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lunes, 14 de junio de 2010

ZAPATERO CAMBIA DE IDEARIO

Nos haría falta la linterna de aquel cínico vagabundo de las calles de Atenas, Diógenes de Sinope, para encontrar, en todo el mundo civilizado, a otro presidente de Gobierno que se coma sus propias afirmaciones tan pronto como José Luis Rodríguez Zapatero. Su voluntarismo excesivo, ideologizado al máximo, le lleva a lanzar precipitadamente proclamas muy sonoras que, poco más tarde, desmentirá con sus hechos. No es preciso rebuscar demasiado en las hemerotecas para conseguir un amplio florilegio de rimbombantes frases que, al final, quedaron en nada. Todo su ideario está a merced del viento que sopla en la Unión Europea, circunstancia ésta que le obliga a desdecirse con inusitada frecuencia.
Ya en septiembre de 2005, ante el Comité Federal del PSOE, declara solemnemente que es propio de la izquierda reducir los impuestos. “Sí, bajar impuestos a la renta del trabajo es de izquierdas”, es su expresión exacta. La historia en España desmiente esta frase. El propio Zapatero, de aquella, no redujo ni el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, ni ningún otro de los que afectan a los ciudadanos de a pie. La supresión del Impuesto sobre el Patrimonio solamente benefició a los más ricos y adinerados. También es cierto que tampoco subió entonces los impuestos, dejándolo para más adelante. Aún había reservas de la herencia que recibió de José María Aznar.
Una vez agotados los fondos, para seguir con el desaforado gasto emprendido, necesitaba ingresar dinero de manera imperiosa. Y como no hay más cera que la que arde, Zapatero se olvidó de lo que dijo el 3 de septiembre de 2005 a los miembros del Comité Federal y acudió a las subidas indiscriminadas de impuestos. A primeros de junio de 2009 anuncia el incremento del Impuesto sobre las Labores del Tabaco y del Impuesto sobre Hidrocarburos. Previendo las protestas de los afectados, quiso disculparse, afirmando que estas variaciones de precios, carecen de todo afán recaudatorio. Con la subida del impuesto del tabaco únicamente se pretende luchar contra el tabaquismo, tan nocivo para la salud de los españoles. La subida de los impuestos en los hidrocarburos busca tan solo ahorrar energía.
A los pocos días, en una entrevista que el jefe de Gobierno concede a la Cuatro, afirma rotundamente que no habrá más subidas de impuestos a lo largo de 2009, ni variación alguna en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Aunque al poco tiempo, para poner coto al aumento desmesurado del déficit público, el Gobierno se ve forzado a habilitar una nueva subida de impuestos, que enmarca dentro los nuevos Presupuestos Generales del Estado y en la Ley de Economía Sostenible. De ahí que, para preparar el terreno, salga a la palestra la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, y nos diga que "No se puede tener una presión fiscal como Marruecos con unos servicios sociales como Suecia”. Y aboga por “un esfuerzo fiscal generoso”, teniendo en cuenta “todas las figuras impositivas, sin apriorismos” y sin olvidar que “la prioridad es recuperar el crecimiento”.
Estas palabras de Elena Salgado originan cierta desconfianza entre los ciudadanos, incluidos los más crédulos y algunos de los incondicionales. Para apaciguar los ánimos, Rodríguez Zapatero se ve obligado a dar la cara y aparece el 28 de de ese mes de agosto para anunciar que la reforma fiscal anunciada por algunos miembros del Ejecutivo, iba a ser “limitada y temporal” y por supuesto, guardando siempre la impronta de moderación que ha procurado dar a la política de impuestos durante todo su mandato. Reconoció, en cambio, que los impuestos deben estar de acuerdo con la situación económica de cada momento y que, por lo tanto, habrá que reajustarlos para caminar hacia la recuperación y contener el gasto público.
El presidente del Gobierno no desveló los impuestos que serán revisados, pero dejó muy claro que “la actividad de las empresas y los ingresos por trabajo serían respetados y preservados”. Sin el menor pudor intelectual dio a entender que se mantendrían las pensiones, y que incluso se mejorarían. Más aún: el 5 de febrero pasado anunció solemnemente que uno de sus objetivos estaba, no sólo el de garantizar el sistema de pensiones, sino también “equiparar éstas a la media europea”. Prometió mantener el sueldo de los funcionarios e hizo referencia a que el Ejecutivo estaba negociando hasta una subida salarial para este colectivo.
