Mostrando entradas con la etiqueta socialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta socialismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de julio de 2010

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN PELIGRO

Para un intelectual, imbuido hasta el extremo de la dialéctica hegeliana como Karl Marx, era absurdo echar tiempo, como hacían los utopistas, en organizar la Tierra Prometida, descrita al detalle por los socialistas primitivos. Si el proceso dialéctico conduce ineludiblemente al socialismo, esa Tierra Prometida se impondrá de manera inevitable. De ahí que pensara Marx, que hasta la propia ciencia debiera abstenerse de realizar estudio alguno sobre el carácter y la esencia del socialismo. Se debe prescindir incluso de pensar e investigar científicamente la organización y menos aún el funcionamiento de la economía socialista. Con predicar la llegada del nuevo paraíso terrenal para todos los desheredados de la tierra, negar el carácter necesario y universal de la lógica y hasta del propio pensamiento, es ya más que suficiente.
A pesar de las recomendaciones de Marx, los que marcan la pauta actualmente dentro del socialismo, al menos en España, buscan transacciones entre sus ideas socialistas y otros intereses o aspiraciones particulares que no encajan muy bien en el ideario socialista. Al lado de la doctrina, más o menos ortodoxa y tradicional del socialismo, como es ofrecer un porvenir venturoso a los ciudadanos y la futura humillación de los ricos y poderosos, se muestran como auténticos utopistas. Las utopías sobre el papel pueden ser incluso hasta muy atractivas, pero a la hora de aplicarlas aparece casi siempre su carácter abstracto y son prácticamente inaplicables a la cruda realidad cotidiana.
Al no funcionar la utopía surge la idea del complot y aparece indefectiblemente la opresión. Cuando algo no funciona o funciona mal, es que hay alguna fuerza reaccionaria que la sabotea. Y esto ocurre en cualquiera de los campos de la vida, sean estos políticos, económicos o estén en la esfera de lo ético o moral. Los que actualmente se presentan en España como el no va más del progresismo de izquierdas, si pudieran, nos llevarían a todos los españolitos a vivir minuciosamente uniformados como los incas en su antiguo imperio. Las casas de los incas eran todas iguales, vestían todos de la misma manera y hasta los peinados eran idénticos. No había lugar para las diferencias. Hasta la misma hora de la comida y hasta el propio menú estaban perfectamente establecidos por ley.
Y con un reconocido utopista, como Zapatero, al frente del socialismo español, no es de extrañar que intenten controlarnos desde que nacemos, hasta más allá de nuestra muerte. Desde su llegada a La Moncloa, el Gobierno no ha hecho más que poner coto a la libertad de los españoles. Es verdad que los socialistas son muy amigos de esa libertad, de su propia libertad, pero no de la del prójimo que pueda coartar la suya. Si por los socialistas fuera, y vaya que si lo intentan, pondrían en marcha un sistema igualitarista integral que afectaría a todos, menos a ellos y a sus amigos. Tratan de crear un igualitarismo que les ayude a perpetuarse indefinidamente en el poder. De ahí que quieran hurtar a los padres el derecho que tienen a educar a sus propios hijos, para así hacer de ellos sumisos sectarios, adoctrinándoles adecuadamente desde la cuna. Ese es el fin que se persigue con la malintencionada asignatura de Educación para la Ciudadanía.
No podemos esperar de los socialistas españoles, salvo honrosas excepciones, que crean en el honor, en la lealtad, en el amor y mucho menos en la honestidad. Y de Rodríguez Zapatero, menos que de nadie. El presidente del Ejecutivo desconoce cualquier otra manera de hacer política que no esté basada en el rencor y en el odio. La mayor parte de los proyectos de ley enviados por el Gobierno socialista al Parlamento, empezando por la Ley de Memoria Histórica y terminando con la nueva Ley de interrupción Voluntaria del Embarazo, están informadas por una abundante dosis de odio visceral a los que defienden unos valores tradicionales y una moral transcendente. Es por eso que no solamente rivalizan con la Iglesia Católica y con todo lo que huela a cristianismo, sino que también han declarado la guerra sin cuartel a todas aquellas instituciones y medios de comunicación que no acatan ciegamente las ocurrencias de Zapatero. Ahí está el trato que, desde el Gobierno, se ha dado a la Cadena Cope y a Intereconomía, muy diferente por cierto del recibido por la Ser, la Cuatro y la Sexta.
Con motivo de la celebración en Madrid del día del Orgullo Gay, Intereconomía aprovechó el evento y emitió un spot que, en resumen, pedía que los no Gays estuvieran también orgullosos de su condición sexual durante todos los días del año. Dicho spot fue tildado de “homófobo” por los organizadores de la mascarada Gay y han pedido el cierre de la emisora. Y el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián Gascón, presto a mantener las esencias del progresismo miope y utópico, sanciona al Grupo de Intereconomía con una multa de 100.000 euros, por considerar que el spot era un insulto para los Gays.
El spot que apareció en Intereconomía-TV no es en absoluto “homófobo” como quieren hacer ver cuatro indigentes intelectuales, ni hay en él ni desprecio, ni menoscabo para el colectivo Gay. Quienes sí los han vejado y ofendido gravemente son aquellos que han organizado y participado en semejante carnavalada por las calles de Madrid. La algarada callejera, con la guisa que se llevó a cabo, las pintas desvergonzadas y los slogans ofensivos contra quienes han optado por otra opción sexual distinta a la suya, lejos de aportar una mayor comprensión y respeto, con el desaire que provocan, lo más que pueden ocasionar, por simple reacción, es un mayor rechazo. En otros tiempos, los Gays eran fuertemente discriminados, cosa que hoy día, en general, no ocurre. En la actualidad, tanto los heterosexuales como los homosexuales que se comportan con normalidad, gozan de idéntico respeto y dignidad.
Seguro que la sanción impuesta al Grupo de Intereconomía no fue por emitir tan intranscendente spot. El spot fue simplemente la disculpa. Se trata de amordazar, ni más ni menos, a este grupo de comunicación que se resiste a acatar recomendaciones gubernamentales y ser un poco la voz de su amo. Si la sanción administrativa se debiera al comentado spot, el Ejecutivo tendría que haber sancionado, de manera más evidente, a la emisora de televisión que retrasmitió la manera aberrante de cocinar un Cristo. Emisión que, por razones lógicas, ofendió a muchas más personas que a las que pudiera haber molestado el spot de Intereconomía.
Tampoco se le ocurrió a Miguel Sebastián sancionar administrativamente a la Cuatro, cuando Manolo Lamas, enviado a Hamburgo para retransmitir una final de futbol, se burló repugnantemente de un pobre mendigo callejero. Esta misma cadena de televisión, hace muy pocas fechas, volvió a hacer el ridículo al reírse de una muchacha pobre de Paraguay, que vive prácticamente en un vertedero de basura. Y a pesar de que este pequeño reportaje obligó al embajador español a pedir disculpas al Gobierno paraguayo, nuestro Ejecutivo aún no ha dado señales de vida, ni esperamos que lo haga. Se trata, claro está, de emisoras prestas a ejercer de lacayas del zapaterismo más abyecto. El ministerio de Industria, convertido últimamente en algo así como una oficina siniestra para censurar lo que se salga del “pensamiento único”, más que castigos, les impondrá alguna medalla por su ayuda en el desarrollo de esa especie de ingeniería social, ideada por Zapatero para cambiar los usos y costumbres de la sociedad española.
No es este el caso del Grupo de Intereconomía que no admite mordazas y se considera con todo el derecho del mundo a opinar libremente y que nadie le imponga un ideario. Además, se considera con pleno derecho a criticar lo criticable del Gobierno. Y se da la circunstancia de que este Gobierno, de todos los de la democracia, es el que más críticas ha merecido y, sin embargo, es claramente el más reacio a admitir que le critiquen. Ni libertad de expresión, ni de opinión, ni gaitas. Este Gobierno no está dispuesto a consentir que los grupos de comunicación piensen por sí mismos y en todo momento quiere ser él quien fije lo que es políticamente correcto. Y por lo que parece, Miguel Sebastián es el máximo guardián de las excelencias de la nueva forma de pensar por decreto, como Rubalcaba es el sumo comisario del Estado policial que quieren implantar. Que se lo pregunten, sino, al presidente de la Diputación de Alicante y a los concejales de Orihuela. Alfredo Pérez Rubalcaba está haciendo méritos, más que sobrados, para convertirse en el Rasputín del siglo XXI

