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martes, 11 de febrero de 2014

LOS FANTASMAS DE RUBALCABA

En la mitología griega, nos encontramos con dos ancianos, Filemón y Baucis, que llevaban viviendo  juntos muchos años en las montañas del antiguo país de Frigia. Su hogar era una humilde cabaña y tenían muy pocas propiedades. Pero como no ambicionaban nada más y soportaban con buen ánimo su suerte, se consideraban suficientemente ricos y afortunados. Por lo tanto, aunque llevaban una vida marcada por la sencillez, vivían dignamente y nadie era más feliz que ellos

 Un buen día Zeus y su hijo Hermes bajaron del Olimpo y, adoptando la figura humana, fueron a Frigia para probar la generosidad y la hospitalidad de los hombres de aquella tierra. Como si fueran dos viajeros sumamente cansados, fueron de puerta en puerta, pidiendo un lugar para pasar la  noche y, así, poder descansar  y reparar fuerzas. Pero las familias  de aquella región eran tan egoístas que, sin escuchar sus ruegos, cerraban sus puertas, no hallando cobijo en ninguna parte.

Llegaron por fin a la última cabaña, que era la vivienda de Filemón y Baucis. Aquí, los amables ancianos, les dejaron entrar y les  agasajaron debidamente con lo mejor que tenían para comer y se desvivieron para que se sintieran cómodos en su modesta casa. Por el buen trato recibido, Zeus y Hermes comunicaron a sus anfitriones la inminente  destrucción de la ciudad de Frigia y de todos aquellos que les habían negado la entrada. Pidieron a Filemón y a Baucis que subieran con ellos a lo más alto de la montaña.  Desde allí contemplaron absortos cómo era destruida toda aquella región por una inundación provocada por Zeus.

Ambos ancianos comprobaron con satisfacción que se había salvado su cabaña, y que fue convertida posteriormente en templo. Y cuando Zeus se comprometió a concederles un deseo, le pidieron ser guardianes de su nuevo templo y permanecer unidos para siempre. Y así fue. Custodiaron el templo y ejercieron de sacerdotes durante muchos años y cuando  aparecieron las Moiras o parcas con sus hilos, fueron convertidos al mismo tiempo, Filemón en frondosa encina y Baucis en un esbelto tilo.

Piensa Alfredo Pérez Rubalcaba que puede presumir de ser tan caritativo y humanitario como el viejo Filemón de la leyenda; que, en el mundo actual de la política,  no hay nadie que le iguale en bondad y desprendimiento. Para Rubalcaba, los responsables del Partido Popular son todos como los vecinos de la feliz pareja mitológica, duros de corazón, extremadamente egoístas e insolidarios, y que, si se les deja, terminan hasta con el Estado de Bienestar. Obligan a los trabajadores, a los menesterosos y a los más débiles a seguir la dura ruta del calvario y, sin embargo, favorecen descaradamente a los ricos y a los banqueros.

