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viernes, 2 de marzo de 2012

NUEVO CAMBIO DE RUMBO

Aunque parezca mentira, hay mucho espabilado en la vida que, como igual vale para un roto que para un descosido,  busca en la política la manera de medrar más fácilmente, y así poder labrarse, con poco  esfuerzo personal y en el menor tiempo posible, una buena situación política y económica. Se trata, ante todo, de  pisar moqueta y, si puede ser, disponer de coche oficial, con chofer incluido y las demás gangas  adheridas a un buen cargo político. Quienes así piensan, saben perfectamente que  no hay nada más que un camino para colmar esos sueños: pertenecer a un partido político importante, con posibilidades de llegar al Gobierno.
Así que, sin pérdida de tiempo, se afiliarán al partido que más garantías les ofrezca, sin importarles gran cosa el ideario del mismo y la manera de pensar de los que lo forman. Podrán tener otras ideas, serán disidentes convencidos o versos sueltos del partido, según expresión de Alberto Ruiz-Gallardón. Lo importante es saber bailar el agua a los de arriba. Desde el primer momento,  procuraran granjearse la confianza de los que mandan, adulándoles desmedidamente y, si es preciso, arrastrándose ante ellos con  el mayor descaro. Lo que haga falta para que, si llega el caso, cuenten con ellos a la hora de distribuir cargos y prebendas, y cuanto más importantes sean estos, mejor. Alcanzado este primer objetivo, seguirán siendo obedientes y disciplinados para no perder la poltrona conseguida y todo lo que esta conlleva.
Poco a poco, iniciarán meticulosamente la búsqueda de adeptos para formar un equipo propio y así poder  aspirar a metas cada vez más altas. Como la ambición de estas personas es ilimitada y no tienen prisa, esperarán pacientemente a que el líder flaquee o cometa algún fallo importante e intentar entonces  moverle la silla. Es posible que se sientan  versos sueltos, o rotos si se quiere, pero no importa. Si resisten, si saben esperar pacientemente, el premio final merecerá la pena.  Mientras tanto y no, si se presenta la oportunidad,  intentarán reorientar disimuladamente el entramado ideológico tradicional del partido, adecuándolo  a los nuevos cánones de la progresía, dictados por el Grupo Prisa.
Esto es, ni más ni menos, lo que ha intentado hacer ese grupo madrileño, de marcado carácter  gallardonista, que actuó a través de la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, del actual presidente del Pleno del Ayuntamiento de la capital de España, Ángel Garrido y del secretario de la Mesa del Congreso, Santiago Cervera.  Aprovechando el debate abierto en el 17 Congreso del Partido Popular, celebrado en Sevilla, con la Ponencia Ideológica, quisieron colar de matute dos enmiendas, totalmente contrarias a la ideología tradicional del partido. Querían, ni más ni menos, suprimir las raíces culturales cristianas que han marcado al Partido Popular desde su fundación y admitir como la cosa más normal del mundo el matrimonio homosexual.
La absurda pretensión de suprimir ahora  el término “cristiano” de los estatutos del Partido popular, se debe exclusivamente o a la ignorancia o a una inconfesable segunda intención. Y nadie puede tener a estas personas por ignorantes y, mucho menos,  a quien las dirija desde la sombra. Es evidente que el término “cristiano” que quieren borrar de la expresión “humanismo cristiano” no tiene nada que ver ni con la Iglesia, ni con sus instituciones. Es un término que hace referencia exclusivamente a la tradición cultural de Occidente, que propugna la libertad,  la democracia y una serie de valores morales ampliamente compartidos. Sustituir  la expresión  “humanismo occidental” o “europeo”, por “humanismo cristiano” no indica que seamos más modernos. Seremos, en todo caso,  más laicos y  más progres.
Menos mal que el Partido Popular ignoró estas enmiendas, que buscaban intencionadamente ahondar el cambio de la identidad del partido, alterando algunos de sus principios y valores tradicionales. Querían romper, de una vez por todas, con todas esas ideas que nos uniformizan cultural, social y religiosamente y, como no,  con el estereotipado modelo de familia. Se trata de valores fundamentales que defienden con coraje una gran mayoría de votantes y, sobre todo, la mayor parte de sus afiliados. Valores que entroncan, de manera muy directa, con el modelo cultural europeo, ampliamente comprometido con la libertad, la solidaridad y la democracia y  que, personajes tan ilustres como Juan Luis Vives y Tomás Moro,  bautizaron con el nombre de  “humanismo cristiano.