Barrillos de Las Arrimadas, 8 de julio de 2010

José Luis Valladares Fernández

lunes, 24 de mayo de 2010

LOS VAIVENES DEL ESTADO DEL BIENESTAR

El término “Estado del Bienestar” tiene su origen en una expresión del Arzobispo de Canterbury, William Temple, allá por el año 1945, recién terminada la segunda Guerra Mundial. Como reacción ante las nefastas y dolorosas experiencias tan recientes del “estado de guerra” (warfare state), William Temple invocaba las políticas propuestas ya en 1936 por John Maynard Keynes, como respuesta ideológica a la Gran Depresión de 1930. Para ello se le ocurrió sustituir la frase warfare state, por welfare state (“estado de bienestar”), muy similar a la anterior, pero con un significado totalmente diferente.
A partir de entonces, la frase “Estado del Bienestar” se ha venido utilizando como propuesta política que, además de resumir perfectamente las ideas keynesianas sobre la mejor forma de organizar los trabajos, encomienda al Estado la provisión de unos servicios que garanticen mínimamente el bienestar social de los ciudadanos. Esto presupone una armonización adecuada de estos tres elementos: democracia, intervención económica y bienestar social. Con el tiempo el “Estado del Bienestar”, paso a denominarse “Estado del Bienestar Social”.
Esta política del “Estado del Bienestar Social”, aunque con otros nombres más difusos, comienza a fraguarse lentamente en pleno siglo XIX, como consecuencia de la presión ejercida por el incipiente movimiento obrero sobre los gobiernos de los países europeos embarcados en su industrialización acelerada. En un principio, a pesar de la presión constante de los diversos movimientos sociales que se fueron creando, los gobiernos eran reacios a modificar la legislación para mejorar las condiciones laborales. Los avances logrados inicialmente respondían a mediadas aisladas y su valor tenía muy poca transcendencia. Pero poco a poco, y a base de tesón de las fuerzas sociales, las mejoras fueron aumentando y terminaron por consolidarse de manera definitiva.
En la primera mitad del siglo XX, con la proliferación de estados totalitarios que controlaban férreamente todas las actividades estatales de cada país, incluida la economía, los derechos sociales corrieron serios peligros y estuvieron a punto de sucumbir, juntamente con el liberalismo y la democracia que eran sus principales valedores. El peligro aumentó con la Gran Depresión, ya que las dictaduras totalitarias solucionaron, aparentemente mejor que nadie, la terrible crisis económica universal que se prolongó durante toda la década anterior a la Segunda Guerra Mundial.
Finalizada esta guerra, y gracias a las doctrinas keynesianas que postulaban la conjugación armónica del bienestar social y el crecimiento económico y bajo el impulso decisivo del liberalismo y la Democracia Cristiana, los derechos sociales se consolidaron definitivamente. Es entonces cuando los Derechos Humanos y la propia dignidad humana adquieren toda su relevancia y son respetados casi unánimemente en todos los países occidentales. A partir de ese momento, además de la defensa del orden público y velar porque se cumpla la ley, el Estado ha de hacer frente a otras obligaciones más cercanas a los ciudadanos. Ahora se debe encargar también de que la riqueza se distribuya de un modo más justo, a la vez que se constituye en protector real de los colectivos más débiles de la sociedad, dando preferencia a los más pobres y desvalidos.
Es todo un acuerdo, en consonancia con las previsiones keynesianas, entre los diversos agentes que intervienen en la producción: el Estado, los dueños de los medios de producción y los trabajadores. El Estado garantiza el proceso de redistribución de la riqueza y presta los oportunos servicios de seguridad y bienestar social y asume la responsabilidad de conseguir una situación de pleno empleo. El capital o los propietarios de los medios de producción aceptan de buen grado la redistribución de las rentas por mediación del Estado. Y los obreros, representados por los sindicatos y los partidos políticos, renuncian públicamente a cuestionar la propiedad privada.
El Estado del Bienestar Social, tal como lo conocemos, es hoy uno de los grandes e indiscutibles logros de los países europeos, copiados posteriormente por el resto del mundo. La consolidación del mismo ha supuesto que la Seguridad Social, que en un principio afectaba solamente a los trabajadores, se extienda ahora a todos los ciudadanos. Es a todos los miembros de la sociedad a los que se les reconoce el derecho a disfrutar de una pensión digna, a ser atendidos sanitariamente y poder acceder a una educación adecuada y a los demás servicios públicos que presta el Estado. El Estado de Bienestar Social se ha convertido hoy día en el sello de identidad de los pueblos más avanzados de Europa.
Como es costumbre inveterada entre los socialistas, al tratarse de algo claramente positivo, reclaman la paternidad en exclusiva del Estado del Bienestar Social, lo que no es cierto. Y menos tratándose de un socialismo sectario y radical, como el que padecemos en España. Es cierto que, en el desarrollo progresivo de este Estado de Bienestar, han tenido mucho que ver los socialdemócratas. Pero no es menos cierto que, en su desarrollo definitivo, han intervenido otros factores ajenos a esa socialdemocracia. La Iglesia misma con sus doctrinas sociales, diversas élites políticas conservadoras y algunos sectores liberales y demócrata-cristianos, han dejado su impronta en la formación y consolidación definitiva del Estado del Bienestar.
El socialismo arcaico español, liderado por José Luis Rodríguez Zapatero y sus acólitos, sí es responsable en cambio de las enormes dificultades existentes hoy día para mantener ese Estado de Bienestar Social. El Estado de Bienestar se comporta como una sociedad interdependiente, donde todos sus agentes deben dar muestras inequívocas de responsabilidad, y exige además una perfecta sincronización entre el ámbito político y el económico. Y la mística del socialismo español, exageradamente ideologizado y anclado en las formas políticas de la primera mitad del siglo XX, le lleva a un intervencionismo notable y a una exigencia de ventajas que complican la misma existencia del Estado del Bienestar.
La historia es tozuda y se repite una y otra vez. El Estado del Bienestar mejora su salud cada vez que están, al frente del Gobierno, fuerzas de tipo liberal o conservador. Cada vez que llegan los socialistas al Poder, intentan agrandar las funciones del Estado y limitar la iniciativa individual para dar pábulo a sus ansias intervencionistas. Son muy dados a los gastos suntuarios, así que el crecimiento exagerado de la burocracia estatal que provocan, les obliga a buscar nuevas fuentes de ingresos para disponer de fondos suficientes. Para ello acuden a la elevación de los impuestos y a la creación de otros nuevos, medida que los ciudadanos acaban calificando de confiscatoria y atentatoria contra la libertad.
La fiscalidad exagerada determina una disminución notable del dinero disponible para la financiación de las empresas y también para el gasto normal de los ciudadanos. De este modo se contrae el consumo, complicando aún más la viabilidad de esas empresas. El deterioro que de este modo soporta el tejido industrial se traduce evidentemente en la destrucción creciente de puestos de trabajo. Y con muchos parados, como es nuestro caso, hablar del Estado del Bienestar, resulta más bien muy irónico y sumamente sarcástico.

Gijón, 23 de mayo de 2010

José Luis Valladares Fernández

lunes, 17 de mayo de 2010

LA PENSIÓN NO ES UN REGALO

Los jubilados que escuchan con cierta asiduidad cualquiera de las emisoras públicas, terminan por convencerse que, la pensión que reciben, es algo gracioso que les proporciona el Gobierno para subsistir. Y son muchos los pensionistas que tragan semejante patraña. No piensan que el dinero de la jubilación es algo que fueron ganando, a base de enormes sacrificios, durante toda su larga vida laboral haciendo frente a unas cotizaciones establecidas. Es algo que se les debe, de manera inapelable, por estricta justicia social.
Del mismo modo que han sido convencidos de la generosidad del Gobierno socialista, a la que creen deben su pensión y los escasos porcentajes de subidas ocasionales a comienzos de cada año, toman con filosofía la congelación anunciada para el próximo año de 2011, ya que están convencidos de las monsergas con que abren los informativos de dichos medios de comunicación, en los que repiten, por activa y por pasiva, que se trata de un esfuerzo imprescindible para salvar el país. Y ahora ya no les bastan los informativos. Es tal la hecatombe económica que ha montado Zapatero, que todos sus cortesanos se ven obligados a intervenir en los programas de telebasura, donde, para mantener el embeleco, repiten una y otra vez las mismas consignas y donde, indefectiblemente, aparecen los famosos trajes de Milano de la Comunidad de Valencia. Muy mal tienen que verlo para que Pepiño Blanco suba con decisión a La Noria para vender las bondades del último tijeretazo incomprensible de Zapatero.
Parece ser que el incompetente Rodríguez Zapatero no tiene más fuentes de ingreso, que le permitan seguir con su desaforado despilfarro, que las sufridas clases medias españolas, entre las que se encuentran los jubilados. Con los pensionistas la injusticia que se comete es manifiesta. Pues en 2010, por culpa de la variación del IRPF, pasaron a cobrar menos que en 2009, a pesar de la desvergonzada carta del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, que les aseguraba el mantenimiento del poder adquisitivo. Y esto sin tener en cuenta que, desde que acceden a la jubilación, año tras año, se les ha revalorizado la pensión siempre por debajo del coste de la vida. Hecho que se acentúa en épocas de recesión económica como la que padecemos actualmente. Se produce este desaguisado, por el sistema que se emplea para fijar la inflación que se produce a lo largo del año.
Para fijar el porcentaje de revalorización de las pensiones. El Gobierno hace una previsión, más o menos lógica, del comportamiento que experimentarán los precios a lo largo del nuevo año. El porcentaje estimado de inflación futura determina el incremento que se aplica a las jubilaciones durante los próximos doce meses. Si al finalizar el año, la inflación sufre alguna desviación, superando la previsión realizada a principios de año, el diferencial se abona con la pensión de enero. Hay que tener en cuenta que, la inflación acumulada, refleja siempre las variaciones de precios de un amplio abanico de artículos que forman la cesta de la compra.
Es evidente que no todos esos artículos sufren las mismas subidas o bajadas de precios. Y sin embargo, todos se tienen en cuenta a la hora de fijar el porcentaje de subida de las pensiones. En circunstancias normales, los pensionistas consumen casi exclusivamente artículos de primera necesidad, como la alimentación, la luz o el gas. Estas personas apenas consumen ya ropas y no adquieren electrodomésticos, ni aparatos electrónicos ni coches que, en realidad, son los artículos que suelen frenar y moderar la inflación acumulada y que entran a formar parte de la cesta de la compra, junto con los artículos de primera necesidad. Y de todos estos productos de su particular cesta de la compra, la alimentación suele tener un peso real bastante mayor. Sin más, esto ya es determinante para sufrir una pérdida evidente del poder adquisitivo.
En épocas de graves crisis económicas, como la que vive ahora España, el problema se agrava considerablemente por la contracción lógica del consumo. Tanto los coches como los muebles y demás enseres, que hacen más fácil la vida, pasan a ser objetos de lujo y dejaran de tener salida en los mercados. Si ya, en circunstancias normales, todos estos artículos apenas si varían sus precios, en tiempos de recesión son objeto de ofertas especiales para facilitar su salida. El encarecimiento normal de los productos alimenticios, la luz y los demás artículos básicos, es neutralizado con las rebajas especiales de aquellos otros artículos de lujo a los que no tiene acceso la inmensa mayoría de los jubilados. De este modo, el porcentaje utilizado para actualizar sus pensiones queda muy por debajo del encarecimiento real que han tenido que soportar.
Y ahora, a esa pérdida real de poder adquisitivo que soportan los jubilados cada año, hay que añadir la congelación de sus emolumentos. Pero ya sabemos que, para nuestros progres socialistas, el Estado del Bienestar es posible con poco dinero y teniendo que hacer verdaderos milagros contables para llegar a fin de mes. Es la consecuencia lógica del paso de los socialistas, aún sin reciclar, por el Gobierno español. Esta congelación de las pensiones obligará a más de un jubilado a engrosar lamentablemente esa abultada cifra de pobres que, en estos momentos alcanza ya a más de un 20% de la población.
Históricamente el socialismo español pierde la baba hablando del Estado del Bienestar y de las ayudas sociales que, según dicen, solamente ellos garantizan, pero no hacen otra cosa que generar pobreza y miseria. Eso si, cuando llegan al Gobierno, dilapidan hasta el último céntimo y ponen en peligro hasta la viabilidad misma de las pensiones. Y Zapatero no tiene rival, en eso de derrochar el dinero de los españoles en subvenciones absurdas y en verdaderos caprichos electorales. Y ahora, con las arcas públicas vacías, no duda en aligerar los bolsillos, ya exangües, de los pensionistas.
Después del atraco a los jubilados, perpetrado con premeditación y alevosía, Zapatero sigue a lo suyo, utilizando el erario público para comprar la paz social a los sindicatos mayoritarios y para pagar favores a los de la ceja y a los titiriteros. A pesar del mandato del Parlamento, Zapatero no se ha dado por enterado y ahí siguen esos ministerios inútiles, con personas al frente de los mismos más inútiles todavía. Lo suyo es jugar al despiste –no vale para otra cosa- y tratar de engañar a los incautos. Cuenta para ello con los medios de comunicación públicos y los amigos. Dirá que lo que hace, lo hace por responsabilidad y, por responsabilidad, lo que tenía que hacer era convocar elecciones de inmediato y largarse. El ejercicio de Gobierno no es para simples aficionados.

