ha mantenido en Cuba a base de sudor y lágrimas. Más aún, anuncia que la dirección del partido tratará de asegurar, aunque sea por la brava, la irreversibilidad del régimen sociopolítico que impera en la isla.
Y no acaban aquí las desgracias que han de afrontar aún los cubanos, con las nuevas pautas anunciadas por el presidente Raúl Castro. Una de ellas, y que es como para echarse a temblar, la tenemos en el gran reto que se ha marcado de construir un modelo económico a la cubana, que es tanto como patentar la manera de ser pobres en cuba.
La continuidad de la revolución y el socialismo sancionado por los hermanos Castro garantizan un ahondamiento seguro en esa miseria y pobreza genuinamente cubana. Complican aún más la situación, y obligan a multiplicar los recortes sociales, el excesivo peso del Estado y del propio ejército sobre las cuentas cubanas.
Los cubanos que habían abrigado ciertas esperanzas de apertura política con la renuncia de Fidel Castro a la presidencia a favor de su hermano Raúl, por desgracia, deberán esperar a tiempos mejores. Que, de momento, no será posible evadirse de ese brutal yugo castrista.
Para que no quede ninguna duda, ahí están las palabras del propio Raúl Castro, dirigiéndose a la secretaria de Estado Hillary Clinton y a los representantes de la UE: “A mí no me eligieron presidente para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar la Revolución. Lo fui para defender, mantener y continuar perfeccionando el socialismo, no para destruirlo”.
Además de estar sometidos a tan infamante tiranía, los pobres cubanos se verán obligados a apretarse aún más el cinturón, pues, según Raúl, los números y las prioridades mandan. “Los gastos en la esfera social –dijo- deben estar en consonancia con las posibilidades reales y ello supone suprimir aquellos de los que sea posible prescindir”. Esto lleva aparejado, entre otras medidas, la supresión de la doble moneda, la eliminación de varios servicios gratuitos y algún que otro subsidio que venía percibiendo hasta ahora parte de la población cubana. Por si esto fuera poco, según sus palabras, también habrá restricciones en educación, en sanidad y en todos aquellos apartados que entran en los presupuestos. Se trata de eliminar todos los gastos que resulten insostenibles.
Teniendo en cuenta todo esto, es lamentable que haya países, entre los que se encuentra España, que se pongan del lado del tirano que ha secuestrado la soberanía del pueblo y margine, de plano y descaradamente, a tanto disidente que quiere recuperar la libertad y la democracia. El pueblo cubano merece mejor suerte.

Barrillos de las Arrimadas, 27 de agosto de 2009

José Luis Valladares Fernández

martes, 24 de febrero de 2009

¡SALVESE QUIEN PUEDA!