lunes, 9 de mayo de 2011

ZAPATERO NO ES CULPABLE DE NADA

Rechazar cualquier grado de participación en algo que vaya mal, es una de las mayores preocupaciones de José Luis Rodríguez Zapatero. Ni tiene nada que ver en la nefasta  marcha de nuestra economía, sumida aún en lo más profundo de la crisis, ni mucho menos es culpable del exagerado paro que padecemos. Los hechos positivos que se produzcan, eso sí, se deben indudablemente a su adecuada y oportuna gestión. Su probada clarividencia le lleva siempre a adoptar en cada momento las medidas precisas para salir airosos de cuantas situaciones complicadas se presenten. Ahí están, por ejemplo, los supuestos logros en el estado de bienestar social que trata de vendernos constantemente.
Es cierto  que ya hay muchas personas que pasan de Zapatero y que, incluso, se atreven a organizar protestas públicas en los mítines en los que interviene el presidente del Gobierno. Fue lo que sucedió el día 30 del pasado mes de abril en Tenerife. A la decepción de no haber sido capaz de llenar el Pabellón Insular Santiago Martín, tuvo que soportar durante su intervención, primero la irrupción de un grupo de activistas pro saharauis, pidiendo la libertad para el Sáhara. Y despuésla protesta de unos cuantos ciudadanos que mostraban sonoramente su desacuerdo con la política económica del Gobierno. Estos para hacer visible gráficamente su desacuerdo con el aumento del paro, escenificaron el hecho vistiéndose unas camisetas con números para componer la demoledora cifra de los parados oficiales que asciende a 4.910.200, según la EPA.
Visiblemente molesto por la interrupción atrevida de estos ciudadanos, Rodríguez Zapatero obvió cualquier tipo de autocrítica y pasó directamente a cantar los logros alcanzados durante sus dos mandatos y a criticar duramente al Partido Popular, haciéndole responsable de los cuantiosos problemas a los que tiene que enfrentarse ahora el Gobierno. Que su Ejecutivo se ve obligado a combatir un paro que “no ha generado”, es una de las quejas más repetidas de Zapatero: "tenemos que combatir la crisis, que no generamos; igual que el paro, que no generamos. Tenemos la responsabilidad de combatirlo, de superarlo, y ganar a la crisis y ganar al Partido Popular".
Y en realidad es cierto que Zapatero no generó la crisis, pero sí es responsable del crecimiento abusivo del paro. Como repite una y otra vez, no es él el culpable de la caída de Leman Brothers y del resto de los colosos financieros. Pero sí es plenamente responsable de la mala gestión que ha hecho de la crisis. Lo que comenzó siendo una grave crisis financiera, ante la falta de unas medidas adecuadas, derivó en una terrible crisis económica que se llevó por delante a muchas pequeñas y medianas empresas, y con ellas buen número de puestos de trabajo. La crisis financiera tuvo ciertamente un carácter universal, afectó de manera generalizada a todos los países. Pero mientras en la mayoría de esos otros países, los responsables de los Gobiernos la hicieron frente con medidas oportunas, el nuestro la ignoró olímpicamente, dando lugar a que adquiriera esos tintes tan dramáticos y tan demoledores para las empresas y para los puestos de trabajo.
Según José Luis Rodríguez zapatero, encontrar ahora trabajo es algo sumamente urgente, aunque la recuperación del empleo es algo muy costoso, pues no se consigue de la noche a la mañana, mediante la utilización de una “vara mágica”. Hace falta, ante todo, un empeño colectivo al que, según apreciación del presidente, no está contribuyendo en absoluto el Partido Popular. Después de expresar su preocupación por todos los desempleados, garantizó que el Gobierno no les abandonará jamás. A la vez que lamenta la falta de colaboración del PP, afirma rotundamente que su Gobierno “está haciendo lo que España necesita” y que asumirá con valentía la responsabilidad de combatir una crisis que han generado otros, adoptando un conjunto de decisiones con las que el PSOE va a ganar “a la crisis y al PP”.
Antes de pasar al capítulo de críticas despiadadas al Partido Popular, Zapatero echa mano del botafumeiro para darse incienso a sí mismo de una manera desmedida. Comienza diciendo que "es el PSOE quien hace crecer el Estado de bienestar en épocas de bonanza y quien lo mantiene en épocas de crisis". Recordó que más del 75% de los parados, gracias al Partido Socialista, tienen protección y que este país "nunca ha tenido tal nivel de protección como ahora en educación, sanidad, desempleo y dependencia". La diferencia entre el PSOE y el PP es precisamente esa, que los socialistas, a pesar de las dificultades, mantienen siempre la protección social de los más necesitados.
El Partido Popular en cambio, cuando tuvo la oportunidad, ni mejoró el salario mínimo, ni se le ocurrió incrementar las becas y las ayudas a la dependencia, ni tampoco mejoró las pensiones mínimas. Se trata, según dice Zapatero,  de un partido tremendamente insolidario que, lejos de arrimar el hombro para salir de la crisis, se alegra de que ésta se agrave, ya que piensan que así nos van a “barrer del mapa”.  Aunque les pese, se pavoneó, todavía ganaré dos combates antes de irme: el de la crisis económica y, como no, las elecciones al Partido Popular. Y confiesa ilusamente que dejará La Moncloa una vez completadas las reformas necesarias  “para volver a la senda del crecimiento económico y la creación de empleo”. A la vista de estas prédicas, una de dos: o Zapatero vive en otro planeta, o además de un incompetente manifiesto, es un irresponsable contumaz.
Gijón, 4 d mayo de 2011
José Luis Valladares Fernández