Gijón, 17 de mayo de 2010

José Luis Valladares Fernández

jueves, 6 de mayo de 2010

MIENTEN SIN COMPLEJOS

La mentira, entre los socialistas, siempre ha sido una de las herramientas políticas preferidas. Es algo que han utilizado, sin el menor reparo, de manera habitual y constante. Con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la Moncloa, faltar a la verdad a sabiendas, es el pan nuestro de cada día. Aquel “España no se merece un gobierno que nos mienta” fue un acto de cinismo de Alfredo Pérez Rubalcaba, auténtico campeón de, la falacia y la mentira.
En la izquierda siempre se ha mentido con desparpajo y hasta con fruición. Tradicionalmente han vivido de la mentira y la utilizaban sin pudor alguno. En su particular código de valores, no encontraban trabas o impedimentos éticos o morales que prohibieran mentir. Utilizaban la mentira como reclamo para buscar apoyos para sus posiciones políticas, pero, sin renunciar a la pillería, mentían con bastante más elegancia que Zapatero. Con Zapatero y su corte, la mentira ha perdido todo ese atractivo que arrastraba multitudes. Con los mentores actuales del socialismo español, la mentira política es ahora mucho más ramplona y rastrera. Ha perdido ese gancho que, a lo largo de la historia, encandilaba y movía multitudes. Les falta inteligencia hasta para mentir.
No es de extrañar que, al utilizar mentiras tan toscas, se descubra fácilmente el engaño y queden en ridículo ante la sociedad. Es lo que le pasó a Rodríguez Zapatero el otro día en una de las sesiones de control al Gobierno en el Congreso. Le preguntó Mariano Rajoy por los datos económicos que están llevando a España al borde del desastre. La contestación de Zapatero no pudo ser más burda. A pesar de tratarse de datos ampliamente conocidos y que, por lo tanto, no hay posibilidad de manipulación, el presidente del Gobierno obvia este hecho y se lanza al ruedo utilizando cifras económicas claramente maquilladas.
En su afán de ocultar la debacle española, Zapatero no duda en falsificar los datos de la Seguridad Social y trucar el estado de las cuentas públicas. E insiste en su mensaje puramente propagandístico. Repite una y otra vez, aunque con poca convicción, que “hay indicios de recuperación” y que “nos alejamos de la recesión”. Y fue aún más lejos en su atrevimiento: es muy posible, dijo, que en España se “haya registrado un crecimiento positivo” a lo largo de este primer trimestre del año, aunque la recuperación del empleo “será más lenta”.
Ante tales despropósitos, Rajoy, sin descender a datos muy concretos, le afeó las manifiestas falsedades sobre los ingresos del Estado y la reducción del déficit público. De ahí que no dudara en acusar al jefe del Ejecutivo de mentir a los españoles, con el agravante de hacerlo en sede parlamentaria. Mariano Rajoy termina su intervención echando en cara a Zapatero que sus “medidas económicas son una catástrofe” manifiesta y que “su credibilidad y capacidad para superar la crisis ha tocado suelo”.
Las falacias de Rodríguez Zapatero quedaron muy claras a lo largo de su alocución. Afirmó sin empacho que los ingresos del Estado crecieron, por primera vez en dos años, un 0,8% al cierre del mes de marzo pasado. La realidad es muy distinta, ya que la recaudación neta descendió un 1,9% en el primer trimestre, hasta 44.684 millones. Tampoco estuvo afortunado Zapatero al referirse al déficit. Según el presidente del Gobierno, el déficit experimentó últimamente una leve mejora. La realidad es más cruda: el Estado registró, hasta el mes de marzo, un déficit de 8.908 millones, lo que representa el 0,85% del PIB, frente al saldo negativo de 7586 millones registrados en el mismo periodo de 2009. Esto supone un aumento del 17,5% interanual. En una palabra, si anotáramos los ingresos por un lado y los pagos realizados por otro, utilizando el conocido sistema de caja, veríamos que el Estado alcanzó un déficit de 15.546 millones frente al saldo negativo de 11.345 millones del año 2009. Esto es, un 37% más respecto al primer trimestre de 2009.
Además de mentir miserablemente a los ciudadanos, todo el Gobierno está confabulado para amordazar a los medios de comunicación para que oculten las malas noticias económicas o al menos que las suavicen. Quieren tutelar las informaciones, ejerciendo de guía para dulcificar la realidad, sobre todo cuando perjudique al Ejecutivo. Es ni más ni menos lo que sucedió el pasado 28 de abril cuando la agencia Standard & Poor’s rebajó el rating de España en un grado, desde AA+ hasta AA, y con la amenaza evidente de nuevas rebajas, pues mantiene la perspectiva negativa para la deuda pública española
Teme el Gobierno que la nueva rebaja de la calidad de la deuda pública española haga dudar a los mercados de la solvencia de España y de su capacidad para cumplir con los compromisos económicos adquiridos. Esto entrañaría un serio peligro de cara al próximo mes julio, que es cuando el Tesoro debe hacer frente al vencimiento de más de 25.000 millones de euros de deuda pública. Y ésta, con ser ya una cantidad desorbitada, no es nada al lado de las necesidades totales de financiación del sector público para el año en curso, que superan con creces los 225.000 millones de euros. Agreguemos, además, las respetables cantidades de dinero que han devolver al exterior las propias entidades financieras españolas.
Tratando de minimizar los efectos peligrosos de estas informaciones, y con la excusa del “sentido de Estado”, salió en la televisión pública la ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, culpando a Grecia de los problemas de España y asegurando que “tiene un plan” efectivo, uno más, para evitar nuestra debacle económica. Con el mismo fin, el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, publica en Cinco Días un artículo para restar importancia al informe de la agencia Standard & Poor’s. Dice que “no queda claro en la nota cuáles son los elementos nuevos objetivos que han aparecido en los últimos meses".
Lo único que consigue el Gobierno con estas mentiras y disimulos, que se enquisten y se agraven peligrosamente los problemas económicos y que tengamos por delante un futuro permanentemente amenazador. Cuando hemos llegado a esta situación de tan elevado riesgo, es que no es verdad la afirmación de la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega: "sabemos hacer los deberes y los estamos haciendo bien".