Con el nuevo año desaparece la deducción de los 400 euros y se penaliza directamente las rentas del capital, con la elevación de los tipos impositivos del IRPF del 18% al 19% para rendimientos inferiores a los 6.000 euros y al 21% cuando el rendimiento sobrepase los 6.000 euros. Esta elevación del tipo medio impositivo provoca sin más una disminución notable del poder adquisitivo de todos los trabajadores y de los pensionistas con esta elevación del porcentaje
Durante su mandato, nos ha recordado varias veces que España cuenta con un sistema de protección social modélico y, según sus palabras, “bastante fuerte”, y que el Gobierno en pleno está trabajando con los agentes sociales para mejorarlo aún más. Pero, a estas alturas, todo el mundo sabe hasta donde llega el valor de la palabra de Zapatero, que nunca va más allá de la vuelta de la primera esquina. Decía el ex presidente Leopoldo Calvo Sotelo que el PSOE tiene la virtud de decir una cosa y la contraria, y afirmar después que las dos son verdad. Esta virtud está sublimada extraordinariamente en el jefe actual del Ejecutivo. Zapatero es capaz de decir, hasta en un mismo día, cosas abiertamente contradictorias entre sí, y además, espera que se le crea la una y la otra. Pero a estas alturas, hasta en el extranjero carece ya de la más elemental credibilidad.
Comenzó Zapatero su segunda legislatura, lanzando al aire desde el balcón de Ferraz, esta frase muy suya: "Gobernaré para todos, pero pensando en los que no tienen de todo". Lamentablemente se le olvidaron muy pronto los que carecen de todo y están inmersos en la más absoluta pobreza. Y siguió acordándose de los mismos que tuvo presentes en su primera legislatura: los sindicatos verticales mayoritarios, los titiriteros, alguna que otra ONG amiga y los dictadorzuelos de vía estrecha que abundan en esos mundos de Dios. Entre todos estos fue repartiendo generosamente la herencia recibida de José María Aznar, hasta dejar esquilmadas las arcas públicas. Hasta el mismo fondo de la hucha de las pensiones fue empleado ilegalmente en bonos de deuda pública española para continuar dando dádivas a todos estos paniaguados y mantener su errática política de gasto.
Cuando en las arcas del Estado no quedaban ya más que telarañas, y sabiendo a ciencia cierta que era tanto como ladrar a la luna, el presidente del Gobierno salió con aquello de que "Mientras yo sea presidente, las políticas sociales no se recortarán", a sabiendas de que no iba a ser así. A los pocos días de decir esto, por obra y gracia del Eurogrupo, el Fondo Monetario Internacional y hasta el propio Barack Obama, Zapatero comienza su viacrucis particular, comenzando a desdecirse y a renunciar a todas aquellas políticas que había elegido por estandarte. A partir de este momento, lo que antes era blanco pasa ahora a ser negro y viceversa, sin términos medios posibles. Muy grave tuvo que ser la amenaza que le obligó, de la noche para la mañana, a dar un giro de 180 grados de manera tan sorprendente.
Desde la tribuna del Parlamento, con semblante demudado, Zapatero anunció su nuevo plan: rebaja del salario de los empleados públicos en una media de un 5% a partir del mes de julio y congelación del mismo para el próximo año de 2011; congelación de las pensiones y la retirada del cheque-bebé a las futuras mamás y recortes notables a las ayudas que reciben los que tienen algún grado de dependencia. Y anuncia, de un modo demagógico, que preparará un impuesto especial para los “más ricos”, de los que después nunca más se sabe.
Simultáneamente comienzan a subir en cascada los precios de artículos básicos, como el gas y los hidrocarburos. Se anuncia una nueva subida de la electricidad y faltan muy pocos días para que comiencen a aplicarse las nuevas tarifas del IVA que encarecerán todos los artículos. Se exige a los ciudadanos un sacrificio económico notable, mientras que el Gobierno y las demás administraciones públicas continúan con sus gastos desaforados y su estilo de vida faraónico. No es éste el camino más apropiado para dejar atrás la recesión e iniciar decididamente el camino de la recuperación económica.