jueves, 28 de abril de 2011

LA CULPA ES DE JOSÉ MARÍA AZNAR

El pasado día 17 de abril, José Luis Rodríguez Zapatero acude a la Fiesta de la Rosa del PSE-EE, celebrada en Durango y aprovecha la ocasión para declararse inocente de la prolongada crisis económica que nos afecta. Llega incluso más lejos y declara solemnemente que él es una de las principales víctimas de la crisis, provocada, como no podía ser menos, por la derecha insolidaria, instrumentalizada por José María Aznar. En su mitin se refirió, como es lógico, al terrorismo de ETA y reprochó al Partido Popular el “doble discurso” que mantiene, según él, en materia antiterrorista. 

Pero el meollo de su discurso, la mayor parte del mismo, estuvo dedicado a la persistente crisis económica y a criticar duramente la irresponsabilidad y el comportamiento desleal del Partido Popular con respecto a la misma. Pues, según Zapatero, a pesar de que “dicen ser tan patriotas”,  han prestado muy “poca ayuda” al Gobierno para poner remedio a tan funesta situación. Y les pide que, al menos, sean valientes y proclamen “aquí y fuera de aquí” que la economía española tiene “fortaleza y solvencia” suficiente y que por lo tanto “va a salir adelante”.

Insiste Zapatero una y otra vez que hay “en juego muchas cosas importantes” para España, y la más importante es su solvencia en el mundo. Por eso, y apelando constantemente  al patriotismo de la derecha, les pide que luchen “por defender siempre el interés de España” y que se abstengan de "contribuir, desde fuera, como hacen algunos a perjudicar a España". Y continua con su estribillo: "A aquellos que tanto invocan a España, que hagan algo por España y que digan, aquí y fuera de aquí, que tenemos fortaleza, solvencia y que la economía española va a salir adelante". Él es el ejemplo viviente que, sin que nadie se lo reconozca,  está luchando sin desmayo en esta “dura crisis económica, financiera primero, y económica después”.

Muy claramente Zapatero elude toda responsabilidad y repite una y otra vez, que es una crisis de un sistema financiero “desregulado y sin reglas”, que nos vino de fuera. La causa remota viene determinada por la caída de Lethman Brothers, que precisamente “no cayó por culpa del PSOE”, y menos por su propia culpa,  aunque alguien quiera hacer ver lo contrario. Más directamente  esta “crisis tiene causas y nombres y apellidos” muy concretos, y hasta un modelo, “según el cual, lo mejor es no intervenir en la economía, ni vigilar, ni saber qué pasa". Según este modelo, dice Zapatero, todo queda en manos de los mercados. Y ese es precisamente el fallo.

Y este modelo económico que todo lo supedita a los mercados, continuó Zapatero, es un “modelo de derechas”, que fracasó estrepitosamente. Y por supuesto, ahora es el presidente del Gobierno y sus huestes los que tienen que mojarse y solucionar el problema. En esta frase lo deja meridianamente claro: "Ahora a la izquierda y al PSOE nos toca afrontar el reto, combatir la crisis y cambiar el modelo económico y hacer que España recupere crecimiento y empleo y una economía basada en la innovación, sostenible y no en la especulación, el ladrillo y el endeudamiento. Eso es lo que estamos haciendo y lo vamos a conseguir, sin ayudas o con ayudas". Lo malo es que ahora ya sabemos cual es ese nuevo modelo económico, diseñado por Zapatero y que servirá para recuperar el empleo. Se trata simplemente de la rehabilitación de  viviendas. Toda una brillante idea.

Tan preocupado está Rodríguez Zapatero por esconder su propia responsabilidad, que olvida algo muy elemental. Olvida que la crisis económica no afectó exclusivamente a España, ya que todos los países tuvieron que pasar por semejante calvario. Olvida igualmente que nosotros, en principio, estábamos mejor preparados, que muchos de los países de nuestro entorno,  para hacerla frente y minimizar sus consecuencias. Pues era de dominio público, -y Zapatero alguna vez presumió de ello- que crecíamos y que creábamos más puestos de trabajo que nadie. Y llegó la crisis y en pocos sitios hizo tanto daño como en España.