4 de mayo de 2010

José Luis Valladares Fernández

martes, 2 de marzo de 2010

ZAPATERO ANTE EL ESPEJO

El novelista ruso Dostoievski, allá por el año 1870, y en su novela los Demonios, da vida a un personaje sumamente interesante, llamado Verjovenskii. Dostoievski analiza el perfil psicológico del protagonista de esta obra literaria con todo detalle. Se trata de una persona muy polémica, carente de interioridad, y con un yo totalmente disgregado y caótico que tiene algo de demonio rebelde y, a la vez, algo de ángel redentor.
Casi siglo y medio después, aparece en escena José Luis Rodríguez Zapatero, que parece el alma gemela de Verjovenskii. Son muchas cosas las que tienen en común ambos personajes. Verjovenskii, según la descripción de Dostoievski, es todo un arribista político, que se apoya en las masas y que no renuncia a utilizar el hambre, la miseria y el dolor de los desarrapados para conseguir sus objetivos, a veces no muy limpios, y que hecha mano hasta de la subversión si de ella saca algún beneficio inmediato. Son esas muchedumbres, carentes de lo más elemental, las que le dan fuerza y le animan a actuar como un ser superior y fanático.
Desde que Zapatero llegó a la Moncloa actúa y obra aquí en España como Verjovenskii en la Rusia zarista y prerrevolucionaria. Como el revolucionario de la novela, Zapatero se constituye en el portavoz de los pobres a quienes dice defender y en el azote de los ricos, ante los que se arruga. Pero como Verjovenskii, más que ayudar a las muchedumbres necesitadas, las utiliza, se sirve de ellas miserablemente para reforzar su liderato tambaleante. A la vista está que, con Zapatero, el pobre es cada vez más pobre y el número de los necesitados aumenta progresivamente. Ya hay en España más de 8 millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza.
Con frecuencia, se sirve cínicamente de los más necesitados. No duda en acudir a la mentira y en usar con fruición cualquier tipo de trapacería para convertir a estas masas de manera interesada en la voz de su amo. Pero cuando hay en juego algún interés a la vista, ni la propia evidencia le detiene. Para lograr sus fines, les llena de atractivas promesas que no cumple nunca y ofrece repartir con ellos, de una u otra manera, parte de lo acumulado despiadadamente por los ricos y los especuladores.
Y al igual que las muchedumbres descalzas y rotas apoyaban ciegamente a Verjovenskii, los españoles pobres, los que se ven cada vez más necesitados, cierran filas de manera patética e incomprensible alrededor de Zapatero, a pesar de que salen siempre defraudados. Y cuando interesa, que es casi siempre, la mentira y el engaño forman parte del operativo de este personaje incoherente que nos gobierna y que cada vez nos hunde más en el desastre económico. Ahí están las últimas elecciones generales de 2008, donde Zapatero ocultó interesadamente nuestra situación económica, mintiendo con el descaro más reprobable, afirmando una y otra vez que vivíamos en una especie de Arcadia feliz, como ningún otro país europeo. Lo nuestro era la “Champions League” de la economía.
En el discurso de Zapatero aparecen frecuentemente los términos de “bienestar social” y “gasto social”. Son términos que, evidentemente, ha puesto en circulación el socialismo. Y Zapatero los utiliza profusamente en beneficio propio. Pero la historia es terca por demás y nos demuestra que, con el socialismo en el poder, el “bienestar social” decrece y se deteriora y el “gasto social” su trueca en una exigua limosna o en un mero acto de beneficencia. Y con Zapatero, dada su manera voluntarista de actuar y el populismo exagerado que utiliza, esa tendencia se acentúa considerablemente. Tienen que venir los denostados Gobiernos de derecha, o de centroderecha, para que aumente y se refuerce el “bienestar social”. En cuanto al “gasto social”, manteniendo las asignaciones puramente asistenciales, e incluso mejorándolas, sustituirán las limosnas por puestos de trabajo, lo que permitirá a muchas más personas vivir holgadamente, sin las estrecheces a que les obliga una simple ayuda social.
Como Verjovenskii, Zapatero tiene una personalidad muy difusa, desestructurada psicológicamente por el comportamiento interno de su yo, que unas veces se comporta como un yo empírico y otras como un yo público o político. Esto provoca esa incoherencia típica de Zapatero que le inhabilita para elegir adecuadamente los momentos oportunos para actuar y, más aún, para adoptar las medidas precisas para salvar las situaciones de riesgo que se presenten. También él, como el protagonista de los Demonios, sobrevalora su imagen de líder y de conductor de masas, lo que le impide adoptar medidas impopulares, aunque sean sumamente necesarias. De ahí que, a pesar de la recesión que padecemos, agravada por su propia inoperancia, no adoptara, ni a tiempo ni a destiempo, ninguna de las medidas estructurales que se necesitaban y que han llevado a otros países a iniciar su recuperación.
Para este tipo de medidas malmiradas busca compartir responsabilidades con jefes de otros partidos, en caso de lograr un pacto con ellos. Si no se llega a ese pacto, Zapatero no hará nada y continuaremos hundiéndonos cada vez más en el pozo de la recesión, pero entonces, los culpables serán los otros por no haber “arrimado el hombro”. Con este proceder, demuestra un elevado grado de cobardía, ya que cuenta con los apoyos precisos para tomar cualquier tipo de decisión. Lo demostró con las nefastas leyes del aborto y de la memoria histórica. Además, él es el responsable del Gobierno. Que se deje de disculpas y que reconozca abiertamente que carece de la valentía que demostró José María Aznar en 1996, con un Gobierno más minoritario que el que tiene hoy Zapatero.

Gijón, 1 de Marzo de 2010

José Luis Valladares Fernández

lunes, 23 de noviembre de 2009

IRRESPONSABLES POR SISTEMA

La irresponsabilidad es una constante en la actuación de todos los miembros del Gobierno que padecemos. Es normal que sea así, ya que José Luis Rodríguez Zapatero, intencionadamente, procuró rodearse de auténticas medianías, tanto en el Gobierno como en los órganos influyentes del partido. Necesitaba a su alrededor personajes de tercera para que no le hicieran sombra ni desentonaran con él.
Es por esto que, cuando algún medio trate de comparar a los ministros del Gobierno de España con sus homólogos de otros países, queden en tan mal lugar y nos abochornen a todos los españoles. Es el caso de la ministra de Economía, Elena Salgado que, en el ranking que acaba de elaborar el Financial Times, sale muy mal parada. Según dicho rotativo ingles, Elena Salgado ocupa, a duras penas, el decimosexto lugar de un total de diez y nueve países de la Comunidad Económica Europea.
Y las soluciones que dan a los problemas a que han de hacer frente suelen concordar desgraciadamente con las escasas luces de que están dotados los gestores de la cosa pública española. Soluciones que no suelen pasar de simples ocurrencias y que, en la mayoría de los casos, complican aún más el problema. Estamos pagando muy caro la escasa talla intelectual, e incluso moral, de los que nos gobiernan.
Lo que si hacen muy bien, tanto los responsables del PSOE como los miembros del Gobierno, cuando salen a la palestra, es interpretar la misma partitura, cometiendo todos ellos las mismas disonancias y desafines respecto a la realidad de la situación. Y eso, incluso, aunque la partitura no venga a cuento. El rosario de insensateces lo determinan las ocurrencias del jefe o las circunstancias y exigencias de cada momento. Menos verdades, suelen cantar a coro cualquier cosa, dando a entender que, ahora sí, España se merece un Gobierno que mienta.
Tanto el Gobierno como los que cocinan algo dentro del PSOE se cansaron de negar en un principio la crisis económica y en motejar desvergonzadamente a quienes les advertían de lo que se nos echaba encima. Eran hasta antipatriotas. Rodríguez Zapatero proclamó a todos los vientos que estábamos en la champions league de la economía. Incluso hizo el ridículo y nos abochornó a todos nosotros al llevar esta bandera a foros extranjeros, donde, además, se atrevió a afirmar, para ludibrio de aquellas gentes, que ya habíamos aventajado a unos y que muy pronto alcanzaríamos y aventajaríamos a otros.
Cuando ya era imposible negar la evidencia, aparecieron los famosos brotes verdes. Por todos los sitios veían signos de recuperación y anunciaban a bombo y platillo, dando incluso hasta fechas, que la salida del túnel y nuestra remontada económica estaba a la vuelta de la esquina. Y agregaban eufóricos que íbamos a salir económicamente fortalecidos.
Como sus previsiones fallaban estrepitosamente, nos daban nuevas fechas sin el más mínimo desmayo. Y así, una y otra vez. Entre tanto, atacan despiadadamente al Partido Popular, a quienes acusan de no presentar propuestas contra la crisis. Hace aún muy pocos días que la planetaria Pajín lamentó públicamente que el PP no haya aprovechado la reciente Convención Nacional de Barcelona, para ofrecer propuestas económicas contra la crisis.
Ahora, ante el hecho de que hay países de nuestro entorno con signos evidentes de recuperación, el Gobierno, con todo el cortejo de socialistas y afines, rezuma optimismo por todas partes. No tienen en cuenta, ni por casualidad, que todos esos países que comienzan a crecer, arbitraron a tiempo las medidas precisas que exigía la difícil situación económica, algo que, por incuria, aquí no se ha hecho. Pero es igual: nos subimos al carro de la recuperación de otros y a soñar, que no cuesta nada.
Siguiendo pautas emanadas de la Moncloa, todos se felicitan por el comportamiento de la economía en Alemania, en Francia y en algún que otro país europeo. La misma Leire Pajín valoró de modo muy positivo las cifras de crecimiento de estos países de Europa. Esto indica, nos dice la secretaria de Organización del Partido Socialista, “que hemos acabado el año mejor de lo que empezamos”. Esta afirmación de Leire Pajín es sumamente modesta, si la comparamos con las palabras de Zapatero en la clausura del XXV Congreso Federal del Metal, Construcción y Afines de UGT. El presidente del Gobierno, mirándose en el espejo de los países que hicieron sus deberes a tiempo, exclama exultante: “afortunadamente estamos en puertas de salir de la grave crisis económica”.
El descaro y la impudicia o desfachatez de Zapatero no tienen límites. De ahí que, de manera alegre e irresponsable, nos diga que lo importante es que en la salida de la crisis “podemos decir dos cosas: que salimos todos juntos, y que los derechos sociales y de los trabajadores, no han sido afectados, sino reforzados”. Da a entender, con esta afirmación chocante, que se está riendo de los cientos de miles de familias que tienen a todos sus miembros en el paro y que, al día de hoy, ya no perciben remuneración alguna.
Es demasiado fuerte la cantinela esa de que los trabajadores, a pesar de la grave crisis, no han perdido ninguno de sus derechos sociales. Para Zapatero, por lo visto, tiene el mismo valor vivir más o menos modestamente de un trabajo, que soportar el viacrucis de acudir a los comedores de Cáritas para subsistir. ¡Qué poco valor da el socialismo de los progres al concepto de derechos sociales!

Gijón, 18 de noviembre de 2009

José Luis Valladares Fernández

jueves, 29 de octubre de 2009

¿ALGUIEN ESPERABA OTRA COSA DE LOS SOCIALISTAS?