NUESTRO Ministro de Economía, Pedro Solbes, como adivino, no tiene precio. Los personajes mitológicos Tiresias y Calcas, a su lado, no pasaban de simples aprendices. Si sus previsiones económicas nos despistan, es porque no sabemos que ocurrirá todo lo contrario de lo que él diga. El debate preelectoral con Manuel Pizarro es clarificador al respecto. De haber sido ciertas las afirmaciones que allí hizo, España estaría a las puertas de convertirse en una nueva y próspera Arcadia. Pero, para nuestra desgracia, era Pizarro quien tenía razón.
Hoy en día ya admite que estamos en una grave crisis económica. Pero así y todo, se empecina en afirmar que el Gobierno, en un período de tiempo récord, va a reconducir, tanto el crecimiento económico como la creación de empleo. Espera reducir sustancialmente la balanza comercial y equilibrar el sector exterior. Y el problema de la productividad también va a ser definitivamente resuelto, mejorando de este modo la tasa actual de desempleo.
Pero las cifras macroeconómicas son tozudas. Y así sabemos que la tasa de desempleo, con respecto al período anterior, sufrió un aumentó de 1,3 puntos porcentuales, alcanzando en el mes de marzo el 9,6%. Pero Solbes, para diciembre, sitúa esa tasa de desempleo en el 9,8%. Solamente crecería 2 décimas de marzo hasta diciembre.
Veamos la productividad. Hace ya años que España no crece por encima del 1%, con respecto al año anterior. En 2007, la productividad creció únicamente el 0,8%. Pero el ministro de Economía, obvia el histórico anterior de este crecimiento, señala un crecimiento anual de la productividad del 1% para 2008, y del 1,2% para 2009 y 2010.
Analicemos nuestra balanza comercial. Según Solbes, el desequilibrio existente entre exportación e importación quedará resuelto en los tres próximos años. En 2007 exportamos 1,3 puntos menos de lo importado. Y si esto es así, será imposible reducir esa diferencia a una décima en el año actual de 2008. Y dadas las distintas circunstancias económicas, ni soñando logrará invertir esa tendencia a partir de 2009. Y menos dejarla en 2011 en el 0%.
Tampoco son ciertas las previsiones del titular de Economía sobre el PIB real. Solamente él puede creer que vamos a crecer al 2,3% en 2008 y 2009. Por de pronto en 2008 estamos creciendo por debajo del 0%.
Lo malo de todo esto es, que los Presupuestos Generales para 2009 se realizaron, dando por buenas las previsiones de Solbes. El crecimiento del PIB, el desempleo, la deuda del Estado y el déficit público son cuatro indicadores básicos que están, unos muy por debajo y otros muy por encima de lo que contemplan dichos presupuestos.
El PIB, lejos de lo que indica el Gobierno, va a ser claramente negativo en 2009. Según el Fondo Monetario Internacional, en vez de crecer un 1%, sufrirá una contracción preocupante, al menos del -0,2%. En cuanto al desempleo, nadie se cree que terminaremos 2009 con una tasa de paro del 12,5 % de la población activa. Al ritmo que vamos, y la falta ostensible de medidas correctoras, esa tasa de paro se situará claramente por encima del 14%. Actualmente nuestras cifras de desempleo están un 70% por encima de la media europea.
Tampoco podemos ser optimistas con las previsiones de los Presupuestos sobre la deuda del Estado. Calculan un incremento de dos puntos, lo que situaría a dicha deuda en el 38,8 % del PIB. No tienen en cuenta estos Presupuestos los 30.000 millones de euros, ampliables hasta 50.000, destinados a la compra de activos de bancos y cajas de ahorros. Esto elevaría la deuda pública nada menos que hasta el 41,5 % o el 41,6% del PIB. Y esta deuda pública va a generar unos elevados intereses que acabaremos pagando los contribuyentes. Y el déficit público no ofrece mejores perspectivas. En vez del 1,9% previsto por el Gobierno, estará más bien en torno al 3% del PIB y con tendencia a crecer aún más en los próximos años.
El resultado final de estos Presupuestos será el aumento significativo de la pobreza en nuestro país. En lo que va de año, las personas menesterosas que acuden a Cáritas, en busca de comida, aumentaron ya un 50%. Son nuevos pobres que, dadas las circunstancias, acabarán en la frustración y en la pérdida de confianza en sí mismos.
Y en España lo tenemos mucho más difícil que los países de nuestro entorno. Además de la crisis financiera, común a todos, tenemos otra crisis propia, nuestra, mucho más grave y complicada. Pues a nuestra economía le falta competitividad, tal como evidencia el desequilibrio de la balanza por cuenta corriente. Y esto tiene muy mala solución por la imposibilidad evidente de devaluar la moneda. El Gobierno sabe perfectamente, que es nuestra propia crisis la que ha hundido el mercado de trabajo, y que la grave recesión que padecemos nos va a llevar a una situación muy difícil y complicada. La modificación de los Presupuestos Generales del Estado, de acuerdo con los datos reales de nuestra economía, y la moderación del gasto público, podrían aliviar algo nuestra situación económica.
Y ante situación tan grave, los sindicatos no tienen nada que decir, o no quieren decir nada. De estos sí que se puede decir que, ni están, ni se les espera. Con el PSOE en el Gobierno, los sindicatos se han vuelto mudos. Parecen tumbas etruscas. Si las organizaciones sindicales que padecemos fueran beligerantes con el Ejecutivo, y cumplieran con su deber, ni trabajadores, ni pensionistas tendríamos tanta complicación económica.
El Gobierno no va a rectificar ni a cambiar su demagógico comportamiento social. Es la manera habitual de comportarse todo buen socialista: subir impuestos y aumentar el gasto público. Y los sindicatos, para más inri se han transformado en dóciles domésticos del Gobierno. Esta deslealtad evidente de los sindicatos, es todo un trágico tsunami que hundirá sin remedio a todos los que sufren penuria económica. Ante tan negra perspectiva, tiene sentido aquello de ¡sálvese quien pueda!