Creo que algo tendría que ver en el desarrollo de la crisis el comportamiento irresponsable de Zapatero y de todo su Gobierno. Mientras que, en casi toda Europa y fuera de Europa, comenzaron a tomar medidas ya en 2007 para hacer frente con garantías a la situación económica preocupante que se avecinaba, el presidente de nuestro Gobierno negaba la crisis y hasta se permitía el lujo de llamar “antipatriotas” a quienes avisaban de lo que se avecinaba y exigían que se tomaran medidas. Aún después  de reconocer la crisis y constatar la evolución tan preocupante que llevaba, siguió gastando dinero a lo loco y las pocas medidas que tomaba, o eran descafeinadas,  o incluso eran claramente perjudiciales. No quiso tomar ejemplo ni de la “fracasada” Merkel, ni del “nervioso” Sarkozy, y tanto Francia como Alemania están ya creciendo decididamente, mientras nosotros seguimos hundidos en el pozo.

Para completar el día, Rodríguez Zapatero busco el halago ante los asistentes a la Fiesta de la Rosa, y quiso colgarse unas medallas que francamente no se merece. Habla del Estado de Bienestar como si fuera algo inventado por él y que solamente él sabe garantizar. Afirma con todo descaro que,  a pesar de la crisis “tan profunda” que ha exigido “austeridad, recortes y medidas difíciles”, hemos sabido mantener incólume el Estado de Bienestar. Y continuó: "Lo hemos defendido, lo defenderemos y lo hemos ampliado", algo que nunca ha hecho el Partido Popular. Se olvida Zapatero, por lo que parece, de que fue él, y no otro,  el que realizó el mayor recorte social  de nuestra historia, el que se atrevió a recortar los salarios de los trabajadores públicos y a congelar las pensiones. Y son precisamente estos, los empleados públicos y los pensionistas, además de los parados, los que de verdad sufren en sus carnes un amplio deterioro en su propio Estado de Bienestar.

Y no podía terminar la fiesta sin cantarle las cuarenta a José María Aznar, de una manera desmedida.  Según Rodríguez Zapatero, es Aznar el máximo responsable de todos nuestros males actuales. "Como ex presidente del Gobierno no debe y no puede poner en cuestión medidas que han sido adoptadas con pleno respaldo del Parlamento". "Le pido que cuando esté fuera de España haga lo que todo español: hablar bien de España". Y sigue con sus aceradas invectivas contra el ex presidente del Gobierno: "Aznar, en sus declaración en la universidad de Columbia dijo varias cosas graves: que el Estado de bienestar no es sostenible. Lo dice él, que no hizo nada por él".  Los logros, eso si, son debidos exclusivamente a la política social del PSOE. Y termina diciendo: "De esta crisis debe quedar el recuerdo de que a pesar de ser tan profunda, hemos mantenido el Estado de bienestar”. 

Gijón, 22 de abril de 2011

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 30 de marzo de 2011

JOSÉ BLANCO OTRA VEZ A LO SUYO

Las actuaciones del actual ministro de Fomento, José Blanco, llaman siempre la atención. Desde que asumió el cargo de escudero de José Luis Rodríguez Zapatero, se subió a la parra y se ha convertido en el insultador mayor del Reino. Y como casi siempre, sus airadas invectivas van dirigidas invariablemente contra el Partido Popular. Es tal la obsesión que tiene con Rajoy y sus huestes que sus insultos son habitualmente de grueso calibre. Sus discursos políticos serían pura baratija si los despojamos de las acostumbradas diatribas  que lanza de manera enconada contra el principal partido de la oposición. Pero eso sí, el inquilino del Ministerio de Fomento no tolera que le insulten, ni siquiera que se dirijan a él con el cariñoso apelativo de ‘Pepiño’, en vez del consabido ‘don José’. 

Es cierto que desde que ‘Pepiño’ -¡perdón! ‘don José’- fue aupado a la categoría de Ministro, se esforzó por pulir su figura, tanto física como intelectualmente. Sus trajes compiten ahora en calidad y hechuras con los de lo más granado de la jet de las finanzas y la aristocracia. Hasta se sometió a una operación oftalmológica para librarse de esa estampa vulgar que proporcionan siempre las gafas utilizadas por los miopes. También trató de moderar su lenguaje, en la medida que su exigua preparación cultural se lo permitía. Sus invectivas comenzaron a ser deliberadamente mucho más cautas y sus insultos más comedidos y circunspectos. 