Seguro que hay muchas personas que esperaban algo muy distinto del paso del PSOE por el Gobierno de España. De lo contrario, no le hubieran dado su voto en la cita electoral correspondiente. A estos les sugiero que recuerden la frase que, según nos dice Dante al principio de Canto III de la Divina Comedia, está escrita a la entrada al infierno: "Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate (Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza)”.
Es cierto que la esperanza, como dice un dicho popular, es lo último que se pierde. Quizás por que somos demasiado ingenuos y aún creemos en los Reyes Magos. Es hora de que, los que aún siguen esperando algo del socialismo, abran los ojos y se enfrenten a la cruda realidad del infierno económico a donde nos ha llevado, sin barca de Caronte de por medio, José Luis Rodríguez Zapatero y su inoperante Gobierno. Quienes sigan esperando algo positivo del equipo actual que nos gobierna, terminaran dando la razón a Nietzsche cuando decía que “la esperanza es el peor de los males de los humanos, pues prolonga el tormento del hombre”.
Las razones que incapacitan al socialismo real para gestionar adecuadamente la marcha económica de un país, son evidentes. Y mucho más en el socialismo español que, bajo la batuta de Zapatero, se ha esforzado por recuperar ese sectarismo rancio y trasnochado que, en otro tiempo, utilizaban K. Marx y F. Engels, para adoctrinar a sus seguidores.
El socialismo militante es doctrinario por naturaleza, lo que le lleva al despropósito de querer controlar cualquier clase de iniciativa, planificando absurdamente cualquier tipo de actuación individual o colectiva de los ciudadanos. De esta manera lastran, hasta límites insospechados, la productividad que podía esperarse de las empresas y la voluntariedad de los individuos para luchar por la rentabilidad de las mismas. Lo suyo es husmear en lo que es privativo de los ciudadanos y de las sociedades, para organizar todos sus actos, condicionando así hasta el más mínimo de sus actos. Y todo, en nombre de un igualitarismo ficticio e inadmisible.
A este afán obsesivo por regular todo tipo de actividad económica o industrial, debemos unir su desmedida afición a establecer elevados impuestos, que llaman progresivos, pero que tienen un tufo recaudatorio indisimulable. La elevación excesiva de los impuestos influye negativamente en el consumo y en la actividad económica. Y al disminuir el consumo y la actividad económica, disminuyen los ingresos que, vía impuestos, recauda el Estado. Como el Gobierno, por su descontrol en los gastos, necesita cada vez más dinero, tiene que acudir a una carga impositiva, metiéndose de lleno en un círculo vicioso que irá ampliando las bolsas de pobreza en España.
El socialismo español no ve, o no quiere ver, que los gobiernos de los países que comienzan a abandonar el lóbrego túnel de la crisis, optaron inteligentemente por reducir la presión fiscal. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho nuestro Gobierno. Su tozudez les lleva a ampliar la presión recaudatoria para, según dicen ellos, mantener el gasto social. El resultado es inmediato: la subida de impuestos se traduce inevitablemente en una disminución del consumo y, por lo tanto, en una menor productividad de las empresas. Lo que crece de esta manera, de un modo progresivo, es el paro, y con el paro aumenta el número de los que necesitan de esas insuficientes limosnas oficiales. Y es evidente que los impuestos en España son demasiado elevados. Concretamente el gravamen sobre las rentas del capital está entre los más altos de la Unión Europea.
Nuestros gobernantes socialistas sabrán por qué desoyen el proverbio chino y prefieren dar algún que otro pez a los que tienen hambre y renuncian a enseñarles a pescar. No se trata de un acto altruista con los que necesitan de la ayuda pública para subsistir. Quizás busquen con estas limosnas, como ocurre en Andalucía, mantener y acrecentar el número de votos cautivos de todas estas personas que se ven obligadas a echar mano de la beneficencia pública para subsistir.
A la vocación intervencionista de los socialistas y su querencia por los impuestos abusivos, hay que añadir su gusto innato por los despilfarros del dinero público. Tan pronto llegan al poder, los gastos se desmandan de manera obscena y acuden sin pudor a la generación de deuda pública para gastar lo que no se tiene y empobrecer, aún más, a la sociedad española. Con este comportamiento, llama la atención que los socialistas se vanaglorien de que su sistema político, según dicen ellos, sea la vía más segura para mejorar la situación de los pueblos.
Han popularizado el término de ‘sostenibilidad’, aunque lo refieren a conceptos erróneos: ‘sostenibilidad de la economía’, ‘sostenibilidad de la creación de puestos de trabajo’. Lo único que aquí es ‘sostenible’, dada su aberrante manera de actuar, es la miseria y la pobreza de un número, cada vez más elevado, de ciudadanos españoles.
Y es precisamente Manuel Chaves el que, de manera desvergonzada, nos quiere hacer creer que son ellos los que tienen la receta definitiva para poner fin a la crisis y al paro. Él, que en su anterior etapa como ministro de trabajo con Felipe González, veía crecer las listas del paro a una velocidad de vértigo. Y que, en sus largos años al frente del Gobierno andaluz, multiplicó sin medida la indigencia y la pobreza de esa Comunidad.
El sábado pasado, en la clausura de la primera convención socialista de la Comunidad de Madrid, afirmó sin complejos que solamente abandonaremos la crisis aplicando la estrategia económica que tiene el PSOE. “Nosotros -dice Chaves- somos los que vamos a acabar con la crisis”. Y recalca que esto no lo puede hacer el PP, ya que tiene “una política mezquina, sectaria, de cortos vuelos, sin credibilidad. Ya no se acuerda de que, en 1996, fue preciso que llegara Aznar para sacarnos del enorme socavón en que nos había metido el Gobierno, al que él mismo pertenecía.
Mientras este Gobierno no tome otras medidas más serias, lejos de sacarnos de la crisis, nos hundirán cada vez más en ella. Las medidas estructurales, que aumenten nuestra productividad y nos hagan más competitivos, brillan por su ausencia. A esto hay que añadir el desmesurado gasto público que complica aún más las cosas. Hasta el pasado mes de septiembre, en términos de Contabilidad Nacional, el déficit del Estado alcanzó la alucinante cifra de 62.780 millones de euros, frente al déficit de 13.507 millones de euros, en el mismo período del año anterior. El déficit, prácticamente, se ha multiplicado por cinco en un solo año.
La economía española es una de las más endeudadas del mundo. Y todo el dinero que se recaude es poco para hacer frente a los intereses generados por ésta deuda. Así las cosas, es normal que el Estado se vea obligado a pagar con nueva deuda, los intereses de la deuda anterior. También son muchas las familias – cada vez más- que carecen de capacidad económica para hacer frente a cualquier gasto imprevisto. A estas alturas de la legislatura, hay ya 1,1 millones de hogares con todos sus miembros en el paro. La única perspectiva que les queda a todas estas personas es la indigencia y la más absoluta de las miserias.
No es de recibo que, en situación económica tan dramática, nos venga Zapatero con la cantinela de que debemos ser solidarios con quienes más sufren los efectos de la crisis. Se ha llegado a esta situación límite por la inepcia de un presidente del Gobierno que, además de estar lleno de complejos, no sabe por donde anda. Incluso ha llegado a la aberración de obligar a los trabajadores y a las clases medias a sufragar, con sus ahorros, cosas tan absurdas como el fondo que se creó pata ayudar a los bancos.
Si ésta es nuestra situación actual, ¡Dios nos coja confesados, cuando comiencen a tener vigencia los nuevos Presupuestos! Zapatero se ha puesto la utopía por montera y nos quiere en los años difíciles de la II República, pero más pobres que entonces.