Gijón 12 de junio de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 5 de enero de 2010

BALANCE ECONÓMICO Y PREVISIÓN PARA 2010

Cerramos el año 2009 con unos datos económicos manifiestamente mejorables. El presidente del Gobierno, con su terquedad e incompetencia, nos ha metido en la peor crisis de toda nuestra historia. Pero es peor aún el desastre económico que se avecina que, dentro ya del nuevo año, va a adquirir proporciones insospechadas. La impericia de Zapatero no da para más y, por lo tanto, seguiremos batiendo records negativos. Y es que la crisis le ha superado ampliamente. Es un traje que le queda demasiado grande. Zapatero, como era de esperar, no ha dado la talla y es incapaz de dar una salida aceptable a la situación económica creada.
En la rueda de prensa posterior al último Consejo de Ministros del año, Zapatero se ha empeñado en presentarnos un panorama para el año 2010 algo más halagüeño que el de 2009. En un tono bastante optimista, aunque le desmentía la expresión de su cara, comenzó diciendo que el Ejecutivo pondrá todo su empeño en luchar contra el paro. Para ello, aplicará distintas medidas para fomentar la creación de empleo. En el año 2009, dijo Zapatero, "la crisis se ha manifestado en toda su crudeza". Y agregó seguidamente: "Tenemos que tener presente la magnitud de lo que hemos vivido y que estamos empezando a dejar atrás lentamente".
Como Zapatero es un personaje tremendamente humilde, confiesa que, gracias a lo mucho y bueno que ha hecho el Gobierno durante el año 2009, las perspectivas para 2010 van a ser notablemente mejores que las del año que termina. Por eso dedicó buena parte de su intervención a ensalzar esas medidas, sin reparar en que habían sido muy pobres en resultados. Ponderó especialmente el famoso Plan E y los créditos del ICO. Disculpó nuestros problemas económicos, aludiendo a las cifras de la crisis económica internacional, olvidándose de que muchos países ya han abandonado la recesión.
También mencionó la Ley de Economía Sostenible afirmando que ayudará muy positivamente para acelerar la ya próxima recuperación. Gracias a todo esto, dice Zapatero, habrá “una clara y contundente moderación en la destrucción de empleo en 2010", aunque seguirá habiendo cifras “muy duras”, que van a exigirnos “esfuerzos adicionales” y un “trabajo constante” para que, cientos de miles de desempleados, puedan recuperar próximamente su empleo.
Como Alicia en el País de las Maravillas, Zapatero se mueve en un mundo virtual, muy distinto al que él ha contribuido a construir con su mala gestión económica. Ajeno a la tozuda realidad en que nos movemos, afirma alegremente que la economía española está en un “momento de tránsito” de la recesión a la recuperación, que, según dice, “se confirmará en 2010”, dando lugar a que se genere empleo neto en el segundo semestre del año. Lo malo es que ese tránsito o paso de la recesión a la recuperación va a ser tan impracticable como el ‘Paso de las Termopilas’. El rey Jerjes, después de sufrir varios descalabros y viendo ya imposible atravesar ese estrecho desfiladero ocupado por los griegos, escuchó a un lugareño, enterándose así de la existencia de otra ruta alternativa, la ‘senda Anopea’ que le llevaría a la victoria. Como Zapatero no escucha a nadie, la crisis le zarandeará sin piedad en ese angosto ‘paso’ de la crisis, detrás del cual debiera estar la ansiada recuperación.
Piensa Zapatero que, en el año 2010, se evidenciará una mejora considerable de nuestro sistema productivo. Para lograr esto, ha dicho, el Ejecutivo se involucrará de lleno en la reactivación económica, buscando que la economía sea más competitiva. Para ello, pondrá en marcha las reformas que estime necesarias. Para lograr todo esto, destacó dos objetivos prioritarios que acapararán su atención durante 2010: la Ley de Economía sostenible y el acuerdo social entre los interlocutores sociales y el Gobierno para “mejorar y renovar” el mercado de trabajo. Y reta a las Comunidades Autónomas y a las Entidades Locales para que colaboren decididamente en las iniciativas de reforma, de modernización y consolidación fiscal, ya que son fundamentales para promover el crecimiento económico.