La solución dada  a la otra enmienda, la que proponía aceptar sin más, en todos sus términos, la actual  legislación sobre el “matrimonio” entre personas del mismo sexo, resultó bastante más ambigua y confusa. Se zanjó el tema sin entrar a discutir directamente la enmienda, dando por bueno, sin más, el texto elaborado por los ponentes. Se defienden con toda rotundidez los derechos de los homosexuales, mostrando un exquisito respeto hacia las decisiones que puedan tomar estas personas,  en relación con su vida afectiva. Así que, de momento, todo sigue igual y, para tomar una decisión definitiva,  nos remiten  a lo que dictamine en su día el Tribunal Constitucional sobre los enlaces entre parejas del mismo sexo.
Preocupa, eso si, la posibilidad de doble lectura de alguno de los textos de la ponencia. De alguno de ellos, en lo que se refiere a la unión de personas del mismo sexo,  puede deducirse fácilmente que los ponentes están más cerca de la enmienda presentada, que de la doctrina tradicional del partido en esta materia. Aunque no se incluye explícitamente la propuesta de las enmiendas, se pide beligerancia con las actitudes intolerantes y discriminatorias hacia estas personas. Y van más lejos cuando, según dicen, muestran “nuestro compromiso con el reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales, para elevar a la categoría legal y política de normal lo que en la calle es plenamente normal".
Esto nos lleva al guiño que en su día hizo el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, a la izquierda política a cuenta de la constitucionalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo. Quiso ser una vez más el “verso suelto” del Partido Popular, al marcar distancias con la, hasta ahora, postura oficial del partido sobre este tema. En una intervención suya en la Cadena Ser, dijo claramente que el Gobierno esperaba la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la actual ley del matrimonio homosexual para actuar en consecuencia. Y para que no quedaran dudas sobre su postura, añadió seguidamente sin titubeo alguno: “Personalmente no aprecio causa de inconstitucionalidad, pero lo mío es un pronóstico".
No creo que haya nadie que critique hoy día la unión afectiva  de dos personas del mismo sexo. Cuentan, para ello, con todas las bendiciones de la ciudadanía  y nadie les niega la posibilidad de hacerlo con las mismas garantías  y derechos jurídicos que los matrimonios tradicionales, Pero no es estrictamente  un matrimonio. Necesita, eso sí, un nombre apropiado, un nombre que defina por sí solo ese tipo de unión. El matrimonio es otra cosa, es algo diferente. A cualquier diccionario que acudamos, veremos que el matrimonio lo forman siempre dos personas de distinto sexo, que se complementan entre sí. Llamar matrimonio a la unión de dos hombres entre sí, o de dos mujeres, es tanto como desnaturalizar la institución matrimonial, que es tan antigua como la propia humanidad. No hay etapa del desarrollo humano, ni cultura alguna, por rara que esta sea, donde no se haya celebrado ese acto que, desde siempre, se ha llamado matrimonio.
Que el Partido Popular ha estado adscripto al humanismo cristiano desde su fundación, es algo incuestionable. Hasta no hace mucho, había sido siempre un partido inspirado en los principios y en los valores éticos y morales propios de la cultura occidental. Pero hoy pintan bastos y, donde antes había claridad, ahora todo es confusión y desconcierto. El coqueteo de tanto “verso suelto” con ese progresismo de vía estrecha, que predica sin desmayo el Grupo Prisa, ha contaminado gravemente al Partido Popular.
Gracias a la labor de zapa, realizada interesadamente por esas gaviotas disidentes o descarriadas, el matrimonio y la familia han perdido casi todo su valor en el partido. Como otros muchos valores morales, han pasado a ser indefectiblemente algo más fútil y  banal. Es cierto que, por decisión de los compromisarios que acudieron al Congreso de Sevilla, sigue manteniéndose, tal cual, lo de humanismo cristiano, pero prácticamente solo de nombre.
Estaríamos, por lo tanto, ante un humanismo cristiano claramente devaluado ya que, según todos los indicios, o se cambió la orientación ideológica del partido o, por lo menos, se ha puesto en marcha un cambio brusco de estrategia con un nuevo replanteamiento de los principios y valores tradicionales. En todo caso, desde el año 2008, se ha venido produciendo un alejamiento progresivo y peligroso de las bases electorales del partido. Hasta ahora, esas bases se han mantenido fieles a pesar de todo. ¿Qué hubiera pasado si la gestión de Rodríguez Zapatero hubiera sido más normal  y menos catastrófica? 
Gijón, 29 de febrero de 2012 
José Luis Valladares Fernández