Gijón, 27 de octubre de 2009

José Luis Valladares Fernández

lunes, 29 de junio de 2009

LEIRE PAJÍN O EL ÉXTASIS DE UNA PROGRE

Hasta el año 2004, Leire Pajín era una estrella mortecina que necesitaba a su progenitor, José María Pajín, para dar algún que otro destello sobre el cielo de Alicante. Es cierto que en el año 2000 comenzó a emerger al encabezar la lista al Congreso de su partido por Alicante, pero todavía carecía de luz propia, aunque al poco tiempo fuera incorporada al equipo Nueva Vía de Zapatero. Fue en el 2004, con la victoria socialista en las urnas, cuando Zapatero la nombra secretaria de Estado de Cooperación Internacional.
Con este nombramiento, Leire Pajín se sintió ya transportada al olimpo de los dioses y comienza a comportarse como quien está por encima del resto de los mortales. A partir de aquí, comienza a actuar como sacerdotisa mayor del pretendido progresismo socialista y a aprovecharse del cargo y de las prebendas que éste comporta.
Con estos progres de pandereta, por lo visto, no tiene nada que ver ese famoso código de buen gobierno promulgado por ellos mismos. Y, en consecuencia, ahí la tenemos, al poco de estrenar su cargo, vociferando endiabladamente en el aeropuerto de Menorca contra el personal de AENA porque no la dejaban utilizar la sala VIP de la instalación, mientras esperaba su vuelo a Madrid. Esta es la tipa que, encima, quiere dictarnos normas obligatorias de comportamiento ético.
Como se trata de una chica de rompe y rasga, que vale para todas las estaciones y para todas las ocasiones, abundará en comportamientos francamente llamativos. Al año siguiente del incidente de Menorca, interviene en otro nuevo numerito que la retrata de cuerpo entero, donde aparece como persona altanera y tremendamente maleducada. El 27 de Abril de 2005 regresaba de México en el vuelo 6400 de Iberia, junto con las dos subalternas que la habían acompañado en la misión diplomática. No se si porque en la business plus class las bebidas son gratis, o simplemente por que les gustaba, el caso es que se excedieron en el número de cubalibres de ron, dando lugar a escenas tabernarias tremendamente molestas para el resto de pasajeros de la misma clase.
Menos molesto resultó su viaje a Maputo, capital de Mozambique, acompañando a la Vicepresidenta el 8 de marzo de 2006, para celebrar allí el día Internacional de la Mujer Trabajadora. De la Vega y Pajín, disfrazadas de indígenas lugareñas, protagonizaron unos actos poco edificantes, bailando al son de ritmos ancestrales de África. Ni una ni la otra hicieron mucho hincapié en la liberación de las mujeres del África subsahariana.
Quizás haya que hacer caso a aquella mujer quiromántica que, según relata la misma Leire Pajín, la auguró un futuro tremendamente esplendoroso. Es en el 37º Congreso Federal de primeros de julio de 2008 cuando, de la mano de Zapatero, da un salto más y pasa a ser la gran vestal del trasnochado socialismo español. Al asumir el cargo de secretaria de Organización, supliendo al inefable José Blanco, se coloca en lo más alto de la galaxia socialista. Desde semejante atalaya procurará mantener intacta la llama que ilumina todas las actuaciones de Zapatero y las esencias doctrinales de la militancia socialista.
Dice Zapatero que Pajín es “de lo mejor que tiene el PSOE”. Si Leire Pajín es de lo mejor, es que no andan muy sobrados de personalidades de valía dentro del PSOE. Al menos, en el círculo de Zapatero. Quizás se deba esto a que Zapatero se rodea intencionadamente de auténticas medianías para que no desentonen con él y le dejen mal. Es demasiado narcisista para tener a su lado a personas que puedan hacerle sombra. Todo en su entorno tiene que ser gris.
Pajín es además extraordinariamente mediocre y muy propensa al dislate laudatorio y doctrinal. Como dice el perro Marcelo, en Estrella Digital, esta “chica no tiene término medio. O se lía a palos con todo el PP y haciendo acopio de cualquier cosa que se le ocurre, o se viste de hada madrina, saca la varita mágica y convierte a los ratones coloraos de la crisis económica en blancos corceles que tiran briosos de la carroza de su ídolo”.
Es normal que Leire Pajín fracase estrepitosamente como número tres del partido socialista. Y esto, aunque ponga en el asador toda su mejor voluntad por hacerlo bien. Carece de facultades para presentarse como referente absoluto de un partido, en el que hay tanta vaca sagrada que, además, no están del todo conformes con las soluciones revisionistas que quiere imponer el jefe. A esto hay que agregar otro problema, el fantasma de “Pepiño” volando día y noche sobre su cabeza. Es incapaz de prescindir, cuando habla y cuando gesticula, de su enorme preocupación por imitar a su predecesor en el cargo. Actúa con mucho miedo a no dar la talla y a que los militantes socialistas añoren las baladronadas del anterior Secretario de Organización.
Leire Pajín tiene otro problema muy grave que, ante Zapatero, se siente transportada al sétimo cielo, poseída de un arrebato místico inenarrable. Para ella, Zapatero es un dios sublime que con solamente mirar a este mundo, ya hará que tiemblen los cimientos de la propia historia humana. Es tal la devoción por el jefe, que Pajín se felicita por haber coincidido en el tiempo con él y con Obama. Cualquier cosa que toque ZP estará siempre impregnada para esta pobre visionaria de ataques extraordinarios de genialidad divina, como la modificación del matrimonio civil y, en un futuro no muy lejano, la interrupción voluntaria del embarazo que garantizará una maternidad responsable.
Nadie más feliz que esta sacerdotisa del templo de Ferraz al sentirse profeta y poder anunciar desde su elevada galaxia, en rigurosa exclusiva mundial, la buena nueva que se avecina para los que afortunadamente vivimos en la era de ZP. Algo tan extraordinario que va a marcar nuestras vidas y en lo que han puesto su esperanza muchos seres humanos. “Les sugiero –dice la inefable Pajín- que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas, a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EE UU y Zapatero presidiendo la UE.
Absorta en su éxtasis, la visionaria Pajín no tiene en cuenta una cosa, que Obama puede tomar disposiciones, más o menos acertadas, sobre la marcha de Estados Unidos. Zapatero, en cambio, cuando en 2010 asuma la presidencia de la UE, carecerá de poderes ejecutivos. Simplemente presidirá las reuniones del Consejo y, de cara al exterior, representará políticamente a Europa. Su función será simplemente administrativa, nada más. Esto quiere decir que Obama, en su país, será todo un planeta o un astro con luz propia, mientras que Zapatero no pasa de ser un simple meteorito presto a estrellarse contra el planeta tierra.
El exceso de celo de Leire Pajín, por encumbrar a su jefe, ha suscitado las primeras protestas. Y esto ha dado lugar a que el brillo de su estrella comience a eclipsarse.

José Luis Valladares Fernández

viernes, 19 de junio de 2009

LA PLAGA BIBLICA DEL SOCIALISMO



Históricamente considerado, el socialismo español ha sido siempre una verdadera plaga para el trabajador. Y una plaga tan mala o peor de las que cayeron sobre los egipcios para que el faraón dejara partir a los hebreos hacia la tierra prometida. Y lo peor de esta plaga socialista es que se repite cíclicamente, ya que el ciudadano nunca aprende de una manera definitiva.
El socialismo, al menos el socialismo español, nunca ha cambiado. Siempre ha sido una organización fuertemente negativa para España y sus gentes. Quizás se deba esto a que en el socialismo, ya desde un principio, siempre han triunfado los peores. Los que, dentro del PSOE, daban muestras de moderación y racionalidad, como Besteiro y sus discípulos, eran avasallados por personajes mucho más radicales y lanzados, aunque frecuentemente menos valiosos. Es el caso de Indalecio Prieto, Juan Negrín el estafador y Francisco Largo Caballero, que, con su línea bolchevique, se impusieron a Julián Besteiro. El sacrificado Julián Besteiro era todo un caballero de la política.
Más recientemente ha sido Felipe González, Juan Guerra y el más negativo de todos, José Luis Rodríguez Zapatero, los que han arrollado a todos aquellos que representaban la línea de la modernidad y la moderación. La línea que siempre se ha impuesto en la dirección del partido ha hecho de los socialistas una fuerza de izquierda extremadamente mesiánica, panfletaria y, a veces, hasta terrorista. Pero, eso sí, siempre han presumido de demócratas, aunque quizás sea ésta una de sus características más deficitarias.
Cada vez que esta fuerza de izquierda ha tenido responsabilidades de Gobierno o influjo directo sobre el mismo, los resultados no han podido ser más negativos. Las clases trabajadoras siempre han sido las que más han sufrido el zarpazo del socialismo cuando este ha tenido algo que decir. Y eso, a pesar de que el socialismo se presenta como defensor nato de los trabajadores. Los sufridos trabajadores han sido fuertemente manipulados, les han arrastrado a movimientos revolucionarios y a la guerra para luego tener que arrostrar solos las consecuencias.
La revolución rusa de 1917 dio ánimos al socialismo español que creyó llegado el momento de la emancipación social definitiva. Esto provocó una conflictividad generalizada que alcanzó una extensión desconocida hasta entonces, y que afectó incluso a zonas exclusivamente agrarias. La huelga revolucionaria que se organizó tuvo unas consecuencias funestas, ya que se saldó con 80 muertos y uno 2000 detenidos.
El PSOE y su organización hermana la UGT, fundada como instrumento de lucha de los obreros, se unen a la CNT para luchar contra el régimen de la Restauración que estaba siendo bastante positivo para el pueblo español. Con esa lucha revolucionaria, de extrema dureza a veces, consiguen poner fin a la Restauración Borbónica, propiciando de este modo la Dictadura del general Primo de Rivera, con quien incomprensiblemente colaboran.
El ambiente internacional, tan marcadamente turbulento, y el descontento político que produjo el hecho del gobierno militar, influyeron de una manera decisiva en la instauración de la II República Española. República que nace con un carácter claro de democracia liberal. Las fuerzas socialistas, cada vez más hegemónicas, no estaban de acuerdo con el rumbo liberal iniciado por la República. De ahí que, para transformarla en otra claramente totalitaria, iniciaron un violento proceso revolucionario que culminó en el golpe de estado de 1934 y posteriormente en la guerra civil que puso fin al segundo intento republicano.
Con la victoria de Franco, los responsables políticos huyeron al extranjero, llevándose inmensas fortunas saqueadas del Patrimonio Nacional y hasta de particulares, muchos de ellos humildes ciudadanos que, por miedo a perderlas, habían depositado sus alhajas en las cajas de seguridad de los bancos y hasta en el Monte de Piedad. Los socialistas de a pie fueron abandonados a su suerte, sin medios económicos y expuestos a que se les exigieran cuentas por su participación en la guerra.
El resultado final de esta contienda civil, cuyas consecuencias padecimos todos, trajo con sigo una prolongada hibernación de los socialistas. Aunque quieren presentarse como aguerridos luchadores contra el franquismo, la realidad es que no dieron señales de vida hasta después de la muerte de Franco.
La recuperación económica, tras el desastre monumental de la guerra civil, fue muy complicada y pasaron años hasta que empezamos a despegar. Fue preciso acudir hasta a la emigración masiva arrostrando miserias y calamidades sin cuento.
Conseguido nuevamente un nivel económico aceptable, aparece de nuevo la bestia y entra en escena la conocida plaga del socialismo; y con él, el previsible empobrecimiento de los ciudadanos. En 1982, el PSOE, de la mano de Felipe González, logra hacerse con el Gobierno. El resultado obtenido, el previsible. En 14 años de gobierno no logró crear ni un solo puesto de trabajo en términos netos. Cuando salió del Gobierno en 1996, en número de desocupados era superior al que encontró en 1982. Y, además, el déficit público escaló hasta la escalofriante cifra del 7% del PIB. Con la Seguridad Social en quiebra, peligraban las pensiones de los jubilados. No cumplíamos ninguno de los requisitos exigidos por el Tratado de Maastricht para integrarnos en el sistema monetario de la Unión Europea.
Para lograrlo fue preciso que llegara al Gobierno el Partido Popular con sus medidas estructurales y, a base de restringir el gasto público y la congelación temporal del salario de los funcionarios, logramos salir a flote otra vez. Y como somos frágiles de memoria, nos olvidamos del desastre económico de la era de Felipe González y en el año 2004 volvemos a ponernos en la mano de otro gobierno socialista.
El Gobierno de Felipe González fue una verdadera calamidad, pero Zapatero nos ha demostrado que aún es posible hacerlo peor y está consiguiendo hacer bueno a González. Con Zapatero, además de crecer el paro, en números redondos, a un ritmo de unos ocho mil al día, crece también el gasto público nada menos que a una media del 9% anual. Crecen los funcionarios de un modo descontrolado y no crecen los enanos, porque estaría muy mal visto. Ahí está el déficit público situado ya claramente en el 9% del PIB. Y veremos a ver hasta donde llegamos en el crecimiento de la deuda pública, posiblemente al 60% del PIB al finalizar 2009.ç
Y los ciudadanos parecen no darse cuenta de estos problemas, no se si porque no se les cuenta o porque, como buenos borregos, siguen dócilmente la voz de su amo. Es un dato empírico recurrente que, cada vez que gobierna el PSOE, destruyen más empleo que ningún otro gobierno de Europa, actualmente casi el doble que todos ellos. Pero, eso sí, presumirán de su exquisita sensibilidad social, aunque para ello utilicen el dinero de los demás. Lo malo es que no lo gastan para reconvertir el mercado laboral y en industrias productivas. Lo gastan mal gastado en subsidiar a unos y a otros, lo que se traduce sistemáticamente en un aumento claro de la pobreza. Y este aumento del gasto público en subsidios improductivos, más pronto o más tarde, se traducirá en impuestos, como es normal, que pagarán los ciudadanos de la sufrida clase media

