Es cierto que el presidente del Gobierno español, en todos sus viajes al extranjero, no se cansa de lanzar faroles sobre nuestra situación económica. Comenzó aquí en España un 11 de setiembre de 2007, al hacer balance económico ante el Grupo Parlamentario socialista. Fue entonces cuando José Luis Rodríguez Zapatero, sin el menor rubor, lanzó al aire aquella frase tonta de que “el Gobierno ha situado a España en la Champions league de las economías del mundo”. Desde entonces y de manera recurrente, ha ido paseando esta idea, para choteo de quienes le escuchan, por todos los países extranjeros que visita. Sin el menor sentido del ridículo, va a Nueva York en septiembre de 2008, y ante un público entendido que fue incapaz de disimular sus carcajadas, anuncia sin más que ya habíamos dejado atrás a la Italia de Berlusconi y que teníamos muy nervioso a Sarkozy, porque le estábamos pisando los talones.
Por si acaso nos quedaba alguna duda, Zapatero ha vuelto a insistir nuevamente en la misma idea, en cada una de las ciudades visitadas durante su reciente viaje oficial por Asia. Buscando desesperadamente inversiones asiáticas para infraestructuras y, sobre todo, para regularizar la marcha de nuestras cajas de ahorro, insiste una y otra vez en la solidez de la economía española. No se cansará de repetir que el sector financiero español es “fuerte, solvente y resistente”. Y es en Singapur donde se lanza nuevamente al ruedo de la exageración y compara la economía española con un “poderoso trasatlántico”. “Aunque en los dos últimos años –dice- hemos dado malas noticias, pidiendo esfuerzos y sacrificios, el barco va a seguir navegando con fortaleza, porque España es un poderoso transatlántico. Estad tranquilos”.
La realidad es muy distinta. No hay ningún dato en nuestra economía que avale ese optimismo tan desmedido, mostrado por Rodríguez Zapatero y por la vicepresidenta segunda del Gobierno, Elena Salgado. El Fondo Monetario Internacional se ha encargado de devolvernos a la cruda realidad, pronosticando negros nubarrones para la economía española, por lo menos, hasta el año 2017. Señala, además, que España aún no está fuera de peligro y que puede seguir otros países periféricos como, por ejemplo, la vecina Portugal. Seguimos destruyendo empleo y estamos ya muy próximos al 21% de tasa de paro. El consumo está por los suelos y la economía sigue peligrosamente estancada. Para salir de semejante atolladero definitivamente, harían falta unas medidas mucho más drásticas que las descafeinadas que ha puesto en marcha el Gobierno de Zapatero.
Nuestra economía sigue perdiendo fuelle. Aún no hemos sido capaces de detener el preocupante proceso de destrucción del tejido industrial y empresarial y cada vez son más amplias las bolsas de pobreza. Nos ahoga económicamente nuestra elevada deuda, pero para continuar viviendo o malviviendo, no nos queda más remedio que seguir endeudándonos. Y el Gobierno lo sabe, pero se empecina en gastar más dinero del que tiene, a sabiendas de que así, lejos de solucionar nuestros acuciantes problemas económicos, los complicará aún bastante más. Sustraerse a estos dispendios absurdos debe ser tarea harto difícil para Zapatero y para sus acólitos, sobre todo cuando los destinatarios de ese dinero son grupos ideológicos afines. Un ejemplo claro lo tenemos en el dinero que, desde el Ministerio de la Presidencia, se habilita cada año para realizar actividades teóricamente relacionadas con las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo.
Una prueba evidente la tenemos en el Boletín Oficial del Estado del pasado día 7 de abril. En dicho Boletín el Ministerio de la Presidencia anuncia la convocatoria del concurso de ayudas destinadas a dar cumplimiento a lo previsto en la Ley de Memoria Histórica. Es una convocatoria que se viene realizando todos los años, por estas fechas, desde 2006. La cuantía anual de estas ayudas asciende a los 5.681.000 euros. Con este dinero pretenden dignificar los sufrimientos y las calamidades de los del Frente Popular, que cayeron durante la Guerra Civil y de todos los represaliados por la dictadura de Franco. Cada proyecto que se acoja a esta subvención, según se indica en el BOE referenciado, recibirá 60.000 euros, cuando se trate de indagar, localizar, exhumar, identificar y volver a inhumar a las personas que hubieran desaparecido violentamente durante la Guerra Civil o durante la represión política posterior. En los demás casos, el importe asignado serían 40.000 euros.