viernes, 5 de agosto de 2011

CUALQUIER DISCULPA ES BUENA

Ya va siendo hora de que José Luis Rodríguez Zapatero deje de soñar despierto, analice desapasionadamente la crítica situación económica española y escuche el clamor de la calle que pide su dimisión inmediata. Y más ahora que, por instigación directa del candidato Rubalcaba o de Felipe González, o de ambos a la vez, un medio de comunicación tan poco sospechoso y significativo como El País se une, de  manera inesperada, al coro de los que exigen insistentemente elecciones anticipadas. Ayer mismo, en un editorial claro y contundente del diario de Prisa, se afirmaba rotundamente que si Zapatero "quiere rendir un último servicio" a España debe abandonar el poder "cuanto antes".  Además, continua el editorial, puede estar seguro que "los españoles en su conjunto, y los votantes socialistas, en particular, se lo agradecerán”.

El diario El País no duda en aportar las razones que le han llevado a tomar semejante determinación: "nos encontramos con un país amenazado de ruina (atrapado en la vorágine de los mercados financieros desatada sobre Europa), sin perspectiva, con serios problemas de cohesión social y aun territorial, en el que cunde la desilusión entre los ciudadanos sin distinción de ideologías o de clase social".  Y concluye diciendo que  existen "motivos más que fundados para la intranquilidad". Hasta el consejero delegado del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, firma un artículo, en el mismo periódico, expresando iguales o similares pretensiones. Y no duda en afirmar que el "deterioro preocupante" del PSOE "amenaza con desequilibrar el futuro inmediato de nuestras instituciones políticas".

Hoy estaríamos caminando hacia la recuperación económica definitiva, si aquel 12 de mayo de 2010 Rodríguez Zapatero, en vez de anunciar el mayor recorte social de la historia española, disuelve Las Cortes y presenta su dimisión irrevocable. Pero su inteligencia y su responsabilidad no daban para tanto. Se cansó de fanfarronear que mientras él fuera presidente no se tocarían ni las pensiones, ni el sueldo de los funcionarios, ni nada que supusiera la más mínima merma del Estado de  Bienestar. Cuando Ángela Merkel y otras instancias comunitarias le leyeron la cartilla, en vez de presentarse en El Congreso y renunciar a su cargo, prefirió desdecirse cobardemente y tragarse su orgullo y, con la cara demudada, anunciar un recorte drástico de gastos a costa del salario de los funcionarios y de las pensiones.

