Mostrando entradas con la etiqueta Diario de León. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario de León. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de enero de 2012

CALLADO ESTARÍA MEJOR

Ignorábamos que José Luis Rodríguez Zapatero hubiera aprendido  tantas cosas mientras ocupó la Presidencia del Gobierno. Si hemos de ser sinceros no esperábamos que esos casi ocho años resultaran tan fructíferos. Ha tenido que ser el propio Zapatero, casi nada más abandonar La Moncloa, el que nos pusiera al corriente de tan estupenda nueva. Y lo ha hecho en León, la ciudad que le vio crecer, en la primera entrevista que concedió a un medio de comunicación tras dejar el cargo. El periódico afortunado fue el Diario de León. Y lo ha hecho sin grandes alharacas y con toda normalidad. Que sus confesiones a la vera del Bernesga sean sinceras, esa ya es otra cuestión.

Por de pronto yo no se si se considera “antipatriota” por hablar con realismo de la crisis y augurar  tiempos duros para el año que viene. Pues recordamos que solía denostar duramente a quienes exteriorizaban los males de nuestra economía. Y Rodríguez Zapatero etiquetaba a toda  esta especie de aguafiestas de “antipatriotas”. Claro que es muy posible, cómo no, que aprendiera con el tiempo que es bueno comentar la realidad sin tapujos, por lo que estaría dispuesto  a retirar aquel epíteto envenenado de “antipatriotas”, con que designaba a los que no sabían morderse la lengua. Todo aprendizaje, aunque sea con retraso, está muy bien.

En la mencionada entrevista, Zapatero habla de muchas cosas y, ante todo, trata de aparentar serenidad, moderación y compostura, algo que no ha tenido nunca y menos mientras estuvo al frente del Ejecutivo. Ante todo, y a pesar de las preguntas capciosas del entrevistador, quiso permanecer al margen de la guerra abierta en el PSOE para hacerse con la Secretaria General del partido. Y  señaló que se mantendría voluntariamente fuera del proceso iniciado para elegir nuevo líder. Y agregó, para dar muestras de su neutralidad que "Ni siquiera voy a apuntar lo que pudiera pensar que sería más conveniente. Quiero ser extraordinariamente escrupuloso con el debate de los compañeros y, por supuesto, con lo que vayan a elegir". Del futuro del partido, dice, tienen que hablar los que hayan de escribir ese futuro.

Mucho ha tenido que cambiar Zapatero o mucho disimula para propagar a los cuatro vientos que, como ex presidente, su "primera responsabilidad será siempre defender a España, hablar bien de España. Eso es lo que uno aprende ocho años después de estar al frente de los destinos de la nación, a querer más a tu país, a querer profundamente a España y, por tanto, ayudar humildemente en todo lo que se pueda a este país, gobierne quien gobierne”. Es posible que estemos ante una conversión poco menos que milagrosa, y trate ahora de compensar el daño causado a la unidad de España mientras fue presidente del Gobierno. Puede ser también que estemos ante un simple engaño, urdido intencionadamente para lavar su cara y escuchar así alguna que otra lisonja en  vez de las habituales y merecidas críticas.

Sabemos que Rodríguez Zapatero afirmó más de una vez que no hay diferencia alguna entre nación y nacionalidad. El 17 de noviembre de 2004, por ejemplo, en una memorable sesión de control en el Senado, llegó incluso más lejos y, contestando a una pregunta de García-Escudero, no dudó en afirmar: “Desde que tengo uso de razón me han asustado las afirmaciones categóricas, indubitadas y que rezuman fundamentalismo”, reafirmándose a continuación que si hay un concepto “discutible y discutido en la teoría política y en la ciencia constitucional” es precisamente el concepto de nación. Y agregó: esto “es algo que, en efecto, sabe cualquier estudiante de Derecho”.

Unos años más tarde, el 12 de diciembre de 2011, en unas declaraciones a ABC Punto Radio, confesó sin ambages su falta de fortuna en aquella contestación del Senado: decir que el concepto de nación es discutido y discutible “es algo que se puede decir, por ejemplo, en un aula universitaria por un profesor sin ningún problema, porque todo el mundo en la ciencia política sabe que es así. Es verdad que dicho en una cámara parlamentaria por un presidente de Gobierno da lugar, como dio, a un río de interpretaciones sobre si yo dudaba que España era una nación”. Y agregó: “si hoy tuviera que repetirlo, pues no lo repetiría”

Pero como Zapatero ha dado continuamente abundantes muestras de frivolidad y su falta de rigor ha sido siempre proverbial, no sabremos nunca si es ahora cuando miente, o mentía ya entonces cuando se enfrentó dialécticamente a Pio García-Escudero en el Senado. Quizás entonces y ahora. Su personalidad es tan compleja y tan sumamente voluble que es muy posible que cambie de pensamiento  con la misma facilidad que de chaqueta o de corbata. Para él no hay principios estables y responde como una marioneta a los estímulos de los intereses de cada momento. Un ejemplo claro lo tenemos en su manera de involucrarse con el Estatuto de Cataluña, el acercamiento a ETA y hasta el tratamiento dado a la mal llamada Memoria Histórica.

La falta de sinceridad de Rodríguez Zapatero es planetaria y esplendorosa. El aspecto con que aparece en los medios de comunicación no concuerda en absoluto con la imagen que quiere dar de sí mismo en sus declaraciones al Diario de León. En la televisión vemos a un Zapatero abatido, desalentado e incluso gravemente deprimido, mientras que en su declaración intenta aparecer como si hubiera alcanzado ya el nirvana definitivo y más absoluto. Así que cuando le preguntan  cómo se vive el día después de salir de La Moncloa, traicionando sus sentimientos y mintiéndose a sí mismo contesta: “Lo más notable es la tranquilidad que uno recupera después de una situación en la que te acostumbras a estar siempre alerta”.

Dejar La Moncloa, lo mismo que dejar el Congreso de los Diputados, según nos dice, solamente supuso para él  “normalidad”, ya que “lo tenía muy asumido y la democracia es eso”. Y agregó en otra respuesta: “El martes, al salir de La Moncloa, interioricé en 24 horas que comenzaba una nueva etapa, en la que tengo puestos también mis mimbres personales y profesionales. La Democracia llama a la normalidad. No he sentido nada cuando voy por la calle sin la seguridad propia del presidente del Gobierno”.  Las imágenes captadas por las cámaras de televisión son muy elocuentes y dicen otra cosa muy distinta. Y las cámaras no mienten nunca. Rodríguez Zapatero en cambio, por exceso de talante quizás, nunca dice la verdad y oculta escrupulosamente  lo que piensa.

No está más acertado cuando habla de su labor al frente del Ejecutivo. Dice Zapatero que no es él quien debe valorar su gestión de estos casi ocho años como presidente del Gobierno. Insiste una y otra vez en que es totalmente necesario que haya cierta “perspectiva”  para evaluar su mandato. Sus palabras no dejan lugar a dudas: “He dicho en estos últimos días que el balance y el análisis de lo que han sido estos siete años y medio necesita perspectiva. Y perspectiva en un doble sentido. Una, en un poco de tiempo y dos, que sean los demás los que evalúen mi etapa de gobierno”.  En realidad, lo que está pidiendo es árnica, porque sabe sobradamente que su gestión no ha podido ser más nefasta y quiere que se olvide lo antes posible.

Gijón 1 de enero de 2012

José Luis Valladares Fernández