Continuó, eso sí, hablando de ‘conceto’, ‘ojeto’,  ‘trayeto’ y otros vocablos por el estilo, no porque no sepa cual es la pronunciación correcta –‘correta’ que diría José Blanco-,   sino por alguna imposibilidad física, que a veces se tienen, para pronunciar alguna letra determinada. Y ha vuelto, no se por qué, a sus antiguas y acostumbradas vilezas, sobre todo contra Mariano Rajoy. Una de dos: o intenta defender a ultranza a un José Luis Rodríguez Zapatero de las críticas que le llueven por no dar una a derechas, o es una reacción incontrolada  por la notable caída  del PSOE en las encuestas. El caso es que José Blanco ha vuelto a bucear en el pozo de las insidias y las bajezas más extremas, descendiendo imbécilmente  hasta la ofensa personal, como en el caso del plumero..

Según las expresiones habituales de José Blanco, Mariano Rajoy es un "político antiguo que representa como nadie lo más arcaico y retrógrado" de la derecha europea. Incluso va un poco más allá y dice que “Rajoy es un patriota ni siquiera de hojalata, es un patriota de pacotilla”. La mala marcha del PSOE en las encuestas,  le ha llevado a recordar sus años de secretario portavoz del partido en Ferraz y a recuperar su lenguaje de entonces y ha llamado 'frikis' y anarcoides a las gentes del Partido Popular, por criticar la limitación a 110 kilómetros por hora la velocidad en autopistas y autovías. Durante un acto de campaña en Sevilla, ante el Comité Director  del PSOE-A,  Blanco criticó agriamente al PP por oponerse ante una medida provisional para ahorrar energía, diciendo que ya no se sabe si el comportamiento de sus dirigentes es de unos “‘frikis’ o de unas personas anarcoides”.

"Entre 'frikis' y anarcoides anda el juego", ha continuado José Blanco, para quien los populares realmente son unos "irresponsables porque irresponsable es en este momento" no apoyar provisionalmente una medida que tiene como objetivo ahorrar energía, abaratar los costes para el consumidor, y que, en definitiva, es imprescindible para España. "Sólo los 'frikis' y anarcoides pueden seguir con un comportamiento que es más propio de personas que no aspiran a gobernar que de personas que tienen la ambición de gobernar el país", ha dicho refiriéndose al Partido Popular.  Y no paró aquí la cosa. Ante esos mismos militantes socialistas continuó con sus diatribas contra el partido mayoritario de la oposición: “dentro de unos días veréis cómo dicen que la consecuencia de que no haya abastecimiento de petróleo es de Zapatero porque en España no hay pozos de petróleo por Zapatero", sentenció. 

El pasado día 20 de marzo, José Blanco volvió a la carga contra el partido popular, y esta vez a cuenta de la guerra en Libia. En un mitin en Málaga, mientras los aliados bombardeaban las defensas de Muamar el Gadafi, Blanco quiso establecer diferencias entre la intervención en Libia y la guerra de Irak del año 2003. De ahí que afirmara tajantemente que "aquí no hay foto de las Azores, lo que hay es una resolución de las Naciones Unidas; aquí no hay mentiras, sino que hay una violación masiva de los derechos humanos, y vamos a liberar el pueblo de Libia". Y agregaba, elevando la voz: "Vamos a trabajar, no para iniciar una guerra, sino para acabar con ella”.  Y sin ningún empacho proclama: “podemos sentirnos orgullosos del papel que España va a jugar en Libia”. Y es que sencillamente, según Blanco, estamos trabajando “para liberar al pueblo de Libia”.

Ante una posición tan timorata, es preciso aclarar algunos extremos, que están ahí, en la historia, para quien quiera estudiarlos. Aunque Zapatero y sus acólitos no quieran reconocerlo, lo que ocurre ahora en Libia es muy similar a lo que sucedía en  Irak, antes del derrocamiento de Sadam Husein. Si el coronel Gadafi estaba masacrando brutalmente a las tribus de Cirenaica y las del desierto por atreverse a pedir democracia,  Sadam Husein había tratado de exterminar al pueblo kurdo. Solamente en Halabja, se llevó por delante, de una sola tacada, a unos 5.000 kurdos, liquidados despiadadamente con armas químicas prohibidas. La respuesta del mundo occidental, en ambos casos,  fue la acción bélica para restablecer el orden, según confesión de los participantes.