Nuestra economía se halla en situación catatónica y socialmente caminamos con paso firme  hacia una descomposición generalizada. Está además muy claro que la pérdida de confianza de Zapatero es clamorosa y evidentemente irrecuperable. Y aún así, no hay manera de que el presidente del Gobierno disuelva las cortes y se vaya tranquilamente a su casa. Dice que su responsabilidad se lo impide, ya que antes, dice,  tiene que completar las distintas reformas que se han puesto en marcha que ni son reformas, ni son nada. Ahora han encontrado otra disculpa más para prolongar la inconcebible agonía de esta legislatura. Es Jáuregui, el actual portavoz del Gobierno, el que nos dice que el adelanto de las elecciones sería extremadamente perjudicial para la solvencia y la credibilidad de España. Lo que hay que ver y que escuchar. Por lo que se ve, cualquier disculpa es buena, cuando se trata de seguir en la poltrona

Rodríguez Zapatero ha conseguido que el año 2011 resulte más largo que el año 46 de la antigua Roma.  El año 46 a. c. fue largo para los romanos, ya que Cesar introdujo tres meses de los llamados intercalares para reajustar el calendario romano al año astrológico. El año 2011, sin embargo, está resultando ya demasiado largo por el empecinamiento de Zapatero en mantenerse, contra viento y marea, al frente del tambaleante Gobierno español. ¿Qué pretende? ¿Disponer de tiempo para dejar aceptablemente colocados a todos sus pupilos, o al menos a la mayoría de ellos? ¿O simplemente se trata de satisfacer su desmedido ego personal? No hay, en realidad, más salidas.

Barrillos de Las Arrimadas, 19 de julio de 2011

José Luis Valladares Fernández

Nota:
Esta entrada fue escrita el día 19 del pasado mes de julio. Posteriormente a esta fecha, Zapatero se descuelga con el anuncio de que las Elecciones Generales se adelantarán  al 20 de noviembre. Nos ahorra simplemente tres meses de agonía.  Demasiado poco tiempo para lo largo que se nos está haciendo esta legislatura. Si le quedara aún algo de vergüenza torera, disolvería ya las Cortes ahora en agosto, en vez de hacerlo, tal como ha anunciado, a finales de septiembre.