23.12.08 - El Comercio

JOSÉ LUIS VALLADARES FERNÁNDEZ

lunes, 23 de febrero de 2009

POBREZA Y DESAMPARO A LA VISTA



Es evidente la afición de José Luís Rodríguez Zapatero por los mítines, en los que ofrece siempre mejoras sociales y económicas, que no llegan nunca. Ni que fuera la bruja Lola, pronosticando nuestro inmejorable futuro económico y político. Pero, al igual que dicha bruja, no acierta ni por casualidad.
Ahora prevé un cambio de tendencia importante en la destrucción de empleo para el mes de marzo o, como mucho, para el segundo semestre del año. Esa reactivación positiva del empleo, vendrá dada, según él, por la operatividad del dinero puesto en manos de los Bancos y de los Ayuntamientos. Si Zapatero espera que se cumpla este pronóstico, es que confunde la ilusión con la cruda realidad. Y en tal caso, estaría incapacitado para ver el alcance del grave problema económico que nos aqueja. Pues ese dinero, dado de esa manera y sin control alguno, únicamente servirá para aumentar nuestra ya muy abultada deuda pública.
Zapatero y su gobierno debieran medir mejor las consecuencias de sus decisiones, pues corremos el riesgo de caer en una preocupante depresión económica. Es evidente que, por falta de demanda, a la recesión que padecemos, se está uniendo una caída generalizada del nivel de precios de bienes y servicios. Y no hay peor mezcla explosiva, para dinamitar puestos de trabajo, que la conjunción de recesión y deflación. Y más si, como parece, no hay manera de ajustar la oferta a la baja, al mismo ritmo que cae la demanda.
Todo indica que Zapatero no tiene ni idea del problema que nos aqueja. No sabe por qué crecíamos cuando crecíamos, ni ahora sabe por qué nos estamos hundiendo en esta crisis sin parangón. No ha sabido medir las consecuencias de nuestro alto nivel de endeudamiento y de nuestra abultada dependencia de la financiación exterior. Añadamos, además, el elevado peso que el sector inmobiliario tiene en nuestra economía.
Nuestro principal problema tiene su origen en nuestro crecimiento económico, que, visto estructuralmente, es prácticamente tercermundista. No hemos sido capaces de adaptarnos a la globalización, lo que nos ha llevado a perder un 15% de cuota de mercado en el comercio mundial. Nuestro crecimiento pasado fue posible gracias al alto consumo interno, motivado por el incremento masivo de la población inmigrante y por el turismo.
El consumo interno, sin control, produjo un endeudamiento masivo de las familias. Endeudamiento que afectó también a las empresas y a las entidades financieras. Por si esto fuera poco, nuestro déficit exterior está, incluso, por encima del 11% del PIB. Esto es, producimos, como mínimo, un 11% menos de lo que realmente consumimos. Y no debemos olvidar que casi un 50% de la población ocupada es, desgraciadamente, mileurista.
Y en el horizonte, no hay nada que nos lleve a mirar el futuro con optimismo. Son muchos los organismos independientes, nacionales e internacionales, que nos auguran aún peores perspectivas económicas para el año 2009. Según ellos, España será uno de los países desarrollados que más acuse la crisis en dicho año. La Fundación de Cajas de Ahorros calcula un descenso del PIB, al igual que el Gobierno, en torno al 1,6%. Es el pronóstico más favorable. La UE, desde Bruselas, indica que esa caída llegará inevitablemente al 2% del PIB. El Deutsche Bank eleva esta caída hasta el 2,6%.
Si a todo esto añadimos la situación actual del consumo privado y la caída en picado del turismo, la destrucción de puestos de trabajo continuará aumentando escandalosamente. Así lo interpreta también M. Á. Fernández Ordóñez, cuando dice que “Los consumidores no consumen, los empresarios no contratan, los inversores no invierten y los bancos no prestan”.
Tenemos el triste privilegio de encabezar las estadísticas del paro, con un 14,4% frente al 7,8% de media de la UE. Y si miramos a los menores de 25 años, el resultado es aún más escandaloso: mientras que en la Comunidad Europea nos encontramos con una media de 16,4% de paro, en España llegamos al 29,4%. Y esto teniendo en cuenta solamente nuestras cifras oficiales de paro, que son completamente falsas. Habría que incluir a las personas del “efecto Caldera” (DENOS), y a todos aquellos que están parados y no figuran en las listas del INEM.
En 2008 ya superamos ampliamente la barrera del 3% de déficit, violando el Pacto de Estabilidad acordado en Maastricht. Esto ya supuso que el organismo Standard & Poors cuestionara nuestra solvencia primero y nos rebajara después en un punto la calificación máxima. Esto restringe la Inversión extranjera en España y encarece el poco dinero que llegue.
Y lo peor aún está por venir. La mayoría de los analistas internacionales están de acuerdo con el Deutsche Bank que augura para 2009, que nuestro déficit público cerrará el año por encima del 4,7% del PIB, cifra que Bruselas eleva hasta el 6,2%. Solbes cuestiona esta posibilidad y, adoptando un aire de funcionario de Pompas Fúnebres como es su costumbre, confiesa que, como mucho, puede llegar ese déficit a un 5,8%.
Para remediar estos males, Zapatero pone en marcha el plan “E”. Se trata de unas cuantas medidas enlatadas, ya expuestas en planes anteriores. Medidas, por otra parte, típicamente socialistas: una fuerte expansión del gasto público y un incremento brutal de la presión fiscal. El déficit creciente de nuestras Administraciones Públicas y los avales al sistema financiero, cortan de raíz todo margen de maniobra ante contingencias futuras. Nada que hacer si, como dicen algunos, la deuda pública supera el 43 % para el conjunto de nuestras administraciones públicas.
Dadas estas circunstancias, necesitamos más que nunca una política de cohesión decidida, y una auténtica solidaridad interregional. La insolidaridad autonómica y el aumento del gasto público, agravará notablemente el problema. Si todo sigue igual, según Bruselas, terminaremos el año con un 16,1% de paro. Y en 2010 rozaremos el 19%.
Es más: hasta pueden quebrar, en un futuro muy próximo, la Seguridad Social y nuestro sistema de pensiones. Hay ya estimaciones autorizadas que prevén la quiebra para el año 2014. Este va a ser el gran legado que recibirán los jubilados de Zapatero, que, al igual que los trabajadores que pierdan su empleo, están abocados a vivir entre la pobreza y el desamparo.

José Luís Valladares Fernández