Aunque se trata de una subvención claramente sectaria, ya que va destinada, de manera exclusiva, a uno solo de los bandos contendientes, hay otros aspectos que llaman más nuestra atención. Por principio, semejante dinero debería ir destinado a la localización, identificación y exhumación de las fosas comunes de la Guerra Civil. Y vemos que esto no es así, ya que solamente se destina el 28,2% para tales fines. En la convocatoria de 2010, solamente se destinó el 25,46% a la recuperación de restos de las víctimas republicanas de la guerra. La mayor parte, el 74,54%, se dedicó a la propaganda ideológica.
En realidad la norma exige destinar la mitad del dinero de la subvención a exhumar e identificar los cadáveres que, en su día, fueron enterrados en fosas comunes. Pero, hasta ahora, nunca ha habido solicitudes suficientes para completar los 2,8 millones de euros, que es la mitad aproximada del dinero previsto. Y a pesar de semejante circunstancia, el Gobierno sigue manteniendo el importe de 5.681.000 de euros para esta subvención que después, sin mayores remilgos, repartirá entre sus amigos. Las actividades tenidas en cuenta para el reparto, como veremos, nada tienen que ver con las víctimas de la Guerra Civil, ni con la persecución franquista. No es otra la experiencia que tenemos, desde que, en 2006, se realizó la primera convocatoria.
Es ilustrativo y poco edificante, por ejemplo, el reparto del dinero sobrante de la convocatoria de 2010, en el que participan, como no podía ser menos, los sindicatos habituales. Estas son algunas de las organizaciones que, de manera bastante impúdica, fueron agraciadas con cantidades importantes del dinero destinado durante 2010 a la “memoria histórica”. La Fundación 1º de mayo fue agraciada con 27.103 euros, por aportar unos “Testimonios de la resistencia antifranquista en CC.OO.”. Las Fundaciones Pablo Iglesias y Largo Caballero recibieron 26.275 y 28.649 euros respectivamente, la primera por “Identificación de dirigentes socialistas en la clandestinidad” y la segunda por “Archivo oral del sindicalismo socialista”.
La UGT y CC.OO.no podían faltar en este vergonzoso festín. Y así tenemos a la UGT de Madrid recibiendo 14.286 euros, por una “Historia de vida de militantes de UGT durante el Franquismo”. A la Fundación Anastasio de Gracia (UGT) lucrándose con 21.726 euros por la “Recuperación de la memoria histórica y la dignificación moral de los líderes sindicalistas del metal y la construcción de UGT”. También recibe 11.586 euros la Federación de Industria de la UGT por la “Recuperación de la documentación de la federación de la construcción y del metal de la UGT. La Federación de Enseñanza de CC.OO. y CC.OO de Andalucía reciben, la primera 27.626 euros por una “Exposición y conferencia sobre la Escuela en la II República” y la segunda 24.426 euros por “La memoria de los abogados”.
Todos estos casos que hemos citado, y otros muchos de similar catadura, omitidos para no ser pesados, no tienen evidentemente nada que ver con la exhumación de los restos de los republicanos que perdieron su vida durante la guerra civil, ni con la dignificación de los que sufrieron el acoso de la represión en la posguerra. Se trata simplemente, con la disculpa de la mal llamada memoria histórica, de repartir, de manera poco decente y nada ética, casi 6 millones de euros entre los amigos. Y según todos los indicios, no será muy distinto lo que ocurra con el dinero de la convocatoria actual.
Gijón, 19 de abril de 2011
José Luis Valladares Fernández