martes, 26 de mayo de 2009

LOS VERDADEROS HEREDEROS DE FRANCO

Es muy fecuente que, desde las filas del PSOE, se acuse a los miembros del Partido Popular de ser herederos del franquismo. Y lo hacen, claro está, con la mala intención de estigmatizar a toda la militancia del PP. Sin embargo ellos, los socialistas españoles, se presentan a sí mismos, como auténticos y ejemplares antifranquistas y, como tales, tuvieron que soportar verdaderas y crueles represiones.
Dentro del franquismo, como es natural, había más de una tendencia. Estaba, por un lado, el grupo de los que, renunciando voluntariamente a muchas cosas, iniciaron el prometedor proceso de la transición y que concluyó con el advenimiento de la deseada democracia. Había otro grupo, más adicto al tic antidemocrático del régimen que supo aprovecharse de tal circunstancia para medrar considerablemente. En este grupo estarían muchos de los que, muerto Franco, se proclamaron demócratas de toda la vida y esencialmente antifranquistas y que pasarían a engrosar las filas del PSOE.
Los únicos antifranquistas de corazón, cuando en realidad era sumamente peligroso serlo, formaban parte del Partido Comunista de España. Pero no exponían su vida por la libertad, como pregonan a veces. Lo hacían para imponer otro tipo de dictadura, mucho más cruel e inhumana que la impuesta por Franco, la dictadura comunista al estilo soviético.
Ahí está el ejemplo de Prisa, heredando lo peor que tenía el franquismo. Y lo demuestran, día a día, tratando de silenciar a todo aquel que no piensa como ellos. Han buscado desesperadamente el cierre de la Cope y de aquellos otros medios que no admiten su tutela. No toleran que pueda haber profesionales que piensen y obren por si mismos y no sigan los consejos paternalistas del grupo empresarial.
El inicio empresarial del principal fundador del grupo Prisa no pudo ser más modesto. Jesús Polanco comenzó vendiendo libros a domicilio, con el noble fin de costearse sus estudios. Como la mayor parte de los jóvenes de aquella época, Polanco figuraba en las listas del Frente de Juventudes y utilizó profusamente la camisa azul y el correaje hasta que alcanzó, con creces, la edad madura. Finalizada la carrera de Derecho, comienza su trayectoria profesional en diversas tareas editoriales, y en 1958 funda la Editorial Santillana. Como descubrió muy pronto que la mejor manera de triunfar en el mundo de los negocios era estando a bien con los que mandaban, sin importar su signo, buscó la manera de colocarse a la sombra del régimen. Pronto vio como su negocio editorial, pilotado desde dentro del franquismo, no tenía límites.
El primer pelotazo vendría de la mano de Ricardo Diez Hotchleiner, subsecretario del ministro de Educación Villar Palasí, que, según todos los indicios, dio a Polanco información privilegiada sobre los textos escolares de la reforma educativa antes de que esta se promulgara oficialmente. Esto determinó que, para iniciar el curso 1970/1971, no hubiera más libros de texto adaptados a la nueva ley que los de la editorial Santillana. Los demás editores, al desconocer el contenido de la reforma, no pudieron llegar a tiempo para competir con Polanco. Este éxito económico sin precedentes le animó a internacionalizar sus negocios editoriales y multimedia, consiguiendo hacer las Americas.
El alter ego de Polanco lo tenemos en el académico Juan Luis Cebrián, siendo el verdadero mentor intelectual del holding de Prisa. Cebrián hizo toda su carrera en el aparato de información del franquismo. Su padre, Vicente Cebrián, era el director del diario Arriba, órgano de comunicación de la Falange Española. Es precisamente su padre el que intercede para que, a sus 19 años de edad, entre a trabajar como redactor jefe en Pueblo, el diario vespertino del Movimiento, que dirigía Emilio Romero. En Pueblo llegó a ocupar el cargo de subdirector, antes de pasar a Informaciones.
En 1974, por mediación de Pío Cabanillas es nombrado jefe de los servicios informativos de RTVE, con el visto bueno Arias Navarro, presidente de aquel último gobierno franquista. Para acceder a este cargo, tuvo que pasar rigurosos filtros que acreditaran un incuestionable pedigrí franquista, que acreditó sobradamente.
Fue en los estertores del régimen cuando se unió a Polanco, buscando nuevos horizontes ante la nueva situación política que se adivinaba. Para lograr una buena posición de salida, no dudó en travestirse cambiando, de la noche a la mañana, de fervoroso franquista al más entusiasta de los antifranquistas. Conservó, eso si, los modos dictatoriales que practicó con entusiasmo mientras sirvió al régimen. Y, como entonces, trata ahora de imponer sus criterios. No sabe hacer otra cosa. Solamente que ahora, para lograrlo, acude sin miramiento a la ética y al antifranquismo.
Tanto Cebrián como Polanco, y otros muchos prebostes del PSOE actual, fueron niños mimados del régimen, a la sombra del cual medraron extraordinariamente. Los ataques al franquismo, una vez desaparecido Franco, buscan despistar a los incautos y disimular el padrinazgo del que se aprovecharon a fondo.
Y por si esto fuera poco, las huestes socialistas, políticamente débiles y divididas y sin apenas militancia de antifranquistas, salieron ampliamente beneficiadas con la transición a la democracia. Se temía que, en la transición, el PCE se alzase como el gran partido de la izquierda española. Y con el único fin de cortarle el paso, se benefició descaradamente al PSOE con todo tipo de ayudas mediáticas y financieras por parte de la UCD y hasta de la misma derecha alemana.

José Luis Valladares Fernández