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jueves, 6 de diciembre de 2018

LAS ANDANZAS DEL PSOE


IX.-El tesoro del Vita





Los responsables del ‘Frente Popular’ perdieron claramente las Elecciones Generales de Febrero de 1936. Pero supieron sobreponerse y, utilizando descaradamente el fraude y la violencia, amañaron el resultado de las urnas y se apoderaron del Gobierno. Y eso les envalentonó y llegaron a pensar que había llegado el momento propicio de olvidarse para siempre de la derecha. Y para lograr semejante propósito,  no tenían nada más que obligar a esa molesta y acomplejada derecha a rebelarse y a levantarse en armas para aplastarla definitivamente desde el Poder.
Y comenzaron, sin más, a atosigarla insistentemente con provocaciones constantes, organizando un proceso revolucionario muy especial, en el que predominaban  los incendios provocados, los desórdenes y todo tipo de algaradas callejeras. Y por si todo esto era poco, se realizaban ocupaciones de fincas, se confiscaban propiedades particulares y, además, se practicaba la violencia política de manera indiscriminada. La derecha, claro está, no aguantó el envite y, como se esperaba, reaccionó violentamente, lanzando a una parte muy importante del Ejército contra las instituciones republicanas.
El levantamiento militar, es verdad, fracasó prácticamente en casi todas las ciudades españolas y, como es lógico, derivó en una cruenta y prolongada Guerra Civil. Pero quedó muy claro, desde un principio, que aquella insurrección era algo mucho más serio que la Sanjurjada del 10 de agosto de 1932. El ‘Frente Popular’ había sobrevalorado excesivamente sus propias posibilidades y, en consecuencia, había lanzado retos sumamente envenenados a la derecha y, ahora, era ya demasiado tarde para volverse atrás.
Tras los primeros enfrentamientos bélicos con los sublevados, el pesimismo y la desesperanza se fueron apoderando de los distintos Gobiernos de la República. El alzamiento militar, que desembocaría en la Guerra Civil Española, se produjo el 17 de julio de 1936. Y el presidente del Consejo de Ministros, Santiago Casares Quiroga, dimite el 19 de julio, porque fue incapaz de contener la rebelión. Ese mismo día, le sustituyó el sevillano Diego Martínez Barrio, que intentará formar un Gobierno de conciliación para evitar el inicio de la guerra. Habló con varios militares rebeldes y, como no logró nada positivo, dimitió el día 20 de julio.

viernes, 13 de octubre de 2017

A CADA UNO LO SUYO

VII – La Guerra Civil Española 


Si nos atenemos a los hechos, tenemos que reconocer que el Ejército y una buena parte del pueblo llano, recibieron la llegada de la República con cierto recelo, porque fue instaurada de manera irregular. Pero esa prevención o desconfianza se trocó en irritación, cuando el llamado Frente Popular llega al Gobierno en febrero de 1936, valiéndose de unas elecciones claramente fraudulentas.
Y ese enfado subió aún más de tono cuando constataron que los responsables de ese Frente usaban intencionadamente el poder para transformar el Estado en un instrumento antidemocrático y sectario, para ponerlo, sin más, al servicio de la violencia y el crimen. Y si ya estaban los ánimos suficientemente caldeados,  lograron que, con el asesinato de José Calvo Sotelo, media España se levantara en armas contra esa manera pérfida de hacer política.
Con la llegada al poder del Frente Popular, cambió tanto la República, que no se parecía en nada  a la que se instauró el 14 de abril de 1931. Dejó de ser democrática y, en realidad, terminó siendo un régimen prácticamente ilegítimo. Y sus dirigentes estaban tan seguros de sí mismos, que ni se molestaban siquiera en guardar las apariencias. Retaban descaradamente a los militares que protestaban por la imprevista deriva de la República. Pensaban que, si lograban sublevarlos, acabarían fácilmente con ellos, y así podrían implantar libremente, y sin oposición alguna, la revolución soñada por la izquierda.
Como ya sabemos, el alzamiento militar que se inició el 17 de julio de 1936 en las ciudades españolas de Marruecos, llegó rápidamente a la Península. El mismo 18 de julio, el general Queipo de Llano aplastó fácilmente la resistencia obrera y sindical de Sevilla, y logró el control de tan importante plaza. Pasó lo mismo en la ciudad de Cádiz con los generales Varela y López Pinto.
Tuvo más problemas Ciriaco Cascajo Ruiz,  gobernador militar de la provincia y coronel del Regimiento de Artillería Pesada nº 1, para hacerse con el control de Córdoba. Aunque el gobernador civil, Antonio Rodríguez, estaba inicialmente dispuesto a entregar el Gobierno a los insurrectos, se vuelve atrás cuando constata la firme oposición de un grupo, entre los que estaba el alcalde de la ciudad  y el presidente de la Diputación. Tuvieron que ser los cañones del cuartel de Artillería los que acabaran finalmente con la negativa frontal de ese grupo. Granada caería dos días después.

martes, 1 de agosto de 2017

A CADA UNO LO SUYO

            V – Desastroso final de la II República Española

A pesar del enorme fracaso de la Revolución de Octubre de 1934, Francisco Largo Caballero seguía contando con el apoyo de los socialistas adscritos al sector “bolchevique”  o “leninista”. Y quería conseguir el poder, para cambiar el rumbo de la República burguesa e impulsar el socialismo soviético. Reconocía, eso sí, que había cometido un error garrafal al tratar de conseguir ese objetivo, utilizando exclusivamente la insurrección prescindiendo por completo del sistema institucional representativo.
Es verdad que Largo Caballero buscó afanosamente la manera de  importar la revolución rusa, para convertirse inmediatamente en el indiscutible “Lenin español”. Y tardó demasiado tiempo en comprobar que es prácticamente imposible imponer por la brava el socialismo marxista en los pueblos donde la clase media tiene una gran implantación. Y menos aún si, como ocurre en España, los oficiales y los mandos del Ejército proceden de esa clase media o, incluso, de la clase alta.
Tras el morrocotudo fracaso de la Revolución de Octubre de 1934, Largo Caballero y sus acólitos, aceptan sumisamente los consejos de la Komintern o III Internacional, y comienzan a organizar una especie de frente antifascista, coaligando a todas las fuerzas políticas y sindicales de izquierda. Y para que esa alianza tuviera un aire más obrerista, exigieron que entrara a formar parte de ella  el Partido Comunista de España (PCE). Y esa coalición entre los republicanos de izquierda y los socialistas se oficializó, por fin, el 15 de enero de 1936, firmando el PSOE por el PCE, por el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña y por el POUM.
Y la República defendida por esa coalición, que comenzó a llamarse Frente Popular, discrepaba substancialmente con los dictados de la II República. Y con el fin de reconvertir el sonado fracaso de octubre en una indiscutible victoria popular, incluyeron en su programa la amnistía de los delitos políticos y sociales y, por lo tanto, la excarcelación de todos los detenidos por la famosa Revolución de Octubre. Semejante consorcio comenzó a ser operativo tras las elecciones generales, que se celebraron el 16 de febrero de 1936.
No se habían resuelto totalmente los problemas derivados del famoso escándalo del estraperlo, cuando estalló el caso Nombela. Y esta circunstancia es aprovechada inmediatamente por José María Gil-Robles para forzar la dimisión del presidente del Consejo de Ministros, Joaquín Chapaprieta, retirando su apoyo al Gobierno de coalición con el Partido Republicano Radical. Y Gil-Robles completa la faena, exigiendo la presidencia del Gobierno para sí mismo.