José Luis Valladares Fernández

miércoles, 10 de junio de 2009

ELECCIONES AL PARLAMENTO EUROPEO

El pasado 7 de junio, se celebraron las elecciones al Parlamento Europeo. Los resultados de las mismas se han ajustado prácticamente a lo que preveían la mayor parte de las encuestas previas a los comicios. El Partido Popular obtuvo el 42,23% de los votos obteniendo así 23 escaños de los 50 en liza. El PSOE se quedó en el 38.51% de los mismos, con 21 escaños conseguidos.
En la intervención de Leire Pajín, una vez conocidos los resultados, se adivinaba cierta euforia, ya que su lista obtuvo un resultado que ellos ni se esperaban. En el PSOE, los días previos a las elecciones, esperaban un resultado entre 4 y 5 puntos a favor del Partido Popular. Auguraban para los Populares una ventaja de tres escaños. La diferencia en puntos fue levemente menor a la esperada y, en vez de tres escaños, fueron solamente dos.
Contrasta este resultado del PSOE con los obtenidos por el resto de formaciones socialistas en toda de los restantes países de la Comunidad. De ahí que se felicitara Pajín por liderar el mejor resultado de los socialistas europeos, pasando así el PSOE a ser la fuerza socialista más potente de toda la Unión Europea.
El PSOE considera que estos datos, leídos en clave nacional, no son más que un ligero tropiezo motivado por el paro y la recesión que padecemos. Es una situación que esperan remontar en breve con la suavización de los duros perfiles de la crisis, para ellos mundial. En cualquier caso, hasta el propio Zapatero se mostraba razonablemente satisfecho por no haber perdido más que 700.000 votos en relación con la votación de hace cinco años. Y yo diría que hasta optimista porque de esos votos perdidos, solamente 200.000 fueron a parar al Partido Popular.
En realidad, teniendo en cuenta los desastres de los otros partidos socialistas de la Unión Europea, los resultados obtenidos por el PSOE extrañan un poco. Se trata de un partido que está en el Gobierno, con los peores datos económicos de nuestra historia reciente y pasada, con más del doble de parados que en toda Europa, y resistió el vendaval de las elecciones de una manera más o menos aceptable. Esto alguna lectura tendrá, lectura que habrá que analizar desapasionadamente.
Esto me recuerda al alcalde de Getafe y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, Pedro Castro, cuando en la presentación de los Presupuestos Municipales se soltó el pelo con aquello de “¿Por qué hay tanto de los cojones que todavía vota a la derecha?”
Yo no voy a repetir tamaño insulto, pero si me pregunto que cómo es posible que, con la que está cayendo, el castigo al PSOE haya sido tan liviano. Es difícil de explicar que con esos más de cuatro millones de parados, con un buen número de ellos ya sin prestación alguna, el PSOE haya sido capaz de conservar tanto voto. Otro partido cualquiera, en igualdad de condiciones hubiera cosechado un resultado de escándalo. Esto no pudo haber sido mérito del PSOE. Tuvo que influir en el resultado algún otro factor que se nos escapa, aunque sospechamos cual es el verdadero motivo.
Cuando oí a Leire Pajín vanagloriarse de que el socialismo español no había sufrido el castigo que el los otros países, ya pensé en el hecho de que en España se vota más con el corazón que con la cabeza. En el resto de Europa, se piensa más a la hora de emitir un voto. Procuran dejar a un lado el corazón y tratan de actuar con responsabilidad encomiable. Además, no se dejan engañar tan fácilmente y apenas si tiene arraigo, entre ellos, este sentimiento borreguil que nos atenaza.
En España, y para nuestra desgracia, nos conformamos con muy poco y somos fácilmente manipulables. Se vive más descansadamente con el simple PER que ganándose el pan con el sudor de la frente. No podemos correr el riesgo de que venga otro partido que pueda hacernos trabajar. Hay un hecho cierto: somos incapaces de desprendernos del complejo de ovejitas de rebaño que nos caracteriza y que, históricamente, nos ha hecho tanto daño. Ovejas siempre prestas a oír la voz del amo y que, una vez oída, la seguimos ciegamente.

José Luis Valladares Fernández

jueves, 7 de mayo de 2009

LAS MENTIRAS DEL SOCIALISMO

El socialismo actual, para sobrevivir, tiene que echar mano del único recurso que le queda, la mentira política. En realidad siempre fue así. La afirmación de que el socialismo es el auténtico partido de los trabajadores, es la primera y más monumental de sus mentiras. Según los socialistas, son ellos y nadie más, los únicos defensores desinteresados de los derechos sociales del trabajador. El bienestar social de la clase trabajadora depende exclusivamente de los partidos socialistas, en nuestro caso, del Partido Socialista Obrero Español.
El paso de los años no ha sido capaz de eliminar tan mayúscula falsedad. El primer gran embustero político del siglo XX lo tenemos en V. I. Uliánov, más conocido por el nombre de Lenin. La mala gestión del zar Nicolás II, y la Primera Guerra Mundial, generaron en el pueblo llano de Rusia, sumido milenariamente en la pobreza, un enorme descontento y un intenso espíritu revolucionario, desconocido hasta entonces. Este estado de cosas se agravó de tal manera, que se llegó a la destitución del Zar y a la formación de un Gobierno provisional.
Aquí es cuando entra en escena Lenin con su ansia de poder. Hombre inteligente, y con
unas dotes considerables para la intriga, supo aprovechar el momento preciso para apoderarse de la voluntad de los trabajadores. Utilizo las enseñanzas de Marx y de Engels como coartada para ilusionar a las masas trabajadoras.
Así es como, con el apoyo obrero y la inestimable acción organizadora de León Trotsky, que encabezaba el Comité Militar Revolucionario, pone en marcha la llamada Revolución de Octubre. Con este golpe de estado contra la Duma, aparta del poder al presidente Kerenski e instaura el primer estado obrero de la historia, naciendo de este modo las denominadas Repúblicas Populares.
Utilizaron cínicamente a las clases trabajadoras con el señuelo de establecer un gobierno de los obreros y del pueblo. En realidad, el poder efectivo de los trabajadores sobre los medios de producción era toda una filfa. Claramente se trataba de una descarada esclavitud que bautizaron con el llamativo nombre de Dictadura del Proletariado. Era un pequeño grupo o clan, formado por revolucionarios profesionales, y dirigido directamente por Lenin, el que de verdad gobernaba, y con verdadera mano de hierro por cierto.
Conseguido el poder, y con todos los medios coercitivos al alcance de la mano de los dirigentes, ya no se molestan en dorar la píldora con propagandas hueras. Recurren directamente a la violencia y al terror más extremo para lograr la obediencia ciega de las masas populares, y así ejercer de un modo omnímodo el poder recientemente conquistado.
Cuando Stalin accede al poder, tras la muerte de Lenin, continua con la rechifla del gobierno del pueblo, pero perfecciona los mecanismos de represión y pone en marcha el famoso Komintern para proteger e incrementar su poder absoluto dentro de la Unión Soviética. Este estado de cosas se mantendría, fuera quien fuera la cabeza visible de ese absurdo poder, hasta la caída del muro de Berlín y la descomposición final de todo el entramado comunista soviético.
Se trataba de un socialismo real que, en la actualidad ha perdido vigencia. En nuestro tiempo se valora mucho más la libertad individual. El hombre, como tal, solo se realiza si consigue ser realmente libre y si, a la vez, se siente responsable de sus propios actos. Esto es lo que ha hecho inviable a ese socialismo real, que ha acreditado de manera irrefutable su carácter dictatorial y ruinoso. Para ser atractivo y ganar adeptos en la nueva sociedad se imponía un socialismo con un rostro más humano y mucho más agradable.
En busca de esa nueva cara, el socialismo real ha tenido que mutar, como los virus, dejando de ser un partido de clase y priorizar, de cara a la galería, los diversos mecanismos de propaganda en detrimento de los estrictamente ideológicos. Es por esto que quedan muy pocos enclaves irredentos, donde aún perdura, desgraciadamente, ese poder absoluto sobre vidas y haciendas, como es el caso de Cuba.
El socialismo en la actualidad se ve obligado a realizar una propaganda más sibilina y a realizar una crítica profunda a la experiencia traumática del fracasado socialismo soviético. De lo contrario le faltarían los necesarios apoyos que precisa para tener una proyección aceptable en la vida política actual. Es distinta la cara y los métodos utilizados para captar voluntades. Pero los fines no han variado en absoluto. Necesitan a toda costa para lograr sus designios, como antaño el socialismo real, el dominio absoluto de las conciencias del mayor número de adeptos posible. Necesita todo un rebaño de obedientes seguidores a los que miman con falacias difíciles de digerir.
Una vez compradas las voluntades ajenas, y para que no huyan del redil, los responsables socialistas dan paso a la propaganda capciosa, mintiendo sin el más mínimo rubor. Ahí están para atestiguarlo las expresiones demagógicas de Zapatero que pronunció el 29 de abril ante la Asamblea Plenaria del Consejo de Europa. Allí Zapatero afirmo que hay que salir de esta crisis fortaleciendo la protección social y extendiendo los derechos sociales. Y añadió sin rubor alguno que no aceptará ningún discurso que pretenda reducir los derechos de los trabajadores y los derechos sociales. Se siente, indicó, muy cerca de los trabajadores, a los que garantizó que hará todo lo que pueda para que en el futuro no sean ellos, como casi siempre, los que sufran.
Es la cantinela de siempre que se repite una y otra vez hasta con el mismo soniquete: el socialismo es el único defensor de los trabajadores, el que lucha sin descanso contra todo tipo de explotación laboral y el que mantiene y mejora el bienestar social de los mismos. La realidad es muy distinta. Al socialismo le importan un bledo los asalariados fijos, y mucho menos aún los asalariados eventuales. Y no digamos nada de los autónomos, que tratan de ganarse la vida por sí mismos. De unos y otros no buscan más que la obediencia ciega y la fidelidad absoluta, para servirse de ellos como simple escabel.
A esta propaganda falaz, añaden, a veces, otros argumentos mucho más contundentes. Acuden sin rubor a subvencionar a ciertos sectores de la sociedad que pueden tener la tentación de pensar por si mismos y que, a la vez, son proclives a vivir del cuento y del dinero ajeno, como son los sindicatos y el gremio de los titiriteros y adheridos. Aquí en España, se han inventado también el PER que tan magnífico resultado les ha dado para la compra y el mantenimiento de gran número de votos.
El socialismo, más que el partido de los trabajadores, es un partido que los empobrece. Se puede demostrar empíricamente que, allí donde tiene responsabilidades de gobierno, no hace otra cosa que generar pobreza. Los datos históricos, que son tremendamente tozudos, lo demuestran ampliamente. Es más bien el partido de los pobres, porque necesita de ellos para subsistir. El socialismo, sin un amplio número de pobres, sería una realidad anacrónica y terminaría por desaparecer definitivamente. Si no hubiera pobres, los crearía y, después, los cultivaría con todo mimo, siguiendo el ejemplo del peronismo. Y Zapatero se lleva la palma en eso de crear pobres. Las enormes colas ante los comedores sociales y ante las oficinas del INEM dan buena muestra de ello.
Y el Gobierno del PSOE da muestras evidentes de poner todo el interés del mundo en esa creación acelerada de pobres, con su peculiar manera de gastar el dinero público. Saben de sobra que el pobre es más fiable que el rico y mucho más fácil de convencer. Las limitaciones económicas que padece le hacen más dócil, ya que su desgracia le inhabilita para pensar y decidir por sí mismo. Para pensar y decidir por los pobres, ya están los socialistas que para eso, hoy día, son ellos los ricos y los representantes natos de la progresía más rancia.