Dicen que ahora, al contrario que en el caso de Irak, hay una resolución de la ONU autorizando la intervención militar en Libia. Pero hay que aclarar que dicho documento está redactado intencionadamente de un modo tan obtuso que cada país miembro puede interpretarlo como quiera. De lo contrario no hubiera sido aprobado por el Consejo de Seguridad. En Irak sin  embargo, y por el mismo motivo,  dejó que los países miembros derrocaran al tirano. Una vez conseguido el objetivo y finalizada oficialmente la guerra, la ONU redacta ya la resolución 1511, pidiendo claramente  a los países miembros que intervengan  en la reconstrucción de Irak. 

Fue entonces, y no antes, cuando España manda a Irak un buque-hospital para intervenir en tareas exclusivamente humanitarias. Y eso, por mucho que ladraran los de las pancartas de entonces, no es ir a la guerra. En Libia sin embargo, si que hemos ido a la guerra, al intervenir tan directamente para frenar los ánimos de revancha del coronel Gadafi. Es verdad que ahora, por desgracia, no hay foto de Las Azores. Aquella foto indicaba claramente que España contaba en el concierto internacional, se la consultaba, se contaba con ella. Ahora no estamos en la foto de París porque hemos pasado a ser el chico de los recados. Zapatero no ha sido capaz de conseguir algo más,   aunque haya cambiado a toda prisa el traje de pacifista por el de combate.

Gijón, 25 de marzo de 2011

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 23 de febrero de 2011

¿HUMILDAD O ALTANERÍA MESIÁNICA?

La mejor definición de la humildad, la más simple y sumamente profunda, la encontramos en Las Moradas de Santa Teresa de Jesús.  “La humildad es andar en verdad”, dice la santa abulense, que es tanto como decir que es la sabiduría de lo que somos. La humildad así entendida es una virtud cristiana y, como tal, viene a ser el fundamento imprescindible de la moral de los que practican esta religión. Pero Zapatero, que no comulga precisamente con esa doctrina, seguro que está más de acuerdo con la explicación de Nietzsche. Para Nietzsche, en efecto, la humildad no significa más que una bajeza, una debilidad de instintos propia de quienes se dejan llevar por una moral de esclavos. 

El pasado día 13, en la clausura de la Convención Municipal que el PSOE celebraba en Sevilla, Zapatero trata de reactivar la moral de los suyos abusando de esa altanería mesiánica que le caracteriza. Aún  no está escrito, dijo, el resultado de las elecciones municipales y autonómicas del próximo 22 de mayo. Y añadió muy ufano: "El PP está convencido de que va a ganar de calle las elecciones Se les olvida solo una cuestión que yo tengo presente cada minuto: para ganar unas elecciones hay que merecerlo”. El Partido Popular no ha hecho ningún mérito que le haga acreedor a semejante victoria, ya que apenas ha dedicado tiempo y esfuerzo a analizar los graves problemas que amenazan a nuestro Estado de bienestar. 

En cambio, sí se merece esa victoria, faltaría más, Rodríguez Zapatero y de rebote el PSOE. Y es precisamente la humildad la que le da derecho a seguir contando con el beneplácito de los ciudadanos.  Pues, como él mismo dice, saldrá a la calle “con humildad y asumiendo los errores” para explicar que las reformas hechas eran absolutamente necesarias para seguir contando con una protección social eficaz. El PSOE,  al igual que él, merece esa victoria porque, a pesar de la crisis, ha sabido mantener sus señas de identidad mejorando notablemente el Estado de bienestar y la igualdad. Por eso pide a sus futuros alcaldes que, de cara a las elecciones del 22 de mayo, centren toda su campaña en la promoción del empleo, "y que no sea una campaña de rifirrafe, porque no es lo que necesita España. Este país necesita acuerdos, propuestas, seriedad, trabajo y rigor".