Admitió Zapatero, eso sí, que la recuperación va ser “lenta y difícil”. Se conseguirá, dijo, de forma “progresiva y no de la noche la mañana”. "Queremos transitar en 2010 en una situación económica de prosperidad del país", añadió. Y continuó: "He tenido siempre en mi trayectoria política confianza en nuestras posibilidades a pesar de que la época haya sido dura y mala como la de ahora". Y se atreve a confesar que, en términos generales, volvería a repetir su actuación para contener la gravedad de la crisis.
Está empeñado Zapatero en hacernos ver que, durante el año 2009, España se ha consolidado en el mundo. Ahora, dice, somos más fuertes y tenemos más peso. Será entre los bolivarianos de Chávez, entre los indigenistas de Evo Morales y en otros pueblos gobernados por dictadorzuelos del mismo jaez. En el resto del mundo libre, Zapatero está haciendo el más solemne ridículo y la consecuencia lógica es que nos tomen a todos los españoles por el pito del sereno y que nos veamos obligados a pagar sus platos rotos
Ya está bien de mesianismos extemporáneos, que lo único que logran es prolongar nuestra agonía económica. Este agorero vendedor de promesas vacías nos ha hecho perder el año 2009 y, según todos los indicios, perderemos también el nuevo año y hasta el vagón de cola de los países de nuestro entorno. El ‘corralito’ argentino lo tenemos ahí, acechando a la vuelta de la esquina.
Se empeña en presumir de lo que ha hecho, y no ha hecho otra cosa que agravar la crisis. Ha atacado a los empresarios, que son los que, en realidad crean empleo y nos vende como un gran logro la prolongada paz social. Obvia, naturalmente, la elevada cantidad de dinero que se llevan los sindicatos para mantenerse callados y el deterioro empresarial que ocasiona. La paz social, así lograda, está hipotecando nuestro futuro económico.
Lo de Zapatero es vaticinar nuestra recuperación económica. Será ya la novena o décima vez que anuncia, con solemnidad bobalicona, que hemos tocado fondo. Pero cada vez nos hundimos más en la miseria. Sus augurios son filfas que nos cuenta una y otra vez, pero que la cruda realidad desmonta una detrás de otra. Es un personaje que ha dilapidado ya la poca credibilidad con que contaba.
Hasta ahora, tal como indica Zapatero, el Plan E era un “poderoso” instrumento para combatir la crisis. Consolidó el sistema financiero, protegiendo los ahorros de los ciudadanos y generó, además, cerca de medio millón de empleos. Significó, dice, “un esfuerzo global” sin precedente alguno. En realidad, ¡dejémonos de zarandajas!, fue un despilfarro de dinero, 8.000 millones de euros, de los cuales una gran parte se fue en carteles de propaganda y la otra parte sirvió para alumbrar raquíticos trabajos fugaces que no solucionaron nada. Gastar grandes cantidades de dinero así, a lo loco, en inversiones improductivas, nos hunde cada vez más más en la indigencia.
Sin renunciar a nuevas ediciones del Plan E, se inventa ahora la Ley de Economía Sostenible. Y nos la presenta como si fuera el bálsamo de Fierabrás que va a curar de inmediato todos los males de nuestra economía. En esta Ley de Economía Sostenible hay de todo, menos medidas económicas fiables que puedan aportar algo útil. Está llena de retales de sus medidas anti crisis anteriores, tan evanescentes que no solucionaron nada. Faltan medidas estructurales que, al menos, frenen nuestra caída y que generen expectativas reales de creación de empleo.
Así las cosas, si Zapatero insiste en esa óptica meramente ideológica y partidista, el año 2010 será aún más negro que el que acaba de terminar. Es demencial la actitud de este Gobierno gastando habitualmente mucho más de lo que ingresa. Nada más y nada menos que un 73% más Y, para complicar más las cosas, el 50% de ese gasto se está financiando con deuda. A finales de 2010 nos encontraremos con un déficit, al menos, del 12%, cuando 2009 ha cerrado prácticamente en el 10%.
Para gestionar la economía, dice Zapatero, he procurado “llevar a cabo nuestro proyecto con la impronta del diálogo y colaboración”; y “hemos dialogado con casi todos los sectores”. Pero ese ‘casi todos los sectores’ comienza y termina en los sindicatos. Como buen personaje doctrinario, no escucha a nadie. Él solo se lo guisa y solo se lo come, y así nos va.