José Luis Valladares Fernández

lunes, 23 de febrero de 2009

POBREZA Y DESAMPARO A LA VISTA



Es evidente la afición de José Luís Rodríguez Zapatero por los mítines, en los que ofrece siempre mejoras sociales y económicas, que no llegan nunca. Ni que fuera la bruja Lola, pronosticando nuestro inmejorable futuro económico y político. Pero, al igual que dicha bruja, no acierta ni por casualidad.
Ahora prevé un cambio de tendencia importante en la destrucción de empleo para el mes de marzo o, como mucho, para el segundo semestre del año. Esa reactivación positiva del empleo, vendrá dada, según él, por la operatividad del dinero puesto en manos de los Bancos y de los Ayuntamientos. Si Zapatero espera que se cumpla este pronóstico, es que confunde la ilusión con la cruda realidad. Y en tal caso, estaría incapacitado para ver el alcance del grave problema económico que nos aqueja. Pues ese dinero, dado de esa manera y sin control alguno, únicamente servirá para aumentar nuestra ya muy abultada deuda pública.
Zapatero y su gobierno debieran medir mejor las consecuencias de sus decisiones, pues corremos el riesgo de caer en una preocupante depresión económica. Es evidente que, por falta de demanda, a la recesión que padecemos, se está uniendo una caída generalizada del nivel de precios de bienes y servicios. Y no hay peor mezcla explosiva, para dinamitar puestos de trabajo, que la conjunción de recesión y deflación. Y más si, como parece, no hay manera de ajustar la oferta a la baja, al mismo ritmo que cae la demanda.
Todo indica que Zapatero no tiene ni idea del problema que nos aqueja. No sabe por qué crecíamos cuando crecíamos, ni ahora sabe por qué nos estamos hundiendo en esta crisis sin parangón. No ha sabido medir las consecuencias de nuestro alto nivel de endeudamiento y de nuestra abultada dependencia de la financiación exterior. Añadamos, además, el elevado peso que el sector inmobiliario tiene en nuestra economía.
Nuestro principal problema tiene su origen en nuestro crecimiento económico, que, visto estructuralmente, es prácticamente tercermundista. No hemos sido capaces de adaptarnos a la globalización, lo que nos ha llevado a perder un 15% de cuota de mercado en el comercio mundial. Nuestro crecimiento pasado fue posible gracias al alto consumo interno, motivado por el incremento masivo de la población inmigrante y por el turismo.
El consumo interno, sin control, produjo un endeudamiento masivo de las familias. Endeudamiento que afectó también a las empresas y a las entidades financieras. Por si esto fuera poco, nuestro déficit exterior está, incluso, por encima del 11% del PIB. Esto es, producimos, como mínimo, un 11% menos de lo que realmente consumimos. Y no debemos olvidar que casi un 50% de la población ocupada es, desgraciadamente, mileurista.
Y en el horizonte, no hay nada que nos lleve a mirar el futuro con optimismo. Son muchos los organismos independientes, nacionales e internacionales, que nos auguran aún peores perspectivas económicas para el año 2009. Según ellos, España será uno de los países desarrollados que más acuse la crisis en dicho año. La Fundación de Cajas de Ahorros calcula un descenso del PIB, al igual que el Gobierno, en torno al 1,6%. Es el pronóstico más favorable. La UE, desde Bruselas, indica que esa caída llegará inevitablemente al 2% del PIB. El Deutsche Bank eleva esta caída hasta el 2,6%.
Si a todo esto añadimos la situación actual del consumo privado y la caída en picado del turismo, la destrucción de puestos de trabajo continuará aumentando escandalosamente. Así lo interpreta también M. Á. Fernández Ordóñez, cuando dice que “Los consumidores no consumen, los empresarios no contratan, los inversores no invierten y los bancos no prestan”.
Tenemos el triste privilegio de encabezar las estadísticas del paro, con un 14,4% frente al 7,8% de media de la UE. Y si miramos a los menores de 25 años, el resultado es aún más escandaloso: mientras que en la Comunidad Europea nos encontramos con una media de 16,4% de paro, en España llegamos al 29,4%. Y esto teniendo en cuenta solamente nuestras cifras oficiales de paro, que son completamente falsas. Habría que incluir a las personas del “efecto Caldera” (DENOS), y a todos aquellos que están parados y no figuran en las listas del INEM.
En 2008 ya superamos ampliamente la barrera del 3% de déficit, violando el Pacto de Estabilidad acordado en Maastricht. Esto ya supuso que el organismo Standard & Poors cuestionara nuestra solvencia primero y nos rebajara después en un punto la calificación máxima. Esto restringe la Inversión extranjera en España y encarece el poco dinero que llegue.
Y lo peor aún está por venir. La mayoría de los analistas internacionales están de acuerdo con el Deutsche Bank que augura para 2009, que nuestro déficit público cerrará el año por encima del 4,7% del PIB, cifra que Bruselas eleva hasta el 6,2%. Solbes cuestiona esta posibilidad y, adoptando un aire de funcionario de Pompas Fúnebres como es su costumbre, confiesa que, como mucho, puede llegar ese déficit a un 5,8%.
Para remediar estos males, Zapatero pone en marcha el plan “E”. Se trata de unas cuantas medidas enlatadas, ya expuestas en planes anteriores. Medidas, por otra parte, típicamente socialistas: una fuerte expansión del gasto público y un incremento brutal de la presión fiscal. El déficit creciente de nuestras Administraciones Públicas y los avales al sistema financiero, cortan de raíz todo margen de maniobra ante contingencias futuras. Nada que hacer si, como dicen algunos, la deuda pública supera el 43 % para el conjunto de nuestras administraciones públicas.
Dadas estas circunstancias, necesitamos más que nunca una política de cohesión decidida, y una auténtica solidaridad interregional. La insolidaridad autonómica y el aumento del gasto público, agravará notablemente el problema. Si todo sigue igual, según Bruselas, terminaremos el año con un 16,1% de paro. Y en 2010 rozaremos el 19%.
Es más: hasta pueden quebrar, en un futuro muy próximo, la Seguridad Social y nuestro sistema de pensiones. Hay ya estimaciones autorizadas que prevén la quiebra para el año 2014. Este va a ser el gran legado que recibirán los jubilados de Zapatero, que, al igual que los trabajadores que pierdan su empleo, están abocados a vivir entre la pobreza y el desamparo.

José Luís Valladares Fernández