Pero la humildad del presidente del Gobierno no fue más allá. Al igual que hubiera hecho el superhombre que Mnos describe Nietzsche, Rodríguez Zapatero sacó a relucir inmediatamente su apabullante altivez, para ahogar en el acto ese oscuro gesto de humildad apenas esbozado. Y comienzan las descalificaciones para sus adversarios políticos. El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, no tiene cara de ganador, carece de ideas y de programas y utiliza siempre "cuatro o cinco palabras: la culpa es de Zapatero". No importa que se esté hablando del desempleo, de la crisis económica o de las cajas de ahorro. Acusa con toda crudeza al Partido Popular de dedicar muy poco tiempo y muy poco esfuerzo a esclarecer los problemas que nos acucian y añade: "ojalá pudiéramos tener con ellos ese contraste de ideas, pero cuando expresan su opinión es de medio lado. España siempre ha tenido una derecha muy original, no hay más que ver su trayectoria".

Como la cosa más natural, el jefe del Ejecutivo carga ásperamente contra el Partido Popular por pretender, dice, que su Gobierno hubiera adivinado la llegada de la crisis y medido anticipadamente su dimensión, cuando ni el Fondo Monetario Internacional supo hacerlo.  Zapatero no solamente no supo  prever la crisis; su ineptitud llegó hasta el extremo de no reconocerla cuando ya estaba haciendo estragos en nuestra economía. Su egolatría le incapacitó hasta para escuchar a Manuel Pizarro en aquel famoso debate preelectoral con Pedro Solbes, donde el ex presidente de Endesa describió perfectamente lo que estaba ocurriendo y avanzó con bastante exactitud la mayor parte de las vicisitudes económicas que hemos tenido que soportar. Este hecho le dio pie a Zapatero para llamar antipatriotas a los defensores de las tesis de Manuel Pizarro. 

Es ahora cuando el presidente del Gobierno  pide la colaboración de Rajoy, para poner orden en nuestra maltrecha economía, y se queja una y otra vez de que no arrima el hombro. Se olvida de que Mariano Rajoy se ha ofrecido,  al menos por tres veces,  a cooperar lealmente para salir con el menor daño posible de tan acuciante crisis. Entre esas tres ofertas claras de pacto de Estado, destaca la realizada en el debate de investidura. Habría que añadir igualmente gran cantidad de enmiendas y propuestas que, con idéntico fin, fueron  presentadas por el Partido Popular a lo largo de esta segunda legislatura. Pero como es lógico, un gran líder de masas como Rodríguez Zapatero, convencido de su papel relevante en la historia, rechazó frontalmente ese pacto aduciendo para ello simples “razones ideológicas”. En cuanto a las sucesivas enmiendas y propuestas han sido ignoradas sistemáticamente. 

Ante una perspectiva evidente de fracaso en las próximas elecciones de mayo, Zapatero recurre al victimismo y achaca todos los problemas económicos que padecemos a la arraigada insolidaridad de la derecha. Y no contento con esto, acude hasta la descalificación personal  de Rajoy. Para su pésima gestión, en cambio, todos son ditirambos y alabanzas desmesuradas. Ocurrencias tan desafortunadas y fallidas como la del Plan E, en el que se gastaron inútilmente más de 13.000 millones de euros entre 2009 y 2010, han servido, según dice Zapatero, para mantener a flote la economía española, renovando oportunamente buen número de infraestructuras y equipamientos. Con razón dijo Iñaki Gabilondo en La Sexta, después de la desilusión que llevó por el cierre inesperado de CNN+, que Zapatero “ha infravalorado la dificultad de algunas cosas y ha sobrevalorado su propia capacidad”.

El voluntarismo ciego e incontrolado que padece Zapatero, le ha llevado a presumir insolentemente de una ejemplar austeridad en el gasto que no practica en absoluto y a sobrevalorar sus iniciativas, como es el caso de la reforma laboral y la reforma de las pensiones. De la reforma de las pensiones llega a decir jactanciosamente que es “para hoy, para mañana, y para pasado mañana”. Y es que aquí, a pesar de su manifiesta ineficacia, aparece de nuevo su orgullo irredento y la altivez del superhombre de “Así habló Zarathustra”, para ahogar en el acto cualquier apariencia de humildad aún antes de nacer. “Pero, ¡qué le vamos a hacer!, José Luis Rodríguez Zapatero es así.

Gijón, 19 de febrero de 2011

José Luis Valladares Fernández