Hay indicios sobrados de que, durante 2010, va a continuar cayendo el consumo. La inoportuna subida de impuestos empujará a los consumidores en ese sentido. Son muchos los mileuristas que se ven obligados a prescindir hasta de artículos de primera necesidad. El 57 % de la población asalariada española no llega a cobrar, ni siquiera, los mil euros mensuales. Y aún es peor la suerte de más de otros 3 millones los asalariados, que tienen que conformarse con un ingreso medio anual de 1.823 euros. Y la pobreza, como siempre que los socialistas están al frente del Gobierno, afecta cada vez a mayor número de ciudadanos españoles. El número de indigentes y “sin techo”, ya abundante, aumentará de forma escandalosa durante el año que ahora comienza.
Al disminuir el consumo, disminuye la actividad en las empresas, muchas de las cuales se verán obligadas al cierre. En contra de las esperanzas del Ejecutivo, siguen creciendo las quiebras empresariales. Durante el cuarto trimestre de 2009, el número de procesos concursales ascendió a 1.564 concursos de acreedores. Nada menos que un 33% más que en el trimestre anterior.
El cierre de tanta empresa se traduce en una destrucción clara de empleo considerable, aumentando el número de desocupados considerablemente. Ni en los peores tiempos de Felipe González se alcanzaron cotas tan elevadas de desempleo. Son muchos los que han perdido su trabajo, bastantes más de los inscritos en las listas oficiales del INEM, ya que el Ministerio de Trabajo camufla todos los que puede. Pero 2010 va a romper todos los moldes y sobrepasaremos la temible cifra de los 5 millones de parados. El futuro se presenta muy negro, hasta para la Seguridad Social, ya que, al disminuir el número de los cotizantes, pueden verse afectadas hasta las pensiones.

Gijón, 4 de Enero de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 29 de diciembre de 2009

LA ECONOMIA ESPAÑOLA, DE MAL EN PEOR

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha convertido en un reloj de repetición. Nos da las horas, las medias horas y hasta los cuartos de hora, con frases ya muy manidas, como esta: estamos llegando al final de la crisis y vamos a volver a crecer “con carácter inminente”. Hay veces que esta expresión la sustituye por esta otra: “El tren del crecimiento está muy próximo”. Y agrega a continuación: "si hacemos lo que debemos y se aplican con rigor todas las reformas en marcha, este tren aumentará su velocidad hasta adquirir la necesaria para recuperar la creación de empleo".
Según nos indica Zapatero, este “es el momento de crecer con mayor valor añadido” y con un “aprovechamiento inteligente” de los nuevos sectores habilitados. Según Zapatero, la comunicación, la biotecnología, la sanidad, la nueva modalidad de energía y el medio ambiente, comenzarán de inmediato a absorber el porcentaje del PIB que hasta ahora nos daba el sector inmobiliario. Todo un augurio de profeta fracasado que utiliza la ya famosa ley de Economía Sostenible para escrutar nuestro futuro económico. Pero los hechos son tan tercos que no cambian, ni ahora con la Economía Sostenible, ni antes con el dichoso Plan E. Y si cambian en algo, es para peor.
Para colmo de males, los Presupuestos Generales del Estado para 2010 pasan con holgura el último trámite parlamentario. Y a estos Presupuestos, los primeros elaborados por Elena Salgado, les atribuyen el inminente milagro de acabar definitivamente con la crisis. Lo malo es que no nos caerá esa breva. Son tan irreales y negativos como los de 2009 y acentuarán peligrosamente los males económicos que nos aquejan. Merced a ellos, se disparará el déficit y la deuda pública alcanzará cotas insospechadas.
Zapatero se ha presentado reiteradamente como un mago extraordinario, capaz de solucionar hasta los problemas más arduos, pero sus juegos de manos fallan estrepitosamente, como lo han hecho siempre. Quizás sea un advenedizo de la política y al fiarse exclusivamente de sus dotes, va de fracaso en fracaso, complicándonos la vida al resto de ciudadanos.
Desde que el 8 de julio de 2008 se impone la cruda realidad y Zapatero admite, por fin, la existencia de la crisis, la alucinación se apodera del Gobierno y comienza a ver brotes verdes por doquier. Fue tal el espejismo y la ofuscación de los miembros del Ejecutivo y del PSOE, que señalaban fechas concretas para el comienzo de la recuperación económica. Primero era marzo de 2009. A partir de esta fecha, la contracción tocaría fondo y la economía comenzaría a repuntar. Y agregaba, no se si convencido o para despistar: “En marzo comenzará a crearse empleo de manera intensa”. Lejos de cumplirse esta previsión, los datos económicos empeoraron sensiblemente. Entonces Zapatero nos remite al segundo semestre de 2009. En la segunda mitad del año, tendríamos ya una actividad económica de crecimiento intertrimestral indudable.

Pero Zapatero es incombustible. El 16 de marzo de 2009 se celebra en Madrid el Foro Económico Innovae, al que asiste Zapatero y el Premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman. El discurso del economista es demoledor, todo un jarro de agua fría para las ilusiones quiméricas de Zapatero. Las perspectivas económicas de España, dijo, “son aterradoras”. La situación económica es “especialmente difícil” en España. Y agregó: “Los próximos años van a ser muy difíciles para los españoles”. Un mes después, el 29 de abril, Zapatero vuelve a soltarse el pelo y anuncia decididamente que es probable que lo peor de la crisis haya pasado ya.
Como no se han puesto en marcha medidas estructurales que den a nuestra economía ese aire competitivo que necesita, vamos de mal en peor y batimos con creces hasta las peores previsiones que se habían hecho para 2009. A falta de muy pocos días para que finalice el año, todos los pronósticos negativos han sido claramente superados. No ha habido record que no haya sido batido. Esto es, al menos, lo que nos dicen los distintos indicadores económicos.
En cuanto al PIB se refiere, se preveía que, como máximo, la recesión nacional tuviera una contracción del 1,7%. Pero el resultado fue muy diferente del esperado y se superó con creces dicha estimación. En el tercer trimestre del año, ahí es nada, tenemos ya una caída interanual del 4%, -1,2% en tasa anualizada. Con el paro ha pasado exactamente igual. Las estimaciones más negativas previstas para el año 2009 cifraban un 13,5% de paro. El resultado, faltando muy pocos días para finalizar el año, no puede ser más adverso, ronda ya el 20%.
Se esperaba que la inflación rozase crecimientos negativos, solamente durante algunos meses del año, pero vaticinaban que lo cerraríamos en el 1%. Noviembre lo cerramos con un simple repunte de cinco decimas, dejándolo en el 0,3%. Falta por contabilizar el mes de diciembre que, a este respecto, suele ser un mes bastante malo.
Al finalizar octubre, el Estado registraba un déficit de 59.310 millones de euros, lo que supone el 5,63% del PIB. La cifra prevista estaría solamente entre el 4 y el 5% del PIB. Las previsiones sobre nuestra deuda pública tampoco son halagüeñas. Cerramos el año 2008 con una deuda pública equivalente al 39,8% del PIB y ahora 2009 lo vamos a cerrar, al menos, con una deuda superior al 47% del PIB. Estos datos, que han desbordado las estimaciones más negativas del déficit, han provocado que la agencia Standard & Poor´s rebaje la calificación de la deuda española. También la agencia Moody´s nos ha dado un toque y subraya el lastre de los números rojos de nuestra deuda y sitúa a España a la cabeza de su índice de miseria.
Es cierto que Elena Salgado, hace muy pocos días, en declaraciones a la cadena SER, afirma sin titubeos, que es muy posible que en este cuarto trimestre del año abandonemos la recesión. Es muy posible, dice, que el dato del PIB se sitúe a final de año en torno al 0% y que incluso puede crecer una décima. Y no duda en señalar que, en el primer trimestre de 2010, la economía española tendrá ya un crecimiento positivo. Todo esto son músicas celestiales para arropar las desangeladas declaraciones de Zapatero, pero que no se lo cree ya nadie.
En el año 2010, nuestra economía seguirá empeorando sin remedio. La nefasta gestión que ha hecho Zapatero de la crisis económica no da para más. Zapatero mismo es el mayor problema de nuestra economía. Su totalitarismo anacrónico, unido a su incompetencia y a su sectarismo, le lleva a no aceptar consejos de nadie. Es tan iluso, que piensa que solamente él sabe lo que hay que hacer en cada momento. Y así, la tan cacareada ‘economía sostenible’ pasará a ser una economía totalmente insostenible, y nosotros nos hundiremos sin remedio en la miseria económica.

José Luis Valladares Fernández